EL TRAJE NEGRO DE LICRA (Mari Mar 14)
Mar tiene un nuevo encargo de "El Profesor" mientras su
hermano continúa aprovechándose de ella. (Filial-Fetiche-Dominación- SM)
A las pocos instantes de llegar a casa aún continuaba mi coño
derramando el esperma que el semental de Cevallos había derramado en él. Estaba
realmente preocupada, pues el joven y adolescente chico había procurado correrse
en todo momento en el interior de mi desprotegida vagina y esto, podría
acarrearme unas consecuencias que, para nada, deseaba. Fui directamente al baño
y allí me duché y me apliqué en darme un par de lavados vaginales en toda regla
con el enema que me había proporcionado "El Profesor"para mantener mi culo, en
todo momento, limpio y preparado. Me acosté en la cama pensando cómo había
podido permitir que eso ocurriera, cómo había perdido totalmente el control sin
importarme lo más mínimo los efectos a los que mi inconsciente acción pudieran
llevarme. Agotada, pero a la vez satisfecha, me quedé dormida tan profundamente
que no me desperté hasta bien entrada la tarde cuando sentí cómo unos largos y
finos dedos hurgaban con determinación en mi cueva, escarbando y estimulando sin
miramiento alguno mi vulva. Era mi hermano "El Cereal" que, aprovechando la
inserción de otra dosis en mi ansioso y hambriento sexo, empujaba el óvulo con
dos de sus dedos hasta el interior de mi húmeda, dilatada y preparada intimidad.
Permanecí tal y cómo estaba, boca abajo, facilitando con mis manos la apertura
de mi vulva, abriendo mis piernas todo lo que estas podían dar de sí por la
postura que mantenía y, arqueando mi cintura, como si fuera una rana a punto de
saltar, ofrecí a mi masturbador mi sexo sin tapujos ni obstáculos. Alcancé a los
pocos minutos una nueva oleada de orgasmos encadenados que fueron recompensados
por mi parte de una soberana e intensa mamada sobre la majestuosa polla de mi
hermano "El Cereal".
Al día siguiente, recibí otra llamada de Antonio con un nuevo
encargo:
Hola putita mía –dijo con su potente y masculina
voz autoritaria- ¿Te lo pasaste bien con el Doctor y su ahijado? Ya
me han contado que te comportaste como una auténtica profesional. No
esperaba menos por supuesto. Espero que por tu bien no te estés
tomando nada para no quedarte preñada...¿verdad?
No... no... nada de verdad –contesté intimidada y
cautivada a la vez ante su magnética y atrayente voz-
Bien, bien... muy bien. Así me gusta, que mi
putita me obedezca en todo cuanto se le diga. ¿Te estás tomando los
óvulos según lo convenido también no? Hace dos días que no hablo con
tu hermano y no me ha informado...
Sí, mi hermano procura administrármelos
puntualmente y el cabrón aprovecha para lo que le viene en gana
hacer conmigo...
Jajajajaja, sabes de sobra que si follas con él
es porque quieres zorra. Yo no te he dicho nada al respecto...
Lo se... –dije aturdida ante la evidencia-
pero... ¡es que los óvulos que me dais me tienen siempre caliente y
no puedo evitarlo! –dije gritando en una intentona en defensa de mi
ego-
Jajajajajajajajaja ¡Te has convertido en la tía
más puta que he conocido en toda mi vida Mar! Jajajajajajaja.
Bueeeeno ,bueno, bueno. Te llamaba por un nuevo encargo. Presta
atención porque sólo voy a repetírtelo una vez. Ve a la calle
Estrada, 15 y te metes en el Bar Laszlo. Ve directamente al lavabo
de hombres y detrás del retrete tienes un sobre con las
instrucciones que has de llevar a cabo. Ponte lo que te de la gana,
son sólo las instrucciones. El encargo es para mañana. Recuerda, Bar
Laszlo, en el lavabo de tíos.
Sí, de acuerdo pero...
Sin decir más colgó, dejándome con la objeción y la palabra
en mi boca. Me puse una camiseta de color naranja, unos vaqueros de color azul
claro muy gastados de tantos lavados que llevaban y unas deportivas blancas y
salí hacia la calle en busca del Bar Laszlo. Llegué al cabo de casi 50 minutos
de transporte público a la dirección indicada. Era un bareto de barrio como
muchos, con los cristales pintados aclamando con pinturas chillonas y fosforitas
las ofertas y especialidades del local. Entré. El bar olía a raciones de oreja y
comida casera recalentada una y mil veces, en el había un par de viejos sentados
en una mesa esquinera tomando un par de vinos y jugando animadamente al dominó.
Al otro lado de la barra, había un tipo entrado en carnes con un delantal lleno
de churretones de grasa y que pretendía taparse la más que incipiente calva
peinando los cuatro pelos que aún le quedaban hacia un lado de la cabeza. Me
dirigí directamente a la barra de acero inoxidable que flanqueaba la mitad
derecha del bar y pregunté al camarero por los servicios pidiendo antes un
refresco de Cola. Los servicios estaban bajando unas angostas y empinadas
escaleras que hacían un ángulo recto yendo a parar a una pequeña habitación en
la que se guardaban un montón de cajas con envases vacíos de bebidas consumidas.
El olor a comida rancia y recalentada era aquí, si cabe, aún más fuerte que en
la parte de arriba del tugurio. A la derecha de las cajas y flanqueadas por
estas, habían dos puertas en las que se distinguían los crípticos monigotes
descriptivos de los sexos. Entré en el de los hombres conforme a las
instrucciones que me había dado Antonio y busqué detrás del retrete de tíos.
Cogí un sobre cerrado y me dispuse a salir rápidamente de allí. El "aseo" si es
que podía llamarse de esa forma, tenía más mierda que el palo de un gallinero y
olía a orines reconcentrados de días. Tan rápidamente quise salir de allí que no
me tomé ni el refresco de Cola que había pedido, dejando al camarero chillando y
reclamando el pago de la consumición debajo de la puerta del local mientras yo
salía corriendo calle abajo hacia la parada del autobús.
Mientras me dirigía de nuevo a casa, abrí el sobre de
instrucciones en el que decía:
" Ve el martes a las 22:30 horas al Hotel Zenit, di al
recepcionista tu nombre de pila y dirígete a la habitación que te asigne. Ponte
rápidamente la ropa que haya en la maleta que esté encima de la cama, el resto
de lo que haya dentro de la maleta déjalo allí, a disposición del cliente y
espera en la cama tumbada hasta que él acuda. NO HAGAS NADA, debes dejarte
hacer. El cliente decidirá si eres o no de su agrado y si lo fueras y decide
quedarse contigo, recibirás una recompensa que no olvidarás
Fdo.: A."
La nota era bastante precisa. Quedé pensativa, reflexionado
acerca de las instrucciones y de cómo había girado mi vida en tan sólo dos meses
en que había entablado tratos con "El Profesor". Cuando regresé a casa eran casi
las 12 de la noche. Cuando pasé por al lado de la puerta cerrada de la
habitación de mi padre oí los fuertes ronquidos de este lo cual me advertía de
que había llegado agotado de su viaje. La habitación de mi hermano estaba
también cerrada, cosa que solía hacer cuando estaba dentro chateando con alguno
de sus amigos o con vete a saber quién. Entré en mi alcoba, con la ropa en la
mano y con sólo la tanga puesta, tras pasar antes por el servicio para asearme
un poco y suministrarme otro enema. Vi cómo una sombra se movía al lado del
armario y di un involuntario respingo de alarma...
- Tranquila hermanita, tranquila que soy yo. Tu "amado y
querido" hermano
¡Joder coño que susto me has dado! –dije
sobresaltada cayéndose toda la ropa al suelo y mostrando mis pechos
con alguna que otra gota de agua que aún albergaban de la reciente
ducha-
Jejejejeje. Acabo de charlar con un amiguete
¿sabes? –dijo al tiempo que recogía con su lengua una de las gotitas
de agua que permanecía en uno de mis pezones y cerraba la puerta de
la habitación empujándola-
Aaaah sii? Y a mi qué me cuentas o es que vas a
contarme ahora las conversaciones que tienes con tus amiguitos?
Mmmmnn jooder para, paraaa –le dije mientras me elevaba ambos pechos
y pasaba su lengua entre uno y otro pezón secando las escasas gotas
que aún permanecían en ellos-
¡Que tetas tienes cabrona! Toma –dijo tendiéndome
un óvulo- póntelo ¿o es que te olvidabas de la toma de la noche?
Esta mierda que me dais me está cambiando.
Métetelo ya en el coño y déjate de polladas. ¿O
es que quieres que se lo chive a "El Profesor?
Trae. Estás hecho un cabrón... – dije separándo
las piernas e introduciéndome el óvulo en mi vagina tras apartar la
tanga hacia un lado- Oooooh ¿lo sabes no? Joooder dioooosss
Jejejejeje estas siempre mojada como una babosa,
hermanita. Ese coño que tienes está siempre preparadito para recibir
cualquier cosa. A nada que te tocan o te tocas estás a punto de
irte. Jejejejejejeje ¿y sabes que te digo zorrita? Que tengo ganas
de follarte. Quiero follarte hasta romperte ese coño de puta que
tienes...
Nooo –dije con mi dedo medio aún metido en mi
ansioso conejito- no, ahora no joder que está papá al lado sobando y
pue...deeee mmmmnnn des...per...tar...se...mmmmnn dioooss joder
estoy salida como una perraa...mmnn
Jejejejeje no hermanita, no estás salida como una
perra, ERES una perra –dijo desgarrando el tanga con un fuerte tirón
dejándome completamente en pelotas- Túmbate en la cama y ábrete bien
de patas perra
Está bien –dije tumbándome en la cama , separando
a tope las piernas y cogiéndome los tobillos con las manos- ¿Es esto
lo que quieres no? Pues venga cabrón... vamos... jódeme un poquito.
Zorra... –dijo mientras se quitaba el pantalón
del chándal y lo arrojaba al suelo- te vas a enterar cabrona...
"El Cereal" tenía completamente erguida en toda su longitud
su soberbia polla y de una sola y única embestida me la colocó sin miramiento
alguno en el coño. Los óvulos hacían que estuviese siempre destilando jugos y
que estuviese constantemente preparada ante cualquier penetración en mi
intimidad. Aún así, sentí dolor ante la brutal penetración de mi hermano,
provocando un chillido de sufrimiento por el empujón. La postura ejercida hacía
que sus huevos, en cada embestida, me golpearan una y otra vez en mi encharcada
y abierta vulva. Sentía cómo su enorme glande tocaba el fondo de la matriz y
cómo a cada empellón que me daba, mi cueva iba adaptándose cual guante entorno a
su magnífico pene. Con rabia, con resentimiento y con rencor contenido, me
retorcía el pezón izquierdo mientras apoyaba su mano derecha en la cama para dar
más fuerza a sus embestidas. Cada impulso me arrancaba guturales sonidos de
placer del interior de mi garganta mientras que mi pecho derecho, libre de ser
cogido, se movía para uno y otro lado...
He estado chateando con un amigo mío, ¿sabes
puta? –decía mi hermano-
Oooooohhhh... Oooooh ...
Aaaaah –decía yo ante cada uno de sus envites
sin prestar atención a lo que me estaba contando-
¿No te dice nada el nombre de Cevallos?
¿Qué?... Oooooh... no... aaahhmmn, no se de
qué... ooooohh me estás... Ooooommnn...hablaaandoooooo
¿Ah no? Seguro que si puta. El me ha descrito
muchas cosas tuyas y entre ellas me ha contado que te ha llenado el
coño con su leche varias veces... ¿Y sabes qué me he dicho? Que si
el gilipollas de Cevallos te puede regar el coño con su leche
también lo debería hacer yo no crees, "hermanita? –dijo recalcando
con rintintín lo de "hermanita"-
Noooo... no te cooooorras deeentrooo tú
también... oooooooohhh... no lo hagas por favor nooooooooooohhh, no
te me corraaaaaaaas dentrooooohh ¡Oh Dios!
¿Qué no? Jajajajaja ¡te lo voy a desbordar de
leche zorra! Bien pensaba yo que cuando lo hacías por ahí obligabas
a tus clientes a ponerse condón aún a pesar de las instrucciones de
"El Profesor" Eres una puta Mar (mmmfff)... una zorra...(mmmfff) –me
decía por cada uno de sus empellones- una sucia ramera (mmmmmfff)...
una perra (mmmmmmfff) una...
Aaaaaaahh (prostituta de mierda), oooooooohh (una
guarra), nooo te corras dentro por fa...aaaaaaaaaaah (una cerda)...
En esos momentos "El Cereal" sacó su polla de mi abierta
cueva y con un rápido y vertiginoso movimiento me introdujo otro óvulo en mi
inflamada vagina, empujando el preparado sin dilación alguna con su poderosa
polla hasta el interior de mi intimidad. Me jaló de los tobillos y me elevó
estos apoyándolos encima de sus hombros haciendo que su penetración fuera aún
más profunda que antes. Sus embestidas eran cada vez más rápidas y poderosas. Me
estaba jodiendo de maravilla y el hecho de que pudiera correrse dentro y pudiera
dejarme preñada un hombre, aunque este fuera mi propio hermano, me volvía a dar
igual, sólo quería disfrutar y aplacar los fuegos que los óvulos me producían.
Estaba totalmente emputecida, ya no tenía remedio. Mi hermano me cogió de los
pies y me abrió las piernas totalmente en un ángulo de 90º, mis tetas libres de
cualquier estímulo comenzaban a reclamar también el suyo y comencé a a
estimularme yo misma mis anhelantes pechos. Pequeños y repetidos orgasmos
comenzaban a invadirme cuando de repente sentí cómo mi padre llamaba a la puerta
preguntado si me estaba pasando algo y me encontraba bien. Nos habíamos olvidado
completamente de él y este se había despertado ante mis sonoros y lascivos
gorgeos...
¿Mar, estás bien? ¿Te ocurre algo? He oído que te
quejabas... ¿Te duele algo?
¡Qué! Papaa... (parateee –le dije susurando a mi
hermano- papaaa ha despertadoo parateee que va entrar y nos pillaa)
Tu háblale – dijo en voz baja- pero yo no paro de
follarte ahora por nada del mundo así que... (mmmmmfff) procura que
no entre y nos pille...
¡Cabrón! –le dije en tono normal mientras él
continuaba taladrándome con su polla- Ooooooh mmmmmnn
¿Cómo dices hija? – dijo mi padre-
Nooooo..., estoy bien papaaaa..., aaah, no me
pasa nadaa sólo es que he estado...ooooooh tomandooo una cooopaa y
me debe haber sentadooohh un poco mal...
Ya, bueno... ¿hay alguien contigo? ¿puedo entrar?
¡No! Hazme un brebaje de esos
tuyos...mmmmnnnnnn... papá y tráemelo por faaaa...vor.
Voy a la cocina a hacer un ponche y te lo subo
ahora mismo...
Siiiiii... eso es... siii tráeme un ponche de
esos andaaaa...aaaahhhh
Te estás corriendo como una auténtica fulana
hermanita –dijo mi hermano sin parar de follarme como un loco-
¡Oooooooh Diosssss! Me estoy viniendooo
todaaaaaaaa... aaaaaaaaaahh jooodeeeeer
El que se va ir soy yo zorra de mierdaaaa... ¡Ahí
te vaaaa, toda la lecheeeee en tu coño de guarraaaaaaaa!...
aaaaaaaaaaaahhhhh
"El Cereal" me echó toda su lechada depositada en sus enormes
huevos en toda mi vagina, la cual había entrado en un estado constante de
éxtasis total y rápidamente, de uno de los bolsillos de la chaqueta del chandal,
se sacó un corcho de una botella de vino y me lo puso en el coño taponándome con
él la entrada de mi gruta. "Así no se saldrá nada" –me dijo- y dándome un
cachete en la cara se despidió de mi cogiendo su pantalón y saliendo disparado
hacia su habitación. Apenas me dio tiempo de ponerme la parte de arriba del
pijama y meterme dentro de la cama cuando apareció mi padre con un vaso de uno
de sus asquerosos ponches. Me hice la enferma, le conté mil sandeces y aguanté,
lo más estoicamente posible, su sermón en cuanto a lo desordenada que tenía la
habitación y el porqué tiraba al suelo sin doblar la ropa y cosas así. Le di las
explicaciones de cambio de imagen que mejor me parecieron y al cabo de casi una
hora de charla y de decirle que me encontraba mucho mejor se marchó. Me fui
rápidamente al baño a asearme de nuevo y hacerme otro lavado vaginal para tratar
de evitar ya lo inevitable.
Al día siguiente, por la mañana, a eso de las 11:30 apareció
mi hermano con un botecito de laca de uñas rojo fuego y el óvulo matutino de
rigor...
Hola guarrona, –dijo con una sonrisa de oreja a
oreja- esto me lo dio ayer "El Profesor" dice que te pintes las uñas
de este color porque el encargo de esta noche lo requiere y con lo
otro ya sabes también lo que tienes que hacer o si lo prefieres
puedo aplicártelo yo ¿qué te parece?
Trae ya lo hago yo..., lo de anoche... te pasaste
¿sabes? Te pasaste tres pueblos tío, papá estuvo a punto de
pillarnos... eres un cerdo aprovechado
¡Y tu una puta no te jode!
¡Cerdo!
¡Zorra!
¿Se ha marchado ya papá? –le dije metiéndome la
nueva dosis delante de él para que le reportara a Antonio mi
obediencia total-
Sí, se ha marchado de nuevo. No volverá hasta
dentro de dos días, viaja más que una grulla africana
Ahora en verano y hasta octubre es cuando más
trabajo tiene –dije desnudándome y poniéndome un tanga limpio-
Sí lo se. Aunque si te digo la verdad prefiero
que esté fuera de casa jejejejeje así puedo follarte más a menudo.
Pues parece que su presencia anoche tampoco te
impidió el usarme –le dije con reproche poniéndome el sujetador-
A ti te gustó ¿no? Te gusta que te follen duro,
que te den fuerte por todos tu agujeros y que se corran en tu boca,
en tu culo y... en tu coño ¿verdad?
Eres un cabrón –le dije poniéndome los vaqueros-
sabes que te aprovechas de mi en cada una de las dosis y que no
puedo evitarlo una vez que me estimulan.
Y tu una guarra que permites que cualquiera te
insemine el coño y te pueda dejar embarazada – dijo sentándose en la
cama-
Es una orden de Antonio y sabes que no debería
desobedecerle –le dije plantándome la camiseta de la noche anterior-
Ya, ya...
Dejémoslo ¿vale? –le dije calzándome las
zapatillas- me bajo a desayunar
¿No te vas a pintar las uñas? – dijo señalando el
botecito de laca que había en la mesilla de noche-
Luego, ahora tengo hambre.
¿Hambre de polla? Aquí tengo yo la mía... si
quieres puedo volver a metértela como anoche... Por cierto, ¿te
gustó lo del tapón? ¿A que no se salió nada de nada?
¡Cállate ya y déjame en paz! ¡Cerdo asqueroso!
Va, ¡callate tu guarra! Me voy a jugar al futbol
regreso para por la tarde para tu dosis... así ya llevarás dos
acumuladas y me suplicarás que te folle...
Las últimas palabras de mi hermano no tuvieron réplica por mi
parte. Quedé paralizada ante la evidencia, a cada una de las dosis del preparado
me iba emputeciendo más y más y si ellos querían que hiciera algo verdaderamente
fuerte tan sólo necesitaban aumentar la dosis de óvulos para perder
irremediablemente el control y resquebrajar mi voluntad. Estaba perdida y a
merced de ellos.
Por la tarde apareció "El Cereal" con una amiga suya a ver
una película según él, cuando estaba en el salón pintándome las uñas. Ya me
estaba viendo el hacer un espectáculo lésbico con la adolescente amiga de mi
hermano y satisfacer a este delante de ella pero, por suerte, nada sucedió. Se
limitó a darme el preparado de la tarde y el de la noche antes de irme al nuevo
encargo de Antonio.
Salí hacia el Hotel Zenit y allí le di mi nombre al
recepcionista el cual, sonriendo, me dio la llave de la Suite número 3. Era una
habitación bastante grande y profusamente decorada. Encima de la cama se
encontraba la maleta. La abrí y de ella saqué un traje de licra negra de una
sola pieza que se ceñía totalmente al cuerpo. Me la pasé primero por las piernas
y comencé a subirlo hasta la cintura en donde dejé este momentáneamente colgando
para enderezar y estirar las perneras convenientemente. El traje quedaba a la
altura de los tobillos dejando los pies desnudos. A continuación saqué de la
bolsa una especie de arnés parecido a un chaleco hecho con tiras de cuero
sujetas entre sí por aros de metal y metiendo las manos por los orificios, como
si de una chaqueta se tratara, me lo encajé y me lo abroché. Las tiras me
enmarcaban toda la caja torácica haciendo que mis pechos se vieran aún más
inhiestos y agresivos. Acto seguido, me subí la parte de arriba del traje, el
arnés se marcaba por debajo de la ceñida licra, la cual resaltaba supina el
contorno de mi figura. Los pezones se trasparentaban debajo de la negra licra y
parecía que fueran a atravesar la fina tela por sí mismos. Dentro de la maleta
había una caja con un cierre de combinación de tres números y fuera de ella una
fusta, un aro de plata que ya había visto antes en alguna otra ocasión y un
antifaz que una vez colocado impediría que viera cualquier cosa que ocurriera en
la suite. Me coloqué el antifaz dejando la fusta en la maleta y me tumbé boca
arriba en la cama tal y cómo se me había ordenado que hiciera.
Al cabo de 15 minutos, oí que alguien entraba en la suite y
me contemplaba moviéndose alrededor de la cama, la respiración de la persona
sonaba entrecortada. Hice todo lo posible por no moverme y mostrarme indiferente
a los ruidos que la persona realizaba. La persona quedó en silencio unos
segundos que se me parecieron eternos y oí unos pasos que se alejaban de la
cama. Iba a salir y no volvería a verle más. Oí la puerta de nuevo y de súbito
volví a oír unos pasos que se volvían a acercar. ¡No había cerrado la puerta
cuando entró! "Eres de mi agrado" dijo una voz masculina y comenzó a desnudarse.
No podía saber en que orden se estaba despojando de sus ropas, era imposible el
poder saberlo. En ese momento, el hombre me tocó en el hombro haciendo que me
reincorporara en la cama y me quitó el antifaz que impedía que lo viera. Me
quedé totalmente petrificada al reconocer a un famoso banquero en boga en todas
las publicaciones económicas del momento. Su pelo, muy negro, estaba peinado
hacia atrás con un firme y consistente fijador, su piel era blanca pero
ligeramente bronceada, sus ojos castaños estaban ligeramente maquillados con
perfilador y la nariz recta... casi daba la sensación de ser un vampiro... y lo
era, aunque en el apartado económico se refiere. El banquero se puso en el borde
de la cama a cuatro patas ofreciéndome el culo y con un "castígame por malo"
supe de inmediato lo que pretendía de mí. Abrí de nuevo la maleta y cogí la
fusta. Le acaricié las nalgas con ella, acercando la punta de la fusta a sus
huevos colgantes. Deslicé la punta de arriba abajo por la ranura del culo e
inicié una serie de movimientos circulares con ella en la cacha derecha del
culo. En ese momento pensé cuánta gente querría estar en mi lugar con aquel
banquero ofreciendo su culo para que lo azotaran, cuánta gente estaría dispuesta
sustituirme para poder propinar un severo castigo a ese corrompido y asqueroso
banquero. Sin pensarlo más, le propiné un fustazo en la nalga tal fuerte como
pude. La blanca cacha enrojeció de inmediato y una fina y delgada línea roja
cruzaba esta por el sitio en el que yo había descargado mi furia. Después di
otra y otra y otra más. Veía cómo el banquero comenzaba al lloriquear como una
nena y a lamentarse de lo malo que era. Mi furia comenzó a desatarse sobre la
otra nalga que comenzó a ser marcada a conciencia hasta que de forma alternativa
iba descargando fustazos indiscriminados en una u otra nalga. Vi como el
pervertido y reseco banquero se excitaba y cómo su pene comenzaba erguirse
poderoso y, sin dudarlo, descargué un fustazo en los peludos y colgantes huevos
del vampiro financiero. El pene comenzó a bajar con motivo del dolor infligido,
y para mi sorpresa, el banquero pidió que le diera más y más fuerte ahí. Hasta
siete fustazos llegué a descargar en sus castigados cojones antes de que el
banquero se desplomara en la cama llorando como un niño pequeño, suplicando que
no le castigara más y que iba a partir de entonces a ser bueno y comprensivo con
sus clientes. En ese momento me di cuenta que tenía el coño tan húmedo que
estaba dejando la licra circundante a él prácticamente empapada metiéndose la
elástica y mojada tela entre los labios de mi vulva. El culo del banquero estaba
rojo como una granada y los huevos casi morados de los fustazos arreados. Este
permanecía llorando y suplicando que no le castigara más y a gatas comenzó a
arrastrase por el suelo de la habitación hasta llegar a mis pies. Comenzó a
lamer los dedos de mis pies, a chuparlos y a besar una y otra vez estos. Le puse
uno en la boca y él, tumbado en el suelo boca arriba, no paraba de limpiarme una
y otra vez el pie ofrecido. Vi al poco rato cómo el banquero había recuperado
una magnífica erección, sin duda, estaba disfrutando con el juego. Vi que la
caja de dentro de la maleta estaba abierta y me dispuse a coger de dentro de
ella el aro de apenas unos dos centímetros y medio de diámetro mientras el
banquero continuaba trabajándome los pies arrastrándose como un perrito detrás
de su ama entorno a la habitación.. Sabía para qué servía, sin duda y me dispuse
a usarlo con el banquero llorón que continuaba lamiéndome los pies de rodillas
en el suelo. Le di un fustazo más que recorrió toda la raja del culo hasta
desprender toda la furia de su punta, una vez más, en los castigados huevos del
financiero. El pene rápidamente perdió parte de su erección, momento en que
aproveche para ponerle el aro en el sexo. Metí cada uno de sus huevos en el aro
y deslicé posteriormente la semierecta polla por este. De esta forma, los
testículos quedaban totalmente expuestos y alzados. Vi cómo la sangre afluía a
la congestionada polla del masoquista banquero impidiendo que esta volviera a
salir del encierro en que se le había destinado. A partir de ese momento y por
mucho que se le hiciera, la polla no perdería su vigor. Volví a coger la fusta y
comencé a acariciar los huevos y el miembro con la punta de esta. Lo polla
comenzó a ponerse completamente tiesa y la presión que ejercía el aro hacía que
las venas se pusieran de relieve casi a punto de estallar. Volví a ponerle uno
de los pies en la boca y pasé este por toda su cara. El banquero no se hizo
esperar y comenzó de nuevo a chupar y lamer lo que se le ofrecía en toda su
extensión. Mi excitación era también creciente y viendo aquella polla tan tiesa
no quise esperar más para metérmela en la boca y poder degustarla. Me arrodillé
para iniciar mi deseo dejando al lado la fusta. Estaba caliente y había unas
gotas de esperma en la punta del glande. El financiero aprovechó la ocasión para
coger la fusta y apoyando esta contra mi nuca; agarrando esta con una mano en
cada extremo, la utilizó para obligarme a bajar más hasta engullir en mi
garganta toda su extensión. Notaba en mi nariz la frialdad del argénteo aro y la
dureza y flexibilidad de la fusta en mi nuca. Parecía que los papeles se
hubieran invertido en aquel preciso momento y de dominante comencé a ser
dominada. La presión de la fusta menguaba en la medida en que el financiero
quería que se le comiera la polla y al cabo de cinco minutos de mamada comenzó a
venirse en mi garganta. Tragué todo cuanto pudo echarme pues, de modo contrario,
hubiera tenido serias dificultades para poder seguir respirando. A pesar de la
corrida y a causa del aro la polla se mantenía aún semierecta mientras yo me
recuperaba del torrente de caldo que había inundado mis amígdalas. En ese
instante, el banquero me ordenó que me pusiera en pie. Lo hice exhibiéndome,
coqueta y orgullosa, llenando completamente el traje de licra que me envolvía.
El banquero ahuecó la mano en mi coño y comenzó a moverla a ritmo lento. La
licra estaba caliente y totalmente mojada por mis flujos. Ante la estimulación
separé mis pies unos 15 o 20 centímetros más para facilitar el masajeo y posible
penetración en mi coño pero, para mi decepción, el banquero se limitó a hacer
movimientos circulares con la palma de la mano entorno a la empapada vulva hasta
que por fin sentí cómo uno de sus largos dedos de perfecta y exquisita manicura
se introducía en mi coño metiendo parte de la tela en mi interior. Sentía la
áspera y rasposa tela rozarme las paredes de mi vagina y cómo estas destilaban
aún más flujo ante la estimulación que se le estaba proporcionando, estiré los
brazos y los apoyé en los hombros del financiero. Ensimismado y concentrado en
su labor masturbatoria se sentó al borde de la cama introduciéndome un segundo
dedo en el coño y haciendo que, por su presión, parte de la tela cediera en mi
interior. El roce de la tela directamente en el clítoris y el mete y saca
matemático de los dedos del depravado personaje hicieron que me viniera en un
orgasmo tan intenso que casi llegara a perder la consciencia. Para no perder el
equlibrio clavé mis rojas y lacadas uñas en sus hombros y contorsionándome me
movía, frenética, ante los vaivenes que el banquero imprimía. Los muslos me
temblaron y casi desfallecida caí en la cama. Con los ojos cerrados sentí como
el banquero me quitaba el traje de licra dejándome sólo con el arnés de tiras de
cuero. Mis pechos, empinados por el arnés, se mostraban sugerentes y atrevidos y
el banquero comenzó a chupar y lamer mis pezones que me dolían de los duros que
los tenía, encabritándolos y exacerbándolos aún más de lo que se mostraban.
Me pidió que me tumbara de espaldas en el suelo. A
continuación me levantó las rodillas hasta el pecho y me llevó mis manos a estas
para que me mantuviera en esta postura. El banquero se dirigió a la caja cerrada
con la combinación y abriéndola sacó de ella una cuerda de cuero, con ella me
ató las muñecas y amarró esta al aro de metal que juntaba las tiras del arnés
entre mis pechos. Veía cómo la polla del financiero volvía a estar completamente
congestionada y parcialmente estrangulada por el arillo de plata. Intenté
levantar la cabeza para ver qué es lo que hacía el depravado cambista hurgando
una vez más en la caja cuando vi que se acercaba con otro objeto en la mano. Se
trataba de una pieza de goma corta y gruesa en forma de bombilla ovalada; era
delgada por un extremo y más ancha por el centro antes de estrecharse de nuevo
hasta acabar en una delgada y fina punta. Sujeto a la base había un tubo
transparente que iba hacia una bola también de goma semejante al pulverizador de
un perfume.
Abrió un bote de lubricante, espeso como la miel, y sumergió
la peonza de goma en él. Cuando la sacó del bote, brillaba a lo largo de toda su
longitud y con las piernas dobladas y maniatadas las manos al arnés volvió a
ponerme el antifaz que me había quitado al principio. Sentí como la punta
lubricada del objeto de goma hacía presión sobre mi agujero posterior empujando
hacia dentro y desapareciendo todo en el interior de mi culo. Luego, con uno de
sus dedos, hizo que abriera la boca y me introdujo en esta la bola de goma del
otro extremo del juguete poniéndome una cinta adhesiva en los labios para
impedir que pudiera escupir esta. Mordí ligeramente la bola sintiendo de
inmediato cómo se hinchaba la peonza que tenía inserta en mi culo.
Poco después sentí cómo el banquero deambulaba por la
habitación buscando algo y oí antes que sentí cómo la fusta se descargaba con
furia en una de mis nalgas. En respuesta al dolor y a la sorpresa de lo que me
estaba haciendo apreté las nalgas y mordí la bola y al hacerlo, la peonza se
inflo aún más abriéndome más el ano. A cada azote que descargaba el, esta vez,
sádico banquero yo apretaba más las nalgas y mordía más la bola. Sentía cómo a
cada fustazo el ano se ensanchaba cada vez más alrededor de la pieza de goma.
Las piernas me dolían por la postura y las muñecas me tiraban por los nudos
realizados. Llegué a pensar que si seguía con más fustazos la peonza reventaría
en mi interior como un globo, sin embargo, mi coño palpitaba y destilaba
continuos y constantes fluidos en clara evidencia de la excitación que estaba
experimentando. Finalmente el banquero me retiró la bola de goma de la boca y me
sustrajo la hinchada peonza de mi agujero posterior y sentí cómo el ano le tenía
completamente dilatado. El banquero me quitó el antifaz diciendo:
Estoy gozando mucho contigo. Cuando comenzaste
con tu felación comprendí que te sentías más cómoda como sumisa que
como ama. Sin duda alguna eso es lo que eres..., una reina sumisa.
Es algo raro de encontrar y aún más raro que yo esté gozando en mi
nuevo rol. Me gusta y me agrada lo que has hecho. Has hecho que
descubriera una nueva faceta de mi sexualidad hasta ahora no
explorada., por ello, te doy las gracias...
Yo... yo...
No sabía que decirle. Estaba perpleja y más que me quedé
cuando con ternura, me besó en los labios, suave y delicadamente. Me liberó de
mis ataduras y sentí cómo rápidamente se me desentumecían los músculos de la
piernas. Como una autómata, pringué dos dedos en el bote de lubricante que
descansaba en el suelo y me apliqué en darme un poco alrededor del agujero del
culo y sentí la flexibilidad que la pieza de goma había dejado en las paredes
del recto y poniéndome de rodillas y exponiéndome totalmente a lo que pudiera
hacerme le dije: "Hazme lo que más te plazca conmigo, soy toda tuya, soy tu
zorra" El banquero se volvió hacia la caja de dentro de la maleta y de ella sacó
una enorme polla de hematites, gris, metálica y perfectamente labrada en su
estructura. Debería de tener cientos de años de antigüedad, seguramente, el
consolador de alguna noble romana o egipcia. Cerré los ojos y esperé por dónde
deseaba meterme aquella pieza de artesanía cuando sentí cómo el falo de piedra
rozaba las dilatadas paredes de mi esfínter anal. La pieza estaba fría en
contraste con los fuegos que me invadían y sentí cómo el financiero insertaba
con delicadeza toda la extensión de la pétrea polla en mi culo. Me limité a
soltar un leve y profundo suspiro al verme de nuevo llena por mi agujero
posterior. Contraje los músculos de mi culo para atrapar a la rocosa pieza en mi
recto y sentí cómo los grandes y profusos testículos de roca descansaban todo su
peso sobre mis nalgas. El financiero me había separado previamente las nalgas
antes de llegar al final de la longitud del milenario consolador y a
continuación me las había vuelto a cerrar de forma que estas permanecieran
apretadas contra los pétreos y gélidos testículos.
Sin pronunciar palabra alguna, el banquero se tumbó en el
suelo con la polla completamente tiesa estimulado permanentemente por la presión
del arillo de plata y un deseo animal volvió a apoderarse de mi voluntad al ver
su miembro cuando a horcadas comencé a meterme su polla en la vagina con el
consolador de hematites profundamente insertado en el culo. Un escalofrío me
recorrió toda la columna vertebral cuando poco a poco me iba penetrando la
maravillosa virilidad de mi banquero hasta que sentí cómo el aro que rodeaba la
base de la polla me separaba aún más los bordes de los labios vaginales y
también me penetraba. Tenía en mi interior no sólo la polla del fimanciero sino
también sus huevos y el arillo. Permanecí sentada por unos instantes sin
moverme, disfrutando de las maravillosas sensaciones que me embargaban y
prestando atención con mis manos a las tetas que, a gritos, me pedían también
atención. La polla del banquero estaba firmemente instalada en mi vagina cuando
sentí cómo las paredes de esta comenzaban involuntariamente a moverse entorno a
la polla de mi prisionero. Inicié un leve movimiento de subida y bajada entorno
a la verga que comenzaba e ser exprimida por mi coño involuntariamente. El
rostro de sorpresa del banquero ante las sensaciones que le estaba
proporcionando mi coño sobre su polla lo decían todo y se limitó a posar ambas
manos entorno a mis caderas para facilitar mis vaivenes. Cada vez que me alzaba
y me alejaba del cuerpo del financiero, la polla de piedra se salía ligeramente
por su peso de la prisión que lo contenía para volver a meterse de nuevo, con
fuerzas renovadas, en mi ansiado y dilatado culo. Me sentía completamente llena,
repleta. Encontré el ritmo adecuado y cada vez que me alzaba, la polla de
hematites se salía unos centímetros para volver de inmediato a introducirse en
mi interior cuando bajaba en busca de la penetración de la polla de carne. Quise
besar al banquero y me incliné hacia él cambiando el ángulo en que me penetraba
su miembro lo que me hizo jadear y gritar ante la llegada de una oleada
orgásmica sin fin. De repente el financiero deslizó una de sus manos por detrás
de mi culo alcanzando el milenario consolador y comenzó a mover este
enérgicamente hacia adentro y hacia afuera de mi inflamado y dilatado culo. Las
paredes de mi vagina habían incrementado sus involuntarios movimientos sobre la
polla de carne, e irremediable, comenzó a correrse intensamente en el interior
de mi coño.
Una nueva descarga de caliente y abundante esperma regaba el
interior de mi femineidad acompañado de un rictus de placer sin límites de
ambos. Mi coño palpitaba ante los estímulos ofrecidos y chorros de caliente y
espeso esperma salieron de entre los labios de mi vulva. Una vez más había sido
montada, una vez más, había sido inseminada.
CONTINUARÁ...
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Relatos anteriores publicados de la serie:
La Clase de Anatomía 1 (Mari Mar 1)
La Clase de Anatomía 2 (Mari Mar 2)
Huída del Aula (Mari Mar 3)
... Y mi hermanito me jodió el culo (Mari Mar 4)
Mi primer día de trabajo (Mari Mar 5)
Espectáculo en el Sex-Shop (Mari Mar 6 y 7)
Las folladas de mi hermanito (Mari Mar 8 y 9)
Los óvulos de emputecimiento (Mari Mar 10)
Totalmente emputecida (Mari Mar 11)
Mari Mar, una perrita para un mastín (Mari Mar 12)
El enorme pollón de Cevallos (Mari Mar 13)