Juegos
Cuando surgió la posibilidad de asistir a aquel curso de
verano, no lo dudé ni un segundo. Llevaba dos años intentando cuadrar mis
vacaciones con las fechas del curso y por fin este año todo encajaba, incluso
Carmen, que disponía de unos días por librar, propuso venirse conmigo a Sevilla
y hacer turismo mientras yo asistía a las clases. Para tener más margen de
maniobra decidimos ir en coche, disponíamos de un dia completo antes de que
comenzase el curso y viajamos sin prisas.
Paramos a la altura de Puerto Lápice a repostar, mientras yo
llenaba el depósito Carmen se acercó a la tienda de la gasolinera a comprar unas
botellas de agua; La vi alejarse y me quedé embobado mirando sus andares,
llevaba un short blanco, camiseta azul y sandalias de medio tacón, su pelo
recogido en un moño bajo dejaba su cuello desnudo. Observé al conductor de una
furgoneta que se volvía a mirarla mientras repostaba, una punzada de excitación
me recorrió, la supuse comprando en la tienda, mientras los hombres que
esperaban en caja la deseaban.
Cuando acabé de repostar miré hacia la tienda; Carmen estaba
haciendo cola en la caja y me buscaba con la mirada, le hice una seña de que
había terminado y esperé a que pagara sentado en el coche espiándola; A través
de los cristales destacaba su altura sobre los demás hombres, el que estaba
situado delante de ella se volvió varias veces simulando buscar algo, cuando en
realidad lo único que quería era echarle una ojeada; me estaba excitando por
momentos. La vi regresar al coche andando pausadamente, sus caderas se
balanceaban, sus muslos brillaban al sol, un mechón se soltó y cayó sobre su
frente y ella lo retiró con un gracioso gesto; detrás avanzaba sin quitarle ojo
un hombre. En una fracción de segundo, se construyó una imagen en mi mente y,
como un relámpago, fragüé el juego.
"Casi te comen" – le dije mientras arrancaba, ella
sonrió.
"Parece que no han visto nunca a una mujer" – dijo
con fastidio
"Como tu, seguro que han visto pocas" – me lanzó una
mirada llena de cariño
"¿Sabes? No conozco a nadie de la lista de
asistentes" – le dije a Carmen cuando llevábamos unos kilómetros
recorridos
"¿A nadie? ¡que raro!"
"Imagínate, nadie nos conoce, no pueden saber si
somos matrimonio, pareja, o…" – Carmen volvió su rostro hacia mi
esperando que continuase, pero me callé; por el rabillo del ojo vi como
una sonrisa nacía en su cara
"¿Qué maldad está pensando esa cabeza?" – sonreí, me
seguía el juego
"¿Maldad? Ninguna… solo… alguna travesura" – se
arrellanó en el sillón del coche
"¿Sí? ¿cómo de traviesa?" – su voz se tornó sugerente
"Muy, muy traviesa… imaginemos que te presento como
una amiga… imaginemos que me vas a buscar a la salida del curso y te
presento a alguno de los asistentes, a alguno con el que haya
establecido conversación durante el curso… nos vamos a tomar algo y tu
no te comportas como mi mujer sino como mi amiga…"
"¿tu… amiguita?" – Carmen recalcó la palabra dándole
el matiz que yo buscaba
"Eso es, una chica de Madrid, compañera, colega y…
muy amiga mía ¿entiendes?
"Con claridad… eres un pervertido" – su protesta era
falsa, sabía que le apetecía jugar
¿Y si aparece alguien que nos conoce? No puedes estar
seguro.
"Observaré el terreno antes, naturalmente" – Carmen
no había dicho hasta ahora que no.
"¿Y si volvemos a coincidir alguna vez? Imagínate,
este mundillo es muy pequeño"
"Intentaré echarle el anzuelo a alguien de fuera"
"¿Y que esperas que haga yo?" – El plan iba adelante,
no había planteado ninguna objeción seria
"Jugar, imaginar que eres una chica que ha aceptado
irse de viaje con un colega, compartiendo habitación y cama, claro" –
Carmen sonrió de nuevo
"¿Y eso lo va a saber nuestra víctima?"
"Por supuesto, si no, no tiene gracia" – Carmen no
contestó, continuamos unos kilómetros sin hablar, ella iba pensativa,
probablemente imaginando la escena, de pronto exclamó
"¡Estás loco!"
Continuamos nuestro viaje jugando a desarrollar nuestra
historia, Carmen limaba detalles que le parecían excesivos, al final el acuerdo
se cerró en simular que ella era una colega soltera con la que tenía una buena
relación desde hace tiempo y que era la primera vez que estábamos juntos. Se
negó en redondo a mi idea de presentarla como una casada adúltera.
Llegamos a Sevilla al caer la tarde, nos registramos en el
hotel y, después de una buena ducha, salimos a cenar; Durante la cena yo seguí
perfilando el juego, Carmen participaba con ganas y entre ambos nos montamos una
historia sobre nuestra relación, como nos habíamos conocido, como surgió el
rollo, etc.
Al día siguiente llegué al recinto del curso con un cuarto de
hora de antelación, recogí mis credenciales y me dirigí a la cafetería a tomar
otro café, distinguí a varias personas que llevaban en sus manos una carpeta
idéntica a la mía y comencé a seleccionar a quienes podían ser mi objetivo. Era
curioso: todo el interés que había acumulado durante dos años por este curso
había quedado en un segundo plano, mi atención se centraba en encontrar las
personas adecuadas para exhibir a Carmen como mi amante.
Comenzó el curso y conseguí centrarme en la temática del
mismo, al llegar el coffee break salimos a una pequeña sala en la que habían
preparado unas mesas con pastas, bollería, jarras de zumo, café y leche, me
serví un zumo y tomé un par de pastas y comencé a deambular por la sala, se
habían empezado a formar corrillos de conocidos y me sentí un poco desplazado.
Me acerqué de nuevo a una mesa a rellenar mi vaso de zumo y coincidí con el
colega que se sentaba a mi lado en el curso, nos saludamos con la mirada e
inicié una frase de compromiso
"¿Qué tal?"
"Bien, el curso parece interesante"
"Si, me gusta como lo están planteando"
Así comenzó una conversación intrascendente mientras yo
calibraba a Carlos. Tendría unos treinta y pocos años, treinta y cinco a lo
sumo, más o menos de mi estatura, delgado y con pelo abundante, largo, bien
cuidado, se notaba que apreciaba su cabello por como se lo colocaba con la mano
con cierta frecuencia; unas gafas de montura de pasta le daban un aire
intelectual. Malagueño afincado en Córdoba, era de conversación agradable,
quizás demasiado bromista para mi gusto, el clásico andaluz con mucha "guasa".
La conversación pasó de temas profesionales a personales,
aficiones, intereses… así supe que estaba soltero, yo le conté que estaba
casado.
"¿Has venido solo?" – le pregunté
"Si, claro, ¿y tu?"
"No, he venido con… una amiga" – sonreí – "una colega
con la que tengo una muy buena relación" – el mensaje estaba lanzado, lo
suficientemente ambiguo para dar a entender lo que yo quería sin caer en
lo explicito.
"vaya, entonces no te vas a aburrir cuando acabemos
la jornada" – dijo sonriendo
"Con Carmen es imposible aburrirse, es una mujer
increíble" – le había estimulado la curiosidad morbosa, quería saber mas
"¿Sois muy amigos, entonces?" – le miré directamente
a los ojos antes de contestar
"Mas que amigos, aunque es la primera vez que se
atreve a hacer un viaje conmigo, no lo tenía fácil pero al final pudo
arreglarlo"
"Por trabajo, supongo" – pensaba en otra cosa pero no
se atrevía a exponerlo, yo recogí el envite
"Hay un marido por medio, ya sabes" – ambos sonreímos
"Que arriesgado"
"La mujer lo merece"
Volvimos al aula y seguimos el curso hasta la hora del
almuerzo, disponíamos de dos horas, yo había quedado con Carmen en la entrada
para comer juntos.
"¿Comemos?" – me dijo Carlos mientras recogía sus
cosas de la mesa
"Carmen me debe estar esperando abajo… ¿Por qué no te
vienes con nosotros y comemos juntos?" – Carlos pareció pensarse una
negativa amable pero no le di opción – "venga, te gustará conocerla, es
una chica encantadora y muy simpática" – como aun dudaba, insistí – "en
serio, vente"
"No quiero molestar, habéis quedado los dos, seguro
que no espera a nadie mas" – no encontraba argumentos y no quería dejar
pasar la ocasión
"Carmen es una mujer muy abierta, estará encantada de
que vengas con nosotros, ya verás" – comencé a salir del aula sin dejar
de hablarle – "No tiene complejos, ya me entiendes" – no sabía
exactamente qué quería decir con aquella frase que acaba de pronunciar,
dejaba a la imaginación tanto campo… Carlos me miró y sonrió
"De acuerdo, si me lo pones así…"
Bajamos las escaleras del edificio y a través del antiguo
portalón vi a Carmen frente a la entrada, llevaba un vestido veraniego,
estampado en tonos rojos y rosa sobre fondo blanco, por medio muslo, de amplio
escote en pico y anudado al cuello, un bolso rojo y sandalias a juego, con un
tacón medio, su melena suelta y sus gafas de sol la hacían destacar desde lejos;
aun no habíamos terminado de bajar las escalinatas cuando hice una seña hacia
ella
"Esa es" – Carlos se quedó sorprendido
"¡Joder!" - exclamó sin poder evitarlo
"¡Si, eso!" – dije riendo – "¿qué te parece?"
"Es… ¡chico, es brutal!" – me sentí lleno de orgullo,
estaba lanzado y di un paso mas
"Brutal, en todos los terrenos"
Cuando Carmen me vio su rostro se iluminó con una sonrisa,
nos acercamos a ella y le di un beso en la boca
"Te presento a Carlos, le he invitado a que nos
acompañe en el almuerzo" – Carmen se adelantó y le dio dos besos
"Estupendo, ¿Cuánto tiempo tenéis?" – dijo ella sin
dar ninguna muestra de sentirse molesta por la compañía
"Dos horas" – se apresuró a intervenir Carlos
"Bien, he visto un restaurante aquí cerca que tiene
muy buena pinta ¿os apetece?"
"Contigo, a donde nos lleves" – dije yo exagerando
Carmen nos sacaba casi la cabeza a los dos, lucía tanto que
las miradas eran continuas hacia ella, caminábamos charlando, Carlos le preguntó
su especialidad, hablamos algo de la profesión y pronto corté ese tema
"Por favor, o dejáis de hablar de trabajo o me
marcho" – ambos rieron
El restaurante, típico sevillano, estaba aun semivacío y
pudimos elegir mesa sin problemas, Carmen se ausentó al baño y Carlos aprovechó
para seguir con sus halagos
"Desde luego, eres un tío con suerte, vaya hembra" –
esa palabra me excitó, la libertad que sentía Carlos hablando de mi
mujer, sin los frenos que le hubiera supuesto saber que era mi esposa,
me estaba provocando un nivel de excitación insospechado.
"Lo se, no fue fácil hacerme con ella, pero ha
merecido la pena…" – estaba lanzado, el morbo de la situación me
provocaba una especie de borrachera que me hacia perder los límites – "…
es la mujer mas sexual que he conocido jamás" – Carlos no perdía detalle
de mis palabras y quería mas – "No dice que no a casi nada, es lanzada
como pocas, en fin, una joya"
"¿y su marido? ¿sabe algo?" – improvisé, por un
momento me quise poner en el lugar de ese marido cornudo, ¿cómo lo
viviría yo?
"Algo intuye, creo que Carmen le cuenta mas de lo que
me dice, a mi me parece que ambos disfrutan contándose sus aventuras"
"Joder, encima sin peligro, ¿sabe que esta de viaje
contigo?" – le notaba excitado
"No lo se con seguridad, pero yo diría que si"
Vimos avanzar a Carmen atravesando el comedor, acribillada
por las miradas de los hombres y Carlos dijo en voz baja
"No hay un solo tío que no se vuelva a mirarla, ¡qué
mujer!"
La comida transcurría en medio de una conversación agradable
en la que a veces Carlos introducía algún comentario halagador hacia ella, yo
disfrutaba de la libertad que se concedía para flirtear abiertamente y creí
detectar en Carmen que también lo estaba disfrutando. Antes de los postres
Carlos se excusó y fue al baño, Carmen aprovechó para cambiar impresiones
conmigo
"¿Qué tal va la cosa?" – le dije, Carmen me miró con
ese brillo en los ojos que delata su excitación
"Joder Mario, está ligando descaradamente"
¿Y… te gusta?" – sonrió antes de contestar
"Es una sensación extraña, hacia años que no me
sentía así y menos contigo cerca, es como si diera por hecho que puede
tantearme
"Claro, aquí no eres mi mujer, solo eres…"
"Tu amante, no?" – atajó ella
"Eso es… por cierto, antes de que llegue, no vaya a
ser que te pille en un renuncio…" – Carmen me miró atenta, pero no me
dio tiempo a continuar, no habíamos visto llegar a Carlos
"¿Interrumpo algo?" – dijo al vernos hablando tan
juntos, se sentó justo cuando llegaba el camarero con la carta de
postres.
Aun nos quedaban tres cuartos de hora para el comienzo del
curso y pedimos otros cafés, la conversación cada vez estaba mas dirigida por
Carlos, le notaba envalentonado, Carmen usaba con fuerza el poder de su mirada
profunda y sonreía cada vez que Carlos le lanzaba algún piropo, muy al estilo
andaluz. Tras uno de esos comentarios, Carlos cruzó la línea entre el
atrevimiento y la vulgaridad
"Tu marido tiene que ser una persona muy especial, no
debe ser fácil tener una esposa tan… solicitada" – Carmen congeló su
sonrisa y me dirigió una mirada glacial, Carlos entendió inmediatamente
que había metido la pata e intentó arreglarlo – "Quiero decir que
levantas pasiones a tu paso y eso no siempre debe ser fácil de
sobrellevar, no ser celoso contigo no es tarea sencilla, seguro" – yo
intenté recuperar el buen clima
"Los celos son algo anacrónico, somos personas
adultas, responsables y libres, los tiempos de los celos y la
posesividad pasó, al menos a un cierto nivel" – la conversación derivó
hacía la incidencia que la moral y las costumbres de los inmigrantes
estaba teniendo en nuestro país, detecté un conato de xenofobia en
Carlos que corté inmediatamente y que éste, al intuir mi posición en
este tema, evitó. Carmen seguía seria, aunque progresivamente se había
ido reintegrando a la conversación, sus miradas hacia mi destilaban
cabreo. Carlos, una vez que creyó superado el impacto de su primera
frase, volvió al ataque
"En fin Carmen, envidio a tu marido" – Carmen se
volvió hacia él y antes de que comenzase a hablar, yo intuí que algo se
preparaba
"Mas bien deberías envidiar a Mario ¿no crees?" – me
pilló tan de sorpresa que no supe como reaccionar, algo parecido le pasó
a Carlos que titubeó un segundo
"Eh… claro, claro…" – inmediatamente creyó ver una
puerta abierta y se lanzó – "ya se lo había dicho esta mañana cuando me
contó vuestra… relación"
"Así que te ha contado nuestra relación, eh?" – dijo
Carmen mirándome retadora a los ojos
"Poca cosa Carmen, poca cosa" - dije yo
"Entre hombres, poca cosa significa…" – e hizo un
gesto con las manos indicando abundancia, todos reímos, pero yo sabía
que se acababa de cruzar un umbral, Carmen se sentía tocada por mi
indiscreción, por mi violación del acuerdo al que habíamos llegado y me
retaba, la conocía bien y ahora estaba lanzándome un mensaje: "¿no
querías que jugase, pues ahora voy a jugar"
Carlos, ante la actitud abierta de Carmen se relajó, si hasta
ese momento se había mantenido como el invitado de la pareja, a partir de
entonces consideró que tenía alguna oportunidad con ella, mi inhibición ante sus
avances no hacía sino confirmarle su idea.