"La colegiala y el ascensor (¿Quién más puta de las tres)"
.....
Podéis seguir yo estoy cachonda.
¿Qué....?- Apenas si pude acabar la frase. Marta tomó
su mano. Ya os dije que es mucho más lanzada que yo-.
- Ven acá – Y tiró de la colegiala hacia ella, como
si de un cordón colgado del techo se tratara.
¿Qué estáis haciendo? – mi voz sonó a la de un
gilipollas- Pero....
Marta y la colegiala se estaban besando. El ascensor había
emprendido de nuevo la subida hacia el cielo.
Yo pensé que quizás hacia el infierno.
Chicas oírme...
Cállate –oí la voz irreconocible de Marta.
Bueno, bue..-mascullé-
Marta había subido la falda de cuadros de la colegiala hasta
la cintura.
La chica se dejaba hacer. Sólo era activa en el beso. Un
beso, en el que no paraba de morder los labios de Marta, que de seguir así,
pronto sangrarían
Marta comenzó a desabrochar la camisa de la colegiala.
Ella hizo un mohín. Y de nuevo la emprendió a mordiscos con
los labios de su desabotonadora.
Ahora, bajó desde el moflete izquierdo, colorado por el
calor, hasta el cuello. Y se detuvo de una forma de lo más lasciva.
Ahí, pensé que la vampirizaba. Fue de tal calibre la
dentellada, con su boca de tiburón de dientes blancos afilados. Que una vez
succionado el cuello y retirada la boca, para volver a los labios. Al verlo
color violeta, supe que Marta sería de ella para siempre.
Di al botón de STOP en el ascensor. Temí que sonara la
alarma. Probablemente, el conserje hacía su ruta en los brazos de Morfeo.
Las lenguas rosadas de las dos mujeres, trasladaban la saliva
de un cuerpo a otro .Lo bilateral de las bocas desarrollando la fantasía del
beso, las hacía diosas venusianas, Afroditas saliendo del baño de espuma del
ambiente que crearon en tan diminuto habitáculo.
Creí morir. Realmente no me hubiera importado lo más mínimo.
Nunca volvería a disfrutar de semejante imagen.
Marta había conseguido desabrochar la camisa, y un sujetador
de color celeste hizo su entrada en escena.
Dos pechos grandes como copas del medioevo, luchaban por
transgredir el espacio fijo de la tela elástica del sujetador.
Marta con la destreza que la caracteriza, añadida a la suma
de su calentura, hizo saltar el corchete, en si apenas dos segundos y pocas
milésimas imposibles de calibrar.
Tanteó la carne desbordada.
Subió la mano aprisionando el pecho izquierdo, llevando su
lengua hasta el pezón, que a cada lametón se hacía más y más sonrosado.
La colegiala gemía de una forma infantil.
Sus Ayees eran tímidos, con una cadencia que desesperaba.
Marta de nuevo tomó las riendas de la situación.
Alzó la voz, en Jhon Waine para dominarla:
Grita. Chilla como la puta que llevas dentro.
¡Ay! ¡Ay!.........
Te voy a partir el coño de un solo mordisco. Grita
ramera.
¡Aaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh! Fóllame.
Así putita, así........
Y le mordió las bragas hasta hacerlas añicos.
El pequeño tanga que dejaba ver unos pelitos rojos. La
colegiala jamás se había arreglado el coño.
Putita esa madeja roja, la vamos a podar. Voy a
cortar esa mata y luego rociada de espumita la voy a afeitar.
Si. Hazme tuya. Dame tu dedito y fóllame.
Voy a meter mi lengua hasta encontrar cada uno de los
decilitros de tu leche. – Y metió su roja lengua hasta penetrarla-.
Sigue, mamacita, sigue.
La colegiala se agarro fuerte a la corta cabellera morena de
Marta. Tiró de ella, como si de una cincha se tratara.
Gritaba como si la estuvieran cabalgando.
Cómo me follas. Así,
asiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiíí....
Eres la mejor puta que ha pasado por mi boca.
Si, síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiií...Soy tu puta.
AAAAAAAAAAAhhhhhhhhhhhhh.
La verdad, nunca hubiera pensado que Marta fuera bisexual.
Pero eran tantas las cosas que no sabía de ella.
Me di cuenta, que ante la situación que cualquier hombre
hubiera soñado, yo me hallaba en una disquisición filosófica de la sexualidad de
mi pareja. Fui consciente de las pocas veces que había hablado con Marta de todo
esto. Bueno, de lo nuestro en realidad.
Marta seguía vestida. Comiéndose el coño de la colegiala,
como si fuera el último polvo que iba a echar en la vida.
Decidí olvidarme de mis planteamientos. Llevé mi mano hasta
mi polla y fui consciente de mi falta de erección.
Acerqué mi mano al culo de Marta.
El espacio era pequeño. Sólo tuve que alargar unos
centímetros mis dedos hasta alcanzarlo.
Marta me rechazó con un tortazo.
Volví a coger su culo, ahora con las dos manos. Sin subir su
falda.
Apartó la boca del coño de la colegiala. Volvió la cabeza de
una forma violenta. Alzó los ojos hasta dejarlos de frente a los míos, de esa
manera que cuando te miran, sabes que estás ante un pelotón de fusilamiento. Y
como no, abrió la boca de tal forma que supe que yo era el penado al que iban a
ejecutar en ese mismo momento.
Deja de tocarme el culo, como si estuvieras cogiendo
melones. Y pon el ascensor en marcha.
¡Ya!- articulé como un idiota.
A este furcia me la voy a follar en casa. Que tengo
las rodillas como la Dolorosa.
La colegiala me miró con pena. ,mientras se arreglaba la
falda y abotonaba la camisa.
Marta se puso en pie cuando el ascensor llegaba a la planta
diecinueve. Me tomó la mano y después de meter su lengua en mi oreja y dejarla
llena de babas del coño de la colegiala, me susurró bajito:
Mi perrito, no se va a enfadar por que me coma este
coñito. Si te portas bien, te dejaré que te folles su culito.
S I G U E . . .
cmpoeta@gmail.com