Iniciamos el viaje en aquel bus repleto. Normalmente todos
viajan sentados, pero el partido de la selección de Colombia llenó el bus a
reventar.
La primer media hora de viaje fue normal, pero más o menos en
ese momento, y por los movimientos típicos del bus Adriana decidió colocarse
frente a mí para que la abrazara.
Sentir su trasero contra mi pelvis a través de esa falta
larga pero liviana que llevaba me provocó una erección casi inmediata.
Ella volvió su divino rostro hacia mí y me guiñó un ojo,
cómplice de mis malos pensamientos.
Pronto la excitación empezó a mermar pero de repente un
pequeño giro del destino hizo que el chofer apagara las luces del bus.
Ahí sí mi mente voló y mi pene revivió con furia.
Su pelo, sujeto por una canasta de esas para hacer moños me
dejó libre el camino para besar el cuello de mi compañera mientras restregaba mi
paquete en su trasero.
Ela arqueó un poco la espalda para hacer el contacto más
fuerte. Mi mano derecha tomó sus caderas para ayudar en el sobeteo, y descubrió
el cierre de su falda, una tirita en nudo sobre una pequeña abertura de unos
diez centímetros, que mi mente transformó en la puerta del cielo.
De un movimiento rápido tomé su falta con mis dos manos, y
haciendo un esfuerzo por no perder el equilibrio, la giré sobre su cintura hasta
dejar la abertura en la parte de atrás.
Ella se sorprendió por el movimiento, pero cuando mi mano se
metió por ese corte en su falta y acarició sus nalgas, desnudas por su maña de
llevar hilos por ropa interior, lo comprendió todo.
Mis dedos pronto encontraron la ruta hacia su vagina, que ya
estaba húmeda por los sobeteos anteriores, y uno de mis dedos se incrustó de
lleno en ese pozo de humedad.
La preocupación de que alguien nos viera me hacia moverme con
cautela, aunque la oscuridad de la ruta nos permitía jugar tranquilos.
Con mi otra mano saqué mi pene por la bragueta y la metí por
la abertura de la falda, ella se removió inquieta, pues le daba miedo que
alguien notara algo, pero pronto se puso de puntillas y yo me agaché un poco
lograr la incómoda penetración.
En eso una vuelta del bus nos hizo perder el equilibrio, y
para nuestro terror Adriana se fue hacia adelante teniendo que apoyar una de sus
rodillas el el respaldar de un asiento y la otra en el hombro de un joven que
iba casi dormido frente a ella.
Yo me quedé quieto dentro de ella esperando que el mal rato
pasara, pero nadie se movía. Adriana volvió su cabeza y me dijo en un susurro
tembloroso: -Se dio cuenta-
Yo miré sobre su hombre al joven y me dedicó una sonrisa de
complicidad masculina fácil de interpretar, por lo que comencé a moverme
lentamente dentro de Adriana, mientras nuestro improvisado voyeur sostenía
nuestro peso sobre su hombro.
Adriana me dijo que el tipo le había puesto la mano sobre la
pantorrilla como sujetándola, y que había comenzado a subirla hasta acariciar
sus muslos.
Ya no me pudo decir nada pero de repente sentí los dedos del
joven acariciar el lugar donde mi pene penetraba a mi amiga. La cantidad de
humedad que comenzó a salir de su vagina me indicaban lo que le estaba gustando
aquello, y conociéndola en esas situaciones le comencé a decir al oído:
-te gusta mi putita, que te coja mientras un tipo te toca
toda-
-quieres agacharte y mamársela mamita-
-quieres que te cojamos entre los dos-
A lo que ella respondía con movimientos de cadera que
teníamos que detener mi improvisado amigo y yo para que nadie se diera cuenta de
lo que pasaba.
En cierto momento la mano del tipo se agarró de mi pene, y
aunque en un momento dudé de la nobleza de sus intenciones (que sarcasmo no), lo
que hizo fue sacarla de la vagina de mi amiga y dirigirla hacia su delicioso
culo.
Lentamente la fui penetrando con la ayuda de aquel buen
samaritano, que al notarme dentro del orificio trasero de Adriana se dedicó
nuevamente a tocarla, ahora sin el estorbo de mi pene.
Muy pronto pude sentir, a través de ese suave velo de piel
que separa el ano de la vagina, los dedos invasores del tercero, que se movían
con fuerza pero lentamente dentro de ella.
Ni Adriana ni yo necesitábamos movernos, pues sus dedos la
masturbaban a ella y de rebote masajeaba mi pene de forma que no necesitaba el
estímulo de la penetración.
Un par de orgasmos de Adriana me apretaron el pene con furia
y no aguanté más, mi verga comenzó a palpitar próxima al orgasmo y nuestro
compañero de juegos lo notó.
Nuevamente nos sorprendió al sacar mi pene del culo de
Adriana y recibir mi copiosa eyaculación en su mano (de fijo es bisexual pensé),
pero cuando la calma comenzaba a retornar se levantó y dejó que Adriana se
sentara, sudorosa y lánguida, a la vez que guiñándome de nuevo el ojo, me mostró
su mano llena de mi semen y en el colmo de la degeneración se la dio a lamer a
Adriana quien, conciente o no, la limpió como una perrita para el deleite de los
dos.
Ella se durmió y mi nuevo amigo y yo hablamos de cualquier
cosa hasta que en la siguiente para del bus Adriana me pidió que nos
devolviéramos pues le daba vergüenza lo vivido, y yo acepté con la condición de
pasar una noche en algún hotel de carretera para sacarme la calentura que tan
extraña experiencia nos dejó.