El mejor sexo II
La primera vez que hable de mi amigo Berni, como un objeto de
deseo y lujuria, me sentí demasiado excitado, principalmente porque nunca antes
le había contado a alguien lo que paso con él. Pero lo que paso con él en la
primera parte no fue el final de nuestra ‘’relación de amigos’’, sino que
continuo tiempo después de sucedido lo que sucedió.
Todo comenzó un miércoles por la mañana, como
era de esperarse y como ya sabrán, me levante muy tarde, y nuevamente todo me
había salido mal, el agua de la ducha salía helada, el café instantáneo era todo
lo contrario, el autobús se me paso, para cuando llegue a la escuela era tarde,
muy, muy tarde.
Por consiguiente tuve que soportar risa
tras risa y burla tras burla de mis compañeros, pero como siempre o casi siempre
llegaba tarde, ya me había acostumbrado y a cierto punto eso me agradaba, ja,
ja.
Al salir del colegio, luego de una larga y
decadente jornada estudiantil, llene de libros mi mochila, y también de fotos de
mi amado y me fui a mi casa. En el trayecto me fui acordando de los buenos
momentos que habíamos pasado aquélla tarde en mi casa, mientras hacíamos el amor
en el sofá como animales salvajes, y a la vez profesábamos nuestro amor, o por
lo menos eso me pasaba a mí.
Realmente nunca le dije a nadie que
teníamos el record del mundo en querernos, y algo mas, pero la cosa es que
extrañaba a esa persona que no solo me quito la virginidad en el sillón de forma
totalmente brusca, sino que era dueña de mi corazón.
Casi siempre hablábamos por E-mails,
pero por alguna rara razón, situación y/o circunstancia había algo que no nos
permitía seguir hablando y teníamos que irnos, cuando no era un problema
económico, académico, familiar, político o étnico, bueno, étnico no, tampoco
vivíamos en Yugoslavia, pero...
Nuestro principal obstáculo actual a
vencer, era la distancia, porque entre Córdoba y Buenos Aires hay 317 Km. y
realmente era un trayecto largo y costoso. Pero surgió la situación perfecta que
me permitiría volver a ver a mi amor, mi tío estaba muy enfermo en Buenos Aires
y mi padre iba a ir solo, razón por la cual me ofrecí a acompañarlo.
En realidad con mi tío no nos llevábamos
del todo bien, o sea, que para mí era lo mismo que viviera o que se muriera,
además con 97 años que no esperara ser Matusalén de un día para otro.
Emprendimos viaje, pues, y en el camino
mientras mi padre se preocupaba por SU tío yo me preocupaba por MI amor del alma
al cual hacia mas de un año que no veía, ni sentía un contacto físico ni nada
que se le pareciera, en ese tiempo había tenido mucho sexo pero como el ningún,
o sea que ya en el camino estaba en llamas y quería que me apague su manguera,
la cual durante mas de 7 horas fue únicamente mía.
Al llegar al hotel mi padre corrió a
su habitación a cambiarse para salir luego donde mi tío, y yo, como siempre con
la simpatía típica de mi persona y el sarcasmo correspondiente a la situación a
enfrentar, durante el día: el viejo cascarrabias; durante la noche: que tan duro
íbamos a gozar sexualmente mi Berni y yo.
Dentro de poco iba a sentir su piel
rozando con mi piel y sofocándome con sus demás elementos, pero tendría que
esperar a que mi padre se fuera, pese a que estábamos en habitaciones separadas,
mi padre era un pesado que a cada rato quería saber que, como, cuanto y con
quien estaba, o sea, no íbamos a llegar ni a un beso que el viejo ya estaría
cerca nuestro.
Cuando se fue, fui
a su habitación y me lleve a la mía su notebook, me metí en Internet y trate de
localizar a mi amante, tuve una suerte increíble, porque justo lo encontré
minutos antes de irse.
Lo primero que le pregunte era en
que lugar se encontraba, que quería encontrarme con él, el se rió, ya que
pensaba que yo estaba en Córdoba, le dije que tenia una sorpresa para él, que
tenia que ir a la habitación 134 del hotel Sheraton esa misma noche, el lo dudo,
pero con cierta incertidumbre fue.
Golpeo la puerta, yo lo miraba por el
ojillo de las mismas, y lo notaba como desalentado, como si lo hubiera echo ir
en vano, cuando abrí la puerta se llevo la sorpresa de su vida, su cara era
difícil de describir, la verdad que nunca se lo habría visto venir.
El no sabia como reaccionar, por
suerte yo si, como intentando abrazarlo, lo empuje dentro de la habitación y lo
tire sobre la cama. Él me preguntaba que hacia en Buenos Aires e intentaba que
mantuviéramos una conversación, yo tenia otra idea fija en mi cabeza, le sacaba
como podía la ropa y quería eso, eso que hacia un año nadie me lo hacia como él.
Salvajemente lo empuje contra la
cama, una vez ambos desnudos me monte en su pija y comenzamos a sentirnos vivos
nuevamente, no te das una idea como necesitaba ese mástil partiendo mi cueva.
Estábamos tan calientes que
cada vez lo hacíamos más rápido y con más fuerza, era prácticamente una masacre
sexual, se gozaba como nunca, pero había que estar ahí. Me puse en cuatro y me
dio como nunca en su vida, las sabanas pasaron de un azul marino a un blanco
barniz en menos de 10 minutos, y cada vez era más.
Lo mame, me mamo, nos mamamos
durante largo rato, lo que más le excito era que antes de chupársela le dije que
no pararía hasta dejarlo seco por completo, y así fue, hasta que no termine de
hacerme gárgaras con su leche y blanquearme los dientes no me detuve, fue tan
rico, era como tener un río de yogurt en la boca, y lo bueno es que la leche
tiene calcio y vitaminas, ja, ja.
Ambos estamos embadurnados en
el semen ajeno, nos frotábamos como nunca lo hicimos, la cama se movía con tal
intensidad que en una ocasión casi se desarma, pero no fue impedimento para
nuestra lujuria, ya que continuamos nuestro encuentro en el baño. El se sentó en
el inodoro y yo lo mame de arriba a abajo. Hasta que nos metimos a la ducha
caliente, el agua que rozaba mis nalgas dilataban aun más mi rojo, dolorido y
alegre ano que pedía mas y más pese a la brusquedad del asunto.
Agotados de tanto sacudirnos
mutuamente, nos duchamos, nos vestimos y salimos a dar una vuelta por el lugar,
en el camino me pregunto que hacia allí y a que había venido, le explique todo
con lujo de detalle y que le extrañaba mas de lo normal. Además se justificaba
por la manera con que habíamos garchado en la habitación.
Le único que pude responder a todas
y cada una de sus preguntas fue un simple TE EXTRAÑABA MUCHÍSIMO.
Al día siguiente fue casi
parecido a lo acontecido la noche anterior, lo cite de nuevo en mi habitación
para ‘’charlar’’ y la verdad es que charlar era lo que menos hacíamos en cada
uno de nuestros encuentros.
El sábado me invito a comer a su casa
con su familia, ya que yo estaba solo y mi padre estaba con el viejo choto de mi
tío, ni bien me lo propuso acepte.
Su familia era de lo más agradable,
simpáticos, muy amables en todo lo que hacían, trataban de hacerme sentir
cómodo, pero en el único lugar en que yo me sentía cómodo era estando encima de
mi amigo.
Después de comer, charlamos de
esto y de lo otro, hasta entrada la noche. Fue cuando entro su hermana, y le
dijo si podría cuidarle su departamento por dos días, ya que ella y su marido
tendrían que salir de la ciudad por X razones.
Momento que alegro a ambos en
lo más profundo del ser, por lo menos el se ofrecería a cuidarle la casa, ella
podría salir tranquila de la ciudad y yo obtendría nuevamente mi querida
gasolina semi espesa.
Ya en el ascensor estábamos
cachondos, esperando con ansias el tan esperado momento en que nuestros cuerpos
se ubicasen uno dentro del otro y en un baile de sagaces movimientos pélvicos
encontráramos la posición que nos hiciera gritar como cerdos desesperados por
hacer chanchadas y embarrarnos en la fragancia a hombre que el otro emanaba, o
sea en castellano: estábamos tan calientes que no aguantábamos mas, él
necesitaba desenfundar su pija y yo necesitaba que me dejara el culo como un
embudo.
No podía ni embocar la
llave en la ranura de lo nervioso que estaba, tal vez la impaciencia de estar
gozando como niños pequeños, tal vez la idea de volver por 19ª vez a tener sexo
en una semana, o simplemente la idea de lamer el cuerpo ardiente del otro, que
se yo... lo único que se es que la llave no entraba y yo necesitaba que me
entraran.
Cuando por fin dio con la
ranura, de la puerta desgraciadamente, entramos a toda carrera al living,
parecía lucha libre, porque literalmente me levanto en el aire y me tiro
contra el sofá, se me lanzo al mejor estilo salto del tigre, pero era una fiera
en celo deseosa de poder reproducirse con su acompañante, el caso es que me
arranco la camisa de un tirón y mis boxers quedaron para la miseria,
técnicamente en el olvido, volaron por los aires y no los vi mas.
Me llevo en hombros
hasta la cama y allí mismo me devoro con toda glotonería la pija, cada cabeceada
me hacia ver mas y más cerca las estrellas, era un sexo cósmico desde un
departamento de dos ambientes, pero el ambiente estaba demasiado agitado ese
momento.
Voluntariamente se puso
como un perrito que quería sentir encima suyo a su dueño, dándole matraca loca
hasta el final de la noche, que parecía nunca mas terminar, o por lo menos
ninguno de los dos quería acabarse.
Le revente, prácticamente,
esas hermosas nalgas atléticas que me pedían con inmenso rigor que no me
detuviera en la actividad que realizaba y le diera y le diera, y él quería y
quería, y yo le daba y le daba. Era un intercambio sexual en el cual ambos
obteníamos algún beneficio, pero él recibió mi Peneficio.
La cama por poco no se
convirtió en un montón de tablas suspendidas que sostenían un colchón con
resortes que facilitaban mi entrada en el cuerpo de mi amor, o más bien, de mi
victima sexual, que parecía morir con cada gemido y yo desaparecer con cada
cogida.
En algún momento tendríamos
que parar, pero ninguno quiso que eso sucediera, y lo que comenzó como una
simple revolcada, termino 7 horas después que el cansancio y la satisfacción de
ambos al notar tanto en las sabanas como en el cuerpo del otro que realmente
habíamos logrado nuestro cometido y realmente la pasamos mas que bien, la
pasamos bomba, sobre todo yo, que pude pasarme por entremedio de esas hermosas
nalgas redonditas y respingonas que parecían destruidas. Aniquiladas de tanto
frenetismo y desenfreno carnal, en ese momento podría haber escrito una nueva
versión del Kamasutra con 780 posiciones nuevas, descubiertas en ese momento.
Simples suspiros y miradas de
alegría se observaban en la habitación, no teníamos aliento, siquiera, para
dirigirnos la palabra, pero con nuestras miradas de feliz cumpleaños y las
sonrisas de oreja a oreja se comprendía perfectamente que el objetivo de una
noche inolvidable se había cumplido.
A la mañana siguiente, o
debería decir: al mediodía siguiente, ya que habíamos amanecido como a eso de
las 2 de la tarde, nos miramos con simples e inocentes miradas de amor, como se
ve una pareja de enamorados después de haber pasado la noche mas maravillosa de
sus vidas, un beso en la boca fue la forma de decir, buenos días.
Me dijo que me quedara en la cama,
que me traería una sorpresa, pensé: me la va a volver a dar, yo me quede como me
dijo, ni bien lo vi levantarse completamente desnudo y ver su hermoso culito se
me paro una especie de músculo que se encuentra entre mis piernas con dos
grandes bolas acompañándolo. Me lo quería coger nuevamente, pero decidí quedarme
en la cama y esperar mi sorpresa, pero mientras esperaba me clave una paja
mañanera, como para despertar a quienes todavía sigan dormidos, aparentemente no
eran muchos los dormilones.
De repente entro en la
habitación y me descubrió haciendo mis ejercicios manuales, y me quede con una
gran satisfacción, porque justo cuando acabe lo que había empezado hacia 5
minutos, note en sus manos una charola con café, jugo y tostadas, me había
traído el desayuno a la cama. Lo dejo en la mesa de luz y se sentó en la cama,
justo en el momento en que dejo la bandeja lo empuje hacia atrás y comencé a
besarlo desenfrenadamente.
- ¿Te gusta el desayuno que te
prepare? –dijo con toda dulzura, lo que respondí fue que el era mi desayuno que
me comería ya mismo, como seguía desnudo reavive la flama sexual que perduraba.
Le unte la mermelada en
su marcado abdomen y comencé a deslizar mi lengua por ella, y en ocasiones
seguía mas abajo de lo debido, lo que hacia a mi amigo arrancársele gemidos de
felicidad, con grandes sonrisas recibía mis lamidas y mimos.
Al culminar, o sea, 1
hora después, echamos la sabana a la lavar con bastante blanqueador, porque
tenía una enorme marcha blanca que la atravesaba de punta a punta. No podíamos
creer al ver el producto de tan ardiente encuentro, hasta nos reíamos y
bromeábamos al respecto.
La semana continuo así
hasta aquel fatídico jueves 20 de enero de 2005, día en que tendría que volver a
mi ciudad con mi familia y la verdad que no me era fácil desprenderme de mi
amado y menos después de lo que habíamos pasado.
Me invito a desayunar
para recordar los buenos momentos, quedamos en encontrarnos justo ahí, yo salí
antes porque yo estaba en el departamento y él estaba en la Universidad, le deje
al portero la llave y partí rumbo al café, con mi enorme bolso de viaje, ya que
tiempo después partiría para mi ciudad.
Llegue y no lo vi,
decidí esperarlo un tiempo por si algo había sucedido. Espere 10, 15, 20, 30, 50
minutos y no venia. 1 Hora, hora y media y no llego, y mi pasaje tenia hora para
dentro de 40 minutos, así que decidí irme, en vista de que no había llegado.
En el camino me sentí
súper mal, pensando en por que haría algo así, y justo ahora, me sentí
decepcionado, herido, era un fuerte golpe a mis sentimientos prácticamente
rotos.
Al llegar a la
terminar de colectivos mire alrededor por si el venia, no vino. Cuando estaba
subiendo escuché un grito muy lejano con mi nombre, pero no le di importancia.
Me senté y cerré
la cortina por tanto sol. El colectivo partió y desde la autopista pude ver a mi
amor que había venido a toda carrera a verme partir y por tanto transito se
había demorado mas de lo debido.
Su cara de desilusión era casi parecida a la mía
de tristeza, el silencio se apodero de Buenos Aires por unos instantes, luego de
ese momento nos pusimos en contacto, él me explico lo que le había sucedido y yo
lo perdone, porque al fin y al cabo de eso se trata el verdadero amor.
Volvimos a ser un amor a distancia,
pero ahora mas unidos que nunca, y desde entonces recuerdo con mucha alegría a
la persona que más ame en la vida.