Llegamos a su casa juntas, es una tarde muy calurosa, no nos
vemos desde hace tres días. Mi amiga luce unos vaqueros cortísimos, que apenas
cubren sus redondas nalgas, y una camiseta rosa de tirantes, resulta evidente
que bajo ella no hay ninguna otra prenda de ropa, sus tetas se balancean libres,
y sus pezones, erguidos, apuntan hacia arriba con descaro. Lleva el pelo
recogido en dos trenzas, y jamás se diría que ya ha cumplido los veinte años,
parece más que nunca una niña.
Yo visto un vestido negro y unas sandalias rojas, nada más,
él lo ha ordenado así…
Entramos, él no sale a recibirnos, soy yo la que abre la
puerta, con la llave que un día me entregó. Está tocando el piano en el salón, y
las dos acudimos a su encuentro. Tanto la niña como yo sabemos perfectamente qué
es lo que tenemos qué hacer, las dos hemos recibido tajantes órdenes al
respecto. La música es divina, las notas que él interpreta se adueñan de la
estancia, todas las persianas están bajadas, y la escasa luz que penetra en el
cuarto consigue que nuestros cuerpos se bañen en destellos de sol.
Me adelanto, observo cómo él respira, cómo trata de
apoderarse de mi perfume…
Llego hasta él, su postura, inclinada para poder continuar
tocando, no me impide apreciar su estupenda erección. Busco su boca, se deja
atrapar, me ofrece unos labios hambrientos de sexo, soy yo la que lleva la voz
cantante, el encuentro con su lengua es brutal, las dos se funden en un abrazo
violento, nos besamos con fruición, es, el nuestro, un morreo salvaje que apenas
nos permite tomar aire, mientras le beso la miro a ella, tal como sé que él
desea, y aprecio, complacida, que está haciendo lo que se le ha mandado.
Se ha deshecho de su camiseta, que está arrugada en el suelo
junto a sus ya descalzos pies, y con sus tímidas manos de adolescente se aplica
torpes caricias en las tetas, con mi mirada golosa me fijo en sus movimientos,
veo cómo dos de sus dedos retuercen esos pezones chiquititos que siempre se
muestran tan orgullosamente altivos, capto el paseo de su mano atravesando su
oscura areola, soy testigo de los dibujos que una de sus uñas interpreta sobre
la piel de melocotón de sus senos…
Él, con un gesto, me indica que deje de besarlo. La música
continúa sonando. Me dirijo a mi compañera de juegos, me mira y sus ojos azules
se turban, la beso en la boca, con ganas, disfruto de su dentadura perfecta,
ella suspira, yo le acaricio los rubios cabellos, y con un brusco tirón la
despojo de sus vaqueros.
Aparece ante nosotros, completamente desnuda…
La visión de su coño me encanta, ya me fascinó la tarde
anterior… estrechito, con una hilera de vello muy claro, labios generosos… de
repente fantaseo con la idea de perder mi lengua traviesa en esa gruta de los
placeres, con buscar el clítoris de mi joven amiga, con arrancarle jadeos de
gozo mientras mi boca se come todos los jugos que su cueva desprenda…
Pero no, no puede ser eso… A él los coños ni le gustan ni le
disgustan, lo que de verdad le vuelve loco es el culo, un culo, los culos…
Continúa tocando el piano, no nos mira, yo me quito el
vestido… mi tez bronceada destaca muchísimo, la niña la tiene muy blanca, como
si casi nunca la hubiera rozado el sol…desnudas las dos nos dedicamos, durante
unos minutos, a saborearnos. Ella me toca los pezones, los pellizca, se los
lleva a la boca y los muerde… sus dientes me ponen a mil y me descubro
excitadísima, un reguero de zumos vaginales desciende por la cara interna de mi
muslo. Mientras disfruto de sus mordiscos yo acaricio la geografía plana de su
vientre, meto un dedo en su ombligo, avanzo con mi mano por la cálida suavidad
de su espalda…
Suenan siete campanadas, y sé que ha llegado el momento…
A él le encantan los rituales…
Empujo, de forma bastante brusca, a la chica, de modo que
ella se cae, sorprendida, sobre el sofá morado. Su melena se desparrama, y a mí
me pone muy cachonda verla así, despeinada y un tanto asustada. Le indico como
ha de colocarse, esto es, a cuatro patas. Me encanta, esa postura hace que todo
mi interior se caliente, creo que me abraso por dentro, las tetas de ella
cuelgan hacia el suelo, pequeñas y firmes, y siento unas tremendas ganas de
ordeñarla, de estrujar sus pezoncitos, de agarrarme con su boca a esos pechos
que me están volviendo loca…
Tengo que dejar de pensar esas cosas porque siento que
empiezo a marearme, desde pequeña me han atraído las tetas, y, últimamente, me
masturbo muchas veces visualizando los senos llenos de leche de una mujer
desconocida. Ella posa para mí, a cuatro patas, y yo mamo de sus tetas, me bebo
su leche, la ordeño como si fuera una vaca…
Él jadea… y yo me doy cuenta de que debo seguir…
En dos minutos he ido a la cocina y he vuelto. Tengo que
confesar que he desobedecido sus órdenes, confío en que él no se haya dado
cuenta, me estaba muriendo de sed y he bebido un trago de fresquísima agua. Así,
más relajada, regreso al lado de la niña. Permanece en el mismo sitio, ni
siquiera ha osado moverse un poquito…
Cojo uno de los cubitos de hielo que llevo en el vaso y lo
introduzco en mi vagina, mmmmm, está helado, lógicamente, y su tacto me provoca
escalofríos, cojo otro, más grande, y lo hago entrar en el coñito de mi amiga.
Lo recibe gustosa, tan frío… se estremece… creo que le agrada… la oigo jadear
muy quedo, y noto como su respiración se agita…
El piano sigue sonando, tan bonito el tema… la habitación
está ahora casi en penumbras, huele a deseo, a flores silvestres, y a los aromas
que desprenden nuestros cuerpos palpitantes…
Sin previo aviso, sin lubricante, sin saliva, ni siquiera
habiendo metido previamente un dedito allí, meto un pepino, bastante grueso y
áspero, en el culito de la joven. Se tensa, realmente si yo no hubiera dotado a
mi penetración de tanta fuerza hubiera hallado dificultades para entrar… su
sendero anal es muy, muy estrecho… ella grita, el piano no se interrumpe… mi
penetración ha sido muy violenta, lo siento por mi compañera, que gime,
nerviosa, pero sé que él lo quería así… el pepino avanza, se adueña de más
terreno, poco a poco, entra en ese culo que ella me ha dicho que conservaba
virgen, yo lo muevo, mi mano dicta el camino que él sigue… su inquietud me
angustia un poco y vuelvo a desobedecer las exigencias del hombre, y con mi otra
mano acaricio, suavemente, uno de sus tobillos.
La música cesa, él se levanta, se sitúa detrás de mí, siento,
en un segundo, uno de sus dedos dentro de mi culo, mi orificio anal también es
una gruta estrecha, pero el grosor de un dedo es muy deseable, lo gozo… además,
siento que él lo lleva impregnado de algo, una especie de gel fresco, que me
invade, me provoca una sensación muy placentera… no tarda mucho en empezar a
oler a menta por toda la estancia…
No me olvido del pepino, es grande, y penetra a mi compañera
con garbo y arrogancia. Yo lo manejo con soltura, y pienso que él está contento.
La imagen que ofrecemos me parece perfecta, sus tetas balanceándose, su espalda
arqueada, el culito en pompa, el agujero profanado, sus jadeos sibilantes, mi
melena alborotada, mis pezones erguidos, mi coño húmedo, mis nalgas redondas, su
erección hermosísima, su boca perversa, sus palabras calientes…
Una gota de sangre me sobresalta…
Dejo de meter y sacar el pepino con tanta fuerza en el culito
tímido de la niña, y me sorprende encontrármelo ensangrentado. Ella grita,
susurra que le duele, y, mientras él contempla fascinado cómo yo decido no
seguir obedeciéndole, mi lengua se introduce con suavidad en su gruta. Le aplico
caricias de saliva, mientras otro de mis dedos busca su clítoris…
El hombre encuentra el mío, y permanecemos así durante un
tiempo… ella a cuatro patas, con mi índice dentro de su coño y mi lengua
saboreándole el culo… yo un poco inclinada, con la boquita en el ano de ella y
las manos del hombre regalándole placer a mi vagina llena de aguas… él de pie,
olisqueando mi melena, con su polla apoyada en mi trasero, enorme, hinchada, a
punto de estallar…
Todo se nubla a mi alrededor… hace demasiado calor… él se
corre sobre mí, es un estallido bestial, su leche, tan cálida, moja mi espalda,
mi culo… desciende por mis piernas… sentir su esencia derramada en mi cuerpo me
pone como a una perrita, creo que aúllo de placer… llego al orgasmo yo también,
y muy pronto mis convulsiones y las de la joven se confunden, las dos estamos
saciadas, y satisfechas, y agotadas.
Permanecemos aturdidos unos instantes, recuperándonos de
nuestra batalla carnal…
Después, él la envía a ella a la ducha, y le comenta al oído
algo que yo no logro escuchar. A mí me coge en brazos, es muy fuerte, y en un
momento está sentado en el sillón conmigo en su regazo. Susurra algo sobre un
castigo, y antes de que me dé cuenta me está propinando palmadas en las nalgas,
aunque lo hace con furia es agradable, mientras mi culito se torna enrojecido mi
coño se vuelve a humedecer…
Hoy te has portado muy mal.- dice. Y yo le miro,
y de verdad parece enojado.- Mañana aquí a la misma hora, y no
quiero que bebas agua en todo el día. Tu amiguita ya sabe cuáles son
las órdenes, tú limítate a obedecer.
Vaya, haberle desobedecido ha traído consecuencias… Mmmmm,
puede ser divertida la nueva situación. Y, mientras trato de imaginar qué
ocurrirá mañana, él se arrodilla, y me introduce, con dulzura, su lengua en el
culo…
Cae la tarde, calurosa, mientras todo mi cuerpo tiembla de
placer, y mi culito se prepara para una nueva ración de sexo. En el cuarto de
baño, ajena a nuestras travesuras, ella se ducha…