FRIO/CALOR
Llevo más de 20 años de casado, y el sexo con mi esposa ha
ido perdiendo interés, especialmente por parte de ella.
Siempre soy yo quien busca tener relaciones, y mi esposa, que
con sus 45 años se mantiene muy bien, con sus tetas y culo bien firme y sus
piernas largas y torneadas, jamás demuestra necesitarlas.
Generalmente, cuando me despierto busco su cuerpo y comienzo
a acariciarlo y la mayoría de las veces retira mis manos y me dice que está
cansada y que la deje dormir. Algunas veces me deja actuar y hacemos el amor
aunque ella no demuestra ningún interés. Muy de vez en cuando consigo que me
acaricie y participe.
Toda esta situación me pone muy tenso y muchas veces
terminamos sin hablarnos por todo el día.
Este relato comienza justamente uno de esos días.
Me despierto unos minutos antes que el despertador y comienzo
a acariciarla. Ella se queda quieta. Cuando avanzo con mis caricias me dice que
tiene que ir al baño, y al volver se queda en su lugar en la cama sin hacer
ningún intento de acercarse. Una vez más me levanto decepcionado, me baño y me
voy al trabajo, sin prácticamente dirigirnos la palabra.
Unos días antes nuestro refrigerador comenzó a funcionar mal,
y el técnico lo revisó y nos dijo que le faltaba gas y que había que cargarlo.
Luego de insistir un rato conseguimos que viniera a casa a hacer ese trabajo ese
día a media mañana.
Mientras estaba en el trabajo, recordé la visita del técnico
y llamé a mi casa para ver si había aparecido. Me atendió mi esposa y con
sorpresa la noté alegre y distendida cosa que me sorpredió luego de lo ocurrido
en la mañana.
Querida,
llegó el técnico?
Si mi amor,
está aquí trabajando
bueno, mas
tarde te llamo
perfecto. y
Corté.
Me quedé con esa duda sobre el comportamiento de mi esposa,
pero como estaba muy ocupado seguí trabajando.
Al rato suena el teléfono.
Hola
Si,
querido, estás ocupado?1
Si, tengo
bastante trabajo.
Bueno, no
importa mas tarde hablamos así te cuento del refrigerador.
Estamos.
Esta segunda llamada comenzó a darme mala espina. Tuve la
idea como que me llamaba para asegurarse de donde estaba yo.
Ante esta situación, pedí permiso a mi jefe y salí del
trabajo dirigiéndome a mi casa, que no queda a más de 10 minutos de mi casa.
Cuando llego, veo la camioneta del service estacionada frente
a mi casa, lo que resultaba extraño porque según mi querida esposa el trabajo
había terminado hacía un rato.
En lugar de entrar por el frente, entre por el garage sin
hacer ruido y me dirigí hasta la ventana del comedor de donde podía verse toda
la casa. Y lo que ví me sacudió.
Mi amada y fiel esposa, estaba en cuatro patas sobre el
sillón del living, mientras detrás de ella el técnico con su verga enterrada
hasta los huevos la bombeaba con furia, y ella, mientras tanto de chupaba la
pija a un jovencito que debía ser el ayudante. Le costaba trabajo mantener un
ritmo parejo en la succión ante las violentas arremetidas que sufría por detrás,
pero sin embargo se esmeraba todo lo que podía.
El que la montaba comenzó a acariciarle las tetas, para
terminar agarrándoselas con las dos manos, mientras continuaba el mete y saca, y
la verga del jovencito se endurecía y estiraba a ojos vistas ante el tratamiento
que estaba recibiendo.
En ese momento, el técnico sacó su verga.
Puta, vamos
a tu cama que quiero cogerte donde lo hace tu maridito
No, sigamos
acá, dijo dejando de chupar el pirulín.
Sin mediar palabra, el técnico la tomo de los cabellos y la
obligó a levantarse del sillón y a empujones la llevó al dormitorio.
Te voy a
enseñar quien manda. Si quieres verga tienes que ganártela.
Mi esposa a los tropezones fue hacia el dormitorio, seguida
por sus dos compañeros, y yo esperé que se perdieran en el pasillo para
trasladarme desde la ventana del comedor a la del dormitorio para seguir la
escena. En ese momento recordé mi celular con cámara y me preparé para
documentar lo que ocurriera. Llegué a la ventana y lo activé.
Entraron al dormitorio y los hombres se sentaron en la cama
con sus vergas empinadas mientras mi mujer se quedó de pie.
Bueno,
puta, seguramente debes tener alguna ropa erótica para ponerte. Ahora nos
vas a hacer un desfile íntimo.
En
realidad, no me gusta exhibirme así, dijo mi esposa
Me parece
que no entendiste que no se trata de lo que a tí te gusta, sino de lo que a
nosotros nos caliente, le dijo el muchacho, mostrandose decidido.
Sin mas, mi esposa se dirigió al placard y sacó un camisón de
seda corto negro que usó en muy contadas ocasiones, y la tanga que completaba el
juego. Iba a ponérsela cuando el técnico la interrumpio.
No, la
tanga no te la pongas, sólo el camisón, así será mas facil, dijo con una voz
donde la lujuria era más que evidente y coincidía con el estado de su
miembro.
Mi esposa lo miró, sonrió, y se puso el camisón que dejaba
sus muslos al descubierto.
Así vestida, caminó por el dormitorio un par de veces, ante
la atenta mirada de los hombres quienes comentaban lo bien que estaba , y como
la iban a poseer.
Luego, se acercó y se quedó de pie ante ellos, separando sus
piernas. A contraluz podían observar todo su cuerpo y esto seguramente los
excitó aún más, si era posible.
Ahora
putita te vas a arrodillar y me vas a chupar bien la pija. Y vos Raul ( ese
era el nombre de su ayudante) te vas a quedar sentadito en la cómoda hasta
que yo termine con ella. Después será toda tuya. No me gusta compartir.
Raúl, sin decir nada, se levantó de la cama acariciándose la
pija y se sentó en la cómoda para ver desde un lugar privilegiado lo que iba a
ocurrir a continuación.
Mi esposa se arrodilló y tomando el miembro con las dos
manos, se lo metió en la boca, para luego bajar una de sus manos y acariciarle
las bolas que se veían grandes y duras. Mientras hacía esto lo miraba
directamente a los ojos, lo que seguramente enloquecía más a su pareja.
El la dejó hacer un buen rato, y por fin, la tomó por los
hombros, la hizo levantarse y la acostó en la cama. Abrió sus piernas y
ubicándose en el medio, le bajó los breteles del camisón comenzando a comerle
las tetas, el cuello y la boca, mostrando que la poseía completamente.
Mi mujer suspiraba y gemía, tratando de responder a sus
caricias, como nunca respondía a las mías, lo que me enfureció. Pero traté de
controlarme para evitar que supieran que yo estaba observando.
El se separó un poco, tomó sus piernas y las puso sobre sus
hombros, y apunto su verga.
No, así no
que me va a doler, alcanzó a decir mi esposa, cuando de pronto quedó
paralizada con la boca abierta. Ya era tarde. El animal la había ensartado
totalmente. Se apoyaba ahora solo en la punta de sus pies, y presionaba con
todo su cuerpo sobre mi esposa. Solo sus huevos se veían colgar fuera del
cuerpo de mi mujer. El resto estaba bien guardado.
Mi esposa trató de quejarse pero el con su boca la calló,
mientras se notaba como su lengua también la penetraba hasta la garganta
haciendo la posesión completa. Al fin, avanzó un poco sus piernas y comenzó a
bombearla, al principio lentamente, haciendo que su verga saliera casi
totalmente y luego con mas velocidad hasta que llegó a parecer un pistón
endemoniado.
Mi esposa, sacudida por este trabajo, y poseída su boca no
podía gritar, sólo habría desmesuradamente sus ojos como pidiendo clemencia,
pero esa no era la intención de su amante.
En ese momento, se hizo evidente que mi mujer alcanzó el
orgasmo. Se puso tensa, consiguió liberarse de la boca del animal y gritó de
placer, para luego aflojarse como una muñeca de trapo.
Nada de esto hizo que el ritmo del depredador decreciera.
Siguió con su furioso pistoneo, hasta que luego de que mi mujer volviera a
acabar, la sacó y se quedó sobre ella mirándola fijamente, manteniendo su verga
dura en la puerta de su cueva.
Te gusto?,
le pregunto con una sonrisa
Si , lo
disfruté mucho dijo ella mirándolo.
Bueno, ya
no aguanto mas así que ahora te voy a penetrar y me voy a correr dentro
tuyo.
Como toda respuesta mi esposa levantó su cabeza, lo besó, y
buscando su verga, trató de empalarse nuevamente.
El, ante esta actitud, volvió a penetrarla por completo y
luego de varios movimientos lentos pero que hicieron que su verga entrara y
saliera totalmente, la enterró con fuerza y comenzó a vaciarse
Toma puta,
tomate toda la leche, y ella como respuesta le apretó sus huevos para que
los vaciara totalmente. Cuando él sintió esto nuevamente capturó sus labios
y la besó desesperadamente.
Luego de varios temblores, se quedó sobre ella aplastándola,
totalmente flojo y satisfecho.
Tu marido
tiene mucha suerte de poder disfrutar todos los días de semejante hembra,
dijo.
En ese momento, recordó al joven que estaba esperando
y se levantó.
- Es tu turno, cabrón.
Mi esposa se corríó hacia un lado y el joven subió a la cama
y se acostó de espalda, con su vara como un mástil.
Mi fiel mujercita, montó sobre el y se sento sobre el mástil,
hasta el fondo. Una vez allí, comenzó a besar al joven en la boca, mientras
subía y bajaba.
El técnico miró un rato esta escena, y pude ver como su verga
comenzó a latir nuevamente. Como para distraerse abrió un cajón de la mesita de
luz y encontró un pote de crema.
Su rostro se iluminó y pude ver como su pija se endureció.
Vamos a
darle un poco de emoción a este encuentro, dijo colocándose detrás de mi
esposa.
Abrió el pote de crema y comenzó a untarle el culo. Mi esposa
se sorprendió y se dio vuelta a mirarlo, pero en ese momento el joven que estaba
dentro de ella la agarró del cuello, y la tiró hacia abajo, mientras comenzó a
acelerar su bombeo listo para vaciarse.
Ese minuto de distracción fue fatal. El técnico se acomodó de
rodillas detrás de mi mujer, y aprovechando la posición agachada que le habían
obligado a tomar, le separó las nalgas y la cabeza de su verga entró lentamente.
No¡¡ por
allí no que me duele !!!!, pudo gritar mi esposa liberándose del muchacho,
pero ya era tarde. La cabeza estaba adentro.
La contracción involuntaria de mi mujer al sentirse penetrada
por detrás, apuró al muchacho que en medio de alaridos la regó profusamente. Se
nota que el semen caliente y la situación, la excitó en demasía porque también
ella llegó al orgasmo, y mientras acababa, el técnico aprovechó para tomarla de
los hombros y lentamente envainar su verga hasta el fondo en el culo de mi
esposa.
La arremetida la hizo caer hacia adelante aplastando al joven
que boqueaba despues de alcanzar el orgasmo, y el técnico metido hasta los
huevos comenzó a moverse dentro de ella, que gemía, mezcla de dolor y orgasmo,
con los ojos cerrados.
La escena era muy caliente y no podía durar. en unos minutos
el que la montaba vació sus huevos en su culo, y juraría que el muchacho que
estaba debajo alcanzó otro orgasmo sin moverse, mientras permanecía dentro de mi
mujercita.
El amasijo de cuerpos se quedó, al fin, quiero después de
todo el despliegue.
Poco a poco fueron liberándose. Primero el técnico que
lentamente se dirigió al comedor a buscar su ropa. Luego mi esposa que salió de
la cama y se sentó en el borde, y por último el muchacho que rapidamente se
dirigió también al comedor.
Dejé mi puesto y me acerqué a escuchar a los hombres
Te dije o
no te dije que era una putarraca.
Tiene razón
jefe, nunca lo hubiera creído.
Por suerte
me lo contó el plomero. Parece que tiene debilidad por todos los que vienen
a hacer algún trabajo a la casa, pero después no puedes acercarte más, salvo
que vuelvan a llamarte por otro arreglo.
Y bueno,
habrá que esperar., dijo el joven sonriente.
Mi esposa entró en ese momento al comedor para vestirse.
Cuando
podemos repetir esto?, preguntó el técnico.
Cuando el
refrigerador vuelva a romperse, contestó mi esposa, terminando de vestirse,
y ahora vamos que puede volver mi esposo en cualquier momento.
Los acompañó hasta la puerta y allí los despidió con toda
normalidad.
Entró, volvió al dormitorio, acomodó el desorden y se fue al
baño a sacarse seguramente el olor a semen que tenía en todo el cuerpo.
Aproveché el momento para irme. Realmente no sabía como
reaccionar ante lo que había visto.
La muy puta había gozado como una salvaje. Como nunca gozaba
conmigo. Y pensé que realmente tenía derecho. Siempre había sido una buena
esposa, así que no era tan malo que disfrutara del sexo de esa manera.
Volví al trabajo, y al final del día regresé a mi casa,
pensando como hacer para aprovechar la película que tenía en mi celular. Pero
esa es otra historia.