CON LA FAMILIA (V)
Después de lo ocurrido, mi hermano no paraba de hostigarme
con preguntas y su ánimo estaba cambiante. A ratos me preguntaba cuanto tiempo
llevaba liado con mi padre y qué habíamos hecho y si podría unirse a nosotros, y
en otros momentos no hacía más que preguntarse en voz alta si lo que había
pasado estaba bien o si no debía decir nada a nuestro padre.
Su actitud me hizo reflexionar largamente sobre como enfocar
el tema. Realmente, lo ocurrido con ambos había sido algo extraño, pero éramos
personas adultas que decidían libremente; así que decidí centrarme en ayudar a
mi hermano a superar ese estado de indecisión y que hiciera lo que más le
apeteciera.
Aprovechando que mi padre había salido de viaje durante 2
días intenté acercarme más a mi hermano. La tarde siguiente a lo que ocurrió con
él me acerqué:
- ¿Cómo va todo?
- Bien – respondió -, ¿quieres algo?
- Nada, que estaba un poco aburrido y pensé: a lo mejor le
apetece que nos las comamos un rato o quien sabe… - dije mirándolo
maliciosamente.
Mi hermano se quedó lívido; desde luego no se esperaba una
respuesta así. Era evidente que le había pillado en un momento bajo en el que no
hacía más que arrepentirse de lo que había pasado el día anterior.
- Escucha… Yo… No creo que esté bien… No sé… Tengo que
pensarlo.
- Pues yo creo que ya somos todos mayores para hacer lo que
nos apetezca; y, además, sabes que te encantó.
- Sí, pero…
- Pero nada – le corté -. Además, no sabes lo que aún te
queda por descubrir.
Se acercó a mí y me abrazó. Noté su cuerpo apretado junto al
mío y me puso a mil. Él se dio cuenta y sonrió.
- Gracias por intentar ayudarme.
- De nada hermanito, pero esto es algo que tenemos que
superar juntos. Además, contamos con nuestro padre para que nos ayude.
- ¿Crees que deberíamos decírselo?
- Desde luego. Él puede ayudarnos y, además, 3 personas hacen
más que 2.
- Jajajaja. Desde luego, que salido que estás hermanito.
- No puedes ni imaginarlo.
Y dándole un beso en la boca salí de allí con un calentón enorme para pensar
cómo decírselo a mi padre.
Era el día siguiente a la última conversación que había
mantenido con mi hermano, mi padre estaba en la ducha y yo ya lo había dispuesto
para todo saliera de la mejor forma posible.
Cuando mi padre salió con la toalla en la cintura me encontró
sentado en su cama, desnudo. Me miró con una sonrisa y me dijo:
- ¿Qué? Ya veo que me has echado de menos.
- Sí. Y vengo con mucha hambre…
- Jajaja, pues aquí tienes mucho para comer… - dijo
quitándose la toalla y dejando al descubierto su miembro, que ya había crecido
un poco al pensar en lo que iba a pasar.
- Vaya, ya la tienes morcillona. ¿Eh papá?
- Sí, hijo. Es que la comes muy bien y está deseando que lo
hagas.
- Pues allá voy.
Mi padre se acercó a mí y yo me puse delante de su polla. La
cogí con la mano y la descapullé lentamente. Su glande aparecía ante mí jugoso y
húmedo, listo para ser devorado. Me lo metí en la boca de golpe y empecé a
chupar lentamente, sintiendo como su miembro iba creciendo dentro de mi boca…
Cuando ya estaba completamente dura la saqué de la boca y me giré, ofreciéndole
mi culo para que lo preparara igual de bien que yo había preparado su polla.
Mi padre no se hizo rogar, y empezó a comerme el culo y a
dilatarlo con su lengua y sus dedos para poder meter todo su miembro, y mis
gemidos le indicaban que lo estaba hacían muy bien.
Cuando consideró que ya estaba suficientemente dilatado
acercó su capullo a mi ano y empezó a empujar lentamente, con delicadeza,
intentando provocarme el menor dolor posible y, a la vez, el mayor placer.
Cuando estuvo toda dentro esperó a que mi culo se acomodara y empezó a bombear
lentamente mientras gemía de placer. Yo notaba como me desgarraba por dentro y
no sabía si podría aguantar sin correrme hasta que el momento oportuno; desde
luego mi padre sabía lo que hacía.
Cada vez aumentaba más el ritmo y la intensidad de sus
gemidos, cuando de repente paró en seco. Yo levanté la cabeza y vi lo que
esperaba, a mi hermano en la puerta mirándonos paralizado.
Mi padre se quedó quieto, no sabía qué hacer ni qué decir. Yo
miré a mi hermano y le indiqué con la mirada que hiciera algo, la polla de mi
padre perdía dureza dentro de mi culo y la situación podía complicarse si no
reaccionaba ya. Pero mi hermano no me defraudó y con su mano se acarició
levemente el paquete y mi padre cayó en que tenía una erección enorme. Eso le
hizo tranquilizarse, pero aún no salía de su asombro.
Hizo acercase a mi hermano y cuando lo tuvo al lado le
acarició la entrepierna y le dijo:
- ¿Te unes a nosotros?
Por toda respuesta, mi hermano se quitó su ropa dejando al
descubierto su enorme pollón, duro y preparado para la acción. Mi padre lo miró
con deseo, pero le indicó que se pusiera delante de mí, y así, cuando lo tuve en
la boca, empezó nuevamente a follarme. Yo no podía sentirme mejor, tenía a mi
padre y a su polla en mi culo, dándome un placer inimaginable, y en la boca la
enorme tranca de mi hermano follándome sin descanso.
De repente, la voz de mi padre me sacó del éxtasis:
- ¿Quieres probar tú hijo? Te aseguro que el culo de tu
hermano es mejor que su boca.
- Claro que sí. Ahora verás como disfrutas hermanito.
Mi hermano se colocó detrás de mí y ayudado por mi padre
empezó a meterla lentamente. Aunque un poco más gruesa que la de mi padre, la
polla de mi hermano entró sin problemas gracias a la buena follada que se había
pegado mi progenitor y una vez estuvo toda dentro mi hermano empezó a follarme
sin miramientos. Sus embestidas eran bestiales y no tardó mucho en empezar a
gritar como un poseso; nuestro padre, a su lado, contemplaba extasiado como su
hijo mayor seguía sus instrucciones y como su hijo pequeño se retorcía de
placer. A los pocos minutos, mi hermano se corrió dentro mí mientras yo no podía
resistirlo más y también sucumbía al placer.
Mi padre contempló embobado la escena, su polla estaba a
punto de reventar; poco a poco nos fuimos recuperando y mi padre nos reclamó:
- Bueno, sólo quedo yo. ¿Os apetece una buena comida?
Mi hermano y yo nos lanzamos a por esa polla tan grande y
jugosa repleta de leche, que nos esforzamos por sacar. Mi padre gemía de placer
y nos empujaba para que nos la metiéramos toda en la boca. Cuando estuvo a punto
de correrse la sacó para que ambos pudiéramos compartir su semen, y una vez le
dejamos la polla bien limpia nos acostamos a su lado y nos abrazó, dándonos un
largo beso a cada uno.
- Muy bien hijos. No sabía yo que ambos teníais estos gustos…
Vamos a pasarlo muy bien de ahora en adelante.
- En realidad papá – empecé -, todo esto ha sido planeado.
Nos vio el otro día y después de probar decidió que le había gustado y quería
que su padre le instruyera.
- Ah, con que probasteis vosotros… - nos miró pícaramente -.
¡Y no me invitasteis!
- No te preocupes papá – repuso mi hermano -, a partir de
ahora vas a estar en todas las folladas, porque también quiero probar tu culo y
sentir tu polla dentro de mí.
- Habrá tiempo para todo hijo, para todo…