Eso
Capítulo XLIX
Los días de Navidad transcurrían en calma. Cuando las chicas
estaban trabajando o fuera, Raúl aprovechaba para vaguear un poco en el sofá, o
para quedar con sus amigos, aunque lo más normal era que finalmente Andrés,
Felipe y Adrián terminaran vagueando con él.
-¡Pero que hacéis todo el día aquí metidos! –Les amonestaba
Laura cuando llegaba, para beneplácito de todos menos Raúl.-
-Es que hace frío para salir. –Se excusaba él.-
-Pobrecitos. –Ironizaba ella.- No sea que cojáis una
pulmonía...
Casi sin darse cuenta, la noche de Fin de Año se les echó
encima. Él, que nunca había sido amante de las grandes fiestas, prefería algo
más recogido y calmado, pero terminó sucumbiendo al empuje de sus amigos y acabó
por apuntarse a la macro-fiesta de turno.
-Venga tonto, que solo es un rato. –Le insistía Marta.- Nos
quedamos un par de horas y luego ya buscamos algo en plan relax.
-Ya, ya... –Suspiró, conociendo que "un par de horas" y
"relax" no eran vocablos que sus amigos solieran utilizar.- Como sea... Ya dije
que iría, ¿No?
-Es que te veo capaz de dejarnos plantados. –Le increpó la
chica.-
-¿Yo? –Puso una cara lo más inocente que le salió.-
Imposible...
Los ojos claros de la chica le avisaron de que lo lamentaría
si finalmente les fallaba.
El día en cuestión, Raúl estuvo con Claudia toda la mañana,
hablando de todo y de nada, él había notado como en los últimos días la alemana
continuaba con su política de "Dejarlo al margen" en los asuntos concernientes a
su embarazo, al no saber qué palabras decirle para que dejara de ser así,
simplemente eludió el tema. Por la tarde la alemana fue secuestrada por Cristina
y Laura, que insistían en que "debían prepararse bien" para esa noche tan
especial.
-¡Cuidadito con los excesos! –Gritó en tono paternalista.-
Que nos conocemos.
-Vale, vale. –Cristina le guiñó el ojo.- Nos portaremos bien.
-Sí... –Laura alzó una ceja.- Súper bien...
-Eh... –Le lanzó una mirada significativa a Claudia.-
Especialmente tú.
-Tranquilo. –Se dio un golpecito en el vientre, aún
prácticamente sin cambios.- Lo tendré controlado.
Felipe estuvo con él hasta la noche, ambos bostezando
perezosamente hasta el último momento posible, porque si las chicas sincronizan
su menstruación cuando pasan mucho tiempo juntas, los chicos sincronizan sus
niveles de pereza crónica.
-Bue... –Bostezó una vez más.- Bueno... Ya va siendo hora de
vestirse.
-Eso es otra cosa que no entiendo. –Se quejó Raúl, que
llevaba todo el día irritable.- ¿Por qué tenemos que ponernos de punta en
blanco? A fin de cuentas, la ropa es incomoda, y en Nochevieja al final siempre
acabas manchándote con algo.
-Que insoportable estas hoy. –Rió Felipe.- ¿Estás embarazado
o qué?
-No, claro... –Se le escapó una sonrisa.- Ya sabes que yo,
virgen hasta el matrimonio.
Decidieron cenar ahí algo, puesto que habían apurado al
máximo y tenían el tiempo justo para vestirse y llegar al lugar donde tomarían
las uvas con el resto. Raúl preparó algo que llenara sus estómagos y les
previniera de posibles intoxicaciones etílicas.
-Joder, menuda mierda de año. –Bufó Felipe de repente,
soltando el tenedor.-
-¿Por qué? –Preguntó el otro chico, sorprendido.-
-Porque no me he ligado a la chica a la que más ganas le
tengo.
-Que ya te he dicho que mi hermana no es tanto como parece,
¡Hazme caso!
-No, no, no es tu hermana, aunque... –Suspiró.-
-¿Entonces?
-Bueno... No te lo había dicho porque a ti te gustaba,
pero...
-¡Venga! –Le apuntó con el cuchillo.-
-Marta, joder, es Marta. –Negó con la cabeza.- Y me gusta más
desde que se cortó el pelo.
-Bueno... –Reprimió una carcajada por respeto a su amigo.-
Marta... Ya escuchaste que le gusta otro. Tenias que haberte declarado antes o
algo así...
-Seguro que es el típico pintas, guapito, ¡Fijo que estudia
Derecho! Ya me lo estoy imaginando... –Gruñó mientras masticaba un trozo de
filete.- ¿Declararme? Eso está pasado de moda, ¿Te has declarado tu alguna vez?
-Pues... –Lo pensó durante un rato, para darse cuenta de que,
en términos rotundos, realmente no lo había hecho ninguna vez.- Pero es que a mi
no me gusta especialmente ninguna chica.
Casi como su sistema nervioso le amonestara por mentir, sus
dedos se volvieron torpes de repente y el tenedor se le cayó, llegando al suelo
y provocando un chirrido metálico que le hizo pensar en cierta chica de cabello
castaño.
El frío del último día de Diciembre le golpeó en la cara, la
brisa húmeda del mar acrecentaba la sensación, haciéndole tener un escalofrío
que recorrió su espalda y su cuello. Se encontraron con Andrés y Adrián en la
zona pactada, ambos habían conseguido un salvoconducto familiar para poder
tomarse las uvas con sus amigos, el plan iba bien, al menos por ahora.
El vibrador de su móvil le hizo sobresaltarse. Un mensaje.
"De: Laura
Mensaje: ¡Ni se te ocurra mandarme un mensaje felicitándome
el año antes de las doce. ¡Todos los años haces lo mismo! ¡Ni líneas saturadas
ni nada! Cris y Claudia te mandan saludos y besos húmedos."
Guardó el aparato, pensando en la terquedad de su hermana, a
fin de cuentas, si esperaba a las doce, sería prácticamente imposible llamar o
mandar un mensaje sin un retraso de narices, "Las líneas están saturadas, por
favor, inténtelo más tarde.", eso le hacía recordar el por qué de su odio a las
teleoperadoras.
-¡Vamos Raúl! –Inmerso en sus ensoñaciones se había perdido
el resto de llegadas, ahora era Marta la que le cogía de la mano, llamando su
atención.- ¡Qué estás en la parra!
Marta vestía un sinuoso vestido de noche que se ajustaba a su
figura, con uno de esos bolsitos donde era imposible que cupieran más que una
barra de labios y el móvil, pero sorprendentemente, ellas conseguían meter lo
mismo que en un petate militar. Era el tetris particular de las mujeres, meter
sus objetos personales en esos diminutos bolsos.
Nadia llevaba un vestido abierto por delante, en la zona del
ombligo, muy moderno, que también le sentaba estupendo. Además, Raúl no supo si
era un tinte o que simplemente las luces de la noche lo trataban mejor, su pelo
rojo brillaba con fuerza. Ana, potenciando su escote, también tenía un aspecto
elegante y suculento. Había más personas, amigos independientes de unos y
conocidos de otros, pronto se formó un nutrido grupo.
Finalmente se habían reunido en la Plaza la Iglesia, frente
al gran reloj que ahora se acercaba a un ritmo terrible a las doce. Como todos
los años, desde hacía rato los voluntarios del Ayuntamiento repartían paquetitos
con las uvas, confeti y botellas de cava entre los que habían acercado a tan
animoso encuentro.
-¡A ver si este año no te atragantas! –Marta le dio un par de
golpecitos a Ana en la espalda.-
-Yo me las puedo comer todas sin problema. –Alardeó Nadia,
guiñándoles un ojo.- Cuestión de habilidad, supongo.
Raúl habló con viejos conocidos del instituto que se
encontraba por ahí, recibió un par de mensajes de gente previsora como él que
prefería escribir antes y, cuando quiso darse cuenta, ya estaba en el centro del
grupo, con sus uvas en la mano, y mirando con fijación divina el reloj de la
Iglesia.
-¿Y eso de los cuartos? –Preguntó de repente Andrés.-
-Eso es para que piquen los pringados, pero aquí no hay, es
solo por la tele. –Explicó Adrián.-
-No jodas, yo creía que había que esperar... –Felipe puso
cara de preocupado, examinando sus uvas.-
-¡Callaos! –Les ordenó Nadia.- ¡Qué empieza! ¡Qué empieza!
Una, dos... Cinco, seis... Nueve, diez...
Un grito de "¡Feliz Año Nuevo!" llenó la plaza, y de repente
hubo besos, abrazos, palmaditas en la espalda y amabilidad por todos los lados.
A Raúl le plantó un beso un tío de unos cuarenta años con bigote, en otra fecha
le hubiera parecido raro, pero en Nochevieja... Todo se perdonaba.
Se cortó un poco cuando Nadia le dio un beso en los labios,
un beso serio, no el piquito que puede pasar por "simpático" en esas
situaciones. Aún así, estuvo más al tanto de ver las anécdotas de todos los
años. Aparte del que aún seguía masticando las uvas, estaba el que no había
podido con más de siete, el que se había atragantado, y, como en su caso, el
que, o no sabía contar, o le habían dado una uva de más, que ahora rodaba entre
sus dedos.
-¡Pues eso da mala suerte! –Vociferó Marta por encima de la
multitud cuando le mostró su decimotercera uva.- Lo siento...
-Eh, eh, que no me voy a morir, solo es una uva. –La tiró
hacia una zona con plantas, sintiendo un nudo en el estómago y pensando algo
inquietante.- "Joder, pues lo que me faltaba, que el año me fuera mal por culpa
de una uva..."
Después de su vaticinada lucha con el móvil para poder llamar
a su hermana y las otras chicas, así como mandar un par de mensajes de
felicitación, el grupo empezó a enfilar, con calma, hacia la zona donde la
música todo volumen y una gran cantidad de bebidas les esperaban.
-¡Toma Raúl!
El joven tuvo que hacer un autentico alarde de reflejos para
que la botella de cava que le acababan de lanzar no le diera en el estómago.
-¡Mira, esta nos la llevamos de regalo! –Reía Andrés,
mostrando otra botella como si fuera un trofeo.-
-Hay que ser infantiles para creeros que estáis robando
botellas cuando las regala el Ayuntamiento. –Les amonestó Marta, entrecerrando
los ojos.-
-¡Pues tu bien que te llevas una! –Adrián señaló a la chica,
que, efectivamente, también llevaba una botella.-
-Bueno... –Se le escapó una sonrisa.- Es que ahora no me
apetecía...
-La cleptomanía es una enfermedad. –Señaló Nadia,
sabiamente.- Pobre Marta...
-Me están entrado unas ganas terribles de hacer como Fernando
Alonso y bañaros a todos... –Amenazó la rubia de pelo corto.-
El gran pabellón deportivo que habían habilitado para la
fiesta les acogió gustoso, mientras les ponían el horrible sello que les
permitiría entrar y salir, el grupo se separó ligeramente, entre la vorágine de
personas que entraban desde todos los puntos.
Raúl consiguió llegar a un tramo libre de la barra, la zona
más congestionada del recinto, dado que todos parecían haber llegado con la boca
seca. Pidió una cerveza, fiel a su estilo. La camarera, una morena bastante
atractiva, que atendía esa zona miró la botella de cava que él llevaba.
-No se pueden consumir bebidas de fuera. –Señaló.-
-¿Eh? ¿Lo dices por la botella? –La dejó en la barra, al
tiempo que ampliaba su sonrisa.- No te preocupes, te la regalo, tómalo como un
regalo de Año Nuevo.
-Oh, bueno, entonces yo te regalo la cerveza, que menos.
–Ella le dedicó un guiño cómplice, Raúl alzó la cerveza y bebió a su salud,
provocando que la chica sonriera, antes de ser devorada por el resto de la gente
que quería algo de beber.-
Con el sabor de una cerveza gratuita y liberado del peso de
la botella de cava, pudo relajarse un poco más. Incluso la música, que le había
parecido escandalosa al entrar, empezaba a entrarle en el cuerpo.
-¡Tierra a la vista! –Vio como Nadia se acercaba desde lejos,
mirándole.- ¿Dónde os habíais metido?
-Yo me dejé arrastrar por la corriente. –Se excusó él,
hablándole directamente en la oreja, pese a que afortunadamente se encontraban
en una zona donde los altavoces no castigaban con mucha fuerza.-
-Estoy seca, ¿Me das? –Señaló a su cerveza, Raúl entrecerró
los ojos ligeramente, maldiciendo que le fueran a robar un poco de esa bebida
fermentada que tan bien le estaba sabiendo.-
-Venga. –La pelirroja bebió, y bebió, y bebió. Y cuando Raúl
obtuvo el recipiente, estaba prácticamente vacío, no pudo evitar suspirar
exasperado.- ¡Te la has bebido toda!
-Si solo es una cerveza. –Rió ella, pidiéndole perdón con la
mirada.- Es que estaba buena, y fresquita...
-En fin...
-Oye, ¿Qué planes tienes luego? –Preguntó la pelirroja.-
-¿Luego?
-Sí, ya sabes, Nuevo año, hay que hay empezar con buen pie...
–Por el brillo lujurioso de sus ojos, él supo a lo que se refería.-
-Bueno, pues aún no tengo nada en mi agenda. –Ironizó.- Pero
si puedo, te hago un hueco.
-¡Eso será si yo quiero! –Carcajeó ella.- Bueno, voy a buscar
a unas amigas, luego ya nos vemos...
La noche transcurría bastante divertida, dado que el recinto
era monstruosamente grande, tan solo estaban apretados en la zona de la barra,
donde todos empujaban e intentaban colarse para ser atendidos primeros, en el
resto del lugar, se podía bailar a gusto, sin los calores insoportables de otros
locales. Eso sí, la nube del humo de los cigarrillos empezó a hacerse densa en
algunas partes. Raúl estuvo "bailando" con un par de chicas, habló un rato con
Andrés, vio como Felipe coqueteaba con una chica morena con mechas, cosa que le
hizo mucha gracia al recordar el supuesto "enamoramiento" que le había
mencionado esa tarde.
Volvió a la zona de guerra, la barra, buscando una nueva
cerveza. Con toda la intención del mundo, fue a la parte donde estaba la
camarera atractiva que tanto le había gustado la primera vez.
-¿Otra cerveza? –Fue el saludo de ella, aludiendo así a que
se acordaba de él.-
-Si me lo das tú, cualquier cosa me sabrá a las mil
maravillas. –Sonrisa y mirada penetrante.-
-Para ser solo la segunda vienes muy lanzado, ¿No será que
guardabas más botellas? –Ironizó ella, que se tomaba su tiempo para cumplir ese
pedido.-
-Será que tu me inspiras. –Siguió él.- Se podría decir que
eres más embriagadora que el vodka.
-Sí, sí. –Le dio finalmente su cerveza, Raúl se dio cuenta en
ese momento de que tenía un piercing en la lengua.- Prueba a la tercera, que
dicen que es la vencida.
Y Raúl, retándola con la mirada, no tuvo más escrúpulos por
estar ligando con una de las camareras de la organización, que aparte de estar
como un tren, tenía un puntito picante que le gustaba mucho. Además, por segunda
vez, la cerveza se la había llevado gratis.
Capítulo L
Dentro de la rutina de la noche, había encontrado algo
bastante interesante que hacer, aún con el sabor de su segunda cerveza en la
boca y el brillo de los ojos de la chica en sus retinas, tenía muy presente cual
iba a ser el siguiente paso.
Bailó, habló y disfrutó un rato más, finalmente, fue de nuevo
a visitar a su camarera preferida.
-Me habían dicho que a la tercera iba la vencida. –Saludó
él.-
-Es la que mejor entra, sí, mejor que la segunda y la cuarta.
–Correspondió ella, de nuevo olvidando el ritmo endiablado de la zona que
ocupaba para centrarse en el joven.-
-¿Entonces?
-Tenemos un descanso de quince minutos cada dos horas.
–Comentó ella, acercándose más a él por encima de la barra.- Si esperas un rato
al final de la barra, podemos terminar la conversación más tranquilos.
-Allí estaré. –Inclinó ligeramente la cabeza, con una sonrisa
de seguridad en la cara.-
Fue al lugar donde la chica le había citado, y esta no tardó
más de diez minutos en aparecer. Vestía un pantalón vaquero con un par de rotos
y la camiseta que la identificaba como miembro de la organización, le hizo una
seña con la cabeza para que la siguiera.
Raúl había estado varias veces en ese Pabellón Deportivo,
jugando partido de fútbol y baloncesto, por lo que supo que el camino que
tomaban era el que llevaba a la zona de almacenes. La puerta que daba a estos
estaba franqueada por uno de los miembros de seguridad, que dejó pasar a la
chica y su acompañante sin muchas preguntas. Él pudo ver como habían usado uno
de los cuartos de material como almacén de bebidas, botellas y botellas que
serían consumidos a lo largo de la noche. Caminaron durante un tramo más, hasta
llegar hasta otro de los cuartos de material, este conservaba su aspecto
habitual, lleno de balones, aros y colchonetas.
-Bueno, ¿Entonces prefieres hablar o follar?
-Vaya. –Su sonrisa se acentuó.- Vas directa a lo interesante.
-Con quince minutos por delante, hay que ser así. –Señaló la
chica, con rezumaba seguridad por cada poro de su piel.-
-¿Quince minutos? –Hizo una mueca, como si estuviera
meditando la idea.- No sé si podré aguantar tan poco...
-Ya veremos, ya. –Extendió el brazo, buscándolo, este lo
acepto, siendo arrastrado hacia ella.-
-Por cierto, ¿Cómo te llamas? –Preguntó él, notando ya el
calor propio de los preliminares.-
-¿Acaso eso importa? –Espetó la chica, con una sonrisa
pícara.-
Y sus bocas se fundieron la una con la otra. El tacto del
piercing se le hizo sublime, frío metálico, en contraste del calor y la
necesidad de sus lenguas. La chica sabía besar, sin ninguna duda. Pronto los
besos dieron paso a lametones, a mordiscos... La cosa subía rápido, no solo
porque tenían el tiempo en contra, sino porque ella era así, espontánea, fogosa,
y él no tenía intención de quedarse atrás.
Pronto pudo apreciar el tacto de sus pechos, duros, de un
tamaño normal, cuando la despojó del sujetador, sin quitarle la camiseta, pudo
notar, para su completo deleite, que llevaba otro piercing, en el pezón derecho.
Lo chupó, lo succionó, lo lamió, lo mordió. Hizo delicias con
él en su boca, mientras que una de sus manos no abandonaba al otro. La chica sin
nombre parecía encantada con el trato, su lengua humedecía sus labios, sus ojos
se entrecerraban de placer con cada mordisco sensual del chico.
-Si te gusta tanto ese piercing... –Musitó, con la
respiración afectada.- Te volverás loco cuando veas el otro.
Abandonó el banquete que estaba realizando en sus pechos y la
miró a los ojos, ojos negros, ojos encendidos.
-¿Quieres decir que...?
-Busca, busca. –Le retó ella, con un guiño sumamente
provocador.-
Raúl la condujo hacia la gran pila de colchonetas,
prácticamente empujándola hasta tumbarla, pronto sus manos dieron con el cierre
de sus pantalones y los bajaron hasta las rodillas, lo mismo hizo con el exiguo
tanga que llevaba, dejando al descubierto eso que ella le había pronosticado. Su
tercer piercing.
Ni aunque se hubiera negado la habría dejado, se lanzó como
una presa voraz, el brillo metálico, el inconfundible frío del metal. Desde el
primer momento lo devoró, el contraste era espectacular, sus labios vaginales,
suaves y tersos, su clítoris, delicado y abultado, y eso, tan duro y frío, tan
excitante y morboso. Se imaginó el momento en el que se lo hicieron, ¿Le habría
dolido? ¿Le habría gustado? ¿Qué la llevaría a ponérselo justo ahí?
Se bajó los pantalones lo justo para poder liberar su
miembro, absolutamente desbocado ante las sorpresas metálicas de la chica.
-En mi bolsillo, ahí está. –Gimió ella. Este hizo caso,
encontrando un preservativo rojo que no tardó en ponerse, ni siquiera para
maldecir al látex tenía tiempo.- Aaaah.
La penetró fuerte, sin compasión, y percibió de nuevo el
tacto extraño que acariciaba su miembro a través del látex. El interior de la
chica era genial. Empezó a bombear a un ritmo muy rápido, a veces conseguían
enlazar sus lenguas en un sinuoso beso, pero la mayor parte del tiempo él
devoraba el piercing del pezón de la chica, mientras ella le acariciaba la
cabeza, o bien le apretaba con fuerza, pidiendo más fuerza, más intensidad.
-Aaaah... Vamos... No te... No te contengas...
Las colchonetas donde se habían "tumbado" estaban sobre una
tabla con ruedas, indispensables para su transporte debido al peso de estas. Las
acometidas del chico eran tan fuertes que pronto empezaron a moverse, hasta que
finalmente llegaron a la pared. Ella gritaba, gemía, no se cortaba. Sabía que la
música amortiguaba sus sonidos, la misma música que era la banda sonora de su
orgasmo.
-Así, así... Mmmmm...
Raúl percibió como ella estaba a punto, sus gemidos eran cada
vez más agudos y profundos. Apretó con fuerza los senos de la mujer, la mordió,
la mordió de verdad, sin ensañamiento pero clavando ligeramente los dientes, al
tiempo que hacia toda la fuerza que podía con las caderas para que su
penetración fuera lo más profunda posible, todo junto, combinado, de golpe...
Ella terminó.
Le abrazó muy fuerte, le estrechó hacia ella, sus piernas
estaban aprisionados por los vaqueros sin quitar, pero de haber estado libres,
se habrían enlazado a su alrededor, seguro. Un orgasmo fuerte y una vagina que
se contraía con sorprendente intensidad, de no ser por el látex, que siempre
tenía un poco de efecto retardante, Raúl se habría corrido ya sin duda.
La chica sin nombre no esperó a recuperarse, esta vez fue
ella la que le empujó, casi derribándole, sus manos cogieron el preservativo,
manchado con sus jugos, y lo arrancaron, lanzándolo hacia algún sitio
inconcreto, olvidando precaución alguna, introdujo el miembro del joven en su
boca, rápidamente, con ansia, casi con gula.
-Uff... –Soltó él, sintiendo como la lengua de la chica, con
piercing incluido, realizaba un trabajito espectacular.- Creo que... Ya...
Pero ella no tuvo escrúpulos, el semen del chico se escurría
por la comisura de sus labios, que aún lo apretaban firmemente, buscando sacarle
cuanto placer pudieran. Le devolvió el ligero mordisco que él le había dado en
el pezón, lo apretó con fuerza entre sus manos, exprimiendo hasta la última gota
que pudiera salir de él.
-¡Sí! –Se dejó caer hacia atrás, quedando sentada en la
colchoneta.- Nada mal, no ha estado nada mal.
-Vaya, gracias. –Rió, aún buscando recuperar la respiración.-
Tu también has estado genial... No tengo quejas.
-¿Y cuantos años has dicho que tenías? –Preguntó ella.-
-No te lo he dicho. –La miró por el rabillo del ojo, aún
tenía un poco de su semen en la comisura de los labios.- Supongo que es como tu
nombre, no hace falta.
-Sí, supongo que sí. –Exhibía una gran sonrisa complacida.
Miró su reloj.- Vaya, y todo esto en trece minutos, para que luego digan que no
se puede follar bien si se hace rápido.
-¿Solo trece minutos? –Se sorprendió él.- Pues si que
cunde...
-Cuando estas en faena pierdes la noción del tiempo. –Se
acarició el pezón que Raúl le había mordido, intentando relajarlo.-
-Pues yo en dos minutos no creo poder hacer nada del otro
mundo. –Se excusó, en tono cómico.- Que me esfuerzo, pero dos minutos...
-Bueno... –Ella amplió su sonrisa de nuevo.- No creo que
nadie me eche de menos si llego cinco minutos tarde.
-Me gustan los retos. –Casi fue más un rugido de su lujuria
que palabras racionales salidas de su mente. Volvió a tumbarla, abrió sus
piernas, despojándola esta vez completamente de los pantalones y la ropa
interior, buscando la mayor libertad posible.- Cronometra...
Se lanzó de nuevo como una fiera a por el coñito de la chica.
Al principio percibió el sabor del látex, pero un par de lametones después había
desaparecido, dejando solo el de la humedad propia de la chica, que le volvía
aún más loco que el tacto poco conocido del piercing.
Sin contemplación, introdujo dos dedos en la vagina de la
chica, que en apenas un instante se convirtieron en tres. "Una chica que se hace
un piercing ahí no debe necesitar mucho calentamiento", pensó él, aunque
realmente le daba igual, solo quería jugar un poco más con su presa.
Dentro, fuera, dentro, fuera. Sus dedos se coordinaban a la
perfección, su lengua se ocupaba del resto, el clítoris de la chica fue
agasajado al instante por sus labios, rodeado de la sin hueso, atrapó el
piercing entre sus dientes, dio un ligero tirón, aposta, que hizo que la chica
bufara y gimiera, de dolor y placer.
-Vamos, vamos. –Apremió ella, al borde del séptimo cielo.-
Vamos...
Intentaba acariciar con la yema de sus dedos las paredes
vaginales de la chica, todo era tan rápido, le sorprendió poder hacer tantas
cosas a la vez, quizás era más instinto que habilidad, y sobretodo, lujuria, esa
chica, aún sin saber su nombre o como era, conseguía excitarle sobremanera, y
ella tampoco parecía pasarlo mal con el chico.
Ella estrujaba con saña sus pechos, apenas respirando, su
vientre contrayéndose con ese sensual movimiento que tanto le gustaba a Raúl.
-Aaah... Aaah... –Jadeaba ella.- Más... Solo un... Poco...
Apretó más su cara contra el coñito de la chica, quedando
prácticamente aplastado contra él, cosa a la que ayudaban las piernas de la
chica que, una vez libres, habían tomado un papel activo. Finalmente, después de
unos minutos de esfuerzo y dedicación casi enfermiza, un lametón de su lengua
fue el detonante del segundo orgasmo de la chica.
Sus manos intentaron aferrarse a la colchoneta, pero esta era
tan dura que lo más que consiguió fue romperse una uña. Raúl, por su parte,
degustó el elixir del placer que llenaba en esos momentos el sexo de la mujer,
al tiempo que utilizaba los brazos para evitar que la chica, durante su orgasmo,
le ahogara con una llave mortal de sus piernas.
-Aaah... Aaah... –Su respiración aún no se relajaba, le miró
con los ojos entrecerrados.- He de reconocerlo... No está mal...
-Ya te lo he dicho antes, es que me inspiras. –Rió él.- ¿Qué
tal de tiempo?
Ella observó el reloj, y se levantó, aún con piernas
temblorosas.
-Mierda, he de irme. –Comenzó a vestirse de forma
precipitada.- Ahora tendré que servir estando toda mojada...
-¿Sabes lo erótico que suena eso?
-Puedo imaginarlo... –Rió ella, abandonando las prisas para
darle un beso que a él le devolvió el sabor salado proveniente de sí mismo.-
Pero es incomodo... Si por mí fuera, me quedaría aquí toda la noche follando
contigo.
-Bueno, tanto como toda la noche... –Comentó, sonriente,
mientras se colocaba la ropa él también, pese a que se había quitado lo justo.-
Tan bueno no soy.
-Tranquilo, yo sé dosificar a los chicos. –Le guiñó el ojo,
en su premura, la chica había olvidado ponerse el sujetador. La camiseta de la
organización era azul marino, por lo que no se notaba mucho a menos que supieras
donde mirar, el bulto de su pezón con el piercing le puso a cien de nuevo.- Por
cierto, déjame tu móvil.
-¿Mi móvil? –Lo sacó del bolsillo y se lo prestó.-
Ella jugó un rato con las teclas y se lo devolvió.
-Ya me tienes en tu agenda. –Le explicó.- Llámame un día, si
tienes ganas.
-¿Qué nombre? –Preguntó mientras la chica abría la puerta,
dispuesta a marcharse.-
-Por la A, de Alicia. –Ella alzó una ceja, como desafiándole
a hacer algún comentario, en el fondo, sintiéndose rara por romper sus reglas
sobre confraternizar con "citas de una noche", con los que solo se follaba, y
punto, sin nombres ni ataduras estúpidas.- Y sí, puedo llevarte al País de las
Maravillas.
-Bien... –Puso gesto solemne, sin perder el humor.- Por
cierto, me llamo Raúl.
-¿Cómo el futbolista?
-Sí, como el futbolista.
-Feliz año. –Se despidió ella, finalmente, dedicándole una
última mirada antes de partir con premura hacia su puesto de trabajo en la
barra.-
-Feliz año, Alicia. –Murmuró, mientras revisaba que todo
estuviera en su sitio. Si cerraba los ojos, casi podía notar el tacto de la
chica, su piel, sus piercings. Era la primera vez que le dejaban una primera
impresión tan buena, al parecer la decimotercera uva no era la de la mala
suerte, sino la de las chicas atractivas y complacientes.- Feliz año...
Capítulo LI
Se tomó su tiempo para volver, pero finalmente volvió a la
fiesta. Por encima de la marabunta que seguía rondando alrededor de la barra,
pudo distinguir a Alicia, sirviendo sin cesar. No pudo reprimir una sonrisa al
pensar que pocos minutos antes la había tenido para él solo, que había podido
deleitarse con sus delicias...
Hubiera seguido pensando en Alicia durante un buen rato, con
una bonita sonrisa de felicidad, pero otra visión se interpuso en su camino.
Melena castaña, un bonito recogido de pelo, un vestido de noche muy elegante,
con los hombros descubiertos.
-"Estela..." –Pensó, y de repente desapareció la fiesta, el
bullicio, el griterío, la música... Tan solo había un foco que la iluminaba a
ella.- "Estela... Hoy vas muy guapa..."
Pero el momento se rompió cuando apreció, "Ese", el imbécil,
su novio, Gonzalo. Al parecer acababan de pedir un par de bebidas, y luchaban
por salir de la marea de gente que intentaba acercarse más a la barra.
En ese momento Raúl tuvo una idea malvada. Si hiciéramos la
representación del angelito y el diablillo, uno en cada hombro, podríamos decir
que el angelito estaba de vacaciones por Navidad, mientras que el diablillo
hacía horas extras. Con semblante casual les rodeó, hasta quedar detrás de
ellos. Había un par de personas entre Gonzalo, que caminaba detrás de Estela con
los dos vasos, llevando el de su novia, caballeroso. Raúl, como quien no quiere
la cosa, empujó más fuerte de lo normal al que tenía delante.
Se produjo un efecto dominó.
Todos apretujados, actuaron como diminutas fichas, uno empujó
a otro, otro empujó a Gonzalo, y este... Derramó el contenido de los dos vasos
sobre el precioso vestido de Estela.
Raúl, que a lo sumo había deseado que a Gonzalo se le cayeran
las bebidas, haciendo un poco el ridículo, se escabulló con total disimulo entre
la gente, dejándose arrastrar por una de las corrientes de personas, en
concreto, la que llevaba a los baños. Por encima del hombro pudo ver solo el
semblante desencajado de Gonzalo.
Había previsto sentirse bien, reírse de él, pero en lugar de
eso, solo percibía arrepentimiento en su interior. Por su culpa el precioso
vestido de Estela se había echado a perder.
-¿Quién soy? –Gritó alguien en su oído, al tiempo que le
tapaba los ojos con las manos.-
-Eh... –Volvió al mundo real, por el tamaño de los pechos que
se clavaban en su espalda no tuvo demasiadas dudas, además que su voz, incluso
apagada por la multitud y la música, tenía un timbre inconfundible.- Marta.
-¡Sí! –Le liberó de su encierro.- ¿Qué tal estás? ¡Hace un
montón que no te veo!
-Bien... Bueno, entretenido... –Murmuró.-
-Oye, ¿Salimos un rato? –Vociferó.- Necesito poder hablar
normal durante un rato, o me quedaré afónica.
-¿Qué?
-¡Afónica! –Gritó.-
Comprendiendo el mensaje, Raúl la cogió de la mano, evitando
así que la muchedumbre los separara en las zonas más concurridas, y se
aproximaron a la salida, donde el encargado de seguridad de turno se cercioró de
que llevaban el sello que les permitiría entrar de nuevo.
-Menos mal... –Habló Marta, ya en un tono normal, cuando
habían caminado un rato en una avenida que había al salir del Pabellón.- Me
estaba volviendo loca con tanta gente...
-¿No se suponía que era yo el que se podía quejar de las
grandes fiestas? –Ironizó.-
-Pues no se te ve muy intranquilo. –Rió ella.- ¿Qué has
estado haciendo?
-Un poquito de esto, un poquito de lo otro... –Carraspeó.- Lo
normal, vamos.
-Pues tienes una cara como de... –La rubia le examinó con los
ojos entrecerrados.-
-De nada, de nada... –Se defendió, fingiendo una sonrisa.-
-¿Puedo cogerte de la mano? –Preguntó la chica, puesto que se
habían soltado al salir.-
-Sí... Supongo que sí.
Ya bien cogiditos, continuaron caminando un rato, había
bastante gente que, igual que ellos, aprovechaba la larga avenida para airearse
un rato antes de volver a la fiesta.
-Cuando tenga novio le cogeré así de la mano. –Ronroneó Marta
de repente.- ¿A ti te gusta? A mí me da seguridad, no sé.
-De la mano, el antebrazo, con el brazo alrededor de la
cintura... –Comentó él.- Es una forma de sentir a esa persona más próxima a ti.
-Sí, es tan genial. –Suspiró.- Mira, ¡Cómo esos!
Señaló con la mirada hacia una parejita que iba no muy lejos,
embelesados, ella apoyaba su cabeza en el pecho del joven, que a su vez le
acariciaba el pelo con ternura. Raúl empezó a considerar la conversación
inquietante.
-Bueno, seguro que consigues alguien con el que actuar así.
–Susurró, clavándole sus ojos verdes.- Y mientras tanto, ya sabes, te puedes
poner todo lo cariñosa que quieras conmigo.
-¿Todo lo cariñosa que quiera? –Entrecerró los ojos de
nuevo.- Cuidado con lo que dices, no sea que me lo tome al pie de la letra y...
La chica se puso de puntillas para darle un beso. Él lo
acepto, aunque sin poner todo el entusiasmo del mundo en sus labios.
-¡Ven! –Le arrastró hasta un pequeño parque que había, Raúl
comprendió la idea de la chica, más que nada porque había otras parejas que
estaban usando el césped del mismo como improvisado motel.-
-Te vas a manchar el vestido.
-Cierto... –La chica solucionó el problema obligándole a él a
ser el que se tumbara en el húmedo suelo.- Así mejor.
Con un ansia inusitada, Marta se lanzó sobre su boca, su
cuello... Él se dejaba hacer, pero sin terminar de arrancar, tenía la cabeza en
otra cosa. Cuando la rubia comenzaba a morderle el cuello, Raúl, a través de uno
de los huecos que dejaba abiertos el seto que rodeaba la zona del parque, pudo
verla.
Estela caminaba, sola. A la luz de la farola que acababa de
pasar, estaba claro, ese brillo perlado en sus ojos, estaba llorando. Casi como
un resorte, se incorporó, sorprendiendo a Marta. La chica siguió la dirección de
sus ojos, y encontró a Estela. No lo tuvo que razonar durante mucho tiempo.
-Ve. –Murmuró, suspirando.-
-¿Qué? –Se hizo el loco.- ¿De qué hablas?
-Tienes complejo de caballero andante. –Murmuró ella.- No
puedes dejar a una damisela en apuros sin sentirte fatal por ello. Venga, vete.
-Pero, Marta...
-¡Vete y pregúntale que le pasa! –Ordenó ella, mostrando una
pequeña sonrisa. Rebuscó en su bolso, abandonado a un lado, y le dio unas
llaves.- El coche de mi madre está aparcado en la siguiente calle, si te das
prisa, podrás recogerla en el cruce.
-Marta...
-¿No te he dicho que te vayas? –Rió ella.- ¡Y nada de hacer
cosas raras en el coche!
-Sí... Está bien. –Apretó las llaves en su puño y ayudó a la
chica a levantarse con la otra.- Luego te lo devuelvo...
-Venga, ve, que se te escapa la damisela. –Puso los ojos en
blanco.-
-Marta... –Le dedicó una sonrisa sincera.- Gracias.
-Feliz año... –Murmuró la rubia mientras veía al chico
alejarse a paso veloz.-
Ya había conducido otras veces el coche de la madre de Marta,
tuvo que hacer un giro anormal en la rotonda para quedar al lado de Estela, que
ignoró completamente el coche, aunque Raúl apretó el claxon un par de veces.
-Que solita te veo... –Comentó él.- ¿Te llevo a alguna parte?
-Te puedes ir a la mier... –Detuvo sus palabras cuando se
giró y vio a Raúl en el coche.- Oh... Eres tú.
-Estela... –Avanzaba a poquísima velocidad, agradeció que
apenas hubiera coches en ese momento.- Sube, te llevo.
-No hace falta, no vivo lejos, y el aire fresco siempre viene
bien... –Ella intentó ocultar los signos evidentes de su llanto, pero Raúl ya lo
había visto todo claramente.-
-Venga, no seas tonta. Es tarde, vas sola, y hay mucho
colgado suelto por ahí. Sobretodo esta noche. –Paró el coche.- Sube.
-¿De quién es? –Señaló con la vista al automóvil.-
-De la madre de Marta, me lo ha dejado para ir a casa un
momento, te he visto, y...
-Mentiroso... –Apuntilló ella.-
-Como sea. –Intentó fingir una sonrisa.- Sube de una vez.
-¿Y si no lo hago?
-Te obligaré. –Respondió sin titubeos, al tiempo que abría la
puerta.- No puedo dejarte por ahí sola en ese estado.
-Ya, ya... –Bufó.- Como sea, vivo aquí cerca, ¿Todavía te
acuerdas de donde?
-Claro. –Le había dolido que hiciera esa pregunta.-
El paseo en coche fue silencioso y calmado hasta que Raúl,
con toda la inocencia del mundo, lo rompió.
-¿Qué ha ocurrido? –Musitó.- ¿Por qué llorabas?
-Nada.
-Venga, por algo será.
-Me manché el vestido. –Contestó secamente.-
-Tu no eres de las que lloran por mancharse el vestido. –Rió
él.- Por cierto, hoy vas muy guapa.
-Sí, preciosa. –Ironizó.-
-Bueno, y entonces... –Dejó la pregunta en el aire, Estela,
pese a que había querido mostrarse firme y gélida durante el viaje, no pudo
evitar hablar, lo necesitaba.-
-Hemos... Discutido.
-¿Quién?
-Gonzalo y yo, ¿Quién va a ser?
-¿Ha sido fuerte?
-Bueno... –Torció el gesto.- Terminamos.
La palabra hizo eco en la mente de Raúl, provocándole incluso
una sonrisa, que se apuró a camuflar entre una repentina tos.
-¿Pero por qué habéis discutido? –Disimuló, fingiendo
preocupación.-
-Por una tontería... Me tiró la bebida encima... –Explicó
ella, más relajada.- Pero bueno, es "la gota que colma el vaso", nunca mejor
dicho.
-Entiendo... –Frunció el ceño, pensativo.- ¿Y qué harás?
-Pues, si te digo la verdad, no lo sé. –Suspiró.- No es igual
que antes... Ya no hay...
-¿Qué? ¿Qué? –Le pudo el ansia por saber qué era tan
importante para la mujer.-
-"Eso". –Fue lo único que dijo Estela.-
Llegaron a su edificio, Estela, ya más serena, se giró hacia
Raúl.
-Gracias por recogerme, la verdad es que no estaba tan cerca
como creía...
-No es nada. –Dio unos golpecitos en el volante.- Tu me has
llevado muchas veces, ¿No?
-Bueno, pues... Buenas noches. –Murmuró la chica, abriendo la
puerta.- Y feliz año.
-Feliz año. –Raúl sentía una inmensa necesidad de salir tras
ella, besarla y abrazarla, pero no se atrevía a moverse.-
-Cuídate... Ya nos veremos, si eso.
La chica empujó la puerta del portal, que alguien había
dejado entreabierta. Raúl la vio perderse en el mismo. Enfadado, golpeó el
volante, ocasionando que sonara el estridente claxon.
Dirigió una última mirada al portal, dispuesto a volver a la
fiesta, sin embargo, un diminuto bulto en el asiento del copiloto le hizo
sonreír. ¡Se había dejado el bolso! Bajó del coche, cerrándolo, y se dispuso a
ir a dárselo. Se cruzó con Estela en el descansillo, al parecer ella también se
había dado cuenta a la hora de buscar las llaves para abrir la puerta de su
apartamento.
-Menuda cabeza... –Murmuró ella.- Solo me faltaba perder el
bolso y dormir en la calle.
-Tranquila, siempre puedes dormir conmigo. –Soltó él, en plan
cómico, pero las palabras quedaron en el ambiente, como si fueran el humo de un
cigarrillo.- Bueno, pues eso...
-Sí...
Ninguno de los dos se movía, estaban frente a frente,
mirándose, sin hablar, sin saber qué decir. Pasaron unos instantes que se
hicieron eternos.
Raúl finalmente dio un paso al frente, cogió la mano de
Estela. El joven exhibía una inquietante sonrisa.
-Deberías llamarle. –Expresó, con un tono de voz modulado.- A
Gonzalo, llámale, al menos para decirle que no se preocupe, mañana, más
calmados, habladlo otra vez.
-Pero...
-Hazme caso. –Puso los ojos en blanco.- Es lo que te
conviene, además, no parece mal tipo... Aunque sea torpe.
Se reconfortó pudiendo decir esas palabras, pese a que lo
hubiera provocado él mismo.
-Si, creo que... –Dudó, llegó a morderse el labio inferior,
gesto que a él tanto le gustaba.- Creo que tienes razón.
-Bien, ahora sí, buenas noches.
Dio un par de pasos, en dirección a la puerta de salida,
cuando la chica le pidió que parara.
-Raúl, por qué... –Su mirada se tornó acuosa.- ¿Por qué no
has aprovechado el momento para...?
Se tomó su tiempo para responder, más que nada porque ni él
mismo sabía la respuesta.
-Porque tienes los ojos tristes. –Dijo sin más.- ¿Será porque
no soy yo el que debe reflejarse en ellos?
La chica desvió la mirada.
-Buenas noche. –Canturreó con simpatía.-
Ya en el coche, no había avanzado más que unos metros cuando
tuvo que parar, la furia contenida le hacía aferrar con fuerza el volante, tanto
que incluso clavaba sus uñas en él, dejando las consiguientes marcas.
No hubo palabras, ni en su mente, ni en su boca. Tan solo una
sensación de furia, de oportunidad perdida, de estúpida caballerosidad... Una
vez más, había alejado a Estela de su lado.
Se tomó su tiempo para relajarse, después sacó el móvil.
Un rato después abría la puerta para que Marta pudiera subir
al coche.
-Vaya, no esperaba verte tan pronto. –Comentó sarcásticamente
la rubia, añadiéndole la connotación sexual a sus palabras.- ¿Todo bien?
-Sí, claro. –Sonrió, escondidas todas las emociones pasadas
en un hueco de su alma.- Solo que no me gusta dejar las cosas a medias.
-Per-ver-ti-do –Deletreó Marta, risueña, entendiendo a qué se
refería.- Además, no sé si ahora tengo ganas...
Pese a todo, fue ella la que se inclinó hacia el chico para
darle el primer beso, otra vez.
-Tengo una pregunta... –Masculló él cuando su boca fue
liberada por la chica.-
-¿Cuál?
-¿Lo has hecho alguna vez en un coche?
Continuará.
PD. Bueno, sí, como se suele decir, ir con paciencia es el
mejor remedio. Esta vez tengo poco que añadir, tan solo que paso totalmente de
intrigas palaciegas de la página (Escribo y leo para disfrutar) y que esta parte
se la dedico a un gran amigo, Manuel, por ser su cumpleaños. ¡Un placer!