No quería ser el típico invitado que sólo trae molestias, por
lo que decidí agradecer la invitación de mi amigo con una buena comida. Al
principio pensé sacar a Juan por ahí e invitarle a un restaurante que me había
recomendado un ciberamigo que vive en Vigo, pero imaginé que Juan vendría
cansado del trabajo y que preferiría comer en casa. Así que, me dispuse a
asaltar la cocina para inspeccionar por armarios y por la nevera los alimentos
de los que disponía para preparar un buen menú. No es que sea un buen cocinero,
pero me apaño bastante bien cuando es necesario. La verdad es que con lo que
había, poco podía hacer. En el frigorífico apenas encontré media docena de
huevos, un paquete de pavo en lonchas, un par de tomates y kilos y kilos de
frutas. Los armarios tampoco me ofrecieron un mejor panorama. ¿De qué coño se
alimentaban en esa casa? Esto había que solucionarlo.
Me vestí y bajé a la calle en busca de un supermercado. Tras
cinco minutos dando vueltas por el barrio, encontré uno a no mucha distancia. Al
principio sólo iba a comprar lo necesario para la comida que iba a preparar,
pero decidí hacer una compra en condiciones para llenar aquella despensa que
sólo de verla daban ganas de llorar. Al pagar, me puse en la cola de la caja en
la que cobraba el único chico que trabajaba allí. Sería un chico de unos 22
años, con corte de pelo moderno y piercing en la ceja. Cuando me atendió, me
saludó con una sonrisa que dejaron al descubierto sus dientes blancos y
perfectos.
Ola, bos días
Bos días – le contesté devolviéndole la sonrisa y
mirándole fijamente a los ojos, algo de lo que él se percató
Me fijé en la plaquita que llevaba colgada en la camisa. Se
llamaba Álvaro.
¿Ti es novo no barrio, non? – preguntó de repente
¿Perdón? Es que no soy de aquí – contesté
Ya veo… Te preguntaba que si eres nuevo aquí en el
barrio
La verdad es que no. Bueno, tampoco es que lleve
tiempo viviendo aquí. Estoy de visita en casa de un amigo.
Ya decía yo. Se me quedan muy bien las caras, y la
tuya no se me olvidaría…
Esto último lo dijo mirándome fijamente.
¿Y de qué parte de Madrid eres? – preguntó
¿Cómo sabes que soy de Madrid?
Digamos que tu deje te delata…
Ah, vale, ya. Nuestro deje de chulos
Jajaja. Bueno, eso lo has dicho tú…
Ya, pero es lo que estabas pensando. Por cierto, tu
acento tampoco deja lugar a dudas de que eres de aquí
Sí, dicen que somos muy melosos hablando…
Es cierto, y muy melodiosos. Yo estoy enamorado de
vuestro acento
Moitas grazas. Son 74,84 euros
De nada, aquí tienes
Cuando me dio las vueltas me despedí de él.
Pues nada, Álvaro, ya si eso nos vemos otro día –
dije con total normalidad como si conociese su nombre de toda la vida
Eso es trampa. Yo no sé cómo te llamas tú – me dijo
sonriente
Marcos
Bien Marcos, aquí me encontrarás. De lunes a sábado
Muy bien. Adiós
Adeus
Aquella conversación había sido un ligoteo en toda regla. Y
no lo había hecho con la intención de quedar con él, porque esos tres días se
los iba a dedicar por completo a mi amigo y no iba a tener tiempo para otras
cosas. Pero el simple hecho de tontear con la peña me mola. Y a ese tío parece
que también le iba el rollo, y lo mejor de todo es que no lo estuvimos ocultando
a la vista del resto de clientes. Seguramente aquel chaval estaba fuera del
armario para todo el mundo. Y a mí, como me encontraba en otra ciudad, tampoco
me importaba que me lo notasen.
Después de guardar toda la compra comencé a preparar la
comida. Decidí cocinar mi menú estrella: una ensalada de canónigos con queso
parmesano y cebolla confitada, de primero; y unas pechugas de pollo villeroi, de
segundo. Para los postres no tengo muy buena mano, así que compre un tarrina de
helado häagen dazs, mi favorito.
Juan llegó a las cuatro del trabajo. Al entrar por la puerta
vino corriendo hasta la cocina.
¡Coño! ¿No me digas que este olor viene de aquí?
Sí, ¿qué pasa? ¿no te gusta? – pregunté preocupado
Joder tío, ¿cómo no me va a gustar? Al contrario,
¡huele de puta madre! Se huele desde el ascensor
Bueno, pues me alegro. Venga cámbiate, que ya tengo
hasta la mesa puesta y me rugen las tripas desde hace tiempo
¿Y todo esto a qué es debido? – preguntó intrigado
A nada, simplemente me apetecía hacerte una de mis
comiditas para ver si puedo ganarte por el estómago y me pides en
matrimonio ya de una puta vez – contesté en plan gracioso
Créeme que después de esto va a ser difícil que no te
lo pida – contestó, y fue directamente a mis labios simulando que iba a
darme un beso. Él imaginaba que yo me separaría a tiempo, pero como no
me moví de mi sitio, fue él quien se paró en seco
Pero tío, que por poco te doy un morreo en la boca
sin quererlo – dijo casi escandalizado
Jajaja. Si crees que a estas alturas me vas a asustar
con esas gilipolleces… Aunque veo que tú si te has asustado, jajaja
Jajaja. Qué hijo de puta eres…
Juan se dio una ducha rápida y se puso ropa cómoda. Nos
sentamos a comer y estuvimos hablando largo tiempo sobre nuestras cosas. Él me
contaba historias de su trabajo, de su familia, pero poco o casi nada de su
mujer.
Bueno, ¿me vas a contar de una vez que os pasa a ti y
a Lola? – solté sin más preámbulos – porque parece que si no te pregunto
yo, no te decides a contarme nada…
Pues no sé qué nos pasa, pero las cosas no van nada
bien
A ver tío, no me asustes, que tú y Lola parecéis la
pareja perfecta…
Quizás antes sí, pero ahora…
Juan me estuvo contando que la crisis venía desde el mes de
junio. Empezó a encontrar a Lola bastante rara cuando venía del trabajo. Saltaba
a la mínima y discutía por tonterías. No se mostraba tan cariñosa como antes y
no respondía cuando era él quien le hacía cariños a ella. Y por las noches
tampoco funcionaba la cosa: cada vez que Juan empezaba a excitarse y a
acariciarla, Lola ponía cualquier excusa para no practicar sexo. En quince días
sólo follaron una vez. Juan, preocupado, no hacía más que preguntarle qué le
pasaba. Y ella no hacía más que culpar de todo al estrés que sufría en el
trabajo. Hasta que un día no pudo más y su conciencia le obligó a decirle la
verdad. Lola se había enamorado de un compañero de trabajo y había tenido una
pequeña aventura con él. Su relación extramatrimonial había durado tan sólo un
mes y había sido ella quien le había puesto punto y final. Y ahora, cuando ya
tenía las cosas claras y había tomado una decisión, pensó que era el momento de
contarle la verdad. Le juró y le perjuró que a quien amaba y de quien estaba
realmente enamorada era de él. Que su aventura había sido una equivocación y que
se había dado cuenta de que no podía tirar por la borda tantos años de relación.
Dijo estar realmente arrepentida y que se moriría si Juan no decidía perdonarla.
Mi amigo, como es lógico, lo tomó mal. Sentirse un cornudo engañado no es plato
de buen gusto para nadie. No entendía qué había pasado para que Lola hubiese
llegado a engañarle, porque su relación iba muy bien. Quizás lo hubiese
entendido mejor si en el momento de la infidelidad ellos estuviesen pasando por
un mal momento. Pero no, no era así, estaban recién casados y con la ilusión de
una pareja que empieza a compartir su vida. Así que empezó a echarse la culpa a
sí mismo y pensar que quizás él había sido el causante de que Lola marchase a
los brazos de otro. Quizás no estaba dándole todo lo que ella necesitaba y debía
esforzarse más por hacerla feliz. Por esta razón, y porque no quería perderla,
decidió perdonarla y seguir con su matrimonio intentando olvidar el error de
Lola.
Al principio parece que las cosas se solucionaron. Durante
las dos primeras semanas, Juan y Lola siguieron adelante como si nada hubiese
pasado. Incluso se mostraron más cariñosos que nunca el uno con el otro,
haciendo el amor a todas horas. El cambio de actitud de Lola se debía a que
buscaba el perdón definitivo de Juan y quería remendar su error fuera como
fuera. El cambio de actitud de Juan se debía a que quería dedicarse en exclusiva
a Lola para que ella no tuviese la necesidad de buscar el cariño en otro hombre.
Pero poco a poco las cosas se fueron enfriando y todo fue dirigiéndose a su
cauce normal. Juan empezó a despertar y a darse cuenta de que no podía culparse
a sí mismo de lo ocurrido. Él era la víctima de todo. Sabía que cualquier
persona podía equivocarse y hacer estupideces en la vida; incluso podía llegar a
perdonar a Lola por su infidelidad. Pero lo que no podía hacer era
autoproclamarse a sí mismo el causante del problema cuando lo único que había
hecho durante todos sus años de relación era querer a Lola con locura.
Y aunque quiso evitarlo a toda costa, empezó a experimentar
un sentimiento de rencor hacia Lola. Él decía que la había perdonado, pero le
era imposible olvidar. Y le era imposible evitar pensar que en cualquier momento
Lola podría volver a hacerle lo mismo. Y los roles se intercambiaron. Ahora fue
él quien dejó de mostrarle cariño, quien discutía por banalidades, y quien ponía
excusas para no hacer el amor.
Sinceramente Marcos, no me apetece follar con Lola –
me dijo – siento un rechazo hacia ella y ni siquiera me excito cuando la
veo desnuda
¿Y cuánto tiempo lleváis sin hacerlo? – pregunté
Tres meses. Tres meses sin follar
Joder. ¿Y cómo eres capaz de llevarlo? Me refiero a
lo de no practicar sexo – pregunté realmente sorprendido
Imagínate…
¿Te vas de putas?
No, hombre no. Ya sabes que a mí no me va ese rollo.
Pues a pajas. Con casi 26 años que tengo me mato a pajas todos los días
– me dijo con tristeza en los ojos
Juan, siento mucho por lo que estás pasando. Y sabes
que tienes mi apoyo para todo
Gracias Marcos, ya lo sé
¿Se lo has contado a alguien más?
No, no me he atrevido. A mis padres les mataría de un
disgusto, y con mis amigos de la facultad he perdido un poco el contacto
desde que nos licenciamos, y no tengo confianza con ellos para hablar de
esto
¿Y por qué no me lo has contado antes?
Porque pensé que podría solucionarlo, pero todo se ha
ido torciendo y ahora no sé qué hacer...
¿No has pensado en nada?
Sí, lo había pensado y lo tenía decidido. Había
llegado a la conclusión de que lo mejor era separarme de Lola
Bien, tal y como están las cosas me parece correcto.
Además creo que es lo mejor para los dos
Ya, pero ahora tengo mis dudas
¿Por qué?
Porque Lola está embarazada. Está de casi cuatro
meses. Nos enteramos el mes pasado – dijo con una mirada a punto de
romperse en mil pedazos
En aquel momento no sabía si lo que tenía que hacer era
felicitarle por su próxima paternidad (Juan siempre había soñado con tener
varios niños correteando a su alrededor) o sentir lástima por él y por el
problemón que tenía encima. Así que me limité a hacer lo único que seguramente
necesitaba mi amigo en ese momento: darle un abrazo. Juan estaba tan
conmocionado con todo lo que le estaba pasando y debía de estar esperando
durante tanto tiempo un abrazo como ese por parte de alguien, que no tardó en
echarse a llorar como un niño aferrándose a mí como si fuera lo único que
tuviera en la vida. Su fragilidad me emocionó y le di un fuerte beso en la
mejilla para calmarle.
Después de eso Juan fue a echarse una siesta a su habitación.
Estaba cansado del trabajo. Además el hecho de contar por primera vez su
problema a alguien le había agotado, como si se hubiese quitado un gran peso de
encima: te deja aliviado pero con necesidad de recobrar fuerzas. Yo también
estaba algo aturdido y para despejarme me conecté un rato a Internet. Al
principio estuve charlando con un par de amigos del Chat y después navegué por
varias páginas porno con la intención de relajarme. Estaba en plena acción
cuando llamaron a mi móvil. Rápidamente cerré todas las ventanas y corrí a mi
habitación a contestar. Era mi amigo Sebas. Estuvimos charlando cerca de una
hora. Cuando salí me encontré a Juan en el salón. Estaba bastante mejor. Más
aliviado y menos tenso. La charla anterior le había servido de cura.
Marcos, ¿te importa que hoy no salgamos y lo dejemos
para mañana? Estoy bastante cansado
Claro tío, no hay problema. El protagonista de este
fin de semana eres tú y haremos sólo lo que a ti te apetezca – le dije
mientras le cogía cariñosamente del hombro
Eres un crack. Creo que voy a empezar a tomarme en
serio lo de la propuesta de matrimonio de esta mañana, jejeje
No sé si te convengo. Me tiro pedos en la cama y dejo
pelos en la ducha
Pero haces unas pechugas villeroi para chuparse los
dedos…
Después de tantos años en los que la distancia había hecho
algo de mella en nuestra amistad y habíamos perdido cierta confianza, parece que
habíamos vuelto a recuperar en tan sólo unas horas aquella relación de lealtad y
cariño sincero que tuvimos de adolescentes. Quizás tenía que aprovechar ese
momento y contarle antes de volver a Madrid lo de mi condición sexual. Él había
sido siempre mi mejor amigo y los amigos no se ocultan las cosas. Además,
después de su confesión anterior y de contarme sin ningún pudor sus problemas de
pareja, me sentía en la obligación de responderle con la misma sinceridad.
Intentaría sacar el tema al día siguiente porque por ese día ya habíamos tenido
demasiadas emociones juntas.
Después de cenar nos sentamos al sofá a ver una película que
echaban en la tele. Se titulaba "Y tú mamá también" y era una especie de
road-movie en la que dos adolescentes mejicanos descubren el sexo de la mano de
una mujer española. La película no es porno ni nada por el estilo, pero contiene
escenas de gran contenido sexual que excitan a cualquiera. En una de esas
escenas, la protagonista les hace una mamada a los dos chicos mientras estos se
morrean entre ellos. Yo estaba algo violento al estar viendo esta película con
mi amigo (aunque intentaba simular normalidad para no parecer un cateto
puritano), pero a la vez me sentía algo caliente. No tenía ni idea de qué se le
estaría pasando por la cabeza a Juan en ese momento.
Joder macho, me he puesto caliente con esta peli –
soltó de repente
Ya te digo tío. Yo estoy igual – dije entre risas
¡Como está la tía esta! ¡Que pedazo tetas tiene! -
añadió
Yo, más que de las tetas de Maribel Verdú, no quitaba ojo de
los culos de Gael García Bernal y de Diego Luna que sinceramente no estaban muy
allá pero tenían su punto.
¿Sabes a qué me recuerda esto? – preguntó Juan
¿A qué?
A cuando el Dani, tú y yo nos hacíamos pajas viendo
las pelis porno de tu hermano
Bueno, esto no es que sea precisamente una película
porno
Ya, pero la situación de estar tú y yo viendo una
peli así, algo calientes, me lo ha recordado
Y tampoco nos estamos haciendo una paja
Pues por mi parte no será por faltas de ganas, porque
llevo un rato algo cachondo – soltó sin ningún tipo de reparos
Jajaja, eso es porque siempre has sido un salidorro
Eh, no me jodas que tú también andas caliente
¿Y tú qué sabes?
Pues ya me explicarás entonces por qué cojones estás
abrazado al cojín tapándote los huevos, jajaja
Qué mamón… vale, tienes razón. Creo que me voy a ir
al baño a acabar con la tarea – dije levantándome del sofá
¿Y por qué no lo haces aquí?
Pero tío, ¿te has fumado algo?
¿Por qué? No lo veo tan raro. ¿No lo hacíamos de
chavales? ¿Por qué no ahora?
Pues no sé, porque ya ha pasado diez años de aquello,
porque por aquel entonces teníamos las hormonas a mil y estábamos
descubriendo el sexo, porque tú eres un hombre casado, y porque me muero
de la vergüenza ¿No te vale con eso?
A mí no me parece mala idea. Somos amigos, estamos
cachondos y queremos sofocar nuestra calentura. Y no tenemos que dar
explicaciones a nadie – dijo con rotundidad
No, si tienes razón, pero después de tanto tiempo
como que me parece raro…
Mira Marcos, no quiero engañarte, llevo varios meses
a pajas, practicando sexo en soledad; y necesito algo de compañía. No
quiero acabar yéndome de putas. Lo único que te pido es que te hagas una
paja aquí conmigo y sentir que hay alguien más ahí; no quiero sentirme
sólo, como todas las noches. Pero no te pienses que me van los tíos…
Desde luego que me excitaba mucho la idea de masturbarme
delante de mi amigo y que él lo hiciera ante mí, como cuando éramos unos críos.
Pero ahora ya éramos mayores y todo aquello no dejaba de parecerme una locura.
Sin embargo, sus palabras acabaron por convencerme y volví a sentarme en el
sofá. Le entendía perfectamente. Sabía que estaba pasando por muy mal momento,
que se sentía muy solo, y quería ofrecerle mi ayuda fuera como fuese. Si aquella
paja le iba a servir para satisfacer en parte su escasez de sexo, no iba a ser
yo quien se lo impidiese.
La película que estábamos viendo se había acabado hace
tiempo, y como nos parecía algo frío cascárnosla sin estar viendo nada, Juan
puso en el dvd una porno que se había descargado de Internet.
Esto es lo que utilizo cuando me hago las pajas –
dijo
Algo nerviosos nos sentamos cada uno en un sofá. Juan fue el
primero en dar el paso. Comenzó a sobarse el paquete por encima del pantalón que
evidenciaba un buen empalme de su polla. Yo le imité y comencé a sobarme el mío.
Aunque tenía la mirada puesta en la película, por el rabillo del ojo no perdía
detalle de todos sus movimientos. Nuestra excitación fue aumentando al tiempo
que pasaba el tiempo. Personalmente, yo estaba más excitado de tener a mi amigo
a escasos dos metros de mí tocándose el rabo que de la película en sí, donde en
ese momento se desarrollaba una escena lésbica entre dos tías rubias y operadas.
El calor se fue condensando en aquella habitación y en un momento dado Juan se
deshizo de su camiseta, quedando con el pecho al descubierto. Sin ser un tío
atlético (como soy yo debido a mi práctica de triatlón) mi amigo es un chico
bastante atractivo. No tiene apenas músculos, pero está delgado y bien formado.
Digamos que es un diamante en bruto, aunque en ese instante me pareció el tío
más sexy del mundo. A estas alturas, a pesar de que ya jugábamos sin ningún tipo
de pudor con la mano bajo nuestro pantalón tocándonos los rabos, aún no nos
habíamos sacado las pollas fuera. Yo ya estaba cachondísimo y aquello me pareció
una niñería: si habíamos decidido hacernos una paja, había que hacerlo bien y
llegar hasta la última consecuencia. Así que me bajé los pantalones y
calzoncillos hasta los tobillos y me cogí de la polla. Al verme, Juan se sonrió
e hizo lo mismo que yo.
Estaba deseando que dieras tú el paso, porque yo ya
no me atrevía – me dijo
Poco a poco fui quitándome del todo los pantalones y
calzoncillos con los pies y me quedé sólo con la camiseta y los calcetines
puestos. Después me tumbé a lo largo del sofá sin cesar en mi paja. Juan también
se desvistió por completo quedando sólo con los calcetines y se tumbó en su
sofá. Fue entonces cuando me fijé en su polla. Hacía años que no la veía. La
tenía totalmente circuncidada. La última vez que llegué a vérsela aún no se
había operado. Su tamaño también había cambiado. Le había crecido unos cuatro
centímetros y la mata de pelo que la rodeaba era más frondosa que antes.
Calculaba que debía medirle el rabo como 17 ó 18 centímetros, más o menos como
el mío, pero sus huevos eran mucho más grandes que los míos. Sólo de verlos, me
imaginaba la cantidad de leche que podrían albergar y cómo sería su corrida. Si
todo iba bien, no tardaría en comprobarlo. De repente me di cuenta de que Juan
también me estaba mirando. A partir de ahí, dejamos de prestar atención a la
película y nos limitamos a observarnos el uno al otro.
Te ha cambiado mucho la polla. La recordaba más chica
– dijo
Coño, y la tuya también era más pequeña
Sí, y afortunadamente me creció. Recuerdo que estaba
algo acomplejado con el tamaño
¿Te acuerdas cuando nos las medíamos con tu regla del
colegio? – pregunté divertido
Jajaja, es verdad. Tan pronto la utilizaba para
medirme la polla como para hacer los ejercicios de dibujo técnico
Jejeje. También recuerdo cuando nos las juntábamos
Dani, tú y yo para comprobar quien la tenía más grande
Sí, el cabrón del Dani sabía perfectamente que
siempre iba a ganar él y lo hacía para humillarnos. Por algo le llamaban
en clase "el trompa", por el parecido de su polla con la trompa de un
elefante
Empezamos a reírnos recordando nuestras aventuras sexuales de
chavales durante un buen rato. Después proseguimos con nuestras pajas en
silencio, hasta que Juan volvió a romperlo con otra carcajada.
¿De qué te ríes ahora? – pregunté intrigado
De que parecemos dos adolescentes aquí con las pollas
fuera y hablando de tamaños…
Sí, es verdad, pero yo ahora mismo estoy muy a gusto
– dije convencido
Y yo; estar haciéndome una paja contigo como en los
viejos tiempos es la hostia. Pero no quiero ni imaginar la cara que
pondría Lola si entrase ahora mismo por esa puerta y nos viera de esta
guisa
Calla, calla, que yo no sabría donde meterme…
Y con lo puritana que es ella
¿En serio? No lo parece – pregunté sorprendido
¿En el sexo? Más de lo que te imaginas
Pues muy puritana no será cuando se ha liado con otro
tío… - no había acabado de decir estas palabras cuando me di cuenta de
mi metedura de pata – oye, perdona tío, no era mi intención…
No te preocupes, si tienes toda la razón. Lo único
que me gustaría saber es si a ese tío le comió la polla alguna vez,
porque lo que es a mí…
¿Nunca te ha hecho una felación?
Qué va tío, no ha habido manera de convencerla para
que me la mamara – contestó abatido
Sí que es puritana, sí. Pues tío, lo siento mucho por
ti porque no sabes lo que te pierdes
No lo sé, pero me lo imagino. Ya sabes que Lola fue
la primera chica en mi vida y no he tenido sexo con nadie más, así que
en lo de las mamadas aún soy virgen
Yo no era el más idóneo para sorprenderme por la confesión de
mi amigo porque mi vida sexual apenas tenía dos años y medio de vida, aunque
ahora estaba aprovechando muy bien el tiempo perdido.
¿Te acuerdas de aquella vez que nos pilló mi hermano
meneándolas? - pregunté
¿Qué si me acuerdo? Estuve un mes cagado de miedo por
si se lo contaba a tus padres
Más cagado estaba yo, que vivía bajo el mismo techo
con ellos
Qué ilusos éramos entonces, como si hacerle una paja
a otro tío fuera pecado mortal – dijo mi amigo
Ya, pero por aquella época no sabíamos casi nada del
sexo. Con el tiempo es cuando empiezas a dotar de normalidad a todo lo
que hacíamos
Pues sería muy normal, pero esa fue la única vez que
nos las cascamos el uno al otro. Y todo por el oportunista de tu
hermano…
Otra vez quedamos en silencio sin dejar de pajearnos y
observándonos el uno al otro. Aquella conversación me estaba poniendo muy
cachondo y lo mejor de todo era que Juan parecía igual de caliente.
La recuerdo como una de las mejores pajas de mi vida.
Estuvo muy bien – dije retomando la conversación
¿Qué pasa? ¿Me estás insinuando que te gustaría
volver a repetir aquello?
No te insinúo nada. Lo único que digo es que me
gustó. ¿O tú no disfrutaste? – pregunté interesado por su respuesta
Claro que disfruté, aunque hubiese estado mejor haber
llegado hasta el final y poder corrernos, pero llegó tu hermano y nos
cortó el rollo…
Bueno, en este momento mi hermano debe de estar a
unos 600 km de distancia…
Ahora no me negarás que eso ha sido una indirecta en
toda regla…
No te lo niego. La verdad es que no me importaría
hacerlo
Ufff, joder Marcos…
¿Qué?
No sé – dijo dubitativo
¿El qué no sabes?
Creí que nunca iba a llegar a decir esto… pero a mí
tampoco me importaría que nos las cascáramos el uno al otro
Ey, como tú has dicho antes, no tenemos que dar
explicaciones a nadie. Si nos apetece a los dos, no veo el problema
Vale, de acuerdo, espero no tener que arrepentirme de
esto – dijo intentando aparentar resignación, aunque yo me di cuenta que
en el fondo también lo estaba deseando
Y acto seguido, Juan se levantó de su sofá y vino hacia el
mío. Como pudo se tumbó a mi lado. El sofá era algo estrecho y apenas cabíamos
los dos. Juan tenía medio cuerpo fuera y tuvo que pasar uno de sus brazos por mi
cuello para aguantar el equilibrio. Una vez que conseguimos "acomodarnos" había
que empezar con aquello. Pero ahí estábamos los dos, prácticamente en pelotas,
aprisionados, con las pollas apuntando al techo y como dos pasmarotes sin hacer
nada.
¿Y si mejor nos sentamos para estar más cómodos? –
pregunté rompiendo el hielo
No, prefiero así
Vale, como quieras. Bueno, ¿y quién empieza?
No sé
¿Empezamos a la vez?
Venga
Lentamente acerqué la mano hacia la polla de mi amigo. Él se
había quedado algo paralizado y con un gesto le indiqué que acercara la suya
hacia mi rabo. La mano de Juan temblaba por momentos, y se detuvo a escasos
centímetros de mi polla. Entonces yo le agarré con toda la palma de mi mano su
tronco. Él suspiró, y aprisionó mi nabo con algo de torpeza.
El primer paso ya está dado – dije
Sí, ya no hay vuelta atrás. Así que vamos a la acción
– contestó
Prácticamente al unísono, Juan y yo comenzamos a masajearnos
los nabos. Las risas de nerviosismo iniciales fueron tornando a leves gemidos
que intentábamos disimular para no evidenciar que aquello nos estaba gustando.
Una más de nuestras contradicciones: ambos habíamos llegado a ese punto porque
sabíamos que así íbamos a disfrutar y sin embargo, una vez puestos en acción,
nos daba vergüenza admitir que aquella paja nos estaba poniendo cachondos. En un
momento dado tuve que detener el pajote que me estaba haciendo Juan para
indicarle cómo tenía que cogerme el rabo para proporcionarme más placer. Él
aprovechó para decirme que no le aprisionara tan fuerte los huevos porque le
hacía daño. Una vez que acabaron nuestras clases de prácticas masturbatorias,
proseguimos con la paja, que se alargó durante varios minutos. El calor que allí
se había condensado hacía casi irrespirable el aire. Hacía ya tiempo que los
leves gemidos se habían convertido en auténticos jadeos. Yo seguía frotándole su
polla circuncidada y él hacia lo propio con la mía. Me fijé en su cara, que era
todo un poema: tenía los ojos cerrados y el ceño fruncido y no paraba de
morderse los labios. Yo no me quedaba atrás, estirando y encogiendo sin parar
las piernas y acariciándome los pezones con la mano libre. Pero los ojos los
tenía bien abiertos, para no perder detalle de ese rabo, que si no se hubiera
tratado del rabo de mi amigo, no hubiese tardado ni cinco segundos en lanzarme a
él y comérmelo con desesperación. De repente, Juan dejó de masturbarme.
¡Espera!, ¡Para! – dijo cogiendo aire
¿Qué ocurre? – pregunté imaginándome que Juan se
había arrepentido de aquello
Que no estoy cómodo tío
Ok, te entiendo, si quieres lo dejamos – dije
ocultando mi resignación
No, no. Si no quiero dejarlo. Lo que pasa que a este
paso me voy a caer del sofá, y ya me duelen un poco los riñones de esta
postura
¿Y qué propones?
Vamos a ponernos de lado, el uno frente al otro. Yo
creo que así sí que cabemos
Nos colocamos tal y como había propuesto Juan. Ahora el
contacto entre ambos era si cabe bastante mayor. Nuestras pollas podían incluso
rozarse si nos lo hubiésemos propuesto. Y de esta manera, seguimos
masturbándonos.
Pero ahora estábamos frente a frente, con su cara mirando
hacia mi cara y, aunque intentábamos desviar la mirada hacia otro lado, era
inevitable que de vez en cuando nuestras miradas se encontrasen.
¿Te importa que apague la luz? – preguntó Juan
Haz lo que quieras
Vale, es que me da corte mirarte y que me mires
mientras hacemos esto
Apagamos la luz y proseguimos. El hecho de quedarnos a
oscuras acrecentó mucho más nuestra excitación. De esta manera sólo podíamos
percibirnos a través del tacto. Bueno, a través del tacto y también a través del
olor, y sobre todo, a través del oído. Sentía sus jadeos a escasos centímetros
de mi oído y hacía verdaderos esfuerzos para no lanzarme a su boca. Poco a poco,
de manera creo, no premeditada, fuimos acercándonos el uno al otro, hasta el
punto de apoyarme en su hombro y él en el mío. A esa altura de la paja,
prácticamente se me había olvidado que estaba teniendo sexo con mi mejor amigo,
y dejé volar mi imaginación. Me imaginaba que aquel tío no era mi amigo, sino un
desconocido con quien había pactado una sesión de sexo. Y así, llevado por la
total excitación que estaba experimentando, me incorporé y en la oscuridad de la
habitación, busqué sus labios con los míos. Me acerqué y le di un ligero beso.
En ese instante Juan se paró en seco. Viendo su reacción, yo
hice lo mismo. Ambos nos quedamos en silencio y totalmente quietos. Al estar a
oscuras no pude ver el gesto de su cara, aunque suponía que sería una mezcla de
sorpresa y enfado. Me di cuenta de lo estúpido que había sido y esperaba que en
cualquier momento Juan se levantara malhumorado de aquel sofá y se cabreara
conmigo. Pero entonces sucedió lo que nunca hubiese imaginado: Juan volvió a
cogerme la polla y empezó a masturbarme de nuevo como si nada hubiese pasado. Yo
hice lo mismo y procuré tener más cuidado para no volver a meter la pata una vez
más. Medio minuto después, sin esperarlo, sentí un leve beso de Juan sobre mis
labios. No me lo podía creer; no sólo no se había cabreado conmigo por lo
anterior, sino que ahora era él quien había dado ese paso. Pero quizás yo estaba
equivocado y sólo había sido un roce fortuito. Aunque en ese caso se habría
disculpado, ¿no? ¿Entonces, qué había significado realmente aquello? Estaba
totalmente confundido y tenía que salir de dudas, así que volví a acercarme a él
y volví a besarle de nuevo.
Esta vez no tardó ni diez segundos en devolverme el beso.
Ahora sí que estaba claro. Tenía que aprovechar aquel momento e ir a por todas.
Por tercera vez acerqué mis labios a su boca y en esa ocasión, en lugar de
separarlos rápidamente, los mantuve allí durante varios segundos. En un
principio, Juan mantuvo sus labios inertes, pero poco a poco fue relajándolos y
respondiendo a mi beso. El paso definitivo fue intentar abrir su boca con mi
lengua. Comencé a presionar y sin encontrar apenas resistencia por parte de él,
la hundí en su interior. A partir de ahí, mi amigo y yo nos medimos en una lucha
sin tregua de lenguas. Nos besábamos con desesperación, con toda la excitación
que habíamos almacenado todo ese tiempo. Juan seguramente besaba con la
desesperación de alguien que no lo hace desde hace varios meses. Poco a poco,
los besos fueron adueñándose de cada centímetro de nuestra piel y no se
limitaron a los labios, sino que alternábamos con besos y pequeñas mordidas en
el cuello y las orejas. Aquel morreo fue impresionante, de los que pasan a la
posteridad en tu historia sexual. Morrearse con un amigo, sobre todo si tu amigo
es hetero, es una de las experiencias más placenteras de la vida.
Aquello ya había sido demasiado para mí y no iba a tardar
mucho en correrme. Por los espasmos que sufría Juan, supuse que él tampoco.
Marcos… Creo que no voy a tardar – dijo entre jadeos
- ¿Cómo lo hacemos?
Córrete en mi pecho
Pero eso es una guarrada tío
No te preocupes, llevo la camiseta puesta
¿De veras que no te importa?
No, tío, córrete sin problemas
Estuve tentado de decirle que aquel pecho había recibido
múltiples corridas, y además sin que una tela de camiseta lo cubriese, pero me
contuve. Juan sufrió un fuerte espasmo y aferrándose fuertemente a mi nuca y
juntando su frente junto a la mía, estalló entre gritos de placer que debieron
de oírse a varios kilómetros a la redonda. Seguramente aquella paja distaba
mucho de las pajas que se hacía él en soledad, porque su corrida fue tan bestial
que estuvo descargando leche durante medio minuto.
Joder Marcos, perdona. Te he puesto perdido – dijo
con la mirada baja y algo avergonzado
No pasa nada, esto se limpia – dije restando
importancia
Ahora faltas tú. ¿Quieres que…?
No hace falta, ya acabo yo solo
Sabía que una vez Juan se hubiese corrido, su excitación
bajaría al mínimo. Su propuesta de acabar mi paja era más por compromiso que por
otra cosa, y quise evitarle aquel apuro. Así que me cogí del rabo y empecé a
meneármela frenéticamente ante la curiosa mirada de mi amigo. Cuando estuve a
punto de correrme, me quité como pude la camiseta y descargué toda mi lefa sobre
la tela.
Poco a poco fuimos recuperando las fuerzas y nuestras
respiraciones fueron tomando su ritmo normal. Estuvimos como cinco minutos en
silencio, sin decirnos nada. Notaba a Juan como pensativo y no tenía ni idea de
cuál iba a ser su reacción. Hacia tiempo que se había vuelto a poner los
calzoncillos para ocultar sus genitales, quizás porque ya no se sentía tan
cómodo desnudo ante mí. El caso es que se levantó y se fue hacia el baño.
¿Te importa que me duche yo antes? – preguntó
No, claro. Pasa tú primero
A los diez minutos salió con una toalla anudada a la cintura
y se encerró en su habitación. Yo entré al baño y me di una ducha para quitarme
todo el sudor y los restos de leche seca que aún tenía adheridos a la polla y el
abdomen. Mientras me duchaba, no podía dejar de pensar en mi amigo. Temía que
aquella paja que se nos había ido de las manos pudiera afectarle negativamente.
Cuando estaba secándome, Juan llamó a la puerta.
Marcos
Dime - pregunté
Me voy a la cama. Estoy bastante cansado. Hasta
mañana – dijo desde el pasillo
Hasta mañana
Terminé de secarme y me fui a la habitación. Aún eran las
doce y media de la noche. No tenía sueño y necesitaba dar una vuelta para
despejarme y reflexionar sobre todo lo que había pasado. Así que, me vestí, cogí
las llaves que Juan me había entregado por la mañana y cerré la puerta. Al salir
al exterior, sentí sobre el rostro el aire fresco y húmedo que corría aquella
noche de octubre por las calles de Pontevedra. Sin rumbo fijo, inicié mi marcha
sin saber que la noche aún no se había terminado para mí…
CONTINUARÁ….