Llevaba cerca de dos meses esquivándolo, pero a Jaime ya no
le quedaban excusas: le tocaba ir al médico a hacerse la revisión de los trece
años. No tenía ni pizca de ganas de someterse de nuevo a ese ritual que había
sufrido un par de años antes. Aquello de quedarse medio en pelotas delante de un
desconocido, y que le atosigara a pruebas que no servían para nada era lo que
menos le apetecía en el mundo. Pero sus padres se habían empeñado, y para
asegurarse, habían mandado a su hermano Jorge para que le acompañara. A este
tampoco le hacía mucha ilusión hacer de escolta, pero en el fondo le hacía
gracia ver a su hermano pasar por aquello.
-Oye tío, ¿y que te hacen en la revisión? –Preguntó Jaime a
Jorge de camino al centro de salud.
-Pues no se, más o menos lo mismo que en todas. Te miden, te
pesan, te ponen el cacharro ese para oírte el corazón...
-Un estetoscopio.
-Pues eso. También te miden la tensión, te revisan la
vista... Como en todas, vamos.
-¿Y ahí abajo te miran o algo? Es que en la de los once me lo
hicieron y no veas que palo...
-Si, creo que también. Pero vamos, que es un momento, te
echan para atrás el pellejo, te palpan un poco los huevos para ver si están en
su sitio y listo.
-Ya joe, pero me da palo que un tío que no conozco de nada se
líe a tocarme por ahí.
-Bueno, eso de tío no se, la última vez que vine al médico
por lo de la alergia nos lo habían cambiado y habían puesto a una chica
jovencilla. Que por cierto, estaba bastante buena...
-Joder, pues no se que será peor...
-Tu aprovecha, que a saber cuando te la vuelva a tocar una
piva. A mi desde entonces, nada...
Llegaron a la sala de espera, y tras el previsible retraso,
pasaron a la consulta. Efectivamente, su doctora era la que atendió a Jorge la
última vez.
-Hola chicos, soy la Dr. Martos. Tu debes de ser Jaime Cobo.
-No, soy su hermano Jorge.
-Ah, ya decía yo que estabas un poco crecidito para tener 13
años. Bueno Jaime, quítate la camiseta y siéntate en la camilla.
Con algunos reparos y con bastante resignación, Jaime
procedió a dejar al aire sus michelines. No es que tuviera complejo, pero
tampoco le hacía mucha ilusión ir presumiendo por ahí de su sobrepeso.
-Respira fuerte. Vale, así está bien.
Fue en este momento cuando Jaime se fijó. La doctora llevaba
una camiseta bastante escotada debajo de su bata blanca, y ésta dejaba al aire
buena parte de sus pechos. Tenían un aspecto estupendo, redondos y suaves,
realmente daban ganas de estrujarlos.
-Muy bien, estira el brazo para poder tomarte la tensión.
Efectivamente, fue tensión lo que sintió Jaime en aquel
momento. Sintió un cosquilleo en su escroto cuando la doctora se agachó un poco
para mostrar sin querer parte de su aureola izquierda. Miró hacia Jorge, que
aunque no perdía detalle de la trasera de la doctora, se había perdido la mejor
parte.
-Vale, esto ya está. La tienes un poquito por encima de lo
normal, pero tampoco es grave. Procura evitar las comidas muy saladas y listo.
Ahora túmbate para que te explore el estómago.
Por un momento se había temido lo peor, que llegara el
momento de la exploración genital. Por suerte, había sido solo una falsa alarma.
Obedeció y se tumbó sobre la camilla, mientras la doctora le presionaba el
vientre.
-¿Te duele si te aprieto aquí?
-No.
-¿Y aquí?
-Un poco.
-Bueno, eso es normal. ¿Y por aquí?
-Ahí no.-Dijo algo sobresaltado. La doctora había presionado
un poco por debajo del ombligo, y aquella zona comenzaba a ser demasiado
sensible. Notó como su polla comenzaba a despertar, y cerró los ojos para tratar
de pensar en otra cosa..
-Vale, pues ya está. Incorpórate que te voy a revisar la
vista.
Jaime cada vez estaba más tenso. No estaba acostumbrado a que
nadie le tocara en según que zonas, y encima la doctora estaba bastante potente.
Por más que trataba de distraerse y dejar de pensar en sus tetas, su erección
era casi imparable. Por suerte, llevaba un pantalón pirata bastante ancho que le
ocultaba el secreto, pero si tenía que quitárselo no habría forma de disimular.
-Muy bien Jaime. Pues tienes 0.25 de miopía en el ojo
izquierdo, pero como de momento es poco no te mando al oftalmólogo. Si notas que
pierdes visión, pide cita, no te esperes a la próxima revisión. Vale, pues ahora
desnúdate del todo para pesarte y medirte.
-¿Los calzoncillos también?-Dijo mientras miró de reojo a
Jorge. Este sonrió levemente.
-Déjatelos si quieres, lo de la ropa es solo para no alterar
demasiado la medida, pero porque dejes algo tampoco pasa nada.
Se quitó lo que le quedaba puesto, los piratas y unas
zapatillas de deporte, quedándose solo con unos calzoncillos de algodón blancos
y unos calcetines de deporte a juego. Era evidente que estaba medio empalmado, y
lo que más le preocupaba era que la doctora le hiciera algún comentario al
respecto. Por suerte para él, no era la primera vez que veía a un chaval presa
de los nervios, y sabía que no debía darle más importancia.
-Vale, pues súbete a la báscula. A ver, la altura son 1,64. Y
de peso, 66. Te sobran tres o cuatro kilos, pero estás dentro de lo normal.
Procura no picar mucho entre horas, y evitar un poco la bollería industrial.
¿Haces algo de deporte?
-Natación de vez en cuando.
-Bueno, eso está bien. Siéntate otra vez en la camilla.
¿Bebes alcohol regularmente?
-No.-Dijo Jaime algo extrañado.
-No te preocupes, son unas preguntillas rutinarias... Supongo
que fumar tampoco, ¿no?
-No, tampoco.
-Haces bien. ¿Has tenido relaciones sexuales?
-Que más quisiera... –Soltó sin pensar. –Esto, no, no he
tenido...
-Tu tranquilo, que eres muy joven. Todavía nadie ha
contestado que si a esta pregunta, así que estás dentro de lo normal. Túmbate en
la camilla y bájate los calzoncillos, vamos a comprobar que esté todo en orden
para cuando llegué el momento.-Dijo la doctora entre risas, tratando de quitar
hierro a la situación.
Ahora si que había llegado el momento. Era imposible
disimular que estaba empalmado con los calzoncillos puestos, pero con ellos
quitados no había escapatoria. Pero es que cuanto más trataba de distraerse, más
se acordaba de las tetas de la doctora y más dura se le ponía. Y encima con
Jorge delante, vaya vergüenza...
La doctora Martos palpó con suavidad los testículos de Jaime,
comprobando que todo estuviera en su sitio. Éste había cerrado los ojos, y
rezaba porque el techo del ambulatorio se cayera en aquel momento, o porque la
camilla se cerrara causándole una muerte instantánea. Cualquier cosa menos estar
pasando ese mal rato. El sentir las manos de la doctora no había hecho más que
empeorar la situación, y lo que antes era solo una erección, ahora era casi un
peligro aun mayor.
Jorge observaba curioso, pero la espalda de la doctora tapaba
toda la acción. Aun así, había notado la erección de su hermano al desnudarse, e
intuía que en esos momentos la cosa estaría yendo a peor.
Tras examinar los testículos prácticamente imberbes, las
manos de la doctora se dirigieron al pene de su paciente. Era el momento más
tenso de la consulta, y era relativamente normal que alguien se animara más de
la cuenta. En realidad, solo se trataba de comprobar que no había fimosis ni
ningún problema con el frenillo, pero normalmente los chicos no estaban
acostumbrados a que nadie les tocara precisamente ahí.
Jaime, pese a lo de Marcos y Carlos, no era una excepción, y
su excitación creció aun más cuando la doctora le echó el prepucio hacia atrás.
Todo parecía estar correcto, pero al tratar de subir, encontró más resistencia
de lo normal. Jaime tragó saliva, consciente de que aquello estaba a punto de ir
demasiado lejos, y procuró no prestar atención a lo que le hacían por ahí abajo.
La doctora parecía empeñada en comprobar que no había ningún problema y repitió
el proceso un par de veces más. Aquello fue demasiado para Jaime, que se
estremeció y acabó por correrse en la mano de la doctora.
Esta dudó, intentando pensar que no era lo que parecía, pero
al ver la enrojecida cara de su paciente comprobó que estaba en lo cierto.
Aquello si que era una novedad, en los 6 años que llevaba ejerciendo como
pediatra nunca le había pasado nada parecido, ni siquiera con aquel paciente de
15 años que acudía cada semana a su consulta para que su doctora preferida
inspeccionara un nuevo problema en su miembro. Sacó una gasa de su bolsillo, y
limpió el accidente con discreción, ya que aquello era igual de embarazoso para
ambos.
Jorge no había visto nada, pero le extrañó el tiempo que
duraba la exploración. Estuvo a punto de preguntar si todo iba bien, pero al ver
la expresión de la cara de Jaime, comprendió que había ido demasiado bien...
Mientras tanto Jaime dudaba entre salir corriendo de allí con
los calzoncillos por los tobillos, o esperar llegar a casa para cortarse las
venas. Aquello había sido vergonzoso, y encima con su hermano mayor delante. Ya
tenía motivo de escarnio para unos cuantos meses, y no quería ni pensar en lo
que pasaría si se enteraban sus amigos.
-Bueno, pues ya está todo. Vístete ya, está todo bien. Cuesta
un poco de trabajo echarte la piel hacia atrás, pero creo que es porque estabas
demasiado tenso.
-Puede ser. –Intervino Jorge- A mi me pasó cuando me hice la
revisión esta, que como no estás acostumbrado te pones nervioso. Pero luego lo
me lo he mirado en casa tranquilamente y baja bien.
-Por eso te digo. Tu no te preocupes que es algo normal.
–Dijo la doctora, tratando de quitarle hierro al asunto.
Jaime terminó de vestirse, y se despidió rápidamente de la
doctora. Nada más cruzar la puerta, Jorge preguntó:
-¿No me digas que...?
-¿El que?
-Pues eso, que no habrás sido capaz de hacer lo que creo que
has hecho...
-¿Qué cojones me estás contando, tío?
-Joder, pues que te has corrido ahí en medio... Ya te vale...
-Mira tío, que te follen. No se que coño me ha pasado, se ha
liado a meterme mano y claro...
-Vale vale, tampoco te pongas así conmigo...
-Me pongo como me sale de los cojones. Y como se te ocurra
contárselo a alguien, te juro que te reviento.
-Uy que chulito nos ha salido el eyaculador precoz este...
Bueno, ya me lo pensaré...