Era tarde ya cuando Lucía entró en el dormitorio. Casi las
cinco de la madrugada… se le había pasado el tiempo muy deprisa. Siempre le
ocurría lo mismo cuando salía por la noche, se trataba de una joven muy amiga de
la fiesta, y con una vida social algo más que intensa. Procuró no hacer ruido al
cerrar la puerta, Almudena dormía, y se quitó los zapatos al momento, para que
el sonido de sus tacones no despertara a su compañera.
Lucía era guapa, y lo sabía perfectamente. Su melena
pelirroja, larga, se deshacía en unos sinuosos rizos que caían en cascada sobre
sus hombros, sus ojos verdes ofrecían miradas pícaras y sabrosas, y su rostro
ovalado tenía una forma muy original, la hacía una chica diferente. Era madura
para su edad, diecinueve años, y había experimentado ya bastantes cosas, le
gustaba vivir y adoraba la aventura. Aquella noche vestía unos vaqueros
ajustados, de un tono azul desvanecido, y una camiseta negra con mucho escote
que permitía atisbar los encantos de sus sabrosos pechos.
Almudena se movió, en la cama, cambió de postura, y emitió un
pequeño suspiro…
Lucía la contempló…
En la penumbra del cuarto, apenas se distinguían sus formas.
Se había destapado, y el short corto que se ponía para dormir, dejaba al
descubierto la totalidad de su pierna izquierda. Era una bonita pierna, no muy
larga, con un muslo firme, bien torneado, una rodilla delicada, y un tobillo muy
bien dibujado…
Lucía deseó tocar a su amiga… de repente se había excitado al
observarla así, dormida e indefensa… desde lo que había pasado por la tarde no
podía dejar de fantasear con la rubita tímida, y sólo recordar sus grandes tetas
le provocaba tremendas humedades en el coño…A Lucía le encantaban las tetas,
muchas veces, en su casa, cogía las revistas que su hermano guardaba en su
dormitorio y se masturbaba contemplando aquellos senos, la fascinaban los
enhiestos pezones de las modelos que posaban para aquellas páginas, se imaginaba
a ella misma mordiéndoselos, deslizándole la lengua por ellos…
Almudena volvió a moverse, un movimiento apenas perceptible,
y a su compañera la puso todavía más cachonda la curva que, con la nueva
posición, adoptaba su brazo…
Lucía se humedeció los labios… labios carnosos, ávidos de
sexo…
En algún lugar de la residencia estudiantil, un reloj se
rompió en cinco lejanas campanadas…
Se atusó, Lucía, sus rizados cabellos, esos cabellos
pelirrojos que la hacían tan especial y tan atractiva. Se llevó el dedo índice
de la mano derecha a la boca, su apetitosa boquita, y lo chupó con fruición,
disfrutaba mucho chupando. Alex, uno de sus últimos rolletes, siempre le decía
que le comía la polla como nadie… Se lo sacó de la boca, despacio, con
glotonería, y lo posó con suavidad en el cuello de Almudena.
La joven no hizo nada, continuó durmiendo…
El dedo inició un sinuoso recorrido a través de aquella carne
prieta y fresca… la niña dormía, su respiración, rítmica, enardecía a la
pelirroja, que ya notaba cómo se iban empapando sus partes íntimas… Almudena
usaba una especie de camisita de tirante fino para dormir, Lucía dejó que su
dedito aún ensalivado se perdiera bajo aquella fina tela, no tardó en alcanzar
el pezón…
El pezón se irguió, agradeciendo con ese gesto la inesperada
caricia. Lucía apretó, pulsó hacia abajo… y se calentó muchísimo al notar en su
propia piel el tejido rugoso de aquel montículo. Almudena suspiró, dijo algo
inaudible, cambió la postura…
Lucía siguió tocando el pezón, ya no con tanta timidez. Se
estaba poniendo como una perra en celo… y optó por pasar a toqueteos más
profundos. Apretó ese pedazo de arrugadita carne con dos de sus dedos, y lo
retorció un poco. La respiración de su amiga se volvió más intensa. La pelirroja
deseó lamer aquel pezoncito tan jugoso, tenerlo entero entre los labios,
descubrirlo con la lengua y morderlo con suavidad… Mamar tetas era algo que
siempre le había encantado.
Qué haces?.- Almudena empezaba a despertarse.
Nada. Sigue durmiendo.
Tía, qué es lo que estas haciendo?.
La voz de la rubia sonaba pastosa, todavía sentía
sueño.
Nada. Te miraba… te miraba así como estabas,
dormidita, y de repente me
entraron ganas de tocarte…
Qué?.
Lucía sonrió. Su compañera de cuarto era muchísimo
más ingenua que ella…
- Tranquila, sólo te he acariciado un poco el cuello.
Y ahora te estaba tocando un
pezón. Por cierto… no parecía molestarte mucho… estás segura
de que no estás mojada?.
Claro que no estoy mojada!.
Si la habitación no hubiera estado a oscuras, Lucía
se hubiera dado cuenta del
rubor que cubría el rostro de su amiga, se trataba de una
joven vergonzosa, una chica de provincias que aún no había gozado de una vida
sexual muy abierta.
Estás segura?. Por qué no me dejas que lo
compruebe?.
No.
Los cabellos rojizos de la muchacha se alborotaron
cuando ella estalló en
carcajadas. La negativa de la rubia, lejos de desilusionarla,
la animaba todavía más, a
la joven la entusiasmaban los retos.
Por qué no?. Te encantaría… te lo cuento??.. yo
pasaría mis dedos por tu
coñito…investigando… a ver si estás húmeda, como yo pienso, o
si permaneces seca, como tú afirmas, recorrería tus labios, tranquilamente… oye,
vas depilada?.
Qué pregunta es esa?.
Una pregunta normal y corriente. Si quieres la
contesto yo antes. Yo sí, voy
completamente depilada.
Ahí?.- Almudena parecía sorprendida.
Claro. A mí me gustan más los coños depiladitos.
Para chuparlos es mucho
mejor, más rico. Pero, tú tranquila, si me encuentro pelos
por ahí abajo también sé muy
bien qué hacer con ellos…
Lucía!. No me puedo creer las cosas que dices… En
serio te gusta chupar eso?.
Eso no, el coño, tienes que aprender a llamar a
las cosas por su nombre.
Almudena, tía, a veces parece que acabas de salir de un
convento de clausura. No es que me guste… es que me encanta… chuparlo y que me
lo chupen… es delicioso… meter la lengua ahí, recorrer con ella todos esos
pliegues, los coñitos desprenden un olor muy especial, nunca te has fijado?...
Lucía!!!. Cómo voy a fijarme en el olor de los
coños?.
Fácil, nunca te has olido las braguitas?.
No.
Ya, suponía que no. Chica, no sabes lo que te
estás perdiendo… Menos mal
que me tienes a mí a tu lado para instruirte.
Almudena se rió. Le caía bien su compañera, la veía una joven
franca, sincera, y,
la verdad, le resultaba agradable tratar a una mujer tan
abierta sexualmente, tan segura de sí misma… en el fondo sentía envidia sana de
ella.
Tú acostumbras a olisquear tus braguitas?.-
preguntó.
Yo acostumbro a hacer muchas cosas. Por cierto,
suelo usar tanga.
Ah.
Mientras lo decía, la pelirroja se iba despojando del
vaquero. Alta, con un cuerpo
curvilíneo, el pantalón le sentaba divinamente, se le
ajustaba bastante a su redondito trasero.
Qué haces?- inquirió la otra chica.
Desvestirme.- repuso Lucía, y, actuando con gran
rapidez, cogió una de las
manos, cálidas manos, de Almudena. – Toca, mira, toca aquí.
Lucía era consciente de que estaba actuando de mala fe, su
amiga no se esperaba aquello y le había cogido la mano a traición. Pero… era
excitante, la situación la divertía… Condujo aquella torpe manita hacia su coño…
no llevaba ropa interior, pero Almudena aún no se había dado cuenta.
Toca aquí.- insistió.
Los dedos de la otra joven se encontraron, sin previo
aviso, con la viscosa
humedad del chochito de la pelirroja, Lucía, desnuda, ofrecía
una vagina mojada, palpitante, muy receptiva a cualquier contacto. Almudena
palpó aquellos labios vaginales, absolutamente chorreantes, y sintió que
aquellas aguas turbulentas le quemaban la mano. La retiró al punto, pero no pudo
impedir que los néctares pegajosos de la concha de su amiga se adhirieran a su
piel. Qué avergonzada se sentía!... jamás ella había tenido el más mínimo
contacto con la zona íntima de una mujer.
Lucía, te has pasado.- jadeó, enfadada. Y, en el
fondo, un poco excitada…
Por qué?. En esta vida hay que probarlo todo…
Almudena suspiró, le temblaban las piernas…
Oye, habrás hecho pajas, no?.
Pues claro, chica. Ya te dije ayer que el hecho
de que no tenga tanta
experiencia como tú no implica que no viva en el mundo.
Perdona, perdona… O sea, que has hecho pajitas.
Me gustaría verte, haciendo
una… Y mamadas?, se la has mamado a algún tío?.
La rubia permaneció en silencio. En el dormitorio,
oscuro, flotaba un turbio aroma
a pasión desatada, y se adivinaba la tensión reinante…
- Di… le has comido la polla a alguien o todavía no te has
estrenado en ese punto?.
- A mi novio. Se la he mamado a mi actual novio. Un poco…
- Un poco?. Y eso cómo se entiende?. Ah… quieres decir que no
tragas?.
- Pues eso.
- Pues dilo, coño, qué mojigata eres.
Las dos estallaron en débiles carcajadas. La madrugada
avanzaba… fuera lloviznaba… en el cuarto de al lado dormían, dormían?, otras dos
chicas. Almudena empezaba a descubrir la oculta realidad de las residencias
estudiantiles… no le disgustaba nada lo que estaba aprendiendo… Se notaba rara,
excitada… con los pezones tiesos… la vagina algo húmeda… la piel erizada…
Oye, ayer me prometiste una cosa.
Ya.
Y?.
Todavía es ayer, es de noche.
Pronto amanecerá.
Pero aún no ha amanecido.
Vale.- se rindió Lucía.- En eso tienes razón. Te
propongo un trato.
Almudena suspiró… A saber qué se le había ocurrido a
la mente calenturienta de
su amiguita…
Dime, qué trato es ese?.
Uno divertido.
Dime. Me tienes intrigada…
Eso es bueno… A ver… en vez de mostrarnos
desnudas, la una a la otra,
seguimos así, como estamos, tú con toda tu ropita, yo sin los
vaqueros, y la habitación
sin luz.
Hasta ahí vale.
Y nos tocamos el culo.
Tía…
Venga, sólo un rato… Tampoco mucho, empezamos
poco a poco…
Vale.
Lucía sonrió, complacida. Le gustaba mucho el culito
de Almudena, generoso,
con unas nalgas firmes, bien formadas, le agradaba su
balanceo cuando caminaba, la ponía cachonda imaginar a su compañera de cuarto a
cuatro patas en el suelo mientras ella le comía un orificio anal que intuía muy
cerradito.
Genial.- dijo.- Empecemos.
Poco, eh?. Un minuto.
Un poco más.
No, un minuto. Y por fuera, o sea…
Almudena ignoraba cómo explicar aquello…
Sí, guapa, te entiendo, que no quieres que te
meta el dedo, vamos.
Pues eso.
Vale.
Lucía introdujo su experta mano bajo las prendas de
la otra joven, muy pronto se
topó con el ansiado tesoro. Allí estaba el culito de
Almudena, rotundo, pronunciado, goloso. Qué ganas tenía la pelirroja de él, que
hambre de aquellas carnes prietas, la joven no perdió el tiempo, manoseó con
gula aquellas nalgas, las estrujó, se deleitó con su tacto carnoso… No entendía
por qué la niña se quejaba con frecuencia de tener mucho trasero, a ella le
parecía muy rico.
Mmmmm, qué buena estás, qué culito tienes…
Almudena gimió. Tardó unos segundos en reaccionar,
después se decidió a palpar
el culete de Lucía. Lo tenía duro, de formas firmes, de piel
aterciopelada, redondo. La chica deslizó ambas manos por aquella geografía que,
hasta la fecha, nunca había conocido.
Mmmmm… sigue, sigue… me gusta mucho cómo me estás
tocando.
Permanecieron así por espacio de dos o tres minutos.
Manos que apretaban, culitos
que se iban enrojeciendo, dedos que agarraban, nalguitas
sobeteadas, calor, susurros nerviosos, sofocos en el dormitorio, excitación
creciente…
Qué bueno, Almudena, sigue…
Lucía, traviesa, empezó a introducir, lentamente, con
mucha dulzura, su dedo
anular en el estrechísimo agujerito anal de su amiga, su coño
se deshizo en mareas y marismas al sentir ese redondel tan cerrado… Almudena se
quejó… y Lucía continuó tratando de meter el dedito allí, las aguas de su vagina
eran abundantes… y el culo de la joven se iba dejando profanar…
Empezaba a hacerse de día…