Modelando mi lencería.
Habíamos hablado muchas veces del tema y por eso, sabía de su
gusto por la ropa interior, decidí que era tiempo de modelarle mis ropas nuevas,
había invertido mucho dinero en comprar los implementos apropiados para el
evento, por eso, le pedí acomodarse en su silla y observarme por la cámara.
Él estaba alegre, deseoso de verme en plenitud, por mi parte,
la libido me hizo dejar de lado el pudor y comencé mi magistral actuación, lo
estimulé al punto de ordenarme qué hacer, entonces, lentamente, me fui despojado
de mi ropa casual, primero, me quite el short y su sonrisa lleno mi pantalla,
estaba excitada y me gustaba mucho sentirlo ardiente y deseoso de mí.
-Ahora, lentamente, sácate la blusa y déjame ver el
color de tu sujetador- me escribió rápidamente.
Procedí a hacer mi tarea y me fui despojando de mi blusa,
trataba de que mis movimientos fueran sensuales y provocativos, me estimulaba
saber que a medida que me despojaba de mis ropas él se excitaba aún más, estaba
decidida a provocar su hombría, mis caderas tomaban una cadencia estimulante a
su retina y mis fluidos se hacían presentes, lo miraba por el monitor y veía su
rostro desfigurado, sus ojos clavados en mí y en mis movimientos.
Me volteé para que viera mis glúteos y mi colales rojo, me
sentí aún más bella, decidí que era tiempo de dedicarle un baile más ardiente y
me entregué a una danza frenética que termino por dejarme desnuda y sedienta de
placer, sus ojos estaban inyectados en deseo por mí y por mis formas, mis pechos
lo apuntaban como queriendo ser devorados por sus dientes filudos, mis pezones
estaban duros y erectos y de mi sexo manaban mares de mis más preciados jugos
dedicados para él.
-Vamos, ponte otra cosa y vuelve a bailar para mí- me
suplico.
Me reincorporé y esta vez elegí algo más sexy, sujetador
blanco con encajes por todo su contorno y bragas pequeñas con transparencias,
que dejaban ver mi sexo depilado y tierno, aparecí ante sus ojos con una bata
pequeña y jugamos a desnudarme.
-Mamacita linda, te ves esplendorosa, ahora, déjame
ver tus hombros, anda, sácate la bata- me escribía ensimismado.
Entonces, volví a actuar para él, me sentía única, mi acto
era perfecto y mis pulsaciones se aceleraban cada vez más, contorneé mis
caderas, mi pelvis y mis hombros, me movía simulando estar en sus brazos, mi
ropa blanca se perdió en el piso y volví a quedar desnuda, pero esta vez más
deseosa.
-Ahora quiero ver tus labios íntimos y el chorrear de
tu deseo- declaró.
Y así fue, me acomodé como pude y le dejé ver mis cavidades
profundas, leía el monitor y me incitaba a pasar uno de mis dedos por su
contorno, yo lo hacia complacida, mi mano derecha acariciaba mis labios íntimos
y mi clítoris y la izquierda apretaba mis pechos, simulando sus manos fuertes y
parcas, él, a su vez, me mostraba como frotaba lujurioso su poder y me excitaba
cada vez más.
Mi cuerpo estaba electrizado mis manos se daban el lujo de
entrar y salir lujuriosas de mi ser y mi cabeza imaginaba su virilidad dentro de
mí, nos observábamos acariciarnos indecorosamente y eso hacía que nuestros
cuerpos se necesitaran más aún, todo era carnal, sus ojos, mi posición, sus
escritos y hasta mi aliento, cada poro de mí manaba deseos de tenerlo clavado en
las profundidades de mi sexo, chorreado de caldos tibios, que recorrían mis
piernas.
-Metete un dedito en tu culito- me escribió
sedicioso.
Y continué ejecutando sus ordenes, en mi boca sedienta y seca
por la falta de sus besos, fabriqué saliva para lubricarme y lo conseguí,
comencé despacio recorriendo mi ano, movía circularmente mis dedos alrededor y
sentía la necesidad imperiosa de ser embaucada, me porté como toda una
contorsionista y acomodé ambas manos en mis orificios, inundándome de placeres
inimaginados por mí, él, pegado a la pantalla, continuaba dando fuertes
apretones en su virilidad frotándolo con fuerza, sus letras estaban cargadas de
deseo y desenfreno, kilómetros de distancia nos separaban, pero aún así, lograba
sentir sus bramidos y el goce que le provocaba verme en tal acto de impunidad.
Me movía rítmicamente de acuerdo a mis deseos y a sus letras,
hasta que no pude aguantar las ganas de tocar el cielo, por eso, acompañado de
su acto en mi pantalla y observándolo ensimismadamente, comencé a darle una
cadencia frenética a mis manos y me dirigí rauda al encuentro del orgasmo,
imaginado su garrote dentro de mí, grité de pasión al sentir chorrear mi ardor
por mis piernas y lo observé recibir en su mano toda esa emulsión, que quería
fuera para mí.
Mi respiración de cortó de pronto y mi cuerpo quedó
desmadejado, segundos de electricidad provocados por mi orgasmo monumental me
dejaron cansada, jadeante y sudorosa, mis piernas estaban húmedas y temblorosas
y mi olor quedó esparcido por todo el lugar, lo miré regalándome besos y
mostrándome su leche recién parida, con mis manos temblorosas le escribí algunas
líneas, pero no pude continuar con nuestra platica, apague el PC y luego de
darme un baño me dormí rendida y dichosa, por fin nos habíamos disfrutado y ni
siquiera nos habíamos tocado.
-Gracias, Té Amo- le escribí antes de retirarme.