Así llegó a su casa. Al quitarse el abrigo sacó la nota de su
bolsillo y la dejó sobre la mesita de noche. Luego se desvistió intentando que
aquella situación no le impidiera seguir adelante con su vida. Se quitó el
consolador y lo metió en su bolso. Se puso el pijama, fue a la cocina y sacó de
la nevera yogurt y una pieza de fruta. Lo puso todo en una bandeja y se fue a su
cama.
Encendió el televisor y mientras se perdía en una escena de
una película ya empezada, se sentó en la cama a cenar.
Se despertó temprano, mucho antes de la hora habitual. Estiró
sus brazos fuera de la cama y miró el despertador. Al hacerlo su mano rozó la
nota que dormía encima de la mesita y los recuerdos de la tarde anterior
volvieron a su mente.
En la hora siguiente intentó actuar con normalidad. La rutina de cada mañana le
servía de protección contra aquella situación que la mantenía nerviosa e
indecisa.
Tras ducharse llegó la hora de vestirse. Miró la nota y
decidió hacerlo de tal manera que si decidía acudir a la cita, su vestuario
fuese el apropiado. Abrió el armario y fue sacando la ropa y colocándola sobre
la cama. Medias color carne, conjunto de braga y sujetador blancos, falda larga
marrón con cortes en evasé que llega hasta la caña de las botas de tacón
marrones. Luego descolgó su camisa de raso color oro con una estrecha bufanda de
la misma tela que utiliza como foulard rodeando tu garganta o como cinturón
según el día, colocándola sobre la falda. Lo miró en conjunto y se sintió
satisfecha de su elección.
Te vistes. Por un instante dudas con el sujetador en la mano,
pero al final acabas por ponértelo. Rematas tu vestuario, acabas de maquillarte,
te calzas tus botas, coges tu bolso asegurándote de que el vibrador va dentro,
y sales a la calle.
No hace frío. Una preciosa mañana de otoño te acompaña hasta tu trabajo. Allí te
pierdes entre compañeros y ordenes de los jefes. Casi no te has dado cuenta de
que llega la hora del café, cuando tus compañeras te lo recuerdan. "ir delante
que yo ahora os alcanzo" les dices mientras se alejan camino de la calle.
Quedas sola y pensativa derrumbada sobre tu silla. Es el momento de decidir y
las dudas te pueden. Abres el bolso y ves en el fondo el consolador y te
decides. Te levantas, vas apresuradamente al baño, te cierras dentro y te
desnudas. Quitas tu ropa interior y la metes en el bolso. Coges el consolador y
lo hundes en tu coño. Al hacerlo te das cuenta de que está muy mojado. Sin duda
la situación te tiene excitada y no puedes contener tus deseos. Sientes miedo de
que el consolador pudiera deslizarse afuera de tu coño abierto y vuelves a
colocarte tu braga.
Cuando sales por la puerta de la oficina vas decidida a cumplir las órdenes de
la nota que llevas en tu bolso.
Son casi las once cuando pides un café y te sientas con tus
compañeras que ya lo han terminado hace rato. Tienen prisa. Quieren aprovechar
los quince minutos del café para realizar unas compras y se van apresuradamente
dejándote sola.
Son las once en punto cuando te levantas y vas hacia el baño. La cafetería está
llena a esa hora de gentes que como tú, bajan de sus oficinas a tomarse el café
de media mañana. Saludas maquinalmente a algunas caras conocidas mientras
avanzas hacia los servicios. Cuando entras, otras dos mujeres se retocan el
maquillaje ante el espejo mientras charlan animadamente. Te metes en la cabina
del water, cierras la puerta tras de ti, echas el pestillo y comienzas a
prepararte.
De pies, con las piernas separadas por la taza del water,
coges en tus manos la bufanda de rayón y te rodeas los ojos con ella. Anudas y
lo colocas para que no se deslice por tu cabeza. En ese instante sientes que el
vibrador te da un latigazo en tu coño. Un instante tan solo, pero que te altera
y pone muy nerviosa.
Te giras sin mover los pies y a tientas buscas el pestillo de la puerta. Lo
deslizas abriéndolo y te giras de nuevo hacia la pared. Subes tus brazos y
apoyas tus manos en los azulejos por encima de tu cabeza. Brazos estirados,
piernas abiertas y ojos vendados. Así esperas. Sientes abrirse la puerta de los
baños y entrar gente. Temes que alguien entre en ese water y no sea quien tú
esperas. Pero no te mueves. De pronto los baños parecen vacíos. Ningún ruido
delata la presencia de nadie. Entonces sientes que el vibrador comienza a
funcionar en tu coño mientras la puerta se abre a tus espaldas.
Sigilosamente sientes un cuerpo entrar en el pequeño habitáculo y colocarse tras
de ti. Escuchas el ruido del pestillo al cerrarse y luego sientes el tintineo de
algo metálico. Sientes algo frío ciñéndose a tus muñecas y al oír el clic del
cierre sabes que son unas esposas que rodean tus manos uniéndolas al tubo de la
cisterna que baja entre tus manos. Luego sientes que esas manos suben tu falda y
rozan tu culo. Te levanta la falda y la prende con un imperdible a tu blusa. Así
tu culo queda expuesto a la vista de quien esté detrás de ti. En ese instante
notas que una mano tira de tus bragas, sientes en tu piel el frío roce del metal
y te sobresaltas. La hoja de una navaja rasga la tela de tus bragas y estas caen
dejando tu coño desnudo. Sientes empujar sobre tus labios y por el olor sabes
que son tus bragas. Separas tus labios e introduce las bragas en tu boca. Te
sientes sofocada y humillada al sentir en tu boca el sabor de tu coño. Están
mojadas tus bragas, muy mojadas de tus jugos y ahora descansan en tu boca
amordazándote.
El silencio reina en el lugar. No habla. No deja que tú lo
hagas. No sientes sus manos sobre tu piel, pero sabes que está tras de ti
mirándote mientras el consolador sigue vibrando en tu coño.
Entonces notas un roce de unas manos en tu cintura. Unas
manos suaves te rodean la cintura y te colocan una fina correa de cuero
ciñéndola. El roce te estremece. Te desconcierta tan suave tacto en las manos de
un hombre. Las manos prosiguen su recorrido. Tiran de la correa asegurándose de
que no baja de tus caderas. Luego sientes que la mano se desliza por tu
entrepierna hasta tu cintura. De atrás adelante. Sientes como separan la correa
de tu piel y deslizan otra por debajo de la que te ciñe la cintura. Sientes
correr el cuero sobre tu piel. De pronto se detiene el vibrador. Unos dedos
finos, afilados y suaves hurgan en tu coño y sacan el consolador paseándolo por
tu coño abierto antes de retirarlo. Luego sientes la presencia de otro objeto
que se pasea por tu coño. Está frío y se pasea por la calidez de tus labios
abiertos y húmedos antes de hundirse en tu coño abriéndolo. Gimes tras la
mordaza. El nuevo consolador sale de tu coño y lo sientes empujar contra tu culo
que se abre fácilmente. El objeto no es muy grueso y entra con facilidad.
Sientes como manipulan las correas que cruzan tu entrepierna y sientes que se
ciñen a ti. Al hacerlo el consolador se aprieta en tu culo y queda sujeto. No
puedes verlo ni imaginártelo con exactitud. Pero algo han metido en tu culo y lo
han atado dentro.
Sigues inmovilizada en la misma postura y notas unas manos que buscan los
botones de tu camisa. Tus tetas surgen poderosas bajo la tela al abrirse. Unos
dedos rozan tus pezones y los aprisionan. Luego toman tus tetas al asalto
apretándolas y poseyéndolas enteras.
En esos instantes sientes un respingo y te revuelves intentando liberarte. Son
unas manos de mujer. Ahora ya no te cabe ninguna duda. Ella se aprieta contar
ti, acerca su boca a tu oído y susurra en él: "Mi amo me ha ordenado que te
coloque un consolador en tu culo y que te diga que deberás llevarlo hasta que él
te ordene quitártelo. También me ha dicho que prepare tus pezones para que
puedan ser anillados en el futuro. Y eso hago como la esclava obediente que soy"
Sus manos retoman tus pezones y los aprietan. Sudas. No sabes que hacer. Ya no
sabes si deseas que sigan martirizando tus pezones o que los liberen. Estás
perdida. Aquella mujer allí te ha descolocado definitivamente.
¿Quién es el amo de esa mujer? ¿Por qué la ha hecho llegar hasta ti?
La cabeza se te llena de preguntas sin respuesta mientras sigues allí
inmovilizada con tus pezones aprisionados en unos dedos ágiles que no cesan de
rozar, estirar, apretar o pinzar tus pezones... Se arrima a ti por detrás y
sientes sus tetas aplastarse contra tu espalda mientras sus manos suben por tus
brazos hasta las esposas que te sujetan al tubo de la cisterna. Se agarra a tus
muñecas y con su pubis empuja contra tu culo. Sientes el consolador clavarse más
profundamente y aquella mujer retoma el camino de tus tetas. Se demora un buen
rato en tus pezones y luego prosigue su viaje hacia tu coño. Cuando sientes sus
manos en tu pubis haces un gesto instintivo de querer zafarte pero al hundir
ella sus dedos en tu raja la convulsión que te sacude te hace olvidar tus
miedos.
Nunca has estado en brazos de una mujer. Nunca te habías
excitado pensándolo. Pero ahora ya no te preguntas nada. Tan solo intentas
concentrarte en un orgasmo que comienza a subir de tu coño hasta estallar en tu
cerebro. Te derrumbas colgada de las esposas cuando de pronto ella se detiene,
sus dedos abotonan tu camisa, suelta el imperdible que sujeta tu falda y esta
cae cubriendo tu culo. Sientes el ruido de una llave abriendo las esposas y casi
sin darte tiempo a saber que es lo que sucede la chica desaparece del baño. Te
giras apresurada, echas de nuevo el pestillo y te sientas sobre la tapa del
water.
Confundida, fatigada y sudando en estos momentos la duda se
adueña de ti. Cuando regresas a la cafetería ya no queda allí nadie de la
oficina. Apuras el paso y sales a la calle con dirección a tu trabajo. Es
entonces cuando sientes moverse en tu culo el consolador firmemente atado a ti
por la mujer de los baños. Miras a tú alrededor pero nadie delata su presencia.
Subes a la oficina. Es hora de seguir trabajando.