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TODORELATOS » RELATOS » HUMILLANDO A UNA GORDA
[ Una manzana, no cae lejos de un árbol. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 03 de Diciembre, 2008.
Fecha: 30-Nov-07 « Anterior | Siguiente » en Dominación (2939 de 3498)

Humillando a una gorda

Lilith
Accesos: 7,300
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Tiempo est. lectura: [ 8 min. ]
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Relato duro de mucha humillación (consentida y disfrutada). Si eres muy sensible o retrógrado o no te gusta esta variante sexual, por favor, no lo leas. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

HUMILLANDO A UNA GORDA:

"Como su título indica este es un relato de humillación. Contiene palabras soeces y sexo muy duro. Si eres muy sensible o retrógrado o no te gusta esta variante sexual, por favor, no lo leas. Mi intención no es asquear ni enfadar a nadie"

1

Aquello no era el típico bar. Iluminación muy pobre, colillas por el suelo, azulejos que hacía mucho tiempo que no habían visto una fregona, una barra grasienta, fuerte olor a vino rancio, a tabaco negro, a queso muy curado, a sudor masculino. No había demasiada gente. Un grupo de unos cinco paletas de mediana edad, sucios, llenos de polvo, aun con la ropa de trabajo, discutían acaloradamente de fútbol en la barra mientras bebían chatos de vino tinto. En una mesa próxima a la puerta 2 jóvenes mecánicos con sus monos cubiertos de grasa, tomaban una cerveza tras otra. Parecían esperar algo o a alguien, nerviosos. Mientras en la mesa de al lado 4 jubilados echaban una partida de dominó. Completaban el grupo detrás de la barra José, dueño de aquel antro y mi compañero de correrías desde que nos conocimos en la mili, años a, y el chaval que desde hacia un tiempo trabajaba para él, casi adolescente, con la cara salpicada de acné. Trece tíos en total. Todos, absolutamente todos enmudecieron y se giraron a mirarnos cuando entramos. No me miraban a mi, claro, la miraban a ella, extrañados de ver a una mujer en un sitio como ese, la tasca, el último reducto del macho.

No es que mi acompañante llamara la atención por guapa o buenorra… la llamaba por gorda. 1.65 de altura y alrededor de un 200 k que se repartían en unas caderas anchísimas, grandes muslos y culazo enorme que ella trataba de disimular (sin demasiado éxito) con una falda larga hasta los pies, con mucha caída, negra por supuesto. Me había confesado en una de nuestras muchas conversaciones en el Chat que lo que más la acomplejaba era su gran barriga. Por este motivo, sobre un casi ridículamente pequeño y demasiado escotado top de tirantes blanco que dejaba a la vista gran parte de sus enormes y bamboleantes tetazas, llevaba una camisa negra, con únicamente los 2 últimos botones abrochados intentando taparla.

No era fea, al contrario, tenía una cara preciosa. Unos grandes ojos de un negro brillante. Unos labios muy sensuales y una sonrisa perfecta de blancos y alineados dientes, un cutis fino, una preciosa melena negra caía por su espalda…. Pero como yo le había dicho ya en varias ocasiones aquella tarde… "¿Quién se va a fijar en tu cara, por muy bonita que seas, con ese culazo que parece una plaza de toros y esas tetas que más que tetas son ubres de vaca lechera, gorda?"

Muy cruel, cierto. Pero es que a mi gorda le gusta que la humillen. Es lo que más caliente le pone. Llevaba meses contándomelo, explicándome sus fantasías más degeneradas. Yo desde que la conocí me había propuesto explorar ese lado oscuro, ponerla a mil y descubrir sus límites. Por fin había llegado el día.

Así es que encaminé mis pasos hacia el fondo del local. Muy cerca de la puerta del almacén había una mesa medio escondida tras una montaña de cajas de cerveza y refrescos vacías. Ella me seguía con la cabeza agachada, de prisa, buscando mi protección ante tantas miradas masculinas. En la mesa había un banco y 2 sillas. La hice sentar en el banco y me senté junto a ella, nerviosa e incomoda por la estrechez. Me acerqué aún más a ella, la tenía arrinconada entre la pared y mi cuerpo. Las cajas nos parapetaban de las miradas ajenas… al menos de momento. Empecé a susurrarle "lindezas" al oído mientras rodeaba sus hombros con mi brazo haciendo que mi mano reposara obscenamente y sin esconderme sobre su tetaza izquierda.

"Te gusta el sitio ¿verdad gorda?"… Ella asentía calladamente… "Una guarra como tú no merece nada mejor" Ahí mi mano empezó a buscar su pezón entre tanta grasa, no paré hasta encontrarlo, metiendo la mano por dentro del escote, y sacando la teta del sujetador ¡Dios! Aquello no era una teta, era una ubre. Hubiera necesitado 3 manos como la mía para cogerla entera. "Aunque quizá una granja de cerdos…. o un estercolero…. Jajajaja" Mis dedos pellizcaban aquel pequeño pezón sintiendo como se endurecía por momentos, mientras ella empezaba a respirar agitada. "¿Te pone cachonda esto eh?" Jadeaba "¡Que puta eres!" Empezaba a tenerla muy cachonda entre mis brazos pero para lo que tenia pensado para ella necesitaba tenerla mucho, mucho más. La giré hacia mí y acerqué mi boca a la suya que enseguida se abrió acogiendo a mi lengua. ¡Que manera de besar! Si todo lo hacia igual de bien con la boca lo íbamos a pasar muy pero que muy bien aquella tarde.

La notaba relajada a medida que iba poniéndose caliente así que aproveché para sacar sus 2 ubres fuera del escote y por encima del sujetador, dejándolas a la vista de cualquiera que pasara por delante y, lo que a mi me importaba, al alcance de mis manos. Se revolvió sí, pero en cuanto empecé a pellizcar sus pezones, alternando pellizcos suaves y duros perdió toda resistencia. Así estuvimos un buen rato, jugando con nuestras lenguas. Yo le pasaba mi saliva con besos muy babosos y ella se la tragaba sin rechistar y dando pequeños suspiros y saltitos cuando mis dedos pellizcaban con fuerza sus pezones que ya estaban como piedras. Separé mi boca de la suya para mirarla… estaba preciosa, sonrojada y con los ojos brillantes de excitación. Me miró un segundo y volvió a tirarse a por mi boca, pero esta vez no me besó sino que empezó a lamer mis labios con devoción, como si de una perra se tratara. Eso me puso a mil, mi erección era ya notable bajo mi pantalón. Me la hubiera follado ahí mismo, boca abajo contra la mesa, obligándole a que ladrara

"Joder Ramón. Vas ha conseguir que me cierren el bar por escándalo publico mamonazo" La voz de José, el dueño de aquel antro y mi amigo del alma me devolvió a la realidad. Separé mi cuerpo del suyo no sin antes mirarla fijamente y, con la voz más autoritaria que supe poner, decirle: "Ni se te ocurra moverte o guardarlas o te largo para la calle a ostias y así medio desnuda" mientras acomodaba aquellas betazas blancas, suaves, acogedoras, calidas, coronadas de pequeños pero muy duros pezones, encima de la mesa, exhibiéndolas. La postura era un poco forzada, la obligaba a estar inclinada hacia delante, pero esto la ayudaba a tapar su cara con la melena, mirar hacia abajo, roja de vergüenza… Así permaneció inmóvil.

"Anda cabrón que te quejarás de la mercancía que te traigo. En la vida has visto tú unas tetas como estas. ¡Que coño tetas! En la vida has conocido a una guarra como esta. Nos lo vamos a pasar poco bien hoy… si es verdad todo lo que me ha contado la gorda" Guiñándole el ojo a mi amigo, que por supuesto sabía de que iba el juego, lo habíamos preparado todo juntos. La que no lo sabia era ella que se moría de vergüenza mientras nos escuchaba hablar con el mayor desprecio del que éramos capaces, como si no estuviera delante.

"Por su bien espero que lo sea. A ninguno de los dos nos gusta que nos hagan perder el tiempo y menos una calientabraguetas" Mi amigo hablaba divertido, sin dejar de mirarla de arriba abajo. Ella se mantenía en la misma postura en que la dejé, obediente. "¿Os traigo algo o vamos directamente al lío?" José parecía impaciente pero yo prefería ir despacio, quería que todo saliera bien.

"No tengas prisa macho, para meter el pan hay que calentar bien el horno… Aunque me da a mi que este horno está ardiendo ya" "jajajaja" Reímos los dos, mientras yo ponía la mano en su entrepierna, por encima de la falda, mientras hacia referencia al horno. "A mi tráeme una cerveza… y a la gorda un agua… ya tragará algo más consistente dentro de un rato"

José se fue hacia la barra sin dejar de reírse y seguramente con la polla morcillona ya. Yo me acerqué a ella que mantenía la postura, temblaba, seguramente mezcla de excitación y vergüenza. Le separé el pelo de la cara, le di un tierno beso en la mejilla, la fui besando hasta el cuello mientras notaba como le gustaba, casi ronroneaba como una gatita maula. "Lo has hecho muy bien putita mía. Estoy muy orgulloso de ti y se que aún voy a estarlo mucho más. Me gustan las zorras obedientes y humilladas y me gustas tú" Siempre, por muy guarra y zorra que sea una mujer, hay que tenerla contenta, hacer que se sienta segura, protegida. Es la mejor manera de conseguir de ella lo que se desea sin tener que forzarla y no, forzar no es mi estilo, yo prefiero empujar suavecito. Además no había mentido. Cuando la conocí en un Chat y empezó a contarme sus fantasías y sus deseos más oscuros, más ocultos, me sorprendido la dureza de éstos. Me atrapó esa obscenidad, esa lascivia desatada que denotaban sus palabras. Eran tan duras que temía que todo se limitara a fantasías de pajillera reprimida, pero no, de momento estaba cumpliendo mis expectativas con creces y me sentía orgulloso de ella y de su capacidad para disfrutar de la humillación y dejarse llevar.

Me levanté del banco. Ella me miro asustada, en silencio, sus ojos me pedían que no la dejara. Yo simplemente me senté en una silla frente a ella, busqué en los bolsillos de mi chaqueta y, sacando un paquete, le dije: "Como te has portado tan bien hasta ahora tengo un regalo para ti" Se lo pasé y, mientras lo abría continué hablando: "Es un huevo vibrador con mando a distancia." Le enseñé el mando en mi mano derecha. "Hazlo como quieras, en la postura que desees o te sea más fácil, pero quiero que te lo metas en el coño ahora sin sacarte las bragas"

Me miró insegura. Habló por primera vez desde que estábamos en el bar, con su voz dulce, casi susurrando, avergonzada, excitada "¿Aquí? ¿No puedo ir al baño y metérmelo allí?" Mirándola fijamente y poniendo la voz más autoritaria que pude sentencié "Aquí y ahora ¡Espabila puta!"

Se revolvió en el asiento pensando cómo hacerlo. Bajó su mano por debajo de la mesa, la metió por entre su falda… sus tetas se estrellaron contra la mesa cuando se reclinó hacia delante. No podía, su barriga le impedía llegar hasta el coño. Evitaba mirarme, nerviosa y avergonzada. Yo fumaba, mirándola divertido. Pensé en decirle algo, pero no quería tensar tanto la cuerda, podría romperse. Después de varios intentos sin éxito subió una pierna encima del banco, doblando la rodilla, abrió la otra y, debajo de la falda echó a un lado sus bragas y empujó hacia adentro el huevo, que enseguida se hundió en su empapado coño. Me miró feliz, sonriendo, orgullosa de si misma mientras se levantaba para acomodar su ropa. En ese momento puse en marcha el aparato con el mando, al mínimo, pero como ella no lo esperaba se sobresaltó, cayendo hacia delante apoyó las manos en la mesa cerrando los ojos, disfrutando, sus tetas quedaron colgando, caídas, a pocos centímetros de la mesa. "Ummm, estás preciosa. Quédate así"

Así la dejé mientras accionaba el mando a distancia, encendiendo y apagando el huevo para que votase dentro de su coño, ella en esa posición se centraba en disfrutar mientras jadeaba con la boca entreabierta y yo disfrutaba mirándola mientras acariciaba mi polla totalmente erecta por encima del pantalón.

"¡Joder!" Exclamó José que venia a servirnos las bebidas. Se tuvo que sentar, más bien se dejó caer de la impresión. No dejaba de repasarla de arriba a abajo, la gorda lo ponía tan caliente como a mi. "No te cortes" Yo bebí un trago largo de cerveza, necesitaba refrescarme. Mi amigo se levantó como un resorte y fue derecha a ella. La agarró, separándola de la mesa y la atrajo hacia si, morreándola con pasión mientras recorría aquel enorme cuerpo lleno de curvas, sobándola por todos lados. Cuando se despegaron bajó hasta sus tetas y empezó a mamárselas. El ruido de los chupetones se mezcló con el de los gemidos de ella.

"Mar, cariño" Era la primera vez en toda la tarde que me dirigía a ella por su nombre y con ternura. Trataba de darle seguridad porque a partir de ese momento iba a desencadenarse todo. "Dile a mi amigo que es lo que eres" Nos miró, primero a mi, luego a José… aquella era la mirada más lasciva y caliente que habíamos visto en nuestra vida y los dos habíamos sido muy puteros desde siempre "Soy la gorda más guarra y caliente del mundo." Susurró entre gemidos. "Muy bien, vamos a comprobar si eso es cierto" dijo José que estaba deseando empezar ya con lo que teníamos planeado.

Continuará

 

Nota de la autora: Esta es la primera vez que escribo un relato por partes. Mi intención no es hacerlo muy extenso, quizá tenga 3… 4 como máximo. Pero sí que me gustaría saber si gusta, si deseáis que continúe con la historia. También podéis dejarme sugerencias. Os agradezco de antemano el tiempo que me habéis dedicado.

 

Lilith

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