Eso
Capítulo XLVI
Se despertó sobresaltado.
No entraba luz solar por la ventana, por lo que dedujo que
tan solo se habría dormido un rato. Tenía la respiración agitada, sudaba. Hacía
mucho que no tenía una pesadilla tan sicodélica. Le molestó no poder recordar de
qué trataba. Quizás alguno de los temas recurrentes que habían martirizado su
mente años atrás, los bichos y los personajes de "Pesadilla Antes de Navidad",
película que le gustaba, pero cuyos protagonistas le habían granjeado más de un
sobresalto nocturno, como si fueran un fetiche tétrico de su subconsciente.
Respiró profundamente durante un rato, buscando calmar su
agitado ritmo cardiaco. Había algo caliente a su lado, dio un ligero respingo al
darse cuenta de que la cosa caliente era Ana, aún dormida.
Se destapó de malos modos, buscando la mayor cantidad de aire
frío posible. Con mala cara, observó a la chica que dormitaba a su lado.
-"Si algún día hago vida de pareja..." –Murmuró ácidamente en
su interior.- "Compraremos la cama más grande de la tienda... ¡Es inaguantable
el calor que da otra persona!"
Observó a la pálida chica casi como con asco, intentando
evitar que su piel hiciera cualquier tipo de contacto con él.
-"Que pesada es..." –Gruñó.- "¿Por qué no se habrá ido a su
casa? Ya hemos follado, ¿No? ¿Qué más pinta aquí?"
Por si fuera poco, había quedado en la zona interior de la
cama, arrinconado, por lo que si quería levantarse y buscar un mejor acomodo
tendría que pasar por encima de la molesta mujer.
Empezó a sentir claustrofobia. Quería salir de ahí.
Por casualidad, de algún rincón caprichoso de su mente, llegó
la imagen de Estela.
-"¿Qué estará haciendo? ¿Estará con otro? ¿En la cama?" –Las
preguntas recorrían su cabeza a un ritmo vertiginoso.- "¿Será feliz? ¿Estará
igual de guapa?"
Y empezó a sentirse mal, la imaginaba en brazos de "otro",
gimiendo con él, dedicándole sonrisas, abrazándole... Todas las sensaciones
llegaban y se marchaban muy rápido: Nauseas, Estela, calor, Estela, mareos,
Estela...
-¡Para! –La voz retumbó en toda la habitación.-
Abrió los ojos.
Notó su corazón latiendo a mil por hora, gotas de sudor frío
en su frente.
-"Tranquilo... Tranquilo..." –Murmuró para sus adentros.-
"Tan solo estabas soñando con que soñabas... No es real..."
Respiró profundamente durante un buen rato. Lo recordaba todo
tan nítido que le costaba asegurar que hubiera sido un sueño. Incluso la luz que
entraba por la ventana era igual. Suspiró.
Observó a Ana, que seguía placidamente dormida pese a su
sobresalto. Con toda la ternura que pudo se movió ligeramente para besarle el
hombro, en señal de disculpa por todo lo que, en su sueño, había malpensado de
ella.
Le dedicó una sonrisa.
-"Pero si prácticamente es la mujer perfecta..." –Habló en su
cabeza, disfrutando de la visión del tierno rostro de la joven.- "Guapa,
inteligente, con buen corazón, simpática, dócil pero con valores propios..."
La besó otra vez.
-"Algún día harás muy feliz a un hombre." –Le susurró sin
utilizar palabras.- "Y espero que tu también seas feliz."
Observando el rostro de infinita paz de la muchacha no pudo
evitar ir cayendo en el sopor de nuevo. Antes de cerrar los ojos subió la manta
para que cubriera completamente el cuerpo de la joven.
-"No te vayas a resfriar..."
Su segundo despertar fue más plácido que el primero, el Sol
ya entraba por la ventana, bañando con luz y calidez la habitación. A su lado,
Ana también parecía salir del estado de somnolencia.
-Hey... –Saludó ella, con voz coqueta.-
-¿Sigo dormido? –Susurró él.- ¿Sino por qué veo un ángel en
mi cama?
-Ooooh... –Ella rió.- Que bonito... Así le dan ganas a una de
empezar bien los días...
-Estaba incluido en la tarifa, junto con la cena y lo demás.
–Acompañó a sus risas, al tiempo que se incorporaba.-
Raúl salió para comprobar si había alguien, sin encontrar
ningún rastro, sus previsiones eran ciertas, las chicas habían pasado la noche
en la casa de al lado. Ya en el baño, Raúl insistió en que se bañaran juntos.
Observó a la chica de arriba abajo, reteniéndose especialmente en las braguitas
rojas de la chica, que aún permanecían en su sitio.
-Oye... –Puso voz de niño bueno.- ¿Me las das?
-¿El que? –Siguió la mirada del chico.- Ah, no, que son muy
caras y encima mis preferidas.
-Venga, por favor... –Suplicó.- Te las pago si quieres...
Pero... No sé...
-¡Fetichista! –Carcajeó ella mientras le tiraba una toalla a
la cara.-
En la ducha las caricias se sucedieron, terminando en juegos
eróticos directos, directísimos, tanto que ella, con la bromita de "déjame que
te enjabone" terminó masturbándole plenamente, acariciando su falo con las manos
llenas de jabón y espuma, recreándose ambos al ver el semen del chico mezclarse
con el agua y caer por el desagüe. Raúl por su parte jugó bastante con sus
pechos, amasándolos con la esponja y sus manos, mismo trato que le dio a sus
glúteos, a sus piernas... Quiso devolverle el favor de propiciarle un pequeño
orgasmo, pero ella se negó, aludiendo a que ya habían gastado suficiente agua.
-Oye, una pregunta... –Masculló Ana de repente, mientras se
secaban.-
-Dime.
-Ayer por la noche, durante la cena... –Frunció ligeramente
el ceño.- Mientras tenías tu mano en mi muslo, durante un instante me lo
apretaste mucho...
-Eh... –Como un recuerdo lejano llegó a él la escena.- Ah...
Sí...
-Estabas raro... –Sus ojos se entrecerraron ligeramente.-
¿Qué hacías?
-¿Yo? –Intentando fingir normalidad aumentó las sospechas de
la chica.- Nada, nada...
-Sospechoso...
-Toma, ponte el albornoz. –Le tendió la prenda de algodón a
la chica, buscando cambiar de tema.- Por cierto... ¿Qué te vas a poner?
-¡Es verdad! –Se asustó ella.- No tengo nada que ponerme...
No, no... Aunque tuviera algo, tu hermana y sus amigas me verán... ¡La
profesora! Van a pensar que...
-Eh, eh... –Raúl intentó hacerla callar posando un dedo sobre
sus labios.- Laura no es problema, sois íntimas amigas. Y sobre Cristina y
Claudia, bueno, somos todos como una... Gran familia. No habrá problemas, no te
preocupes.
-Pero...
-Te buscaré algo de ropa de mi hermana. –Él observó sus
enormes pechos con puro vicio.- Aunque no creo que tenga sujetadores de tu
talla. Y tu no traías, que pena...
-Raúl. –Ana le obligó a que la mirara a los ojos, puesto que
él tan solo veía ahora sus grandes pezones.- Eres un pervertido.
Ella en albornoz y él con una toalla enrollada como única
prenda, salieron, rumbo al cuarto de su hermana.
-No me siento bien al espiar la habitación de Laura...
–Comentó ella en voz baja, temiendo que la dueña pudiera aparecer el cualquier
momento.-
-Que no pasa nada... –Indicó él de nuevo. Cuando estaba a
punto de abrir los grandes armarios, una duda penetró en su cabeza. ¿Era
aconsejable abrir el armario? Conociendo a su hermana y sabiendo el tipo de
prendas y juguetes que solía tener, la preocupación formó un nudo en su
garganta.- ¿Puedes ir un momento al baño? Creo que me dejé el grifo abierto...
-Voy... –La chica en albornoz abandonó el cuarto, instantes
que él aprovechó para abrir a toda velocidad el armario, sacar algunas prendas y
cerrarlo. Había sido inteligente, puesto que en tan solo un parpadeo había
podido ver cosas tan variopintas como el tenebroso consolador rojo, alias "Raúl"
así como un par de trajes más propios de una película de sadomasoquismo. Ana
regresó.- No había ningún grifo abierto.
-Oh, debí soñarlo. –Se excusó él.- Toma, ponte esto.
Al haber tenido que darse una increíble prisa, no había
podido ser muy selectivo con las prendas, Ana las examinó, sosteniendo con
extrema desconfianza un diminuto tanga negro que Raúl le quitó de entre las
manos y tiró por ahí.
-¿Te quedarás a comer?
-No quiero molestar...
-Sí, vamos, la súper molestia... –Ironizó él.- Pues eso, te
quedas.
-No, de verdad, no quiero estar aquí de...
-Bla bla bla... –La interrumpió, besándola de paso.- Además,
así podemos pasar un rato más juntos, atesorando lujuriosos recuerdos con los
que luego te podrás masturbar.
-Claro... –Comentó entre carcajadas.- Como si lo hiciera...
-¿Masturbarte pensando en mi?
-No, masturbarme a secas. –Siguió ella, aún riendo.-
Hubo un breve silencio.
-¿Qué... Qué quieres decir? –Raúl estaba repentinamente muy
serio.-
-Pues... –Ana le observó, extrañada.- Que yo no me
masturbo...
Capítulo XLVII
-¿Qué? –Raúl estaba absolutamente atónito.-
-Pues que yo...
-Bromeas, ¿No?
-No...
El joven la tomó de las manos, misma posición que usaría si
le acabaran de comunicar una noticia especialmente trágica y dolorosa.
-Eso es... Es gravísimo... –Exclamó mirándola directamente a
los ojos.-
-Venga ya... –Se rió nerviosamente.-
-¡Que sí! –Repitió él.- Es gravísimo, es... ¡Es gravísimo!
-Deja de repetir eso. –Bufó ella.-
-Quiero decir... –Intentó reaccionar al impacto inicial, que
aún le tenía anonadado.- Es que... Lo otro vale... Pero que no te masturbes,
es...
-¡Cómo vuelvas a decir gravísimo me voy!
-Sí, bueno... Pero... Eso no es bueno, es decir... ¡Dios! –La
señaló.- ¡No te masturbas!
-No sé si quiero seguir con este tema... –Se quejó la chica,
incómoda.-
-No, tenemos que hablarlo. –Casi la obligó a sentarse en la
cama del cuarto de su hermana.-
-¿Y tiene que ser aquí? Estamos en...
-No importa, esto es más importante. –En sus ojos verdes
brillaba un tono de enfermiza determinación.- Ana... ¿No te masturbas? ¿Por qué?
¿Nunca lo hiciste?
-Raúl... –Rogó ella de nuevo, pidiéndole que dejara pasar el
tema.-
-Por favor, Ana.
-Bueno, bueno... –Finalmente cedió, incapaz de resistirse a
esos ojos verdes.- No me masturbo, no lo he probado nunca... Al menos no
directamente. Y no sé por qué.
-¡Por algo debe ser!
-¡Y yo que sé!
-Venga...
-Pero es que... –Respiró profundamente.- Cuando lo hace un
chico me da igual, me gusta, sí... Pero sola... Me da cosa...
Raúl cerró los ojos, sopesando la información.
-Pero ni que fuera el fin del mundo, es simplemente que no...
-Inaceptable. –Masculló Raúl, ignorando a la chica.- Eso es
totalmente inaceptable.
-¿A ti en la ducha te ha dado un telele o qué?
-Ana... –Recuperó su tono y actitud normales. Tomó una gran
bocanada de aire.- Masturbarse no es simplemente darse placer a uno mismo. Es
algo más profundo, más...
Ordenó sus pensamientos durante un instante. Ana abrió la
boca para decir algo, pero prefirió no hacerlo.
-¿Cómo pretendes recibir placer de los demás si tu misma no
eres capaz de dártelo? No, no solo eso... –Ladeó ligeramente la cabeza.- Es una
forma de conocerse a sí mismo... ¿Recuerdas lo que dijo Sócrates? "Conócete a ti
mismo", pues probablemente se refería a algo parecido a esto, más o menos...
-Más o menos... –Una débil sonrisita apareció en los labios
de la chica a causa de la peculiar interpretación de la conocida frase del
filósofo.-
-Ríete, pero es verdad... –Asintió.- ¿Quién va a quererte si
no te quieres tu misma? Esto se aplica al terreno sentimental, pero también al
físico...
-Y si... –Ella desvió la mirada.- ¿Y si el problema es que no
te quieres a ti mismo?
-En tu caso... –Posó una de sus manos en la barbilla de la
chica, obligándola a mirarle.- Eso es inaceptable. No solo eres hermosa por
dentro...
Mientras hablaba, con la otra mano desanudaba el albornoz,
dejando al descubierto el precioso cuerpo de la joven.
-Sino también por fuera.
-Ya, claro... –Gruñó ella, resistiéndose a sus palabras.- Eso
se lo dices a todas...
Él sonrió, obligándola aún a mirarle directamente a los ojos.
-Nita... –Repescó del cajón de los recuerdos el apelativo
cariñoso que usaban para la chica. Le dedicó una de sus miradas más sinceras.-
Sabes que tengo razón...
Estuvieron así durante un buen rato, finalmente Ana retiró la
mirada. La chica entrecerró los ojos, con un brillo de repentina furia en ellos.
Golpeó con el puño cerrado la cama.
-¡Chantajista, manipulador, embaucador! –Rugió ella de
repente, para sorpresa de Raúl.- ¡Odio que siempre consigas meterme tus
estúpidas ideas en la cabeza! ¡Te odio!
Él "ofendido" estalló en carcajadas, Ana, serenándose, se
sonrojó ligeramente.
-Ya, perdona, es que... En verdad odio que siempre que me
sueltas el discursito termine creyéndolo.
-Será porque es verdad. –Apuntó entre carcajada y carcajada.-
O porque soy sencillamente adorable.
-Ya, claro... –Chistó.- Seguro que le has soltado el mismo
discursito a un montón de chicas.
-Pues claro. –Señaló sarcásticamente.- Es mi discurso
estándar "Mastúrbate, por tu bien", nunca falla...
-Es que sigue pareciéndome raro. –Repuso ella, de nuevo con
una mancha de rubor en las mejillas.- Y no sé como hacerlo, no sé...
-Nada, nada. –La interrumpió él.- Excusas.
-Que irritante eres... –Intentó cerrar de nuevo el albornoz,
peor Raúl no la dejó.- ¿Qué quieres?
-Hazlo. –Ordenó.-
-¿El qué? –Parpadeó un par de veces.- ¿Eso? ¿Ahora? ¿Aquí?
¡Pero tu estás loco!
-Sí, este es el sitio perfecto. –Señaló a la puerta cerrada
del armario, por fuera tenía un espejo puesto, lo solía usar Laura para
comprobar como le sentaban los modelitos.- Creo que la primera vez es mejor que
te veas... Para que tengas más seguridad...
-¡Pero que estamos en el cuarto de tu hermana! –Se intentó
levantar otra vez, de nuevo sin éxito.-
-Ella no va a venir, te apuesto lo que quieras a que solo
viene cuando huela la comida en la mesa...
-Pero... Raúl... Tampoco tengo ganas ahora, y...
-¡Siempre hay ganas! –Apremió él.- Venga, hazlo.
-Me da...
-Anaaa...
-¡Vale! ¡Vale! –Se situó frente al espejo, sentada en el
borde de la cama, abrió del todo el albornoz, así como ligeramente sus piernas.-
¡Pero que sepas que me siento explotada!
Empezó a acariciarse, si es que a eso podía llamársele
acariciarse, puesto que más que nada estaba tocando simplemente partes de su
sexo, sin sentido ni ritmo, más por la frustración que por el propio deseo.
Pasado el "enfado" inicial, comenzó a hacer las cosas más como entraban en los
esquemas mentales de Raúl, abandonó las caricias directas en su entrepierna,
para recorrer sus muslos, sus brazos, su cuello, sus senos...
De vez en cuando la chica buscaba a Raúl en el espejo, ahí,
observándolo todo. Este sintió un escalofrío, no solo por la excitación, sino
porque estaba muerto de frío. Su única prenda de vestir seguía siendo la toalla.
-Ana. –Susurró con voz dulce.- Voy a cambiarme, que sino me
quedaré helado. Tu sigue, a tu ritmo, quiero oír como te arrancas un buen par de
gemidos, y sabré si finges, así que...
La chica le siguió con la mirada, para después dedicarse de
nuevo a lo suyo, nunca mejor dicho. Lo que unos minutos atrás habían sido roces
no deseados se empezaban a convertir en caricias bien dirigidas y que conseguían
su resultado, el calor comenzaba a aparecer...
Raúl cerró la puerta del cuarto de su hermana tras de él.
Estuvo escuchando al otro lado un rato, sonriente. En su cabeza de adolescente
no entraba la definición de un mundo sin placer para sí mismo, y quería que esa
sensación también la tuviera Ana, aunque hubiera que darle un empujoncito antes.
En sus ensoñaciones estaba cuando un tintineo le hizo volver
a la realidad de golpe.
-"Joder..."
Como un rayo fue hasta la puerta, por la mirilla pudo ver
como Cristina jugaba con el llavero. Abrió la puerta con sigilo y asomó la
cabeza.
-Cristina... –Susurró en un tono de voz bajísimo.- ¿Qué
quieres?
-Eh... –Ella le miró.- ¿Qué haces desnudo?
-No estoy desnudo... –Gruñó.- Llevo una toalla.
-Eso es estar desnudo... –Comentó ella.- Oh... ¿No me digas
que interrumpo? ¿Estabas haciendo cosas con tu amiguita, eh, pillin?
-No... Bueno, no exactamente... Pero... –Puso los ojos en
blanco.- ¿Para qué has venido? Aún no es hora de comer...
-Sí, lo sé, aún queda un rato. En realidad las otras siguen
durmiendo, pero yo he venido a coger una botella de té helado, que ya sabes como
se pone tu hermana si no es lo primero que bebe al despertar, y a mi no me
queda.
Raúl recordó con un escalofrío, esta vez de miedo, las
reacciones extremas de su hermana Laura. Había dos cosas en el mundo que la
ponían de muy mal humor, lo primero, que no le pusieran suficiente hielo en las
copas, una vez incluso llegó a tirársela encima al camarero, entre gritos e
improperios, y la segunda, no poder dar un trago enorme a su botella de té
helado nada más despertarse, cosa que le ocasionaba un cabreo general digno de
temer.
-Bueno, espera aquí, ahora te la doy.
Dejó la puerta entreabierta, con paso decidido fue a la
nevera, sacó una de las botellas de té helado y se dispuso a dársela a Cristina,
para su sorpresa, se la encontró en medio del pasillo.
-¡Pero no te había dicho que esperaras! –Bramó en el mismo
tono de voz casi inaudible.-
-Es que... –En su rostro se dibujó la curiosidad.- Quería
saber que hacíais...
-Joder, Cristina, toma la botella y lárgate.
-Que borde... –Se hizo la dolida, aún así sonrió con
malicia.- ¿Interrumpo un polvete mañanero?
-No. –Se exasperó.- No estamos haciendo nada... Bueno, yo no
al menos.
-¿Tú no? ¿Y ella sí?
-Sí, bueno, ¿Te puedes ir ya?
-No hasta que no me digas qué hace. –Se apoyó en el marco de
la puerta de la cocina, con su habitual pose "De aquí no me muevo hasta
conseguir lo que quiero".- Y con detalles.
-Bien... Bien... –Sus manos se crisparon, como deseando
estrangularla.- Está masturbándose, me enteré de que nunca lo había hecho, y le
dije que eso no estaba bien, que tenía que hacerlo, y... ¡Y ya está! ¡Vete!
-Espera, espera... –Cristina se puso repentinamente seria,
gesto poco común en ella.- En pocas palabras... ¿Me estás diciendo que has
obligado a la chica a que se masturbe?
-No tan grave como lo dices, pero...
Cristina avanzó desde el marco de la puerta hasta donde se
encontraba Raúl y, para sorpresa de este, le propinó una colleja, una pequeña
bofetada en la nuca. Sin excesiva fuerza, pero a él le dolió mucho, como si
fuera un perro al que su amo castiga por hacer algo muy malo.
Capítulo XLVIII
-O... Oye... –Se apartó ligeramente de la mujer.- ¿Te has
levantado con el pie izquierdo o qué?
-¡Pero de qué vas! –Dentro de su tono de voz bajísimo,
incluso los gritos parecían susurros.- ¡Cómo has podido hacer eso!
-Pero sí yo...
-Ni yo ni nada. –Ella le observó, ligeramente enfadada.- Eso
que has hecho es una estupidez.
-Pero...
-Es que siempre os pasa lo mismo. –Empezó un discursito,
hablando más para ella misma que para Raúl.- Todos tan básicos... ¡Cómo se nota
que sois hombres!
Él prefirió ni molestarse en contestar.
-No puedes obligar a una chica a masturbarse. –Hacía muchos
aspavientos con las manos, frenética.- Y menos si es la primera vez, es... Es...
¡Un crimen!
-...
-Claro, como para vosotros es todo tan fácil y superficial...
–Una de las manos de la chica fue directa hacia la zona íntima del chico,
cubierta solo por la toalla. Cristina apretó ligeramente, causándole una mueca
de dolor.- Todo ahí, colgando... Cuando un chico se masturba es algo tan...
Mecánico... Arriba abajo, arriba abajo, nada más.
-Cri... Cristina... –Susurró él, con la misma mueca de
dolor.- Aprietas demasiado...
-¿Eh? –Ella observó su mano, parpadeó dos veces antes de
darse cuenta y retirarla.- Ah, sí... Lo que te decía...
Dio una vuelta alrededor de la cocina, negando con la cabeza,
ordenando pensamientos.
-Para una chica la primera vez que se masturba es casi tan
importante como cuando pierde la virginidad. –Parecía más relajada, al menos ya
miraba a Raúl a los ojos.- Es... Descubrirse a sí misma...
-No será para tanto... –Rumió él.-
-Tú a callar, mandril pajero. –Ordenó ella.- Y hazme caso
porque este será un gran consejo que deberás recordar a lo largo de tu vida.
-Te escucho. –Murmuró, pese a que empezaba a sentir una
incómoda sensación de frío.-
-Para las mujeres masturbarse no es tan bonito y fácil como
para vosotros, sobretodo la primera vez. La sensación es... –Entrecerró los ojos
ligeramente.- Como si usurparas tu propio cuerpo.
-... –Abrió la boca, pero no dijo nada.-
-No te sorprenda saber que la inmensa mayoría de las mujeres
no se masturba, sean vírgenes o tengan una vida sexual activa, da igual. Y las
pocas que lo hacen no suelen pasar de las caricias en el clítoris, ni pensar en
utilizar los dedos en la vagina...
-¿Tú no te masturbas? –Soltó él con un deje sarcástico.-
-Je... –Se le escapó una sonrisilla.- Bueno, yo superé eso...
Hace tiempo... Pero el caso es que no hablamos de mí.
Dio un golpecito en la encimera.
-Raúl, en este sentido creo que te has pasado. Si ella no
estaba preparada, no debía hacerlo, puedes causarle un complejo, o peor, un
rechazo total.
-No creo que sea para tanto. –Repitió él, con sorna.-
-¿No te lo he dicho antes? Para los chicos es mecánico, para
las chicas es íntimo y especial. –Bufó ella.- No sé si ahora estés para arreglar
las cosas, pero debes tener tacto, ser cariñoso, y no banalizar excesivamente
sobre el asunto, debes...
-Cristina, por favor, vete ya. –Exclamó él, desesperado ante
el discursito, el frío y la posibilidad de ser descubiertos.-
Ella se incorporó, con la botella de té helado en la mano,
salió de la cocina, pero antes de que Raúl pudiera suspirar de alivio, Ana tomó
la dirección que le llevaba hacia los cuartos. Él se levantó como un resorte
para seguirla.
-¡Pero que haces! –Su voz era menos que un susurro.-
-Cállate y escucha. –Fue lo único que respondió.-
Cristina se había quedado frente a la puerta del cuarto de
Laura, apoyada, escuchando lo que dentro ocurría. Raúl, con las pulsaciones a
toda velocidad, no pudo más que callarse, deseando que la chica se cansara y se
fuera.
Cuando guardaron completo silencio pudo notarse lo que la
chica, con una percepción extrasensorial, había notado y quería que escuchara. Y
ahí estaba, respiración agitada, ligeros jadeos... ¡Lo estaba haciendo! ¡Y
parecía que le gustaba!
Apoyó su oreja contra la puerta. Sin duda, los minutos que él
había estado charlando con Cristina, Ana los había invertido bien. Un jadeo
especialmente largo le hizo sonreír, satisfecho de su obra. Cristina tenía los
ojos cerrados, concentrada.
-Ya termina... –Susurró de pronto.-
-No creo que termine, aún, parece que le...
Pero sus palabras fueron interrumpidas por el evidente final
de la chica, un bonito y prolongado gemido fue la perfecta culminación para la
situación. Y Raúl también recibió otro impacto en su fuero interno, "Aún te
queda mucho por aprender sobre mujeres", se dijo a sí mismo, "Mucho,
muchísimo..."
Cristina se dirigió hacia la puerta, se despidió de Raúl
lanzándole un beso, que él atrapó, y exhibiendo la botella de té helado, que ya
debía de haber perdido parte del frío. Él esperó unos instantes antes de entrar
en la habitación de Laura.
-¿No te ibas a cambiar? –Susurró Ana cuando le vio aún con la
toalla.-
Las mejillas de la joven estaban teñidas de rojo, su
respiración aún luchaba por normalizarse. No estaba en la misma posición en la
que Raúl la había dejado, sino que se había tumbado en la cama, alzado las
rodillas y abierto las piernas, una posición más cómoda.
-Eh... –Tuvo que luchar por volver a la realidad, pues la
imagen le había encantado.- Sí, es que se me olvidó...
-¿Se te olvidó vestirte?
-Sí... Supongo... –Tomo aire.- Y bueno... ¿Qué tal?
-Pues bien... Creo... Sí, bien... –Se le escapó una sonrisa,
parecía extremadamente relajada, como si estuviera a punto de dormirse.-
-Oye, Ana... Siento haberte... Presionado... –Se sentó a los
pies de la cama.- No quería obligarte ni nada por el estilo...
-No te preocupes. –Ella le quitó importancia con una luminosa
mirada.- Al principio más que masturbarme estaba actuando para ti... Pero cuando
te fuiste, pues... No sé, seguí... Y bueno...
-Ya, pero... –Luchaba contra la idea de que las palabras de
Cristina fueran ciertas.-
-Raúl no importa. –Se incorporó.- Aunque sí es raro que lo
haya hecho en el cuarto de tu hermana... Eso ni lo había pensado.
Él se aproximó para besarla, notando en sus labios una
calidez reconfortante.
-Feliz navidad. –Musitó.-
El sexo de la joven se mostraba húmedo, perlado y sumamente
apetecible, Raúl lo devoró con los ojos, dispuesto a limpiar los "restos" a la
primera orden de la chica. Por desgracia para él, Ana parecía llevar suficiente
estimulación en lo que transcurría de día.
Tras algunos besos más, una nueva ducha de Ana y ropa nueva
para Raúl, la mañana fue avanzando. Finalmente, entre amigos, todos en pijama o
similares, acabaron los cinco juntos.
-Eh, eh, alguien se podía haber molestado en ir a comprar el
pan. –Se quejó Laura.- Mira que sois vagos...
-Predica con el ejemplo... –Carraspeó Claudia, que ese día
tenía buena cara.-
-Yo es que estaba incapacitada. –Se defendió ella, retando a
la alemana con la mirada.- Cierta persona que se me durmió encima y acabé con un
calambre...
-Bueeeno... –Las interrumpió Raúl, intentando que Ana no
atara cabos.- Por cierto, no me había fijado, pero hay regalos bajo el árbol.
-¿De verdad? –Se giraron para ver el pequeño árbol, en
efecto, a su alrededor había algunos paquetes.-
-¡Mira Cris! ¡Ha venido Papa Noel! –Exclamó Laura.- ¡Qué
ilusión!
Abandonando la mesa, empezaron a ver paquetes y repartirse
paquetes. Sorprendentemente había para todos, incluso para Ana, alguien había
sido muy detallista.
-"Probablemente Claudia." –Pensó él, receloso, observando
como Cristina y Laura arrancaban el envoltorio de los paquetes con su nombre.-
"Porque de esas dos no puede esperarse nada bueno..."
Pero parecía que ese año se habían estirado todos, incluso
Ana había traído algunos detallitos la noche anterior, según recordaba, y él...
Él nada, lo había pasado totalmente por alto.
Seguía en su azoramiento personal cuando algo hizo que sus
alarmas se tensaran. Un envoltorio peculiar, con ositos, lacitos, chupetes...
-"Joder... No habrán sido capaces de..."
Antes de que Cristina pudiera quitárselo de las manos,
Claudia había conseguido rasgar el paquete, mostrando el contenido.
-No tenías que haberos molestado. –Rió ella, encantadora como
siempre, con dos o tres trajes de bebé en las manos.-
Se produjo un silencio gélido. Raúl sufrió un pequeño mareo,
afortunadamente estaba sentado y no pasó a mayores. Laura y Cristina eran las
más sospechosas, siempre risueñas, se habían callado repentinamente, serias.
Ana, por su parte, observaba a unos y otros, y a la ropa del bebé.
-Sí... Ya verás lo que le gusta esta ropa a mi sobrino.
–Comentó Claudia, en un tono nada convincente.-
Si Ana ató cabos él no lo supo, la tenía por una chica
inteligente, que callaba mucho de lo que sabía, aún así, se reconfortó.
-"Una cosa es que piense que está embarazada... Y otra que el
hijo es mío."
Volviendo al mundo real, Raúl se dedicó a abrir sus paquetes,
ignorando al resto. Entre todos, el más cantoso era uno. Unos pantalones de
cuero negro.
-Pensé que te quedarían bien. –Comentó Laura, con una sonrisa
delatora en la cara.-
-Estás loca si piensas que voy a ponerme esto. –Entrecerró
los ojos.- Es completamente gay...
-"Completamente gay". –Repitió Cristina, emulando su voz.-
¿Habéis visto como lo dice? Con esa entonación tan... Sofisticada...
Las chicas rieron, a él se le subieron los colores.
-No me lo voy a poner. –Lo dejó a un lado.-
-¡Estás despreciando mi regalo! –Laura se hizo la afectada.-
¡Mira Cris! ¡Encima que no nos trae nada!
-Sí, que desagradecido... –Cristina le dio un par de
palmaditas en la espalda a su hermana.- Yo pensaba que era un chico más decente,
pero veo que no...
-Anda, póntelos... –Sugirió Ana.-
-No te unas a ellas, me da igual, es una horterada, no me
gustan, no...
-Venga, Raúl. –Claudia le sonrió.- A lo mejor te quedan bien.
Con cuatro pares de ojos posados en él, no pudo más que coger
la dichosa prenda y llevarla a su cuarto. Ahí se la puso, notando el tacto
extraño del cuero. Se observó.
-"Con lo que tú has sido..." –Se reprendió mentalmente,
observándose.-
Salir de su cuarto le requirió un gran rato para calmarse.
Caminar con ellos, sentirlos pegados a su piel...
Cuando llegó al salón, las cuatro mujeres guardaron silencio,
observándole con detenimiento. Pese a que debían haber acordado mantener la
calma, la primera en caer fue Laura, su gesto concentrado y serio fue demolido
por una sonrisa mal contenida. Y finalmente, como si fuera un circo, las
carcajadas.
Cristina acabó llorando mientras le señalaba, incluso Ana
parecía fuera de sí, Laura al borde del coma, y Claudia intentando serenarse.
-¡Os ponéis así por unos simples pantalones! –Vociferó él,
cuya cara se había tornado del color de las guirnaldas rojas.- ¡Inmaduras! Pues
me los quito y punto...
-No, no, por favor... –Su hermana intentó mantener la
compostura.- Es que... Es que te marcan todo tan... Tan...
-Tan... Tan genial... –Corroboró Cristina entre carcajadas.-
Esto... Esto merece una foto. Iré a por mi cámara...
Y así, entre bromas, comida, charlas y risas, pasó el día de
Navidad.
Continuará.
PD. Malo, malo, malo, malísimo... Con diferencia lo peor que
he escrito dentro de "Eso", en realidad no tenía ni ganas de divulgarlo, pero mi
regla autoimpuesta de publicar todas las semanas... No os cortéis con las
valoraciones, si yo mismo pudiera dármela, no pasaría del "Bien" ni en el caso
más dicharachero. Eso me pasa por quererme meter en un asunto tan profundo como
el océano, la masturbación femenina. Que una cosa es saber cómo hacerla o
preguntar qué se siente, y otra bien distinta saberla. Tisk... Estoy frustrado
como "escritor". Tranquilos, tranquilos... Superado este berenjenal en el que yo
mismo me he metido, seguiremos. Por cierto, me interesa mucho saber el punto de
vista de las féminas (Señoras y señoritas) sobre el "tema", que uno debe
nutrirse de sus errores, ¿No? Hoy sin dedicatoria... Bueno, sí, a los que
aguantaron leer el tostón de esta semana. ¡Un placer!