Muy lentamente fuí abriendo la puerta buscando no hacer mucho
ruido. Mi hermana estaba acostada y dormía plascidamente, solamente una pequeña
lámpara alumbraba con una luz tenue su recámara, Clau se había quedado dormida
mientras escuchaba música. Pensé por un instante mientras estaba en el marco de
la puerta en retirarme a dormir e incluso dí un pequeño paso hacia atrás, pero
de pronto me dí cuenta que la silueta de mi hermosa hermana se marcaba debajo de
las cobijas y me detuve nuevamente para mirarla un poco. Acepté en ese intante
que mi hermana me tiene loco y agitado por el recuerdo de momentos antes al
estar con Nancy, el aroma de sus jugos que aún conservaba en mi cara y lo
caliente que estaba todavía, me ayudaron a decidir y entonces entré para
acercarme a Claudia.
Con el corazón latiendome aceleradamente, dí unos cuantos
pasos hasta llegar junto a ella. Mis manos temblaban demasiado, sentía un frio
terrible en todo mi cuerpo y al mismo tiempo mi sangre hervía al estar parado
junto a su cama. Me incliné un poco y tomé el borde de las cobijas, el excesivo
temblor de mis manos hacía que de manera torpe y muy lentamente fueran bajando
las cobijas hasta descubrir el cuerpo de mi hermana casi debajo de la cintura.
Ella llevaba una camiseta delgadita que le cubre a la mitad
del muslo, me gusta como se le vé esa camiseta porque cuando anda por la casa
con ella sin nada debajo, me permite ver perfectamente sus piernas que tanto he
deseado, sus nalgas duras se transparentan un poco y en algunos momentos cuando
se le marcan sus grandes pezones yo quisiera devorarlos en ese mismo instante.
Pasé levemente mi mano sobre su camiseta y rocé sus tetas, al
instante sus pezones respondieron y se endurecieron. La visión de ello me puso
frenético y totalmente decidido empecé a subir poco a poco su camiseta buscando
dejar descubiertas sus tetas para comermelas sin parar. Mi hermana se movió
levemente y pensé que despertaría pero solo movió un poco sus piernas y me
facilitó subir más rápidamente su ropa.
Al descubrir su pubis me incliné y aspiré el aroma de su
vagina, yo estaba completamente loco de deseo en ese momento y mientras seguía
subiendo su ropa, acaricié por encima de su pequeño calzoncito la división de
sus labios vaginales.
Cuando finalmente sus enormes tetas quedaron al descubierto
me levanté dispuesto a morder sus pezones, pero tener frente a mí por primera
vez la visión de sus tetas al desnudo casi hace que me viniera ahí mismo. Estuve
algunos instantes observando detenidamente cada milimetro de la blanca piel de
sus senos y el contraste con el color rosado de sus pezones me enardecía mucho
más. No podía dejar de admirarlos, había deseado tanto tiempo ese par de melones
y ahora estaba a centimetros de ellos y a punto de comerlos pero quería
conservar para siempre esa imágen en mi calenturienta mente.
Lo cierto es que siempre me había llamado la atención lo
grande del tamaño de las tetas de mi hermana y supongo que es por herencia de mi
madre la cual también tiene unas tetas muy respetables aunque un poco menores
que las de Claudia.
Al fin bajé mi cara y pasé suavemente mi lengua por toda la
redondéz de una teta, una y otra véz, sin apresurarme a nada, disfrutando cada
instante, apreté con mis labios su pezón que estaba ahora más duro y repetí el
mismo procedimiento con la segunda teta.
¡Que deliciosa es esa sensación de estar tomando lo
prohibido! ¡Sin pedir permiso! ¡Sin miedo a nada y dudándo de todo al mismo
tiempo! Son instantes en que el mundo gira sin que a uno le importe un reverendo
pito.
Me dedique a lamer y morder con absoluta devoción las tetas
de mi hermana. Saboreandolas como si fueran el helado más rico que jamás pude
comer y de pronto noté como muy suavemente Claudia acariciaba mi cabello
mientras yo estaba hincado junto a su cama comiendole las tetas.
Dulcemente me dijo:
- Que delicia mi niño, haaa, te estaba esperando desde hace
unos días.
Un escalofrío recorrio mi cuerpo y apreté fuertemente un
pezón con mi mano mientras tenía la boca ocupada con el otro.
Ella busco mi mano y la tomó con la suya dirijiendola
lijeramente hacia su monte de venus, introdujo solamente mi mano debajo de su
calzoncito. Sabía lo que ella quería y le dí un fuerte apretón a su clítoris que
ahora se encontraba bañado de un líquido muy caliente que brotaba de su
interior. Moví un poco mi dedo medio como si estuviera dentro de un tarro de
miel, lo retiré y se formaba un hilillo mientras lo llevé a mi boca para probar
ese delicioso néctar que me ofrecía mi hermana.
Claudia se agitaba y movía su cadera mientras me decía:
- Mira como me tienes, y vienes ahora, justamente ahora que
no podemos hacer ruido, haaa.
- Pero porqué? - pregunté
- Porque Papá y Mamá estaban follando justamente cuando tu
llegaste y yo hasta acá escuchaba sus jadeos y por eso decidí poner mejor un
poco de música para no inquietarme mucho... así que como sabrás pueden salir de
la recámara en cualquier momento y venir hacia acá.
Así que me dí cuenta que ella había estado conciente desde el
primer momento e incluso me había facilitado subirle su camiseta.
En ese momento escuchamos ruido de alguno de nuestros padres
caminando por el pasillo rumbo al baño, al instante retiré mi mano de su pubis y
ella se cubrió con las cobijas.
Permanecimos inmóviles durante unos minutos hasta que
escuchamos nuevamente el ruido de vuelta hacia la recámara de mis papás y
después de escuchar el cierre de la puerta, me levanté de mi posición lentamente
no sin antes volver a morder sus pezones para no olvidar el momento y me dispuse
a salir de su habitación...
- No te preocupes - me dijo dulcemente mi hermana - mañana
estaremos solos durante la tarde. Mamá y Papá se irán a visitar a mi abuela por
unas horas y podemos aprovechar para platicar un poco acerca de lo que nos pasa
y si aún quieres, puedo darte nuevamente unas pequeñas clases de baile... como a
tí te gusta.
Metí mi dedo debajo de las cobijas, lo introduje en su vajina
y nuevamente lo retiré completamente mojado de sus jugos, me lo llevé a la boca
como si se tratara de la paleta más deliciosa y le dije:
- Te estaré esperando toda la tarde...
Salí lentamente de ahí y sin hacer ruido entré a mi
habitación y me dispuse a descanzar.
Otra véz, como si fuera alguna maldición me había quedado sin
poder penetrar a nadie y con un dolor de huevos impresionante que necesitaba
aliviar de manera inmediata. Metí mi mano en el bolsillo de mi pantalón y saqué
la tanga de Nancy que aún conservaba su aroma. La utilicé para aliviarme solo
lijeramente pues tenía que conservar energía para la tarde siguiente que
prometía muchas cosas...