Capitulo 3: La Tutoría de Abigail
Con su nuevo equipo Diógenes salió a entrenar, pero su hacha
pequeña seguía siendo inútil para vencer a monstruos tan duros como los
gigantes. Una risa fresca llamó su atención, una chica de ojos claros se reía de
él. La ajustada armadura que ceñía sólo resaltaba su figura escultural. El
sobrio arco que cruzaba su espalda acompañado de su carcaj daban parte de su
oficio de arquero.
Diógenes quedó embobado mirándole, esa mirada lo había
cautivado. Los nervios lo hicieron actuar torpemente y esto divertía mas a la
chica. Esta se dirigió al muchacho en tono afable:
Dime ¿saldrás con ese escarbadientes a luchar contra
los gigantes?
No tengo otras armas y no poseo los recursos para
hacerme de algo mejor- Respondió el muchacho.
Usa mi espada auxiliar, te será muy útil a ti que
eres guerrero- Dijo la chica mientras le extendía con su mano una espada
envainada.
El joven tuvo que tomar el arma con ambas manos, le faltaba
fuerza para manejar el arma con propiedad. La chica rió ante el cuadro que le
ofrecía el novato, parecía inteligente pero le faltaba la fibra para
desenvolverse como combatiente. Comenzó a caminar y Diógenes, embelesado, la
siguió. Al llegar al final del puente de salida, la mujer le habló:
Mi nombre es Abigail, te protegeré en caso de que te
metas en aprietos.
Gracias, espero no causarte problemas- Dijo el
muchacho sonrojándose.
Al pasar el puente salieron del lugar seguro. Un cementerio
se levantaba lúgubre ante ellos. Repentinamente, un esqueleto atacó al muchacho
con una pesada espada de hoja muy ancha. Este evadió el golpe y atacó torpemente
con la espada de doble filo que le facilitó Abigail. Sin embargo, pudo dejar sin
un brazo al esqueleto que cayó al suelo convertido en un montón de huesos. Los
aplausos de la chica sorprendieron al muchacho que no vio venir ese hechizo
sobre él... el dolor en su cabeza lo despertó dentro de Lorencia.
Volvió a encaminarse por el puente, al final del cual le
esperaba la chica algo desilusionada. Ésta se le acercó y dándole una palmada en
la frente le increpó:
Tienes que mantenerte alerta, no todos avisan sus
ataques. Además, no logras blandir correctamente la espada.
Pero es un arma muy pesada para mí.¿No tienes una mas
liviana?- Se quejó el muchacho.
Vuélvete más fuerte- Le dijo ella mientras reía
socarronamente.
La respuesta fue sencilla y corta, no había otra forma para
dominar la nueva arma. Bajo la supervisión de la fémina comenzó un duro
entrenamiento en el cementerio y más de una vez tuvo que volver a salir a luchar
contra Lichs (Lúgubres hechiceros ataviados con levitas negras ) y Esqueletos.
Estos adversarios eran tan fuertes como los gigantes y más duros que estos; con
el tiempo fue aprendiendo como vencerlos y anticipar sus ataques.
Abigail le observaba y analizaba, corrigiendo sus errores y
señalándole los fallos que podían costarle caro. Estaba claro que ella era una
guerrera muy experimentada a pesar de su figura delicada. Gracias a eso Diógenes
logró rápidamente dominar la pesada espada.
Cierto día, luego de salir a entrenar, se halló con que su
mentora no se hallaba en el lugar de costumbre... era muy raro e, intrigado,
comenzó a caminar por el cementerio en forma sigilosa. La encontró cerca de unas
tumbas dejando flores y rezando. Estuvo unos instantes allí, luego se levantó y
se dirigió hacia el sur.
Hacia esa zona había un puerto abandonado. Se decía que allí
cada tanto un buque fantasma llevaba a los guerreros a un lugar maldito llamado
las tierras del exilio. Diógenes la seguía de lejos, era la primera vez que la
veía actuar de esa manera. Ya cerca del lugar, vio como embrazaba su arco y
apareció repentinamente un dragón dorado. La criatura era más alta que los
árboles que había en el lugar haciendo parecer pequeños incluso a los
gigantes... sus ojos oscuros localizaron a la dama y dirigió su aliento
calcinante hacia la ella. Ésta sacó una de sus flechas y fijando el blanco en la
frente del animal la soltó con suavidad. El recorrido de la saeta fue como un
rayo de fuego que impactó en el blanco y la bestia cayó muerta en el acto.
Abigail se acercó al cadáver, extrajo una de sus filosas
dagas y practicó una incisión en el pecho del dragón. La sangre de la bestia
brotó a borbotones, empapándole. Metió sus manos mas adentro de ese cuerpo aún
caliente hasta que su pecho se pegó al cuerpo de la criatura. Momentos después
despegó una caja pequeña que brillaba levemente. La sangre que ahora le bañaba
apenas dejaba ver sus ojos, la caja la guardó en una bolsa pequeña que anudó al
cinto de su armadura. Diógenes se quedó asombrado, ella sola había logrado
derrotar con gran facilidad a una criatura muy poderosa. Era tan vigorosa como
ese asesino que le había salvado la vida hace tiempo ¿Cómo se llamaba...?
Otra flecha que se clavó a unos centímetros de su cabeza lo
sacó de sus cavilaciones. Había sido descubierto por Abigail y tuvo que salir al
descubierto para no ser atravesado por otra flecha que ya estaba a punto de ser
disparada. Al verlo, lo reconoció y dando un silbido corto guardó la flecha en
el carcaj. Se limpió la cara y le sonrió al muchacho que le alcanzó un
recipiente con agua para que la chica se limpiara un poco mejor la sangre. Ella
acercándose al muchacho le dio una palmada en el hombro en forma afectuosa y le
dijo:
Te has vuelto realmente bueno Diógenes. Me has
seguido sin que me percatara de ello. Y eres lo suficientemente
inteligente como para resolver situaciones peligrosas. Me agrada tener
una alumno como tú.
He tenido una buena maestra- Dijo el muchacho algo
avergonzado.
Puede ser- Dijo ella mientras se acomodaba los
mechones de pelo rubio.
Continuará...