APADRINANDO CHICAS I.- MI PRIMA LUPITA
Actualmente tengo 40 años y me dedico a apadrinar chicas… con
esto no me confundan con aquel que anda solo desvirgando niñas o cogiendo a
diestra y siniestra, no, de ningún modo, yo busco darle placer a las chicas y a
algunas no tan chicas, me propongo y logro hacer de su experiencia sexual el más
grande y dulce de los placeres.
Para que yo pudiera obtener el grado de padrino, tuvieron que
pasar muchas cosas, sufrir algunas humillaciones como sentir herido el orgullo
propio de hombre y aprender lecciones de un gran maestro, donde se requirió
también de alguien dispuesta a ponerlas en práctica.
No dudo que haya hombres que ya nacen con el don de saber
coger dando placer a la chica en cuestión; sin embargo, la gran mayoría inicia
como yo; creyendo que basta solo con tener la verga parada, introducirla,
terminar y… ya!
Para dar placer a una chica se requiere mucho más que eso…
Tampoco bastará con conocer los puntos eróticos de la mujer…
hay que saberlos tocar con maestría, estimularlos, hacer que la mujer se derrita
de placer y pida verga para culminar con su orgasmo hasta llegar al cielo.
El problema más grande de esto, es que es en nuestra juventud
cuando mayormente se nos dan oportunidades… y las desperdiciamos de la forma más
burda.
Pero vayamos por partes, en este relato les contaré mis
inicios y cómo fue que tomé la decisión de aprender a apadrinar chicas.
Estaba a punto de alcanzar mi mayoría de edad… y aún era
virgen.
Si bien es cierto que mi despertar sexual fue desde muy
chico, cuando me di cuenta que teniendo cualquier contacto con mi pene me
producía deliciosas sensaciones, primero accidentalmente, luego provocadas por
mi mismo… seguía sin conocer propiamente lo que es coger.
Rememorando ese mi despertar sexual, recuerdo cuando jugaba
con mis primas y algunas vecinitas al "lobo feroz", que se quería robar las
ovejas… consistía en designar como lobo al más grande o más fuerte de todos,
mientras los demás nos formábamos uno tras otro y nos abrazábamos fuertemente de
la cintura, pues el lobo trataba de atrapar a uno y desprenderlo de la fila a
jalones… mientras el "lobo feroz" jalaba a alguien, los demás nos movíamos en
zig-zag, empujando al lobo, siempre abrazados uno detrás de otro.
Un juego inocente, pero lleno de erotismo… yo siempre quería
quedar detrás de Eva mi vecina de la misma edad, pero con una gran precocidad en
su desarrollo… poco a poco se iba llenando de curvas; sintiendo muy rico cuando
mi pene quedaba insertado entre los dos magníficos globos de sus suculentas
nalgas… ¡Ah días aquellos!
Llegó el tiempo de mi primera paja, después de estarme
sobando el pene mirando una revista erótica… lo hice ininterrumpidamente,
sintiendo cómo se iba calentando la zona de frotamiento, hasta que estallé en
espasmos, aún sin arrojar líquido alguno, pero sí plenamente satisfecho de la
experiencia obtenida.
Cuando supe lo que se podía lograr sobándome o restregando el
pene, supuse con justa razón que sería mucho más rico si en vez de la mano fuera
el trasero de Eva, por lo que a partir de entonces casi cada noche, cuando
jugábamos al "lobo feroz", yo corría a prenderme detrás de Eva, acomodaba mi
pene entre sus nalgas y a apretarme contra ella, jalándola con fuerza a los
lados para multiplicar el grado de rozamiento, hasta que lograba estallar.
Por supuesto después de llegar al orgasmo yo me salía del
juego para recuperar el aliento.
Eva, dentro de su precocidad y calentura (se sabía que a su
corta edad ya andaba queriendo "darlas"), se daba cuenta de lo que me provocaba
y solo se reía, consciente de que yo aún no estaba en condiciones de calmar sus
calenturas.
Otro juego predilecto por mí eran las "escondidillas". Como
en el pueblo no había energía eléctrica, en los patios de las casas
circunvecinas se formaban muchos escondites naturales, entonces, uno de nosotros
era el encargado de buscar a los que nos escondíamos… ahí yo aprovechaba para
jalar de la mano a mi primita Rubi y me la llevaba al rincón más oscuro, donde
la sentaba en mis piernas y la apretaba sobre mí… hasta alcanzar mis orgasmos.
Curiosamente nunca intenté penetrar a ninguna de ellas, ni
siquiera manosearlas, solo me pajeaba con sus culitos… era lo único que podía
hacer… y francamente lo único que me gustaba hasta entonces.
Pero fuimos creciendo… y ya no podíamos seguir con esos
jueguitos… con el paso de los años llegó la electricidad al pueblo y se
redujeron los escondites… por lo que volví a recurrir a mi mano para mis pajas…
y me comenzó a salir líquido en el clímax; primero era una agua diluida, después
se fue espesando… hasta que cuando me fui a la universidad en la capital, ya era
un líquido viscoso y turbio en volúmenes considerables.
Tuve mis primeras novias pueblerinas, que apenas me dejaban
tomarlas de la mano y darnos un beso de labios… pero nada más… ni siquiera
fajes, porque los chismes en el pueblo corrían rápido y muchacha desprestigiada
se arriesgaba a quedarse de solterona.
Con esos antecedentes llegué a la capital, internándome en la
universidad… tenía libres los fines de semana… por lo que comencé a frecuentar a
mi tío José, distante a dos horas de viaje en autobús. Con mi tío vivía además
de su esposa, sus hijos, Lupita de secundaria y, Celia y Arturo de primaria.
En el primer viaje de estudios que tuvimos a los 6 meses de
estar en la universidad, los compañeros mayores y de experiencia, identificaron
a los que éramos vírgenes y nos llevaron a conocer las putas en tugurios de mala
muerte por la ciudad de Oaxaca. Experiencia que para mí fue desastrosa… pues la
desgraciada puta que me tocó, me pidió que le pagara por adelantado y ya dentro
del cuartucho, se acabó de desnudar, se recostó en la vieja cama que ocupaba
casi todo el cuarto y me dijo "llégale". En verdad tenía buen cuerpo,
ligeramente gorda, era una morenota de rostro fino, senos grandes y bien firmes,
coronados con un pequeño pezón puntiagudo, cintura breve y nalgas soberbias,
rematadas por un par de piernas carnosas. Pero solo me dejó sobarle un poco los
pechos, y cuando se los quise chupar, me dijo "deja ahí!", entonces deslicé mi
boca hacia abajo, me dejó besarle el ombligo y sentí que se puso chinita, pero
de pronto hasta ahí me llegó a la nariz un olor nauseabundo que provenía de su
sexo… era en verdad asqueroso… parecía que hubiera ahí un animal muerto… por lo
que ya no quise bajar con mi boca… me incorporé, ella me puso un condón, se
abrió de piernas y se la clavé… nos comenzamos a mover… pero yo seguía sintiendo
ese desagradable olor… sin embargo eso, afortunadamente no había disminuido mi
calentura y el deseo de saber qué se siente coger una vieja y terminé rellenando
de semen mi condón.
Cuando acabé y salí a asearme, me puse a vomitar… temiendo
que así les oliera a todas las mujeres y que por lo tanto yo nunca podría
besarles y mucho menos chuparles la vagina, como había visto en las películas
porno.
Los fines de semana en casa de mi tío eran familiares, sin
ningún mal pensamiento al principio, con plena confianza en mí, al grado de
dejarme solo con sus hijos cuando ellos salían por la noche del sábado y a veces
regresaban hasta el día siguiente … mientras tanto nosotros aprovechábamos para
mirar televisión, jugar a las cartas, etc. Todo sanamente.
La casa tenía tres cuartos ubicados formando un ángulo recto;
el cuarto de la esquina era ocupado por mis dos primas, cada quien en una cama;
ese cuarto tenía una ventana que daba al cuarto de mis tíos en un extremo y yo
con mi primito ocupábamos el cuarto del otro extremo, este cuarto estaba unido
al de mis primas por un hueco donde no había puerta; para entrar al cuarto de
ellas, necesariamente tenían que pasar por el cuarto donde yo dormía y, si en
los cuartos de mis primas y de mis tíos corrieran las cortinas, entre ellos,
podían ver lo que sucedía en el de enfrente. La entrada principal daba a la sala
y de ahí se accedía a la cocina y a los dos cuartos de los extremos del ángulo
descrito anteriormente.
Ahora paso a describir a mi prima Lupita, ella era llenita
sin llegar a ser gorda, un par de piernas gruesas y macizas que soportaban lo
mejor de ella… su culo… era un señor culo!, que para su edad era exagerado; sus
pechos sí eran pequeños, apenas se notaban bajo las blusas que se ponía, que por
cierto no vestía nada sexy, salvo cuando la veía con su uniforme de la
secundaria; lo del culo era notorio por sus dimensiones. Curiosamente, aunque se
notaba que ya andaba dándole vuelo a ese cuerpo, conmigo se portaba algo
distante en ese plano, no coqueteaba conmigo, quizá porque me veía más pequeño
que ella, aunque ya le llevaba casi cuatro años, pues era delgado y sin bigote;
pero pasaba algo, a veces se desaparecía de la casa y cuando la buscábamos sus
hermanitos y yo, salía de la casa de uno de los vecinos, con la cual, la casa de
mi tío compartía el patio. El era un señor como de 50 años que casi siempre
estaba solo y ella le llamaba padrino.
Pero una noche de sábado cambió todo… mis tíos habían salido
y quedaron en llegar hasta el día siguiente, eran ya las 9 de la noche y los más
pequeños se habían ido a dormir, Lupita se había quedado conmigo viendo una
película, donde de pronto aparecieron escenas eróticas, por lo que sonriendo con
complicidad mi prima y yo nos mirábamos a cada rato, cada uno recostado en un
sillón. Cuando la escena en la televisión estaba en su apogeo y los gemidos de
la chica se oían muy fuerte, ya casi gritaba, mi prima me dijo, "bájale el
volumen si no mi padrino va a creer que me estás dando mi agarrón!"… yo no me
quería levantar porque tenía la verga bien parada y se notaría bajo el delgado
short que traía esa noche, pero los gritos de la chica en verdad eran
exagerados, por lo que me levanté y le bajé el volumen y casi corriendo me volví
a recostar en el sillón asimilando el comentario de mi prima… ella sonriendo con
picardía volvió a hablar… "pero primito con eso que tienes, seguramente me
harías gritar igual".
Por supuesto que los días anteriores yo ya le había dedicado
varias pajas a mi prima, pero nunca había pensado llegar más allá de eso… y ahí
estaba ella jugando conmigo… poniéndome colorado y sin saber qué responderle.
Pero mi instinto animal sí me decía qué hacer, por lo que sin
ningún tapujo me acomodé la verga de modo que apuntara hacia el frente, aún
dentro del short, me puse de pié y me paré frente a ella, diciendo, "de veras
primita, crees que esto te haga gritar así!"… las piernas me temblaban por el
nerviosismo de mi osadía y por el enorme placer que me daba imaginar que podía
cogerme a mi deliciosa prima.
Ella solo se recorrió más al fondo de su sillón y dijo…
"ahora lo vamos a ver". Traía puesta una playera larga que le llegaba hasta las
rodillas y debajo de ella solo su sostén y su calzón, por lo que me recosté
sobre ella y le dí un beso suave en la boca.
Entonces ella me tomó del pelo, muy cerca de las orejas,
ladeó mi cabeza haciendo que abriera mi boca y me dio un beso como nunca había
recibido, pues su lengua se enredo en la mía y jugueteó dentro de mi boca por
algunos minutos; mientras mis manos se empezaron a engolosinar con sus carnes,
masajeando sus hombros, su cuello, sus pechos que se sentían como de terciopelo…
ella soltando mi cabeza, me tomó de las manos y me las llevó hasta sus piernas
indicándome que le subiera la playera… yo le obedecí, aún sin soltar el beso que
nos dábamos.
Le subí la falda a la altura del ombligo y le empecé a sobar
las piernas, suculentas piernas!, entonces ella se soltó del beso, se sentó en
el sillón y terminó de sacarse la playera por la cabeza; me pidió que le
desabotonara el sostén por la espalda y se lo quitó, quedándose solo con su
calzoncito puesto, que ese sí era sexy, sin llegar a ser una tanga… pero era de
niña, color rosado con una rosa de encaje sobre su vagina… sus pechitos eran
apenas unos montecitos con un par de pezones rosaditos y paraditos…
Se volvió a recostar y yo le acaricié sus pechos con mis
manos… su piel estaba chinita y ella entrecerraba sus ojos, echando la cabeza
hacia atrás.

Pero… los impulsos de la juventud y mi inexperiencia
afloraron… sentía mi verga a punto de estallar… por lo que impulsivamente me
bajé el short con todo y truza hasta los tobillos, le quité el calzoncito e
intenté clavársela así en seco, pues no la había estimulado para nada, sin
siquiera abrirle sus labios… ella me quiso detener, jalándome del cuello hacia
abajo y empujando mi cabeza hacia su sexo… imaginé que quería que se lo besara o
chupara, pero yo aún no olvidaba mi mala experiencia anterior y procuraba no
respirar cerca de su vagina para evitar el olor que me imaginaba emanaría de
ahí; así que yo me empujé con más fuerza hasta alcanzar sus pechitos que esos sí
se los chupé salvajemente, al grado que ella me dijo que le hacía daño… entonces
tomando mi verga con la mano la acomodé en la entrada de su vagina, ella abrió
más las piernas y entró… cuando me empujé más para quedar sobre ella, me hizo
girar quedando sobre mí… pero la combinación del ímpetu con que iba yo, lo
apretujado que quedamos, mi gran calentura y lo inexperto hicieron su efecto y
le empecé a aventar mis chorros de leche en su vagina, mientras ella gritaba:
"No menso, aún no!"… pero yo ya no podía detenerme, solo la jalé con más fuerza
de las nalgas… y aunque en mis últimos espasmos, sentí contracciones de su
vagina, yo sabía que ella no había llegado al orgasmo, pero aún así ella se
medio sentó sobre mí y me comenzó a cabalgar, bueno, más bien a restregarse
sobre mi verga, lanzando leves gemidos, hasta que sintió que se me empezaba a
poner flácida, y por supuesto a molestarme el rozamiento que ejercía sobre mi
verga.
Yo me quedé por un momento ido, recobrando las energías,
mientras ella con cara de insatisfacción se fue al baño, después de algunos
minutos en que se escuchó la ducha, salio envuelta en una toalla y se fue a su
cama sin decirme nada.
Me duché yo también, me fui a mi cama y me recosté sin lograr
dormirme, había dejado la puerta que daba a la sala, ligeramente abierta.
Reflexionaba en lo sucedido… me había gustado más, mucho más
que con la puta de Oaxaca, pero… había sentido temor de besarle la vagina… más
bien asco, temiendo que le oliera como aquel… por otro lado, lamentaba la
rapidez de mi venida… no le había dado para nada el placer que ella quería… así
jamás la haría gritar como a la chica de la película… ahora también temía que yo
sería un muy mal amante.
Con esos pensamientos estuve por más de una hora… cuando me
sacó de mi ensimismamiento el leve rechinido que provocan las camas cuando uno
se levanta de ellas… me puse alerta a ver qué pasaba… en la penumbra distinguí
que era mi prima Lupita que se levantó y caminando descalza, muy sigilosamente
se acercó a mi cama… creí que venía por la revancha… pero no, solo se cercioró
si dormía… porque al no notar movimiento alguno en mi cama, vi que se salía al
patio. Intrigado, me levanté y me asomé hacia fuera, viendo que se dirigía a la
casa de su padrino…
Creyendo que no tardaría, me puse a esperarla cerca de la
puerta, sin encender las luces… pero ella se tardaba… casi una hora y media
después, cuando ya el sueño me empezaba a llegar me di cuenta que ella salía de
aquella casa y venía hacia acá, sigilosamente como se había ido… rápidamente me
fui a mi cuarto, miré cuando ella llegó a su cama y se durmió.
Al día siguiente, con la presencia de mis tíos, todo fue
normal, como si nada hubiera pasado entre nosotros ni en su escapada por la
noche.
En los fines de semana posteriores yo andaba siempre bien
caliente, queriendo repetir la experiencia con ella, pero ella me rehuía y hasta
buscaba estar siempre con alguno de sus hermanitos para que yo no la acosara.
Incluso cuando en las noches mis tíos nos dejaban solos, ya que se dormían sus
hermanitos yo me acercaba a su cama, tocándola, pero ella se fingía dormida; e
incluso en noches posteriores le pedía a su hermanita que durmieran juntas…
entonces yo me desquitaba con mi mano… y se me comenzó a formar una pasión
tremenda por mi prima Lupita, cada día la miraba más buena, pero ya no quería
hacerlo conmigo.
Más sin embargo, ella se seguía dando sus escapadas en
algunas noches; me daba cuenta que por las tardes llegaba su padrino a la casa
de mi tío, jugueteaba con ella, la abrazaba, reían y cuando creían que nadie los
miraba se toqueteaban más de lo normal; cuando él se despedía, yo notaba unas
miradas de complicidad entre ambos y por la noche ella se escapaba a su casa…
eso me llenó de celos y de despecho… pero en verdad quería mucho a mi prima, por
lo que una tarde que nos quedamos solos viendo televisión le dije de improviso,
"si hoy no me dejas cogerte, le diré a mi tío que te estás acostando con tu
padrino"… ella primero abrió mucho sus ojos, sorprendida de lo que oía, luego se
puso roja como tomate por el coraje de sentirse chantajeada… respiró profundo,
hasta que se calmó lo fuerte de su respiración y me dijo así: "mira primo, yo me
puedo dejar coger las veces que tú quieras… pero sabes qué?... primero aprende a
coger!".
Esa frase que debió herirme, no la entendí claramente al
inicio, pues tartamudeando le respondí, "pero si ya te la metí una vez". Ella
sonriendo con sarcasmo dijo: "tú lo haz dicho primito, me la metiste… y
terminaste… y yo qué?... o a poco crees que eso es coger?!".
Yo aún sin entender, le dije, "qué quieres decir?". Ella
poniéndose de pié, explotó frente a mí, manoteando: "pues quiero decir, eso!,
que yo también quiero sentir bonito, llegar al cielo… tú apenas me tocaste las
chichis y luego luego a quererla clavar, sin calentarme, sin humedecerme… y para
colmo, apenas entró y comienzas a aventar tus mocos, sin que apenas me haya
movido nada… no chiquito, así no se coge a una mujer… hay que saberlo hacer!!".
Yo, ahora sí herido en mi orgullo, le dije, "te gusta más
cómo te la mete el viejo de tu padrino?"; su respuesta fue inmediata y bien
convincente: "claro que me gusta más, ¡Me encanta!... él sabe bien como tratar a
una mujer, cómo llevarla poco a poco al cielo… con él me la pasaría cogiendo
toda la vida!".
Nunca había visto a alguien asegurar algo con tal convicción…
era tanta la pasión con que mi prima justificaba el hecho de querer coger con el
viejo y no conmigo, que me hizo preguntar casi inocentemente, "pues cómo te lo
hace?".
Creo que esta fue la pregunta mágica que hizo cambiar la
actitud de mi prima para conmigo, pues le brillaron sus grandes ojos y sonriendo
dulcemente me dijo, "de veras quieres saber cómo me lo hace primito?... quieres
aprender cómo hacerlo?... y… después me lo harías igual que él?".
Claro que me seguía doliendo lo que me decía… pero sabía que
si quería volver a cogérmela tenía que ser humilde y reconocer que todo era
verdad… todo era una terrible verdad… yo aún no sabía coger…
Acordamos que el siguiente fin de semana ella vería la forma
de que yo tomara la primera lección en vivo de cómo el viejo se la cogía y que
yo debía aprender muy bien, dejándome practicar posteriormente con ella.
Con esa promesa me fui a la universidad, esperando con ansia
el siguiente fin de semana.
Aquí una foto de mi prima Lupita a sus bien vividos 36 años!

CONTINUARA