Después de esa noche, las provocaciones a la pareja, y mis
susurros obscenos mientras disfrutábamos el uno del otro (ver: Provocando
imaginación), Eva estuvo toda la semana fantaseando con situaciones. Me decía
que le apetecía mucho ver como una pareja lo hacía, así que preparé nuestro
siguiente encuentro.
Cuando la dije que la llevaría a ver a una pareja, ella me decía que no quería
que le diera detalles, que prefería la sorpresa, no quería pensarlo, no quería
echarse atrás.
Así lo hice, la recogí y fuimos a un local liberal de Madrid, uno donde no dejan
pasar chicos solos, buscaba el mejor ambiente para ella, aquel que combinara
morbo, sexo, pero también tranquilidad y comodidad.
Llegamos a Talismán, ella estaba nerviosa, pero a la vez excitada "como un niño
de 5 años al que llevas a un parque de atracciones" (así decía sentirse).
Yo buscaba su comodidad, su confianza, no le conté mucho de lo que ahí podía
suceder, solo le indiqué que si alguien la acariciaba y no era de su agrado que
le retirara con delicadeza la mano, con eso bastaría, y también, que si no era
suficiente me lo dijera de inmediato para ocuparme de ello.
Tras pedir una copa, nos subimos al Púb, estuvimos sentados un trago o dos,
porque en cuanto le conté como funcionaba la sala oscura me pidió que la llevara
a verla. Aún no había nadie, y nosotros solos en un rincón comenzamos a besarnos
y acariciarnos. Ella estaba excitada, la novedad, la mezcla de temor a lo
desconocido y el morbo que allí se respira… Mi mano se empapó al instante cuando
invadió el interior de sus braguitas.
Fuimos aún solos a la cama que hay en medio de la pista, ella estaba embravecida
me tumbó casi empujándome y comenzó a lamerme, a chuparme, a restregar sus
agradecidos senos sobre mi.
La sala comenzó a llenarse, parejas gimiendo, excitándose a nuestro alrededor,
nosotros excitadísimos no pudimos esperar mas y comencé a penetrarla. Ella me
decía: -Nos están mirando- y cuando yo le preguntaba si le gustaba, dejaba
escapar un "siiiiiii" que me excitaba aún más y provocaba que mis embestidas
fueran cada vez mas contundentes.
Salimos sudorosos a refrescarnos con nuestra copa, y ella me hablaba de lo que
le había gustado ser observada, pero quería mas, quería mirar.
Subimos a la planta de arriba, estábamos solos y tuvimos algún escarceo entre
nosotros, hasta que una pareja llego y se tumbo enfrente. Eva no paraba de
mirar, la chica gemía mientras el saboreaba su placer, lo que me incitó a
disfrutar el de Eva.
Acariciaba su clítoris con suavidad, entrando dentro de ella en algunos casos,
lo que le provocaba suaves gemidos que a mi aun me excitaban mas. Comencé a
besarla, lamía sus labios, sus ingles, metía con suavidad mi lengua dentro de
ella, y cuando alzaba la mirada, encontraba la suya clavada en la otra pareja,
viendo como penetraban, acariciaban y se dejaban llevar entre respiraciones
agitadas y leves gritos de lascivia incontrolada.
Sus caderas cada vez se movían más fuerte y más rápido contra mis labios, los
gemidos inundaban la sala y mi boca se llenaba de su placer. No podía dejar de
mirarles, (me confesó)
Estuvimos charlando, follando, dándonos cariño, comentando la experiencia… paso
el rato y decidimos entrar de nuevo en la sala oscura. Le había encantado ver a
la anterior pareja, - sus gemidos me volvían loca- me susurraba.
A Eva le estaba encantando la experiencia, me contaba como no podía imaginar
sentirse tan a gusto y tan natural, le apasionaba mirar y ser mirada. Nadie nos
había tocado aún y aunque ella sonreía tímidamente cuando se lo preguntaba, yo
notaba que ella tenía su lucha interior entre el deseo y el temor a hacerlo.
Entramos de nuevo en la sala, había una pareja, el (Marco) tumbado, y ella
(Alba) entre sus piernas disfrutándole y haciéndole disfrutar con su boca.
Quise llevar a Eva a la cama, pero ella me dirigió a la pared, el temor aun le
pesaba, pero la excitación desinhibe, y desinhibe de tal forma que te hace
perder la cabeza y dejarte llevar. Después de un rato de caricias, nos tumbamos
a su lado, ambas parejas excitándose, a la distancia de casi una mano, en
ocasiones no había ni 5 cms. entre la mano de Eva y la de Marco. Veía a Eva a
gusto, excitada, morbosa así que decidí probar y comencé a acariciar suavemente
el brazo de Alba, ella consentía, y fueron solo unas leves caricias.
Ambas parejas cambiamos las posturas, y ellas yacían casi pegadas en la cama, yo
agachado lamía cada vez con mas fuerza el clítoris de Eva y Marco acariciaba a
Alba con la que intercambie alguna caricia hasta que nuestras manos acabaron
entrelazadas.
Note la mano de Marco en la pierna de Eva, en seguida la miré, estaba cómoda,
excitada, parecía disfrutar, y cuando él llevo su mano a su pecho y ella lo
estrechó fuertemente ya no me cupo ninguna duda.
Comenzamos a jugar los cuatro, revolviéndonos entre nosotros. Yo dirigía la mano
tímida de Eva para que pudiera disfrutar la erección que Marco exhibía, mientras
ella recibía en su boca mi polla excitada por la situación. Admirando el placer
de Eva comencé a acariciar y sorprenderme con la suavidad de la piel de Alba,
hasta que por fin logré alcanzar su sexo, húmedo y cálido en su interior, ella
se acomodaba para recibir mis caricias, para dejarme entrar en él mientras la
besaba... Los cuatro disfrutábamos de los roces de nuestros cuerpos y nuestras
manos. Viendo la timidez de Eva guié su cara para que pudiera saborear a Marco.
Ella disfrutaba en su boca y con mis caricias resbalando en su humedad y Alba me
estremecía con sus labios aprisionando y recorriendo mi excitación
Continuamos el baile de caricias, tocándonos, excitándonos, chupándonos, yo
notaba en todo momento la mirada de Eva clavada en mí con los ojos muy abiertos,
me miraba sin cesar incluso cuando Alba y yo disfrutábamos de la pelea de
nuestras caderas. Cuando se besaron vi a Eva excitada, la primera vez que besaba
a otra mujer y tuvo la suerte que fuera Alba, lenta, calida, suave, cariñosa…
Al final fue cuando realmente nos dimos cuenta de la suerte que habíamos tenido,
la primera vez de Eva y dimos con la pareja ideal. Estuvimos charlando, riendo,
eran verdaderamente encantadores los dos, y cuando a la vuelta repasábamos lo
sucedido aun nos convencíamos más, la delicadeza y el tacto de él, la suavidad y
la dulzura de ella…
Cuando nos despedimos de ellos, la frase de Eva fue: -Jo, no podía haber salido
mejor-
Marco, Alba, muchas gracias a los dos por ayudarme a que la primera experiencia
de Eva haya sido algo especial e inolvidable.