Compartiendo a una Geisha
Ya que mi amigo facilitó las cosas para que lo que voy a
contar ocurriera, yo seré quien les narre la historia para que puedan
disfrutarla (eso esperamos) tanto como lo hicimos nosotros al vivirla…
Hace algún tiempo me di cuenta de que no sólo me encantan los
hombres, también me calientan hasta lo que no está escrito las mujeres, pero no
me atrevía a tener nada con ninguna… me dan morbo, pero no quiero tener una
pareja mujer, ¿me entienden? Bueno, el asunto es que mi mejor amigo, con el que
nos desfogamos de vez en cuando, sobre todo si no son apetitosos los peces en el
río, sabía de este oculto deseo y se le ocurrió un plan. Hace tiempo también que
el muy goloso quería que hiciéramos un trío con otra chica y, como ya conoce mis
talentos, me propuso elegir a alguna chica al azar, seducirla, emborracharla un
poquito y luego hacer lo que nos diera la gana con ella... ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
Es que no les he contado… lo que más morbo me da de estar con una mujer es hacer
que se caliente, ponerla a hervir, hacerla correrse gritando de placer… en
contra de su voluntad, es decir, VIOLARLA.
Ya trazado el plan a grandes rasgos, nos pusimos de acuerdo
para ponerlo en práctica, vistiéndonos y arreglándonos para ser el centro de
atención. No es arrogante decir que ambos parecemos modelos. El es muy alto y
fuerte, moreno, atlético… tiene una sonrisa que puede derretir a cualquiera y
unos ojos que te pueden hacer perder la cordura si dejas que te seduzca con su
estilo frontal y descarado… siempre he estado un poco enamorada de este cabrón.
Yo soy delgada, de curvas sinuosas y rostro angelical… siempre me creen una
especie de niña buena e inocente… jajajajajaja, si supieran… debe ser por el
pelo rubio y los ojos celestes.
Pero basta de preámbulos y volvamos a la historia.
Llegamos separados a la disco y nos encontramos en la barra.
El me hizo un gesto y yo dejé pasear la mirada por la pista y sus alrededores
buscando a las niñatas que suelen ir solas o en grupos de chicas a buscar
marcha. No había nadie para quitarle a una el aliento y estaba por decidirme por
una morena lo suficientemente atractiva hasta que en ese momento entró a la
disco un grupo de chicas orientales… ¡Por Dios! Todas eran como preciosas
muñecas de porcelana y el solo pensar en probar a una de esas guapas bellezas
asiáticas hizo que mis bragas se fueran humedeciendo cada vez más.
El, siempre atento y conocedor, se reservó la elección de
nuestra víctima cuando yo le indiqué a las chicas con una leve inclinación de
cabeza. ¡Estaba feliz el muy zorro! Y sin perder tiempo, se presentó con
aquellas pequeñas geishas hablándoles en impecable inglés. Por supuesto todas
cayeron rendidas ante los encantos de mi viejo amigo y me costó contener la risa
al ver que se peleaban por su atención. En ese momento supe claramente cual era
la elegida. Pequeña, menuda, de apariencia frágil y rostro delicado… deliciosa.
Le sonreí y me dediqué a bailar con algunos conocidos durante
la siguiente hora, como habíamos acordado, antes de dirigirme al
estacionamiento, montar en mi coche y conducir hasta la cabaña que él tenía en
una pequeña playa rodeada de grandes árboles… era el sitio perfecto… aún no
hacía suficiente calor como para atraer a demasiada gente al balneario y encima
su cabaña quedaba bastante apartada… era como si el diablo nos ayudara y nos
pusiera en bandeja a aquella preciosa chica oriental con la que pronto haríamos
realidad nuestras más perversas fantasías.
No había acabado de beber la copa que me había servido
mientras los esperaba, más por ansiedad que por deseos de tomar algo, cuando
sentí el sonido del motor de su automóvil.
Me asomé a la ventana y nuevamente me sonrió, satisfecho de
si mismo, con la chinita o lo que fuera, acunada contra su pecho, durmiendo
feliz en los brazos de su supuesto príncipe azul americano. Incluso a mi me
pareció que se comportaba demasiado como un santo varón hasta que me invitó a
seguirlo a su cuarto y me cedió el placer de hacer todo lo que quisiera con su
presa hasta que me aburriera de jugar sola. Por algo es y seguirá siendo mi
mejor amigo, ¿no?
La hora había llegado. Me dijo que estaba lo suficientemente
borracha para no oponer resistencia durante un rato. Lo que pude comprobar al
acercar, cargada de nervios, mis labios a los suyos y sentir como se dejaba
besar mansamente sin abrir los ojos. Mi primer beso lésbico… supongo que también
el suyo, pero eso no me importaba para nada. Que exquisita la suavidad de su
lengua y como se dejaba acariciar por la mía mmmmmmmmmmmmmmmmm… ese sólo
preámbulo me puso a hervir la sangre y me habría encantado desgarrarle la ropa,
abofetearla y hacerla despertar para que viera que era una mujer la que iba a
gozar de su bonito cuerpo a la fuerza, pero ya habíamos hablado de eso y sería
aún mayor mi placer cuando la jovencita se diera cuenta horrorizada que estaba
revolviéndose y gimiendo de gusto por las caricias de otra mujer… y entonces la
pondría no a gemir, a aullar de placer… o de dolor, lo que me inspirara el
momento y su príncipe participaría en su humillación, la domaría junto conmigo
hasta hacerla esclava de nuestra depravación por unas cuantas horas…
(Si les ha gustado, comenten y agrego la segunda parte ;)
100% ficticio)