Tras mi vuelta de Madrid, me sentía una mujer nueva, más
sensual, más segura de mi misma. Abel Había despertado en mí una mujer caliente
que había estado dormida durante mucho tiempo.
De Abel no había vuelto a saber nada. Yo no le había llamado,
después de la escena de la estación, y el no había enviado ningún correo. Me
dispuse a seguir mi vida, disfrutando de todos los placeres y oportunidades que
esta me daba.
Fui unos días a un pueblecito cerca de Noja, al norte
peninsular, para pasar unos días en la casa que mis padres alquilan todos los
veranos. A los niños les encanta porque dispone de un amplio terreno donde
pueden jugar y sentirse libres, además la playa no está a más de quince minutos.
Un día en que mis padres se llevaron a los niños al parque de
Cabárceno, yo me dispuse a pasar un día de playa tranquilo. Me fui después de
desayunar tranquila y hacer unas compras. Desgraciadamente, para mí, la playa
principal estaba atestada de gente, y lo que menos me apetecía es estar
sorteando toallas y cuerpos. Tampoco eran horas ya de coger el coche e ir en
busca de otra playa que posiblemente estuviese igual de concurrida. Como única
solución pensé en ir a la playa nudista que estaba pegando a la principal, pero
un poco más recogida y sin servicios esenciales.
Anduve por el estrecho sendero que conducía a las dunas que
separaban las dos playas. El calor hacia que mi cuerpo sudase y la fina camiseta
se pegase a mi piel, dejando entrever mi anatomía casi desnuda, pues no me había
puesto sujetador. Cuando coroné las primeras rocas, pude ver que la playa estaba
con muy poca gente. A pesar de ser una playa nudista, también había bañistas
textiles.
Acomodé la toalla cerca de la orilla para no tener que
desplazarme demasiado a la hora de darme un chapuzón. Me quité la ropa y me
quedé con la braga del bikini. Me sentí orgullosa de mis pechos cuando estos se
liberaron, y recibieron las caricias del sol. Alguno que estaba por allí cerca,
no perdió de vista mi pequeño streprease.
Me tumbe en la toalla, y coloque los auriculares de mi MP3,
dispuesta a pasar un dia relajado, haciendo nada, absolutamente nada. Había
pasado media hora, cuando me apeteció darme el primer chapuzón, me levanté, y
cuando me dirigía al agua, me acordé que no había llevado un tanga para
cambiarme, así que aproveché el estar en una playa nudista, para hacer mi primer
desnudo integral en público.
Al principio me pareció que todo el mundo se fijaba en mí,
pero pronto esa sensación me abandonó. El agua estaba estupenda, y era muy
placentero sentir el líquido templado por todo mi cuerpo sin ninguna prenda que
molestase. ¡Qué maravilla! ¡Los años perdidos por un tonto pudor!.
Cuando regresé a la toalla, llegaba un grupo de chicos
jóvenes. Creo que se decidieron a colocarse cerca de la toalla cuando vieron mi
desnudez. Pensé que con toda la playa que había, se tenían que poner cerca de
mí.
Me tumbé al sol, para que los rayos de sol secasen mi cuerpo.
A los pocos minutos, los chicos comenzaron con sus tonterías, para iniciar un
acercamiento a mí. Que si tenia fuego, que si una pelota que se escapa, que si
hacen que se pelean, en fin todo un sin fin de movimientos que muchas de
nosotras conocemos.
Me dispuse a darme bronceador, y cuando me fui a dar en la
espalda, una voz sonó a mi lado.
Perdone ¿quiere que la de yo?
No gracias. Respondí un poco seca.
Pero el joven no era de los que se resignan ante la primera
negativa, así que tomó el bote en sus manos, y se colocó a mi espalda a pesar de
mis tímidas protestas.
No se preocupe, no la rozaré nada. Dijo riéndose.
No quise parecer una mojigata así que le dejé hacer. Puso una
pequeña cantidad en sus manos, y comenzó a extenderme el viscoso y frío líquido
por mis hombros. No se limitó a solo a dármelo, sino que comenzó una serie de
movimientos que fueron de mi agrado.
Está muy tensa, ¿me permite que la dé un masaje?
Aún no sé por qué le dije que si, pero me coloqué boca abajo
en la toalla, y comencé a notar el paso de sus manos por mi espalda. Los demás
chicos le comenzaron a decir todo tipo de frases, como ¡que suerte tienes!,
¡cuidado con las manos! y cosas así.
Sus manos pasaban por mi espalda cada vez más decididas, cada
vez abarcando más territorio. Yo le dejaba hacer, porque el placer que sentía
era grande, y además necesitaba un buen masaje. Estuvo bastante tiempo
deslizando sus manos, y cuando trabajaba mis costados, sus manos se posaban en
los flancos de mis pechos, reteniendo los movimientos, supongo que en espera de
mi reacción. Pero no iba a ser yo quien le dijese nada, así que envalentonado,
procedió a bajar a mis glúteos.
La tensión acumulada en esta zona, se fue relajando, a la vez
que sus manos amasaban, tiraban, y por qué no decirlo abrían mis glúteos para
que mi vagina se mostrase totalmente abierta, y húmeda. Me di cuenta que había
dejado de oír a los chicos, así que giré un poco mi cabeza par a verlos. Como me
imaginaba, habían hecho un semicírculo para que la escena pasase más
desapercibida. Les sonreí, y cerré los ojos para seguir disfrutando.
El chico siguió amasando mis glúteos, y de vez en cuando sus
pulgares rozaban mi ano, o se introducían levemente en mi vagina.
¿Le esta gustando?
¿Que si me gustaba? Estaba en la gloria, y pensé que si
seguía así terminaría por correrme. Asentí con la cabeza, y eso pareció que le
animó más, porque sus movimientos se hicieron más atrevidos, hasta el punto que
me estaba masturbando sin ningún tipo de reparo.
Notaba como sus manos pringadas del bronceador, entraban
suaves y decididas en mi interior, y como mi clítoris inflamado era pellizcado
suavemente por sus dedos. Comencé a mover mis caderas primero ligeramente, y
cuando el placer se estaba descontrolando, y los movimientos de mis caderas se
hacían mas ostentosos, noté como más manos se posaban sobre mi cuerpo, y como
buscaban recodos por donde meterse. Tardé varios segundos en reaccionar, pero
finalmente me negué, e incorporándome, le dije al joven que me estaba dando el
masaje, que eso ya era multitud, y no estaba dispuesta a ello.
El joven miró a sus compañeros, y les dijo que le esperasen
en las toallas. Quiso seguir con el masaje, pero la verdad es que a pesar de
estar tremendamente caliente, ya no estaba a gusto, y le dije que ya era
suficiente. Pareció que se rendía, pero dio media vuelta y al oído me dijo que
si quería ir con él al piso que tenían alquilado. Me negué, pero volvió a la
carga, y al mirarle a los ojos, algo en mi interior hizo decirle que sí. La
verdad es que necesitaba tener sexo. Después de Abel, nadie había me había
poseída. Me tenía que conformar con darme alivios en mi cama, hasta que el sopor
del sueño me invadía.
Si la verdad es que estaba caliente, muy caliente. El chico
se despidió de sus amigos, y recogiendo sus cosas, se dirigió a mí, que ya me
había puesto la ropa, dejando en mi bolsa la braga del bikini.
Me cogió de la mano, y nos fuimos por la arena de la playa,
atravesamos como dos enamorados el camino que se dirigía al aparcamiento, y
cogiendo el coche, me dirigí hacia Noja, donde tenia el piso alquilado.
Por cierto, me llamo Martín.
Yo Yoli.
Me dio un ligero beso en los labios mientras me
colocaba el cinturón de seguridad.
La carretera era sinuosa, y cuando habíamos recorrido unos
kilómetros, Martín puso sus manos en mis muslos. Le dejé hacer. Siguió moviendo
su mano ascendiendo por mi pierna, y haciendo que mi falda subiese hasta mis
ingles. Se sorprendió al no encontrar ninguna prenda que impidiese llegar hasta
mi coño. Acarició levemente mis labios vaginales, notando claramente su humedad.
Abrí mis piernas lo que pude, para que no tuviese duda alguna de que deseaba que
me diese todo el placer que pudiese.
Se hizo derogar unos minutos, y yo movía mis piernas de modo
que sus dedos se acercasen a la entrada de mi ya encharcado coño. Pero Martín
seguía sin decidirse, así que una voz irreconocible salió de mi garganta.
O me masturbas ahora mismo, o te dejo aquí mismo
y vas a pié.
Le miré decidida, y con un gesto que denotaba seguridad, una
seguridad que no creía que tuviese.
Martín asintió a la vez que sonreía, y procedió a masturbarme
al instante. Movía sus manos como un maestro, y mientras, yo me frotaba los
pechos con una mano. Mi calentura era extrema, y por fin tuve un tremendo
orgasmo, cerrando las piernas y atrapando los dedos de Martín en mi interior.
Desaceleré el coche para evitar tener un accidente.
Martín retiró su mano de entre mis muslos, y tomándola con mi
mano, deposité un suave beso en ella, percibiendo el fuerte olor de los líquidos
que habían manado de mi interior hacía unos instantes.
Llegamos a Noja, y fui callejeando por el pueblo, con las
explicaciones que Martín me decía. Subimos al piso con la urgencia de dos
personas que se desean.
Cuando cerró la puerta tras de mí, me abrazó y me dio un beso
que casi me quita la respiración. Yo no quería quedarme atrás. Hasta entonces
había sido el quien había llevado la iniciativa. Me separé un poco de él y nos
dirigimos hacia el dormitorio que me indicó. Desde luego se notaba que el piso
lo habitan unos chicos jóvenes, porque el revuelo era tremendo. Le di un suave
empujón para tirarle sobre la cama. Se incorporó un poco y se quedó mirándome.
Comencé un lento striptise con la poca ropa que me quedaba.
Al quitarme la camiseta, mis pechos quedaron apuntando hacia él pidiendo guerra.
Martín quedó mirando fijamente sin articular palabra. Seguí con la falda, que me
fui quitando con toda la parsimonia del mundo, hasta quedar desnuda frente a el,
con las sandalias como única prenda de vestir.
Me acerqué a el, y me puse a desabrocharle la camisa. Uno a
uno los botones cedieron a la presión. Me acerqué a su pecho y comencé a
succionar sus pezones. Un suspiro de placer me confirmó que era de su agrado la
caricia. Los pellizqué y conseguí que se pusiesen duros. El me cogía de la nuca
y me apretaba contra su pecho.
- Muérdelos, dame todo el placer del mundo.
Descendí con mis labios hasta llegar a su pantalón. Comencé a
quitarle el cinto, y a desabrochar los botones del pantalón. El bóxer que
asomaba, a duras penas podía disimular la tremenda erección. La punta del pene
asomaba morada por encima de la prenda. Con ayuda de Martín, conseguí quitar los
ajustados pantalones, y siguió el mismo camino el bóxer. Estaba realmente
excitada, y quería aprovechar a tope lo que aquel día tan excitante podía
depararme. Me abalancé sobre el pene, procediendo a lamer el glande,
ensalivándolo dulcemente para que no se irritase. A cada caricia mía, Martín
emitía un gemido de placer, parecía que estaba tan excitado como yo. Agarré el
pene con ambas manos y procedí a masturbarlo para que alcanzase todo su
esplendor, antes de proceder a introducírmelo en mi coño, que hervía de
impaciencia. Sería un polvo breve pero intenso. Martín no daba crédito a mi
respuesta, había pasado de ser el dominador de la situación, a ser dominado y
estoy segura que no le importaba. Su respiración comenzó a hacerse más rápida,
no quería que se corriese, así que procedí a ponerme a horcajadas sobre él y
comencé a descender suavemente sobre su pene. Sentí en mi interior como se abría
paso, hasta parecer que llegaría hasta la garganta. Fueron tan solo unos
segundos los que estuvimos quietos, disfrutando de la situación.
Comencé a subir y bajar acompasadamente apoyándome en su
pecho. Miré hacia mi coño y pude ver perfectamente como su pene entraba y salía
de mi interior, arrancándome suspiros y gritos.
- Dame fuerte cabrón, párteme en dos con tu polla.
No me reconocía diciendo aquellas palabras, pero también es
verdad que no me reconocía en la situación en la que estaba, follando con un
desconocido en su piso. Pero Abel me había abierto a una nueva vida, y no
pensaba parar.
Martín puso sus dos manos en mis glúteos para ayudarme en el
movimiento. Yo ahora hacía círculos sentada sobre él. Se aferró con una mano a
mis pechos, mientras que con la otra palmeteaba viciosamente mis glúteos. Estas
"carias" desconocidas hasta entonces por mí, hicieron que tuviese un fuerte
orgasmo. Mis gritos se tenían que oír desde fuera de la rulote, así que Martín
procedió a ponerme una mano en la boca. Yo comencé a chupar sus dedos, en cuanto
que el orgasmo fue cediendo en intensidad. Fui recorriendo sus dedos, la palma
de su mano, su brazo…
Me eché hacia atrás, para que èl se pudiera incorporar, y así
sentados el uno sobre el otro, comenzamos de nuevo a movernos. Sus manos
recorrían mis pechos, hasta descender a mi inflamado clítoris. Me hacía un poco
de daño con el dedo, así que se lo cogí y procedí a chuparlo y a ensalivarlo.
Después yo misma le guié para que la caricia fuera más placentera. Eché
ligeramente la espalda hacia atrás, para que pudiese trabajarme con la mano.
Aceleré el ritmo de mis caderas en el momento en que noté que el orgasmo era
inminente. Se agarró fuerte a mis caderas, y sentí como los chorros de esperma
se introducían en mi interior, calientes, abundantes. Fue entonces cuando caí en
la cuenta de que no se había puesto preservativo. Después de unos instantes noté
como su pene se iba relajando en mi interior, así que puse una mano en forma de
copa, y fui levantándome para limpiarme.
- Ha sido fabuloso. Gracias por un polvo así.
- Espera un momento, te prometí que la noche sería especial,
y así tiene que ser. Esto no es más que el comienzo.
Se levantó y puso en marcha el televisor, tras unos segundos,
aparecieron en la pantalla una pareja haciendo el amor. ¡Éramos nosotros! Había
grabado todo.
- No te preocupes, después te la puedes quedar, o la podemos
borrar. ¿Quieres tomar algo mientras las vemos?
- Una cerveza estaría bien.
Me sirvió la bebida, y nos sentamos a ver la película en la
que yo era protagonista. Era la primera vez que me grababa haciendo el amor, y
resultaba de lo más excitante verse ahí. Comencé a sentir que mi coño pedía
guerra de nuevo. Martín se debió de dar cuenta por la forma en que le miré.
- ¿Cómo la has podido preparar?
- No preguntes. Dijo a la vez que soltaba una sonora
carcajada.
Me imaginé que no era la primera a la que grababan.
- Espera unos minutos y la fiesta continuará. Te prometo que
saldrás satisfecha de aquí, y con muchachas de tus fantasías hechas realidad.
- Parece que el día promete. Dije dándole un buen morreo.
- Quiero presentarte a unos amigos que me ayudarán a tal fin.
Se levantó y se dirigió a la puerta. Tras abrirla, entraron
los tres amigos que habían estado con él en la playa. Supongo que esperarían mi
reacción, porque todos se quedaron mirándome.
- Tengo cuerpo y ganas para todos. Respondí, asombrándome de
mis propias palabras.
Fue el pistoletazo de salida para los cuatro chicos. Los
recién llegados no perdieron el tiempo en milongas, y se desnudaron
completamente. Yo me senté en la cama para ver como se iban quitando la ropa.
Ante mí aparecieron unos cuerpos jóvenes, fibrosos, y que sin ser nada del otro
mundo, sí que estaban muy bien proporcionados. Se quedaron de pié, desnudos, y
mirándome para ver que es lo que sucedía. Estaba dispuesta a no perder la
iniciativa. Miré a mí alrededor y vi un frutero con distintas frutas. Me
llamaron la atención unos higos. Tomé uno de ellos y lo partí por la mitad.
Apareció su carne jugosa y dulce. Lo mordí mirando a los chicos lujuriosamente.
Pasé mi lengua por mis labios, apreciando el dulzor del fruto. Después pasé una
de las mitades por mis pezones, sin dejar de mirar a los chicos, que ya tenían
síntomas claros de excitación a tenor de sus penes erectos. Continué pasando el
fruto por mis pechos, y seguí por mi vientre hasta acercármelo a mis labios
vaginales. Los chicos me decían todo tipo de piropos, cada vez más subidos de
tono. No sé explicarlo, pero me sentía como una diosa del sexo. Proseguí pasando
el fruto por toda mi piel, y cuando hube recorrido todo mi cuerpo, y los chicos
estaban totalmente enloquecidos, me dirigí a ellos desafiante.
- ¿Os vais a quedar hay quietos?
Los chicos al unísono se acercaron a mí. Uno de ellos cogió
la cámara que estaba grabando, y procedió a grabar primeros plano del encuentro,
relevándose en cuanto las circunstancias lo exigían. Me tumbaron en la cama, y
procedieron a lamerme todo el cuerpo quitándome el azúcar del fruto. Era
maravilloso sentirse besada por varias bocas y acariciada por tres pares de
manos. Contra lo que pueda parecer, todo se hacía con un cierto respeto, con
suavidad, sin brusquedades. Me vi de repente elevada por sus manos, haciendo que
mi espalda se arquease, a la vez que sus manos acariciaban cada músculo. Me
depositaron sobre la cama de nuevo. Todavía me sentía flotando cuando uno de los
chicos, Javier, puso su pene en mi boca. Procedí a lamerle todo su miembro
ensalivándoselo a conciencia. Carlos comenzó a lamerme el coño, moviendo su
lengua frenéticamente, mordisqueando mi clítoris y jugando con él. Martín se
abalanzó sobre mis pechos, endureciendo mis pezones hasta el límite. Los sobaba
amasándolos con glotonería. Gemía y movía mis caderas al compás de sus manos y
de sus lenguas. No pude aguantar más y estallé en un inmenso orgasmo que
sorprendió a mis amantes, debido a la intensidad de mis movimientos y de mis
gritos. Dejaron que me recuperase un poco, eso sí, sin estarse quietos.
Me pusieron a cuatro patas y proseguí chupando el pene de
Javier mientras Martín me introducía su miembro. Carlos no permanecía inactivo y
por debajo de mí me chupaba y mordisqueaba mis pechos. Yo disfrutaba de los
placeres que me estaban dando, y también podía sentir como Luis se acercaba con
la cámara para grabar unos primeros planos, que ya preveía de gran carga
erótica. Mientras grababa aprovechaba a pasar una mano por mi piel, para
mantener intacta su erección. Yo por mi parte, cuando pasaba acariciaba su
paquete cada vez que se ponía a mi alcance.
Cambiaron de posición. Ahora era Martín el que grababa y Luis
al que chupaba y pajeaba su pene. Javier se puso tras de mí y me introdujo con
suma facilidad su miembro. Carlos se colocó junto a Luis y me dio a chupar su
erecto pene. Me agarré a sus glúteos para no perder el equilibrio al pasar de un
pene al otro. De vez en cuando les juntaba y los lamía al unísono, siendo esta
una caricia que mis dos amantes agradecían con sonoros gemidos. Javier me
bombeaba con acompasado ritmo, chocando sus testículos contra mis nalgas. De vez
en cuando palmeteaba mis nalgas, produciéndome una agradable sensación. Aceleró
el ritmo cuando su orgasmo estaba comenzando, sacando su pene para que un gran
chorro de semen caliente saltase a mi espalda, incluso parte fue a parar a mi
pelo. Seguí pajeando a mis dos amantes, mirándoles a los ojos y comprobando en
sus caras que el orgasmo estaba cerca. Me puse de rodillas y procedí a aumentar
la velocidad de la masturbación. Increíblemente, comenzaron a orgasmar a la vez.
Sus dos chorros de semen impactaron contra mi cara y parte fueron a parar a mi
boca, que no pudo albergar tanta cantidad, cayendo algunas gotas por las
comisuras de mis labios. Me sentía satisfecha de poder dar placer a estos cuatro
machos. Mi cuerpo estaba envuelto en sudor y semen. Mis amantes me rodearon y
casi en volandas me introdujeron en la ducha para que pudiera descansar y
ducharme.
La sensación del agua fría cayendo por mi piel relajó mi
caliente cuerpo, pero no mi calentura. Estaba extrañada yo misma de mi conducta,
y la verdad es que no sentía ningún tipo de remordimientos. Pensaba salir de la
ducha y seguir dándoles caña, demostrando la fortaleza sexual de las mujeres. En
estos pensamientos estaba, cuando la cortinilla de la ducha se abrió y mis
amantes aparecieron con una sonrisa en los labios.
- Esperamos que hallas descansado, porque la noche
sigue.
- Cuando queráis encantos.
Me secaron entre todos con varias toallas, aprovechando la
ocasión para sobarme a conciencia y subir mi calentura todavía más. Cuando
estuve seca, me tumbaron en la cama boca abajo, y procedieron a extenderme
aceite caliente por todo el cuerpo. Pocas veces se tiene la ocasión de que
cuatro pares de manos te masajeen por todo el cuerpo. Es una sensación
inenarrable. Estuvieron aceitando cada rincón de mi cuerpo durante un tiempo que
se me hizo eterno, porque todo mi ser pedía guerra. Estaba dispuesta a disfrutar
todo lo que mi cuerpo me pidiese. Tanta caricia no pasaba desapercibida para mis
amantes, y sus penes reaccionaron mostrándose en toda su plenitud. Cuando
consideraron que ya estaba suficientemente aceitada, me dejaron sobre la cama,
mientras se reunían por unos instantes y tramaban sus nuevos planes para mí. Me
fui volviendo poco a poco y mientras les veía deliberar sin perderme de vista,
yo comencé a pasarme mis manos por mi piel, sintiéndola suave y cálida. No
tardaron mucho en ponerse en movimiento. Martín fue el primero que tomó la
iniciativa, y con una sonrisa se dirigió hacia mí. Se puso sentado ligeramente
sobre mi vientre, y comenzó a pasar sus manos por mi cara, recorriendo y
marcando cada pliegue, cada ángulo. Fue descendiendo por mi cuello, mis pechos…
Yo cerré los ojos y me fui abandonando a sus caricias. Se tumbó junto a mí, y
poco a poco me fue poniendo de lado, para tras levantar una de mis piernas,
penetrándome con suma facilidad. Mientras se meneaba en mi interior, me cogía
mis pechos procediendo a jugar con ellos. Los demás por unos momentos se
contentaron con mirar, mientras Luis no perdía detalle con la cámara de video.
Fue Carlos el primero que se acercó, comenzando a devorarme literalmente mi
cuerpo. No dejaba rincón que escapase a su lengua, que usaba mejor que las
propias manos. Martín se sentó en la cama para que yo pudiese estar sentada
encima de él. Dándole la espalda, procedí a subir y bajar a un ritmo acompasado,
mientras Carlos se había puesto de pié y me daba su pene para que lo pudiese
chupar. Javier se acercó y se puso a mi lado. Luis por su parte dejó la cámara y
se colocó al otro lado de mí. Entendí perfectamente lo que querían, y la
situación quedó plasmada en la cámara de vídeo de esta manera: Martín me estaba
penetrando estando yo sentada sobre él; Carlos de pié frente a mí, tenía su pene
en mi boca, y se movía como si de una vagina se tratase; Luis y Javier cada uno
a un lado, tenían sus penes en mis manos, y les estaba procediendo a masturbar.
Aún no sé como me podía mover en esas condiciones. Todo mi cuerpo se estaba
empleando a fondo para dar placer a mis cuatro amantes. Los gemidos de los cinco
inundaban el piso. Mis ojos no se cerraban tratando de retener todo lo que
estaba pasando en esa "noche de sexo y locura". Sentía que cada poro de mi piel
recibía mil descargas que se transmitían a mi cerebro. No pude aguantar más, un
nuevo orgasmo recorrió todo mi cuerpo, y se transmitió a los cuerpos de los
jóvenes. Alguno de ellos estuvo a punto de terminar también, pero se retiraron a
tiempo, con el fin de no quedar excluidos en lo que quedaba de noche.
- ¡Dadme vuestra leche! Grité desesperada, pero obviamente
ninguno me hizo caso.
Martín salió de mi interior y acercando sus labios a mi oído
preguntó:
- ¿Te está gustando Judith?
Afirmé con la cabeza mientras me mordía los labios.
- Pues esto va a seguir, pero recuerda que lo puedes parar
cuando tú quieras, se trata de que todos disfrutemos. ¿De acuerdo?
Volví a asentir con la cabeza. Que si estaba dispuesta a
disfrutar, ¡ya lo creo! Pensé que jamás en la vida me volvería a suceder nada
como aquello. La verdad es que estaba intrigada por lo que aquellos chicos me
tenían aún preparado, porque mi mente no imaginaba que era lo que aún nos
quedaba por hacer. Bueno sí, pero no estaba dispuesta a ser penetrada por ahí.
Pocas películas pornográficas había visto, pero ninguna se acercaba ni de lejos
a la que sin duda estábamos protagonizando los cinco.
Cuando me hube repuesto de mi orgasmo, Luis trajo en pañuelo
con el que procedió a taparme los ojos. En un primer momento me negué, pero de
nuevo la voz de Martín me tranquilizó. Era curioso el efecto que este chico me
producía. A pesar de la situación, era como si sólo estuviésemos los dos, y
seríamos amantes desde hace mucho tiempo. Procedieron al fin a taparme los ojos,
y después me levantaron para dejarme de pié en mitad de la habitación. Me
levantaron los brazos, y con dos pañuelos me sujetaron a un armario. La postura
no era incómoda, y mis sentidos se agudizaron para percibir cualquier ruido,
cualquier olor que pudiera darme alguna pista de lo que iba a suceder. Pero
ninguno de los sonidos que llegaban a mí, me daba pista alguna, así que
sencillamente me puse a esperar los sucesos. A los pocos minutos sentí que mis
amantes estaban a mí alrededor. Mi cuerpo empezó a sentir como varias bocas
recorrían cada espacio, cada rincón, cada poro… Mi cuello, mis pechos, mi
vientre, mis ingles, mis nalgas, mi sexo… nada quedó fuera del alcance de sus
lenguas y de sus labios. Eché la cabeza hacia atrás para sentir cada caricia.
Separaron un poco mis piernas, y noté como unas manos separaban mis labios
vaginales, y como poco después una lengua exploraba el interior de mi sexo. Mi
clítoris se endureció hasta el punto de que podía notarlo, como si tuviera vida
propia. También mis nalgas estaban siendo acariciadas, y de vez en cuando un
dedo pasaba por mi virginal ano. El chico que estaba acariciando y besando mis
pechos, se estaba empleando a fondo. Mis pezones le estaban regalando una dureza
extrema.
Estaba gozando como nunca, cuando unas manos se posaron en mi
vagina, procediendo a separa los labios. Algo comenzó a introducirse en mi sexo.
No era un pene. Era algo esférico. Cuando estuvo totalmente introducido en mí,
otro artefacto comenzó el mismo camino. En mi interior se juntaron los dos
aparatos, que en un momento dado comenzaron a vibrar. Se trataba de las famosas
bolas chinas. Ni en mis sueños más eróticos, me había imaginado que las hubiese
podido utilizar alguna vez. Una serie de escalofríos comenzaron a recorrer mi
cuerpo. Me puse a morder mis labios, y mis piernas comenzaron a moverse
cerrándose una sobre otra, en busca de un mejor contacto de las bolas con la
vagina. Noté las sonrisas de mis amantes al percatarse del placer que mi cuerpo
estaba recibiendo. Alguno agarró mis labios vaginales y los juntó más con los
dedos, incrementando las sensaciones. Los chavales sabían muy bien lo que
hacían. En esas estábamos, cuando en mi boca comenzó a caer un chorro de miel
templada. No pude contener toda en la boca, y comenzó a caer por las comisuras
de mis labios, para acabar en mis pechos, y seguir hasta mi vientre. Después las
lenguas volvieron a la carga e hicieron desaparecer toda la miel de mi cuerpo.
Entre las bolas, y las lenguas, no pude más y comencé un nuevo orgasmo, que
debido a la postura en la que estaba, solo podía expresar por medio de gritos,
que seguro se escucharon en el exterior. Mis gritos y gemidos duraron más de un
minuto. Cuando mi orgasmo terminó, las bolas chinas seguían con su trabajo en el
interior de mi vagina, y por lo que parecía, ahí seguirían un rato. Alguien se
agachó, y cogiéndome las piernas las colocó sobre sus hombros, para comenzar a
trabajar sobre mi clítoris. Recorría mis ingles y mis labios vaginales.
Introducía la punta hasta tocar las vibrantes bolas.
- Me vais a matar cabrones. Metedme una buena polla de una
vez. Les grité desesperada.
El que me tenía sujeta, me soltó dejando mis piernas en el
suelo de nuevo. Separaron mis labios vaginales, y procedieron a sacar las bolas
de mi interior. Noté una sensación de vacío, pero en mi interior seguía notando
el cosquilleo que me habían provocado. Quedé con mis piernas abiertas a la
espera de acontecimientos. De pronto noté la punta de un pene en la entrada de
mi coño. Tenía un tamaño extraordinario. ¡Era un consolador! El tamaño era tan
grande, que no podía entrar. Lo pusieron en marcha para que fuese más fácil la
maniobra. Poco a poco el vibrador fue entrando en mi interior. A la vez que
entraba, mi amante procedía a girarlo. No era consciente del tamaño, pero tenía
que ser descomunal. Mis músculos vaginales fueron cediendo hasta ser capaces de
alojar todo el aparato en mi interior. Cuando chocó con el interior, mi amante
comenzó un suave mete y saca que me estaba volviendo loca. Estuvo así un buen
rato, en el que volví a tener un nuevo orgasmo. Mi interior se tenía que estar
enrojeciendo, porque comencé a notar un leve escozor. Así se lo dije a los
chicos, que enseguida solucionaron el problema poniendo aceite en el vibrador.
Sentí alivio poco a poco, a medida que el aceite lubricaba mi interior.
Siguieron moviendo el aparato dentro de mí, hasta que me desataron y con los
ojos tapados me llevaron a la cama, dejándome de pié en ella. Dos de los chicos
se tumbaron en la cama, formando una especie de aspa. (Esto lo vi posteriormente
en el vídeo). Juntaron sus penes con la mano, y otro me fue descendiendo hasta
que mi vagina tuvo contacto con los dos penes. Me sorprendió la maniobra, tanto
como que pudieran entrar en mi vagina sin ningún esfuerzo. Entonces entendí el
por qué me habían metido semejante aparato anteriormente. Comencé a balancearme
sobre ellos, sintiendo sus dos penes moviéndose en mi interior. Me quitaron el
pañuelo de los ojos, y pude ver que mis dos amantes eran Martín y Javier, sin
duda los dos que mejor estaban equipados. Miré a los ojos de Martín que era
quien me pillaba de frente, y pude ver un grado de ternura en su mirada. Sus
dientes asomaban en medio de una pícara sonrisa. En un gesto de complicidad me
guiñó un ojo, a lo que yo respondí con un gesto de asentimiento, mientras me
pasaba la lengua por mis labios, humedeciéndolos sensualmente. A la vez que me
balanceaba sobre ellos, estos manejaban sus manos por todo mi cuerpo, en
especial los pechos y mis nalgas. Javier de vez en cuando se atrevía a detenerse
en mi ano, presionando suavemente, pero sin llegar a introducirlo. Se me ocurrió
que mientras me movía, podía girarme y colocarme frente a Javier. Así lo hice, y
lentamente con los dos penes en mi interior, fui girándome hasta quedar frente a
Javier. Los dos muchachos emitieron un suspiro prolongado de placer, señal de
que la maniobra les había gustado, e incluso creo que les sorprendió mi
iniciativa. Humedecí dos dedos en mis labios, y me puse a pasarlos por los
pezones de Javier, que arqueó su pubis al sentir tan excitante caricia. Martín
por su parte animó a Carlos a acercarse y acariciarme todo el cuerpo, para que
"no me enfriase". Luis no dejaba de grabar en todos los ángulos posibles. A
estas alturas de la noche, ya me había olvidado de que todo se estaba grabando.
Tenía cierta curiosidad por ver que es lo que salía en la cinta.
Martín separó mis nalgas, y con un gesto de sus manos, me
indicó que me echase hacia delante.
- Soy virgen por ahí.
- No te preocupes, no te haremos daño, y si no te gusta
paramos. Recuerda que estamos para gozar todos.
Noté que un líquido gelatinoso recorría el canal de mis
nalgas, y alcanzaba la altura de mi ano. Un dedo de Martín introducía parte de
ese líquido en el interior, y poco a poco fue presionando en la entrada, con
total sutileza, sin forzar, dejando que fuesen mis músculos los que dieran la
orden de avanzar. Yo mientras tanto me puse a chupar el pecho y los pezones de
Javier, que con los ojos cerrados suspiraba en cada caricia que yo le daba. Los
dos penes se movían dentro de mí como si tuvieran vida propia. Mi interior no
tenía ni un solo punto que no estuviese siendo frotado por aquellos dos penes.
Toda la piel estaba hipersensibilizada, y el placer me estaba llevando al
éxtasis. Martín seguía trabajándome el ano, introduciendo suavemente el dedo,
hasta que consiguió meterlo por completo. Se detuvo unos instantes para que mi
ano se dilatara lo suficiente para permitir un mete-saca sin que me dañase.
Carlos me puso el pene junto a la boca para que le trabajase su miembro. Todo mi
cuerpo trabajaba para dar y recibir placer. Martín, cuando creyó que mi ano
estaba preparado, procedió a menear su dedo en mi interior. Era una sensación
nueva para mí. Por un lado en mi vagina tenía alojados dos penes, y mi ano
estaba siendo desvirgado por un juguetón dedo, que no me daba dolor, sino
placer. Esto acabó por derribar las pocas barreras que me quedaban, y me dispuse
a gozar por todos los agujeros de mi cuerpo. Los gemidos de los cuatro se
mezclaban con frases inconexas, y palabras subidas de tono, que caldeaban más
aún el ambiente. Mi ano ya se había acostumbrado a la penetración, y Martín
parece que también se dio cuenta, porque puso un segundo dedo a la entrada, y
comenzó una suave presión. Un pequeño dolor hizo que pusiese mi mano en la suya
para evitar que siguiese avanzando. Así la tuve unos instantes hasta que el
dolor prácticamente desapareció. Entonces quité la mano y le animé a seguir.
Martín así lo hizo. El segundo dedo seguía avanzando a través de mi dilatado
ano, y podía notar como se unía al acompasado movimiento de los dos penes. Se
rozaban, con la única separación de la fina membrana. Todas estas sensaciones
eran demasiado para mí, y esta vez el orgasmo fue como una explosión en mi
interior. Todo mi cuerpo se convulsionó de forma violenta y descontrolada,
haciendo que Martín sin querer, acabase metiendo los dos dedos hasta el fondo,
de golpe. Quedé quieta, varada en los dos penes que me ensartaban. Mis ojos
parecían querer salirse de sus órbitas. Todos se quedaron quietos para ver cual
era mi reacción, y quedaron sorprendidos con mis gritos.
- ¡Quiero más!, penetradme, abrirme todos los agujeros,
llenadme con vuestra leche.
No se hicieron esperar. Salieron de mí, y Carlos se tendió en
la cama, para que me metiese su pene en mi vagina. Casi no la noté cuando me lo
introduje, pues mi coño aún lo tenía dilatado por el tratamiento del consolador
y de los dos penes. Me agarró por la nuca y me acercó a su cara para darme un
morreo de película. En esta postura mi culo quedó ofrecido, y Martín poniéndose
detrás de mí, colocó su lubricado pene en la entrada, para sin darme tiempo a
decir nada, comenzar a presionar. Cuando mi esfínter notó la presión, se
tensionó, produciéndome un gran dolor. Martín me dijo que me relajase, que no
seguiría avanzando hasta que yo no le diese una señal. Aquello me relajó. Me
quedé quieta hasta que el dolor fue remitiendo. Fue entonces cuando le dije a
Martín que siguiese. Su pene se fue abriendo paso a través de mi ano, ya sin la
resistencia inicial. Solo se detuvo cuando sus testículos toparon con mis
nalgas. Ambos comenzaron a menearse al mismo tiempo y sentí en todos los poros
de mi cuerpo su dulce taladro con la cintura anillada por sus brazos. Carlos
posó de nuevo sus labios en mi boca, mientras que Martín acoplaba sus manos a
mis pechos. Se movían en mi interior separados por la fragilidad de mis tejidos
que se volvían elásticos, se adaptaban como guantes a sus sexos. Las acometidas
de ambos, eran rítmicas, con una sincronización perfecta para que cada pene
hiciese su trabajo sin estorbar al otro. Carlos no pudo más, y su semen golpeó
el fondo de mi vagina. Mientras el orgasmo le sacudía, pellizcó viciosamente mis
nalgas, hasta producirme un interesante dolor. Al poco tiempo pude notar como su
pene se relajaba en mi interior, hasta salirse por sí mismo. Tras él, salió todo
su semen, que se derramaba por mis piernas. Martín seguía bombeando rítmicamente
mi ano. Sus manos no soltaban mis pechos, acariciando mis pezones a modo de
puntas de lapicero. Comenzó a acelerar su respiración y su ritmo de penetración.
Era la señal de que su orgasmo estaba próximo. Saqué su pene de mi interior, y
girándome rápidamente cogí su pene con ambas manos y comencé a masturbarlo
frenéticamente. Cuando las primeras gotas de semen asomaron, abrí la boca y me
dispuse a tragar todo su líquido. Ni una sola gota se desperdició. Después me
dispuse a dejar bien limpios los dos penes que ya daban síntomas de cansancio.
Los dos chicos tumbados en la cama, recibieron mis caricias con palabras de
agrado. Cuando terminé, me quedé mirando a Luis y a Javier.
- ¿Y vosotros que?
- Nosotros te tenemos una sorpresa final.
Me tumbaron de nuevo en la cama, y Javier comenzó a besarme
desde la frente hasta la punta del pié. Despacio, con una sensibilidad
extraordinaria. Después su pene se introdujo en mi vagina sin ayuda, como si
fuese por libre. Levantó mis piernas hasta sus hombros, notando como su pene
chocaba contra mi fondo. Después de los primeros movimientos, vi como Luis se
colocaba detrás de Ángel, y procedió a darle aceite en las nalgas. Por unos
momentos no entendí nada de lo que iba a pasar. Vi también como se lubricaba su
pene, y sin ningún tipo de miramientos lo introducía en el ano de Ángel. Este
notó la penetración, y dio un pequeño grito, más de placer que de dolor. Le
comenzó a bombear frenéticamente, con cierta violencia. El pene de Ángel creció
aún más dentro de mí. El espectáculo era alucinante. Puedo asegurar que mi
calentura estaba en su punto más alto, a pesar de todos los orgasmos sentidos
esa noche. Los dos chicos seguían con sus penetraciones, ante el ánimo de los
otros dos. Yo en cierta manera sentía el trabajo de los dos penes, como si
estuviesen unidos de alguna forma, y las sensaciones acabasen en mi ya cansado y
casi dolorido coño. Desde luego era la sorpresa final, ¡y qué sorpresa! Ángel no
aguantó más, y se derramó dentro de mí, uniéndose su semen al de los otros
amantes. Salí de debajo, y me coloqué al lado de los dos, para ver mejor sus
movimientos. Quedé hipnotizada con el pene entrando en el ano de Ángel. Este,
mordía las sábanas de la cama, a la vez que sus manos se agarraban a éstas.
Luis comenzó a penetrarle más fuerte, a golpes, a la vez que
sus gemidos se hacían más violentos. Cuando noté que su orgasmo comenzaba, saqué
su pene y cogiéndolo lo dirigí a mis pechos, donde fue a parar todo el semen que
violentamente, y en abundancia salía de su pene. Quedamos los cinco rendidos,
tirados por varios rincones de la habitación.
- He de reconocer que jamás olvidaré este día. Y por supuesto
quiero la cinta para mí.
Bebimos unas cervezas mientras se asentaba el sudor de
nuestros cuerpos. Después los cinco nos metimos en la ducha. Aún no se como
cupimos todos. Nos enjabonamos unos a otros en medio de grandes carcajadas. Por
momentos temí que todo volviese a comenzar, porque nadie perdía la oportunidad
de tocarme por todos los lados.
Pero el tiempo pasaba rápidamente. Me despedí de los cuatro,
con sendos besos en sus bocas. Martín se ofreció a acompañarme en el coche,
después regresaría en un taxi. Por el camino me acurruqué en sus brazos, y
hablando se nos fue pasando el tiempo. Mi sexo desnudo recibía las caricias del
asiento del coche. Cuando llegamos, nos despedimos con un beso y un abrazo.
Martín me entregó la cinta de vídeo. Nos miramos a los ojos, y tras sonreír…
¿Te apetece un paseo?. Dijo Martín
¿Quieres ir a cenar?
Fue una noche deliciosa la que pasamos. A Martín no le volví
a ver más, pero la cinta que me regalaron, aún me recuerda aquella noche, y más
de una vez me he masturbado delante de la televisión, intentando revivir
aquellos acontecimientos. Mi relación con el sexo cambió desde aquella noche
salvaje y loca.