Este relato lo escribí por una confesión de un amigo llamado
Jairo, con el cual he trabajado por varios años. Lo conozco a él y a su familia
y con ellos tuve por primera vez un trio HMH, pero claro eso fue antes de mi
actual mujer. Aunque el me dijo que todo esto es cierto, no puedo (ni quiero)
dar fé de ello. El no sabe redactar y me pidió el favor de subir este relato
aquí a todorelatos, pues no se atreve a hacerlo el mismo. Actualmente no
trabajamos juntos, pero conservamos la amistad y la tentación de algún día hacer
el amor las dos parejas en la misma cama, y quien quita, algo de swinger real.
Este relato es algo largo así que lo partí en 3 partes.
Mi relación con mi esposa Daniela, cambió radicalmente, el
día en que llegué temprano del trabajo.
Soy taxista, y pertenezco a una organización en la cual nos
comprometemos a trabajar 3 noches a la semana, y en los demás días, trabajar de
día. Las veces que me toca trabajar de noche, llego a mi casa usualmente a las
7:30 ya mi esposa ha hecho el desayuno, barrido la casa, sacado la basura, y por
supuesto bañado y vestido a nuestra hija Michelle de 10 años. Llego justo a
tiempo para despedirla cuando se va al colegio, y si algo pasa con el bus que
usualmente la lleva, la llevo yo al colegio.
Después de despedir a la niña nos queda la mañana para
nosotros, que aunque a veces la ocupa en los oficios de la casa, yo intento que
sea lo más sexualmente animada posible. Entre juegos cerramos la casa para que
los vecinos que viven muy cerca no nos oigan, empezamos nuestras delicias.
Cuando conocí a Daniela, era una muchachita sin ningún tipo de experiencia
erótica. Aunque no era virgen, los novios con los que había estado (tengo
entendido que solo dos), no tenían mucha imaginación, y aunque ella había
disfrutado un poco, esto era mas por el amor que les tenía que por su desempeño
en la cama. Yo me dedique a darle a Daniela todo lo posible para que
experimentara todo el placer que pudiese.
A mi me gusta mucho la pornografía de todo tipo, y ella que
nunca veía nada parecido, se espantó mucho la primera vez, pues la elasticidad
de las posturas la asustó un poco.
— Mi amor yo no puedo hacer eso.
— No te preocupes, negrita, que eso es para que veas bien las partes en la
cámara, pero en realidad no tienes que abrirte tanto.
Y diciendo esto le enseñaba posiciones, ejercicios para que
aprendiera a apretar el chocho cuando se la metía y todos los trucos que me
sabia. Ella aprendía rápido, pues me di cuenta que tenía bastante energía sexual
reprimida, y siempre disfrutamos de la enseñanza y el aprendizaje. No se lo voy
a negar, yo aprendí también muchas cosas en el camino, y como siempre hemos
tenido muy buena comunicación, se lo decía inmediatamente. Me di cuenta además
de lo mucho que le gustaba usar su boca, sobretodo cuando se excitaba mucho. Ha
sido la única mujer que he conocido que me decía que me la quería chupar. Los
hombres que leen esto saben lo mucho que excita oír eso, sobre todo cuando no
estamos haciendo el amor, sino en los sitios más extraños. Aunque no lo hemos
hecho “al aire libre”, pero a veces estábamos en un supermercado, o en una fila
de un banco, o donde fuera, me susurraba al oído todo lo que me quería hacer, y
yo para seguirle el juego, le decía que estaba muy buena, que me gustaba mucho
como le quedaban esos jeans, y lo ricas que se veían esas nalgas para morderlas,
meterles la lengua en el hoyito como su fuera una verga. Se le ponen los ojitos
brillantes y me dice que nos vayamos a la casa o a un motel a hacer todo eso.
No siempre se puede, pero es un juego delicioso, nos mantiene
siempre interesados y calientes. Una vez que estábamos cogiendo bien duro, le
puse un consolador en la boca mientras la penetraba. Un consolador que a veces
le meto para que disfrute de una doble penetración, y en ese momento estaba
sucio de su ano y su vagina, y ella chupaba ávidamente. Ver esa cara golosa, y
esas ganas que le ponía a chupar ese pedazo de caucho me hizo decirle que se
imaginara que era una verga de verdad, que la hiciera venir. Que sintiera su
calor, su carne en su boca mientras tenía la mía en su chocho. Se vino tan
fuerte que me clavó las uñas en la espalda, así que le dije.
— Me gustaría mucho que te dieras ese gusto
— Si te digo algo tu no te molestas, me pregunto después de una pausa
— Depende, pero si es para nuestro placer, no creo
— Yo quiero chupar mientras me la metes. Quiero que me pongas a chupar como la
de la película que te gusta tanto. Yo se que te gusta mucho ver a las mujeres
así.
Se refería a una película en la que tenían a una mujer
penetrada por delante, por el culo y la ponían a chupar y a hacerles la paja a
dos hombres más. Un verdadero Gang Bang, y sí, es cierto, que me gustaba la
idea.
— Pero quiero chupar un chocho también… ¿te molesta?
— Como me va a molestar, negrita, si una fantasía que siempre he tenido es verte
chupando y portándote como una buena lesbiana. Que una mujer se deleite con esas
tetas tan ricas que tienes, y chupes un rico chocho sintiendo como se viene en
tu boca y… (Me vine)
En esos días se veía un poco distante, y yo me preguntaba si
le habría molestado algo de lo que dijimos. Así que se lo pregunté directamente.
—No Jairo, todo lo contrario, yo pensé que el bravo eras tú.
Tenía miedo de que te pusieras celoso.
—Por eso no te preocupes, negra, que cualquier cosa que te guste lo hacemos, y
si no me gustan yo te digo.
—Por eso te amo tanto. ¿Incluso si es una mujer?
Daniela tiene 28 años y yo 35, y aunque esta diferencia de
edad no es tan grande, a veces sí importa. Aunque yo le digo negra, su tez es
más blanca que la mía, tiene el cabello negro, por los hombros, caderas anchas y
cintura delgada. No tiene las tetas muy grandes pero sí duras y paradas. Sus
muslos son una delicia, y como hace algo de deporte no están muy flácidos que
digamos. Yo mido casi 10 cm. más que ella (180) y peso 80Kg, eso solo para
referencia. Nuestra niña es tan linda como la madre con sus ojos y cabello,
aunque su tez es como la mía, típica latina. A Daniela le digo negra, porque así
le decían en la casa pues, en su familia casi todos son rubios, menos ella. Y la
niña, con su notable belleza, se ha convertido en el objeto de mi adoración. A
menudo me preguntaba si amaba más a Daniela que a Michelle pero era imposible
saberlo.
Cuando llegué esa mañana mas temprano que de costumbre todas
esas cosas cambiaron de significado para mi. Ellas no se habían dado cuenta de
que yo había llegado, pues la puerta no hace ruido al abrirse y el piso está
alfombrado. Subí a la habitación y me encuentro a mi esposa chupándole el
chochito a Michelle, la cual tenía los ojos apretados y apretaba las manitos
agarrando fuerte la cabeza de Daniela.
Mi mujer también tenía los ojos cerrados y estaba realmente
entregada a la tarea de chupar. Se podían oír los sonidos de ya sea los jugos de
la niña o la saliva de la mujer, llenando la habitación. Daniela diciéndole lo
rico que sabía ese chocho, que no se lo dejara chupar a más nadie porque era
solo de su mamita. Yo no sabía que pensar, y mi primer pensamiento era que a la
niña no le gustaba y que estaba siendo abusada en mi propia casa. Cuando intento
acercarme un poco Daniela aparta la cabeza y la niña la vuelve a atraer con las
piernas diciéndole
—No mami, chúpame más, que ya me vengo. Daniela aún con los
ojos cerrados y saboreándole los muslitos le dice que tiene que irse para el
colegio. La niña insiste y dice algo que acabó con mi vida tal como la conocía.
—Méteme el dedo mami, para venirme más rico. Dice la niña de mis ojos, y que
veo. Que Daniela le mete entero su dedo medio en la vagina de la niña sin
ninguna resistencia, con lo que evidencia que estaba rota hacia tiempo. Michelle
acerca y bambolea sus caderas, hacia la lengua de Daniela mientras agarra la
sábana de la cama en donde está acostada. Aguanta la respiración y se pone roja,
mostrándome como era el silencioso orgasmo de mi hija. En seguida se relaja y mi
mujer que también está desnuda se le echa encima suavemente, mete una mano entre
las dos y se masturba encima de nuestra hija, al tiempo que la besa en la boca.
Poco tiempo después se viene con los movimientos y suaves gemidos que tan bien
conozco.
—Te viniste rico, mami
—Claro nenita, contigo siempre me vengo rico, ¿no ves lo rica que estas?
—Tu también mami, esto está muy rico
Aquí ya yo había retrocedido y veía toda la escena desde la
puerta entornada. Regresé a la sala con paso inseguro, abrí la puerta y la cerré
un poco más fuerte, para que supieran que acababa de llegar. Subí normalmente
las escaleras tratando de no hacer ni poco ni mucho ruido para no dar sospechas,
dirigiéndome a la habitación. Daniela salió en ese momento con el paso inseguro
y mirada somnolienta que tiene después de un orgasmo fuerte. Me saludó
cariñosamente pero con el cuidado de no acercarse mucho para que no oliera los
jugos de Michelle en su cara. Me pregunto cuantas veces había sucedido esto
mientras me disculpo y voy al baño. Allí me lavo la cara con agua fría y trato
de recuperar el aliento.
Y es que el corazón se me quería salir. Eso era lo más
excitante que había visto en mi vida, y además, era liberador. Durante el último
año mi amor de padre había cambiado a un tormento interno por mi deseo de poseer
a Michelle. Michelle desde su nacimiento se ha bañado con nosotros, y sé que hoy
se baña con Daniela o conmigo pero nunca sola. Aunque ya no la enjabonamos
siempre, y por su edad, prácticamente lo que hacemos es bañarnos en el mismo
espacio (con productos diferentes), de vez en cuando, los fines de semana o
cuando nos bañamos los tres, hacemos muchas burbujas y jugamos desnudos. Al
principio eso era de lo más inocente y elogiado por psicólogos y terapeutas
escolares, los que alababan la relación que teníamos los tres.
Sin embargo, como dije, desde hacía casi un año, verla
bañarse era una experiencia muy erótica. Ver sus nalguitas casi sin formarse,
sus gruesos muslos, que prometían una estupenda figura cuando creciera y su
angelical cara le añadía un morbo malsano que me estaba matando en vida. A veces
me masturbaba imaginando que la violaba salvajemente, sobre todo por su ano, y
siempre que esas imágenes invadían mi mente, mis orgasmos eran más duraderos e
intensos, pero después la culpa me producía nauseas. En nuestra ciudad, las
niñas suelen vestirse con pantaloncitos de lycra en el verano, lo cual fue un
verdadero tormento la última vez, pues era evidente que heredó el enorme chocho
de su madre y que no llevaba ropa interior. Sus labios se veían perfectamente
como si en vez de estar vestida, tuviera la ropa pintada. Y ahora descubría que
mi mujer también lo sentía y le daba rienda suelta a su deseo.
Esperé que Daniela despidiera a Michelle para el colegio, y
salí del baño. Mi esposa sospechaba que algo pasaba pues a duras penas le había
dirigido la palabra, pero obviamente no tenía en mente las verdaderas razones.
La alcancé en la sala y le dije que nos sentáramos a hablar algo.
—Mi amor, yo te amo más que a nada en el mundo y a la niña
también, y tú lo sabes. Daniela estaba aterrada.
—Si, yo lo se. Mejor dicho, ambas lo sabemos, pero, ¿qué pasa Jairo?
—Siempre hemos tenido buena comunicación y nos contamos todo, ¿cierto?
—Tienes otra mujer.
—No, con mi familia tengo más que suficiente, y precisamente para allá voy.
—No entiendo. Dime que pasa ya me tienes en ascuas
—Hoy vi algo que, te advierto, me excito y me gusto mucho y quiero que lo
hagamos pero juntos.
—Ay, Jairo, me asustaste –me dice tomando mi cara y besándome. –yo pensé que era
otra cosa, claro que quiero hacer cosas contigo. –Aún tenía algo del olor de
Michelle en su boca y eso me dio valor. Daniela me tomó una mano en gesto de
apoyo
—Daniela yo te vi hoy con Michelle. Vi como hacían el amor. La vi correrse en tu
boca y a ti sobre ella.
El color y temperatura abandonaron la piel y las manos de Daniela. La voz
también.
—Llegué temprano y las vi desde la puerta. No te preocupes mi amor, a mi me
gustó mucho, no tienes porque asustarte.
—Qué viste, pregunto entrecortadamente
Yo le conté todo lo que ustedes han leído además de mis
propias fantasías y sentimientos de culpa. Le dije que había deseado a Michelle
y lo mal que me sentía por ello. Me di cuenta que mientras hablaba de lo que
había visto, más nerviosa se ponía ella, y cuando hablaba de mis sensaciones se
calmaba así que la besé diciéndole lo excitado que me ponía verla encima de
Michelle dándose placer. Como estaba a punto de masturbarme sobre las dos.
Mientras decía esto la desnudaba y su mano me acariciaba el paquete que ya
estaba bastante duro. No decía nada, pero estaba excitada, no se si recordando
lo de la mañana o por mis caricias. No me importaba mucho tampoco. Hundí mi cara
entre sus senos, y como estábamos en un sofá, le halé las piernas para acostarla
y quitarle la parte de abajo del pijama que era lo que tenía en ese momento. Los
labios de su vulva estaban hinchados y rojos, por la excitación, así que los
acaricié con la punta de los dedos. La otra mano se la restregaba por todo el
cuerpo creando una combinación de suavidad y rudeza que le encantaba. Mojé un
dedo en mi boca, y se lo puse a chupar, mientras le mordisqueaba los pezones.
-Ay, jairo, de verdad no estás bravo, tengo mucho miedo.
-No, negra, ya te dije que me gustó mucho, es solo que me sorprendió, uno no se
imagina nunca algo así. Le dije entre chupetones y caricias.
-No se que decir, mi amor… ay… métemela.
-si viste que sí sabías que decir, le dije sonriendo. Sin embargo mientras me
quitaba el pantalón y me terminaba de desvestir le metía los dedos, tanto por
delante como por detrás. Lubricándolos con sus jugos, le metía de a dos dedos
por el ano. Ella acercaba su trasero a mi mano para que le entrara mas profundo,
pues yo ya sabía que a ella no le importaba tanto el ancho, como sentir como la
metía hasta el fondo, en un punto donde le dolía un poco, pero es el de su
gusto. Mi verga no es tan larga así que eso lo descubrí con el consolador.
-Ven, jairo, déjame chuparte.
-No, nena, antes quiero que me digas algo. Le susurré mientras me le montaba
encima.
-Lo que quieras mi amor, respondió con los ojos entrecerrados y susurrando.
-Cuéntame como empezó todo con Michelle.
Daniela se tensó un poco y abrió los ojos, pero sus caderas
siguieron el ritmo que ya llevaban. Me preguntó para qué quería saberlo. Le dije
que me gustaría mucho que me describiera la primera vez con Michelle.
-Te excita, mi amor, me sonrió.
-si, mucho.
-A mi también me excita recordarlo, sobretodo porque fue ella quien empezó.
-¿Cómo así?
-Un día nos estábamos bañando en la tina y ella me preguntó cuándo le saldrían
pelos en la vulva. Yo le dije que muy pronto, pues ya se veían oscuros los pocos
vellitos que ya tenía. Como tú yo también me había dado cuenta de que no la veía
siempre como hija. Y me imagino que inconscientemente al secarla o bañarla la he
acariciado más de lo debido. Michelle se puso de pié en la tina y se me acercó
bastante, pues yo tenía las piernas abiertas en ese momento. Me dijo “mami, tu
tienes una cosita de estas, ¿verdad?” y se abrió los labios mostrando un
clítoris bastante grande para una niña de su edad. Yo le dije que sí, y viendo
el suyo me puse de pié y abrí mis labios para que lo viera. Yo estaba cubierta
de agua jabonosa del cuello para abajo y por supuesto mi vulva también. Ella
extendió una mano y me metió el dedo índice en la vagina mientras con el pulgar
me apretó un poco el clítoris.
-¿sí? Y tu que hiciste.
-se me salió un gemido, porque ya estaba un poco caliente de haberla visto. Ella
sacó el dedo y sonrió diciéndome “también sientes rico, mami”. Yo un poco
avergonzada le pregunté porqué había hecho eso, y me contó que una compañerita
de ella le había hecho lo mismo, y que a la compañerita se lo había hecho la
mamá. Que se lo hacía para que se durmiera más rápido, pero que cuando ella se
lo hacía sola no le daba “lo rico”.
-osea, no se venía.
-eso me imaginé yo, así que le pregunté a Michelle si ella se había venido y me
dijo que no. Naturalmente, no le dije así, pero me hice entender. Me dijo que
con la compañerita cuando se encerraban en el cuarto a “estudiar” se abrazaban y
se daban dedo la una a la otra, pero que a Michelle no le entraba el dedo porque
le dolía un poquito.
Yo recordé la facilidad con que le entró el dedo de Daniela y
dudé. Pero me puse a pensar que no sabía cuanto tiempo tenían esos encuentros y
de poco a poco también se rompe. Mientras duraba este relato nos estuvimos
chupando y acariciando. Yo le pasaba la cabeza de la verga por la raja para
excitarla mas, pero sin metérsela. Ya sabía yo que eso la volvía loca. Este
relato se los cuento para que el relato guarde concordancia, pero en realidad
ella me lo contó entre suspiros e incoherencias propias de los juegos
preliminares de una buena culiada.
-¿Y fue la amiguita esa la que la rompió?
-No, mi amor, fui yo. Después de eso otro día la estaba secando y le noté los
labios rojitos, así que le pregunté si se había estado acariciando con la
amiguita que ese dia había ido a visitarla. Me dijo que la amiga se había
asustado porque yo ya sabía todo y no había vuelto a tocarla pero que tenían
muchas ganas. Yo le dije que por mi no había problema, pensando en decirle que
me dejara verlas, pero ella me dijo que le parecía que ya no había caso, así que
se acarició sola delante de la amiga. Imaginarme esa escena me calentó bastante,
y casi sin pensarlo le dije que se acariciara delante de mi. Como si eso hubiese
sido lo que deseara, Michelle abrió bastante las piernas y empezó a masturbarse
casi en mi cara. Se restregaba los labios y el clítoris con dos dedos pero no
hacía intentos de metérselos. Yo la acosté y mientras ella se masturbaba yo le
acariciaba los duros pezoncitos, y le besaba esas lindas piernas que tiene. Una
cosa llevó a la otra y terminé chupándola. La primera vez que chupaba un chocho
y era el de mi hija. Tu sabes que yo no me considero abiertamente bisexual pero
desde que me mostraste esas películas, me da curiosidad por saber a que sabe un
chocho grande, pero depilado, agarrar unas tetas y chuparlas también, como tú me
haces. Acostarme y dejarme llevar, que me pongan unas ricas nalgas de mujer para
meterles la lengua por todo lado… Mi amor… me vengo.
Porque ya ahí, era un mete y saca bestial, en que entre
frases del relato y jadeos se mezclaron los recuerdos y las fantasías y nos
vinimos con uno de los orgasmos más fuertes que habíamos tenido hasta entonces.
Cuando nos recuperamos ella todavía meneando las caderas me
termino de contar.
“le quité la mano del chocho y me puse a chupárselo, primero
no sabía qué hacer, pero imitando las películas movía la punta de la lengua
contra su botoncito, pero le hacía demasiadas cosquillas, así que probé
metiéndole la lengua en la vagína, y qué crees. Le entró casi toda. No estaba
del todo rota, pero pronto. Yo puse la lengua dura y se la metía y sacaba
deleitándome con sus gemidos. Esa vez la hice venir, después de lo cual se
durmió casi instantáneamente. Yo me pasé la calentura con una paja en mi cuarto
con el consolador. La siguiente vez le metí el dedo meñíque, y aunque la rompí
un poquito, no insistí. Al fín de semana siguiente, me contó radiante que se
había reconciliado con la amiguita y que ésta le había metido todo el dedo y no
le había dolido. Michelle también se los metió y me pidió que le chupara a la
amiguita, ante lo cual me negué. Que la mamá se lo hiciera era una cosa, pero
otro adulto ahí, me daba mucho susto. Michelle me pidió que la enseñara a chupar
porque quería chupar a su amiga así que lo hice. Si vieras Jairo, como chupa esa
niña, se la quiere comer a una. A la amiguita ya le mete un dedo por atrás
mientras la chupa y las dos aprendieron a besarse.”
Esa parte del relato no me interesaba así que continué
prodigando a mi complaciente esposa con caricias que nos llevaron de nuevo a
otra culiada feroz. Cuando terminamos otra vez, Daniela me preguntó si yo había
tocado alguna vez a Michelle.
-No, negra, nunca. Ya te dije que me reprochaba a mí mismo
esos sentimientos.
-Vamos a ver que hacemos al respecto, me dijo
sorprendiéndome.
Las próximas partes ya están redactadas y se subirán en
breve.