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Fecha: 08-Dic-07 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Hijo querido (3)

Micifuz6
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Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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Tercera parte de las experiencias incestuosas entre una madre lujuriosa y su querido hijo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Hijo querido III

Un fin de semana Ana se dedicó a poner cierto orden en su casa, tomando en cuenta que entre semana por el trabajo carecía de tiempo para asear el diminuto departamento, "y el condenado de Andy que no ayuda en nada", pensó la madre mientras se metía a limpiar el cuarto de su hijo y cuando pasaba la escoba por debajo de la cama, algo salió junto con alguna basura: una panti rosa de nylon, la madura la tomó y "este no es un calzón mío, ¿entonces de…?", y no pudo completar la frase, un inesperado pensamiento la hizo temblar: "¿será de Angy, la novia de Andrés?, ¿entonces ya…?, y aquí en mi casa, quedamos en que fuera respetuoso, ¿entonces por qué me busca?, si por lo que veo, ya se anda cogiendo a la novia", y no pudo reprimir un inesperado ataque de celos.

Más tarde, cuando llegó el adolescente, la madura ya no pudo soportar la duda: "oye Andy, mira encontré esto bajo tu cama, ¿trajiste a tu novia a la casa?, ¿te acostaste con ella?, quedamos en que serías prudente y respetarías la casa, ¿si o no?, a ver si te vas explicando…", le dijo Ana entregándole la pantaleta y mirándolo con cierto encono.

El chico sorprendido tomo la prenda íntima y luego de sonrojarse trató de explicarse: "no, mira mamá… este… Angy me regaló su panty… hace días… de verdad… no la he traído a la casa, y… este… tampoco me he acostado con ella, de verdad mami...".

--"Mira Andrés, ya estás bastante grandecito y no me parece que nos estés utilizando a las dos, conmigo haces lo que quieres, y seguro con esa chica también, así que será mejor que dejes de importunarme con tus deseos sexuales… si ya tienes donde meter la pinga déjame en paz, ¿entiendes?, y sobre todo… por favor Andy no vayas a embarazar a la chica esa", y furiosa huyó a su recámara y cerró la puerta con seguro.

Ya de noche, cuando el enojo se le había pasado, fue a la cocina para preparar café, buscó a su hijo y le ofreció: "¿quieres café Andrés?, voy a preparar un poco", pero no obtuvo respuesta del hijo, sin más volvió a su cuarto llevando la taza de café, y mientras daba sorbos a la bebida pensaba: "creo que no debí ser tan dura con Andy… aunque… bueno… la verdad es que no si se andará cogiendo a la novia, pero conociendo al chamaco seguro que ya se acuesta con ella y pues… que bueno que así sea y ya dejé de hacer esas cosas feas conmigo… aunque la verdad ya me gustó mucho tener sexo con ese condenado chamaco calenturiento…", y sus pensamientos fueron interrumpidos por el hijo: "oye mami, quisiera hablar contigo… mira la verdad si traje una vez a Angy, pero no tuvimos sexo… sólo nos acariciamos y también… hicimos el 69, cuando terminamos ella insistió en irse, tenía miedo que tú fueras a llegar, esa es la verdad mamá, por favor ya no te enojes ¿sí?".

--"No estoy enojada Andy… pero no está bien que traigas a tu novia a la casa… eso es algo indebido… como van las cosas cualquier día te acuestas con ella y… la puedes embarazar y meterte en un gran problema, por lo demás que bueno que tengas novia pero, ya te dije, procura cuidarte… en cuanto a nosotros… lo mejor será que ya no hagamos el amor, trata de entender ¿sí Andy?..., lo que hacemos es algo indebido, algo… muy malo, entiende por favor", dijo la madre con voz nerviosa, sabiendo de antemano que el hijo insistiría.

--"¿Por qué mami?, ya te expliqué lo de Angy, de verdad no me acuesto con ella, si me dan ganas de hacerlo, lo acepto… pero me gusta más hacerlo contigo… me encanta hacerte el amor mamita… no me niegues eso… por favor ¿si?".

La madura no contestó, dejó la taza del café sobre el buró y acostada en la cama le dio la espalda a Andrés; la mujer sabía de antemano que terminaría por ceder a los deseos lujuriosos del hijo y resignada dejó que el chico se sentara junto a ella y de forma amorosa le acariciara el cuerpo, primero la espalda, luego más abajo, donde la mano ansiosa jugaba con los mofletes del culo, Ana suspiró y dejó que la inquieta mano vagara bajo su falda hasta acariciar sus nalgas con suavidad pero con cierta urgencia. Minutos después ella acostada boca abajo dejaba que el chico le subiera la falta y le bajara la pantaleta roja, el cuerpo le empezó a temblar cuando el hijo con ambas manos le abría las nalgas pera luego besarle el culo; Ana suspiraba sintiendo las atrevidas caricias, los besos, la lengua atrevida que jugaba con su negro culo, y se abandonó a los juegos lujuriosos del hijo, más cuando Andrés a la vez que le titilaba con la lengua el culo, metía tres dedos en su pucha caliente y jugosa.

Cuando la madura sentía que el orgasmo estaba por llegar escuchó al hijo: "oye mami, quisiera que hiciéramos el 69, tengo ganas de eso… ¿sí?", y la mujer dejó que el chamaco la acomodara sobre la cama de lado intentando a la vez de acostarse junto a ella en sentido inverso, intento protestar: "no Andy… ya quedamos en algo… hummm, mira… mejor no, ya no sigas, por favor… hummm, espera… cuando menos deja quitarme la ropa… no seas… ansioso".

--"No, mamá, quiero hacértelo así, déjame así", insistió el chiquillo.

Al instante Ana dejó que el hijo la subiera sobre él, montada en sentido inverso, con las piernas abiertas y entre ellas la cara del joven que buscaba con la boca la caliente humedad, en tanto que a centímetros de su cara estaba el grueso tronco erecto; la madura se dispuso a ser el juguete sexual del hijo, abrió la boca para dejar que la caliente verga la penetrara y ambos empezaron a gozar, los dos succionando, lamiendo; los dos disfrutando del incestuoso apareamiento; Ana sintiendo en su ano el jugueteo incesante de dos dedos y en su clítoris el furioso lengüeteo y en el momento que todo su cuerpo temblaba anunciando el intenso orgasmo, en su boca sintió la verga palpitar y segundos después casi se atragantó por los intensos chorros de semen, pese ello siguió mamando la pinga palpitante del hijo y sintiendo estrellitas en la cabeza por el gratificante orgasmo.

Cuando los cuerpos dejaron de temblar y los suspiros y gritos amainaron, la madura tambaleando se quitó de encima del hijo para desnudarse: "ay Andrés!, ya habíamos dicho que esto tenía que terminar y mira lo que provocaste… haces que me convierta en una mujer hambrienta de sexo… haces que me transforme… que olvide mis principios morales… que… todo… ¡ay Andy!, ¿qué vamos a hacer si seguimos con esto?", y a su pesar empezó a sollozar. Andrés la tomó entre sus brazos e intentó besarla en la boca, pero ella evadió la caricia: "no Andy, espera, déjame ir al baño, tengo que limpiarme… mira… cómo me dejaste… la cara llena de… moquitos, hasta la ropa del trabajo quedó embarrada de tu… leche… ay hijito… qué voy a hacer contigo", dijo Ana mirando con un intenso cariño a su vástago. Al regresar Ana encontró al hijo esperándola en la cama y al ver la erecta verga en silencio sin dejar de mirarlo se acercó con lentitud y ante los azorados ojos del chiquillo lo montó diciendo en voz baja: "déjame montarte hijito querido, quiero montarme en tu vergota", y entornando los ojos tomó el grueso mástil para dirigirlo a su pucha hambrienta y con suavidad fue bajando el cuerpo para empalarse, suspirando, cerrando los ojos, disfrutando de la penetración; luego empezó a moverse con suavidad, girando la pelvis sobre la verga que tenía bien clavada y mientras disfrutaba de la cogida empezó a mover el cuerpo cada vez con mayor urgencia, alzando el cuerpo, empalándose, haciendo círculos con la pelvis, gimiendo primero en voz muy baja, para luego bufar llena de lujuria y así hasta venirse no una sino dos veces y quedar desfallecida sobre el hijo que trataba de contener la venida.

Andrés la dejó terminar para luego proponer: "quiero tu culo mamita linda, dame tu culo, ponte como perra, anda".

--"¡Si papacito querido!, soy tu perra, hazme lo que quieras, ¡soy tu puta!, una puta muy caliente por tu verga, ¡si, quiero verga por el culo!", contestó la mujer colocándose con rapidez en la orilla de la cama y alzando la grupa. El hijo se colocó tras ella y le apuntó la verga en el ojete, y la mujer antes de contener la respiración lo urgió: "lo quiero fuerte, duro, ¡muy duro!, como si me estuvieras violando, así quiero tu verga hijito querido", para luego abrirse las nalgas con ambas manos suspirando de placer anticipado. El grito de la enculada fue estruendoso, el "aaaayyyy" debió escucharse hasta la calle, pero Andrés le cumplió el deseo a la madre, la embestida fue casi brutal, ambos quedaron pegados, culo contra verga, el palo erecto bien clavado en el intestino materno, luego las embestidas siguieron furiosas, sacando más gritos y sollozos de la mujer que abandonada seguía soportando las violentas metidas de verga, en tanto que Andrés mirada extasiado cómo entraba y salía la verga del deformado ano, las embestidas hacían temblar las nalgas de su madre que lloraba, gemía, suplicaba: "más, más, así, fuerte, dame toda tu verga, aaayyyy, así, más fuerte, más rápido, ¡ay hijo de mi vida!, ¡me matas!, ¡me matas con tu verga!, más, más, aaaayyyy, sí hijo querido ¡qué rico me culeas!, anda, más, sácame la mierda, destrózame la cola, ¡mátame!, pero no dejes de moverte, por piedad", al final la venida igual fue estruendosa y los gemidos de la madura denotaban su intenso placer al sentir las pausadas contracciones de la verga al llenarla de semen. Minutos después, cuando el placer amainó, Andrés con amorosa lentitud le fue sacando el pito a su madre que suspiraba, y maravillado descubrió cómo el culo quedaba distendido, abierto, deforme, sin pliegues, contrayéndose en espasmos deliciosos que expulsaban los mocos a pausas, el culo de Ana defecando semen y otras olorosas sustancias, el cuarto se llenó de tufo desagradable.

Luego de asearse, ambos regresaron a la cama y entre besos amorosos el hijo la animó a seguir sus confidencias sexuales, pero Ana se opuso: "no… ya te conté mucho de mi… ahora tú cuenta, a ver dime… déjame pensar… además de espiarme encuerada para hacerte chaquetas, ¿a quién más espiabas, eh?, anda dime".

--"hummm, ¿no te vas a enojar?, promételo, ¿si?".

--"Ay Andrés, ¿qué locuras habrás hecho?, pero bueno, prometo no enojarme, anda cuenta?".

--"Tú fuiste la primera, me calentaba mucho espiando cuando te acostabas con mi papá, me gusta verte cuando se la chupabas, cuando cogían tú arriba de él, cuando le pedías que te lo diera por el culo y… me gustaba más verte cuando te bañabas… a veces te hacías la chaqueta sentada en la taza del water, suspirabas y movías los dedos sobre tu pucha hasta venirte, todo eso me calentaba muchísimo y me hacía muchas pajas, sobre todo con tus pantaletas sucias, que olían tan rico, tus olores mamita", le confiesa el hijo dándole un amoroso beso de lengua, la madura siente renacer el deseo, pero él continúa:

--"Pero además miraba a otras mujeres… la primera fue… Claudia, la tía, tu hermana… no te enojes mamá, primero fue algo como una coincidencia… ella tenía un novio, la traía en su carro a la casa de noche y a veces tenían sexo en el coche, la primera vez la miré cuando le mamaba el pito hasta sacarle la leche, el tipo casi gritaba: "me vengo, me vengo, anda chúpame la leche" y ella ahí, golosa succionándole el pene, ver aquello me calentaba mucho y me masturbaba pensando en la tía Claudia; luego busqué la forma de verla cuando se bañaba, me costó trabajo pero logré verla, ella se depilaba la pucha, no se dejaba un solo vello, hasta la cola se depilaba, pero no tenía tan buenas nalgas como tú, ni tampoco las tetas grandes como las tuyas, eso si, su panocha era grande, muy carnosa, en cambio la tuya parece chiquita, pero es tan rica!!!, todo parecía ir bien con mis exploraciones hasta que ella me descubrió y… me puso una regañada de aquellas, hasta me amenazó con acusarme contigo o con mi abuelita, luego se le olvidó y volvimos a ser amigos… una vez tuvimos sexo…", confiesa el chico sonrojándose ante su madre.

--"¿Qué?, ay Andrés no me digas que ella y tú, que Claudia te desvirgó, ¿si?, eso ocurrió, anda contesta!".

--"Ay mamá, prometiste no enojarte, mejor ya no te cuento", dijo el hijo.

--"No Andy, pero me sorprende todo eso que me dices, que tú y Claudia…, bueno ella fue tremenda, hizo cada cosa, hasta ya de casada, pero bueno, no haz contestado a mi pregunta…", insiste la madre.

--"Es que… es algo muy… secreto, prometí no contarlo a nadie… pero si prometes no enojarte… es que cuando regresé de Vallarta, ¿recuerdas?, tú te habías divorciado, ya tenías otra pareja, mi hermana y yo nos vinimos a vivir con la abuela unos meses, ¿recuerdas?, ¿sí?, bueno, una vez hubo una fiesta y la casa se llenó de gente, me tocó dormirme en el suelo de la sala, sobre un tapete con una cobijas y… mi abue me convenció para dormir en su cama… -dice el chico mirando los ojos sorprendidos de la madre y añade--, y pues… por algo me sentía muy excitado, no lo recuerdo bien, pero ya en la cama de mi abuelita estaba con el palo bien parado, ella ya se había dormido y me acurruqué junto a ella que estaba de espaldas a mi, no se porque hice eso, pero mis ganas eran muchas y le puse el pene entre sus… nalgas, pero sobre su bata de dormir, yo estaba seguro que ya estaba dormida y… me empecé a mover muy lentamente y cuando… iba a terminar ella se movió un poco sin decir nada, con una mano fue alzando su bata diciendo en voz muy baja "ay Andrés que cosas tan feas haces, no tienes respeto ni por mi que soy tu abuela, anda hazlo bien, pero no le digas a nadie y sólo será por esta vez ¿eh?" y se quitó la pantaleta, volvió a darme la espalda, alzó las nalgas y le metí el pito entre ellas, no en la pucha, entonces ella metió la mano entre sus piernas y colocó la punta de mi verga en su panocha, estaba caliente y mojada, y se la metí, nos movimos un poco, ella siempre callada, yo metiéndole la pinga hasta que terminé, quise sacársela pero ella protestó "¡a no chiquito!, ya me calentaste y ahora me cumples, cógeme bien hasta que me venga" y se la volví a meter, creo que se vino dos veces, suspiraba y movía su cuerpo contra mi, estaba bien caliente la abuela, al final me vine otra vez, ella se levantó, trajo una toalla y nos limpiamos, ya bajo las sábanas me dio un beso en la mejilla y me dijo "serás un gran amante hijito, coges muy rico", luego nos dormimos", y Andrés guarda silencio esperando los reclamos de su madre.

--"Así que… fue tu abuela… válgame el cielo… y ella que siempre me anda diciendo que soy muy caliente y todo eso, y ella es… peor que yo… mira que cogerse al nieto, ay Andrés… no tienes moral, de verdad, no se cómo fuiste a salir tan… caliente, pero… luego de aquello… no volviste a tener sexo con mi madre, ¿verdad?", pregunta ansiosa la mujer.

--"No mamá, lo juro, de verdad… aunque cada que voy a su casa siempre me hace preguntas… que con quien me ando acostando y cosas así".

--"Ay Andrés, qué cosas dices… de no creerse de mi madre… siempre tan santurrona, tan devota y tan… a sus años… mira será mejor que ya no me cuentes cosas, siento feo, anda vete a dormir que ya es tarde".

--"No mami, quiero más, mira como tengo la verga, anda ¿si?".

--"No tienes llenadero hijo de mi vida, mira te hago una mamadita y ya, los dos a dormir, cada uno en su cama", dice la madura poniendo punto final a las pretensiones de su hijo, y amorosa se acostó entre las piernas del joven para con infinito placer anticipado acariciarle la pinga unos momentos antes de metérsela toda en la boca. Y mientras la madre aplicaba su depurada técnica mamatoria escuchó los suspiros y la voz quebrada del hijo: "¡ay mamita linda que rico mamas!, hummm, ¡qué rico lo haces!, ¿haz mamado muchas vergas?, ¿se la mamaste a muchos hombres?, dime por favor".

Lujuriosa la madre suelta la verga un momento y dice: "si, he mamado mucho, se la mamé a todos mis novios y a muchos amigos, a algunos amigos de tu padre, a todos mis amantes, a muchos", y vuelve a mamar ansiosa.

--"¿A muchos mami?, ¿cómo a cuantos?", pregunta Andy sintiendo que le llega el semen.

--"No recuerdo, a muchos, más de cien, a muchos hombres ya los olvidé, pero a muchos no, los recuerdo como si se las hubiera mamado apenas ayer… ay Andy que rica verga, me llena, me encanta mamarte la pinga, me conviertes en una puta muy puta, soy tu puta hijito querido, dame leche, dámela toda, lléname de mocos ¡por favor!", suplica la madura y vuelve a mamar, segundos después siente los chorros que le llenan la boca, que la atragantan, y traga y sigue succionando, siempre entre gemidos y suspiros de placer, hasta quedar desfallecidos.

**

En los siguientes días, y pese a lo dicho por su hijo, los celos no dejaron en paz a la madura, que seguía pensando que su vástago aprovechaba que ella se iba al trabajo para llevar a la novia a la casa y tal vez… se la andaba cogiendo a sus espaldas. Y por más que trataba de contener la duda, por fin se decidió a solicitar permiso para salir temprano del trabajo y nerviosa, sabiendo que estaba actuando mal, llegó al hogar invadida de sentimientos encontrados, por ello se mantuvo indecisa entre abrir o no la puerta, hasta que la duda pudo más que prudencia y rodeando la casa silenciosa entró por la puerta de la cocina. Ana sentía que las piernas le temblaban al asomarse sigilosa a la sala, primero escuchó voces, casi murmullos, luego gemidos entrecortados, asomó apenas la cara por el marco de la puerta y lo que ve la llena de asombro: su hijo y la novia sobre el tapete de la sala haciendo el 69, ambos se mueven, disfrutan, cada cual mamando el sexo del otro, la chica succionando el enorme pene de Andrés y él con la cara pegada a la entrepierna de la joven. La madre primero siente un acceso de horror y furia, mira con espanto y coraje la lujuriosa escena, pero conforme la joven pareja intensifica sus ejercicios amorosos, el horror y el coraje amainan y a su pesar siente que su cuerpo se llena de excitación, mira con atención como Angy, la novia, lujuriosa succiona el pene de su hijo, y a él lengüeteando ansioso la pepa de la chica; la excitación aumenta en la madura que siente en su entrepierna que su panocha palpita de deseo sexual y cuando intenta bajar su pantimedia y su calzón para hacerse una chaqueta escucha el diálogo amoroso:

--"Déjame meterlo, anda, ya quiero cogerte", pide el chico ansioso.

--"No, ya sabes que por la vagina no, no insistas por favor", dice la novia.

--"Entonces dame tu culo, anda ya no aguanto las ganas de venirme".

--"No Andrés, no insistas, lo tienes muy grande, la última vez me lastimaste mucho, hasta me salió sangre, mejor termina en mi boca", propone la chica.

Pero ante la tozudez del joven la novia le da la espalda y se apoya en el sillón, el joven le apunta la gruesa tranca en las nalgas y empieza a presionar, y cuando la novia gime de dolor por la penetración, la madre en la cocina ha empezado a masturbarse, jugando con sus dedos sobre la pepa que ya escurre jugos, la madura suspira agitada y la mano se afana sobre el clítoris, de pie y con las piernas en arco ella siente que el orgasmo le vendrá enseguida y mientras sigue frotándose la pepa, lleva la otra mano a su boca y la muerde tratando de acallar sus gemidos. Un poco después, mientras en la sala su hijo llena de semen el culo de su novia y los gemidos se hacen ruidosos, la madura se agita ante el intenso orgasmo, largo, muy placentero, las piernas parecen doblarse y ella trata de contener sus gritos, siempre sin dejar de ver a la pareja de jóvenes que casi han terminado el acto sexual. Luego trastabillando se acomoda la ropa y sigilosa sale de la cocina, ya afuera no sabe que hacer, camina por la acera pensando en lo que acaba de ocurrir y para su sorpresa el enojo contra su hijo ha desaparecido, es más, todavía siente los rescoldos de la excitación y se sorprende por esos sentimientos encontrados: le excita recordar a su hijo y a su novia teniendo sexo ahí, en su casa, y reprime un pensamiento, "nunca pensé que ver eso… fuera tan…, a mi hijo haciendo eso, que el cielo me perdone".

Y mientras se aleja del hogar recuerda fragmentos de su lejana juventud, su ardiente adolescencia: sus hermanos y ella espiando a los padres teniendo sexo, y recuerda la enorme excitación que aquellas escenas le generaban, lujuria que luego tenía que aplacar de alguna forma: dejando que su hermano Germán o su hermano Hugo la masturbaran, para al final hacerles ella una chaqueta a ambos, y su rostro enrojece de vergüenza sacar de su memoria aquellos recuerdos prohibidos.


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