CON LA PROFE Y SU HIJA (I)
Esta historia es real y me pasó hace 9 años.
En aquel entonces a mi colegio había ingresado una profesora
nueva de matemáticas que además era la profesora titular de mi curso. Se llamaba
Sandra y tendría más o menos unos 29 años. Era rubia y de ojitos verdes, tenía
un cuerpo para morirse y lo más sobresaliente era su culo. Cuando se ponía unos
pantalones de tela que tenía se le delineaban unas curvas que daban ganas de
tirársele encima. Estaba soltera y había tenido una hija cuando tenía 18 años de
su esposo que se había muerto hacía tres en un trágico accidente de tránsito. La
niña se llamaba Sofía y estaba sacándole toda la belleza a la mamá.
Como había dicho, Sandra era la profesor titular de mi curso
y tendría que acompañarnos a la salida que hacíamos todos los años para
recrearnos en algún pueblo de Colombia. Apenas había comenzado el curso y me la
llevaba muy bien con la profe, llevaba mis tareas a tiempo y era el monitor de
la clase, además según ella me dijo después, yo me veía como el más adelantado
de mi curso.
El viaje se decidió para un pueblo muy cercano a mi ciudad,
hacía calor y pasaríamos la noche en aquel sitio. Llegamos muy temprano y todo
transcurrió con normalidad en la mañana, hicimos las actividades típicas, jugar
fútbol, dinámicas, etcétera. Fuimos a almorzar y descansamos antes de ir a un
río cercano conocido por tener unos paisajes muy lindos. Cuando llegamos, todos
empezamos a colocarnos el traje de baño, incluida la profe. Todos quedamos
boquiabiertos ante el espectáculo de aquel cuerpazo. Pronto el interés de mis
compañeros desapareció, pero no así de mí, que cada vez que podía me mantenía
cerca de Sandra para de vez en cuando sentir su cuerpo cerca del mío y tocarle
disimuladamente su cuerpo sin que ella lo notara. Claro que no demoró mucho para
que ella se diera plana cuenta de la situación, sin embargo no dijo nada al
respecto ni tuvo la intención de alejarse de mí, al contrario, mientras
nadábamos me daba más oportunidad de tocarle el culo con ciertas posiciones que
hacía.
Hubo un momento en que estábamos cerca del río, en la rivera
de arena, la profe resbaló y cayó de culo contra el suelo lleno de arena. Me
pidió que la ayudara a levantar pues no había nadie cercano. Al levantarse me
dijo:
-Ay, mira si me quedó la colita llena de arena.
Se dio la vuelta y dándome la espalda levantó el culo de una
forma en la que yo pudiera ver qué cantidad de arena tenía, a la vez que me
dejaba con una imagen que no olvidaré jamás. Le dije que sí, que tenía bastante
arenita.
-Entonces hazme el favor de quitarla con tu manita- me
respondió.
No podía creer lo que me acababa de decir, me daba completa
libertad para tocarle la cola. Yo inmediatamente accedí, sentía mi cara roja y
la sangre hirviéndome todo el cuerpo y desplegando todo su poder en mi verga.
Estiré la mano y comencé muy despacio a quitarle la arenita de las nalgas
mientras ella a propósito sacaba cada vez más el culo para que pudiera tocarlo
mejor. Acariciaba su culo con ya no fingida acción de limpiar sino de caricia
franca, ella no se quejaba y lo sacaba aún más hasta quedar casi en cuatro.
Mientras estaba en esta posición volteó su mirada hacia mí, ví la rubicundez de
su rostro y comprendí que también lo estaba disfrutando, asintió con su cara en
que lo estaba haciendo bien y emitió un suspiro y volteó de nuevo.
Yo estaba loco de excitación, mi verga estaba a punto de
salírseme del bóxer que llevaba y decidí ir más lejos, metí algunos dedos por el
borde des u tanga con el pretexto de limpiarla bien y comencé a bajar mis dedos
hasta que empecé a sentir el delicioso calor que había entre sus piernas y tocar
una especie de líquido viscoso que hacía resbalar mis dedos fácilmente. Ella en
ese momento emitió un ahh con la voz que se le quebraba. Justo en ese momento
varios de mis compañeros llegaron hasta allí y rápidamente Sandra y yo actuamos
como sino hubiera pasado nada. Fuimos a cambiarnos y dirigirnos hasta la especie
de cabaña que teníamos destinada para pasar la noche en aquel lugar.
Ya estaba atardeciendo y preparamos una fogata para hacer
algo de comida y divertirnos. De vez en cuando, mientras hablaba con mis
compañeros, la profesora y yo nos mirábamos y ella dibujaba una sonrisa en su
rostro como una premonición que todavía nos faltaba terminar lo que habíamos
empezado.
Al llegar la noche acomodamos las colchonetas que habíamos
traído para dormir. La profe no había traído colchoneta y nos dijo que nos
durmiéramos ya que estaba muy tarde. Sandra apagó las luces de los cuartos en
que estábamos, cuando llegó al que yo me encontraba se acercó a mí y me
preguntó.
-Será que puedes compartir tu colchoneta conmigo, de todas
las del salón la tuya es la más grande y se ve muy cómoda.
-Claro profe- le respondí- lo único malo es que mi cobija es
pequeña.
-No importa –contestó- va a ser más rico porque nos vamos a
dar calorcito.
Para ese momento yo ya estaba empezando a sentir que mi verga
se levantaba sobre la pantaloneta. Me había acostado con sólo una pantaloneta
pues no hacía mucho frío. La profe venía con una batica muy cortita puesta.
Muchos de mis compañeros para esas alturas ya estaban roncando.
La profe con mucho cuidado se acomodó en la colchoneta
conmigo dándome la espalda y sacando el culito hacía mí. Mi verga que para ese
momento estaba en pleno poder pudo sentir como se encajaba en los pliegues de
las nalgas de mi profesora. No pasó mucho tiempo para sentir como Sandra
empezaba a mover su culito para sobarse contra mi verga. Yo coloqué mi mano en
su muslo desnudo y ascendía hasta encontrar el borde de la bata, metí mi mano
prdebajo de ellas y comencé a llevarla hasta los lindos senos d mi profe.
-Ayy –fue su queja ante mis tocamientos en su pezón.
Comenzaba ella a restregarse más fuerte y lo hizo de tal
manera qye hizo salir mi verga de la pantaloneta. Ella aprovechó y agarró sus
tangas y las bajó hasta las rodillás mientras que sólo le bastó un movimiento
para liberar a mi verga completamente de su prisión.
Levantó levemente el muslo y metió la cabeza de mi pene en su
entrepierna. Yo me sentía el hombre más feliz del mundo. Creía que me iba a
orinar y que odas las tripas se me iban a salir. En esa posición ellá empezó a
moverse y de vez en cuando sentía que la cabeza de miverga intentaba entrar por
una gruta. Cuando pensé que no podía ser más delicioso ella agarró mi pene y lo
llevó hasta la entrada del agujero de su coño. Tengo que decir que para esa edad
(13 años) ya contaba con una buena herramienta y sólo se necesitó de un
empujoncito para adentrarme en sus entrañas.
-Ahh –exclamó cuando ya estaba adentro por completa.
-Umm, qué rico –dije en un tono relativamente alto para la
situción.
Ella volteó su rostro y con un gesto de sus manos me hizo
saber que hiciera silencio.
Ella entonces empezó a moverse de una manera cada vez más
rápida. Veía como colocaba una de sus manos en su chochito y la restregaba en él
rápidamente.
Yo ya estaba que me venía y sentí entonces, después de unos
rápidos movimiento de ella y míos, como arqueaba su cuerpo y sentía que su
chochito apretaba a espacios intermitentes mi verga.
-Ahh, sí, ahhh, sí, así, ahh –exclamaba mientras disminuís el
ritmo de sus movimientos.
En cambio yo aceleré y rápidamente tuve mi pimer orgasmo en
la vagina de una mujer, no pude callarme y solté unas palabras que ahora no
recuerdo. Algunos compañeros parecieron despertarse pero fue sólo una impresión.
Sandra volteó y empezó a besarme mientras me decía que quería que esto siguiera
pasando pero que sería un secreto entre ambos.
CONTINUA.