Cuando te conocí jamás pensé que llegaríamos a esto. Recuerdo
cuando te bese por primera vez, tu semblante avergonzado y tu rostro enrojecido
llenaron mi mente de sueños y fantasías vedadas, al menos para ti.
Y ahora que te tengo, aquí, contra la pared y de espaldas, y
que con mi pene hambriento levanto tu falda, veo lo prohibido demasiado cerca, y
se que eso te aterra.
Te agarro la raya del culo fuertemente y percibo como el
placer te estremece, mientras sube por tu espinazo. Veo tu rostro en éxtasis y
con ambas manos, apoyadas en tus caderas, empiezo a bajarte el culote. Ello
desnuda tus partes mas intimas y te deja a mi merced.
Mimo ese culo, carnoso y bien formado, que te gusta mostrar
con tus pantaloncitos cortos y ajustados, a pesar que sabes que no me gusta. Que
sabes me tiene loco, casi tanto como tus tetas soberbias, firmes y bien
moldeadas.
Tienes un cuerpo "de la puta madre" como dirían en España,
nuestra madre patria. Y hoy será consumadamente mío, cuando irrumpa en aquel
rincón al cual nadie ha llegado jamás.
Abrir tus nalgas, tenerte bien abierta para mi, y entregada,
es grandioso. Sentirte vibrar cuando paso mi lengua por toda tu rayita trasera
una y otra vez es sublime.
Te como el culo y disfruto cada momento de ello, tu te estas
muriendo. Cuando no das mas, cuando estas entregada a cualquier depravación que
pueda realizarte, comienzo a aplicarte el lubricante, por toda tu bella cola,
que en instantes será mía.
Tu me ruegas "mi amor… no"… pero yo se que lo quieres, se que
lo deseas y que estas jugando, jugando a la "decente" como has hechos desde que
te conocí. Pero ahora no podrás fingir mas, serás puta, te sodomizare, te va a
gustar.
"No te preocupes" digo yo, mientras apoyo firmemente la punta
de mi pene en su estrecho y virgen culito. Ella procede a agacharse levemente,
disponiéndose a recibirla toda, pero yo no entro. Me quedo ahí, en la entrada,
presionando fuertemente, pero sin entrar. Estoy jugando y lo estoy disfrutando.
Estoy demostrándote que si quiero la meto, si quiero te dejo esperando, estoy
demostrando que te tengo a mi merced.
Y de repente…. empiezo a introducir la puntita. Tu aullido
apagado de dolor y placer, todo a la vez, me pone mi miembro a mil, y eso podes
sentirlo claramente.
Con la punta adentro empiezo a bombearte, suavemente,
introduciéndote, con cada estocada, un poco mas de carne.
Escucho tus "aay" cortitos, y son como una musiquita para mí.
Una melodía que yo controlo. Por momentos hago que tus gemidos de placer y
dolor, todo en uno, sean mas intensos, por otros, hago que sean mas prolongados,
hasta que sientes que entro toda, y entonces te presiono con todas mis fuerzas y
escucho un "aaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh" extenso, profundo y delicioso. Te veo
temblar, tiritar y gemir. Percibo tu contorneo de placer y se que te volverás
adicta a estas practicas.
Luego te desplomas sobre la mesa. Todavía de espaldas a mi,
agachada y sodomizada. Giras tu cabeza y percibo en tu rostro una mirada
inconfundible de perversión y saciedad, de inculpación y felicidad a la vez.
"Retíramela, por favor", me pides. "Espérame unos segundos
amor" te contesto con una sonrisa en mis labios. Ahí te tenía yo, abierta,
enculada y rendida, soportando mi sodomizacion, ahora solo para mi placer.
Termino con una gran eyaculacion, mientras con tus manitos
intentas alejar mi cadera, para que no te penetre tan profundo. No lo logras.
Tus quejas lo demuestran.
Luego me retiro y ahí quedamos los dos, exhaustos, algo
doloridos (al menos vos), pero felices.
Al levantarte me dices que esto es muy brusco, y que
esperemos un tiempo prudencial para repetirlo.
Yo asentí, pero para mis adentros no te di mas de tres días,
tres días para que rompieras esa promesa, en que volvieras a pedirme que te
sodomizara otra vez… y otra vez.