Desde que su hijo se había metido en política, no estaba
tranquila.
Esta es la historia de Elisa, tiene algo menos de 40 años. Su
marido murió o fue asesinado, hace varios años por motivos políticos, por
introducirse en grupos contrarios al poder establecido. Una noche llegaron unos
hombres a casa, y jamás volvieron a verle con vida.
Carlos, su hijo, sólo tiene 18. Lo tuvo muy joven, con su
marido, su amor de juventud y de su vida. El hombre que amó y que un día le
arrebataron.
Cuando esto sucedió, Carlos era aún un niño. No obstante, le
sirvió para luchar con más fuerza contra el poder establecido ilegítimamente por
un régimen dictatoria, que manteía al país reprimido desde hacía más de 20 años.
A raíz de los últimos acontecimientos, en los que Carlos se
vio envuelto, su madre, le ayudó a esconderse, lejos de la capital, en casa de
unos viejos amigos. Esperaba que todo se tranquilizase, para poder volver a
tener a su hijo con ella.
Una tarde, recien anochecido, Elisa llegó a su casa. Vivía en
una bastante grande, dos plantas, habitualmente con su hijo, aunque ahora, por
los motivos expuestos, lo hacía sola.
Al abrir la puerta, se encontró con 4 hombres que la
esperaban. Ella se asustó, aunque era consciente que eso podría pasar, ya que
sabía que Carlos estaba siendo buscado por la policía.
Los 4 hombres eran miembros de los servicios secretos del
país. El capitán Rodrigo, un hombre de unos 50 años, era el jefe del equipo,
mientras que los otros tres, eran chicos que acababan de salir de la academia, y
que el propio capitán los estaba formando.
Dentro del servicio, de todos era conocido, los métodos
utilizados por Rodrigo y sus hombres para obtener información. Decían de él que
disfrutaba obteniendo datos de los prisioneros, algo, que al menos era verdad
cuando se trataba de mujeres atractivas. Sus técnicas para obtener conseguir sus
objetivos sobre las detenidas, eran conocidas dentro de la policía.
Elisa, a pesar de estar próxima a los 40 años, gozaba de un
cuerpo estupendo. No era muy alta, en torno a 1,55, pero siempre llevaba una
ropa bastante ceñida, lo que hacía parecer bastante sexy a los hombres, aunque
el sexo no formaba parte de su vida cotidiana.
Cuando entró en su casa, ya habían registrado
concienzudamente todas las habitaciones. El hecho que el capitán llevase a tres
jóvenes con él, no era casual. Los estaba formando, y era conveniente que
desarrollasen in situ, sus conocimientos.
En el registro no habían encontrado nada, sólo unos cuantos
números de teléfonos y algún libro de ideología no demasiado bien vista por el
régimen, pero que tampoco era vinculante para poder arrestarla.
Bien, doña Elisa, no tenga miedo, somos de la policía y
buscamos a su hijo, Carlos.
No está aquí, respondió ella.
Lo sabemos, pero queremos localizarle.
Mi hijo se fue de aquí hará un par de semanas, y desde
entonces no he vuelto a tener noticias suyas.
Pero al menos conocerá su paradero, un teléfono de contacto,
algo que nos pudiera ayudar. En este caso, preguntó uno de los muchachos.
No sé nada de mi hijo, ni donde puede estar en estos
momentos, aunque si me dejan una tarjeta suya, y aparece, les llamaré.
Rodrigo rio a carcajadas. Cree usted que nos chupamos el
dedo? Sabemos que usted sabe donde está y queremos que lo comparta con nosotros,
dijo esto mientras le agarraba fuertemente la cara con su mano.
En esos momentos, Elisa se dio cuenta que los hombres no
bromeaban, y la visita no era tan cortés como parecía en un principio, y los
modales ya no eran tan cordiales.
Los tres muchachos, habían ido a acompañar en la
investigación, al capitán. Aún estaban en periodo de formación y aquello era la
primera prueba seria para todos ellos. No obstante, había sido Rodrigo quien los
había seleccionado bajo su criterio, y venían a ser una copia del capitán,
carácter altivo, y prepotente.
Veamos chicos, creeis que esta mujer dice la verdad?
Los tres jóvenes respondieron negativamente. Estaba claro que
una madre como ella siempre conocería el paradero de su hijo. Es demasiado
controladora, respondió uno de ellos.
El capitán preguntó de nuevo, esta vez a los chicos. Qué os
gusta físicamente de esta mujer?
Uno a uno fueron respondiendo. Es una mujer muy atractiva,
buen cuerpo y unas tetas enormes. El segundo chico vino a decir lo mismo,
añadiendo que su culo era estupendo. Es delgado y bien proporcionado. El tercero
alabó su pelo, sus pechos y las piernas que se marcaban debajo de su pantalón, y
por supuesto, tambien su culo.
Y de su personalidad? Ahí sólo respondió uno de ellos. Lo que
quiere a su hijo, que no lo delataría por nada del mundo, y por supuesto su
elegancia. Es muy atractiva.
Elisa vestía en ese momento, una camisa negra y un pantalón
del mismo color.
Bueno, volvamos al trabajo. Elisa, díganos donde podemos
localizar a su hijo, volvió a preguntar Rodrigo.
No lo sé, respondió ella, ya les he dicho que no tengo
noticias suyas desde hace semanas.
Elisa, quítese la camisa.
Qué? Respondió ella. Está usted loco? Increpó al hombre.
Una bofetada cayó sobre su cara que la hizo rodar por el
suelo. Cuando se levantó, sus ojos estaban llenos de lágrimas, no tanto por el
dolor, que había sido fuerte, sino por la humillación de haber sido agredida en
su casa.
A partir de este momento, responderá cuando le preguntemos y
hará todo lo que digamos, queda claro?
La mujer asintió lentamente con la cabeza.
Bien, entonces.............. Comience usted a quitarse la
camisa.
Por favor............. no me hagan hacer eso
Se la quita usted o se la arranco?
Elisa, comenzó a quitarse la blusa, desabrochando botón a
botón, con la cabeza hacia abajo y con mucha vergüenza. Se quedó con la camisa
en la mano y la tiró al suelo.
Sus manos fueron a cubrir el sujetador negro que tapaba sus
pechos.
Que os parece? Dijo mientras le frotaba su trasero. Sabeis?
Esta mujer no lleva bragas, sino un tanga. Me encantan las mujeres con tanga.
Mientras decía esto, sacó unas esposas de su bolsillo y se las colocó con las
manos en la espalda.
Los chicos no habían participado nunca en un interrogatorio y
sus espíritus sádicos, comenzaban a disfrutarlo.
Os gusta?, preguntó Rodrigo. Por supuesto, respondieron al
unísono. No olvideis que podría ser vuestra madre, Carlos, su hijo, es más o
menos de vuestra edad, pero tiene buenos melones, verdad?
Ya me gustaría tener una madre así, respondió uno de los
chicos, mientras intentaba besarla y le tocaba las tetas.
Está bien, hemos registrado antes la casa, y ahora la
registraremos a ella. Dio orden a uno de los muchachos para que revisase a
Elisa. El chico comenzó inicialmente a meter mano en los bolsillos, de los que
sólo obtuvo unos pañuelos. La mirada sonriente de su jefe, daba rienda suelta
para que el registro fuese más intenso. Eso le permitió pasar la mano por todo
su cuerpo, le hizo abrir sus piernas, y pasó sus manos por entre sus piernas,
pechos, llegando por debajo de su sujetador hasta sus pezones, pelo, trasero y
espalda.
Tú has dicho antes que te gustaba su culo, verdad? Pues
bájale el pantalón.
La mujer intentó moverse para evitar que la desnudasen más,
pero el estar atada, y sujeta por otro de los chicos, hacían inutil sus
movimientos.
Desabrochó su botón y bajó lentamente su cremallera.
Disfrutaba con la situación. Muy despacio, con cuidado de no tocar el tanga y
provocar aún más la excitación de su jefe y compañeros bajó el pantalón hasta
llegar al suelo. En este momento le quitó los zapatos y sacó la prenda por sus
pies.
Rodrigó le subió los brazos esposados, tirando de sus manos
hacia arriba, lo que provocó que la mujer echara su cuerpo hacia adelante y
mostrase su trasero a los jóvenes, sólo tapado por una pequeña cinta negra que
ataba el triangulo delantero de la braguita.
Uno de los chicos, se acercó a ella, y le dió una fuerte
cachetada en el culo, lo que provocó las risas del resto.
Danos la información que queremos, y terminaremos esto ahora.
De lo contrario, vamos a tener una bonita fiesta.
Les prometo que no sé donde está mi hijo. Elisa sabía que iba
a ser sometida por aquellos tipos, pero no podía delatar a su hijo.
Ella estaba de pie, y sólo negaba con la cabeza. El capitán
agarró las tetas por detrás, mientras las masajeaba con fuerza, algo que hacía
daño a la mujer.
Pidió ayuda a dos de los chicos, para que la tuvieran sujeta
mientras le soltaba las esposas. Acto seguido le desabrochó el sujetador,
tirando de los tirantes hacia los lados. El forcejeo sólo sirvió para que la
prenda se desmontase y cayese por delante. Un tirón y un movimiento de los
brazos hicieron que sus dos hermosas tetas quedaran al descubierto.
La obligaron a sentarse, mientras la manoseaban por todos
lados. En esos momentos Elisa gritó, pero una nueva bofetada la hizo callar de
inmediato.
No vuelvas a gritar, entendido? Si alguien llama a la puerta
no lo contarás.
Los cuatro hombres estaban junto a la mujer a la que
acariciaban, pellizcaban, magreaban, mientras que ella sólo movía las manos
rápidamente, para evitar las ocho manos que la tocaban. Su culo, tetas y
entrepierna eran los lugares más buscados. La mujer en un arrebato, salió
corriendo y terminó en el sofá. Allí sólo consiguió quedarse quieta, mientras
las miradas amenazadoras de ellos, le hacían presagiar lo que iba a suceder en
breve.
Está bien, chicos. Levantadla. Me da morbo que a unos jóvenes
como vosotros os excite esta mujer.
De nuevo en el centro de la sala, hicieron un círculo
alrededor suyo. El capitán, palpó con las dos manos sus desnudas nalgas. La
mujer sólo movía sus brazos estirados hacia abajo, pero sabía que no podía
evitar la situación.
Señora, quítese el tanga. Ella sólo lloraba y movía la cabeza
despacio negándose a obedecer. Señora, se quita el tanga, o se lo bajo yo,
increpó el capitán de forma altiva.
Sabiendo que no tenía otra opción, e intentando evitar ser
manoseada, aunque sólo fuera por unos segundos, comenzó a bajarse su braga,
quedando ya totalmente desnuda.
El capitán le hizo dar varias vueltas sobre ella misma para
contemplarla bien. Habeis visto que cuerpo? Recordad que podría ser vuestra
madre. Habeis visto que cuidada tiene su raja? Con forma rectangular, poco pelo,
realmente parece un felpudo por su aspereza. Elisa, la felicito, es usted una
mujer realmente preciosa.
Mirad, es morena y teñida de bote. Su chocho es negro, y su
pelo rubio.
El que el capitán no la tutease, hacía que la situación
tuviera mucho más morbo para los chicos.
Recordad que podría ser vuestra madre, o la de algún amigo.
Uno de los chicos respondió. Si yo tuviera una madre así,
estaría todo el día matándome a pajas. De nuevo todos rieron, todos, menos la
mujer.
Llevadla al tresillo. Vamos a ponerla en posición araña. La
posición, consistía en que la mujer, totalmente desnuda era sentada en el sofá.
Dos de los chicos se sentaron a su alrededor y le abrieron totalmente las
piernas a Elisa, hasta el máximo, y los jóvenes, cada uno con una de sus
piernas, atrapaban las de la mujer, mientras los brazos, quedaban enganchados en
cruz, por detrás de cada uno de los cuerpos de los muchachos.
La situación dantesca. Elisa estaba totalmente expuesta, a
disposición de los ojos y de las manos de los hombres. Sus manos inmovilizadas,
sus piernas totalmenten abiertas y sin poder evitarlo, sabía que podría ser
tocada y manoseada al antojo de los cuatro hombres.
Bien, chicos, ya que la teneis así, podeis comenzar a
registrarla de nuevo. Sus tetas son enormes, averiguad si esconde algo, y entre
las piernas tiene un orificio importante, quiero asegurarme que no haya guardado
nada ahí.
Los muchachos, sobreexcitados, comenzaron a tocarla por todos
los sitios, pero el capitán los detuvo.
Quiero que lo hagais lentamente, las prisas no son buenas,
tenemos tiempo, haced un buen registro.
De nada sirvieron las súplicas. Los muchachos palpaban cada
milímetro del frente de la mujer acariciando su piel, sin dejar ningúna zona sin
ser tocada, por pequeña e insignificante que esta fuera- Comenzaron por sus
tetas, subieron por su cara. Poco a poco las manos de los muchachos fueron
llegando a las piernas, y subieron por sus muslos. Las dos manos, terminaron en
su vagina y clítolis, disfrutándolo, tocándolo, y finalmente metiendo
alternativamente los dedos, de forma repetitiva. Las caricias eran lentas,
recreándose en su cuerpo.
Un dedo entraba en su vagina, mientras el otro tocaba su
clítolis, despues, era el otro el que se introducía en su gruta y el otro se
paseaba por los labios íntimos de Elisa.
No habeis probado sus tetas todavía? Como se nota que teneis
poca experiencia en sexo. Por el lado derecho y el izquierdo, ambos muchachos
comenzaron a chupar, lamer y morder los dos grandes pechos que lucía.
Está bien. Vamos a cosas más serias. Habeis visto antes que
tiene arriba, en su cuarto, una cama enorme. Allí estareis más cómodos, yo
prefiero ser el director de orquesta mientras vosotros tocais los instrumentos.
Los muchachos levantaron a Elisa y le pusieron de nuevo las esposas.
Subid a la mami a la alcoba, dijo el capitán. Dos de los
jóvenes cogieron a la mujer por los brazos, que se encontraban atados y el
tercero le sujetó las piernas. En volandas, la subieron por las escaleras y
llegaron a su habitación.
Cuando llegaron, tiraron a la mujer en la cama. Todos, al
unísono, se despojaron de sus ropas, quedando con sus miembros erectos delante
de ella, salvo el capitán que había determinado no participar en la violación de
la mujer.
El chico que no había participado en la escena del sofá, tuvo
la oportunidad de ser el primero. Para ello, la mujer quedó tumbada en la cama.
Le separaron las piernas, y el joven comenzó a participar. Antes de la
penetración, decidió pasar la lengua para humedecer su raja. Estaba muy seca, lo
que aún le daba un gusto más amargo y un tacto más ardiente. Despues, su pene
comenzó a deslizarse entre la vagina de la mujer. El disfrute era excelente para
el muchacho. Su cuerpo era perfecto, tan sólo su cara aparentaba los cuarenta,
pero el tipo, la piel, sus pechos y su sexo, eran el de una mujer joven.
El muchacho, con la excitación, empezó a moverse cada vez más
deprisa, con movimientos descompensados y penetrandola de forma irregular. La
mujer se movía hacia los lados, puesto que el cuerpo de su violador, y las manos
sobre los hombros del resto de sus verdugos, la mantenían inmovilizada. No
obstante, ello sólo servía para hacerla aún más excitante para aquellos hombres
poco acostumbrados a ver a mujeres de estas características.
Los gritos del chicos, su silencio posterior, a la vez que
quedaba penetrado a la mujer, hacían fácil entender que había tenido un orgasmo.
Ahora me toca a mi, expuso otro de los muchachos. Mejor a los
dos. Sin haberlo hablado, sabían la posición que debía adoptar elisa. La
pusieron en posición perro, de rodillas, con sus pechos apoyados en la cama.
Como seguía esposada, su cara estaba apoyada en la cama. El capitán, pidió al
chico que acababa de tirársela, que le ayudase a levantarse. El capitán y él, la
incorporaron un poco tirando de los brazos con el objeto de subirle la cabeza y
que pudiera meter el miembro del tercer chico en su boca. Mientras, por detrás,
el otro muchacho, comenzó a penetrarla de nuevo por su coño. La mujer sólo podía
gemir, balbuceando sus protestos. El único reflejo de sufrimiento eran las
lágrimas que rodaban por sus mejillas.
El capitán, la tenía agarrada de su rubia melena, y la movía
de forma acompasada para que en su boca, entrase y saliese la polla del chico.
No había prisa, los dos muchachos sabían la premisa del capitán, que
contemplaban el resultado. Habría tiempo de correrse, pero ahora tocaba
disfrutar de la madre protectora, que por no delatar a su hijo, estaba
ofreciendo lo mejor de ella a cuatro desconocidos.
No se corría ninguno de los dos, pero el capitán sugirió una
nueva variedad. Os apetece culear a la madre de Carlos?
El chaval que estaba gozando de la felación decidió parar un
poco para no correrse tan rápido. El que la penetraba por detrás, pensó que era
el momento de cambiar de agujero. Sería él quien la penetraría por su ano.
Muy despacio, sacó su miembro de su coño y con la misma
tranquilidad, la metió en su ano. La muchacha gritó, pero estaba agarrada
fuertemente y una pistola sobre su sien, le hicieron comprender que debía ser el
último grito de la noche.
La excitación del joven recluta no tardó en aumentar. Su culo
prieto, estaba excitando sobremanera al hombre, que sabía que en pocas
embestidas más, se correría.
Poco más tiempo tardó. Al sacar su polla, esta tenía un poco
de sangre, fruto del desvirgo de Elisa. No obstante, seguía estando igual de
atractiva.
Ahora ya no sólo lloraba por su humillación, sino tambien por
el dolor que le había producido que le hubiesen partido el culo.
El capitán, estaba en estos momentos muy excitado, y decidió
participar finalmente. Desabrochó su pantalón, e invitó a la chica a meter su
miembro entre sus labios.
Para esta situación, el hombre se había sentado en la cama y
ella estaba de rodillas en el suelo. Con las manos, iba moviendo su cabeza, lo
que le producía los efectos de una masturbación fálica.
El hombre sabía aguantar bien, y tuvo a Elisa diez largos
minutos haciendole la mamada. Los labios le dolían de la posición, pero fue
obligada a mantenerse en esa postura hasta que el capitán descargó toda su
excitación en la garganta.
Bueno, pues hemos terminado, no?
No, dijo el chico que aún no había tenido su orgasmos.
Ahhhhhhh, faltas tú. Está bien, acaba. Como la quieres?
Prefiero tener un orgasmo clásico. Quiero tenerla en la cama
y follarme a esta madre de forma clásica.
Como fieles compañeros, los dos chicos cogieron a Elisa y le
separaron las piernas para que su amigo pudiera disfrutarla. Como su cuerpo era
delgado, la penetración era excitante, y sus labios apretaban el miembro del
chico. Quería quedar bien ante su jefe. Se movía de tal forma que le pudiera ver
y observar como entraba su pene en el coño de la mujer.
No había prisa, pero la excitación siguió su curso. Decidió
correrse fuera, dejando el vello púbico de la mujer lleno de semen.
Ahora si hemos terminado. Vestiros y nos vamos.
El capitán advirtió a la mujer que no dijese a nadie lo que
allí había pasado, o pagarían las consecuencias ella y su hijo cuando fuese
detenido. No obstante, creo que con lo bien que lo hemos pasado, pronto
volveremos a preguntarte de nuevo por Carlos.