La morena de la facultad:
Mis compañeros de piso de estudiantes y yo habíamos decidido
organizar una macrofiesta para dar la bienvenida al nuevo curso universitario.
Iba a ser la mejor juerga de jueves universitario de mi vida.
Esa misma mañana había retomado las clases de medicina en la
uni y fue entonces cuando me la encontré. Había pasado el verano entero pensando
en ella, en sueños y siempre que me masturbaba, pero sabía que era improbable,
por no decir imposible, que algo sucediera entre nosotros dos, pues éramos muy
amigos.
Ella estaba increíble. La luz del día atravesaba los grandes
ventanales del pasillo de la facultad e iluminaba su larga y negra melena como
nunca y sus verdes ojos recorrían los míos. Llevaba aquel vestido tan corto con
el que siempre había fantaseado tanto, hasta medio muslo.
Le invité a ella y a sus demás amigas a la fiesta y
accedieron. A las 22:00h vendrían a cenar al piso para después salir de marcha.
Pasé la tarde entera en el supermercado con mis compañeros
comprando bebida y demás cosas para la cena. Entre unos y otros nos íbamos a
juntar 25 personas. Preparamos la cena, la música y decoramos la casa.
Después de todo decidí darme una ducha y descargar el calor
que llevaba dentro sólo de pensar que ella estaría aquella noche. No debía
perder la ocasión de atacar de todas las formas posibles.
Con rigurosa puntualidad llegaron todas ellas, además de más
amigos/as de los otros.
Estaba mejor que nunca, pero había cambiado el vestido de
siempre por uno negro, todavía más corto, bien ceñido al culo y que dejaba
entrever unos pechos firmes y potentes. Sus amigas tampoco estaban mal, pero no
había punto de comparación.
Durante la cena empezamos a beber. Primero tomamos champán y
vino. Una vez acabamos, uno de mis compañeros empezó a pinchar música con su
tabla de sonido. Pasados unos minutos aquello se empezó a animar más y más.
Decidimos encender el karaoke.
Yo ya llevaba mucho alcohol en el cuerpo y ella parecía
seguir mi ejemplo.
La veía bailar y cantar, mover el culo con el resto de sus
amigas, las tetas le botaban al ritmo de la música; una gota de sudor me cayó.
Llevaba una erección permanente y decidí ir al baño. Me lavé la cara con agua
bien fría y esperé hasta que volví a tener la polla normal, pero decidí ir a mi
habitación situada al lado del baño a acabar con aquel dolor de pelotas. Entré y
la luz estaba apagada, era perfecto. Cerré la puerta y a tientas fui hasta la
cama y una vez estuve estirado empecé a pajearme desenfrenadamente pero no podía
concentrarme, una maldita pared me separaba de ella y allí estaba yo,
masturbándome como un pringado.
Fue entonces cuando un ruido proveniente de la habitación me
puso alerta. Se me paró el corazón, allí había alguien más a parte de mi y mi
miembro erecto.
Pregunté quien había pero nadie contestaba. Oí pasos, alguien
se dirigía desde la cama de mi compañero hacia la mía. Estaba nervioso solo de
pensar que podía ser algún amigo mío. Fui a encender la lámpara roja de la
mesita de noche, pero ya era demasiado tarde, alguien la encendió por mí.
Cegado por la luz entreabrí poco a poco los ojos y no pude
creer lo que vi. Era ella.
Nadie dijo nada y sin más se echó encima de mí y empezó a
besarme salvajemente toda la boca. La tenía más dura que nunca.
Nos dimos la vuelta y a medida que nos enrollábamos apretaba
mi polla contra ella para que supiera que no pensaba salir de allí sin
follármela.
Empecé a besarle el cuello, a comerle las orejas, jadeábamos
como dos animales en celo.
Era yo quien estaba encima, llevaba las riendas de la
situación. Fui bajando hasta encontrarme con sus tetas. Sin pensármelo le bajé
la cremallera y le saqué el vestido, acto seguido hice lo mismo con el sujetador
y las bragas.
Eran perfectas, pequeñas pero perfectas. Comencé el festín,
rodeándole con la lengua los pezones, haciendo círculos a lo que ella respondía
con chillidos entrecortados. Se las comía como siempre había imaginado y al
mismo tiempo se las cogía fuertemente. En aquel momento y siguiendo jugando con
mi boca, decidí abrir sus fuertes piernas, le introduje un dedo y luego puse el
segundo. Resultaba fácil pues iba bien lubricada. Deslizaba mi lengua por toda
su anatomía mientras seguía removiendo los dedos allá dentro.
Ella temblaba de placer. Mi lengua se posó en su ombligo y
sin poder resistirme empecé a comerle el coño. Le gustaba. Se estaba
estremeciendo y ello conseguía ponerme más caliente todavía. Su cuerpo estaba
tenso, se curvaba, señal de que me pedía más y más. Me decía gritando que
siguiera. Yo no podía parar, viendo como ella disfrutaba.
Estuvimos así un buen rato hasta que paré, le cogí una mano y
suavemente se la fui acercando a mi polla. La noté caliente como toda ella.
Al principio le costó pero empezó a subir y a bajar
lentamente. La luz roja de la lámpara hacia la situación todavía más excitante.
Sin pensárselo dos veces bajó su cabeza y empezó a
chupármela. Sus carnosos labios se deslizaban ayudados por la saliva, fregaban
todo mi capullo constantemente y con la lengua me repasaba el frenillo. Era
brutal.
Mientras hacía lo suyo con la boca y con la mano derecha, con
la otra iba repasando mis pelotas hinchadas de manera bien sincronizada.
Le propuse follar ya, porque no me podía contener mucho
tiempo más.
Se puso encima de mí y se la introdujo. Se movía lentamente y
yo le ayudaba con mis brazos.
La cosa empezó a ir cada vez más rápida. La notaba toda
dentro de ella. Nos mirábamos con cara de cómplices, estaba disfrutando
muchísimo. Era una simbiosis perfecta.
Entre miradas empezamos a movernos de manera agitada, con
respiraciones entrecortadas, gemidos potentes, la cosa iba a mejor. Los muelles
del colchón chirriaban sin parar dando la impresión que la cama iba a ceder.
Poco importaba.
Segundos más tarde nos corríamos.
Más relajados nos abrazamos y seguimos con los besos.
Teníamos que repetir.
Nos vestimos mientras observábamos nuestros cuerpos desnudos.
Dimos por zanjado el polvo con un buen beso, y salimos al
comedor del piso para seguir con la fiesta. Quien me iba a decir que aquella
noche no acabaría durmiendo en mi cama.