Esa noche en mi casa deseaba abstraerme, recordar las
situaciones de la tarde. Estuve muy parco con mi mujer, aduje sueño y apenas si
acaricié un poco su cola. Me costó dormirme, los gratos recuerdos se veían
asaltados por el temor a que nunca volvieran a repetirse...
Al día siguiente me acondicioné mentalmente para bancarme lo
que suponía iba a ser un interminable silencio por parte de mi sobrina.
A eso de la media tarde brincó mi corazón, llamados recibo
varios por razones de trabajo pero esa llamada me pareció que podía ser de ella.
Acerté.
-Hola tío...
-Hola, mi amor...
-¿Viste como no te fallé? Estoy muy contenta, tío
-¿No te frustraste con este viejo?
-No seas tonto, fue muy hermoso...
-Me lo vas a hacer creer...
-¿Cuándo nos vemos de nuevo, tío?
Convinimos en encontrarnos el miércoles
El miércoles fuimos a un hotel. Yo estaba feliz pero medio
insatisfecho conmigo mismo, me sentía como un enamorado, me parecía que me había
ablandado todo, que no me brotaba comportarme dominante.
No voy ponerme a contar sino aquellos detalles que añadan
algún avance. Me enloquecía lamerla toda. Después de cojer ella me recordó mi
promesa de consejos para motivar a su esposo. De mi preguntar deduje que su
marido la tenía muy fácil, ella a todo le decía que si, siempre procuraba
adelantarse a sus deseos. Le aconsejé un cambio radical de actitud, que el
marido tuviera que ganarse su atención.
Mantenete indiferente y si él procura acercarse, encontrá
algún pretexto para no permitirle nada (Total, tu tío está dispuesto a
sacrificarse por vos) Reticencia y vestite de forma más atractiva y si
finalmente cojes, hacelo como con resignación.-
¿Y si no me da bolilla?
Y vos que querés ser? Una mujer sometida, que usa cuando se
le ocurre? Si no le interesás, peor para él.
-Sintetizando, sin respeto las relaciones no valen la pena.
Si la relación no resiste ser de igual a igual me parece que no sirve.
Dentro del rol de consejero matrimonial introduje, sin
reticencia por parte de ella, indagaciones sobre sus costumbres sexuales.-
¿Chupás?
¿ ..?
¿Chupas pija?
-Si.-
¿Te gusta o lo haces porque el te lo pide?
A veces me da gana.- Jorge mucho no me lo pide. Vos tampoco
me lo pediste
-Tenés tanto para disfrutar que me tomo mi tiempo, A mí me
gusta mas que me chupen la pija que comerme una concha pero con vos es especial.
Pero ya te la vas a tragar.- Y Decime ¿Tomás la leche?
Hajj, no , que asco.-
¿Cómo sabes que te da asco si no la probaste?
-No seas tonto, hay muchas cosas que no hace falta probar
para saber que son asquerosas.
-En términos generales tenés razón pero en lo que hace a lo
sexual la cosa es más elástica.¿Y a vos te come?
No, no le gusta
¿Nunca te lo hizo?
Un par de veces al principio pero vos me lo hacés bárbaro, me
lo había hecho otro chico pero nada que ver, con vos es buenísimo.
¿Y la cola?
-Si, eso le gusta bastante
- ¿ Y a vos?
Se encogió de hombros
¿Te gusta sí o no?
-Poco...
Como estábamos de costado, le apoye firmemente mi miembro en
su raja, antes ensalivé la punta y se la restregué suavemente en el esfínter.
-Eso no, tío, la tuya es muy grande me va a doler.-
Parece no haber sido muy afortunada con las pijas que ha
tenido, pensé
-Tranquila chiquita, no te voy a hacer nada ahora,, pero en
algún momento lo haremos y te vas a llevar una sorpresa como la de comerte.
Tenedle confianza a tu tío, alguna experiencia tiene...
Después de un rato, cuando ya nos estábamos por ir, no pude
contenerme y llevé su cabeza hasta mi pija, la mamó sin mucha gracia, se tragaba
un buen pedazo con decisión pero sin jugar adecuadamente con la lengua, sin ir
de menor a mayor. De alguna manera me decepcionó añadido al hecho de que tuve
que llevarla hasta mi pene, que no brotó de ella naturalmente.
El tercer encuentro no fue precedido de tantas llamadas
gratificantes como el segundo y concurrí como temiendo un enfriamiento en la
relación. En razón de ese temor fui con un pote de gel decidido a hacerle la
cola antes de que se me pasara la oportunidad.
Me encontré con la sorpresa de que, al contrario de lo
esperado, ella estaba muy bien predispuesta y agradecida. Parece que puso en
acción las indicaciones que yo le había trasmitido y su marido la atendió
adecuadamente aunque me dijo que no se podía comparar con lo que experimentaba
conmigo. Esta apreciación no necesariamente me la creo, generalmente las mujeres
procuran endulzar nuestro ego.
En nuestros juegos la llevé a que se colocara boca abajo e
intensifique mi atención sobre su cola. Aceptó el juego y se prestó a la
penetración anal de buen grado, soportando el dolor con suaves quejidos y sólo
pidiendo algún momento de tregua. Se la notaba conocedora de esa práctica por
los movimientos con que trataba de hacer la cosa más indolora.
La experiencia fue buena pero no espectacularmente
satisfactoria. No logré sincronizar la penetración con un adecuado tratamiento
de su clítoris y la propia delgadez de ella me hizo extrañar la magnifica y
acolchada cola de mi esposa.- Creo que el problema residió en premeditar una
situación en lugar que ella deviniera naturalmente.- La explicación de mi
actitud creo que tiene que ver con mi experiencia con su madre.
Nos volvimos a encontrar la semana siguiente y tuvimos una
magnífica sesión. En la relación con su marido esta vez mis consejos no
resultaron muy fructíferos. La calentura con mi sobrina parecía haberse
atenuado, lo bueno es que podía concentrar un poco mas de libido en la relación
con mi esposa, estaba reencontrando el gusto en la variedad. Se me esfumaba el
miedo a perder interés por mi mujer.-
Con mi sobrina cogíamos los martes, con mi esposa los
sábados. El problema con mi esposa consistía también en que su macho, pasado ya
el primer entusiasmo no la estaba atendiendo con asiduidad.
El viernes recibo un llamado de mi cuñada, la madre de Lisa.
Apenas cruzamos un par de saludos estalló.-
Fue algo así como:
-¿A vos no te da vergüenza, degenerado, lo que estás haciendo
con Lisa?
Reaccioné con tranquilidad
-¿Que estoy haciendo con ella?
Prorrumpió en más insultos.-
Si bien se notaba que mi cuñada estaba totalmente al tanto de
las cosas, traté en principio, de no confirmarle todo lo que me atribuía.
Le dije que lo que pudiera estar sucediendo entre su hija y
yo era la relación de dos personas mayores de edad plenamente responsables de
sus actos y que su actitud como si yo fuese un violador de menores era una
estupidez. Ante su amenaza de contarle a mi mujer le dije que podía contarle a
mi mujer y al mismísimo Papa si lo consideraba necesario.
Durante el desbocado torrente de su indignación me acusaba de
romper el matrimonio de su hija. Yo no sabía si algo se había precipitado en el
matrimonio de Lisa.
Mi cuñada es psicóloga, intenté hacerle ver lo ridículo de
todo el planteamiento que me estaba haciendo.
Era un diálogo de sordos, ella parecía una madre de un
pensamiento primario. Por mi parte no sentía ni siento la más mínima
culpabilidad en la relación con mi sobrina.
Estaba muy tranquilo y volví a apostar, le dije que si le
interesaba en realidad hablar de este asunto seriamente, podía encontrarnos y
que el encuentro sería en un hotel alojamiento.
A esta altura del relato Uds. deben estar pensando que estoy
desvariando o inventando algo sin menor asidero. Les cuento -
La historia con mi cuñada fue así: Ella sí integró mis
fantasías, es muy parecida a mi esposa, de hecho mucha gente se las confunde.-
En realidad mi esposa es más bonita y más dulce. Antes de casarme una fantasía
era acostarme con ambas hermanas simultáneamente, pero en fantasía quedó.
Nuestra relación era la de una familia normal y ya casado
nunca me había sentido caliente con ella. Pero...
Estábamos pasando las vacaciones en una casa grande las 2
familias y mi suegra; Mi cuñado viajaba un fin de semana cada quince días.- Un
día, mi esposa y mi suegra fueron con los chicos a una excursión que les
llevaría casi toda la tarde, Mi cuñada se quedé, no recuerdo con que pretexto;
yo me iría a pescar. Al rato de habernos quedado solos bajó Guillermina ( Yiye,
en adelante) se había vestido de forma que me resultó muy sexy: Llevaba una
blusa de color crudo, de tela tipo hindú y con un lazo en el escote que
provocaba a deshacerlo y un pantaloncillo minúsculo y ajustado, no recordaba
haberla visto nunca vestida así.
Me pareció que el mensaje era claro y tras cambiar algunas
trivialidades, la tomé de pronto entre mis brazos y le abrí la boca.- La
respuesta fue franca, sin ninguna protesta ni intento alguno de disimulo.
Tuvimos sexo más de dos horas. Lo que recuerdo de ese primer encuentro es que
hablamos poco, las lenguas, manos y sexos no se dieron descanso pero casi ni
mencionamos nada de la relación familiar, cogimos como 2 extraños que se
encuentran ocasionalmente y cogen con pasión.
Después no hubo ningún otro encuentro durante esas
vacaciones. Creo haber sentido culpa y no haberme sentido motivado tampoco a
intentarlo de nuevo. Fue algo como sacarnos las ganas y nada más.
En meses posteriores alguna vez sentí ganas de volver a estar
con Yiye, pero no me atreví a llamarla.
En septiembre me llamó, fue exactamente el 22 de septiembre,
era un día después del de la primavera; cuando cojimos por vez primera fue a
mediados de enero.-
Apenas cruzado el saludo inicial, me espetó:
¿Quermés que nos veamos?
-Por supuesto.-
-Mañana a partir de las 6
Ella afrontó el encuentro como si fuera una diosa que me
estaba dispensando un favor. Esa actitud sumada a la que había mostrado en algún
encuentro familiar, me sacó.-
Diría que me avergüenzo de mi comportamiento ese día, pero
fue ella la que me sacó de mis cabales. Actué con furia fría. Cuando ya
estábamos desnudos de repente le ordené que me chupara la pija, reaccionó como
ofendida. Le reiteré la orden y cuando empezaba como a separarse de mí, le tome
el brazo y se lo retorcí, obligándola a doblarse hacia mi pija mientras la
insultaba. Con igual metodología la penetré analmente. Por razones de comodidad
durante esta última acción me limité a actuar sólo sobre su muñeca. Esto lo
cuento simplemente para contextualizar todo el relato como para que se entiendan
ciertas cosas.- Reitero, me avergüenza lo bruto que fui, lo lamento, fue una
imbecilidad. Fue la única vez en mi vida que me comporté así. Por supuesto nunca
más se volvió a dar sexo entre nosotros. Pasó bastante tiempo antes que pudiera
volver a sostener su mirada.
Con esto que les acabo de contar entenderán a mi cuñada y lo
loco de mi pretensión. Me dejé llevar por el morbo de esta situación que se me
presentaba de jugar con la madre y la hija.
Volví a sorprenderme cuando a la semana siguiente mi cuñada
me llamó y me dijo que aceptaba reunirse conmigo en un hotel. Yo realmente me
sorprendí, sentía como que mi propuesta había sido una locura. No encontraba
nada de atractivo en mi cuñada en ese momento, sólo había ingresado en una
perversa fantasía de hija y madre.
Cabe suponer que uno no se reúne en un telo (albergue por
horas) para discutir
Llegados a la habitación la invité a sentarse en uno de los
silloncitos alrededor de una mesita y la invité a tomar algo, optamos por dos
cafés. Comencé a hablar mirándola a los ojos, ella mantenía la mirada. Yo
prácticamente monologaba, ella apenas intercalaba alguna palabra. Nuestras
miradas hablaban otro lenguaje, a mí me parecía que sus ojos decían ¿Cuando te
animas? En esa suposición yo con mi mirada le decía: Te voy a hacer esperar, te
quiero bien caliente.-
No aguanté mucho, me calenté más rápido de lo que suponía. Me
levanté y, siempre con mis ojos clavados en ella, le acaricié levemente el
cuello, la mejilla, le tendí la otra mano y se levantó, Nos besamos. Hicimos el
amor con ternura.
Tuvimos una larguísima charla, tanto que solicité la
prolongación del turno. Quizás ella haya tenido la expectativa de otro polvo
pero yo noté que no me daba el cuero, venía de estar con su hija un par de días
antes y un par de días después tendría que atender a mi mujer.
En las circunstancias que estoy relatando, mi sobrina me
sorbía literalmente el coco y me costaba enganchar hasta con el morbo de la
relación con mi esposa que, antes de comenzar lo de mi sobrina, disfrutaba a
pleno. Sentía hasta cierto rechazo.
En esa primera charla con mi cuñada hablamos sobre el pasado.
Me disculpé de mi brutalidad, diría que no me perdonó, me dijo de todo menos
bonito. Le expliqué que la actitud suya me sacó pero no me justificó ni mucho
menos. Incluso en algún momento pareció que ese reencuentro se frustraba pero
finalmente logramos poner a un lado ese recuerdo.-
Cabía preguntarle entonces como era que, pese a lo pasado,
hubiese aceptado acostarse nuevamente conmigo. Me contestó con cierta
suficiencia que intuyó que no corría peligro.- En el curso posterior de la
conversación se deslizó que su hija le había hablado de la gran ternura conque
se sentía tratada por mí.
Hago un paréntesis. Comentando los 2 relatos míos anteriores,
un excelente y muy agudo observador hace notar el escaso desarrollo que le doy a
las reacciones femeninas. Y sí, tiene razón, pero a una natural incapacidad mía
yo agrego que a lo largo de mis relaciones me he encontrado siempre con
negativas, por parte de cada una de las mujeres que han pasado por mi vida, a
explicar determinadas actitudes.
Tomando como ejemplo a mi cuñada, no me brindó ninguna
explicación enteramente satisfactoria de ni porque buscó coger conmigo la
primera vez, la segunda después de varios meses y ahora aceptar ésta última.
Calentura, boludo, dirán algunos.- Sea, pero yo puedo
extenderme sobre cada uno de los pasos que me lleva a acostarme con determinada
mujer.
Otro ejemplo, mi esposa, que fue durante años casi
absolutamente renuente a darme su cola, se la entrega sin chistar a su primo.-
Claro que después de esas demostraciones con él ya pude acceder a su divino
ojal, aunque ya no fuera lo mismo.
Esos son dos ejemplos que se me ocurren en este momento pero
hay otros muchos donde las mujeres evaden la respuesta con mayor o menor
acierto; la mayor parte de las veces endulzándote con alguna demostración de
amor o calentura. Me gustaría saber si alguno tiene parecidas sensaciones
Volviendo al relato, después hablamos sobre su hija y su
matrimonio y ahí coincidimos bastante. Creo que le quedó claro que yo no había
iniciado nada, no pudo menos que aceptar que lo mío con Lisa era una relación
que no podía ser vista como nada anormal. Ella también veía que su hija era
desatendida por el marido y volvimos a coincidir en un pronóstico pesimista para
el futuro de ese matrimonio. Me pidió que no le hiciera daño y allí permitió que
aflorara algo de la cuota de morbo que yo fantaseaba obtener de este trío.
Le pregunté cuando había hablado por última vez con su hija
de nuestra relación; , me dijo que el día anterior. Indagué como se había
manifestado Lisa con respecto al estado de nuestra relación y me contestó que
muy contenta.- Entonces le dije que eso podía tranquilizarla si en eso de
tratarla bien estaba implícito el temor de que yo repitiera con su hija el trato
que en el pasado le había dispensado a ella y que el día inmediatamente anterior
a que ellas hablaran yo le había hecho él culo a su hija con su total
consentimiento.
Cuando ya nos estábamos por ir, quizás con un destello de
esperanza, y sin que yo lo insinuara de la más mínima manera, mi cuñada me
prodigó una exquisita mamad. No pude contenerme: - Deberías enseñarle a mamar
así a tu hija.-
-¿Y vos no le enseñás?
-Me escucha pero no me hace caso. Se la traga toda desde el
primer momento, mama como desesperada.
Deje trunca la cosa ahí, no me pareció conducente ahondar mas
en el tema pero se abría la puerta para el futuro.
Ese primer encuentro con mi cuñada terminó cariñosamente. Ese
fin de semana vino en mi ayuda un fuerte resfrío de mi esposa que me permitió
omitir el cumplimiento de mis deberes. Me quedó la duda de que hubiera pasado,
aunque por un lado me sentía con la libido totalmente agotada por hija y madre,
me atraía la idea de completar la semana con mi esposa, si me hubiera ido bien
hubiera sido fantástico.
Y en este punto del relato comienzan mis lamentaciones.
Cuando se daba este juego de madre e hija, el macho de mi mujer empieza a buscar
el goce suplementario que se puede obtener del hacer sabedor al marido de la
situación.
Alguna leve experiencia he tenido como corneador y aunque ni
me aproximé al nivel adonde arribó el macho de mi esposa; en su momento disfruté
bastante de la situación.
Les cuento: Fueron dos casos con distinto final. Sucedió
durante los años que mediaron entre mis dos matrimonios.
El primer caso fue con un ama de casa de cuarenta y muchos.
Ella pasaba diariamente por delante de la tienda donde yo trabajaba y poco a
poco nuestras miradas se fueron cruzando con mayor intensidad. Era una típica
ama de casa, de aspecto diría mas bien común, cuerpo un tanto grueso pero que
luego me resultó bastante disfrutable. Vivía en el edificio lindero, su marido
tenía si un aspecto decididamente vulgar, pelado, de bigotes. Para completar la
descripción socio cultural luego supe que tenían un pequeño campo que les
permitía un buen pasar y por eso vivían en un barrio elegante de Buenos Aires.
Su educación era apenas primaria. Tenían un par de hijos de edad escolar.
El intercambio sólo de miradas durante bastante, diría que
dos o tres meses; yo no me decidía a abordarla. Fue ella quien un día entró a la
tienda y me pidió un artículo que por supuesto le dije que no disponíamos pero
que me dejara el teléfono y le avisaba. También por supuesto que en medio de las
vaguedades que hablábamos yo ya le expresaba con la mirada de que iba la cosa.
Ella estaba turbada y también como que hablaba con vacilaciones y su mirada
rehuía la mía. Mientras escribo esto se me torna vívida y harto satisfactoria
esa situación, ya con este humilde servidor paladeando esa esposa y madre que me
iba a comer.-
El paso siguiente fue sencillo, ella salía todos los días por
la tarde a dar un paseo. La seguí hasta bastante lejos de su casa y la abordé
con decisión. No me interesa contar sino los detalles que considero
significativos
Ella estaba decididamente mal cojida, las falencias eran de
ambos. El marido hacía un mete- saca rápido y ella por su parte era bastante
pacata. Cojían habitualmente con la luz apagada y sólo le agarraba la pija
cuando él le llevaba la mano, chupar se la había chupado muy pocas veces y por
atrás se la había hecho una ves sola y luego nunca más se lo permitió.-
La ropa interior que ella usaba, diría, exagerando, parecía
diseñada por monjas.
Me jacto de haber hecho un buen y productivo trabajo para ese
matrimonio. En primer lugar procedí sin miramientos a usarla, no le permití
ninguna negativa. Mamó en el poco tiempo que estuvo conmigo mas que en toda su
vida anterior, hasta en una oportunidad le hice tomar la leche- aunque debo
confesar en honor a la verdad- que la experiencia resultó fallida, corrió a
vomitar y no me quedaron ganas de repetir.
Le hice todo lo que los respectivos machos le hacen a
nuestras mujeres aunque a fuer de sincero debo decir que lo que el actual macho
le hace a la mía excede en mucho a lo que yo hice como corneador.
Entre lo positivo que dejé para ese matrimonio puede contarse
con que de a poco fui mejorando el diseño de la ropa interior de la mujer y el
tipo respondió como loco, anotándose enseguida con un incremento de su apetito
sexual y pidiendo él mismo que las prendas fueran cada vez más escuetas. Y todo
en ese orden de cosas fueron agregando nuevas prácticas etc. etc. El único
aspecto que no había mejorado hasta que yo deje de tratarlos fue que siempre
continuó siendo el tirador más rápido del Oeste... No era un eyaculador precoz
pero si de muy corto aliento.
Con esta pareja el placer de disfrutar la cornudez del marido
fue muy limitado pero algo es algo. Todo lo que pude lograr fue que ella lo
llamase cuando estaba conmigo para insinuarse mimosa con él. Quiero decir que
llegaba hasta insinuarle que esperaba ansiosa que llegara la noche para estar
con él. La cosa fue siempre muy acotada por que no había margen; las llamadas se
suponía que las hacía desde un teléfono público. A lo máximo que llegué fue a
que hablara apenas un par de minutos con mi pija dentro de su culo.
La otra pareja con la que actué como corneador eran un par de
novios estudiantes de psicología, muy liberados ellos para esa época. En las
reuniones con ellos siempre aparecía el tema sexual pero yo siempre me mostraba
con una actitud aséptica; de a poco las miradas con ella me parecieron develar
alguna posibilidad y diría que fueron simultáneos mi deseo de cojerla y cornear
a su "cancherísimo" novio.-
Ya en la primera vez que nos acostamos le insinué lo de
cornear a su novio y se anotó enseguida.-Lo que practicábamos era que ella le
telefoneaba desde el hotel y la primera vez se limitó a calentarlo y decirle que
estaba tan caliente que daría cualquier cosa por cojer con cualquier tipo.
En las siguientes oportunidades fue incrementando los
decibeles y le decía que estaba con un tipo y que el tipo le hacía lo que yo
estaba efectivamente haciéndole. El novio enloquecía y le decía que era
formidable los visos de realidad que ella conseguía trasmitir.-
En ese entonces estaba seguro que el novio no conocía la
realidad, así me lo aseguraba casi con indignación ella; después me entraron las
dudas. De todos modos no tiene importancia, los tres disfrutábamos del engaño
así fuera simple o doble. Ahora que ya conozco los placeres del cornudo casi
desearía que él estuviera enterado.
Cuando empecé la tercera parte del relato intenté hacerlo en
forma más o menos simultanea a los acontecimientos pero me resultó imposible.
Cuando uno está en plena acción ( eran los meses con mi sobrina) no queda resto
para otra cosa, cuando ponés distancia, mejor dicho cuando mi sobrina se
recupera del desamor de su marido y del duelo de la separación y se ubica en la
realidad y empieza a salir con gente de su edad y me quedo sin ella; encuentro
el tiempo y la disposición para contar.
A lo mejor en algún momento vuelvo sobre algunas cosas más
con mi sobrina e incluso los dos encuentros más que tuve con mi cuñada pero es
hora que les cuente de los momentos que me hacen vivir mi mujer y su macho.
continuará
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