A raíz de la publicación de uno de mis primeros relatos,
entablé relación a través del correo electrónico con uno de mis lectores, con
quien desde el principio noté que sentía bastante afinidad, lo que terminó
desembocando en un intercambio de confidencias. Esta persona, a quien a partir
de ahora llamaré Pedro, aunque evidentemente no es su verdadero nombre, vive en
Barcelona, está en la mitad de los cuarenta, y está casado con una mujer muy
atractiva de similar edad, y al igual que mi mujer y yo, son aficionados al
morbo y a los juegos eróticos.
Así supe que a este matrimonio le gusta seleccionar entre sus
amistades femeninas posibles víctimas para sus juegos de alcoba, aunque tampoco
son reacios a que el amante ocasional pertenezca al género masculino, o incluso
practicar el intercambio. Su auténtica debilidad son los juegos de dominación,
en los que la esposa suele llevar la voz cantante.
En el poco tiempo que llevamos de relación epistolar, me han
hecho partícipe de unas cuantas historias con final más o menos feliz, pero
siempre excitantes. Voy a narrar ahora la que más me ha impactado.
Hace unos meses, Pedro y Carmen, su mujer, se fueron a pasar
un fin de semana de puente a los Picos de Europa. En su visita a las montañas se
pusieron a tomar fotografías del paisaje, cuando oyeron comentar a otra pareja
que estaba cerca de ellos que se habían olvidado la cámara en el coche y el
trayecto era considerable, por lo que se estaban pensando si merecía la pena la
caminata o no.
Pedro se brindó amablemente a prestarles su cámara. La pareja
se negó tímidamente al principio pero finalmente accedió agradecida. Después de
tomar las fotos se presentaron. Era un matrimonio de Barcelona, igual que ellos,
aunque algo mayores. Ella, que se llamaba Marta, tenía 58 años, pero estaba de
muy buen ver, y el marido superaba ampliamente dicha edad. Marta les facilitó su
dirección de correo electrónico para que le enviaran las fotos por ese medio.
El envío de las fotos desembocó en algunas conversaciones con
ella a través del msn cuando coincidían, aunque carecían de transcendencia,
porque la verdad, la imagen que daba el matrimonio no era como para pensar en
otras cosas. Pero al cabo de un tiempo, pedro y Marta fueron cogiendo un poco
más de confianza en la conversación, y empezaron a salir a relucir temas más
íntimos. Marta llegó a comentarle que su marido estaba bastante acabado en el
terreno sexual y sin embargo ella estaba esplendorosa.
Esa fue la espoleta para profundizar en la intimidad de la
mujer, cuyas respuestas fueron subiendo de tono hasta confesar que hacía con
bastante frecuencia juegos de dominación con su marido, en los que ella actuaba
como ama, y finalmente le reveló que se lo venía montando con otro hombre sin
que su marido supiera nada.
A partir de ese momento, ella se empezó a soltar más con el
vocabulario y Pedro no se quedaba atrás, así que la cosa empezó a ponerse
caliente. Ella decía que follaba con otro hombre porque su marido era un
maricón, y le encantaba ponerle los cuernos y contarle todas estas cosas a su
amante cuando estaban juntos.
Confidencia por confidencia, Pedro también comenzó a contarle
cosas suyas y de Carmen, y las aventuras que habían tenido, a la vez que le
enseñaba fotos muy morbosas de su mujer. Marta, que también se confesó como
bisexual, se encendía a tope al ver las fotos y cada día estaba más interesada
en mantener un contacto directo con ellos.
Empezaron a verse a través de la cámara web, hasta quedarse
completamente desnudos haciendo de todo. Carmen, por supuesto, estaba
completamente al día de cómo iba evolucionando el asunto. Cuando se veían por la
noche Pedro se lo contaba todo y, excitados, terminaban dándose unos revolcones
de infarto.
Un día decidieron darle la sorpresa a Marta, y cuando estaban
viéndose por la cam, Carmen entró en acción. Pedro tenía en ese momento la polla
completamente tiesa, cuando Marta vio a través de la pantalla una pierna calzada
con un zapato de afilado tacón que empezó a pisarle la polla a Pedro, para
después aparecer Carmen, de cuerpo entero y con la cara al descubierto, que se
subió la falda hasta la cintura, echó el tanga a un lado dejando ver un chocho
perfectamente depilado, se sentó sobre su marido de espaldas a éste,
introduciéndose completamente la enhiesta polla, y comenzó a follárselo con un
frenético vaivén.
Marta se quedó en un primer instante pasmada por la
inesperada escena que estaba disfrutando, pero pronto pasó a la acción,
acomodándose en su asiento y dándose una masturbada fenomenal con un vibrador
que tenía a mano. Las dos mujeres, separadas por la pantalla, se miraban a los
ojos con una tremenda expresión de vicio pintada en su semblante. Carmen se
relamía los labios con la lengua, y Marta, sin sacarse para nada el vibrador, se
introducía dos dedos en el coño para luego llevárselos a la boca y chuparlos
golosamente. Aquel mismo día quedaron para verse.
La reunión se produjo dos días después. Tras recoger a Marta
en una cafetería próxima a su domicilio, la llevaron a casa del matrimonio.
Vestía un elegante y discreto traje chaqueta de color oscuro, que le daba un
aire ejecutivo que incrementaba el morbo de la pareja por follársela. La timidez
inicial fue desapareciendo poco a poco, y cuando entraron en la vivienda ya
había cierta confianza entre ellos. Se había roto el hielo.
Se sentaron los tres en un diván, con la idea de prepararse
unas copas. Marta estaba en medio del matrimonio. De repente, sin previo aviso,
Pedro se giró hacia ella, tomó su cabeza con ambas manos, y sin permitirle que
se moviera inició un salvaje morreo.
Pasando una mano por la nuca de su invitada, Introdujo la
lengua en su boca con avidez. Tras unos instantes de desconcierto, Marta comenzó
a reaccionar mostrándose participativa. Pedro miró de reojo a su mujer, que no
se había quedado quieta, porque se había arrodillado junto a Marta, y tras
desabrocharle los botones de la camisa, le había sacado sus grandes tetas por
encima del sujetador, y se dedicaba a chupar golosamente una, que se había
metido en la boca ayudándose con una mano, mientras que con la otra se dedicaba
a pellizcar con cierta crueldad el otro pezón. Marta, vencido cualquier atisbo
de recato, empezó a jadear de forma brutal tan pronto como la boca de Pedro
abandonó la suya para dedicarse a mordisquear su cuello. Cada vez evidenciaba
más lo caliente que estaba.
Carmen, en un momento dado, abandonó la atención que estaba
prestando a las tetas de Marta, y metió una mano dentro de la falda de ésta.
Separando la braga a un lado, comenzó a acariciarle el coño con los dedos,
introduciéndolos de vez en cuando en el interior para sacarlos y llevárselos a
la boca, saboreando con deleite los flujos de la mujer.
Pedro no dudó en ocupar el puesto que había abandonado su
mujer en las tetas de Marta, iniciando una serie de mordisqueos y pellizcos que,
unidos al trabajo que Carmen desarrollaba más abajo, la estaban llevando al
paraíso. Pronto los jadeos de Marta se fueron convirtiendo en estertores,
anunciadores del primer orgasmo.
Todavía se estaba convulsionando cuando la pareja procedió a
desnudarla por completo. Cuando eso sucedió, la mujer, con una voz ronca
provocada por la excitación, hizo su primera petición a Pedro:
-Ahora quiero tu polla. Dámela-
Pedro, todavía vestido, tuvo una idea malévola. Se desabrochó
la bragueta, y metiendo la mano dentro, sacó una verga de buen tamaño,
completamente empalmada, y la puso a pocos centímetros del rostro de Marta.
Ésta, con la calentura reflejada en su ardiente mirada, acercó su boca al
ansiado manjar, pero Pedro la apartó de un manotazo y le dijo:
-Para ganarte esto primero tienes que merecerlo, zorra-
-¿Qué es lo que tengo que hacer?
-En primer lugar, beberte nuestras meadas-
-Haré lo que sea-
-Pues vámonos al baño, que te vamos a regar bien regada-
Hacia allí se fueron los tres. Tras desnudarse completamente
Carmen y Pedro, obligaron a Marta a tumbarse boca arriba en la bañera. Pedro
puso su tiesa polla sobre ella y comenzó a regarla con su orina. Le bañó las
piernas, el chocho, la barriga y las tetas. Cuando llegó a este punto, la
caliente orina provocó nuevos jadeos en la receptora, anunciadores de un
inminente nuevo orgasmo, momento que aprovechó Carmen para situar su coño sobre
la boca de Marta, que le ordenó abrir, lo que ella acató sumisamente, y arrojó
su dorado líquido dentro de la cavidad bucal. Marta comenzó a tragarlo, aunque
la abundancia de orina le provocó, en un momento dado, un momentáneo
atragantamiento, que no impidió que llegase al clímax, al ser más poderoso el
morbo que estaba sintiendo que el acceso de tos.
Finalmente, terminaron los tres en la ducha, enjabonándose
mutuamente, sin prisa pero sin pausa, -aunque Pedro permitió a marta saborear
brevemente su polla- para pasar luego al dormitorio.
Una vez allí, Carmen obligó a ponerse en cuatro a su
invitada, y situándose tras ella, comenzó a devorarle alternativamente el culo y
el coño, provocando el ella auténticos rugidos de placer, que pronto fueron
convirtiéndose en obscenos insultos:
-Hijos de puta. Zorra, como me estas comiendo. Y tú,
mariconazo, dame tu polla de una puta vez-
Pedro, que estaba al margen, disfrutando del espectáculo que
le estaban dando, le dijo:
-Cállate puta, que te vamos a chantajear para que el carnudo
de tu marido no sepa lo viciosa que eres-
Eso la excitaba todavía más. Carmen tampoco quiso quedarse
callada:
-Eres una asquerosa reprimida, te vamos a enseñar lo que es
disfrutar-
Y acompañó el comentario con una fuerte palmada en el
interior de los muslos, que restalló como un latigazo, provocando en la mujer un
tremendo suspiro de satisfacción, para después decir:
- Guarra, como me pones, cerda, ummmmm-
Carmen, que había estado trabajando el esfínter de Marta con
la lengua lo suficiente para que estuviera bien relajado, echó mano a la polla
de su marido, y le dijo:
-Ahora quiero que te encules bien enculada a la guarra esta-
Y acto seguido se metió la polla en la boca para prepararla
convenientemente para el inminente combate. Tras una breve mamada, su atención
volvió al culo de Marta. Con una mano separó las nalgas para dejar la entrada
del estrecho canal bien visible, mientras que la otra agarró la verga, para
después guiarla hacia su punto de destino.
Pedro no encontró dificultades para introducirla hasta los
topes, mientras Marta chillaba como una posesa al experimentar aquella extraña
mezcla de dolor y placer. Finalmente, prevaleció este último, lo que hizo que
empezara de nuevo con la retahíla de insultos:
-Cabrón, hijo de puta, me estás destrozando el culo, pero qué
placer me estás dando, y tú zorra, azótame, necesito sentir más dolor-
Carmen cumplió gustosamente la petición de su invitada y
comenzó a castigarla con la mano, primero en las piernas, luego en las nalgas, y
finalmente se dedicó a sus tetas, azotando una de ellas con una mano mientras
los dedos de la otra castigaban duramente uno de los pezones. En ese momento
Marta inició una cadena de orgasmos sucesivos. Carmen, arrastrándose, se situó
debajo de ella, hasta situar la boca a la altura del coño de Marta, que comenzó
a lamer con gula, mientras veía los cojones de su marido golpeando furiosamente
el culo de la mujer. Ésta por su parte, tan pronto vio el coño de Carmen al
alcance de su boca, se lanzó a devorarlo frenéticamente, iniciando un apasionado
sesenta y nueve.
Pedro, superado por el placer y el morbo, notó la llegada del
orgasmo. Éste fue prolongado, ya que tardó más de lo normal en vaciarse dentro
de los intestinos de Marta, quedando luego desmadejado, pero sin sacar la polla
del interior de la receptora.
Carmen, casi simultáneamente con su marido, también
experimentó el primer orgasmo de la noche.
Cuando Pedro sacó la polla del culo de Marta, se puso en pie
y le pidió a ésta que se la limpiara con la lengua hasta dejársela reluciente.
La mujer cumplió gustosamente con el requerimiento, arrodillándose sobre la
moqueta. Carmen, para no quedarse al margen, se situó tras su marido, y
arrodillada, se dedicó afanosamente a lamerle el agujero del culo. Esta escena
hizo que Pedro se recuperara antes de lo habitual. Volvió a tenderse en la cama
boca arriba y ordenó a Marta que se sentara sobre su polla para poder probar su
coño. Ella, obediente, se clavó en la polla de Pedro e inició un fuerte vaivén,
aprisionando la verga entre sus paredes vaginales, que comprimía a voluntad,
causando un extremo placer en su amante ocasional.
Carmen, mientras tanto, buscó acomodo situando su coño sobre
la boca de su marido, de espaldas a Marta, la cual viendo como Pedro comenzaba a
comerle el chocho, quiso colaborar en el placer de su nueva amiga e introdujo
dos dedos en el culo de ésta.
No tardaron los tres en disfrutar de un nuevo orgasmo, y aun
no acabó ahí la sesión, sino que continuó con diferentes posturas, en una
experiencia que terminó siendo más que satisfactoria, tal y como reconoció Marta
cuando abandonó la casa, prometiendo volver en cuanto la llamaran.
Algunos días después, Marta, tuvo con su marido una morbosa
sesión de sexo y dominación, que sin el conocimiento de éste fue contemplada por
Carmen y Pedro a través de la cam.