POLVOS DE VERANO
Mes de Julio, último año de carrera. Han acabado los exámenes
y desgraciadamente tengo que presentarme en septiembre a dos asignaturas. Si las
apruebo ya habré acabado y podré empezar a trabajar. Estudio para ser profesor
de Educación Física que es lo que siempre me ha gustado. Se que igual no
empezaré a trabajar en un colegio o instituto de inmediato, pero seguro que de
momento puedo encontrar algún trabajo como monitor de gimnasio.
Evidentemente este verano iba a centrarme en estudiar, pero
debía encontrar también algún trabajo con el que ganar un dinero y sacar
adelante los pequeños gastos de gasolina, salidas con los amigos, ropa…
A través de un amigo de mi padre encontré una buena oferta.
Consistía en trabajar en un chalet privado haciendo el mantenimiento a la
piscina. Nunca había trabajado de eso, pero pensé que no sería muy duro y el
sueldo no estaba nada mal.
Así que un día antes de empezar, el 30 de junio, me acerqué a
verlo. Más que un chalet parecía una mansión. Era grandísimo, en primera línea
de playa, con unos jardines muy bien cuidados y una piscina enorme que incluía
hasta una cascada. Trabajaban allí una señora que limpiaba dos días a la semana
y un jardinero que acudía igualmente dos días. Yo debía acudir todos los días de
9 a 11 de la mañana durante el mes de julio y de 9 a 6 de la tarde durante el
mes de Agosto, ya que tendría que hacer las veces de socorrista cuando llegara
la familia propietaria de la casa.
Los primeros días de julio acudía puntualmente a las 9 de la
mañana. Limpiaba la piscina y a las 11 me iba a casa. Después, viendo que nunca
había nadie y que no coincidía nunca con el jardinero ni con la de la limpieza,
cambié un poco la rutina. Llegaba a las 9 y limpiaba la piscina, después me iba
a la playa a correr por la orilla, me pegaba un baño y volvía a la piscina a
bañarme desnudo y relajarme sobre una colchoneta tomando el sol.
Un día llegué a llevarme a un amigo de la carrera. Él si que
había terminado de estudiar y trabajaba como monitor en un gimnasio. Era un año
mayor que yo, tenía 25 e igual que a mi le pareció estar en un paraíso cuando
llegó al chalet. Ese día directamente nos pusimos a tomar el sol en pelotas y a
bañarnos y hacer el tonto en la piscina.
Cuando llegó la tarde, mi amigo se empeñó en entrar en la
casa para echar un vistazo. A pesar de que tenía las llaves nunca me había
planteado entrar y la verdad es que tenía curiosidad.
Entramos sin pensarlo y mientras mi amigo curioseaba cada
rincón de la casa yo me centré en ver las fotografías para ir conociendo a los
que serían mis jefes durante el mes de Agosto que era cuando llegaban. El
comedor estaba repleto de fotos, en una de ellas salía toda la familia. Eran 6.
El padre parecía tener unos 45 años, la madre de la misma edad y con un cuerpazo
impresionante, rubia y con unos pechos descomunales, el hijo mayor tendría mi
edad, unos 24 o 25, un tío alto y fuerte, le seguía una chica un poco más joven,
de unos 23 años, morena de pelo e incluso bastante morena de piel, una belleza
con unas curvas tentadoras. Para acabar había en la foto un chaval de unos 20
años y una chica joven, que parecía seguir el camino de su hermana en cuanto a
físico se refiere, de 18 o 19 años.
Una vez vista la imagen general de la familia, los ojos se me
fueron a la hija mayor. Me la imaginé desnuda, bañándose en la piscina, nadando
sensualmente…y no pude evitar que aquel pensamiento tuviera como reacción una
tremenda erección, y es que en verano estamos muy sensibles. Intente disimularla
cuando mi amigo se acercó al lugar en el que estaba.
¿Pero con que te has puesto tan cachondo? Dijo entre
risas.
Y le señalé la fotografía. Estuvo observándola un rato y del
mismo modo que a mi la polla se le puso a cien debajo del bañador.
Joder! Cómo esta la madre! – me dijo
Tu te la cascas con la madre y yo con la hija, te hace?
Y así fue como nos bajamos el bañador, pusimos la foto en la
mesa del café del comedor, y nos sentamos en el cómodo sofá de piel negra,
masturbándonos frenéticamente hasta que nos corrimos en cantidad.
Así pasó el mes de Julio, disfrutando del chalet
tranquilamente. No volví a invitar a mi amigo a acompañarme en el trabajo, ni
volví a entrar a la casa.
Llegó el 1 de Agosto. Por una parte no tenía ganas puesto que
se acababa la tranquilidad y venían mis jefes. Por otro lado me moría de ganas
de ver en persona a las bellezas que formaban parte de la familia, tanto madre
como hijas.
Esa mañana llegué a las 9 y me puse como siempre con la
piscina. Me di el último baño desnudo. La verdad es que hay una diferencia
grandísima de bañarte en bañador a hacerlo sin él. Es la sensación de libertad e
incluso parece que el agua refresca más. Sin embargo no puedo evitar excitarme
cuando lo hago y siempre acabo totalmente erecto.
No tardó mucho en llegar la familia. Oí el ruido del motor en
la calle. Un coche grande parecía. Yo seguí con mi trabajo en la piscina y me
limité a girarme y saludar cortésmente cuando entraron todos juntos. El padre
dejó las maletas en el suelo y se acercó a saludarme. Un tío simpático. Se
presentó y me presenté. Me confirmó que durante el mes de Agosto el horario
sería de 9 a 6 de la tarde, con una hora libre al mediodía para comer. Después
se fue hacía su familia, que se encontraba en la puerta de la casa, y desde
lejos pude ver como me presentó al resto de la familia. Todos hicieron un gesto
de saludo menos el hijo mayor que pasó totalmente de mí. Un musculitos engreído.
No se porque me dio que iba a tener problemas con él.
Entraron a casa con las maletas y al poco salió la hija mayor
de nuevo hacia el coche. Era más espectacular de lo que había visto en la foto.
Una morenaza, de pelo largo, y una cara realmente dulce, con ojos rasgados. Un
cuerpazo con unas curvas de impresión, de pechos tamaño medio pero firmes,
sujetos por un minúsculo top negro, y un culito con una forma adorable,
presionado por un pequeño short blanco que dejaba ver los dos pequeños cachetes
que lo componían. Las piernas larguísimas y estilizadas, morenas, muy morenas,
como el resto del cuerpo.
Tuve que hacer un verdadero esfuerzo por mantener la calma.
Desde una de las ventanas de la casa se asomó el hermano pequeño y me pidió que
acompañara a su hermana a recoger un par de maletas que aun quedaban en el
coche. Dejé entonces el cepillo de la piscina y me fui directo para allí, no sin
antes ponerme una larga camiseta de tirantes que pudiera ocultar la más que
probable erección que iba a tener al verla de nuevo.
Cuando llegué al coche la imagen fue espectacular, estaba
ella agachada en el suelo recogiendo las cosas que al parecer se habían caído de
la maleta. El short blanco estaba más tirante que nunca, metiéndose en su culito
de forma descarada.
Me apresuré a agacharme yo también a ayudarle. Una vez estuvo
recogido todo de nuevo nos incorporamos. Me agradeció con una voz muy dulce la
ayuda prestada y me dio un beso muy corto en la boca. Me dejé llevar y la cogí
por la fina cintura. La acerqué a mí y le di un beso más largo que el anterior.
Cuando acabé le dije:
no me tienes que agradecer nada, cuando me necesites solo
tienes que llamarme.
Y se fue no sin antes acariciarle suavemente el culito, cosa
que me moría de ganas de hacer y que me hubiera arrepentido tremendamente de no
haberlo hecho.
Fue cuando entonces cuando me alegré de haberme puesto la
larga camiseta.
El día pasó sin más incidentes. La verdad es que bastante
aburrido. Nadie de la familia bajó a la piscina. Y allí estaba yo, sentado en el
césped. Me puse tras un árbol a tomar el sol, también hice algunas abdominales,
flexiones…hasta que fueron las 6 de la tarde y me fui para casa.
A la mañana siguiente volví a mi hora a la casa. Estaban
todos durmiendo, así que seguí con mi trabajo y limpié la piscina. No pasaron 10
minutos cuando bajó la madre a tender la ropa en un tendedero que había entre
los pinos plantados junto a la piscina. Bajo con una bata rosa, que le venía
algo justa y que marcaba sus grandísimos pechos y su atractivo culo. Nos dimos
los buenos días y mientras tendía entablamos una tonta conversación acerca del
tiempo y del calor que hacía.
Me quité la camiseta.
Estas fuerte Javi – me dijo ella
Gracias Señora. Me gusta el deporte, voy mucho al
gimnasio
Se nota, se nota, eres igual que mi hijo
Creo que su hijo está más fuerte que yo
Seguro que os llevareis muy bien
Fue entonces cuando se quitó la bata y se quedó con un
minúsculo bikini negro cuya parte inferior era un tanga.
Así estoy mucho más fresca.
Claro señora, el calor es insoportable.
Vaya madurita!. Estaba para hacerle un buen favor. Cuando
pensaba que no podía haber empezado mejor la mañana, se quitó la parte superior
del bikini y sus despampanantes pechos quedaron al aire.
No te importa, no? Hasta que se despiertan mis hijos me
gusta hacer topless.
No, no…claro que no me importa…dije balbuceando sin poder
aparatar la mirada de sus pechos
¿Te gustan? – me preguntó
Y decidí ser directo. Claramente me estaba provocando, así
que no iba a andar con tonterías.
Pues claro señora, me está poniendo como una moto
Dejé el cepillo y me acerque desafiantemente a ella. Cuando
estuve cerca lleve mis manos a sus pechos y los acaricié suavemente,
deteniéndome especialmente en los pezones. Que volumen y que duros que estaban.
No pude evitar llevármelos a la boca y chuparlos sin descanso, mientras ella
gemía y se acariciaba el chochito por encima del bikini.
Desesperada se tumbó en el suelo y se quitó el tanga, estaba
ya muy mojada. Yo sin quitarme el bañador, saque la polla por uno de los camales
y me tumbé encima de ella. Se la metí y la follé duro. Sus grandes gemidos me
excitaban muchísimo más de lo que ya estaba. Me miraba con una cara de placer
como nunca había visto, hasta que nos corrimos. Me hubiera gustado correrme
sobre sus tetas pero me fue imposible llegar, me corrí dentro de ella.
Me estuvo besando durante un rato, demasiado rato a mi gusto,
y se fue a la ducha que había junto a la piscina. Se lavó y se volvió a poner el
bikini y la bata y se metió en casa.
Yo seguí limpiando, incrédulo ante lo que acababa de pasar.
A las once fueron bajando a la piscina. Primero el hijo más
pequeño, Andrés. Nos pusimos a hablar de fútbol durante un rato, hasta que bajó
el hermano mayor, Toni. Dijo un seco buenos días y sacó del garaje todo el
material de pesas y cosas de gimnasio y se puso a hacer su tabla. Me acerque un
par de veces a aconsejarle sobre ciertas posturas y movimientos, y aunque al
principio no le hizo mucha gracia, poco a poco empezamos a hablar. Al rato
bajaron las dos hermanas Paula y Marta, en bikini, tremendas las dos.
Paula, la mayor, me guiño un ojo cuando me dio los buenos
días. Marta no hacía más que mirarme, como buscando mi atención. Se tumbaron
boca a bajo a tomar el sol. Increíbles los dos culazos. Yo a escasos metros de
ellas, midiendo el cloro de la piscina, sin poder concentrarme en lo que hacía.
Paula llevo sus manos al culito y metió la braguita del bikini entre su rajita,
para que le diera bien el sol. Eso me puso super cachondo, tuve que volver a
ayudar a Toni con las pesas para no perder los papeles.
Estuvieron toda la mañana en la piscina y por el jardín.
Marta, la hermana pequeña, en un plan muy pesado, llamándome constantemente para
que le mirara mientras nadaba, buceaba… Hasta que llegó la hora de la comida.
Los padres, que habían ido a la playa, volvieron con algo de compra y todos se
subieron.
Antes de marcharme a la playa a comer, la madre bajó y me
invitó a comer con ellos. Pero no lo creí oportuno, y más después de lo que
había pasado. Aceptó mi negativa pero me pidió que le acompañara a la nevera del
garaje a coger una sandia que habían comprado de postre.
Dentro del garaje, y cuando ya no nos podía ver nadie, me
empujó contra la pared, me bajó el bañador bruscamente, se arrodillo y comenzó a
mamarme la polla. Incluso a tope de dura le cabía entera en la boca. Pero que
buena que era mamando! Sentía un placer increíble, sus carnosos labios recorrían
toda mi verga y cuando paraba para respirar me la meneaba tan fuerte con la mano
que hasta me hacía un poco de daño, un dolor placentero. No entendía muy bien a
que venía eso, pero me corrí dentro de su boca, mientras empujaba su cabeza con
mis manos. Mi semen se le escapaba por la comisura de los labios.
Se levantó del suelo, limpió sus rodillas, abrió el
frigorífico, cogió la sandía y se fue para casa como si nada hubiera pasado. Yo
me quedé allí, en la semi oscuridad del garaje, con el bañador por los tobillos,
y la verga llena de su saliva y mi semen. De nuevo incrédulo ante lo que estaba
pasando.
Cuando reaccioné me fui a la playa a comer.
La tarde pasó tranquila. Ellos durmiendo la siesta y yo allí
tomando el sol, durmiendo a ratos… aun no entendía porque querían que estuviera
allí todo el día. Igual desconfiaban de los hijos y querían que hubiera alguien
que los controlara…
Llegó las seis, hora de irme. A pesar de todo lo que me había
pasado con la madre no podía quitarme de la cabeza a Paula. Lo único que me
faltaba era quedarme colgado de ella…no quería, pero parecía inevitable.
Me subí al coche, que estaba en la calle, y cuando arranqué
oí unos golpes en el cristal. Era de nuevo la madre. Bajé la ventanilla y me
pidió que le llevara a una cala que había a unos 5 minutos de la casa. Me dijo
que quería ir allí a ver la puesta de sol…"pero si faltan más de 3 horas para
que se ponga el sol" pensé yo.
No se porque me temía que iba a acabar en polvazo. La verdad
es que no me apetecía mucho. La madre estaba bien pero tampoco es que me gustara
la idea de que tuviera que follármela cada vez que le apeteciera. No tuve más
remedio que llevarla.
La cala era pequeña y estaba bajo una especie de acantilado
con una rampa que la hacía accesible. Era una cala nudista y habían varias
parejas de gays tomando el sol. Yo le dejé arriba. LA vista era preciosa.
Nada más bajar del coche se quitó la bata y se quedó desnuda.
Me temí lo peor…y en efecto, se apoyo de espaldas a mi en el coche y me ordenó
que le follará el culo.
Me negué e hice el intento de subir al coche para marcharme,
a pesar de que me había puesto la polla más dura que una piedra. Digo que
intenté subir al coche porque me cogió violentamente del brazo y me empujó hacia
fuera. Caí en el suelo lleno de piedras. Cuando me levanté vi que me había
cogido las llaves del coche.
Hasta que no me folles no las tendrás – me gritó,
provocando que todos los bañistas de la cala miraran hacía arriba.
Forcejeé con ella pero me fue imposible. No quería hacerle
daño pero me negaba a follarla. Bueno, yo me negaba, pero mi polla no. Parecía
que iba a reventar el bañador.
Volvió a ponerse de espaldas, apoyada en el coche y
abriéndose con una mano el culo. Baje el bañador desesperadamente y con toda la
rabia del mundo se la clavé de un golpe, haciendo que se estampara todo su
cuerpo sobre mi recién comprado coche negro. Se la metía hasta el fondo,
mientras le apretaba fuerte las tetas. Tenía el culo super prieto y me hacía una
presión tremenda sobre la polla. Hice todo lo posible por correrme rápido, y
para ello me funcionó el pensar en su hija, en Paula. Cuando me fui a correr la
saqué y lo hice sobre su culo, dejándole todo un reguero de semen que acabó
resbalando por sus muslos.
Le arranqué las llaves del coche de la mano, la empujé
dejándola desnuda sentada el suelo, arranqué y me fui. Me sentía como un su
puto, como si me pagara para que le follara cada vez que le diera la gana.
Pasaron los días y cada vez se me hacían mas largos. Paula me
provocaba constantemente. Todo el día en bikini alrededor mía. Cuando hablaba o
estaba conmigo hacía gestos que me volvían loco. Por ejemplo metía sus manos en
el sujetador del bikini para colocarse bien las tetas, o acariciaba sus ingles
sensualmente, o convertía la braguita de bikini en un improvisado tanga,
metiéndosela en la rajita de su culo. Aun así, cada vez que le tocaba el culo,
ella me apartaba, o cada vez que intentaba besarla giraba la cara, todo sin
perder la sonrisa, pero haciéndose la estrecha de una manera increíble.
En más de una ocasión, mientras se bañaba, me escondía detrás
de los pinos y me pajeaba viendo su escultural cuerpo.
La hermana pequeña, Marta, no paraba de seguirme a todas
partes. Se había acostumbrado a tocarme el culo cuando venía a saludarme o
despedirse y me acariciaba el pecho cuando se ponía a hablar conmigo. Si su
hermana seguía resistiéndose iba a ser ella la que se llevara un buen polvazo.
Andrés, el hijo pequeño, que parecía el más normal, se pasaba
el día pajeándose en la habitación. Qué por qué lo sé? Porque el mismo me lo
contaba abiertamente. Bastaba con que viera a una tía en bikini en la playa para
que se hiciera un pajote.
Y el mayor, pues con sus pesas, aunque ya hablábamos más,
incluso algunas veces de chicas.
En lo que tuve que hacer verdaderos esfuerzos fue en no
quedarme a solas con la madre. Me sentía sucio cada vez que estaba con ella.
Seguía mirándome con una cara de deseo impresionante, haciéndome gestos obscenos
y enviándome notas que me citaban en algún lugar oculto de la casa. Por supuesto
que no respondí a ninguna de sus intenciones.
Hasta que un día se me ocurrió algo, para que me dejara en
paz y poder sentirme cómodo en mi trabajo. Le dí una nota en la que le explicaba
que tenía un amigo al que me gustaría invitar a que viera en que consistía mi
trabajo. Ella aceptó, así que le invité de inmediato.
Estaba claro que a mi colega le atraía mucho la madre, a raíz
de la reacción que tuvo aquel día de Julio cuando vio la foto.
Damián, mi amigo, llegó a las 9 conmigo. La madre ya estaba
en el jardín. El padre, entre las largas siestas, los paseos por la playa y las
jornadas de golf apenas estaba por allí.
Hice las correspondientes presentaciones. Por supuesto que
Damián no sabía nada de lo que le esperaba, pero seguro que me lo agradecería
eternamente. Se quedó de piedra cuando la vio y cuando a modo de saludo la madre
le abrazó fuerte contra sus pechos y le dio dos sonoros besos. Iba con la misma
bata y el mismo bikini con el que me folló la primera vez.
Tras llevárselo a dar una vuelta para conocer la finca,
llegaron donde yo estaba. Damián con un considerable bulto en el bañador. A
saber lo que le habría hecho. Venían cogidos de la mano.
Se sentaron en un banco que había bajo los pinos. El banco
donde yo me solía sentar toda la larga mañana. A escasos 3 metros yo seguía
limpiando la piscina. Y empezó la fiesta. Ella se quitó la bata y Damián tardó
un segundo en sacar un pecho por encima del sujetador. Se puso a mamarlo como si
fuera un bebé, mientras ella le sujetaba la cabeza y le acariciaba la fuerte
espalda.
No miento si digo que estuvo casi 20 minutos chupándole las
tetas. Primero una y después la otra.
Ella ya le había sacado la polla del bañador y estaba
meneándosela suavemente. Los papeles se invirtieron y fue ella la que agachó la
cabeza hacía la polla de Damián y la empezó a chupar. Fue entonces cuando, con
los ojos desorbitados del placer, Damián me dio las gracias. Los gemidos de mi
amigo se debían escuchar hasta en las habitaciones de la casa.
Y ya no digo nada de cuando se pusieron a follar. Ella se
sentó encima de Damián, completamente desnuda, colocando cada pecho encima de
los hombros de él, y se puso a cabalgar como si fuera una auténtica amazona. Los
enormes pechos rebotaban sobre los hombros de mi amigo y golpeaban su cara. Él
sacaba la lengua desesperadamente esperando que alguno cayera en su boca. Y
mientras tanto follaban a saco, duro, hasta que se corrieron placenteramente.
Así pasaron las tres semanas restantes del mes de Agosto,
follando en cada rincón, bajo lo pinos, en el garaje, en la piscina…5 y hasta 6
veces en el mismo día, sin descanso.
LA FIESTA DE LA PISCINA
La última semana del mes de Agosto, los 4 hijos decidieron
organizar una barbacoa nocturna con sus amigos. Los padres se fueron y les
dieron total libertad, aunque bajo manga me dieran 100 euros para que vigilara
que no se desmadrara aquello. Así que de cara a los hijos estaba como un
invitado más pero en el fondo iba a ser sus sombras durante toda la larga noche
que se presentaba.
A las 10 empezó la fiesta. No serían mas de 10 chicos y 5
chicas. Todos de edades comprendidas entre los 18 y los 23, más o menos. La
mayoría eran amigos de Paula y Marta aunque conocían bien a los dos hermanos.
Empezó siendo una fiesta tranquila, con su correspondiente baño en la piscina,
un tonteo constante de todos los tíos con Paula (cosa que irritaba de
sobremanera)…Hasta que llegó la hora de la cena. Toni y Andrés eran los
encargados de hacer la barbacoa, así que se pusieron manos a la obra. Todas las
invitadas les acompañaron, tonteando y sobando a Toni todo lo que podían y más.
El resto de chicos se quedaron en la piscina hablando. Hasta
que me di cuenta que faltaba Paula y 4 de los chicos. Me di una vuelta rápida
por el chalet temiéndome lo peor, pero no les ví, así que subí a la casa, oí
ruidos en la primera planta, así que subí. Busqué por todas las habitaciones
hasta que di con ellos.
La escena no me la puedo quitar de la cabeza. Paula con su
delicioso cuerpo desnudo, arrodillada en el suelo de su habitación. Le rodeaban
los cuatro chicos, también desnudos, turnándose para meterle la polla en la
boca. ¡se la estaba mamando y meneando a los cuatro!. Me quedé paralizado en la
puerta. Ellos ni se percataron de mi presencia. Le estaban llamando de todo,
putita, zorrita…y ella tan feliz con sus cuatro pollas en la boca.
Reaccione tarde, lo reconozco, cuando todos se estaban
corriendo a la vez sobre su linda cara. Fue cuando entré, la cogí del brazo y me
la llevé a una habitación contigua.
Pasamos a la habitación y cerré la puerta. No nos dijimos
nada. Solo se puso colorada. Cogí una toalla que había allí y empecé a limpiar
su cara y cuerpo desnudo cubierto de semen. Lo hice con toda la delicadeza del
mundo y durante varios minutos. Con el paso del tiempo solo acertó a decirme con
voz triste "lo siento".
Una vez estuvo limpia se tumbo en la cama. Seguía desnuda, y
yo tras recuperarme del shock pero aún con un ataque de celos y rabia increíble,
me iba excitando cada vez más. Me senté a su lado, y empecé a acariciar sus
labios suavemente.
¿por qué te portas así conmigo? Sabes que me vuelves loco
e intuyo que yo también te gusto…
Cuando intentó contestar algo, tras unos minutos en los que
parecía estar pensando bien la respuesta, cerré sus labios con uno solo de mis
dedos. Me incliné sobre ella y los besé, transmitiéndole, todo lo mejor que
supe, cuanto le quería. Mis labios iniciaron un sensual recorrido por su cuerpo.
Besé su barbilla, sus suaves hombros, sus duros pechos. Lamí sus negros pezones,
y disfruté saboreando su vientre. Bajé hacía sus muslos, me recree con el suave
aroma que desprendía su entrepierna. Besé los labios de su chochito húmedo, fui
introduciendo la lengua en él, saboreando cada rincón, embriagándome con su
olor. Ella se estremecía sobre la cama y tenía pequeñas convulsiones de placer.
Introduje mis dedos en ella y preparé el camino para mi
polla. El momento que tanto había deseado. Lo hice cuando me coloqué de nuevo
encima suya, acariciando su cara, besando de nuevo sus labios y conquistando su
coñito y su corazón. Le penetré con fuerza, como si en cada envestida quisiera
transmitirle que era mía y solo la quería para mi. Parecía entenderlo, pues cada
vez que mi verga llegaba a lo más hondo de ella, apretaba mas fuerte sus labios
contra los míos.
Quise correrme dentro de ella, para quedar abrazados y unidos
durante un buen rato. Sudando por el tremendo calor que hacía.
Salí a su habitación a cogerle ropa interior limpia y algún
vestido de verano. Después bajamos juntos, cogidos de la mano, de nuevo a la
fiesta.
A la mañana siguiente volvimos a la rutina. La rutina de
limpiar la piscina, la rutina de pillar constantemente a Damián follando y
devorándose mutuamente con mi jefa…solo que yo era tremendamente feliz con la
historia que acababa de empezar.
Fui como todas las mañanas al garaje a coger los productos
para la piscina. Conforme me acercaba escuchaba ruidos que venían de dentro.
Convencido que estaba de que serian Damián y mi jefa, entré sin ningún reparo.
Pero, esta vez me equivoqué.
Allí estaba Toni, con una mulata impresionante. LA chica
debía rondar los treinta años, de una belleza exagerada, de piel negra, negra.
Estaba sentada en el banco donde Toni hacía las pesas, solo con una falda negra
y un delantal blanco puesto (intuí entonces que se trataba de la chica de la
limpieza, aquella que no había visto nunca en los dos meses). La parte superior
estaba desnuda. Con dos grandes pechos que aun sin sujetador se mantenían
desafiantemente bien tiesos. Toni si que estaba completamente desnudo. Su
musculoso cuerpo totalmente en tensión, de pie, frente a la chica, sujetando con
las manos su cabeza y guiándola hacía su verga, su tremenda verga que debía
superar los 20 centímetros.
La chica tragaba y tragaba polla sin parar, desesperada por
no dejar ni un poco de ese gran trozo de carne sin chupar, y por los gemidos de
Toni estaba muriendo de placer.
Cuando me descubrió en la puerta mirando me invitó a pasar y
unirme a la fiesta. A la chica no pareció importarle, así que me bajé el bañador
y me puse junto a Toni, acercando mi polla a la boca y carnosos labios de la
chica. De cerca era aun más guapa y atractiva y sus mágicos labios hicieron
crecer mi polla hasta el límite.
Ella me indicó que me tumbara en el suelo, y lo hice. Se
sentó encima mía, clavandose magistralmente mi polla en su culito negro, y
empezó a follarme. Toni se colocó encima de ella y le follo el chochito. El
cabrón tenía fuerza, en cada envestida que le daba me dejaba aplastado contra el
suelo. Las dos pollas entraban en su cuerpo sin que le causara el más mínimo
dolor ni molestia. Por mi parte era la primera vez que lo hacía y me pudo la
excitación, de modo que me corrí antes que ellos dos.
Tampoco es que tardaran mucho en hacerlo, apenas unos
segundos después. Fue esta la experiencia que me unió definitivamente a Toni,
una amistad que todavía dura, aunque sea por mail y teléfono.
Y sin darme cuenta pasó lo que pasa siempre, que el verano
termina enseguida, casi inesperadamente. Nos creemos que va a ser una estación
eterna y no es así. Todo lo bueno siempre acaba cuando no ha hecho más que
empezar.
Y lo de acabar es un decir, porque mi relación con Paula
continuó, continúa con la misma fuerza que el primer día, aunque solo podamos
vernos en ocasiones puntuales, por lo menos hasta el próximo verano. Mientras
tanto, pues a tirar del Messenger y la webcam, pajeándonos mientras nos miramos
desnudos y nos decimos todo lo que nos haríamos el uno al otro.
Y mi suegra, pues como no podía ser de otra manera cuando
acabó el verano se olvidó de Damián y sin embargo Damián no se olvidó de ella.
Creo que incluso le tiene planeada una visita sorpresa. Hay que reconocer que es
una mujer que engancha. A mi se me sigue poniendo dura cada vez que pienso en
ella y en las veces que me la follé.
Y la hermanita pequeña, Marta, bufff, pues se merece un
relato para ella sola, siguiendo los pasos de la madre y calentando como nadie
al personal, no se si aguantaré…jejeje, ya os lo diré.