Autor: Salvador
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Mauro, su madre y su hermana
La seducción
La situación no da lugar a dudas: la madre que intenta
seducir a su hijo termina siendo seducida por este. Lo que Laura imaginó como
una situación que podría manejar sin problemas había terminado siendo
sobrepasada por Mauro y su experiencia en el campo sexual, lo que ella ignoraba.
Las palabras de segunda intención con que Laura inició el juego de seducir a su
hijo fueron utilizadas por éste para llevarla a su propio terreno sin que ella
se diera cuenta sino hasta cuando era tarde. Y ahora era él quien tenía las
riendas de la situación y la estaba dirigiendo a lo que se veía como inevitable:
el incesto. Un incesto que ella había deseado desde hacía semanas y que ahora
había intentado llevar a cabo, sin pensar que era ella la víctima en este juego
de seducción.
La ocasión era propicia: Mirtha, su hija mayor, se quedaría
con su hijita en casa de una tía esa noche y la casa sería completamente de ella
esa noche para concretar sus planes. La soledad a la que estaba sometida desde
hacía más de un año desde la separación de su esposo la obligaba a satisfacerse
sexualmente en la soledad de su cuarto, intentando no hacer ruido para que su
hija no se percatara de sus solitarias andanzas nocturnas. Con la llegada de
Mauro a pasar sus vacaciones de verano en casa hacía ya tres semanas que no
tenía oportunidad de satisfacerse pues casi siempre andaba alguien cerca suyo
quitándole la privacidad que requería para sus vocaciones íntimas. Cuando se le
daba la oportunidad, se encerraba en su dormitorio, generalmente con una
película porno arrendada y al calor de las imágenes metía sus dedos en su vulva
y masajeaba su clítoris hasta agotarse, en busca de un orgasmo que le hiciera
recordar aquellos que sentía en brazos de su esposo antes que éste la
abandonara.
Laura es una mujer ardiente, nacida para gozar del sexo y
estaba segura que esa no pudo ser la razón del alejamiento de su marido. Por eso
el dolor de la pérdida para ella era aún mayor cuando su cuerpo le reclamaba
aquello que ya no tenía. Pero no era del tipo de mujer que buscara en otros
hombres satisfacer sus necesidades sexuales. No. Ella aún amaba a su marido, a
pesar de la lejanía, y no podría entregarse en brazos de otro hombre que no
fuera él.
Bueno, eso pensaba ella hasta que Mauro vino a pasar las
vacaciones a la casa materna.
Su hijo, un muchacho pronto a cumplir sus 17 años, estudiaba
en otra ciudad y venía a casa solamente en vacaciones, por lo que cada vez que
lo hacía su madre veía en su hijo cambios físicos que la llenaban de orgullo. Es
que Mauro se estaba convirtiendo en un adolescente de buena presencia, de
hermosos rasgos que le recordaban a su padre, que la abandonara por una mujer
diez años menor que ella.
Laura, una mujer de 38 años, conservaba toda la belleza de
sus mejores años, con un cuerpo agraciado en el que resaltaban un par de senos
aún erectos y desafiantes y unas piernas esculturales que lucía con orgullo pues
sabía el efecto que producía entre los varones que la veían pasar. De tez clara,
pelo negro, largo, su rostro lucía dos ojos que ponían la nota alegre a su
semblante y unos labios carnosos que parecían hechos para besar u otros
menesteres más íntimos. Pero toda su hermosura no pudo con la juventud de la
muchacha que logró conquistar a su esposo, dejándola sumida en una soledad de la
que en más de un año no ha podido salir, rechazando cualquier otra compañía
masculina, por el amor a su marido que aún anida en su pecho, la esperanza de
que vuelva, además del temor a la reacción de sus hijos y, principalmente, por
el trauma que le dejara el sentirse rechazada por otra persona más joven,
dejando su auto estima por los suelos, lo que la sumió en un ostracismo del que
se siente incapaz de salir y que la acostumbró a buscar salidas solitarias a sus
deseos, rechazando cualquier posibilidad de entregarse a otro varón. Es que ella
era mujer de un solo hombre y no cabía en su mente la posibilidad de entregarse
a otro que no fuera aquel a quien le hiciera la promesa matrimonial. Pero ese
hombre ya no estaba, la había rechazado, y cada día que pasaba se daba cuenta
cabal que él no la poseería ya más, que no volvería a tenerlo entre sus brazos,
que no sería invadida nuevamente por el sexo de ese hombre que fuera el primero
y único en su vida.
Y su hijo se lo recordaba cada vez más.
Ahora que Mauro se estaba convirtiendo en hombre se parecía
cada vez más a su padre, con sus mismos gestos, la mirada penetrante y su manera
de hablarle. Laura empezó a buscar en la compañía de su hijo un remedo a la
presencia del gran ausente. Sin proponérselo, Mauro empezó a hacerse
imprescindible en la vida de su madre, la que le buscaba para pasar junto al
muchacho largas jornadas en que ella, interiormente, se imaginaba estando con el
padre de éste. Y no es que ella buscara intencionalmente reemplazar la ausencia
del padre con la presencia del hijo sino que en su interior se fue creando un
lazo con Mauro que era un lazo inconciente, que la fue invadiendo sin que se
percatara de ello hasta que fuera demasiado tarde para retroceder.
Fue una noche, en la soledad de su dormitorio, cuando pensaba
en la conversación que había tenido con su hijo esa tarde que se le hizo patente
que se sentía atraído por el joven, al que deseaba como hombre sin habérselo
propuesto. Era un deseo que había germinado en su interior en las largas
jornadas juntos, compartiendo sus recuerdos y vivencias. Fue la intimidad entre
madre e hijo lo que posibilitó en ella que el deseo de la carne se hiciera
fuerte, incontenible. Y fue esa noche, mientras su pecho se agitaba por ese
sentimiento recién descubierto, que sus manos exploraron su cuerpo en busca de
la gruta de amor tantas veces visitada, pero ahora con un solo pensamiento, una
sola imagen en su mente: su hijo. Ni siquiera como remedo del lejano marido. No.
Era su hijo al que deseaba y no al otro en el cuerpo del muchacho. Aunque su
hijo se lo recordara permanentemente, esa noche tomó conciencia de que quería
sentir a su hijo penetrándola, haciéndola mujer y que el padre del joven
empezaba a ser un recuerdo.
Cuando tomó conciencia de ello se sintió liberada de la
cadena que ella misma había construido con el recuerdo de su marido y el
conocimiento de un deseo prohibido por su hijo no la inquietó mayormente. Es que
en su mente la realidad estaba confundida con el deseo de lograr lo que sabía
nunca más tendría. Ella no quería admitirlo pero en su imaginación estaba
reemplazando a su esposo por su hijo y no había ninguna posibilidad de que viera
en ello algo impropio. Era una disociación entre la realidad y su mente, que
estaba construyendo otra realidad, una acorde a sus deseos y que le permitiera
lograr darle satisfacción a los deseos de su cuerpo.
A partir de esa noche Laura decidió que poseería a su hijo y
que éste se convertiría en su amante. Y para ello pondría todo su empeño y artes
de seducción.
Lo que ella ignoraba era que su hijo deseaba lo mismo.
Mauro era amante de su hermana y deseaba a su madre también.
Para el las conversaciones a solas con su madre eran una
forma de deleitarse con la visión del cuerpo de esta, cuando en algún movimiento
inconciente le dejaba ver parte de sus piernas o de sus senos, que el muchacho
disfrutaba gozoso. Y la conversación invariablemente llegaba a las relaciones
que Mauro tenía en el colegio, a las niñas con las que hubiera salido, las
fiestas a las que asistía. Y siempre era el quien llevaba la conversación por
ese terreno, para dejarle en claro a su madre que no tenía ni novia ni amiga y
que no salía a fiestas. Quería que su madre se hiciera a la idea de que su
muchacho era virgen, que no se fijaba en otras mujeres, que carecía de
experiencia sexual. Ya llegaría el momento de sacarla de su error.
Dadas así las cosas, madre e hijo se buscaban, se deseaban y
ninguno sabía que era correspondido.
Ese viernes precipitó los acontecimientos con la ausencia de
Mirtha.
Mauro entró en la pieza de su madre y empezaron a conversar,
obligándola a apagar la tele y dejar para otra oportunidad la película porno que
pensaba disfrutar a solas. El estado de excitación de Laura era particularmente
grande esa noche y la presencia de ese muchacho tan cerca suyo, al que deseaba
tanto, le hizo comprender que había llegado el momento para concretar sus
planes.
Sea lo que fuere, Laura sintió que esa noche sería diferente
para los dos. Tenía que serlo, ya que estaba decidida a pasarla en sus brazos, a
que la penetrara, la hiciera gozar y sentirse nuevamente mujer deseada.
- Hmmm, veo que has tomado algunos tragos a solas, mami
- El trago me acompañaba a pasar la soledad, hijo
- Espera, voy a buscar más licor y así bebemos mientras
conversamos, ¿te parece?
- Me parece estupendo, hijo
Cuando el muchacho bajó a buscar la botella de licor y un
vaso para el, ella aprovechó de ir al baño a arreglarse para quedar seductora
para su hijo y mientras lo hacía no podía dejar de pensar en que ese muchacho
estaría con ella en su dormitorio, lo que le produjo sensaciones eróticas que
casi la hacen acabar de pie frente al espejo, producto de la excitación que le
habían producido los tragos que había ingerido antes de que Mauro entrara a
verla. Y ahí decidió, aprovechándose de la falta de experiencia que ella suponía
en su hijo, que llevaría la conversación entre los dos de manera tal que al
muchacho no le quedara otra alternativa que fijarse en sus encantos, que ella se
encargaría de poner a su vista, y caer rendido en sus brazos que lo acogerían
felices. No quería pensar en lo que terminaría este juego de seducción, prefería
desecharlo de su cabeza, aunque estaba conciente del peligro a que se exponía.
Es que las nubes del alcohol nublaban su entendimiento y solo pensaba en seguir
adelante, sin querer saber las consecuencias de lo que pretendía hacer con su
hijo. Para ella el mañana no existía esa noche. Solamente sabía que ella lo
deseaba y que quería que la poseyera, sin pensar en nada más que en ello.
Volvió a la cama y esperó al muchacho, dispuesta emplear su
artillería a fondo, sabedora de la falta de práctica de Mauro en la lides del
amor, sin imaginar que era ella el objeto del juego y no el, que tenía mucho más
experiencia en cosas del sexo de la que su madre suponía. Laura ignoraba que su
hijo estaba decidido a poseerla esa noche, para lo cual se emplearía a fondo en
seducirla.
Ambos se deseaban. Los dos querían poseerse. Y el juego de
seducción se vería facilitado por la buena disposición de los dos a jugarlo y a
caer rendidos en él.
Cuando Mauro volvió al dormitorio, su madre estaba sentada
con los piez cruzados, sobre la cama y vestida solamente con una enagua que no
dejaba mucho a la imaginación, pero que ella intentaba pudorosamente cubrir con
ella su hermoso cuerpo.
Listo, mami. Salud
Salud, hijo
Ahora dime, ¿Por qué te sientes sola? ¿Aun extrañas a
papá?
No es eso, es algo mucho más que eso, hijo
No entiendo
¿Podemos hablar en confianza?
Pero claro, mami. Creía que había confianza entre los
dos.
Pero quiero que conversemos como amigos, no como
madre e hijo.
Bueno ma… bueno Laura. ¿Ok?
Me parece bien, Mauro
Ella le tomó de la cabeza con delicadeza y le besó en la
mejilla, con una sonrisa de complacencia, gesto al cual el respondió con igual
entusiasmo, feliz de poder ser un amigo de su madre, ya que por ese camino se
facilitaban sus planes.
Tu sabes que tengo casi 38 años
Si
Bueno, me siento una mujer joven aún
Y lo eres
Y siento lo que siente toda mujer joven
Te entiendo
Por eso la soledad me duele mucho a ratos
¿Cómo ahora?
Si, como ahora
¿Por eso estabas bebiendo sola?
Si, para intentar olvidarme que estoy tan sola
Mauro la abrazó y la estrechó con suavidad, mientras volvía a
besar su mejilla. Ella se dejó hacer y aprovechó la oportunidad para que sus
senos se apegaran al pecho de su hijo, de manera que este sintiera la dureza de
sus globos sedientos de ser tocados, besados, mamados, chupados. Cuando Laura se
dio cuenta que Mauro había sentido la presión de sus senos en su pecho, decidió
iniciar el juego de la seducción, aprovechando que el muchacho ahora la
empezaría a ver con otros ojos, con los mismos ojos de deseo de su padre, cuando
su padre estaba con ella, cuando la poseía, cuando ella era feliz en sus brazos.
Pero tu eres demasiado niño para comprenderlo, Mauro
¿Por qué dices eso?
Porque aún no cumples 17 años, pues. No sabes nada de
la vida aún.
¿Quieres decir que no puedo comprenderte porque soy
muy joven?
Bueno. . .si.
Estoy seguro que puedo comprenderte bien, a pesar de
mi edad.
¿Por qué estás tan seguro de ello?
Bueno, porque creo conocer lo que piensa y desea una
mujer mayor que yo
¿Cómo lograste conocer eso si no es con experiencia,
la que no tienes?
No necesariamente.
No comprendo. Explícame
He leído mucho y creo saber bastante al respecto.
El que hayas leído mucho no es suficiente.
A ver, ponme a prueba
Para Laura las cosas se estaban dando más que bien. El
muchacho había caído completamente en el tema que ella había propuesto y lo
estaba guiando a donde estaba segura terminaría por caer en sus brazos. Lo que
ella no quería ver, porque el deseo nublaba su entendimiento, era que su hijo
estaba manejando la conversación y era él y no ella quien había logrado que la
conversación se hiciera tan íntima en tan poco tiempo.
Mmmmm, ya. Dime, una mujer en mi situación, ¿qué es
lo que necesita?
Un hombre que la satisfaga, evidentemente. Que la
haga olvidar su soledad.
Bien. Has respondido muy bien. Ahora dime, ¿qué tipo
de hombre?
Uno que sepa sacar de ella sus deseos más íntimos,
que la libere de sus trabas.
Realmente sabes bastante. ¿Cómo lo harías tú?
Me sentaría frente a ella, le miraría a los ojos y
tomaría sus manos.
¿Y?
Le pediría que abriera sus piernas, poco a poco.
¿Para qué?
Para que me regalara visión de sus muslos
Mauro se sentó en la cama, frente a su madre, la que le
extendió las manos, que el tomó con delicadeza. Ambos estaban llevando a cabo lo
que el muchacho decía, sabedores de que la relación entre ambos había pasado a
otro estado, a uno del que no podrían volver, ya que sus vidas nunca más
volverían a ser lo que fueron. Es que el deseo que les unía no les permitía
pensar en ninguna otra cosa que no fuera lo que vivían en esos instantes y en lo
que estaban por vivir, barriendo con todas las barreras morales que se les
interpusieran para lograrlo.
¿Así?
Dijo con voz enronquecida Laura mientras sus piernas se
abrían lentamente, dejando ver la blancura de la carne de sus muslos interiores,
hasta el negro de la tela de la tanga que cubría su paquete, que ya empezaba a
mostrar signos de humedad.
Si, así.
¿Y?
Besaría sus senos, delicadamente, para que ella se
excitara al máximo
Laura cerró los ojos y adelantó su pecho, en muda ofrenda,
que Mauro aceptó encantado pegando sus labios en los senos que previamente sacó
al aire. Besó con delicadeza cada uno, hasta que comprobó que estaban tan duros
por la excitación que era preciso pasar a cosas mayores. Ella se dejaba hacer
mientras con los ojos cerrados y los labios apretados gemía quedamente.
Después me sacaría la verga para que ella la viera
completamente parada
Mmmmmmm
Pero esperaría a que ella me pida primero que se la
muestre
Mmmmmmm
¿Qué dices?
Mnnnnnnnnnn
Pídelo, Laura
Quiera verla
Mauro dejó sacó su verga y la dejó expuesta al aire, la que
estaba roja de la sangre que contenía y parecía tener vida propia por los
movimientos que hacía, ya que el muchacho tuvo cuidado de sacarla y no tomarla
con su mano, para que quedara en libertad, bamboleándose frente a su madre.
Ahora le demostraría a ella lo mucho que la deseo
¿Cómo se lo demostrarías?
Le pediría que se sacara el bikini, primero
Laura no necesitó invitación esta vez, pues sin decir palabra
se despojó de su bikini, sin dejar de mirar intensamente a los ojos a su hijo.
Verás cuanto te deseo, Laura
¿Me lo vas a meter?
No, pues mi deseo es mucho más que eso.
No entiendo, Mauro
Voy a acabar con solamente mirar tu chochito, sin
tomar mi verga
Me gustaría ver eso
El puso sus manos en la cintura de ella y la atrajo,
levantándola de manera tal que su vagina se acercara a la verga que lucía
esplendorosa. Ella comprendió y ayudó para que su vulva se acercara a el, que no
apartaba los ojos de la mata de pelo que cubría el tajo que ella lucía entre sus
piernas. Los ojos de Mauro parecían desorbitados, como si nunca antes hubiera
visto una vulva, mientras su frente se perlaba de sudor y su rostro enrojecía de
deseo, hasta que de pronto su verga empezó a moverse descontroladamente y a
expulsar semen en todas direcciones. Ella contemplaba el espectáculo embelezada.
Increíble, y todo por mí
Si, solamente por ti. Así de tanto te deseo
Gracias.
Ahora vas a probar algo más contundente, ¿te parece?
Si, por favor.
Puso sus manos sobre el pecho de ella y la empujó suavemente
sobre la cama. Abrió sus piernas y hundió su cara entre sus muslos, besando su
vulva que ya expelía sus jugos iniciales. Ella no pudo contenerse y casi de
inmediato acabó en la boca de su hijo, que bebió con fruición los jugos de la
matriz materna.
No bien ella terminó de acabar, Mauro reinició los besos en
la gruta de amor, logrando prontamente una nueva eyaculación de Laura, esta vez
más prolongada. El muchacho estaba conciente de que su madre llevaba mucho
tiempo sin probar sexo de verdad, por lo que se esmeraba en que tuviera el mayor
número de orgasmos y con ello sabía que se ganaría su complacencia por el gusto
que le estaba proporcionando, lo que evidentemente le permitiría seguir gozando
de sus favores en el futuro.
Mauro se irguió y poniéndose entre las piernas maternas,
llevó su instrumento a la entrada del tajo que Laura lucía entre sus piernas,
enmarcado por una mata frondosa de pelos rizados, que esperaba ansiosa por la
primera verga que tendría después de más de un año de abstinencia. Pero el paseó
su instrumento entre los labios vaginales, sin atreverse a meterlo aún.
Por favor, métemelo
No, quiero que lo desees más aún.
Lo deseo, cariño, lo deseo
Pídelo con más ganas
Amor, hazlo, métela, ya, por favor
¿Quieres que te lo meta?
Si, lo deseo tanto, amor
¿Deseas que tu hijo te lo meta?
Si, hijito, siiiiii
Mami, vas a probar la verga de tu hijito
Métela, hijo, hasta el fondo, ya
Mauro arqueó su cuerpo y hundió su verga en el interior de su
madre, que la recibió en un estado tal de excitación que acabó casi de
inmediato, mientras el muchacho iniciaba un lento mete y saca. Ella volvió a
acabar mientras Mauro seguía poseyéndola con calma, sin apuros. Cuando ella
sintió que le venía el tercer orgasmo el muchacho apuró sus movimientos hasta
lograr acabar junto con ella, quedando ambos abrazados y exhaustos sobre la
cama, respirando entrecortadamente.
Bueno, ¿te sigo pareciendo sin experiencia?
Ay, cariño, eres increíble
Y vas a seguir conociendo más cosas que te harán
feliz, te lo aseguro
Eso espero, pues esto es el inicio solamente,
¿verdad?
Creo que este verano va a ser bien agitado para los
dos
Eso espero, pues me has hecho completamente feliz
Y eso que dudabas de mi experiencia
Dime, ¿Dónde aprendiste tanto?
Bueno, no es mucha la experiencia, pero el deseo creo
que es suficiente
Si, pero esa verga se nota que ya ha tenido trabajos
anteriores
Si, es cierto, aunque no mucho
Pero, en la escuela no ha podido ser. Entonces,
¿Dónde?
Mauro comprendió en ese instante que podría sacar provecho de
la situación, ya que no podría mantener el secreto de su relación con su hermana
mientras se acostaba con su madre. Muy pronto ellas se darían cuenta del engaño
y eso podría acarrearle problemas que no deseaba, como la pérdida de los favores
de ambas mujeres. Pensó que lo mejor era dar vuelta la situación y aprovechar la
ventaja que había adquirido con su madre para lograr que ella aceptara la
situación que estaba viviendo con Mirtha. Ya llegaría el momento de hablar con
su hermana, pero por ahora debía lograr la complacencia de Laura, la que no
podría escandalizarse que su hijo se metiera su hermana si ahora mismo estaba
follando con ella que era su madre. Ello lo decidió a contarle todo, aunque
matizándolo de manera de excitarla y si después de que ella escuchara como había
llegado a poseer a Mirtha se entusiasmaba y volvían a follar ya no podría
reprocharle nada en el futuro, pues si volvían a copular madre e hijo después de
esa revelación era porque ella la aceptaba y le gustaba.
Creo que después de lo que hemos hecho no puede haber
secretos, ¿o no?
Tienes razón, no puede haber secretos entre nosotros
después de esto
Cierto, lo que hemos hecho nos hace cómplices de algo
que nadie entendería.
Claro. Solamente tu y yo. Y nadie más.
Por eso creo que puedo contarte lo que voy a contarte
No seas misterioso, cariño
Bueno, mi primera experiencia fue con Mirtha
¿Tu hermana?
Si, hace un año, cuando estabas separándote de papi.
¿Y cómo fue eso?
La pregunta no se la esperaba. No hubo ningún rechazo inicial
sino curiosidad. Por lo visto su madre era mas manejable de lo que pensó en un
primer momento. Si había logrado conseguir sus favores con tan poco esfuerzo
quería decir que no le sería difícil que aceptara su relación con su hermana.
¿Por qué quieres saberlo?
No son celos, te lo aseguro, hijo. Es curiosidad
Yo creo que más bien es morbo
Nuevamente tienes razón, muchacho. Si, es morbo
¿Te excitaría saber los detalle de cómo poseí a mi
hermana?
Si. De hecho ya estoy excitada
Ay Laura, te lo contaré todo, pues no puedo negarte
nada, vida
Gracias, amor
Bueno, todo empezó el verano pasado, una tarde
calurosa. . .