Capitulo 4: Guerra de clanes
Ya en Lorencia pudo ver como la ciudad se hallaba
inusualmente activa esa tarde. El semblante de Abigail se tornó serio y frío
como una máscara. Era la primera vez que Diógenes la veía así, tan falta
hierática. En el bar había un grupo numerosísimo de guerreros y mercenarios. Las
risotadas plagaban el lugar, los hombres rudos se saludaban a palmotadas y con
choques de antebrazos.
Al ver entrar a la chica junto a Diógenes, se hizo un breve
silencio... todos los presentes estudiaron a los recién llegados. La seriedad de
Abigail no se había borrado de su cara. En una pared del bar se anunciaba que
habría una guerra de clanes.
Los clanes eran organizaciones de guerreros que se ponían a
las ordenes de un líder o maestro de clan, éste solía ser el mas fuerte del
grupo o tenía alguna virtud sobresaliente del resto. Sus compañeros de clan le
obedecían en todo y todos se protegían entre sí. Cada cierto lapso de tiempo un
clan retaba a otro a un combate, en general era para probar sus habilidades en
batalla.
El clan de los Brazos Rojos había retado al clan Alfacrux, el
choque entre ambos clanes se realizaría en la salida este de Lorencia. El sol ya
estaba declinando, los guerreros comenzaron a encaminarse hacia la salida este.
Diógenes pudo ver como su maestra ataba su pelo y se quitaba una banda del brazo
revelando un emblema que había estado oculta todo ese tiempo. Era la insignia
del clan Alfacrux y un miembro de uno de los clanes más fuertes de la región le
había entrenado.
El muchacho apenas podía creerlo, pero eso explicaba el poder
que tenía la chica rubia. Esta sonriéndole por unos segundos se unió a los de su
clan y salió. Diógenes se quedó mirando la batalla desde el puente, era el lugar
mas seguro para observar el desarrollo del combate.
Unos quince guerreros, entre ellos Abigail, se formaron ante
los quince combatientes que conformaban a los Brazos Rojos. Estos los miraban
con una gran seriedad, mientras desplegaban sus alas. Ante la señal que habían
acordado los maestros de ambos clanes el combate comenzó. Los guerreros alados
se lanzaron en picada sobre cinco magos que los recibieron con un hechizo
conocido como Río de agua. Utilizando magia elemental estos hechiceros lanzaban
un rayo que llevaba la energía del mar. Los guerreros del clan enemigo cayeron
al suelo aturdidos, para ser alcanzados por las flechas de Abigail que cubría a
los suyos.
Un guerrero con una espada de Runa cayó sobre ella en un
ataque formidable, pero ésta lo vio venir y sus saetas de fuego lo atravesaron
sin piedad alguna. De pronto, la fémina quedó congelada, no podía moverse... los
magos estaban utilizando sus hechizos de hielo. Guerreros de a pié se lanzaron
sobre la indefensa chica. Ella cerró un ojo para fijar mejor su puntería y
secretamente para soportar lo que se venía. En ese instante apareció un guerrero
descomunal blandiendo su enorme y rustica hacha del caos dejó fuera de combate a
los atacantes.
Los magos lo rodearon de repente y atacaron con sus fuegos
infernales. Las estrellas de fuego salían desde el suelo abrasando a la victima.
El guerrero quedó sentido por los ataques pero Abigail ya estaba libre. Sin
embargo Rodon, mago de los Alfacrux les protegió y derrotó a los otros
utilizando una invocación de espíritus malignos. Los magos enemigos daban
vueltas contra su voluntad mientras espíritus negros desgarraban sus carnes y
ropas.
La victoria del clan Alfacrux fue aplastante, como resultado
obtuvieron un suculento botín de guerra que fue repartido entre los miembros del
clan. Los vencedores festejaron toda la noche su victoria, tomaron y cantaron
hasta caerse dormidos. Abigail sentada en el puente miraba el cielo nebuloso,
Diógenes se le acercó y ella volvió a ser la de siempre.
Eres increíble, Abigail- Dijo él.
No tanto, sólo pude vencer a unos pocos... el que se
lleva todos los méritos es Almanzor, el grandote que derrotó a casi
todos los caballeros el solo- Reconoció ella.
Sí, me pareció poderoso. Pero recuerdo de hace mucho
tiempo alguien que me salvó de las garras de un gigante que me mostró
ser aún más poderoso- Dijo el muchacho.
¿Ah sí? ¿Y quién era ese sujeto?- Preguntó ella.
No recuerdo su nombre, pero ese sujeto me daba miedo-
Dijo el muchacho.
¿Y yo no te doy miedo?- Preguntó la chica.
Diógenes no respondió, sólo se puso colorado como un ají
mientras evitaba mirarla a la cara... la escena se interrumpió al oír gritos de
pelea que provenían de la taberna. Almanzor estaba discutiendo airadamente con
un desconocido de capa. El sujeto no le daba importancia a las bravuconadas del
grandote que, airado, lo retó a un duelo.
Los ojos del sujeto parecieron resplandecer de una forma
familiar para Diógenes que al verlo pasar pareció recordar a alguien. Abigail
también pareció percatarse de algo y buscó hacer razonar a su compañero, pero
éste no entendía razones y saliendo fuera, el guerrero Almanzor tomó su hacha
con ambas manos y esperó a su adversario. El sujeto se quitó la capa... en ese
momento Diógenes lo reconoció y le dijo a la mujer:
Ese es el guerrero que me salvó.
Almanzor está perdido. Fue todo lo que dijo la
guerrera.
Asura salió con su armadura y armas rojas por la sangre, su
semblante sombrío y sus ojos brillando de furia lo hacían realmente
atemorizante. Pero el grandulón no se amilanaba y se lanzó al ataque. No pudo
hacer nada contra ese viento que surcó el aire repentinamente y cayó sin sentido
sobre la hierba de Lorencia. El mejor de los Alfacrux había sido derrotado
fácilmente por el psicópata itinerante. La totalidad de los presentes quedaron
anonadados, el golpe había sido tan rápido que no lograron más que percibir el
viento.
Abigail palideció, ella había sido capaz de ver el ataque por
completo. Almanzor no había tenido una sola chance, cuando levantó su hacha
dejando su guardia descubierta ya el primer golpe había dado de lleno en su
cuerpo. Luego habían sido otros veinte golpes de la misma intensidad, el poder
de ese asesino era poco menos que aterrador. Cinco miembros del clan salieron a
vengar a su amigo, se lanzaron a la carrera... La cara de ese asesino formó una
mueca aterradora y volviéndose hacia ellos les hizo volar por los aires con un
solo ataque de su espada. La fuerza y el sentido de giro de esos vientos
parecían un tornado, la diferencia es que estos no destrozan cuerpos como este
lo hizo. Piernas, manos, brazos, torsos y cabezas cayeron al suelo junto con una
lluvia de sangre. Allí parado delante de todos sus espectadores, el asesino
envainaba su espada. Nadie salió a enfrentarle, habría sido un suicidio. El
gladiador volvió al interior de la ciudad... Cuando Asura pasó al lado de la
chica le dijo:
Error, no fueron sólo veinte golpes. En realidad lo
golpeé unas doscientas veces lo que llegaste a ver fue la imagen
residual de mis ataques.
No puede ser posible- Dijo ella asombrada.
Eres libre de creerlo o no- Dijo el sujeto mientras
tomaba su capa y se retiraba del lugar.
Abigail miró a Diógenes con sorpresa, no podía creer que ese
chico había sido salvado por Asura. Eso ya era toda una hazaña, ahora comprendía
a qué se refería el muchacho con que ese tipo le daba miedo. El poder de ese
asesino estaba fuera de su nivel. Viendo esa demostración de poder lo único que
le quedaba era mejorar. Debían emigrar en busca de oponentes mas fuertes, nuevos
desafíos ante los que probarse.
Continuará...