POR FAVOR, PROFESOR
Era duro romper con tu novio tras tres años juntos. Para
Shinobu Funasaki, una joven de dieciocho años y estudiante de instituto, era
algo que la había deprimido. Recordaba los momentos felices que había vivido con
el chico que llegó a amar, los cuales se fueron perdiendo en los últimos meses,
hasta el punto de que los dos se dieron cuenta que lo único que mantenía su
relación era el sexo. Así que decidieron que lo mejor era cortar. Pero ahora
Shinobu se sentía vacía, como si le faltara algo. Pero quizá lo peor fue que de
repente se encontró con que ya no tenía a nadie para tener relaciones sexuales.
Durante tres años, se había habituado a disfrutar del sexo, y de golpe y porrazo
lo único que le quedaba era la masturbación, insuficiente comparado con hacerlo
con otra persona. Así que tomó una decisión: mientras no tuviera novio, al menos
debía encontrar un compañero sexual. Una persona con la que de momento pudiera
seguir disfrutando del sexo sin problemas. Pero elegir a la persona ideal sería
una decisión difícil. Por supuesto que no tenía intención de escoger a ninguno
de sus compañeros de clase. ¿Para que luego el elegido les contara a todos los
demás que se había acostado con ella, exagerando y tergiversando la situación a
favor de él, usándola como si fuera un trofeo? Y aún peor, ¿para que la trataran
de "puta", sólo porque era una chica que quería satisfacer sus necesidades
sexuales? Definitivamente descartados. Shinobu pensó entonces en los profesores.
El problema es que la mayoría estaban casados, y desde luego ella no quería ser
la causa de la ruptura de una pareja. Aunque había dos que estaban solteros y
sin compromiso. El primero era Kobayasha, el profesor de gimnasia. Joven, guapo,
bien formado y seductor. Demasiado seductor. Según comentaban, ya se había
acostado con unas cuantas de sus alumnas, y las había que hacían cola para
hacerlo. Shinobu lo descartó inmediatamente. Por muy bueno que estuviera y
fuera, pasaba de ser una más de su colección de polvos. Ella quería sentirse
especial. Le quedaba, pues, Minaka, el profesor de matemáticas. Era un
treintañero delgaducho y feíllo, con gafas y de expresión seria. Con toda la
pinta de no haberse comido una rosca en su vida. Sí, decididamente había
encontrado al hombre que buscaba.
Aquella tarde, tras las clases, Shinobu avanzaba por los
pasillos de su instituto, en dirección al seminario de matemáticas. Se sentía
nerviosa: por su mente pasaban pensamientos que le decían que aquello que iba a
hacer era una locura, que le podía salir mal y se la podía cargar, pero el
pensamiento de que en poco rato estaría haciéndolo la excitaba y le impedía
detenerse.
-¿Y bien? ¿Qué es lo que querías, Funasaki?- preguntó Minaka
serio, mientras dejaba su carpeta y su libro sobre la tarima del profesor.
-Bueno…- dijo Shinobu sonriendo con timidez y sonrojada.
Minaka se giró hacia ella, y lo que vio a continuación le
hizo abrir bien los ojos.
-¿Qué diablos…?- exclamó.
Ante su vista, Shinobu estaba completamente desnuda,
habiéndose dejado sólo puestos los zapatos y las medias del uniforme, el cual
estaba tirado por el piso a su alrededor, junto a su ropa interior y su cartera.
Ver las bellas y excitantes formas turgentes y curvilíneas de la joven fue todo
un shock para Minaka.
-¿Qué es lo que quiero? Eso depende de lo que usted quiera…-
contestó Shinobu, ahora sonriendo con entusiasmo, con los brazos cruzados y
situada un poco de lado.
-¡Di-Dios mío, Funasaki…! ¿Qué crees que estás haciendo?-
exclamó Minaka completamente alterado.
-Pues verá… Es que he cortado con el chico con el que salía,
y me siento sola…-explicó la joven-. Necesito sentir el cuerpo de otra persona
junto al mío…
Las palabras de Shinobu habían calmado a Minaka, y la miró
con curiosidad. Por un rato ninguno de los dos dijo nada, mientras ella tenía la
mirada baja y un poco triste. Entonces la alzó y le miró.
-Profesor Minaka, ¿querría hacerme el amor?
De repente, y ante la sorpresa de Shinobu, de la nariz de él
salió un chorro de sangre de cada agujero.
-Oh, Dios mío- exclamó la muchacha con cierta preocupación-.
Lo-lo siento.
-Mmfh…- masculló el profesor pasándose una mano por debajo de
la nariz.
Minaka se giró y se limpió la sangre con un pañuelo.
Seguidamente volvió a mirar a Shinobu, ahora con un rostro que reflejaba enfado.
-Mira, aunque lo parezca no soy idiota- dijo serio-. ¿Y qué
es lo que vas a querer después? ¿Que te suba las notas? ¿Permiso para hacer
campana? No pienses que voy a creerme que estás interesada en alguien como yo.
Aquellas palabras golpearon en los sentimientos de Shinobu.
Bajó la mirada, mientras unas lágrimas asomaban en sus ojos.
-Pero… ¿Cómo puede pensar eso de mí?- dijo sollozando. Se
arrodilló en el suelo- ¿Por quién me ha tomado?
Minaka se sorprendió ante la reacción de la joven, y se
arrodilló delante de ella.
-Lo siento, yo no quería ofenderte- dijo con una sonrisa
consoladora, mientras pasaba una mano por los cabellos que cubrían un oído de
ella-. Pero tienes que admitir que… Bueno… Una chica como tú… con tu cuerpo y tu
encanto… Puedes elegir a quien quieras. ¿Por qué yo?
La joven se estrechó contra él, cogiéndose a su camisa, ante
el desconcierto del profesor. Le miró, con unos ojos que reflejaban una mezcla
de tristeza y desesperación.
-Yo sólo quiero ser amada por alguien que no pueda tener un
montón de otras chicas. Yo quiero ser especial para alguien… Por favor, créame-
exclamó.
Minaka dudaba, y se quedó sin saber cómo reaccionar.
-Déjeme que se lo demuestre.
La joven abrazó al profesor, quien se vio tumbado en el suelo
sobre su espalda, con Shinobu sobre él.
-Lo único que quiero después es a usted- dijo ella con una
sonrisa seductora-. Ni buenas notas ni nada.
Shinobu se encontraba a horcajadas sobre el pubis de Tanaka,
y notó el pene erecto del profesor bajo su vulva a través del pantalón de él. Se
restregó contra Minaka, y los dos sintieron una gran sensación de placer, lo que
les excitó aún más. Seguidamente Shinobu se inclinó sobre él y le quitó la
corbata, para luego empezar a desabrocharle la camisa.
-Dígame… ¿Realmente cree que haría todo esto sólo para tener
mejores notas?
La joven se dedicó a lamer, besar y chupar el torso de
Minaka, mientras lentamente descendía. El profesor disfrutaba de aquello, hasta
que notó que la joven le bajaba los pantalones y la ropa interior. Ahora cogía
con una mano su miembro, mientras lo miraba con una pequeña sonrisa. Entonces lo
empezó a lamer con delicadeza y dulzura, lo que se tradujo en unos destellos de
placer para Minaka. Por la mente del profesor pasaron unos pensamientos de que a
lo mejor Shinobu le había dicho la verdad, pero entonces pensó que no era
cuestión de hacerse ilusiones. Abrió los ojos y vio el rostro de placer de la
joven mientras hacia entrar y salir el miembro de su boca, e iba succionando.
Parecía que ella realmente estaba disfrutando… o sólo era una buena actriz.
Shinobu abrió los ojos y le miró.
-¿Qué ocurre?- preguntó- ¿No le gusta?
-Por supuesto que sí, pero…
Al principio Shinobu no entendió aquella expresión medio
resignada medio triste del rostro del profesor, pero entonces se dio cuenta de
lo que significaba, y bajó la mirada.
-Ya veo, aún me cree- dijo seria y mirando a un lado.
-Lo siento- contestó Minaka tratando de explicarse-. Pero
esto es demasiado bueno para ser verdad. No puedo creerlo… Y si sólo fuera por
las buenas notas… Pero tú podrías después destruir mi reputación… Ya sabes, las
relaciones entre estudiantes y profesores están estrictamente prohibidas. Pero…-
bajó la mirada- La verdad es que no me importa. Yo deseo tener sexo contigo,
aunque pueda perder mi trabajo.
-Profesor…- dijo Shinobu emocionada.
La joven se incorporó, y, poniéndole las manos en las
mejillas, le besó dulcemente en la boca.
Shinobu se puso de pie y Minaka la vio dirigirse a la tarima
del profesor, donde ella se inclinó sobre ésta, con los brazos extendidos y
alzando su trasero.
-No está arriesgando nada- dijo la muchacha-. Por favor…
Lléneme… Deseo sentirle.
Tanaka también se levantó, y contempló fascinado la imagen
que se mostraba ante él.
-¿Puede verlo?- dijo Shinobu con deseo- ¿Lo mojada que estoy?
-Guau…
Cogiéndose su peno erecto, Minaka se acercó a Shinobu, y,
detrás de ella, acarició con él la vulva de la joven. Aquel primer contacto de
sus genitales excitó aún más a ambos, y Minaka empezó a entrar en ella.
-Sí… Dentro…- susurró Shinobu sintiendo a su compañero.
Tanaka se cogió a sus caderas y empezó a moverse,
sorprendiéndose por la facilidad con que entraba y salía de ella.
-Oh, es tan bueno…- dijo Shinobu- Ah… Ah… ¡Ah!
Tanaka siguió moviéndose, cada vez más rápido, extasiado por
el placer que sentía. Mientras, Shinobu seguía gimiendo, cada vez más fuerte.
-¡Ah! ¡Ah! ¡Aaagh…!- exclamó de repente.
Tanaka se salió de ella y, envuelto en una gran sensación de
placer, eyaculó caliente semen sobre la joven.
Recuperándose poco a poco, el profesor abrió los ojos y vio a
Shinobu en el suelo dándole la espalda, de rodillas con las piernas abiertas,
apoyadas las manos en la tarima. Respiraba entrecortadamente.
-Oh, Dios mío…- dijo la joven.
-¿Qué…? ¿Qué ha sucedido?- exclamó Minaka arrodillado a su
lado, visiblemente preocupado- ¿Te he hecho daño?
-¿Eh? ¿De qué está hablando?- preguntó Shinobu sin
comprender.
-Bueno… Es que has gritado, y todo tu cuerpo ha temblado… Así
que pensé que te había hecho daño de algún modo.
Shinobu se sorprendió ante esas palabras.
-No es eso, profesor… Lo que ocurre es que me he corrido, he
tenido un orgasmo.
-Oh, vaya… Así que es así cómo se corren las mujeres…
Shinobu suspiró con paciencia. Definitivamente aquélla había
sido su primera vez.
-Eso es- dijo la joven con una pequeña sonrisa-. Fue tan
bueno que no pude contenerme. Pero estoy lista para más… Así que, por favor,
déme una segunda lección, profesor…
La muchacha se sentó, inclinándose un poco hacia atrás, con
las piernas abiertas, mostrándose en todo su esplendor.
-¿Estás segura?- preguntó Minaka inclinándose hacia ella,
poniendo sus manos sobre las rodillas de la joven- ¿De verdad te gustó?
-Sí, me encantó.
-Pero antes, ¿me dejas besarte y lamerte el cuerpo?
-No es necesario que me pida permiso, profesor…- dijo Shinobu
mientras se tumbaba.
Minaka la besó apasionadamente mientras ella le abrazaba. El
profesor fue descendiendo, dedicándose a su cuello, mientras masajeaba sus
pechos. Luego se encargó de lamer y chupar los pezones. Siguió bajando, pasó por
el vientre y llegó al sexo de Shinobu. Ella se sentía en el paraíso, dejándose
extasiar por las sensaciones que le proporcionaba su compañero. Entonces sintió
la lengua de él entre sus piernas, lamiéndole los labios vaginales y luego el
clítoris, lo que hizo que sintiera un mayor placer, y una necesidad de sentirse
llena.
-Por favor, profesor, penétreme, lo deseo.
Minaka se encontraba demasiado excitado como para rehusar el
deseo de Shinobu, y, situándose de rodillas entre sus muslos, fue entrando en
ella poco a poco pero con decisión. Se inclinó sobre ella y fue entrando y
saliendo de ella, mientras el placer se apoderaba de los dos.
-Oh, sí… ¡Sí!- exclamó Shinobu entre gemidos.
-Oh, Funasaki… Eres buena… Tan buena…
-Profesor…
Sentado Minaka, Shinobu se movía sobre él mientras se
abrazaban. Se besaron.
-¡Ah! Profesor, me hace sentir tan bien…
-Nunca imaginé que una cosa así me sucediera a mí… Oh,
Funasaki…
-¡Ah! ¡Ah! ¡Profesor!
Un nuevo orgasmo sacudió el cuerpo de la joven, y se dejó
caer sobre el piso, tumbada sobre su espalda, con los ojos cerrados,
apoderándose de ella una dulce sensación de relax.
Luego abrió los ojos, y vio a Minaka tumbado a su lado de
lado, sonriéndole y mirándola con ternura.
-Ahora te creo, Funasaki.
Ella le miró emocionada.
FIN