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TODORELATOS » RELATOS » SEXO, MI HERMANA Y EL INCESTO |
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[ El ocioso vale para la plaza pero no para el trabajo. ] |
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TODORELATOS.COM |
Fecha: 11 de Octubre, 2008.
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| Fecha: 10-Oct-07 |
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| El relato no es mio, lo rescate de un escritor anónimo en otro lugar pero es una historia que me hubiera encantado vivir. Espero excitada sus comentaris. Sé que va a ser el más leido. Es la historia de sexo que ás caliente me ha puesto. Disfrutenla... |
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Esta historia parecerá rozar el absurdo, no lo niego.
Extraña, alocada e incluso increíble, no lo vamos a discutir a estas alturas.
Pero lo que por otro lado me alegra es que la verdad no obedece a razones
siempre lógicas, y mucho menos a democracias casuales. Así que sin esperanza
alguna de ser creído cuento mi historia, no para ser admirado o envidiado, sino
para contar desde el anonimato lo que jamás me atreveré a firmar.
Y quizás para no pecar de originalidad empezaré presentándome, como en cualquier
relato mediocre en primera persona escrito para la autosatisfacción. De todos
modos avisaré que esta breve introducción de mi mismo va ser una sarta de
mentiras sacadas de alguna mañana de inspiración en que la televisión no fue
consuelo suficiente a mis alocadas fantasías y mi cabeza andaba loca en deseos
de enajenarse a una vida mejor.
Mi nombre es Arnau. Resultará extraño para muchos un nombre tan regional pero en
esta historia ya contada yo escribo el guión del que mi nombre forma parte y si
intentaré no mentir en cuanto a fechas, formas o sucesos, permítanme algunas
licencias en cuanto a la descripción de las personas, que todos quisimos un día
ser simplemente más.
Vivo en Catalunya (me da igual lo que diga Microsoft, aunque me lo subraye lo
voy a dejar con "ny"), lo que por imperativo legal significa la esquina nordeste
de esa gran patria de los tres barrotes que a algunos nos han obligado a
aceptar. Pero no entremos en ese tema escabroso… no es eso lo que nos ha traído
hasta aquí, ¿cierto?
¿Físicamente? Un desastre. Bueno, quizás no tanto. Más bien normalito. Mido
cerca del metro ochenta y no destaco en ningún aspecto, ninguno. Intenten
imaginarse a un estudiante de veinte años y antes de que en su mente empiecen a
dibujarse rasgos identificativos habrán hecho un retrato de mi humilde persona.
En la actualidad estudio periodismo, que si bien no consigue hacerme sentir
realizado, es lo suficientemente sencillo como para que dedique gran parte de mi
tiempo al pasatiempo nacional, ¿jugar a fútbol?, no se flipen, son otras las
pelotas que me toco.
Supongo que eso se debe también en parte a que los cabrones de mis padres están
forrados y no tengo ningún tipo de prisas en incorporarme al mercado laboral.
Aún no se muy bien a que se dedican. El cargo que tiene mi padre en la empresa
tiene un nombre realmente raro, y encima para vacilar, lo pone en las tarjetas
de visita en inglés. Por lo que a mi respecta se dedican a comprar y vender de
todo quedándose por el camino una pequeña comisión de la que nunca discuten el
color.
Resumiendo, casi cincuenta líneas para contar que no soy más que un maldito niño
de papá catalán de veinte años que estudia periodismo y tiene un ordenador con
el maldito office, pero avisé que me tomaría ciertas licencias.
Continuando con mi línea de escritor nefasto voy a situar la historia en el
tiempo como si se tratase de un cuento para niños donde más vale dejar ciertas
cosas claras antes de empezar, o como si yo fuera un simple payaso sin más
recursos literarios que la simple narración lineal y omnisciente, pero si los
tuviese no pedería el tiempo en una absurda historia de aventuras sexuales y me
entretendría en aliviar las penas del mundo explicando como un maldito loco se
monta en un caballo en busca de una tal Dulcinea del Toboso.
La historia empezó hace un año en mi pueblo, Vilassar. ¿Y saben que? No se lo
voy a describir, cómprense una guía turística que me han dicho que están
baratas.
Y sin más dilaciones, como no siento ningún tipo de obligación formal voy a
empezar a relatarles mi historia, al fin y al cabo, ¿quien obliga a nadie a
leer?
Debo empezar diciendo que para esas alturas, dos años atrás, mi experiencia
sexual era prácticamente nula, fuera de algún que otro toqueteo y tonterías
varias con las que amigas mías me habían premiado.
La casa dónde vivíamos mostraba el estatus económico de mis padres. Mi
habitación era grande y la envidia de mis amigos. En ella había todo lo que se
puede desear, desde un baño propio a una enorme y desaprovechada cama donde me
tumbaba a mirar la tele, jugar a la play o escuchar música. Lógicamente había un
escritorio con un superordenador, capricho de mi padre, al que escribiendo esta
historia he descubierto utilidades más allá de la grabación ilegal de música. Mi
riqueza (la de mis padres), no significa que esté dispuesto a pagar 1000 pelas
al corte inglés y otras mil a una productora para que un cantante se lleve
veinte duros (que gustazo representa por un momento resucitar a mi vieja amiga
la peseta, y lo que es peor ¿porqué nadie ha celebrado un funeral por el duro?,
por lo que a mi respecta es cinco veces más importante que la peseta).
Pues bien, era un domingo cualquiera (ya hemos comentado lo de mi capacidad
narrativa), y yo estaba tranquilito en mi cama y en mi mundo haciendo ver que
los vodkas con naranjada de la noche anterior no me estaban amartillando la
cabeza y disfrutando del recuerdo de alguna aventurilla nocturna, en ese estado
de semi-inconsciencia del que los padres han olvidado disfrutar.
Mi…, vamos a llamarlo hermanito, se había despertado ya y pedía a gritos algo de
libertad pero no podría obtener más que una partidita al famoso cinco contra uno
así que me limité a hacerlo esperar.
Por el ruido indescifrable que entraba por mi ventana abierta (acabo de dejar
ver que era verano, empiezo a mejorar en eso de escribir), deduje que mis padres
habían llenado la casa de gorrones deseoso de comida gratis y un baño en mi
piscina.
Supuse que mis padres no requerirían mi presencia y empecé a pegarme una solemne
paja. En esa época seguía todo un ritual. Sin abrir en ningún momento los ojos,
y intentando no salir de mi estado somnolente empezaba con una sutil caricia a
lo largo de mi…polla, seamos claros. Y bueno, aceleraba el ritmo y lo paraba y
jugaba un rato hasta que la naturaleza llamaba a la puerta, la de mi capullo,
claro.
Pues bien, estaba yo aún en las primeras caricias cuando Anna, la mujer del
abogado de mi padre entró alocada y riendo a carcajadas en mi habitación me miró
al exagerado paquete (recordemos que tenía la mano dentro de los calzoncillos),
sonrió picadamente, cerró con pestillo y se puso el dedo índice derecho delante
de los labios pidiendo silencio.
No sabía para que quería silencio, y eso me ponía nervioso. Más incluso que el
saber que una íntima amiga de mis padres me había visto en ese lamentable estado
(eso de lamentable era solo por poner algún adjetivo, que siempre quedan bien).
En un momento entendí para que pedía silencio. Se oyeron gritos desde el pasillo
de su marido que la buscaba siguiendo algún juego estúpido que no debía estar
regido por la norma de no entrar en las habitaciones.
Yo, instintivamente saqué la mano de los calzoncillos y miré a la puerta, como
si fuese a ver a través de ella quien corría por el pasillo. Entre los nervios y
el miedo no me había fijado en Anna. La conocía desde hacía mucho tiempo y
siempre me había puesto como una moto.
Estaba delante de mí, enfundada en un diminuto bikini estampado con motivos
florales. No me atrevía a decir nada en esa situación e intentaba no mirarla, lo
que conseguí solo durante unos segundos.
Sin querer empecé a mirarla de arriba abajo. Observé que su piel aún estaba
húmeda e incluso pude adivinar sus pezones bajo su bikini.
Yo estaba en un estado de trance en el que no me había encontrado nunca antes.
Ni siquiera me cuestionaba el silencio y simplemente clavé su vista en su
cuerpo. No podría hablar de altura, ni de tallas. Era simplemente esa mujer de
más de treinta años, cuidada, y con un marido viejo al que todo el mundo
atribuye una fortuna proporcional a la belleza de su esposa.
Era rubia, de esas rubias de toda la vida que logran conseguir tras muchos años
que la gente se crea que son realmente rubias. Tenía unos ojos marrones enormes,
de esos que son ignorados hasta que un día alguien decide fijarse en ellos para
no olvidarlos y era realmente guapa. Para describirla sin que quede lugar a
dudas era una de esas mujeres a las que los chavales dedicamos siempre la misma
frase: "cuando tenga cuarenta años, quiero que mi mujer tenga ese aspecto".
Pero en ese momento yo no tenía en mi cabeza más que dos cosas con sus
respectivos pezones. Supongo que ella no rompía el silencio porqué se sintió
alagada por mi cara de embobado pero al final tuvo que hacer un suave ruido con
su garganta.
Entonces la miré a los ojos. De repente me puse rojo como un tomate. ¡Ella no me
miraba a los ojos! La picarona me estaba clavando la mirada en mi hermanito, el
gamberro delatador. La situación también hizo que ella se sonrojara por lo que
me sentí algo aliviado al no ser el único que se sentía incomodo.
Pensé que haría algún tipo de comentario, pero no fue así. Se limitó a sonreír,
se giró mostrándome un imponente culo, redondito y torneado, abrió la puerta,
miro un momento fuera, se colocó bien el bikini por la parte de detrás (lo tenía
medio metido en el culo) y simplemente salió.
Yo estaba recostado sobre la cama y me dejé caer al cerrarse la puerta.
Avergonzado y excitado no puede evitar llevarme una mano debajo de los
calzoncillos mientras cerraba los ojos.
En ese momento, se volvió a abrir la puerta y Anna asomó la cabeza con una
enorme sonrisa y me dijo:
-"Cuando acabes con… ejem… eso, te vienes a la piscina".
Yo me quedé petrificado y mi polla se hinchó de golpe como si fuese a reventar y
mientras cerraba la puerta concluyó:
-"Hombretón".
Yo estaba que me moría. Solo pude terminar con esa tremenda paja. Al fin y al
cabo a ella no le había importado, así que se la dediqué.
"Va por ti"
Muy asustado, o más bien nervioso baje al primer piso, me llené un tazón de
cereales y tuve un típico desayuno de domingo a las dos del mediodía.
Nervioso, pero con mucha curiosidad salí al jardín, donde a pesar del ruido no
habían más de quince personas, algunas conocidas, otras simplemente no me
importaban y no importan, las consideraremos simples extras.
De los que conocía estaban el abogado de mi padre y si mujer (ya os he hablado
de ella), un amigo-cliente de mi padre con su mujer y sus dos hijas (prometo
hablar de las hijas, queda anotado como tema importante) y un matrimonio
realmente joven que eran una especie de ahijados de mi padre. Los dos estuvieron
haciendo prácticas en el despacho de mi padre y se ve que el era una especie de
genio de los negocios. Lo cierto es que más o menos honradamente había
conseguido una pequeña gran fortuna contando con menos de treinta años.
Antes de empezar a contar lo que sucedió aquel día os hablaré de las dos
hermanitas (no es termino cariñoso, es admiración). ¡Vaya par de hermanas! En
aquel entonces tenían diecisiete y veinte años y estaban, echando mano de frases
hechas, "pa mojar pan".
De pequeño yo había creído estar enamorado de Sonia, la menor, pero luego creció
y le crecieron y el amor desapareció para dar lugar a un sentimiento mucho menos
bonito o loable y bastante más animal.
Eran prácticamente iguales, con alguna salvedad. Nuria, por eliminación la
mayor, era algo más alta y con algo más de pecho, aunque ninguna de las dos
andaba sobrada en eso.
Las dos tenían el pelo castaño medían cerca del metro setenta y eran
terriblemente guapas, de una belleza casi diabólica. No tenían mucho pecho, o al
menos eso era lo que se decía cuando cualquiera se encontraba en la situación en
que el zorro se daba media vuelta convenciéndose de que la manzana está verde.
Pero lo que a todos traía locos eran ese par de culos. Increíbles. No eran
precisamente grandes, más bien pequeñitos, redonditos. Con unas nalgas justo en
su sitio, y al menos por ese día, separadas por un hilito de tela que llamaremos
tanga por no llamarlo maldito hijo de puta con suerte.
Lamentablemente ese día yo no estaba por prestar atención a las dos hermanitas
que llenaban mis fantasías de tríos prohibidos. Al salir al jardín solo tenía
ojos para Anna. La observé mientras tomaba el sol bocabajo, con la parte
superior del bikini desabrochada y mostrando su culo respingón, pidiendo a
gritos ser manoseado.
Mientras pensaba en como hacer que Anna se levantase de golpe y me mostrase sus
pechos un grito de mi madre me distrajo:
-"Buenos días Arnau".
Me limité a contestarla con un efusivo y típico saludo de adolescente, es decir,
levanté ligeramente la cabeza y la di por saludada. Supongo que haría algún
comentario a las señoras que tomaban el sol con ella de lo antipática que se ha
vuelto la juventud. Pero sinceramente, ¿a quien coño le importa?
Tengo que admitir que mi madre fue realmente oportuna. Al oír mi nombre las dos
hermanitas se giraron y al verme salieron de la piscina y empezaron a correr
hacia mi, estableciendo una estúpida competición de risa ruidosa, movimiento de
pechos y porqué no, como aditivo, de velocidad.
Ambas me dieron un par de sonoros besos en las mejillas y se cogieron de un
brazo cada una. Por su parte, Anna se limitó a girar levemente la cabeza,
subirse las gafas de sol y deleitarme con un pícaro guiño de ojo.
Yo entablé una conversación con Nuria y Sonia. La verdad sea dicha, tenía un
buen rollo con ellas increíble. Aparentemente eran unas chicas de una frialdad
pasmosa, paseándose siempre con unos aires de superioridad exagerado, casi
pidiendo a su paso que su suelo se llene de rosas. Pero al hablar con ellas
descubrías unas chicas normales, muy simpáticas y realmente agradables, lo que
facilitaba el pasarse horas hablando con ellas.
Aunque Nuria tenía más o menos mi edad y estudiaba en mi misma facultad, con el
paso del tiempo había llegado a tener un nivel de complicidad con Sonia mucho
más elevado y por supuesto envidiado por mis amigos que disfrutaban pensando que
entre ella y yo había existido algo, aunque fuese de forma casual.
Habíamos crecido juntos. Nuestros padres eran muy amigos y los cuatro habíamos
hecho mil diabluras juntos. ¿los cuatro? Sí, los cuatro. En esta historia falta
mi hermana, dos años mayor que yo y que aún no se donde coño andaba ese día.
Uno de los mejores momentos que he vivido fue cuando Nuria nos explicó como
perdió la virginidad no mucho antes de ese domingo. Debéis saber que de pequeños
hicimos una especie de pacto según el cual debíamos contarnos todo. Mi hermana
cumplió al desvirgarse y Nuria hizo lo propio sin sentir ningún tipo de presión.
Os aseguro que una vez vences la envidia, ver explicar a una tía buenísima como
pierde la virginidad es tremendo. Con mi hermana fue diferente, nos reunimos un
día que no estaban mis padres en mi casa para cenar y lo soltó, así sin más, con
todo tipo de detalles. Pero no nos perdamos del hilo, volvamos a la piscina.
Sonia, Nuria y yo nos sentamos en el borde de la piscina y empezamos a hablar de
cosas nuestras, como si aquel lugar fuera el más íntimo del planeta:
-"¿Qué te cuentas? Supongo que nos sorprenderás con algo interesante-empezó
Nuria muy picarona.
-"En absoluto, eso vosotras que sois las "sociables".
-"¿Que quieres decir con eso?"
-"Cosas mías, je je je je je".
-"¿Porqué siempre eres tan malo con nosotras?"
-"¿Malo yo? ¿No seré malo simplemente por tiraros al agua?
-¿Qué dices? ¿por tirarnos cuando?- la verdad es que Sonia estaba realmente
extrañada.
-"Ahora mismo".
Diciendo esto les pegué un empujoncito y como estaban apoyadas sobre las
rodillas cayeron con facilidad. Parece mentira lo que puedes llegar a
entretenerte con un empujoncito de nada.
Las dos se incorporaron en seguida dentro del agua y me miraron mientras se
colocaban bien el pelo. No parecían enfadadas. Todo lo contrario, sonreían, lo
que me hizo temer lo peor. Así que me agarré al final de la piedra que hacía de
bordillo de la piscina. No me importaba bañarme, lo haría de todos modos, era
simplemente una cuestión de autoridad y orgullo, no me podía dejar vencer.
Ellas no se dieron cuenta e intentaron arrojarme al agua muy disimuladamente
primero, con fuerza después. Al no conseguirlo, se miraron la una a la otra y
sonrieron. Malditas sonrisas. Te hacen pensar lo peor.
Cada una puso una mano en una rodilla y empezaron acariciarme la pierna. Fueron
subiendo la mano por la parte interior haciéndome unas caricias realmente
placenteras hasta que me di cuenta de su inteligente plan. Mi hermanito empezaba
a ponerse peleón y no tuve más remedio que lanzarme al agua para disimular el
bulto.
Ellas, victoriosas, convirtieron sus sonrisas en auténticas carcajadas, y
supongo que yo entendí que el hombre solo manda mientras es hombre, y la mujer
no manda hasta que se transforma en mujer.
Supongo que sus risas hicieron ver a Anna que me había olvidado por completo de
ella. Pero es que realmente con esos bellezones yo no podía tener otra cosa en
mente.
-"¿Para que quieres tu fuerza bruta?-dijo Sonia.
-"Pues ya ves, para tirarme al agua con estilo".
No hace falta decir que las risas fueron considerables. Aún hoy no se si
simplemente nos reímos, o nos estábamos riendo de mi. El hecho es que como de
costumbre la conversación empezó a subir de tono.
-"He podido observar que eres de reflejos rápidos"- me susurró Nuria.
-"No tanto como tus manos pícaras".
-"No lo sabes tu bien. Hacen auténticas virguerías".
-"Pues la mías no se quedan cortas".
Diciendo esto, Sonia me pegó un apretujón en el paquete que me dejó helado. Su
hermana nos miró extrañada. No se había dado cuenta de lo sucedido y yo intenté
seguir la conversación como si no hubiese pasado nada.
-"Desde luego que no. Vaya par… Me vais a volver loco".
-"Sabes que eso nos encanta"
-"Bueno, bueno. Vamos a cambiar de tema. ¿Preparadas para empezar el curso la
semana que viene?".
-"Mira que eres plasta"- dijo Sonia
-"Ahora que sacas el tema… ¿porqué coño pasas de mi en la uni? Nos cruzamos y ni
siquiera me saludas.
-"Pide grado".
-"¿Grado de que?"
-"¿De sinceridad?
-"Toda".
-"Tu misma. La primera es que en la universidad te vuelves completamente
estúpida. Paseas con unos aires absurdos y no estoy dispuesto a que mis amigos
me vean relacionarme con alguien así".
-"Joder. Quizás no hacía falta tanta."
-"Tu la has pedido. No te lo tomes a mal".
-"No, que va. Soy consciente".
-"Eso si que me sorprende".
-"Es una especie de defensa. Se te acercan menos tíos a tocarte los cojones".
-"Que complicadas sois las mujeres…"
-"¿Qual es la segunda?"
-"¿La segunda que?"
-"La segunda razón por la que me ignoras".
-"De nuevo debo preguntarte por el grado de sinceridad".
-"Ya que estamos, tira "palante".
-"No te lo tomes a mal"-esperé a que asintiese con la cabeza y continué-"Estás
buenísima"-ella puso cara de sorpresa por verme hablar tan sinceramente, pero se
que le gustó-"estoy harto de oír a amigos míos que quieren conocerte, que estás
tremenda, que si esto que si lo otro, solo me falta que sepan que somos
amigos…Me volverían loco".
Nuria se quedó petrificada y simplemente me miró sorprendida, pero se podía ver
satisfacción en su mirada. Le habían dicho abiertamente que estaba buena, y
auque había sido de forma vulgar le gustó.
Sonia había permanecido callada y tenía ganas de recobrar protagonismo, así que
muy melosa dijo:
-"¿Yo no estoy buena?"
No se como se me ocurrió, pero la agarré fuertemente de una nalga y le susurré
al oído:
-"De miedo".
La solté y salí del agua. Yo mismo no me creía lo que acababa de hacer. Lo mejor
no fue tocarle el culo, sino ver la cara con la que las había dejado. Se miraban
la una a la otra sin decirse nada, realmente sorprendidas.
Yo me tumbé en una butaca que quedaba libre bocabajo y me limité a tomar el sol
hasta que me llamasen para comer.
No me di cuenta, lo juro, que me había tumbado al lado de Anna. Tenía otras
cosas en la cabeza. Pero ella si se dio cuenta y simplemente me dijo:
-"¿Porqué te conformas con jueguecitos?"
Me quedé pensativo. Intentando entender a que se refería. Me volvió a la mente
la imagen de mi habitación, y mis pensamientos cambiaron de nuevo de
protagonistas. Creo no recordar un día con más calentura que ese.
Mi padre no tardó mucho en llamarnos a todos para que nos sentáramos en la
enorme mesa de piedra del jardín. Al incorporarme pude ver que Nuria y Sonia
estaban sentadas en el césped con mi hermana Laura. No se de que estarían
hablando pero la conversación era animada a juzgar por el volumen de las risas.
Lo que realmente me sorprendió al ver que mi hermana se levantó fue que llevaba
tanga. Se que tenía, pero hasta entonces se limitaba a llevarlo en la playa y
nunca en casa. Supongo que al llegar y ver que las otras dos llevaban, pensó que
mi padre no se atrevería a echarle la gran bronca. No se la echó, pero la mirada
de cabreo tuvo que dolerle.
No es que mi hermana no tenga cuerpo para ponerse un tanga, pero me ponía
enfermo verla con tan poca ropa. La había visto en la playa, pero en casa y con
gente era pasarse. Hay que poner ciertos límites de comportamiento.
La verdad, y me cuesta reconocerlo, es que el mejor cuerpo que había ese día en
casa era el de mi hermana. Estaba más "hecha" que las otras dos y era más joven
que Anna, así que todas se la miraban con algo de envidia.
Supongo que a nadie le importará lo que sucedió durante la comida, así que
simplemente pasaré de largo.
Al terminar de comer todas las mujeres, Juan y yo corrimos al agua para no
interrumpir después la digestión. Juan era el "protegido" de mi padre, el
"genio" de las finanzas.
Al principio nos limitábamos a "estar" en el agua, sin más. La compañía de Juan
me aliviaba, así que empecé a hablar con él de cosas de hombres, es decir, de
mujeres.
Empezamos a analizar a todas las allí presentes de arriba abajo. Tuvo el detalle
de no comentar nada de mi madre. Pero no se pudo resistir a hablar de mi
hermana:
-"Oye macho, no te ofendas, tu hermana está como un puto tren. Me gustaría que
mi mujer tuviese un buen par de tetas".
No pude más que reírme, auque le hubiese metido el comentario por el culo.
No nos dimos cuenta, pero como nosotros pasábamos de ellas, decidieron jugar a
un juego, al que nos invitaron y nos obligaron a jugar sin que nuestra opinión
contase. El juego era realmente estúpido, era una especie de pilla-pilla
acuático en el que lógicamente no se podía salir del agua y las tres escaleras
metálicas eran "casa". Si todo el mundo menos el que pillaba estaba agarrado a
las escaleras, tenían veinte segundos para salir y tenían prohibido volver en el
minuto siguiente. La cosa rara es que para salir se necesitaba que alguien te
tocase. Estúpido lo era, pero nos obligaron.
Aceptaron no hacernos empezar a nosotros perseguir. Es más, Anna se ofreció
voluntaria para empezar ella.
Al principio fue nadar arriba y abajo y la cosa parecía bastante normal. Luego
Anna se medio obsesionó conmigo y me perseguía como una loca. Al final, cansado,
paré de nadar un momento y en vez de simplemente tocarme un brazo o la cabeza se
tiró encima y me hizo una ahogadilla, al hundirme empecé a patalear, la agarré y
la hundí también a ella y saltaron las risas. Todas menos la mía.
Debajo del agua y muy conscientemente, con el ajetreo que nos llevábamos me
acarició durante unos segundos el paquete. No es que me desagradase pero
comprendí que eso merecía respuesta.
Al sacar la cabeza a coger aire vi como todos seguían riendo y me alegré de que
no se diesen cuenta. Pero decidí ir a por Anna.
Al principio tuve que disimular y hacer ver que iba a por todas, pero me resultó
muy difícil porqué parecían dejarse pillar. Pero en unos momentos ya pillé a
Anna y le devolví la ahogadilla, lógicamente se defendió y me hundió a mí con
ella, lo que aproveché para manosearle las tetas debajo del agua.
Al sacar la cabeza del agua empecé a alejarme pero todo el mundo la estaba
mirando. Se le había salido una preciosa teta del bikini y que coño, yo también
me entretuve a mirar hasta que ella se la escondió y se puso colorada.
Entonces todos me miraron a mí hasta que una se puso a reír y todas rieron
quitándole importancia. De todos modos mi madre se olió algo a juzgar por su
cara, así que Anna y yo dejamos el juego ahí temiendo que se diesen cuenta.
A la hora de estar jugando y de estar todos realmente cansados me había llevado
unos cuantos manoseos de paquete. Tanto la mujer de Juan, como Sonia como Nuria
hicieron lo mismo que Anna. Eso no fue nada.
Lo que realmente me repugnó fue cuando mi hermana, harta de no divertirse me
echó la mano al paquete. Eso me dejó helado y creo que en ese momento fue cuando
mi madre se dio cuenta del jueguecito submarino que nos llevábamos y lo paró ahí
diciendo que todos debíamos estar cansados y que lo mejor era parar para tomar
una limonada.
Al rato de estar ahí, sentados a una mesa del jardín Sonia dijo que le hacía
gracia ir al gimnasio. Bueno, no lo he dicho, en el jardín tenemos un gimnasio
subterráneo que tiene unas ventanitas a la piscina. Supongo que el cristal debe
ser la leche de gordo.
Diciéndolo me guiñó un ojo. Nunca he destacado por inteligente pero supuse que
quería que la acompañara, así que lo hice, cualquiera se negaba tal y como se
había puesto el día.
Los dos fuimos hacia el gimnasio solitos, pero antes miré la cara de mi madre.
Parece ser que no le importaba que tuviese mis jueguecitos con alguien de más o
menos mi edad dada la mirada de consentimiento que me soltó. Debo decir que
también hubo algo de cabreo entre las presentes y alguna que otra sonrisa
pícara, que cada cual decida de quien eran.
Mientras andábamos no pudo resistir hacer algún comentario del jueguecito:
-"Joder como te metía mano la vieja esa"
-¿Quién?
-"Coño, Anna, he visto como te sobaba el paquete tres o cuatro veces. No se
porqué no le has montado un escándalo".
-"Tu tampoco has tenido las manos quietas".
-"Bueno, cuesta retenerse. Espero que no te haya importado. Claro que tú tampoco
las has tenido quietas. Me has dejado las tetas bien sobadas".
Diciendo esto ya habíamos entrado en el gimnasio y ella empezó a hacer
pectorales en una máquina mientras yo me la miraba.
-"No te las he tocado a penas".
-"Cierto. Pensaba que te aprovecharías más de la situación".
-"Me daba reparo".
-"No seas tonto. Si me gusta que me las toques. Y ahora me las estoy poniendo
más duras haciendo pesas. Mira, mira como trabajan los pectorales…"
-"Mujer. Eso no se ve"
-"Pues toca"
Debo reconocer que me dio mucho apuro. No podía resistirme, pero la situación
era demasiado violenta. Así sin más, comprobar como trabajaban los pectorales…me
pareció muy…no se, violento, no hay más.
-"¡Va! Toca.
Esas palabras no se si me asustaron o me animaron, pero empecé a magrearle las
tetas por encima del bañador. Supongo que en ese momento mi cara era la de un
completo idiota, pero que me quiten lo bailao.
Quise quitar ropa de por medio, pero no me atreví. Con mucha suerte conseguí
encontrar el valor para meter una mano dentro del sujetador y pellizcarle
suavemente un pezón.
Justo entonces oímos unas carcajadas desde la puerta. Eran mi hermana y Nuria
que lo habían visto todo.
-"Mira que cara de tonto pone mi hermanito".
-"Pues anda que mi hermanita".
Yo no me atreví a decir nada pero Sonia replicó.
-"No riáis estúpidas".
-"No te enfades. Solo nos hemos divertido un poco. Habíamos comentado entre
nosotras dos que quizás rompíais el pacto y ya no erais vírgenes, pero viendo
vuestras caras estamos seguras que sí".
Lógicamente volvieron a reír i continuaron con las bromas.
-"Hemos pensado que podrías solucionar ese problema juntos. Y nosotras podríamos
verlo. Sería realmente divertido ver esas caras durante un polvo entero".
Y venga risas y más risas. No pude evitar ponerme de pie en plan gallito.
-"No te pongas así tete. Vete a duchar a tu habitación. Nosotras nos ducharemos
en el vestuario del gimnasio. Así aprovechamos para hablar".
Al menos Sonia se quedó tan chafada como yo y me limité a salir calladito del
gimnasio, con el rabo entre las piernas.
No había acabado de subir las escaleras cuando pensé que eso no podía quedar así
y di media vuelta para dejar algunas cosas claras y hacerme el cabreado. Pero al
entrar de nuevo en el gimnasio ya no estaban. Se habían metido en las duchas de
donde venían un montón de risas. Pensé que estarían acribillando a la pobre
Sonia y me acerqué a escuchar.
Las duchas del vestuario eran grandes. Cabían tranquilamente cinco personas en
la "comunitaria" y a parte había una individual que casi nunca se usa.
Los bikinis estaban tirados por el suelo del gimnasio lo que inconscientemente
ya me puso cachondo. Pero intenté no desconcentrarme para mostrarme cabreado e
impresionar a Sonia.
La sorpresa fue que cuando me acerqué oí que Sonia también reía. No quise mirar
pero no puede evitar escuchar de lo que hablaban:
-"Hermanita, lo has hecho muy bien. Lo tienes loquito".
-"Me ha costado lo mío. La zorra esa de la Anna también le ha echado el ojo".
-"¿Estás segura? ¿A mi hermano?"
-Te lo aseguro. Esa también se lo quiere tirar".
-"Joder con mi hermanito".
-"Tu tranquila hermanita. Arnau es tuyo. Nosotras te ayudaremos".
-"Gracias".
-"Recuerda que nos tienes que dejar mirar cuando mi hermano te desvirgue".
-"Soys…".
-"Era el trato".
-"Lo se, lo se".
Diría que me ofendió esa conversación, pero no fue así. Me alegró. Si bien es
cierto, decidí ponerles las cosas algo difícil y jugar con ellas.
Ya me iba cuando recordé que ni siquiera había echado un vistazo a sus cuerpos
bajo la ducha y ya no pude pensar en otra cosa ni resistirme a la tentación. Me
frenó un poco saber que mi hermana también estaba bajo el agua, pero que
demonios…
Me acerqué sigilosamente a la puerta entreabierta y observé un momento. Me quedé
boquiabierto. Las dos hermanitas estaban enjabonando a mi hermana, si se puede
decir así. Más bien le estaban metiendo mano por todos lados. Fue una sensación
increíble ver ese par de hembras desnudas masajearle las tetas a mi hermana
mientras seguían hablando con toda naturalidad.
Estaban realmente buenas. Me fijé en Sonia y en sus pechos. Eran los más
pequeños, no con mucha diferencia con los de su hermana. Pero me obsesionaba
saber que minutos antes habían estado entre mis manos.
Luego me fijé en su mata. Era la única que la llevaba completamente depilada y
me dio mucho morbo. Nunca había visto a ninguna mujer desnuda en carne y hueso y
volvía a estar medio embobado.
Podría jurar aún hoy que esa es la imagen más espectacular que he visto. Ver el
agua recorre sus cuerpos fue increíble, pero que se manosearan la una a la otra
me descolocó.
Recuerdo estar observando la mata recortadita de Nuria cuando mi hermana pegó un
jadeo. Miré a mi hermana y la pequeña y no tan inocente Sonia tenía su mano
jugueteando en la concha de mi hermana. Pude observar como un dedo jugueteaba e
intentaba entrar.
Mi hermana no se hizo de rogar. Se abrió ligeramente de piernas y el dedo hizo
el resto.
Yo por mi parte no pude ver más, dejé a mi hermana con Nuria mordisqueándole un
pezón y Sonia con una mano jugueteando por sus partes más íntimas.
Al salir al jardín vi que todo el mundo seguía reunido alrededor de la mesa, así
que sin decir nada y con la mente aún turbia subí a mi habitación a pegarme una
ducha y porqué no decirlo, una severa paja.
Estaba yo ya en la ducha jugando con mi hermanito a eso de subir y bajar pieles
cuando de repente se corrió la cortina. La verdad es que no supe reaccionar,
pero al salir del trance momentáneo vi que no era el único desnudo del baño.
Anna había decidido hacerme una visita y no sabéis como me alegró.
La miré detenidamente. Estaba completamente desnuda. Intentaré describirla hasta
donde pueda por difícil que resulte.
Tenía los pechos grandes, más que mi hermana y en absoluto caídos. Tampoco diría
que enormes. Simplemente unos pechos como dios manda. Debo reconocer que quizás
son los mejores que he visto sin operar.
Tenía los pezones doraditos y ya mostraban que tenían ganas de guerra. Eran del
tamaño justo y estaban en el sitio idóneo.
En cuanto a lo de más abajo…recortadito. Con algo de pelo pero no mucho, lo
justo para no poder decir que está depilado. Supongo que esperaba algún gesto de
aprobación por mi parte así que se dio la vuelta y me mostró su perfecto culo.
Estaba en el paraíso. Se volvió a girar y me miró. Inconscientemente solté un
soplido que ella entendió perfectamente y mientras entraba en la bañera me dijo:
-"Gracias, me alegro que te guste".
Yo no dije nada. Estaba allí mirándola como un tonto cuando se vio obligada a
decir:
-"¿Continuo yo?"
No sabía a que se refería. Me miré a mi mismo y me di cuenta que había estado
todo el rato con la polla en la mano. Inconscientemente la solté y en menos de
cinco segundos ya la había agarrado con sus manos y las movía mientras me la
apretaba.
Me hubiese conformado con eso, la verdad, auque lógicamente ella no. Se la
estuvo mirando un rato mientras yo me moría de placer. Mirándome a los ojos le
dio un beso en la puntita y sentí como si una bocanada de sangre me llegase a la
polla y duplicase su tamaño. Ella se dio cuenta que me había gustado lo del
besito y repitió.
Ya no tuvo el mismo efecto y lejos de decepcionarla lo que hizo fue animarla a
meterse a mi hermanito entero en su boca. La imagen era increíble y realmente
excitante. Empezó a darme una gran mamada y tarde realmente poco en correrme.
Supongo que por mi inexperiencia no la avisé y casi se me atraganta.
-"Deberías haber avisado".
-"Perdona ¿porqué?"
-"No soy una maldita actriz porno. No me gusta tragarme la leche de nadie".
-"Perdona. Yo…".
-"Tranquilo rey. La próxima vez aguantarás más y nos lo pasaremos mejor".
-"Lo siento".
-"No pasa nada. Vamos a limpiarnos".
Diciéndome esto me dio un beso en la boca y el sabor fue asqueroso. Sabía que
era el sabor de mi propia leche, pero era asqueroso de todos modos.
-"Verdad que es asqueroso"-dijo al darse cuenta de mi cara-"pues no me lo
vuelvas a hacer tragar a mi"- y continuó riéndose.
Me dio una esponja y se giró para que le frotara la espalda. Lógicamente accedí,
aunque no me limité a eso. Una vez le limpié la espalda empecé a frotarle todo
el cuerpo. Primero el culo, aunque reconozco que me entretuve poco en esas
labores y pasé a sus pechos.
No eran tan duros como los de Sonia, pero eran bastante mayores y me encantaba
sentir su peso sobre mis manos. Pude ver que ella cerraba los ojos y se dejaba
hacer, así que continué a lo mío.
Lentamente fui recorriendo su vientre. Estaba duro, y al acariciarlo noté los
abdominales bajo su piel lo que me mostró que no su cuerpo no era fruto solo de
no tener hijos, sino de horas y horas de gimnasio.
Y por fin llegué a su conchita. Al principio solo me limité a pasear mi mano por
encima y a notar en la palma todas las formas y volúmenes. Era de esperar que no
tardaría en ponerme a marcar la una y así fue. Ella notó como mi hermanito
completamente duro se recostó entre sus nalgas, sonrió pícaramente y me dijo:
-"No podía tardar en resucitar".
Se dio media vuelta y puso un pie sobre el mármol de al lado de la bañera
mostrándome su coño en todo su esplendor.
-"Todo tuyo".
Yo estaba muy nervioso y no sabía exactamente que hacer. Por un lado quería
degustarlo, probarlo. Pero por otro solo pensaba en clavarla de una vez. Supongo
que seguí mis instintos me acerqué y con mucha torpeza conseguí meterla.
La sensación de estar ahí metido por primera vez ha sido una de las más intensas
de mi vida. No solo el hecho de clavarla. Esa sensación de calor…, tener toda mi
polla envuelta y notar que está apretada… fue increíble.
Al principio ni siquiera logré moverme. Luego, supongo que harta de esperar,
empezó a moverse ligeramente. Simplemente movía su culito adelante y atrás
mientras yo me abrazaba a ella incrédulo y atónito.
Una especie de corriente me atravesó el cuerpo y di como una sacudida. Supongo
que ella notó que me corría y me dijo a la oreja muy bajito:
-"Córrete dentro. Tomo pastillas. Me gustará sentir el calor de tu leche dentro
de mi".
Y eso hice, simplemente deje que fluyera. Ha sido el polvo más corto de mi vida
pero es quizás el que recuerdo con más detalle.
Después nos duchamos deprisa para que nadie nos echara en falta y nos fuimos al
jardín. Claro que ella bajó primero, yo tuve quedarme en mi habitación repasando
en mi cabeza todo lo que me había sucedido aquel día. No solo mi desvirgación,
sino también lo visto en el lavabo o los jueguecitos con Sonia.
Demasiado para un solo día.
Cuando bajé al jardín bien vestidito, con mis tejanos y mi camisa recién
planchada desperté un murmullo de cachondeo.
-"Guapo"-Exclamó mi madre provocando las consecuentes risas.
A la que alguien se viste un poco bien parece que tenga que tener algún motivo.
Pero este no existía solo iba a ver a un par de colegas en Mataró, la ciudad de
al lado, que aún eran las siete de la tarde y quedaba mucho por delante. Lo malo
es que como buen anfitrión se esperaba de mi que no fuese el primero en
abandonar la reunión y tenía que esperar a que la gente se empezase a ir, aunque
observando el estado de embriagadez de algunos y que quedaba ginebra y güisqui
para un rato pensé que quizás tardaría más de lo deseado para ir a explicar lo
sucedido a mi amigo Carlos.
No vamos a entrar a discutir la necesidad que tiene cualquier hombre de hacer
pública la más mínima aventurilla sexual que le ocurre. Es una necesidad como
cualquier otra conocida seguro por todas las mujeres.
Observé que todo el mundo se había puesto algo más de ropa y que las tres
señoritas que me habían dado un grandísimo espectáculo en la ducha se habían
arreglado como si fuesen de ligoteo. Muy sutilmente, pero se habían pasado un
buen rato peinándose y la ropa que llevaban no era la primera que les había
salido del armario.
Me detuve también a mirar un momento a Anna y se que no fui el único que se
percató de la mirada pícara y el guiño que me dedicó con toda la picaría del
mundo. Aún no se si quería ponerme nervioso o dar celos a la pobre Sonia. Fuera
lo que fuese, consiguió ambas.
Por suerte o por desgracia las mujeres tienen un alto sentido de competitividad
y Sonia no tardó en contraatacar:
-"Sientate con nosotras Arnau".
Mi hermana, Sonia y Nuria estaban algo apartadas de los "mayores" en una mesa
redonda jugando una partida al "trivial". Cualquier cosa es buena mientras
esperas, y supongo que ellas me esperaban a mí para continuar con su jueguecito
del cual, por suerte, yo ya sabía lo más importante.
Como era de esperar hice caso y me senté en una silla que parecía llevar mi
nombre escrito, entre las dos hermanas y enfrente de la mía.
Al principio no me sentía muy a gusto e iba dejando que ellas hiciesen sus
bromas y que riesen a gusto, pero pronto me sentí suficientemente bien entre
ellas como para seguirles la corriente.
-"Bueno, ya llevas cinco minutos aquí sentado, ¿vas a jugar o no? ¿o tienes
tanto miedo como le tocas las tetas a mi hermana?-lógicamente seguido de risas
de Nuria y de mi hermana. Supongo que Sonia no acababa de encontrarlo gracioso.
-"La cara de tonto que está poniendo mi hermanito me recuerda a algo…ah, sí, ya
se"- y más risas.
-"En fin, si quieres jugar te toca. ¿O eras tu quien tocaba?"
Supongo que podría seguir así un bueno rato si no fuese por la cara de Sonia.
Debía defendernos. Este tipo de conversaciones las mantengo a diario con los
colegas, pero con mi hermana y unas amigas no lo podía permitir.
-"No te quedes pasmado. No otra vez"
-"¿Como te quedas tu con tus amigas?"
Supongo que mi hermana se sorprendió. No se si por atreverme a responder o
porqué empezaba a pensar que yo sabía que le iba un poco de todo. Lo cierto es
que se quedó helada y como Nuria pareció no enterarse siguió con las bromas.
-"Vamos a seguir jugando".
-"Venga va, dejémonos de bromas y continuemos"
-"A ver si acabamos la partida"-continuó mi hermana, más por ganas de cortar el
tema que de jugar.
Sonia pareció aliviada al ver que íbamos a jugar por fin, pero su hermana
necesitaba continuar con las coñas:
-"Bueno, y si no acabamos…tu hermano está acostumbrado a dejar las cosas a
medias"
Como fue la única que se rió entendió que algo no iba bien, así que simplemente
se calló y continuamos la partida.
Mi hermana estaba visiblemente nerviosa y ni siquiera sabía como continuar la
partida. Llevábamos una hora dando vueltas por el tablero inútilmente cuando
medio mosqueada dijo, casi nos ordenó:
-"Vamos a cenar a Mataró nosotros cuatro. Estaremos más tranquilos".
Como ninguno de los cuatro parecía estar disfrutando de la situación, todos
aceptamos de buen grato. Yo hubiese preferido ir a ver a Carlos pero al fin y al
cabo iba a ser la envidia de todos los hombres que me encontrase. Además, me
apetecía estar con Sonia un rato, y a lo mejor podría conseguir que ese rato
fuese a solas.
Nos despedimos con un simple adiós, gritando que cenaríamos en Mataró y uno de
los padres (no sabría decir quien) se limitó a decirle a mi hermana que
condujese con cuidado. Al fin y al cabo era bastante novata en eso de conducir.
Yo me senté detrás con Sonia. Al montarse en un coche se siguen una especie de
normas muy extrañas. En principio los mayores se sientan delante. Eso cambia si
por ejemplo en el coche van dos matrimonios, en ese caso lo normal es que los
dos hombres vayan delante. Alguien debería resumir un poco todas las situaciones
en las que debes sentarte detrás, excluyendo claro está en las que conduces.
Solo salir del garaje miré a Sonia y le hice un pequeño gesto preguntándole que
pasaba, a ver que soltaba. Ella se limitó a mover la cabeza hacia delante,
queriéndome hacer creer que toda la culpa era de nuestras respectivas hermanas.
Supongo que en el fondo así era. Ella se limitaba a dejarse llevar pero yo tenía
clarísimo que sabía de qué iba el juego. No me importaba en absoluto, pero me
molestaba que me perdiesen el respeto de ese modo.
Puesto que todos nos habíamos sentido incómodos en cierto grado por la situación
ante el tablero del trivial ninguno articulo palabra durante el trayecto. Quizás
sería exagerado decir que mi hermana me asustaba estando callada tanto rato.
Posiblemente estaba concentrada en la carretera, pero estoy completamente seguro
que durante el viaje maquinó algún jueguecito de los suyos para traernos a todos
de cabeza.
Hubo otra cosa que me resultó molesta durante el viaje. Yo tenía la mano apoyada
en el asiento entre yo y Sonia y sin aviso previo me la cogió suavemente. Como
acto reflejo la miré y estaba tan tranquila, observando los árboles pasar por la
ventan. En principio debería ser algo tierno que te cojan la mano pero me puso
muy nervioso. No se que esperaba de mi. En realidad, ahora si lo se.
Llegamos al restaurante y seguíamos sin articular palabra mientras leíamos
detenidamente la carta. Yo estaba sentado de nuevo al lado de Sonia y lo que es
peor, empezaba a gustarme estar a su lado y me tranquilizaba aunque me daba unas
ganas terribles de hablar que no vencían el miedo de romper el silencio.
Por suerte tuvimos que pedir. El silencio estaba roto y a mi hermana no le
importó seguir hablando en un tono muy serio. Por suerte éramos grandes amigos
los cuatro y ya habíamos mantenido conversaciones muy íntimas y serias:
-"Muy bien, ya somos mayorcitos. Hemos hablado muchas veces sin tapujos, así que
volvámoslo a hacer. ¿Qué sabes?"
-"¿Qué se de que?"
-"Ya sabes de que hablo. ¿Que es eso de cómo "me quedo con mis amigas"?"
-"Primero de todo te pido perdón, yo soy algo más educado que vosotras…"
-"Perdona"-me interrumpieron las tres.
-"Se, y no me preguntes como que te va un poco de todo".
-"Mierda. ¿Cómo coño sabes eso?"
-"No te enfades. No se lo diré a nadie".
-"¿Como lo puedes saber? Solo lo se yo, Nuria y…"-Sonia, llorosa le pegó una
patadita por debajo de la mesa temiendo ser descubierta ante mi en ese momento
en que las cosas le empezaban a salir bien"-y una amiga que no viene al cuento".
-"Así que deduzco que estáis liadas, je, je, je. Tiene su gracia"
-"¿Como deduces eso?"
-"No hace falta ser un genio. Si lo sabéis vosotras dos, tendréis que estarlo,
¿sino quien?".
Se callaron porque pensaron que las había pillado y me contesté a mi mismo.
-"Pues con la amiga que no viene al cuento".
Nos reímos todos y dimos por sentado que ellas estaban liadas. A partir de ese
día creo Sonia no jugó más con ellas y según ellas se convirtieron en una pareja
más o menos estable. Lo sorprendente es que ellas iban teniendo sus novietes
aunque con la seguridad de tener siempre alguien esperándote.
-"Bueno, ya que nos has pillado en esto continuaremos hablando hermanito".
Sonia se agarró a mi mano muy fuertemente. Al mirarla pude ver que estaba a
punto de llorar y me supo realmente mal.
-"Nosotras teníamos un plan"-nueva patadita de Sonia-"Me refiero Nuria y yo, en
el cuál tu acabas en la cama con Sonia".
Sonia no pudo más y empezó a hablar casi chillando. Se sintió amenazada. En ese
momento me di cuenta que quizás se había enamorado de mi sin tenerlo previsto y
no podía permitir que se le fuese de las manos.
-"Cállate ya. No te vas a meter en mi vida privada. Olvida todos tus planes.
Cállate".
Diciendo esto me dio un beso… el mejor que había vivido hasta entonces, y creo
que hasta ahora. Por su parte mi hermana se decepcionó un poco. Entendió que no
le dejaría ver como la desvirgaban.
Lo que con el tiempo he logrado entender es que todo empezó como un juego. Sonia
se dejó llevar por las otras dos y acabó enamorada.
Si tengo que ser sincero diré que me sentía algo acorralado. Yo no había hecho
nada para provocar esta situación. Sonia estaba muy buena, pero no sentía nada
especial por ella. Por supuesto que quería tirármela, pero me sentaría muy mal
romperle el corazón.
Esa noche la terminé como pude. Nos dimos unos cuantos besos mientras mi hermana
y Nuria nos miraban embobadas, contentas, orgullosas y felices de creernos
completamente enamorados.
Decidí no llamarla en unos días esperando que se olvidase de mí y no tuviese que
romperle el corazón. Que equivocado estaba. "Pa" tozudas las mujeres.
El lunes llegó por fin. Digo por fin porque yo estaba de vacaciones, que si no
otro gallo cantaría. Y yo solo podía pensar en evitar a Sonia y en volver a ver
a Anna y intentar cepillármela otra vez, aunque tenía la impresión que sería de
nuevo ella quien se me cepillase a mí.
Por suerte me llamó ella. Yo no me hubiese atrevido nunca. Lo que primero me
estaño fue que tuviese mi número del móvil pero ni mucho menos me entretuve en
pensar en esa tontería. La conversación fue realmente corta:
-"Hola Arnau. Mi marido está de viaje. Ya sabes donde vivo. Móntatelo para
dormir esta noche en mi casa"
-"Eee…vale"
-"Adeu"
Y colgó sin más. Fue increíble, me dejó helado. Por suerte tenía una forma
perfecta para pasar la noche fuera. Llamé a Carlos.
-"Carlos…"
-"Si dime Arny"- sabía que odiaba que me llamasen así.
-"Te necesito de coartada".
-"Hecho. ¿Qué pasa?"
-"Tengo plan tío. Ya te lo explicaré más a fondo. El viernes voy a tu casa
echamos unas plays y lo hablamos".
-"OK"
-"Adeu"
-"Adeu"
El tema estaba solucionado. Solo tenía que decir en casa que me quedaría a
dormir en casa de Carlos y punto, mis padres estaban acostumbrados.
Era de esperar que mis padres aceptasen que yo pasase la noche en casa de
Carlos. Lo había hecho desde pequeño con cualquier excusa. Bien porque teníamos
que estudiar toda la noche o simplemente para pasarla jugando al ordenador o a
la consola de turno.
También me iba bien cuando salíamos de marcheta y así no tenía que coger la moto
medio borracho a las seis de la mañana.
Mi madre se extrañó de que me perifollara tanto para ir a casa de Carlos. Creo
que se pensó que había quedado con Sonia y simplemente me sonrió maliciosamente.
Estaba algo equivocada y no me gustó nada que otra mujer estuviese pendiente de
que yo me liara con Sonia. Esto había llegado a ser un complot.
No me rompí mucho la cabeza con eso. No podría ser muy difícil evitar a Sonia y
desde luego que en ese momento había cosas más importantes que hacer.
No tenía la más mínima idea de a que hora se suponía que tenía que llegar, y
mucho menos si tenía que aparecer con algo, del palo una botella de cava o de
vino.
Pensé largo y tendido sobre eso. En principio hubiese quedado mal no aparecer
con una botella a la casa de una dama, pero me daba muchísima vergüenza pasearme
con una botella por aquel barrio de gente rica o encontrarme a alguien en el
ascensor y que me viese bajar en el quinto piso con una botella de cava con un
lacito rojo.
Por alguna razón comprendí que lo importante era quedar bien con quien me tenía
que dar una noche de placer y le robé una botellita de cava a mi santo padre. Al
fin y al cabo tenía muchas y según él, lo que hay en casa es de todos.
A las siete de la tarde aparecí ante la puerta de Anna muy nervioso todo lo bien
vestido y perfumado que pude.
Al llamar abrió la puerta con un camisón de seda blanco de tirantes y el pelo
recogido diciendo tonterías:
-"Perdona que esté con este aspecto, estaba a punto de darme una ducha. Pero
entra, entra y siéntate".
No pude más que articular un simple "hola" y me senté en un sofá de la sala de
estar. "Con este aspecto", ¿Qué coño quería decir con eso? Por lo que a mi
respecta esta para comérsela, con ese mini-camisón que le tapaba poco y dejaba
entrever todo el resto. ¡Mujeres!
-"Sírvete algo"-Me gritó desde el lavabo.
Yo no me encontraba muy a gusto ahí sentado solo. Así que me levanté con la
intención de tomarme algo, y no se como se me ocurrió ir al baño a ver como se
duchaba. No creí en ningún momento que le fuese a importar.
No tenía ni idea en que baño estaría, pero oía perfectamente el agua correr, así
que seguí al ruido y me encontré con un baño con la puerta abierta y un pedazo
de mujer dándose una ducha sin correr la cortina.
Me quedé un momento observando el espectáculo. Se enjabonaba cuidadosamente.
Dándose unas caricias lentas y suaves. Al principio se manoseaba las tetas,
luego empezó a acariciarse el pepote.
En todo momento tenía los ojos cerrados y estoy seguro que estaba disfrutando
del baño como nunca.
Ver el jabón resbalar por sus grandes pechos hasta llegar a los pezones, duros
por el efecto de sus propias caricias para desprenderse hasta el suelo hizo que
mi desacostumbrado hermanito se puniese del palo reloj de sol.
Supongo que yo me encontraba en un estado similar al suyo, algo más pasivo
quizás, pero igualmente ausente, concentrado en lo mismo, hasta que me despertó:
-"¿Qué coño haces?"
-"Yo…"
-"Sal de aquí"
Debo reconocer, para no faltar a la verdad, que yo ya me veía a mi mismo echando
otro polvote bajo la ducha, y cómo esos no eran sus planes no me quedó más
remedio que ahogar mis ganas en un cubata que yo mismo me preparé. Me sentía
algo defraudado. Había salido de casa como un triunfador y estaba solo
bebiéndome un cubata después de ser rechazado…, las cosas no iban por donde
debían.
No lograba entender que le había pasado. Ya la había visto desnuda e incluso me
la había tirado en un escenario muy parecido a ese. ¿A que venía ese repentino
cabreo? De nuevo solo puedo decir una cosas, ¡Mujeres!
Solo tardó media hora en aparecer (nótese que lo escribo con cara irónica). Yo
me había repasado la colección de música entera de su marido, de la que solo se
podía aprovechar algún CD del grandísimo Bruce, me había metido tres cubatas
entre pecho y espalda y porqué no decirlo, empezaba a mantener un serio debate
con la gravedad.
Pero valió la pena, madre mía si valió la pena. Apareció como una diablesa.
Peinada y maquillada de gala y vestida…, madre mía. Se había puesto unas
braguitas rojas a juego con el corsé, y las medias. Por encima de eso llevaba un
camisón de gasa que parecía flotar en el aire.
-"No debes invadir la intimidad de una mujer".
¿Como coño me daba otro sermoncito? Me daba igual lo sucedido antes. Al ataque
mis soldados. Como dice un amigo, "en tiempo de guerra un agujero es una
trinchera" y por Dios que estamos en guerra.
-"Has entendido"-supongo que esperaba alguna respuesta por la pseudo-bronca que
me acababa de llevar.
-"¿Eh? Sí, claro, claro"- balbuceé algo parecido a eso, no estoy muy seguro.
Lo que si recuerdo fue que me cogió de una mano y tiró de ella para llevarme a
su cuarto. Repasé su cuerpo enterito. Las braguitas eran un tanga espectacular.
No eran solo un hilito por detrás, tapaban algo menos de medio culo. ¡Y que
culo! Increíble de nuevo, morenito, respingón…, perfecto. La tela de la bata se
le pegaba al terminar cada paso mostrando al detalle todas y cada una de las
perfectas formas de las que hacía gala y despertando en mi cierto sentimiento de
envidia, pero sobre todo de admiración.
Al llegar a su habitación me pegó un empujón y caí en la cama, me tumbé como es
debido y con la cabeza levantada me quedé mirándola fijamente. Dejó resbalar la
bata de gasa roja por su espalda hacia el suelo y levantó las manos, como
mostrándome el producto.
Sin bajar los brazos dio una vuelta sobre ella misma y al terminarla me hizo un
gesto como pidiendo mi opinión. Alguno hubiese sido más explicito, pero no más
sincero. Simplemente dejé caer la cabeza y entre dientes se me escapó:
-"Joder".
Supongo que se lo tomó como un piropo y me dijo:
-"Gracias. Te has ganado un premio. Déjate hacer".
Diciendo esto me cerró los ojos con una mano mientras con la otra empezaba a
manosearme el paquete.
Me dio un largo y profundo beso. No lo creía necesario, no era amor lo que nos
había llevado hasta ahí, pero la suma de los masajes y el beso era realmente
placentera. No estaba yo en las labores de quejarme.
Me desabrocho el pantalón, me quitó los zapatos y en un momento estaba desnudo.
A cuatro patas sobre la cama, agarró lo que ese día era mi herramienta de
trabajo y empezó con el duro trabajo de subir y bajar pieles.
Iba cambiando la velocidad, e incluso paraba, sin apartar las manos, para darme
besitos en la punta. Me acariciaba la bolsa, las piernas y el torso.
En ese momento yo solo notaba caricias por todo el cuerpo sin que llegase a
poder concentrarme en donde las recibía.
No llevaba mucho tiempo con eso cuando empezó a lamerme el glande como di de un
helado se tratase. En ningún momento abrí los ojos ni intenté interactuar con
ella. Estaba dispuesto a disfrutar de la primera gran mamada de mi vida.
Mi ya nombrado hermanito se sumergió en su boca hasta la garganta para volver a
salir a tomar aire en un momento. A partir de ahí todo fue arte. Entraba y salía
de su boca lentamente sin que dejase de hacerme caricias.
Quise avisarla, pero ella fue más rápida, se apartó y continuó haciéndome una
paja a una velocidad de vértigo y en unos segundos…, no hace falta que diga lo
que pasó. ¡Uhfffff! ¡Que corrida! Me quedé con cara de tonto mirando al techo.
Era un enorme espejo. Me gustó verme tumbado, desnudo y con mi hermano vencido.
Vi como ella se quitaba el sujetador al lado de la cama y como se ponía encima
mío a cuatro patas mirándome a los ojos.
Me dio otro beso y empezó a restregar sus pezones contra mi moviendo sutilmente
la espalda. No pude resistirme y metí una mano por debajo del tanga para tocar
su caliente y húmedo conejito.
-"Tu…, eso, está fuera de combate, al menos por el momento"
-"Yo…"-intenté interrumpirla.
-"Tranquilo, es lo que yo he buscado. Lo que quiero es que me devuelvas el
favor.".
-"¿Cómo?"
-"Hombre, no es que no me gusten las caricias con las que me estas propinando
debajo de mis braguitas, pero estoy segura que te apañarás mejor con la lengua".
Yo me quedé algo atónito. Supongo que me resultaba difícil mantener una
conversación a ese nivel.
Se dejó caer a mi lado y mi mano salió inevitablemente de entre sus bragas.
Instintivamente me puse de rodillas con sus piernas entre las mías para observar
un momento el espectáculo.
Arqueó muchísimo la espalda, levantando el culo más de un palmo de la cama y me
dijo:
-"Venga, fuera tanga".
Lo agarré por las tiritas de tela de las cadera y tiré muy suavemente. Podría
parecer que lo hacía con miedo, pero tenía muchas ganas de alargar cada momento
y grabar en mi memoria cada uno de los pasos que dábamos en lo que seria nuestra
gran noche.
Al ir quitándole el tanga fueron apareciendo lentamente pelos primero y después
el fruto de todos mis deseos en aquel momento. En esa postura no podía
quitárselo del todo y se lo dejé a la altura de los tobillos.
-"Espera"
Sacó los pies de entre mis rodillas, lanzó el tanga al suelo de una patada al
aire y se abrió por completo de piernas con una flexibilidad asombrosa.
-"Te toca"- dijo muy melosa y con voz juguetona.
Acerqué mi cara a su mata recortadita. Empecé a acariciarla y a darle algunos
lametazos con cierta torpeza. Entré un dedo lentamente y noté, por una especie
de escalofrío que eso lo gustó.
En cierto momento me dio por lamerle un bultito, ya sabemos todos lo que era, y
me agarró la cabeza. Supuse que no quería que dejase esas labores, así que me
entretuve en eso y en seguir con mi movimiento de dedos en su interior.
El sabor era indescriptible, algo extraño al principio, pero realmente gustoso
después. A ella también acabó gustándole. Lo deduje porqué arqueando de nuevo
toda la espalda abrazó mi cuello con sus piernas.
Eso me obligó a quitar la manos de ahí, pero intensificó el trabajo que ella le
interesaba. A ratos eran lametazos, a ratos eran más bien succiones. Fuera lo
que fuese se lo estaba pasando realmente bien.
Estaba acariciándole culo cuando se me paso por la cabeza pasarle un dedo por
toda la raja. Se estremeció y le vinieron una especie de convulsiones. Arqueó
más la espalda si cabe (con lo que casi me tira de la cama) y se dejó caer
rendida.
Me había dejado toda la boca y parte del cuello chorreando, lo que empezaba a
mojarme también el tórax, y se me ocurrió una idea.
Me puse sobre ella y le di un largo beso, esperando que ella me rechazase por el
asco de sus fluidos, como me pasó a mí el día antes. Pero no me rechazó. Al
contrario, lo alargó y en ciertos momentos parecía buscar en mi boca sus propios
restos.
Admito que ese comportamiento ocasionó ciertas paranoias en mi joven cabecita.
No quería mis fluidos pero degustaba los suyos como si fuese un caramelo. En
fin, ¡Mujeres!
-"¿Sabes que vamos a hacer antes de continuar?"
-"Pues no, pero seguro que me parecerá bien".
-"Nos vamos a dar un baño los dos. Estamos empapados. Además, aprovecharemos
para jugar en el yacusi que a comprado mi marido".
Volvió a reír pícaramente mientras se levantaba y salía corriendo de la
habitación ofreciéndome un espectáculo tremendo. Fue como la visión de una
Venus. Desnuda, corriendo hacia la puerta, con todas sus carnes moviéndose
libremente.
Yo estaba algo estupefacto y no me había movido aún cuando ella volvió a la
habitación. Se quedó en la puerta, con las manos apoyadas en la cintura y riendo
me dijo, medio suplicando:
-"Vamos…"
Me levanté de un salto al verla desnuda en una postura tan natural y hablando en
un tono de niña buena. Al pasar por su lado se agarró a mi cuello y me volvió a
besar.
Empezamos a andar, con ella cogida de mi cintura, por el pasillo y me dijo
mientras me levantaba el pene:
-"Tenemos que limpiar esto antes de volver a trabajar con él".
Y lo soltó. Me resultó realmente extraño que me lo tocase de aquella manera,
como si no fuese ningún tipo de objeto sexual, como si fuese mi mano o algo
parecido.
Al entrar al baño me soltó y empezó a llenar el yacusi mientras yo me quedaba
mirando como se movía por todo el baño completamente desnuda. Quiero decir que
era realmente hermosa, no solo estaba buenísima, lo que resultaría fácil. Era
hermosa, con todas las letras de la palabra.
Verla comprobar la temperatura del agua me recordó mucho a un cuadro que de
pequeño vi en algún museo, puede que en El Prado. En el ningún momento dejó de
sonreírme y empecé a preguntarme como era posible que una mujer así se hubiese
visto obligada a mantener relaciones con un muchacho como yo.
Lógicamente no se lo pregunté. Me limité a seguir mirando y ella a seguir
haciendo ver que yo no estaba ahí, comportándose con total naturalidad hasta que
de pie dentro del yacusi me dijo:
-"Ven adentro".
Nos sentamos el uno la lado del otro, ella apoyada ligeramente sobre mi y
empezamos a limpiarnos el uno al otro con unas esponjas que habían por ahí.
Soltó una esponja y empezó a acariciarme el paquete con mucha suavidad. No tardó
en notar que ya había alcanzado todo su esplendor y se sentó encima de mí.
Mientras me besaba me cogió a mi hermanito con una mano y se la acercó a la
entrada de su rajita. Con un movimiento sutil de cadera se metió el glande
dentro. Yo quería responder con otro movimiento y clavársela entera, pero pensé
que quería hacerlo más despacio y la dejé hacer a su ritmo.
Empezó con un movimiento lento de caderas, abarcando cada vez un trozo de mi
polla más largo. Yo tenía mis manos agarradas a su culo y nos mirábamos
fijamente a los ojos.
Estuvimos así un bueno rato, no sabría decir cuanto, ella encima de mí
moviéndose despacio y haciendo todo el trabajo mientras yo me limitaba a mirarla
a los ojos y besarla de vez en cuando.
Para algunos ese debió ser un polvo aburrido, pero los garantizo que no lo fue.
Observar las expresiones de su cara mientras notaba como se movía…, mirarla a
los ojos mientras notaba como entraba y salía de su interior fue una sensación
mucho más enriquecedora de lo que muchos llegaran jamás a vivir.
Comprendí entonces que para hacerlo de forma especial no hace falta que haya
amor. Lo realmente importante es que no sea un hecho anónimo, hacerlo con
alguien a quien conoces, y a quien puedes mirar a los ojos mientras le haces el
amor y sobretodo cuando notas la explosión de placer en su interior.
Es realmente bonito acabar mirándola a los ojos sin que eso te pueda hacer
sentir incómodo y poder fundirte después en un abrazo, quedándote dentro de ella
unos instantes, hasta que ya no sea posible por razones obvias.
Nos quedamos abrazados un buen rato hasta que ella se levantó y se dio una ducha
al lado mío, haciendo ver que estaba sola. Al salir de la ducha entré yo y
mientras yo me duchaba se puso otra vez el camisón blanco y se adecentó el pelo.
Me molestó algo que saliese del baño, dejándome en la ducha sin decir nada. Pero
volvió al cabo de un momento con mis calzoncillos en la mano y me dijo:
-"Pontelos y baja a cenar".
Ya ni me acordaba de la hora que era y la verdad es que estaba muerto de hambre.
Cenamos tranquilamente pasta y una ensalada y nos bebimos la botella de cava que
había llevado yo y empezamos otra.
Estábamos tomando el café cuando rompí un poco con la conversación estúpida que
estábamos manteniendo:
-"¿Te puedo hacer una pregunta?"
-"Ya estamos…"
-"Tranquila, no quiero molestarte. Me la guardo".
-"No es eso. Me había propuesto no mantener ningún tipo de conversaciones serias
contigo para no encariñarnos, pero me apetece hablar de cosas que no sean tan
triviales como de las que llevamos toda la noche hablando, va, pregunta".
-"No se como preguntarlo. ¿Qué haces conmigo?" ."Joder. Me parece que está
claro".
Suerte que se rió, sino hubiese pensado que era demasiado frívola. No me gusta
la gente así, que le da igual todo sin darle importancia a nada. Por suerte
continuó hablando:
-"Supongo que te refieres a porqué engaño a mi marido"-esperó a que hiciese
algún gesto y continuó-"espero no destrozar la imagen que tengas de mi…que digo,
si acabas de hacer el amor conmigo, no creo que te quede ningún respeto por mi…"
-"No digas eso mujer. No te he perdido el respeto. Nada más lejos de la
realidad".
-"Me parece extraño. De todos modos quiero que sepas que es la primera vez que
engaño a mi marido. No creo que el pueda decir lo mismo…"
-"¿Tambien te engaña?"
-"A diario"
-"¿Y porque no os divorciáis?"
-"Las cosas son más complicadas de lo que parecen a tu edad…. Pero responderé a
tu pregunta. Yo me casé de muy jovencita, con unos veinte años y por aquel
entonces mi marido era un apuesto caballero de cuarenta años".
"La gente dirá que me no estaba enamorada, que solo lo quería por su dinero,
pero te aseguro que no es cierto. Lo cierto es que era un galán que enamoraba a
todas las mujeres que pasaban por su lado con sus aires de superhombre." "Jamás
he negado que el verlo con tanto dinero me impresionase y que influyera en mi en
cierto modo, pero mis sentimientos eran completamente sinceros, como creo que
eran los suyos al principio": "El hecho es que yo me fui haciendo mayor y
perdiendo atractivo…"
-"No digas tonterías".
-"Gracias, pero es así. Él…"
-"Que no digas tonterías mujer, eres preciosa"
-"Gracias de nuevo, también tu eres un caballero, pero no soy la que era con
veinte años".
-"A que me enfado"-dije con una sonrisa.
-"Está bien. Yo sigo estando bien-"tambien ella sonrió halagándose a ella
misma"-pero mi marido las sigue prefiriendo de veinte años, lo que significa que
lío llevo unos cuernos enormes".
-"Lo siento".
-"Al principio yo también, pero ahora me da igual. Reconozco que me ha costado
mucho tiempo engañarlo, pero al final lo he hecho y me siento satisfecha".
-"Me alegro.
-"Creeme, yo también"
-"Y siguiendo con la sinceridad, ¿Qué esperas tu de esto?"
-"¿De que?"
-"Coño, de lo nuestro".
-"Ahhh, poca cosa, no lo se. Divertirme supongo. Yo me estoy divirtiendo".
-"Te aseguro que yo también".
-"Pues eso es lo importante. Más adelante ya veremos. Supongo que tendré
bastante con que de vez en cuando nos divirtamos como hemos hecho hoy, y como
continuaremos haciendo de aquí un ratito".
Recuerdo perfectamente su mirada en ese momento. ¿Cómo alguien puede parecer tan
dulce y malvada a la vez? No lo se, os lo juro, lo que sé con toda seguridad es
que me puse como una moto y empecé a recoger la cocina para volver a lo nuestro.
-"Ya lo hará mañana la chacha. Sígueme"
Nadie dudará, espero, que la seguí como un corderito. Fui detrás de su
bamboleante culo hasta su habitación esperando ser sorprendido con algo.
Cuando llegamos a su habitación me echó de un empujón el la cama. Eso empezaba a
ser una costumbre y me apetecía mandar un poquito aunque lo de dejarse dominar
hasta el momento no me había ido del todo mal.
Fue sexy incluso para poner música. Tenía la esperanza de que me premiase con un
estriptease al más puro estilo Kim Basinguer y por su sensual baile al son de la
banda sonora de "Molin Rouge" deduje que eso era lo que se proponía hacer.
Hubiese sido la leche el gran Joe Cocker, pero el mensaje de la escogida por
ella no dejaba lugar a dudas.
Los movimientos superaban de mucho a los de las cuatro tías del video musical.
Cuando se giró ofreciéndome todo su culo me volví loco, pero al soltarse el
pelo…, fue una especie de visión verla mover la cabeza rítmicamente para liberar
todo el pelo. Solo faltaba poderlo ver a cámara lenta como en el capítulo de
"friends" (Ross, era tu prima coño).
Se giró y dejó caer el camisón dándome la espalda y cubriéndose los pechos con
las manos se dio la vuelta de golpe. Recuerdo que de una manera u otra se tapó
los pechos durante un rato, yéndolos descubriendo poco a poco.
Cuando los tenía completamente descubiertos siguió bailando y al rato se volvió
a girar para quitarse un tanguita blanco. Se lo quitó muy despacio, agachándose
a medida que se lo quitaba, quedándose al final completamente doblada
mostrándome todo su culo y su precioso cochito.
Me miraba entre sus piernas sonriendo. Paseó un dedo por toda la raja del culo,
y al llegar a su puertecita se lo metió entero de golpe cerrando los ojos.
Fue un show de esos que no se ven ni en "noche de fiesta" que terminó con unos
movimientos muy sensuales y ella agarrándose la cabeza con las dos manos.
Al acabar la canción saltó a mi lado y susurrándome me preguntó si me había
gustado. No se como podía dudarlo… es más, no creo que lo dudase, solo
necesitaba que se lo dijese:
-"Muchísimo, ha sido genial".
-"Me lo dices tu y me lo confirma esto"-dijo agarrándome a mi hermanito que se
había puesto peleón.-"Seguro que esa niñata no te haría nada parecido".
No se porqué lo había estropeado metiendo a Sonia por el medio. ¡Menudo absurdo
instinto de competencia! Ya me tenía y seguía compitiendo… No le hice mucho caso
al comentario, pero me sentó mal.
Antes de que continuara la conversación se puso a horcadillas sobre mi vientre y
empezó a frotarse, arrastrándose arriba y abajo dejando rastro como si de una
babosa se tratase.
Me quité como pude los calzoncillos y me incorporé tirándola y dejándola abierta
de piernas y tumbada sobre su espalda. Apoye la punta de mi polla sobre su
conchita y cuando estuve a punto de entrar a matar me interrumpió:
-"Por ahí no…, busca otro agujerito".
I que le vamos a hacer…me vi obligado por su sonrisita a metérsela por detrás.
Siempre me había dado muchísimo morbo y no me pude negar.
Empecé empujando suavemente, sin ni siquiera entrar. Luego metí la puntita y fui
entrando poco a poco. Tengo que reconocer que al principio me dolía incluso a mi
y al juzgar por su cara a ella también.
Con el paso de los segundos fui aumentando el ritmo. Me encantaba la sensación
de calor y estrechez que me daba su culito, y eso, mezclado con la imagen de una
mujer bellísima gozando. me proporcionaba un enorme placer.
-"Vuelve a correrte dentro"
Básicamente fue una orden, pero la cumplí como buena persona que soy, je je je.
Pero lo que no entendí fue que se conformase con eso. Estoy convencido que ella
no tuvo un orgasmo ni por asomo, pero se conformó con la excitación de lo
vivido. Supongo que estaba acostumbrada a no acabar siempre.
Y eso fue todo por esa noche, nos dormimos completamente desnudos, al principio
abrazados, aunque fue durante poco tiempo.
Recuerdo que empecé a soñar que Anna me hacía una mamada de lujo. Yo tumbado y
marcándole el ritmo con las manos. El sueño era de esos tan reales que llegas
incluso a despertarte del placer que te proporcionan.
Y me desperté. Y al hacerlo noté como si el sueño continuase. Me parecía estar
sintiendo aún como me la chupaba. Tanto que instintivamente fui a cogerle la
cabeza. Y que coño… su cabeza estaba ahí. Había decidido despertarme con un
mamadita y no le iba a quitar la ilusión, así que la dejé hacer.
Cuando acabó, bien, cuando yo acabé hable con ella como pude:
-"¿Que hora es?
-"Son las siete mi amor".
-"¿Y que haces despierta?"
-"Tengo que ir al despacho. Tengo una reunión importante".
-"Está bien, ya me visto"
-"No hace falta, solo quería darte los buenos días".
-"Entonces…"
-"Quédate durmiendo. Cuando llegue la chacha te despertará, siempre hace mucho
ruido. Tu déjala hacer. Y cuando quieras te pegas un ducha y te vas, si quieres
claro. No me importaría encontrarte en casa cuando vuelva".
-"¿I no te importa que me vea?"
-"¿Quién? ¿la chacha? No hombre, si tu supieses.
-"Supongo que para cuando llegues me habré ido".
-"Me parece bien. Ya te llamaré".
-"Ves, a mi eso también me parece bien".
Simplemente me dio un besito muy corto y se fue, así de simple.
No tardé mucho en volver a dormirme. Estaba muy cansado del ajetreo de la tarde
noche y lo cierto es que no me despertó en ningún momento el ruido sino la luz
que entraba por la ventana de la habitación.
Al abrir los ojos me di un susto terrible. Una negra, y no es por ser racista,
vestida de uniforme de criada estaba abriendo la ventana.
-"Supongo que usted es la chacha".
-"Si, y tutéeme por favor que soy muy joven"
Lo cierto es que sí era joven. No debía tener más de veinticinco años y estaba
realmente buena. La observé detenidamente de arriba abajo. Tenía unas piernas
preciosas y era realmente guapa de cara. Me extrañó que fuera tan guapa, con los
rasgos más suaves, menos marcados de lo que las suelen tener las chicas de color
que he conocido.
-"Tuteame tu a mi entonces".
-"Como quieras".
No tenía el más mínimo acento extranjero. Supuse que se había criado en España y
como estaba tan buena quise darle conversación.
-"¿Cómo te llamas?"
-"Maria"
-"Yo soy Arnau".
-"Pues ahora que nos conocemos le voy a hacer una pregunta. ¿No se da cuenta que
de su estado o es que le da igual?
-"¿A que te refieres?
-"A eso"-dijo mirándome el paquete-"no me importa en absoluto, pero me parece
extraño".
Me miré y estaba completamente desnudo, sobre la cama y con mi hermanito
pidiendo guerra de nuevo. Aún no se como, pero en vez de avergonzarme y taparme,
dije:
-"Pues si a ti no te importa a mi tampoco".
Nos pusimos a reír y yo me quedé mirando mientras ella trabajaba. Al cabo de un
rato de ella estar limpiando la habitación se puso a hablar de nuevo:
-"¿Puedo ser franca? Empieza a molestarme postura desafiante de su…eso"
-"¿Y que quieres que haga?
-"No se. Haz que se tranquilice".
-"Hay pocas maneras de conseguir eso".
-"Pues hazlo".
-"Te sientes violenta de verme así y quieres que me haga una paja delante tuya"
-"Si no quieres no miro".
-"No mujer, si quieres mirar, mira"
Y empecé a hacerme una paja mirándola a la cara. Ella tenía la vista clavada en
mi hermanito y pensé que tendría que insistir muy poco para que me echara una
mano, así que la invité.
-"Supongo que no querrás ayudarme".
-"¿A que?"
-"A que va ser…, con esto".
-"Claro que si, déjame hacer".
Y ni corta ni perezosa se sentó en la cama y continuó ella haciéndome la paja.
Pero después de lo de esa noche me sabía a poco. Y le pedí más.
-"¿Porqué no te desnudas? Yo estoy desnudo, me parece justo".
-"A mi también".
Y se desnudó. Yo estaba en el séptimo cielo. Al quitarse el vestidito vi que no
llevaba sujetador y le eché una mano a las tetas. La tenía pequeñitas y
realmente duras. Me entretuve manoseándolas un rato hasta que se echó en la cama
para poder quitase las bragas. Levantó el culo y empezó a quitárselas.
Solo ver el coño negro y peludo no pude evitar meter la mano y empezar a
acariciarlo. Se dejó caer sobre la cama y yo lejos de dejar mis caricias
introduje un dedo en su interior.
-"Pensé que íbamos a calmarte a ti, no a sofocarme a mi".
-"Después de esto no me conformaré con una paja".
-"Entonces móntame jinete".
¿Quién se hubiese podido resistir? Yo no. Así que me abalancé sobre ella y entré
en su interior. Llevaba un rato bombeando cuando no pude resistir la tentación
de probar su conejito, salí de su interior y me deslice por encima de él hasta
tener su conchita abierta justo ante mi cara.
Estaba completamente abierta y tenía un aspecto delicioso. Bien moreno alrededor
y de un rosadito precioso dentro. No pude esperar más y empecé a lamer. Os
aseguro que el placer de estar comiéndome aquello es comparable al de las
mamadas de Anna, y encima Maria me dice:
-"Gracias cielo, me moría de ganas de una buena comidita".
Ya os podéis imaginar como me sentó eso, fue como una inyección de moral y
empecé a lamer como un desesperado.
De todos modos, al cabo de un par de minutos decidí volver a empalarla y así lo
hice.
Estuve bombeando un buen rato hasta que salí y le eché todo lo poco que me
quedaba por encima.
El contraste de mi leche sobre su estomago negro era realmente excitante.
Recuerdo que me quedé mirándola un rato hasta que se incorporó, me dio un beso y
dijo:
-"Bien hombretón, muy bien. Ahora voy a tener que limpiarme, pero ha valido la
pena".
Me quedé un rato tumbado en la cama hasta que volvió y me fui a la ducha con una
sonrisa de oreja a oreja, satisfecho por el trabajo realizado.
La verdad es que me hubiese apetecido quedarme en esa casa hasta el regreso de
Anna y volver a disfrutar de una tarde salvaje pero yo tenía padres y si rompía
con lo que solía hacer pensarían algo. Quizás pensarían que se trataba se Sonia,
pero era pensar mal igualmente y no era lo que deseaba.
Como cuando pasaba la noche en casa de Carlos regresaba relativamente temprano
pensé que lo más adecuado era hacer lo mismo ese día, así que a las diez y media
ya salía de casa de Anna en dirección a la mía. Mejor no despertar ningún tipo
de sospechas.
Al llegar a casa me llevé un sorpresón. Mis padres no estaban y las tres
guerreras, es decir, mi hermana, Sonia y Nuria, se habían apoderado del
castillo. Estaban tumbadas en las hamacas tomando el sol, con los pechos al aire
y bebiéndose unos cubatas.
Me quedé mirándolas desde la ventana de la cocina un rato. Estaban las tres de
muerte. La que me pareció más atractiva en ese momento fue Sonia. Sus pezones se
veían duros, quizás acababa de salir del agua. Parecían desafiar Newton, y se
salían con la suya, vamos si lo hacían.
No podía quedarme así todo el día así que me puse a chillar dentro de casa
llamando a mi madre. Sabía de sobras que no estaba, pero supuse que al darse
cuenta que yo estaba ahí se cubrirían y no se sentirían violentas si salía a
darme un baño con ellas.
Pero no se inmutaron. Estaba seguro que me habían oído. Mi hermana había movido
la cabeza instintivamente a ver que veía, por lo que quedaba claro que sabían
que yo estaba ahí y como con Maria, si no les importaba a ellas no me iba a
importar a mí.
Así que salí sin más. Me puse un bañador y me fui a dar un chapuzón.
No quería darle importancia a su semidesnudez pero fue inevitable y solo salir
al jardín tuve que hacer algún comentario:
-"Buenos días a todas".
-"Buenos días"
-"Os veo bien"-juro que me salió del alma.
-"Yo también te veo bien tete. ¿Que tal has pasado la noche con Carlos?"
-"Bien…muy bien"
-"Me alegro"
Recuerdo que no pude desviar la vista y mirarle fijamente las tetas a mi
hermana. Supongo que mi presencia causó que sus pezones me apuntasen
desafiantemente. A ambos nos resultaba una situación muy forzada.
-"¿Te gusta lo que ves?
Yo salí de mi trance momentáneo y solo se me ocurrió echarle una suave bronca.
-"No deberíais estar así en casa".
-"No me has dicho si te gusta lo que ves".
-"¿Qué vais a decir si llegan papá y mamá?"
-"No vendrán. Hoy comen fuera. ¿Me vas a decir si te gusta o no?"
-"De todos modos, no deberías estar así conmigo por aquí".
-"Dices que no deberíamos estar así…, pero si hace un momento te comías mis
tetas con la mirada".
Ese comentario tan grosero de mi hermana me obligó a dar media vuelta y tirarme
de golpe al agua. Hablando con ella así me parecía que todas sus frases eran
puñales lanzados a matar. Había perdido todo el respeto a los lazos familiares.
Estuve un rato solo en agua, nadando, o simplemente flotando, solo y tranquilo
hasta que el movimiento del agua de alguien al tirarse me desconcentró de mi
empeño de no hacer nada.
Me pusieron una mano en el hombro y cambié de postura para ver quien era. Era mi
hermana con toda la cara del mundo de pedir disculpas y empezó a susurrar:
-"Tete, perdona que me ponga así".
-"No pasa nada, entiendo que las queráis tener morenitas…, pero no me ha gustado
como me has hablado"
-"Te estaba pidiendo perdón por eso. No eres nadie para decirme que no enseñe
las tetas".
En ese punto se estaba agarrando de mi cuello estaba realmente cerca mientras
ambos pataleábamos en el agua para seguir a flote.
-"De todos modos ya te he dicho que no deberíais estar así delante de mí".
-"Si lo hacemos por eso".
-"No te entiendo".
-"Queremos que te fijes más en Sonia, que le hagas más caso, Ayer no la llamaste
tío".
-"¿Y?"
-"En principio tenía que ser ella la que te las enseñase…, pero nos pidió que
nosotras también y si a Nuria no le importó no me iba a importar a mi"
Mi hermana estaba realmente cerca. Según el pataleo me restregaba los pezones y
empezaba a ponerme enfermo. Sí, maldita sea, mi hermana.
-"Es que no quiero nada con ella"
-"Bueno, bueno, eso ya lo veremos".
-"Soys algo malvadas".
-"Siiii. Eso me recuerda una cosa. No me has dicho si te gustaba lo que veías".
No pude contestar. Era obvio que sí y no me atrevía a decirlo.
-"¡Uy! Veo que si"- mi hermanito se había puesto peleón y la había tocado por
debajo del agua-"No querrás tocarlas ¿verdad?"
-"¿Que dices? Estás loca".
-"Vamos, se que te mueres de ganas de tocarle las tetas a tu hermanita. No se lo
diré a nadie"
Me quedé sin habla y que limité a mirarla a los ojos.
-"A mi no me engañas, esto me dice que quieres tocármelas"-y me agarró. Sí me
agarró de ahí.
Yo me aparté de golpe y me fui nadando hacia la otra punta de la piscina. No
estaba enfadado, pero eso pensaría mi hermana puesto que me chilló:
-"Perdona tete, no era mi intención…"
Tuve que contestar con un "no pasa nada". No estaba enfadado, pero eso no se
hace, alguien podría volverse loco con esa conducta.
No creo que pasase mucho tiempo hasta que vino Sonia a hablar conmigo. Se que
fui estúpido, yo mismo me puse en esa situación. Solo hacía falta quedarme en mi
habitación todo el día y me hubiese librado de todos aquellos ataques directos
que me estaban propinando las tres guerreras.
Vi como Sonia venía nadando desde la otra punta de la piscina, mirándome a los
ojos y con la ya típica sonrisa pícara que empezaba a traerme loco:
También ella se agarró a mi cuello. No creo que fuese necesario porqué estábamos
en la parte menos profunda de la piscina donde no cubría ni de casualidad. En
realidad el nivel del agua llegaba al ombligo, lo que pasa que al dejar las
piernas muertas y flotar te llega al cuello, pero vamos, no hacía falta
acercarse tanto y volverme a restregar sus pechos, se habían propuesto volverme
loco.
-"Hola Arny"
-"No me gusta que me llames así"
Hizo un pequeño gesto, acercando la cabeza hacia la mía. Supongo que quería
besarme, y como yo no hice el mismo gesto se entristeció algo.
-"Eres malo conmigo".
-"No mujer. Soy más bueno de lo que te crees".
-"No me llamaste ayer. Estaba convencida que lo harías".
-"No pude".
-"Ya, Eres don vago, no haces ni el huevo, pero no tienes tiempo para una
llamadita"
-"Sonia, no te pongas así"
-"Sabes que, me da igual. Si no te gusto…"
-"No es eso mujer…"
-"No, no. Si lo entiendo".
Y diciendo esto me sonrió y me guiño un ojo. Yo pensaba que le estaba dando
calabazas y la tía ahí, sonriéndome. ¿Alguien de por aquí entiende a las
mujeres?
-"¿Sabes en que nos diferenciamos las mujeres de los hombres?"
Entre que no sabía muy bien por donde iba la pregunta y que su sonrisa me estaba
descolocando no respondí.
-"Somos más perseverantes".continuó."y si alguien se nos mete entre ceja es
nuestro. Estás condenado. Tarde o temprano serás mío".
Y diciendo esto se acercó a mi dándome un fuerte abrazo que por cortesía
devolví. Sentía sus pechos clavándose contra mi. Juro que parecía que me iban a
atravesar. Ya he comentado que eran más bien pequeños, pero de una dureza
excepcional.
Aún abrazados note como se soltaba de un brazo y lo ponía entre nosotros dos,
primero acariciándome el tórax, pero después metió la mano dentro de mi bañado.
No se como podía sentirse tan atraída por mi si continuamente me quedaba
embobado.
Lógicamente se encontró con mi hermanito en pie de guerra y empezó a acariciarlo
muy lentamente. Después, aunque intenté evitarlo, me lo sacó del bañador y
empezó a hacerme una paja que me estaba volviendo loco.
La estaba mirando a los ojos cuando note que se estaba frotando el coño por
encima del bañador con mi polla mientras continuaba pageándome. No sabría
describir la cara de placer que ponía en ese momento esa mujercita con mi polla
entre sus manos.
Yo ya estaba a punto de correrme. Cerré los ojos y con toda la puterío del mundo
me soltó. La miré de nuevo y sonriéndome me dijo:
-"Si quieres que lo acabe me lo vas a tener que pedir".
Y se alejó nadando. Sin más. Mi hermana y Nuria se habían dado cuenta de todo y
estaban riendo a carcajadas. Les faltó poco para aplaudirla, pero se conformaron
con darle un cachete en el culo antes de que se tumbara.
Siguieron hablando y riendo, supongo que de mi, al menos durante el tiempo en
que yo esperaba a que se bajasen los humos por mis tierras profundas. Conseguían
hacerme sentir realmente mal, muy incomodo con su compañía, así que salí del
agua y me fui a mi habitación.
Me quité el bañador mojado y me tumbé en la cama solo con unos calzoncillos. Se
que me puse a escuchar música. Me gustaría decir qué, pero mentiría porque no me
acuerdo.
Tal y como estaban las cosas incluso me extrañó que llamasen a la puerta
respetando mi intimidad. A esas alturas era toda una sorpresa:
-"Pasa seas quien seas"
Debería haber dicho seáis quienes seáis. Eran las tres con cara de buenas chicas
que seguro venían a pedir algo.
-"Tete".
-"Dime"
-"¿Podrías ponernos el yacusi en marcha, por favor?, se bueno, va".
-"Siempre me toca ser el bueno"-la verdad es que no me costaba nada pero quería
que rogaran un poco y hacer ver que me daba muchísima pereza.
-"Porfa, porfa"-Ver a las tres casi suplicando estuvo bien, realmente bien
-"Está bien. Vamos allá".
Llegamos al baño de mis padres, el más grande y donde tienen un yacusi que
despertaría le envidia de Anna, con lo contenta que estaba ella echándome
polvotes en su yacusi.
En este cabían al menos cinco personas, seis apretando. Era de obra, hecho por
un paleta y u | | | | | |