La domina entró en la habitación haciendo resonar sus
tacones. Levanté la cabeza y por primera vez la vi en persona, era imponente,
alta, de por lo menos un metro ochenta, delgada, su piel blanca, su andar firme
y decidido. Llevaba una máscara que ocultaba sus ojos pero que dejaba ver unos
carnosos labios pintados de un rojo intenso, su cabello lacio y oscuro caía más
abajo de los hombros desnudos. Sus enormes pechos intentaban escapar del corsé
de encaje que se ceñía a su cintura.
Caminó por la habitación y dio unos pasos a ambos lados de mi
cuerpo. Yo estaba completamente desnudo y depilado, acostado con los brazos y
las piernas extendidos y separados y anclado por las muñecas y los tobillos al
gélido piso mediante cadenas. Era mi primera vez. Unas esclavas me habían
recibido, y me habían instruido sobre que hacer y que esperar. Estaba muy
nervioso.
La domina se detuvo exactamente sobre mi cabeza, miré hacia
un lado y vi su exquisito pie aprisionado por una alta sandalia negra, saqué la
lengua para lamerla pero no alcanzaba. Alcé la vista y me di cuenta de que
llevaba un hilo rojo que se perdía entre las nalgas que no llegaba a vislumbrar.
Dobló las rodillas y su hilo quedó justo sobre mi nariz. Su
sexo desprendía un fuerte y penetrante olor que aspire ávidamente. Bajó un poco
más y frotó su sexo contra mi rostro, moviendo las caderas, de abajo hacia
arriba, sentía la humedad de su coño en mi boca entreabierta. Intenté agarrarla;
las cadenas me lo impidieron.
-Así que tu eres la nueva mascota- pronunció la domina con
una sensual y atrevida voz. Mi pene dejó su flacidez y tuve una erección con
solo escuchar estas palabras, el miedo se había disipado.
La domina se incorporó y apoyó un pie en mi pecho, hincó con
saña el tacón. Aguanté dejando escapar solo un suspiro. Ella hizo una mueca y
liberó la presión. Se volteó y por primera vez vi su culo, redondo, exorbitante,
perfecto. El placer visual duró solo unos segundos pues en seguida sentí la
sandalia pisando mi miembro. Unos golpecitos al principio. Contra el suelo
después…
Y por último afincando el tacón.
Solté una pequeña exclamación de dolor. –Ah- pero para ella
fue suficiente pues soltó una risita por lo bajo. Dejó de pisarme y se dirigió a
una esquina del cuarto, parecía buscar algo pero desde mi posición no podía ver
nada.
Regresó con algo en la mano, se detuvo entre mis piernas y se
agachó a la altura de mi pene, dejó las cosas que había buscado a un lado. La
miré a los ojos; eran azules, fríos, grandes, y desprendían cierto aire de
crueldad y desprecio.
Puso una sustancia (que supuse era lubricante) en sus manos
enguantadas y se las frotó. Por primera vez me fijaba en sus guantes de látex
rojos que llegaban hasta los codos. Con una de sus manos agarró firmemente mi
pene y una ola de placer llenó todo mi ser. Sentía las palpitaciones en mi
miembro a través de sus dedos. Lentamente comenzó a subir y bajar la mano
untándome el lubricante. Estaba en el cielo.
-No tiene el tamaño para satisfacerme- dijo sin dejar de
tocarme. Esto me sorprendió pues siempre creí que mi miembro era de buenas
proporciones –Me decepcionas, para lo único que sirves es para putita.
Y con la otra mano me apretó los guevos tan duro que ahogué
un grito y por un momento temí perder la erección, pero al momento aflojo, los
acarició y seguidamente puso un dedo en la entrada de mi ano, mientras que con
la otra seguía masturbándome ahora con más ritmo.
A todas estas yo nunca había experimentado por atrás, por lo
que cuando el dedo comenzó a perforar me inquieté un poco. Sin embargo eran
demasiadas cosas las que sentía, la burla y humillación a la que me sometía, el
placer que sentía en mi miembro, esa nueva sensación un tanto desagradable de
estar siendo desvirgado por el dedo de una mujer, la felicidad de estar
finalmente dominado… Quería que durase para siempre…
Todo se aceleró, el movimiento de su mano se hizo más rápido,
y el dedo entró más profundo. Lo dobló dentro de mí, y esa sensación
desagradable me produjo un enorme placer que nunca antes había sentido. Si, iba
a acabar… Y todo había sido cuestión de segundos… Iba a tener mi primer orgasmo
como sumiso…
Pero en el último momento la domina soltó mi miembro. Era
como si supiese que iba a terminar. El dedo en el culo seguía perforando. No
aguanté más, y me corrí. Eyaculé fuertemente y el semen cayó sobre mi estómago.
No hubo orgasmo. Mi pene se ponía flácido y una sensación de
vergüenza se adueñaba de mí. Sentí como me ponía rojo al escuchar las carcajadas
de mi nueva ama.
-Tus orgasmos ahora me pertenecen- sentenció al tiempo que
manipulaba mi pene, ya completamente flácido, me puso un instrumento de
castidad, una cajita transparente de plástico cerrada con un pequeño candado
cuya llave guardó entre sus senos.
Con una sonrisa entre sus labios pasó su mano enguantada por
mi cuerpo limpiando parte del semen, se incorporó y llevó sus dedos a mi boca.
Como buen primerizo me negué volteando la cara, pero ella me obligó a mirarla
con la otra mano. Llevó el semen hasta su pecho, justo a la línea que separa el
corsé de sus senos y los puso al alcance de mi boca… No dudé más y lamí su suave
piel que mezclaba el olor de su intenso perfume, su sudor y mi propio semen.
Se alejó haciendo una mueca triunfal, y se paró por completo,
desde la altura me miró fijamente –De hoy en adelante me llamarás Ama Verónica…
Voy a hacer toda una nenita de ti, sumiso.
Dio media vuelta y salió del cuarto dejándome encadenado al
piso, con el culo palpitando, y con el sabor del semen en mi boca.
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Primer relato que me atrevo a publicar, espero comentarios!!
Y si hay alguna domina o sumis@ que quiera entrar en…
Contacto escríbeme a: masosado2@gmail.com