Nuestro acompañante valía por dos.
Mi novia y yo, recorrimos la ciudad buscando diversión, la
rutina de la semana nos tenía aburridos, por eso, solo queríamos hacer algo
diferente, y lo más entretenido que encontramos fue un toples, pensamos que
sería simpático visitar el lugar, Carolina no sabía de esos antros y yo pensé
que sería bueno recrear la vista por unos instantes.
El ambiente estaba increíble, lleno de gente y de luces por
todos lados, la música era erótica, al tenor de las jóvenes que bailaban, por
supuesto, yo estaba feliz, disfrutando de todo y mi novia, aunque al principio
se sintió descolocada, pronto se acomodó y disfrutó de todo junto conmigo.
Pedimos unos tragos y comentábamos de las artistas, nos
distendimos al punto de despertar nuestra libido, Carolina disfrutó gustosa de
mi excitación, cuando le tomé la mano y la puse en mi pantalón, tenía una
erección tan grande que mi sexo quería escapar de mis ropas.
-Veo que estas prendido mi vida, que rico lo
pasaremos al llegar a casa- me dijo con una sonrisa picaresca.
Luego de varias rondas de tragos y un sin número de caricias
por debajo de la mesa, elucubramos una actividad diferente para nuestro deleite,
conversamos abiertamente sobre la posibilidad de invitar a una de las damas del
local a visitar nuestra cama, por eso, hablamos con quien correspondía y nos
ofreció varias damas disponibles, lo increíble era que mi novia ya tenia su
candidata, y previo pago, nos fuimos a nuestro departamento.
Carolina, había elegido, de entre las artistas de la noche,
una que nos ofreció un show espectacular, lo que a mí me encanto, es que cuando
la vi bailar, sus caderas se movían tan bien, que me la imaginaba cabalgándome,
por eso, no tuve ningún reparo en aceptar la idea de que la invitada, fuera
precisamente ella.
Llegamos deprisa, ardientes, deseosos de entrar en nuestra
aventura, Carolina preparó el cuarto con algunas velas e inciensos, quería que
todo fuera placentero y muy erótico, nuestra invitada lucía espléndida, sus
ropas eran cautivadoras y sensuales, tenía uñas largas y de color rojo y su olor
invadía todos los rincones del cuarto.
Seguimos con la ronda de tragos y nos preparamos para el
evento, mi novia se vistió para la ocasión con una lencería hermosa que yo le
había regalado para su cumpleaños, un colales negro con sujetador del mismo
tono, a lo que agregó una bata transparente que dejaba ver su figura sudada y
sabrosa, Cintia, nuestra invitada, también se decoró, entró al baño y salió
vestida aún más exótica, su lencería era de colores plateados y trasparencias,
se acercó a nosotros con mucha bravura y nos confesó su secreto.
-Les agradezco que me invitaran, pero tienen que
saber que yo, no soy como ustedes- nos dijo sin reparo.
En efecto, comenzamos nuestro idilio besándonos con pasión,
haciendo que la previa al encuentro de nuestros sexos fuera intensa y bien
acogida, nuestras manos y lenguas fueron el elemento exacto para que cada uno de
nosotros se lubricara y rogara por algo más agudo, al desnudarnos, vimos por fin
lo especial de nuestra invitada y era su sexo, una mujer con fuerza de hombre
entre las piernas, algo jamás visto por mis ojos y menos por los de Carolina.
-No se asusten, si me permiten, les demostraré que
tengo muchas virtudes y los haré disfrutar de mis cualidades supremas-
dijo.
Entonces, y ya que habíamos pagado por el servicio, de común
acuerdo con mi novia, decidimos dejar nuestros prejuicios de lado y entregarnos
a disfrutar con ella, sus besos así lo ameritaban y la cadencia de sus manos
también, era una experta con su lengua y mi novia no tuvo ningún reparo en
dejarse saborear por ella.
Nos imbuimos en un ambiente osado, sensual y erótico, mi
novia sé recostó en la cama y nuestra amiga se acomodó entre sus piernas dándole
intensas succiones en sus partes íntimas, provocándole gran satisfacción, lamía
su clítoris y saboreaba sus cavernas con su lengua llana a satisfacerla, por mi
parte, decidí cabalgar en sus profundidades, lubriqué todo el contorno de su ano
con mi lengua y lo clavé fuerte y repentinamente, no quería darme tiempo a
arrepentimientos y falsas repulsiones, solo me metí en lo mas profundo de su ser
y sentí como su hermosos muslos chocaban con mis testículos.
Cantamos un coro indecoroso provocado por nuestros jadeos
constantes e intensos, nuestro ritmo era pleno y bien coordinado, yo estaba
caldeado, sudado y con la adrenalina a mil, mi novia seguía y seguía gritando su
pasión, por eso, todos juntos gozamos intensamente de aquel cuadro y de otros
más que juntamente armamos, para bien de nuestros deseos.
Es increíble la cantidad de posiciones que podíamos formar
con nuestra invitada, los tres no parábamos de gozar, la penetré hasta quedar a
punto de morir y ella, que a la postre fue él, a su vez, cabalgó como un toro
dentro de mi novia y luego dentro de mí, nuestra última pose fue la más ardiente
y pecaminosa, su tiempo en nuestra cama se estaba acabando, no había más dinero
para unas horas extras, por eso, era necesario ya una última posición.
Entonces nos acomodamos, el tomó mi pene con sus manos
fuertes y ardientes, pasó sus uñas por sus pliegues, acarició su cabeza en
círculos excitantes y mientras tiraba hacia atrás su piel lo introdujo en su
boca, lentamente, con maestría, con ganas, con lujuria, primero la cabeza y
luego el tronco, yo quedé paralizado, tenía ganas de explotar de placer, sentía
su lengua recorrer cada centímetro de mi poder y sus manos apretar mis
testículos, mi entrepierna y hasta hacer círculos en mi ano, mi novia hacía lo
propio y como buena aprendiz le entregó su lengua al sabor de su virilidad
mezclada con formas de mujer, estaba encantado, disfrutando de ver a mi novia en
tal acto de maestría y sintiendo como aquella desconocida disfrutaba de los
pequeños chorros que salían de mí, queriendo lubricar más aún su boca seductora.
La plenitud de nuestros actos era magistral, por eso, no pude
aguantar más, cinco horas amándonos de todas las formas posibles me hacían
rendirme ante sus cariños, sentí miles de espasmos en mi vientre y supe que mi
leche estaba preparada para ser aprovechada, ví a Carolina tenderse hacia un
lado, con la emulsión de mi doncella corriendo por sus labios y mentón, por eso,
estallé en su boca y quise gritar de gusto, mi fuerza palpitó dichosa dentro de
su boca y le dio lo que ella tanto quería, toda mi semilla, la que trago
consiente, alegre y feliz.
Luego de bañarnos y una vez que Cintia se fue, hablamos de lo
ocurrido y, afortunadamente, pensamos lo mismo, esta locura, hay que repetirla.