Marifher y las delicias de la inocencia (4)
Por fin llegamos al parque de diversiones. El murmullo
ensordecedor de los niños que emocionados corrían de un lado a otro, aunado al
crujir de los engranes y el chirrido estrepitoso de los juegos mecánicos,
sofocaban las palabras que intercambiábamos Marifher y yo, obligándonos a
comunicarnos con gritos. < Vamos para allá>, dijo Marifher tomándome de la mano.
Yo me dejaba guiar por ella; quería que su libre albedrío, fuera el ingrediente
más importante para que saboreara su felicidad.
Algunos juegos los montamos juntos. En otros, que no eran
aptos para una persona adulta, simplemente esperaba y observaba con satisfacción
la desenvoltura y madurez que mostraba esa mujercita rubia y que definitivamente
la hacían resaltar de los demás niños que la rodeaban. Al fin, un poco exhausta
me dijo que quería descansar un momento. Nos dirigimos a un puesto de helados.
Compré dos y nos sentamos en una banca bañada por una fresca sombra que
proyectaba un enorme árbol frondoso. De pronto comenzó a timbrar mi teléfono
celular, miré el número y me di cuenta de que era Ignacio: < Diego, que crees…te
tengo una sorpresa. Recuerdas a mi prima Isabel, la que te dije que estudia en
Inglaterra ¿verdad?, pues acaba de llegar, está de vacaciones y que crees…que te
quiere conocer hombre. Pasamos por ti a las 9:00 p.m. y no me digas que no>. <
Lo siento Ignacio. Tendrá que ser en otra ocasión. Por favor salúdame a tu
prima. Ahora estoy ocupado. Estoy con mi novia>, < ¿cuál novia Diego?…desde
cuando…>. No terminé la conversación con Ignacio. Simplemente le colgué y apagué
el celular. Ahora Marifher me miraba coquetamente. Sus hermosos ojos azules
brillaban y reflejaban una satisfacción total.
- ¿Entonces prefieres estar conmigo Diego?, ¿de verdad no
quieres salir con tu amigo Ignacio? Por que yo lo entendería- me dijo con su
dulcísimo voz.
- Claro que prefiero estar contigo Marifher. Tú me haces muy
feliz. Además quiero dedicarte este día completo- le dije.
- ¿Todo el día? ¿Lo dices en serio?
- Todo.
Me sonrió complacida, mientras degustaba su helado. De
repente comenzó a lamerlo de forma distinta, sus ojos y su sonrisa se llenaban
de nuevo de esa picardía. Su lengüita parecía una diminuta serpiente rosada, que
reptaba sutilmente sobré la bola de helado. Era discreta e inteligente. Sus
bellos ojos vigilaban de un lado a otro. Y cuando alguien se acercaba, se
comportaba de manera normal, indiferente. Si estábamos de nuevo aislados de los
demás, volvía sus ojos hacia mí y coqueteaba. El helado comenzó a derretirse;
por su delicado mentón escurrían algunas gotas. Qué imagen tan erótica. Mis ojos
saboreaban y devoraban a esa lolita de ensueño. De pronto ella se incorporó. Se
limpió el mentón y sus labios rojísimos con el dedo índice, y disimuladamente lo
introdujo en mi boca. Yo seguía sentado. Chupé su dedo rápidamente, sin dejar de
mirarla a los ojos; un viento fresco le volaba los cabellos dorados. Ella se
inclinó y me besó en la mejilla. Sentí ese par de labiecitos fríos y mi
felicidad fue plena. Absoluta.
Salimos del parque a las 6:15 p.m. Marifher tomaba mi mano,
mientras me contaba emocionada que estaba impaciente por presumirles a sus
compañeras del colegio que había venido al parque. Llegamos a mi auto. Me pidió
permiso para abrir el quema cocos, se lo di. Ella seguía irradiando felicidad;
cuando somos niños la alegría es un elemento inagotable, pensé. Le dije que
iríamos a comprar algo para cenar antes de llegar a los departamentos. A ella se
le antojó una hamburguesa y se le ocurrió la excelente idea de comprar una
película y verla en él departamento. Llegamos a la tienda de videos. Marifher se
dirigió al estante de películas infantiles. Curiosamente, en el estante de
películas educativas, leí el título de una que decía < El ser humano y el sexo.
Volumen 1, para estudiantes>; la tomé. Quería que Marifher lo viera. Un video
sería más explícito que mis palabras. Ella se me acercó, entregándome la
película que había escogido: una caricatura cómica sobre un león, una cebra, un
hipopótamo y una jirafa.
Cuando llegamos a los departamentos, lo primero que hice fue
comunicarme con doña Constanza. Le conté sobre el paseo y sin darme cuenta
resaltaba el comportamiento de Marifher: < es una niña buena y educada>. Le pasé
el teléfono a la niña para que hablara con su tía. Le contó emocionada los
pormenores del paseo, lo feliz que estaba. De pronto se quedó en silencio y de
nuevo dijo: < si tía, te lo paso…que pases buenas noches, te extraño>. Estiró su
manita y me dio el celular. Doña Constanza me dijo bajando la voz, < Diego,
lamento molestarlo de nuevo. Me gustaría que se quedara en el 34 a acompañar a
Marifher; así me sentiré más tranquila. Puede quedarse en la habitación para
huéspedes, que me dice>. < Claro doña Constanza, me quedaré con Marifher. No es
ninguna molestia, yo mismo la llevaré al colegio mañana>. Marifher me sonreía. <
Gracias Diego. Y recuerde que se queda usted en su casa. Puede disponer de todo
lo que hay con plena confianza>. Creo que nunca había sido más feliz en mi vida.
Disponer de todo lo que hay…no necesito nada. Yo solo quiero a Marifher.
Nos dirigimos a mi departamento. Entramos. Marifher abrió los
brazos. La tomé por la cintura y nos besamos apasionadamente, como en un
encuentro de amantes que se habían separado hace mucho tiempo. Me decía con voz
melosa y entrecortada < me quieres, me quieres Diego…dime que me quieres…que soy
tu novia>, le dije todo lo que me pedía. La senté en el sofá y le dije que me
esperara. Rápidamente busqué mi ropa de dormir, una toalla, mi cepillo de
dientes, mi desodorante y mis pantuflas. Envolví todo con la toalla. Tomé a
Marifher de la mano y nos fuimos con paso apurado al departamento 34. Llegamos y
cenamos lo que habíamos comprado. Marifher se levantó de la silla y me dijo: <
voy a ducharme. Quiero estar cómoda para ver la película>. < Si Marifher. Yo me
ducharé después>. Su hermosa silueta se dirigió al cuarto de baño. Doña
Constanza tenía una cava surtida con varios tipos de vino. Escogí un buen coñac
añejo y me serví una copa. Mientras la degustaba, imaginaba las situaciones que
se me presentarían esa noche en compañía de esa pequeña diosa, que gobernaba los
amplios terrenos de mi lívido y mi imaginación.
Luego de una media hora salió Marifher del cuarto de baño.
Traía puesto un diminuto short anaranjado que hacían lucir sus magníficas
piernas blancas y torneadas y una blusita blanca de encaje. Que belleza tan
excepcional. < Ya desocupé el cuarto de baño Diego. Voy a secarme el pelo>.
Terminé mi copa de un solo trago y fui a ducharme. Me puse mi ropa para dormir;
mientras me cepillaba los dientes, escuché la vocecita de Marifher: < Diego…
¿puedo pasar? Yo también quiero cepillarme. Le abrí la puerta. Cuando terminamos
de asearnos, la tomé en mis brazos y la cargué hasta su habitación. Era un
cuarto de dimensiones amplias. La cama era lo suficientemente grande para dormir
juntos. Había muñecas y osos de peluche por todas partes. Tenía su propio
televisor y su reproductor de dvd. Regresé a la sala para traer las películas y
cuando estuve de nuevo en su habitación le dije: < Marifher. Compré esta
película para que la veamos juntos. Con ella podrás entender de manera más fácil
lo que yo te he explicado. Se trata de lo que tú y yo hacemos cuando nadie nos
ve. Pero tú elige chiquita, si quieres vemos la película de caricaturas que tu
escogiste. Es tu decisión>.
- Quiero ver esa que me dices- dijo con voz segura y coqueta.
Me dispuse a colocar el disco en el reproductor, cuando
escuché que Marifher leía en voz baja. Giré la cabeza y la miré con el estuche
del documental en las manos, mientras que de su boquita salían estas palabras: <
el ser humano y el sexo…volumen uno para estudiantes…si quiero verla>. Una vez
que puse el disco, me recosté en la cama y Marifher se acurrucó a mi lado; un
mechón de sus cabellos se alojó en mi boca y mi nariz. Que aroma de ensueño, me
sentía extasiado. El documental inició. Marifher miraba interesadísima. En la
pantalla apareció una mujer muy joven y hermosa que se despojaba de sus prendas
y se metía a la ducha, mientras, una voz pausada de mujer narraba y explicaba la
anatomía del cuerpo femenino. Explicaba las etapas de la adolescencia, los
cambios hormonales y las nuevas sensaciones. Después explicó todo lo referente
al sexo masculino. Nunca me imaginé que sería tan explícita; enfocaban los
genitales, exponían de manera gráfica las formas más comunes de masturbación. De
cuando en cuando Marifher volteaba para mirarme con sus ojos pícaros. Al final,
apareció una pareja realizando los preámbulos del sexo…se acariciaban y se
besaban, mientras la voz revelaba las zonas erógenas del cuerpo, se desvestían.
De pronto la mujer le hacía el sexo oral al hombre, de forma delicada usaba su
lengua y sus labios como lamiendo un caramelo. Ahora el hombre le hacía sexo
oral a la mujer. Marifher apretó mi mano, < me gusta cuando me haces eso a
mi…como a ella…se ve que a ella también le gusta> me lo dijo susurrando, como si
alguien pudiera escucharnos. Después el hombre penetraba a la mujer utilizando
diversas posiciones. El documental duró poco menos de una hora. Apagué el
televisor. Solo nos iluminaba una lámpara de luz muy tenue.
- ¿Qué te pareció Marifher? ¿Te gustó?
- Si. Quiero hacer lo que vimos… ¿si Diego? Tengo ganas de
sentir un orgasmo, cómo los de la mañana.
Me sorprendió que aprendiera tan rápido la palabra orgasmo.
Me excité sobremanera. Puse a Marifher sobre mi cuerpo y comencé a besarla
suavemente. Noté que ella usaba más su lengüita; estaba excitada. Abría sus
piernas y su cuerpecito se retorcía sobre el mío. Ahora su manita errática
buscaba mi verga. Cuando la encontró comenzó a tocármela con desesperación
mientras jadeaba. La puse boca abajo. Le quité la blusita y de nuevo me
entretuve en esos pechitos deliciosos, de pezones parados. Ella me arañaba la
cabeza con sus dedos y de su boquita se escapaban gemidos dulces y agudos: <
ah…ah…se siente rico>, yo la llenaba de halagos, < mi muñequita preciosa…mmm que
rico sabes, eres mi mujercita>. Mis manos recorrían su cuerpecito, sus muslitos
suaves, apretados por el diminuto short anaranjado. De nuevo hundí mi boca y mi
nariz en su entrepierna. De su piel emanaba un aroma a jabón de esencias
naturales. La despojé de su short y sus calzoncitos con mis dos manos, de un
solo tirón. Mi lengua se dirigió a su pubis blanco y lampiño. Le besaba y le
lamía su rajita mientras ella arqueaba su espaldita y apretaba sus muslos a mi
cabeza, < así, así Diego…ah…ah>. De pronto sus manitas tomaron mi cabeza y
entendí que quería acomodarme boca arriba. Me acomodé. Ella me dijo
completamente sonrojada: < me toca a mí…como en la película>. Yo no podía creer
que esa princesita bella estaba dispuesta a hacerme el sexo oral. Puse mis manos
en mi nuca y dejé que esa niña de tez blanca y de ojos azules, probara con su
lengua y con sus labios mi pene, que en ese momento tenía vida propia, palpitaba
y se enanchaba. Tomó mi verga con sus dos manitas y su cabecita fue bajando sin
dejar de sonreírme. Yo la miraba extasiado. Ese rostro angelical. Esos cabellos
de oro que ahora cosquilleaban mi vientre. Primero un sutil lengüetazo. Una
descarga eléctrica recorrió mi cuerpo. Que sensación. Después besaba mi glande y
con su manita derecha me acariciaba suavemente los testículos. Esta niña es una
amante nata. Me miraba a los ojos mientras lamía todo mi pene. Sentía esos
dientes finísimos que surcaban mi falo…que sensaciones…que placer…me acordé
cuando estábamos en el parque y ella hacía lo mismo con su helado. < Marifher…Marifher…oh…Marifher.
Creo que ya no podré vivir sin ti>
Sentí que me venía. Pero me contuve. Tenía otra idea. Me
senté en la cama y la abracé, < Diego, ¿no te gustó? Todavía no te sale semen.>
me dijo con su vocecita tierna. < Me encantó Marifher, es solo que quiero hacer
otra cosa antes de eyacular>. La abracé y la lleve cargando hasta su mesa de
trabajo. La recosté boca arriba y con palabras simples y suaves le expliqué que
no podía penetrarla, como en la película…que eso sucedería después. Puse mi
verga en la entrada de su vaginita de ninfa y comencé a frotársela sutilmente.
Sentía como ese capullito rosado, de carne suave y húmeda palpitaba extasiado.
Después levanté sus piernitas y puse mi pene sobre su pubis, cerré sus muslitos
para poder masturbarme con ellos. Coloqué sus dos piecitos en mi hombro
izquierdo y comencé mis movimientos de cadera. Marifher cerró los ojos y abrió
su boquita. De nuevo se le escapaban gemidos y jadeos…< ah…ah…me gusta así> yo
sentía como su carnita suave y blanca se apretaba más a mi verga, dándome más
sensaciones placenteras. Aceleré el ritmo. Ella cerraba sus puños con fuerza.
Sentí unos espasmos que provenían de su vientre y los dos nos unimos en solo
gemido. Sus muslitos tensos apretaban mi miembro y este salpicaba los chorros de
semen sobre el vientre de Marifher, sobre sus pechitos, su cuello y sus cabellos
rubios. < Esta vez me gustó más> me dijo sonriente y con el rostro enrojecido
por el placer. La cargué desnuda hasta el cuarto de baño. La limpié y nos
lavamos las manos. Regresamos a su habitación y sus brazos me rodearon
dulcemente. < Te quiero Diego…te quiero. De verdad este es el día más feliz para
mí…>. También lo era para mí. Había descubierto la felicidad que me faltaba en
una lolita destinada solamente para mi. Hablamos muy poco; el cansancio de ese
domingo largo, el paseo…pero sobre todo el sexo nos tenían agotados. Por primera
vez en mucho tiempo dormí plácidamente. Marifher también se durmió rápidamente.
Cuando desperté, miré que teníamos mucho tiempo de sobra para
que Marifher se alistara para asistir al colegio. La primera pregunta que mi
mente formuló fue: ¿Qué haremos hoy?…después de que Marifher salga del colegio…
Fin del capítulo 4.