Pajeando a mama en el cine.
Mi madre es de esas madres que se jactan de ser amigas de sus
hijos. Cierto día me propuso salir con ella al cine como una amiga y como tal me
dijo que la tratara, de modo que como tal la traté y le hice una paja.
Ya saben ustedes que hay algunos padres que en lugar de
afanarse en ser unos buenos padres para sus hijos, se empeñan además en ser
amigos de ellos, con lo que normalmente no consiguen ni lo uno ni lo otro. Pero
si además tratan de saltarse la barrera generacional y anteponer los valores de
la amistad y camaradería por delante de las responsabilidades de la paternidad,
le pueden suceder cosas como la que le ocurrió a la madre de mi colega Borja, un
chico de apenas 19 años de edad al que su madre trató de ganárselo como amigo,
pero que no consiguió llegar más allá de amante ocasional, de modo que
finalmente trató de recuperar el papel que mejor podía hacer: el de madre,
aunque a veces lo alterna con el de amante.
Soy Pancho Alabardero, tengo casi cuarenta años, vivo en
Madrid, mantengo relaciones incestuosas con mi madre y me relaciono con colegas
que hacen otro tanto. Compartimos experiencias, confidencias y vivencias y a
veces, sólo a veces, nos gusta darlas a conocer. Este relato les acerca a una
experiencia no buscada por ninguna de las partes, pero que nos adentra en lo que
es el mundo de las pasiones y lo difícil que resulta reconducir una situación,
cuando el olor a sexo predomina en el ambiente.
Hola soy Borja, tengo 19 años, vivo en Gandia, una ciudad del
litoral mediterráneo español y estoy comenzando mis estudios en la universidad
de Valencia. No tengo novia formal, aunque si que tengo bastantes amigas con las
que salgo a divertirme, tomar copas y cuando se tercia intercambiar sexo con
ellas, pues como pueden suponer por mi edad, estoy en todo momento en
disposición de practicar sexo, de cualquier manera y con cualquier chica que se
preste a ello, aunque desdichadamente son más las veces que tengo que aliviarme
solo que las que consigo llevarme a una chica al asiento trasero de mi coche.
En mi casa las cosas funcionan bastante normal, es decir, mi
padre se tira todo el día trabajando, mi madre todo el día dando la vara con la
casa, los estudios y los chismes del vecindario, mi hermana, cuatro años mayor
que yo, todo el día con los preparativos de su inminente boda y yo afanado en
mis estudios y en ligarme a una chica para follármela, pues tengo muy claro que
hasta que no tenga la carrera medio terminada y mi vida profesional encauzada,
de novia formal nada de nada.
Creo que mi madre últimamente esta bajo el síndrome del "Nido
Vacío", es decir, ha tenido tanta camaradería y complicidad con mi hermana que
se podría decir que más que madre e hija eran amigas intimas y ahora se da
cuenta que eso esta a punto de perderlo, porque mi hermana se casa en un mes y
se marcha a vivir a Madrid. Y aquí es donde comienza el vértigo de mi madre,
porque con mi padre no comparte casi nada, pues él esta casi siempre fuera de
casa, aunque al menos follar, follan, porque los oigo a menudo.
Conmigo no comparte absolutamente nada, pues de siempre he
sido buen estudiante y nunca ha sentido la necesidad de estar pendiente de mí,
de modo que parece que se le ha encendido la bombilla para solucionar su
problema de "Nido Vacío" y ha tenido una idea genial: hacerse mi amiga, pues aún
me quedan varios años para abandonar la casa materna.
Claro, lo que para ella ha sido algo genial, para mi no ha
sido más que un incordio, pues cada día anda tras mis pasos haciéndome
proposiciones indecorosas, tales como: "Tenemos que ser amigos", "a mi me gusta
más ser amiga de mis hijos que madre de mis hijos", "tenemos que tener confianza
el uno con el otro y contárnoslo todo" y cosas de semejante porte.
Comprenderán que a mí tales proposiciones no sólo no me
atraen lo más mínimo, es que además me joden cantidad, de modo que hasta el
momento he podido escurrir el bulto como mejor he podido, pero cierto día se me
plantó delante y no conseguí escabullirme de ninguna de las maneras:
-Cuándo podemos salir juntos al cine- me preguntó justo en el
momento que yo le pedía dinero para salir a tomar una copa con una chica.
-Cuando tú quieras mama- le respondí de manera retórica
esperando que no se concretase en nada.
-De acuerdo, pues mañana nos vamos lo dos juntos al cine y
luego merendamos en una cafetería- Me respondió con total decisión.
La jodimos tía Paca, pensé para mí, como me vean mis amigas
en el cine con mi madre el cachondeo va a ser de antología, pero no tuve
alternativa, bueno, podía buscar una disculpa de última hora, pero tal y como la
veía de decidida, estoy seguro que no conseguiría eludir el compromiso, en todo
caso demorarlo, de modo que me armé de valor y le dije:
-Vale mama, mañana nos vamos juntos al cine- Eso claro se lo
dije mientras que me apresuraba a retirar de su mano un billete de 20 Euros que
me ofrecía para salir a tomar una copa con una chica con la que había quedado.
Al día siguiente, como a eso de las cinco y media de la tarde
mi madre estaba toda emperifollada y esperaba pacientemente que saliese del baño
para salir hacia el centro comercial de Gandia, donde hay un grupo de
multicines. Ella llevaba el coche y se metió en el aparcamiento del Centro
Comercial que esta en el primer sótano del Centro. A esa hora el aparcamiento
estaba medio vacío y poco iluminado, de modo que nada más aparcar y parar el
coche, antes de salir, me miró, me dijo que estaba muy contenta de salir conmigo
y que la tratase como una amiga, no como mi madre.
Yo estaba confuso de lo que realmente me quería decir y
supongo que lo mismo le ocurría a ella, pero quería por encima de cualquier cosa
agradarla y que pasara una buena tarde conmigo. Siempre se había portado muy
bien conmigo y para una vez que me pedía algo no quería defraudarla, de modo que
la miré con curiosidad y lo que encontré la verdad es que me gustó.
Mi madre tiene 48 años, es de piel muy blanca, le gusta poco
ponerse al sol, de complexión mediana, muy bien proporcionada, buen culo, buenas
tetas, pero sobre todo una cara muy agradable y simpática, llena de pecas y unos
tirabuzones rubios que le caen por la cara y que le da un aspecto muy juvenil y
agradable.
Me miraba y tal parecía que esperaba una respuesta por mi
parte, de modo que no podría decirles la razón que me impulsó a tomar la
decisión que tomé, pero alargué mi mano a sus tetas, las acaricié por encima de
la blusa, le di un beso en los labios y le dije:
-Vale Conchita, hoy serás mi amiga en lugar de mi madre-
Ella salió más contenta que unas castañuelas del coche por mi
reacción, de hecho creo que ni se dio cuenta que le había sobado las tetas, yo
en cambio no, no salí nada contento de la situación, o mejor dicho, salí muy
desconcertado, pues me había empalmado y trataba por todos los medios de que ni
mi madre ni la gente se diese cuenta, porque la polla se me había puesto como
una estaca y no había manera de disimularla, de modo que como pude alcanzamos la
segunda planta que es donde están los cines y las taquillas.
-¿Qué película quieres ver? Le pregunté a mi madre.
-Elige tu mismo- me dice ella a la vez que notaba que de
reojo le echaba una miradita a mi entrepierna, porque el espectáculo que estaba
dando, totalmente empalmado, debía ser de antología.
Elegí la más cutre de las que se exhibían porque pensé que en
esa sala no me encontraría con ninguno de la pandilla y acerté, bueno la verdad
es que en la sala no había nadie conocido ni apenas desconocidos, tan sólo una
pareja hacia la mitad de la sala y en una esquina, de modo que elegí la esquina
contraria y nos sentamos hacía el final de la sala.
Antes de comenzar la película aún entró en la sala otra
pareja, que se sentó también lo más alejado que pudo, de modo que nada más
apagarse la luz y comenzar la película pude comprobar que tanto los unos como
los otros fundían sus siluetas y se adivinaba que el espectáculo no se iba a
producir en la pantalla sino en la sala.
Yo me acomodé más tranquilo, aunque seguía tan empalmado como
al principio, pero al menos aquí lo disimulaba. Mi madre se acomodó en la butaca
y la vi que se interesaba por la película. Nos miramos y nos agarramos de la
mano transmitiéndonos el momento feliz que estábamos viviendo. Yo también traté
al principio de interesarme por la película, traté de identificarme con la trama
y con los protagonistas, pero no lo conseguía porque en la oscuridad de la sala
el perfume a sexo flotaba en el ambiente, además la cara angelical de mi madre y
el recuerdo de la suavidad y atractivo de sus deliciosas tetas me perturbaban de
tal manera que la polla se me salía del pantalón.
Nuevamente mi madre me agarró de la mano y me la apretó como
un gesto inequívoco de placidez, yo instintivamente le pase el brazo por sus
hombros y ella se recostó sobre mi pecho, ambos habíamos conseguido lo que las
otras dos parejas habían conseguido en el primer momento: fusionar nuestras
siluetas. A partir de ahí comenzó el verdadero espectáculo, al menos para mí.
Ambos mirábamos a las otras parejas y las veíamos besándose,
sobándose, follándose vamos. Nosotros manteníamos la distancia corta, medio
abrazados, medio besándonos y medio mirando la película, pero según la trama
discurría un tanto fría y aburrida en la pantalla, en la sala la temperatura se
disparaba y los primeros jadeos se dejaban oír tímidamente.
Creo que mi madre no era aún consciente de la calentura que
yo llevaba encima y pienso que aún permanecía a mi lado disfrutando de la
película con un joven amigo, pero yo, por más que lo intentaba, no conseguía
meterme en la trama de la película y por el contrario, ya no le sacaba ojo a mi
madre. La miraba, la acariciaba, la estrujaba entre mis brazos. Ella se dejaba
llevar, se dejaba hacer, de modo que en un momento en que el protagonista besaba
a una chica del reparto, yo hice lo propio con mi madre.
Ella recibió el beso encantada porque me correspondió
generosamente, pero pronto se dio cuenta que ese beso no era de cariño sino de
deseo, porque al meterle la lengua en su boca, noté que por primera vez se
alteraba, aunque no ofreció resistencia, pero intuí que en ese momento ella
había asumido la situación real.
Yo estaba tan salido que me atreví a algo más y busqué con
mis manos los botones de su blusa y poco a poco los fui desabrochando. A ella ya
no le quedaba duda alguna de mis intenciones, pero no hizo nada por pararla,
aunque si les puedo asegurar que estaba pasando un momento de auténtica zozobra
con lo que la estaba sucediendo.
No tardé mucho en extraerles sus riquísimas tetas blancas y
prietas del sujetador y comenzar a sobárselas. Sus tetas brincaban libres entre
mis manos y ella miraba de reojo lo que la estaba sucediendo. Ella se sentía por
un lado alagada y por el otro perturbada, fue entonces cuando me acerqué a su
oreja, la mordisqueé suavemente y le susurré al oído:
-Me encanta ir al cine con mis amigas, me parece que vas a
ser mi amiga preferida-
-Gracias Borja, me hace mucha ilusión que lo pases bien
conmigo- fue su esclarecedora respuesta a mis insinuaciones.
Esa fue la respuesta que en ese momento más ansiaba escuchar,
de modo que le correspondí como mejor supe, que no fue otra cosa que acercarme a
sus atrayentes y maravillosas tetas blancas como la leche y turgentes como la
seda y chupárselas dulcemente con la lengua. Al principio sólo pasarle la lengua
por el pezón, pero pronto se las chupaba con auténtica glotonería. Ella poco a
poco supongo que también se fue calentando, porque cuando alargué mi mano a su
entrepierna y le acaricié el chochito por encima del pantalón no sólo consintió
sino que noté que se abría ligeramente de piernas para facilitarme el festín.
La trama de la película estaba basada en un road movie, por
lo que resultaba casi imposible estar al plato y a las tajadas, no había manera
de seguir a los personajes y para colmo la música era electrizante, para
mantenerte pegado a la pantalla tanto por la vista como por los oídos, de modo
que a veces me daba la sensación de estar metido en un tobogán por el que, más
que deslizarte te despeñabas, así que un ojo lo tenía puesto en la pantalla y el
otro en los labios de Conchita, una mano en una teta y la otra desabotonando el
cinturón de su pantalón.
Conchita, mi dulce y encantadora madre, se dio cuenta de mis
tribulaciones y decidió echarme una manita, es decir se desabrochó el pantalón y
se bajó sus braguitas ligeramente, no mucho, pero lo suficiente para franquearme
su esplendoroso chochito, dejando a la vista y al alcance de mi mano el albergue
de la felicidad.
Su chochito era una prolongación de si misma, de carnes
blancas, de piel tersa, de pelo lacio y suave, pura marta cibelina. El personaje
de la película no hacía más que correr. Las parejas, las otras parejas que
compartían la sala con nosotros también se corrían, sus jadeos las delataban, la
música, aquella música electrizante te ponía la carne de gallina y los olores a
chumino que desprendía el chochito de mama te embriagaba, te extasiaba, te
trastornaba los sentidos.
Mi dedo buscó ansioso el chuminito de mama y lo encontró
empapado en sus propios jugos, receptivo y calido, abierto, ligeramente
entreabierto. Las braguitas, sus braguitas azul turquesa permanecían ancladas a
mitad de sus muslos, las tetas al aire, el culo un tanto arqueado y su mirada
perdida en las peripecias de la trama de la película. Comencé a pajearla y ella
comenzó a vivirlo intensamente, sus músculos vaginales denotaban tensión, sus
labios vaginales transmitían placer, su cara se contraía, sus pezones se
alargaban, toda ella era pura tensión.
Según la pajeaba ella acompasaba todo su cuerpo al movimiento
de mi dedo. La frotaba dulcemente, despacito, para prolongar hasta el máximo su
enorme placer, era una delicia pajearla, porque sabia transmitir
excepcionalmente sus sensaciones, se retorcía, arqueaba el culo, movía el
chochito en busca de la caricia, me atrapaba el dedo para aprisionarlo dentro
del chochito hasta que de sus labios salieron sus primeras exclamaciones...
...Que paja, que paja, que paja, que paja me estas metiendo.
No, no pudo decir mucho más porque de repente toda ella se
vio envuelta en convulsiones, sacudidas, temblores, la película emitía imágenes
bellísimas, los personajes salían y entraban en un gran bazar, mi madre
disfrutaba de un orgasmo fenomenal y prolongadísimo, y de repente su mano
nerviosa, buscó ávida mi polla y la sacó de su escondite.
La vi acercar sus labios y al momento sentí mi polla dentro
de su calida y bien ensalivada boca. Me estaba haciendo una mamada, se la metía
y se la sacaba con ansiedad, con maestría, con destreza, no, no debía ser la
primera polla que se metía en su boca, ni posiblemente la segunda, ni quizás la
veinteava, quién sabe la cantidad de pollas que aquella boquita se había tragado
y a quién coño le importaba el número de pollas que mi madre había mamado con
anterioridad. ¿A quién importaba a quién se la había mamado?, lo único que
importaba es que la mamaba, me la estaba mamando como nadie hasta el momento me
la había mamado.
Cuando salimos lo hicimos agarrados de la mano, casi, casi
como un par de tortolitos. Lo habíamos conseguido, queríamos pasar la tarde como
amigos y lo conseguimos, pasamos la tarde como amigos y naturalmente cuando uno
va al cine con una amiga de tan buen ver como mi madre, lo menos que se puede
esperar es que te hagan una paja.
Antes de regresar nos sentamos en una cafetería a tomar unos
refrescos. Mi madre me miraba asombrada, yo la miraba maravillado, ambos nos
habíamos encontrado con una situación imprevisible y habíamos actuado con
naturalidad.
-No estoy segura que quiera seguir siendo tu amiga, quizás
prefiera volver a ser sólo tu madre- me dijo un tanto titubeante.
-Yo tampoco estoy seguro que quiera que vuelvas a ser mi
madre, como amiga me ha entusiasmado- le dije envalentonado.
-Bueno, seré tu amiga cuando se tercie y madre el resto del
tiempo- me dijo riéndose y guiñándome un ojo.
Quién sabe, aunque el futuro se presenta apasionante.
Pancho Alabardero
alabardero3@hotmail.com