Este relato le sigue al de Mario que a su vez le sigue al de mi
primo Roberto.
Reencuentros
Cuando les conté a mis padres de mis experiencias (no
sexuales) en el colegio, ellos se sintieron bastante alegres de que me la
estuviera pasando bien, pero menciono esto, por que les hablé de Mario (como
amigo, obvio) y vaya sorpresa, tras varias indagaciones de mi padre, mi "amigo"
Mario resulto ser el hijo de un amigo suyo, al cual había conocido en ese mismo
colegio, me pidió que averiguara mejor al respecto ya que hacia años que no veía
a su amigo. Tras las habituales fiestas de fin de año, regresé a la escuela,
hablé con mi primo de un montón de banalidades, el viaje fue el mismo de la
primera vez solo que ahora hacía demasiado frío.
Llegué y tal como lo esperaba Mario aun no llegaba, saludé a
los amigos y fui a desempacar, había una ligera capa de nieve en los jardines y
en los tejados ¡que mundo tan distinto a mi infierno tropical! Desempaqué y me
acosté un rato, aun estaba bastante abrigado y no me quitaba las calcetas.
Habrán pasado un par de horas hasta que llegó Mario no tan abrigado, con su
sonrisa encantadora y ojos grises, sentí una ligera presión en el pecho y una
sensación de alegría poco conocida. No hubo palabras para ese momento, en cuanto
cerró la puerta lo abracé y llené sus pálidas mejillas con besos, el me estrechó
con fuerza como si hubieran sido años de ausencia. Le ayudé a acomodar sus cosas
mientras platicábamos sobre como nos la habíamos pasado en esta temporada de
excesos, le conté cuanto le había extrañado y también mencioné aquel nombre que
mi padre me había dicho, Mario quedó extrañado y solo atinó a decirme que aquel
era su padre, solté una risita malévola y le expliqué la situación. Ambos
estábamos asombrados. También escuche las penas de Mario, el me comentó que su
novia simplemente le había puesto los cuernos durante todo el tiempo en que
estuvo lejos y que cuando llegó, ella le armó un escándalo, no detallaré mas,
fue una situación difícil y según Mario, su único consuelo era que yo estaba
ahí, eso me conmovió muchísimo.
Las noches eran naturalmente muy frías, pronto, el calor que
nos daban nuestros encuentros resultó insuficiente, aun recuerdo muy claramente
aquella noche, habíamos conseguido bajar los colchones al piso para una mayor
comodidad, era la segunda vez que lo hacíamos, Mario había quedado simplemente
muy caliente aquel día, no recuerdo exactamente por que, pero llegada la noche
Mario me había insistido, no me había dejado dormir y sus insinuaciones habían
dejado de serlo, tenia mucho sueño, pero igual tenia ganas y siempre me había
gustado complacer a Mario en lo que pudiera, le dije que estaba bien pero que el
bajara los colchones, lo hizo de inmediato, me tiro cuidadosamente en los
colchones y se puso encima de mí haciendo los movimientos mientras aun me
desvestía, yo acariciaba su espalda apenas cubierta con una camiseta, una vez
que nos quedamos sin prendas, en algo parecido a la posición del misionero,
Mario me hizo el amor, lo hacia lentamente aunque por momentos se aceleraba, me
mordía la barbilla y el cuello, en ocasiones paraba sus movimientos y así con su
verga bien adentro, ponía sus labios sobre los míos en un leve beso mientras que
su nariz y la mía chocaban ligeramente, después reanudaba sus movimientos y se
limitaba a verme con una sonrisa juguetona o simplemente cerraba sus ojos y
lanzaba discretos gemidos. Seguimos así un rato hasta que sentí el pinchazo
final que tanto me gustaba de Mario, era como si quisiese meter hasta sus huevos
en un ultimo empuje, después se quedó quieto sobre mi con la respiración
levemente agitada y con su pecho un poco húmedo, yo le acariciaba la espalda
mientras sentía como su miembro languidecía en mi interior, finalmente salió por
cuenta propia y Mario se tumbo a un lado, el sueño empezó a reclamarme así que
le dije a Mario que dormiría ahí, que al día siguiente pondría la cama en su
lugar, me levanté por mis cobertores, pero Mario seguía en la cama y ya tenia
sus sabanas.
¿Dormimos juntos? –preguntó con una ternura que parecía casi
infantil. –es que también me da flojera poner las cosas en orden.
No necesitas razones –le dije. –por mi, encantado.
Así pues, me acosté a su derecha y apoyé mi cabeza en su
hombro y el puso la suya cariñosamente sobre la mía, puse mi mano derecha sobre
su estomago y el me cubrió con su cobertor de cuadros, caí dormido casi al
instante. Desperté en casi en la misma posición, antes de despertar a Mario me
dedique unos breves instantes a jugar con la pelusa que bajaba de su ombligo en
una pequeña línea dorada, pusimos las cosas en orden y nos vestimos para
desayunar. Desde entonces, casi todas las noches bajábamos los colchones y
dormíamos juntos, aunque no hiciéramos nada sexual, el solo hecho de dormir
juntos nos causaba una satisfacción indescriptible.
Conforme las semanas pasaron, nos fuimos descubriendo más,
Mario adquirió mis malos hábitos de dormir mucho y yo adquirí un mayor interés
por el fútbol, no había juego al que no fuéramos juntos y siempre que el jugaba
yo estaba ahí, como siempre, solo que con ahora con mayor emoción y entendiendo
mas el juego, sobre todo por que aprendí a sacarle provecho personal, apenas
terminaba el partido, me iba al cuarto y esperaba pacientemente a que Mario
viniese para ducharse y que después fuéramos a celebrar con los amigos como
siempre lo hacia, solo que una vez, decidí cambiar un poco los planes y en
cuanto llegó lo abrace y empecé a sobarle las piernas y las nalgas así como
también la agarraba el paquete, sobándoselo hasta conseguir que se pusiera como
un fierro. Se que suena a que estaba algo urgido, pero entiendan que me era
irresistible verlo con el uniforme de fútbol, su camiseta roja sudada y sucia y
su short blanco con manchas de lodo y pasto, el uniforme le sentaba muy bien y a
eso le sumábamos el olor que tenia, una mezcla que me resultaba afrodisíaca.
Pues bien a el tampoco le pareció mala idea y entendió al instante lo que yo
quería y sin dudarlo un momento me lo dio. Y así fue como Mario y yo empezamos a
llegar tarde a las celebraciones y en ocasiones simplemente no llegábamos,
después de cada partido era el mismo ritual, al parecer el fútbol también
incrementaba sus ánimos, por que en una ocasión en la que el metió unos tres
goles y la escuela obtuvo una magnifica victoria frente a otro instituto Mario
llegó mas que animoso y claro yo estaba también muy emocionado, le decía cosas
como eres mi campeón o el hombre de los goles; mientras mis manos trabajaban en
ese mástil férreo que tras varias fuertes caricias añadió una mancha blanquecina
al sucio short deportivo que hacia unas horas era de un blanco inmaculado, aun
así, ese día Mario metió otros muy buenos goles en mi portería y con la cama
como campo, quedamos tan exhaustos que llegamos a las celebraciones cuando estas
ya estaban por terminar. Ahora bien, cuando perdía era otra cosa muy distinta ya
que obviamente no quedaba con los ánimos de hacer nada y yo tenia que poner
todos mis esfuerzos en animarlo, le daba masajes, caricias, mimos, le decía
palabras de apoyo y aun así en ocasiones pasaban días antes de que olvidara su
derrota. No crean que Mario es el tipo de chico que solo piensa en deportes sino
que el ponía todo su esfuerzo en lo que hacía, por ello las derrotas le dolían
mucho, por que creía que solamente era culpa suya, intenté quitarle esas ideas,
pero fue inútil, me resigne únicamente en ser aun mas cariñoso cuando el perdía.
No sabes cuanto me alegra tenerte –me decía con mucha
sinceridad. –siempre estas aquí conmigo cuando te necesito.
En las buenas y en las malas –le dije mientras despeinaba
cariñosamente su melenita de rizos rubios. Me sonreía, le daba un pequeño beso
en su mejilla y pasaba mi brazo sobre su hombro, acariciando levemente su
espalda. Siempre nos dábamos ánimos.
Respecto a estos cambios en nuestras actitudes no falto quien
se diera cuenta, nuestros amigos lo notaron y siempre hacían comentarios en tono
de broma como:
No venimos, por que creíamos que estaban durmiendo –decía
uno.
Ya te dije que no estaban durmiendo –decía otro. –no vez lo
feliz que está Nico.
O cuando estaba de mal humor me decían que el hecho de estar
embarazado de Mario no me daba derecho de portarme así y acto seguido le
recriminaban a Mario por su falta de precaución. ¡Hasta mi primo empezó a
decirnos cosas! Claro a ninguno de los dos nos molestaba, a mi me causaba gracia
que todo lo que dijeran fuera tan cierto y que sin embargo ellos realmente no
creyeran siquiera que fuera una posibilidad real, inclusive jugábamos con ello,
cuando llegaban al cuarto generalmente dormíamos y Mario se levantaba a abrir
con un cara tal vez comparable con la de un fantasma crudo, entonces ellos
decían que nico le había pegado lo dormilón y el contestaba: y otras cosas.
Mientras se rascaba la entrepierna. Sin embargo nunca nos llegaron a pillar o
algo así, siempre éramos mas que precavidos y por supuesto moderados ya que
obviamente no cogíamos a diario ni a todas horas, generalmente lo hacíamos dos
veces a la semana, el resto eran mas bien caricias, abrazos y platicas, también
teníamos que darle un tiempo a los exigentes amigos que teníamos y casi siempre
salíamos los fines de semana a la capital o a las ciudades aledañas. Mario
aprendió a vagar a mi lado y en ocasiones hasta mi primo nos acompañaba,
proporcionándonos alcohol y pornografía heterosexual la cual no era más que para
guardar apariencias.
Unas semanas antes de salir de vacaciones de semana santa, se
me ocurrió una idea y en cuanto la tuve bien estructurada se la comenté a Mario.
La idea era que el pidiera permiso para pasar un par de semanas en mi ciudad
durante el verano, mi familia le daría alojamiento y comida y naturalmente, como
hijo de un viejo amigo de mi padre, sería un honor tenerlo como invitado. Mario
pensó en la idea y dijo que se la comentaría a sus padres en el receso de semana
santa. Solo diles que soy hijo de… –le recordé ya que según mi padre, ellos
habían sido muy buenos amigos años atrás. –por cierto, muy probablemente la
invitación se extienda a toda tu familia.
Le dije que se lo confirmaría en cuanto llegase a mi ciudad.
El casi me aseguró que si le dejarían ir, pero que no estaba seguro de si sus
padres podrían acompañarlo. –Mejor –pensé.
Mi propósito de comunicarles sobre Mario se ha cumplido, como
han de imaginarse, el ultimo día nos despedimos y todo, no fue nada de otro
mundo, ¿o que esperaban? Que me colgara de una de sus piernas y le rogara que no
regresase a casa por dos semanas, ¡no! Por supuesto que no.
Pero aun me queda el pendiente de contarles algo respecto a
mi primo, si, respecto a mí adorado primo Roberto. El había sido, desde el
regreso de vacaciones de invierno, un muy buen amigo que siempre estaba
pendiente de mi, rara fue la semana en que Roberto no nos fuera a visitar,
cuando eso ocurría yo me sentía feliz aunque también algo incomodo por que
apenas llegaba, mi primo me tomaba por la cintura o por los hombros y no se
soltaba de mi, Mario solo se sentaba en la cabecera, quedando de espaladas a la
ventana y nos acompañaba, hablábamos de frivolidades, ya ambos eran consiente de
la situación, era eso lo que me molestaba, que siendo conciente mi primo de que
yo andaba con Mario, el siempre enroscaba su brazo en mi espalda y me hacia
veinte mil cariños innecesarios, y esto desde que llegaba hasta que se iba.
Mario solo observa, podía notar en sus ojos algo de tedio, creo que si no le
decía nada a mi primo era por todo el respeto que sentía por el, ya que
efectivamente, Mario era algo celoso en cuanto a mi trato con otros hombres, ya
que cuando salíamos de fiesta a algún lugar y empezaba a ser coqueteado por
tipas, el no mostraba ni remotamente alguna señal de celos.
La parte en la que mi primo volvió a hacer una aparición en
mi vida fue el día en el que supuestamente debíamos regresar, salimos temprano
del colegio y llegamos a la capital con buen tiempo, mi primo era el encargado
de ver los boletos (ya que era el mas responsable) y aun no los había visto,
esta vez regresaríamos en camión por razones que aun ahora califico de tontas.
Conseguimos una salida hasta las doce veinticinco de la noche y apenas eran las
nueve y media de la mañana, mi primo fue bastante hábil y decidió que mejor
rentásemos un cuarto barato para dejar las cosas ahí y tomar un baño antes de
irnos, el resto del tiempo la pasaríamos de paseo como solíamos hacerlo los
sábados, solo que ahora estábamos solos los dos, me guió por la ciudad, creo que
con los años que llevaba visitándola, le era ya como la palma de su mano. Me
mostró los viejos palacios, las iglesias y los parques mas bellos, hicimos una
visita rápida por el zoológico la cual fue bastante grata para mi, me recordó mi
infancia cuando mi tía nos paseaba por el antiquísimo zoológico de mi ciudad con
su aire melancólico y fantasioso, tenia como cinco años en ese entonces y mi
primo tendría tal vez doce, aun así nos acompañaba y jugaba conmigo y su
hermanita (que es un año mayor que yo), claro este lugar era muchísimo mas
grande y moderno, pero me recordaba aquellos felices momentos. Habremos
terminado nuestro paseo como a eso de las dos de la tarde y mi primo me llevo a
comer, todo por su cuenta, en un restaurante del centro. Platicamos de
muchísimas cosas, pero la que tuvo mas impacto en mi, fue el hecho de que mi
primo ya tenia casi todos los preparativos de su boda, sin afán de perturbar sus
planes le comenté todo lo que se decía sobre el y su bodita. Apreció mi
sinceridad y me dijo que solo claudia (su hermanita) y yo éramos sinceros con
el, realmente me lo agradecía. Terminamos y caminamos sin rumbo alguno, el cielo
era gris y pronto llovería, realmente eso no me importaba y seguimos así hasta
que la lluvia se tornó recia. Solo entonces decidimos regresar al hotel,
empapados pero felices. Serian cuando mucho las cinco de la tarde, dormité un
rato (¿Qué raro, no?) mientras mi primo veía una película. Cuando desperté aun
llovía, sin darme cuenta me encontraba ligeramente apoyado en la pierna de mi
primo quien igual se había dormido mientras veía la tele, si seguía lloviendo,
tendríamos complicaciones con las calles inundadas y todo eso, sin despertar a
mi primo me metí a la ducha. El chorro de agua caliente me despertó del todo y
me ayudó a relajarme, solo entonces me di cuenta del bello día que había vivido.
Pensé en mi primo y supe que no soportaría la idea de no verlo el próximo año,
así como tampoco terminaba de agradarme la idea de que fuera a casarse, me sentí
bastante triste, solté un ligero llanto, un sollozo más bien. Seguía bajo el
agua, sin jabón ni nada, con los ojos rojos cuando escuche que alguien entraba
al baño, solo podía ser mi primo. Corrió la fea cortina del baño y me miró.
Por favor no te molestes –me dijo un poco nervioso. –es que
seria la ultima vez y me preguntaba si…
No estaba seguro del todo, solo agradecía que mis lagrimas no
se notaran por la regadera, tomé su mano y por impropio que fuese de mi, callé
su boca con un beso, no uno muy fuerte, solo pose mis labios en los suyos, fue
el quien lo hizo mas apasionando al cruzar su lengua calida en mi boca, lo
abracé y no me atreví a abrir los ojos. Ya había olvidado lo que era eso, mi
primo y su fuerza, ya había olvidado lo bello y fuerte que era, simplemente una
estatua viva que reflejaba la belleza y virilidad masculinas. Volví a llorar y
el se separó de mi, tuve que explicarle lo que pasaba y noté como sus ojos se
tornaban rojos también, me abrazó y me repitió muchísimas veces que todo estaría
bien. Como para salir de la situación tome un poco de shampoo y se lo puse en el
cabello, también enjabone su cuerpo, era terrible para mi consciencia sentir
aquellas formas de nuevo, aquella rigidez de textura tersa, los vellos, todo me
perturbaba. El hizo lo mismo, me puso shampoo en el cabello, masajeándolo un
poco, y bajo con suavidad por mi cuerpo enjabonándolo y acariciándolo también,
se pegó a mi espalda, pude notar cierta rigidez en su sexo.
Me permitirás una ultima vez –me preguntó muy suave al oído.
Está bien –le dije. –pero por favor, que no sea la ultima
vez.
Está bien –respondió. –te lo prometo.
Nos secamos, contemplamos un momento nuestros ojos rojos y
tomándolo por la cintura y apoyando mi cabeza en su hombro, deje que me llevase
a la cama.
Una vez ahí, el se portó muy cariñoso, me llenó de besos, de
mimos, me dijo que me quería y que lamentaba mucho lo que había dicho hacia casi
un año. Yo solo le respondí que eso ya había dejado de tener importancia para
mí. El fue bajando desde mi cuello hasta mi sexo, lo había olido e incluso
degustado un poco (cosa bastante rara por cierto), me había volteado dejando que
únicamente mi pecho sobre la cama, había abierto mis piernas y mis rodillas se
apoyaban en el piso alfombrado, se dejo caer sobre mi espalda y así pude sentir
ese ardor que hacia meses no sentía (ya que la sensación se diferenciaba
demasiado a la de Mario), sentí la delicada presión de su miembro en mi ano,
calido y babeante aquel trozo de carne aun no se perdía en mi memoria. Al ver
que no podría meterlo por si mismo, mi primo se quito de encima y se dedico a
observar mi trasero, no tenía lubricante entre sus cosas así que solo utilizo el
viejo método de la saliva y los deditos.
Este Mario si que te lo ha cuidado –dijo un tanto serio y un
tanto bromeando. –o la tiene muy chica.
Reí un poco. Pero finalmente le dije que seria mejor no
hablar de el, por que lo quería mucho y mi conciencia podría arruinar el acto.
El entendió y prosiguió con lo suyo. Una vez que tuvo listo mi ano, acomodó su
verga y la fue introduciendo con su propio peso. Finalmente, la tuve adentro y a
él apoyándose completamente en mi espalda. Fue delicioso, que mas podía pedir
uno, la conciencia muerta, un primo apasionado, una lluvia fortísima. Solo
faltaba una bella canción, pero eso podríamos hacerlo nosotros. Y lo hicimos:
frases de afecto, gemidos estentóreos y respiraciones agitadas, todo eso
acompañando las sensaciones producidas por aquel vaivén mágico, la falta de
aire, el calor y todo eso, cerrar los ojos y dejarse llevar. Mi primo me
mantenía apresado, únicamente moviendo sus caderas, en ocasiones me mordía. Como
ya había dicho el era muy bueno en la cama y en casi todo también. Ocurrió lo
que tenia que ocurrir y mi primo dejo un recuerdo lácteo en mi interior. Se
tumbó a mi lado mientras yo me levantaba para limpiarme y vestirme, no quise
chupársela, no se por que, pero no me llamaba hacerlo en ese momento. Para la
próxima será –pensé. –si él cumple con su promesa.
El también se vistió y tomamos un taxi ya que si esperábamos
más tiempo, necesitaríamos una lancha para llegar a la estación. Estando en la
estación faltaban unas tres horas para que abordásemos, mi primo sacó sus cartas
y jugamos unas manitas de póquer hasta que unas muchachas se acercaron a jugar,
eran canadienses o americanas creo, por fortuna el inglés ya me era muy sencillo
y pues que decir de mi primo, les invitamos un café y nos acompañaron durante
las horas que faltaban. Una vez voceada nuestra partida, las dejamos. Entregamos
equipaje y subimos al camión. Platicamos por varias horas hasta que me dormí, al
parecer llovía en todo el centro del país.
Desperté bastante tarde, cuando sentí que el camión paró.
Dormía sobre el pecho de mi primo quien me había cubierto con su chamarra de
mezclilla, me aparté de el pues sentí un poco incomoda la situación (estábamos
en un autobús repleto de gente), mi primo me dijo que al ratito de haberme
dormido me había puesto en aquella posición, que solo una señora nos había visto
raro y que total, tal vez nunca la volveríamos a ver. Las horas restantes de
viaje las pasmos hablando, escuchando música, leyendo y contando el número de
vehículos accidentados que había en el camino. ¿Será que ya nadie sabía
conducir?
Cuando llegamos a nuestro destino nuestros padres estaban ya
esperando, con el paso de los días les comenté acerca de mis planes, a ellos les
encantó la idea y le envié un mensaje a Mario, un par de horas después me
respondió afirmativamente, solo que sus padres no podrían venir por cuestiones
de trabajo o algo así. Mi padre habló con el de Mario y no hubo mayor problema,
era un hecho, tendría a Mario durante dos semanas, aquí en mi amada ciudad. Le
mostraría todo lo que amaba, lo pasearía y lo llevaría a la playa, si, la playa,
quería verlo en ese paisaje tan hermoso.
En lo que restó de mis vacaciones no hice nada que deba ser
mencionado, salvo comentarle a mi prima (claudia) mi situación como bisexual, lo
hice por que ella me había comentado lo mismo un para de años atrás y teníamos
demasiada confianza, no le comente ni de Mario ni de Roberto, ella solo se
extraño un poco por la noticia de mi orientación. Genético pensamos, pero tras
discutirlo fue más fácil atribuirlo a la educación que recibíamos. Digo esto
pues podría ser útil a futuro.
Si, les contaré lo que pasó, pero por ahora solo les dejo
esto. Gracias por haberlo leído. Y aunque tal vez esté fuera de lugar quiero
agradecer a mi primo y a Mario simplemente por que así quiero hacerlo (y eso si
lo leen). No hace falta decir que los comentarios (buenos o malos) serán
apreciados. Les dejo mi correo (¡o que sorpresa!) por si desean agregarme o
escribirme o ambas.
Lastdream_666@hotmail.com . También quiero hacer la aclaración de que este
es un relato que sirve como puente entre la historia de Mario y otra que
publicaré después, por eso quedo algo ligera y rara.