Extraño, demencial, pero cierto intercambio (3ª parte)
Antes de seguir debo precisaros que toda esta historia es
verídica, mi esposa y yo la vivimos en primera persona. Yo no puedo evitar
ponerme como un asno cada vez que lo recuerdo y Marisa aun sigue con en conejo
tan escocido que le es imposible follar.
Vosotros pensar lo que queráis pero la historia es cierta y
si queréis os daré detalles que corroboran mi relato.
Allí estaba yo, follando como un poseso y con la bendición de
un tipo con una polla enorme metida en la boca de mi mujer. Aquel tipo no cesaba
de alentarme con frases como: - Así chaval, dale fuerte, dale…
A todo esto Marisa se corría de nuevo como una posesa y yo
que no aguantaba mas me corrí con ella.
Fue entonces cuando Marisa sorprendió a todos cuando
sacándose de la boca con no poca dificultad el glande de aquel fulano, soltó: -
Ahora tu, metemela tu… metemela, … por favor, metemela.
Después de la primera sorpresa todo el mundo estallo en una
carcajada, el viejo el que mas.
¿Así que quieres que te la meta?. Bien vamos a ello,
abre bien el coño si no quieres que te lo parta…
Marisa como impulsada por un resorte levanto las piernas y
las abrió desmesuradamente, mostrando su palpitante coñito.
Vaya, parece que si que tienes ganas de que te la
meta…
Nuevamente la concurrencia estallo en una carcajada.
Aquel tipo se coloco frente el coñito de mi mujer, con
aquella cosa apuntando a su objetivo y no pude evitar pensar que Marisa no sabía
a que estaba jugando y que aquello no iba a ir bien. Comenzó a frotar su miembro
sobre la vulva de mi esposa y ella comenzó a contornear sus cadera rítmicamente
y con movimientos de su riñones buscaba la penetración que anhelaba. La muy puta
estaba loca.
Fue entonces cuando en una mesita al lado de la camilla vi.
un frasco de lubricante en gel. Sin dudarlo y en silencio lo tome y sin esperar
la aprobación de aquel fulano aplique una generosa cantidad de gel sobre el sexo
de mi mujer y un chorro sobre el glande morado de aquel semental.
El viejo sonriendo me dijo:
Será mejor que le abras bien el coñito a nuestra
putita, ¿no te parece?
Sin dudarlo abrí y aparte los labios del sexo de Marisa,
momento en el que y de una embestida desapareció dentro de mi esposa un palmo de
polla del grosor de mi muñeca.
Marisa lanzo un alarido mezcla de placer y dolor e
inmediatamente comenzó a gemir y contonear sus caderas al ritmo lento pero
profundo de las embestidas de aquel tipo.
Marisa parecía enloquecer con cada embestida que recibía. Las
embestidas cada vez parecían mas violentas y desde luego el ritmo se avivaba por
momentos. Todos los presentes estábamos pendientes de la follada y cada cual
había dejado aquello que llevaba entre manos para no perderse detalle.
De tiempo en tiempo aquel tipo se detenía con su polla
completamente hundida en Marisa y era en estos momentos cuando Marisa parecía
apunto de perder el conocimiento. Su respiración desacompasada parecía situarla
al borde de un sincope, balbuceaba palabras que ninguno de los presentes
acertábamos a comprender y tan pronto parecía que rogaba que la dejasen
descansar como parecía que exigía mas y mas.
Lo siento no tengo tiempo de terminar.
Si puedo lo acabo luego