Era jueves, el día que llegaban mis padres. Me levanté sobre
las ocho de la mañana, no había dormido muy bien, echaba de menos a Hicham a mi
lado. Seguí mi rutina habitual de aseo personal. En el espejo comprobé que aun
conservaba las marcas de moratones y mordiscos que me había hecho Hicham en los
pechos y el culo, sentí una punzada de nostalgia, esperaba que lo estuviera
pasando bien con Marta. Estaba desayunando, sobre las 9 de la mañana, cuando
sonó mi móvil.
Sí – contesté.
Ana, soy yo mama.
Hola, ¿qué tal?, me ha dicho Jorge que hoy llegabais
aquí.
Sí, te llamaba por eso. Estamos en Madrid ahora mismo, en
la circunvalación, la M-40. Hemos salido temprano y llegaremos antes de lo
previsto. – se suponía que llegarían a mitad de la tarde. – Quería avisaros
para que estuvierais en casa, tenemos muchas ganas de veros.
¡Que bien! – exclamé. – ¿Llegareis para comer? Podríamos
ir a comer a un restaurante que hemos descubierto. Marta y yo hemos comido
allí, se come de maravilla.
Bueno, para comer yo creo que sí que estaremos allí. ¿Qué
tal va todo?
De maravilla, lo hemos pasado estupendamente. Hemos hecho
amigos, buena gente. Ya os los presentaremos.
Bueno, te dejo. Mejor vigilo a tu padre antes de que se
pase la salida a la autovía…
De acuerdo. Yo prepararé vuestra habitación. Conducid con
cuidado. Hasta luego.
No sabia como este adelanto podría afectar al plan que
habíamos montado, así que después de colgar, llamé a Jorge, y le conté las
novedades. Me dijo que habría que modificar el plan y que el y Don Higinio
tendrían que arreglar algunos detalles. No pude evitarlo y le pregunté por
Hicham. Me contestó que él y Marta se lo habían pasando muy bien. Habían pasado
la noche juntos, los había estado oyendo follar hasta la madrugada, en esos
momentos ambos aún estaban durmiendo. Jorge me dijo que me olvidase del plan
inicial y esperase a que Marta llegase al piso y que la apoyara en todo lo que
dijera. Nos despedimos.
Estuve limpiando la casa, y haciendo tiempo hasta que llego
Marta, un poco antes de las dos del mediodía. Llevaba puesta la misma ropa con
la que se había ido hace ya una semana, la minifalda blanca y el top tipo
chaleco, aunque ambos estaban ya muy sucios y llenos de lamparones. Nos
saludamos y dijo que iba a cambiarse, la seguí a la habitación. Cuando se
desnudó, no pude evitar fijarme en su cuerpo, tenía un moratón en la mejilla,
las tetas, el culo y el cuello lleno de chupetones, y algún que otro cardenal.
Ella se dio cuenta de mi cara de sorpresa.
Esto me lo ha hecho tu amigo, el moro. Menudo cabrón esta
hecho. Ha estado jodiéndome toda la noche a base de bien. Aunque es un hijo
de puta indeseable, y feo como el solo, hay que reconocer que sabe follar de
puta madre, he gozado como una perra.
Se llama Hicham y me alegro mucho de que te haya gustado
como folla, a mi me encanta. Es un magnifico amante. Pero ¿por qué lo
insultas de esa manera? él no tiene la culpa de ser feo… - dije yo
defendiéndolo.
No es por eso, si ya te digo que me gusta como folla, es
por como trata a su familia. Ayer, Jorge me lo presentó, y me dijo que
procurase que lo pasará bien. Fuimos a la habitación, y sin decirme una
palabra se lanzó sobre mí, me folló un par de veces, y lo hizo muy bien,
bastante bestia pero me gustó mucho. Luego me pidió un whisky, y con
bastante brusquedad me puso a comerle la polla flácida mientras él bebía. –
me contó Marta. Yo sonreí, ese era el estilo de Hicham. – Mientras se la
chupaba, hizo una llamada por el móvil, y estuvo un buen rato hablando en
árabe. Al principio parecía contento, y se reía con su interlocutor, sin
embargo a medida que conversaba se fue enfadando. Cuando colgó parecía muy
alterado, así que le pedí que me contase de que había hablado, me había
gustado como me había follado y quería que se calmase y relajara para que me
volviera a follar a gusto, y luego me enculara.
¿Y qué te contó?
Había hablado con un primo suyo, en su país. Resulta que
quería comprobar si el primo le había dado una paliza a su mujer e hijas,
como él le había pedido, también quería saber cuanto le habían pagado ellas
por pegarlas. Me dejo de piedra que dijera esto, como si fuera lo más normal
del mundo que alguien pagara por que le pegasen. – sonreí al oírla, Hicham
no se olvidaba de cuidar a su familia.
El primo les había pegado, esa fue la parte donde estaba
contento. Se había partido el culo cuando el primo le contó como habían
llorado, suplicándole que no les pegase más. Le hizo hecho mucha gracia que
hubiera usado una vara fina para golpear las tetas de su hija mayor. Me
explicó que así le quedarían unas heridas que tardarían varios días en
curar. Me contó que era muy divertido porque acababa de parir y estaba
lactante, así que cuando diera de mamar le dolería horrores durante varios
días. Felicitó a su primo por su dedicación, y le dijo que se asegurase la
próxima vez de darle en los pezones con la vara – al igual que Hicham, yo
también me alegre, al oír esto, estaba claro que el primo de Hicham, era un
buen amigo que realmente se preocupaba. Me imaginaba el dolor que sentiría
esa puta cuando diera el pecho a su hija, y se diera cuenta que se lo tenia
merecido, que ella misma se lo había buscado.
Sin embargo ellas no le pagaron nada. – prosiguió Marta.
-Le dijeron que no tenían dinero, que en el trabajo les pagaban bastante
menos del salario normal. Al parecer allí ya comienza a hacer frío y las
mantas que tenían estaban infestadas de pulgas. Se habían gastado el sueldo
comprando unas mantas usadas, sin pulgas, para las pequeñas y algo de
comida. El primo no supo que hacer, las dejo tranquilas, y se fue sin
cobrar. Ahí fue donde tu amigo el moro se cabreó. Le dio instrucciones a su
primo, para que les quitase las mantas y cualquier cosa de valor que
tuvieran, las mantas las tenía que quemar delante de ellas y el resto
venderlo y quedarse lo que sacase. También insistió mucho en que la próxima
semana les pegase más fuerte y les sacase a hostias el sueldo de todo un día
de trabajo. Le aconsejó que las visitará nada más volvieran de trabajar
antes de que derrocharan la paga en más tonterías. Le dijo que usará la vara
o un palo para no lastimarse al pegarlas, y que no las dejara hasta estar
completamente seguro de que le entregaban hasta la última moneda. El primo
se preocupó por si las lesionaba, y él le dijo que no importaba, sería culpa
de ellas si permitían que él tuviera que llegar tan lejos. Estoy segura que
el whisky que se estaba bebiendo valía más que las putas mantas. Hay que ser
muy cabrón para tratar así a tu propia familia.
Mientras Marta me contaba la conversación de Hicham me
pregunte si su primo habría incluido a las pequeñas en los golpes, ellas no
habían hecho nada malo, pero era bueno que también recibieran, para que fueran
aprendiendo desde jovencitas, para que no se estropearan como su madre y
hermanas mayores. Además pensé que el primo tendría mucho trabajo pegando a las
cinco mujeres de Hicham, además de las suyas propias. Un día del sueldo de ellas
me parecía poca recompensa para tanto esfuerzo, tendría que hablar con Hicham
para ver como podía recompensarle a su primo tanta dedicación, quizás deberían
de pagarle las ganancias de dos días.
Por otra parte, me dolió mucho que las zorras de su mujer e
hijas, volvieran a mostrar un comportamiento tan egoísta. De nuevo volvían a
poner sus estúpidos caprichos por delante del respeto que debían a Hicham,
afortunadamente él había reaccionado como un padre ejemplar, y había dado a su
primo las instrucciones correctas. Comprendí que no podría quedarse mucho
tiempo, con tantas obligaciones en su país de origen, y me enfadé un poquito.
También me molesto que Marta tuviera esa opinión de Hicham, así que quise
contarle la historia para que viera que las malas eran ellas, se diera cuenta de
lo rastreras que podían llegar a ser, y que si alguien merecía su compasión no
eran ellas, sino Hicham.
Bueno, tú no sabes la historia, pero ellas se pasaron
mucho con él, lo trataron sin ningún respeto y lo putearon lo indecible,
amargándole la vida. Él sin embargo quiere perdonarlas, y esta tratando de
recuperarlas. De hacer que le respeten. – le dije a Marta.
¿Cómo quiere ganarse el respeto? ¿A hostias?
Es otra cultura, están acostumbrados a eso, allí es
normal, todo el mundo lo acepta y espera ese comportamiento, ellas las
primeras. Deberías de respetar sus costumbres – me costaba aceptar que Marta
fuera tan corta de miras.
Bueno, eso podría llegar a entenderlo, pero lo del
dinero…
No se trata de un problema de dinero, Hicham sabe que yo
les daría todo el que hiciera falta sin pensarlo dos veces. El problema
principal es la actitud de que ellas tienen. Son unas egoístas
derrochadoras, unas vagas acostumbradas a trabajar poco. Se gastaron todo el
dinero de Hicham en gilipolleces, e incluso protestaban cuando el compraba
algo útil y necesario para la familia. Con esa actitud, no te extrañará que
llevaran a la familia a la ruina económica. Hicham vino aquí de inmigrante
ilegal, jugándose el pellejo, por ese motivo… para conseguir dinero…todo
para ellas, ya que él, con su esfuerzo, ganaba bastante para vivir, sin
lujos, pero dignamente. Mira si son cabronas que ni su mujer ni sus hijas
mayores pusieron ninguna pega a que su padre y marido, se jugará la vida
yendo a un país extraño, separándose de su familia y de sus hijas pequeñas,
a las que quiere con locura y cuya educación tiene pendiente. Es más lo
animaron a que se fuera, cegadas por la codicia pensando en el dinero que él
podría ganar, sin pensar en que las pequeñas necesitan a su padre.
Afortunadamente, hace unos días Hicham se dio cuenta de la realidad de la
situación, y decidió hacer algo para arreglarlo.
¿Y qué hizo? – pregunto Marta, intrigada por la historia
que estaba contando.
Lo primero que hizo fue conseguirles unos buenos
trabajos, incluso negoció con los vecinos un sueldo y horario muy ventajosos
para ellas. Él solo quiere que ellas aprendan algo de responsabilidad y
comprendan que el dinero cuesta de ganar. Como se han portado tan mal hasta
ahora, él no se fía por completo de ellas y por eso encargó a su primo que
las vigilase. Lo único que ellas tenían que hacer era trabajar y pagarle
algo al primo por las molestias. Y ya ves como lo agradecen, a las primeras
de cambio intentan escaquearse, presentándose como victimas. Me consta que
en su trabajo las alimentan bien, y podían haber trabajado un poco más para
comprar las mantas que quisieran, pero no, ellas han preferido sacarlas de
la parte del primo. La lección que Hicham quiere transmitirles es que si
quieren algo, deben de poner esfuerzo de su parte para conseguirlo, y dejar
de abusar de los hombres que tienen a su alrededor. Sinceramente, a mí no me
parece una mala lección, y lamento que ellas no la estén aprendiendo y que
tú tampoco lo veas así. – le dije a Marta. Me ofendía que sin saber los
detalles, hubiera juzgado y condenado a Hicham. – En el fondo Hicham y su
primo las están ayudando a ser mejores personas.
Pero ¿cómo puede permitir que sus hijas pequeñas duerman
con unas mantas llenas de pulgas?
Ya te he dicho que ellas pueden comprar mantas cuando
quieran, solo han de currar unas horas extra. Además unas cuantas pulgas
unos días no matan a nadie. Dicen que compraron mantas usadas, si de verdad
cuidaran tanto de las pequeñas, ¿no crees que habrían comprado mantas
nuevas? No, estoy segura que se gastaron el dinero en estupideces para ellas
dos, y usaron las mantas como excusa para justificar que no lo tenían.
Bueno, la verdad es que visto así… la verdad es que
parece que ellas son unas bordes…quizás él no sea tan cabrón… yo no sabia
todo esto…estoy de acuerdo en que algo tenia él que hacer…igual él se ha
pasado un poco con el castigo…- Marta dudaba.
No es ningún cabrón, en absoluto, créeme, y no se ha
pasado castigándolas, yo diría que se ha quedado corto. He pasado una semana
viviendo con él, ayudándolo a recuperarse del lamentable estado en que ellas
lo dejaron. Él puede ser un poco bestia, y su cultura es algo machista, pero
eso no es culpa suya, lo han educado así. No tiene muchos estudios, pero es
la persona más buena, sensible y con más corazón que conozco. Que sepas que
él siempre ha cuidado y atendido magníficamente a su mujer y a sus hijas,
siempre les ha dado lo que necesitaban, sacrificándose él. Atendió a su
cuñada, una temporada tras la muerte de su padre antes de encontrarle un
trabajo del que pudiera vivir. Él es así de generoso, incluso cuando era
joven ayudaba a las mujeres de los otros pueblos a encontrar un trabajo y
ganarse la vida, muchas aún le dan las gracias cuando lo ven. Tiene una
intuición prodigiosa, sabe valorar las situaciones, y portarse como un
hombre en todo momento. Conmigo se ha portado estupendamente, a su modo, me
ha tratado con dulzura y comprensión, me ha enseñado muchísimo y también te
puede enseñar a ti. Simplemente tienes que abrirte a él, aceptarlo como es y
veras el buen fondo que tiene dentro – le aseguré. – Yo le estoy muy
agradecida por todo lo que ha hecho por mí.
En ese caso, creo que me he precipitado en mis
conclusiones. Estoy un poco avergonzada. Estaba tan enfadada con él, que el
resto de la noche no me entregué como debía. Me follo una vez más, aunque yo
no estaba por la labor, me lo hizo tan bien que me corrí cuatro veces sin
poder evitarlo. Ahora me avergüenzo, pero yo no hice nada especial para que
él disfrutase. Me gustaría compensárselo de alguna forma. – dijo Marta, se
notaba que estaba arrepentida.
Bueno, no te preocupes. Simplemente trátalo como a una
persona normal, de hecho trátalo como a alguien muy especial para mí,
intenta complacerlo, ser obediente y mostrarle que estas atenta a sus
pequeños deseos. – intenté tranquilizarla. – Aprovecha porque no sabemos
cuanto tiempo estará aquí, aún tiene dos hijas pequeñas, y cree que su
obligación como padre es volver con ellas, cuidarlas y educarlas, y más en
la situación actual en la que no puede confiar en su mujer e hijas mayores.
Cuando lo veas intenta hacer que se relaje, disfrute y este a gusto y ya
veras como te sientes mejor. Aunque tienes el listón alto, ya que yo me he
esforzado mucho por complacerlo. – dije presumida.
Ya veremos. De todas formas, tienes razón, ahora me doy
cuenta de lo confundida que estaba, me he quedado en las apariencias y no he
sabido ver más allá, en el interior que es lo que realmente importa, me he
portado como una idiota. Haré lo que dices… Vaya Ana – me dijo con una
sonrisa, – se nota que le quieres mucho. Me alegro mucho por ti.
Gracias, para ser sincera, creo que me estoy enamorando
de él.
Joder con mi hermanita, le van los feos maduros… – dijo
Ana, con una sonrisa. Se notaba que se alegraba por mí sinceramente.
Si son como este definitivamente sí. Mucho mejor que los
niñatos.
Me sentí mucho mejor después de haber aclarado las cosas con
Marta. Me alegré mucho cuando me contó que, esa mañana, antes de venir a verme,
Hicham se había puesto exigente y la había obligado a hacerle una mamada. A
pesar de que ella no quería, pues en ese momento estaba aún enfadada con él,
Hicham había sabido imponerse. Le había dado un par de hostias, y cogiéndola de
los pelos le había follado la boca salvajemente, haciéndole daño, mientras ella
intentaba liberarse. Don Higinio, lo había visto todo y había animado a Hicham a
que se la metiera bien duro, hasta que se corriera en su garganta, como
finalmente había acabado haciendo. Tras correrse Hicham le había escupido en la
cara antes de empujarla al suelo y ordenarle que le trajera un whisky. En el
fondo, yo estaba muy orgullosa de Hicham, sabia perfectamente como tratar a las
mujeres, y esperaba que no lo olvidase cuando volviera a casa a continuar con la
educación de sus hijas.
Estuvimos hablando un rato. Marta había dejado el chalet,
bastante resentida con Hicham y Don Higinio, pero ahora se daba cuenta de que
había sido una imbécil. Las dos estábamos de acuerdo en que había tenido una
rabieta infantil, fruto de su desconocimiento, y que estaba bastante claro que
Hicham y Don Higinio sabían mucho mejor que ella lo que le convenía. En el
fondo, la lección fundamental que Marta debía aprender era que no debía pensar
tanto, olvidar sus prejuicios, aceptar que no lo sabía todo y dar cariño a las
pollas que tan amablemente se le ofrecían. Creía que, tras una semana con Don
Higinio, ya habría aprendido esta importantísima lección de la vida, pero al
parecer las malas costumbres no se olvidan tan fácilmente. Aún le quedaba algo
de trecho para ser la puta que Jorge quería, una cerda chupapollas como yo. Me
dijo que lo iba a intentar con todas sus fuerzas, que íbamos a estar orgullosos
de ella cuando viéramos lo guarra que podía ser. Quería que se la follasen los
tíos más cerdos, degenerados y cabrones del mundo, que abusaran de ella, le
hicieran daño y la humillaran, tratándola como la puta de mierda que en el fondo
era, que eso es lo único que se merecía y lo único a lo que aspiraba en la vida.
A pesar de que me había molestado mucho con Marta cuando
había hablado mal de Hicham, sentí simpatía por ella al ver lo culpable que se
sentía en ese momento y las cosas que decía de si misma, parecía que estaba
arrepentida y quería enmendarse. Me dijo que no pensaba lavarse la boca, para
que el aliento le oliera al semen de Hicham cuando besase a nuestros padres. Yo
le pedí que me echase el aliento, y efectivamente olía un poco a su leche,
siempre recordaré ese embriagador aroma. No pude evitar besar a mi hermana,
metiendo mi lengua en su boca, recorriendo sus dientes, y aspirando su saliva.
No lo hacia por ella, sino que trataba de absorber ese maravilloso sabor en mi
boca. Marta me dejó besarla unos segundos, y luego me aparto de un empujón,
diciéndome que ya estaba bien, que nuestros padres iban a llegar enseguida y
teníamos que vestirnos.
Me dio la ropa que debía ponerme para recibir a nuestros
padres. Una falda muy corta, y una camiseta blanca de manga corta, la camiseta
era bastante pequeña y de tela fina, pero lo mejor es que habían estampado una
fotografía mía. Era una de las fotos que me habían hecho la primera noche, la de
la fiesta con los viejos, en ella solo se veía mi cara con unos cuantos
goterones de semen en las mejillas y labios, y una expresión de total felicidad.
Me gusto muchísimo, era muy morboso llevar esa foto claramente visible en mi
pecho, era más obsceno que si fuera una mía desnuda, y yo estaba realmente guapa
en la imagen. Marta se puso un fino vestido de color azul. No nos pusimos ropa
interior, y nos acariciamos y lamimos mutuamente los pezones antes de ponernos
las gomas.
Nos vino justo el tiempo, acabábamos de vestirnos cuando
nuestros padres entraron por la puerta. Nos saludamos, abrazamos y dimos unos
cuantos besos. Mientras ellos deshacían las maletas en su habitación,
preguntaron por Jorge.
Esta comiendo con unos amigos que hemos conocido este
verano. Son empresarios, buena gente, y Jorge cree que puede hacer negocios
con ellos. Como os habéis adelantado no ha podido cancelarlo. – dijo Marta.
Bueno pues ya lo veremos luego. – dijo mi padre. – Ahora
lo que me apetece es comer. Tengo hambre y ya es la hora.
A eso iba, he hablado con Jorge y me ha propuesto que
comamos en el mismo restaurante que ellos, en otra mesa, luego podríamos
juntarnos para tomar café todos juntos, e igual podemos presentaros a
nuestros amigos.
Bueno de acuerdo, pero vamonos ya. – dijo mi padre. –
Estoy cansado de conducir y me apetece comer y echarme una siesta. Oye Ana,
esa camiseta que llevas, ¿no es un poco…?
¿Un poco qué? – contesté desafiante. Aunque era un muy
morbosa, no era más que una fotografía de mi cara, la obscenidad estaba en
si te imaginabas lo que eran las gotitas blancas. Sabía que mi padre no se
atrevería a decirlo en voz alta. ¡Que coño! a mi me gustaba la camiseta y
pensaba llevarla.
Nada. – mi padre bajo la mirada. – No había visto antes
esa foto tuya…
Venga, salgamos de aquí o no llegaremos nunca. – corto mi
madre.
Fuimos al restaurante de Matias, que salió a recibirnos. Se
mostró muy familiar con nosotras, muy en su papel de dueño del restaurante y le
presentamos a nuestros padres, se deshizo en alabanzas a mi madre, diciendo que
era muy guapa, y que ahora comprendía de donde habíamos sacado nosotras nuestra
belleza. Mi madre se ruborizo un poco, por cierto no lo he mencionado antes pero
se llama Montse y mi padre Juan Carlos.
Matias nos asigno un reservado, y nos dijo que Jorge estaba
en otro comiendo con unos señores. Le pedimos que avisara a Jorge que habíamos
llegado, que seguramente se unirían a nosotros para el café.
La comida fue normal, estaba todo muy bueno. A recomendación
de Matias, todos pedimos carne con salsa. Yo no noté nada extraño en la salsa,
pero como ya sabia cual era la especialidad de Matias, no pude evitar una mirada
interrogante a Marta. Marta lo comprendió perfectamente y me dijo en voz alta:
"No preguntes." Mis padres no se dieron cuenta de este gesto de complicidad
entre hermanas. Aunque no estaba segura de si Matias o alguno de sus camareros
se había corrido en nuestros platos, el pensar que podían haberlo hecho y que
toda mi familia se lo estaba comiendo me excitó muchísimo. De alguna forma
perversa me pareció muy apropiado y correcto.
La conversación fue la típica, hablamos de las vacaciones que
cada uno había tenido, de lo que habíamos hecho. Marta contó su viaje a México,
…Marta y yo aprovechamos para decir lo geniales que eran los amigos con los que
estaba Jorge.
Mi padre siempre me ha tratado con amor y cariño, sin
embargo, con todo lo que yo había aprendido en los últimos días la opinión que
tenía sobre mi padre había bajado mucho, y estaba resentida con él. Mi opinión
no mejoró durante la comida, cada vez que hablaba me parecía que lo que decía
eran gilipolleces que no interesaban a nadie, y que era un completo imbécil.
Encima había estado a punto de criticar mi camiseta. Aunque no monté ninguna
escena, ni dije nada inapropiado, no pude evitar estar fría y seca con él, y
durante esa comida le perdí el poco respeto que le tenía. No podía evitar pensar
en lo bien que yo lo pasaba, como Marta estaba aprendiendo a divertirse, y que
todo eso le estaba vetado a mi madre por culpa del imbécil que tenía por marido.
Interiormente lo comparaba con Hicham, y aunque mi padre era más guapo, salía
perdiendo por goleada, no comprendía que veía mi madre en ese mierda de hombre.
Cada vez estaba más convencida de que mi padre era un lastre para la familia.
Cuando pedimos los cafés, Jorge se asomó por la puerta.
Saludó a todos, muy cordial y efusivo, y nos contó que ellos iban a pedir los
cafés. Nos dijo que la reunión había ido muy bien, y que habían hablado de un
par de proyectos que podían darles mucho dinero. Nos preguntó si podía
invitarlos a tomar café con nosotros y así se los presentaba a mis padres. Marta
y yo le animamos a ello, mi padre se mostró indiferente, y a mi madre le picaba
la curiosidad. Así que Jorge se fue a buscarlos.
Al rato volvió con ellos, eran Don Higinio, Don Alberto y Don
Francisco, les acompañaba una mujer latinoamericana con pinta de fulana, a la
que Jorge presentó como Mari. La cara de mi padre al ver a Don Francisco fue
todo un espectáculo, se puso rojo de rabia, pero intento guardar las formas y no
dijo nada. Marta y yo nos levantamos contentas de verlos y fuimos a saludarlos
con dos besos a cada uno, pegándonos mucho a ellos y apretando nuestras tetas
sobre sus pechos, sobre todo él de Don Francisco. Éste aprovechó para tocarnos
ligeramente el culo a los dos por encima de la ropa, una mano para cada una,
mientras nosotras le abrazábamos fuertemente aplastando nuestras tetas contra su
pecho, y le decíamos lo feliz que nos hacia verle. Supongo que ver como su
enemigo sobaba a sus dos hijas delante de sus narices, y que estas lo aceptaban
de buen grado sacaría a mi padre de sus casillas, pero el muy cobarde no dijo
nada.
Ellos primero saludaron con dos besos más discretos a mi
madre y luego le dieron la mano a mi padre, cuando le toco a Don Francisco, este
le dijo: "Hola de nuevo Juan Carlos. Qué casualidades tiene la vida." Mi padre
le dio la mano de de mala gana sin decir ni una palabra. Luego, todos nos
sentamos en la mesa mientras venían los cafés. La Mari fue completamente
ignorada en las presentaciones, y se sentó sin decir nada al lado de Don
Francisco en el extremo de la mesa más alejado de mi padre.
Bueno, por fin conocemos al resto de la familia. – dijo
Don Higinio, y dirigiéndose a mi padre. – Quiero decirle que conocimos a sus
hijas, y luego a su yerno, hace unos días y que quedamos impresionados por
la belleza de ellas y la gran capacidad de él. Hemos pasado buenos momentos
juntos. Sinceramente les felicitó, tiene una familia realmente
maravillosa…unas hijas preciosas y por lo que veo su mujer no les va a la
zaga en belleza. Es usted un hombre muy afortunado. – se notaba que mi padre
estaba realmente sorprendido de que estuviera allí Don Francisco, no sabia
que decir y se produjo un silencio un poco incomodo que rompió mi madre.
Muchas gracias por sus palabras, Ana y Marta ya nos han
dicho lo contentas que están de haberles conocido, y que gracias a ustedes
se les han animado las vacaciones. – dijo mi madre. – Les estoy muy
agradecida por cuidar de ellas, aunque ya son mayores, siempre serán mis
niñitas.
En ese momento se incremento el despreció que ya sentía por
mi padre. Se había quedado callado como un pasmarote, sin hablar y había tenido
que ser mi madre la que solventase la situación. Don Francisco, el hombre que él
odiaba, sobaba a sus hijas descaradamente, se sentaba a su mesa con su familia,
junto a una prostituta, y se tomaba un whisky en sus narices con toda la
tranquilidad del mundo, y mi padre no tenía pelotas para decir ni una palabra.
Don Francisco demostró tener mucha más clase que mi padre, estar seguro de sus
convicciones, y no tener miedo a los enfrentamientos, en fin ser un hombre de
verdad, ya que él continuo la conversación, aprovechando las palabras de mi
madre.
Unas niñitas tan bellas como su madre, lo cual es mucho,
si me permite decirlo. Espero que nos llevemos tan bien con usted como nos
llevamos con ellas, y que disfrutemos de usted al igual que hacemos con
ellas. Por cierto Juan Carlos, te acuerdas de aquella ocasión en que me
dijiste que tu Montse era mejor que las chicas aquellas, no tuviste ocasión
de cumplir tu palabra, lo cual sabes que nos ha ocasionado problemas, pero
viendo lo guapa que es Montse, estoy dispuesto a considerar que podrías
tener razón. Aunque aún estoy esperando a que te decidas a demostrármelo.
En ese momento mi padre estalló, se levanto de la silla y
comenzó a insultar a Don Francisco, diciéndole que era un desgraciado, que como
tenía la caradura de presentarse, … en fin perdió los papeles por completo y
monto una escena. Ni siquiera esto sabía hacerlo, había estado aguantando como
un imbécil, y saltaba en el momento menos oportuno, como si fuera un crío. Me
dio vergüenza ajena que se comportará tan ridículamente.
Mi madre intentaba calmarlo, el resto de nosotros nos
quedamos callados, mientras él despotricaba. Don Francisco ni se inmuto, se
levanto, se acerco a mi padre e hizo ademán de ir a pegarle, mi madre se
encogió, como esperando el golpe, demostrando a todos que era un cobarde.
Se ve que le dio pena a Don Francisco, porque en vez de darle
la hostia que se merecía, bajó la mano, dijo que él siempre había mantenido su
palabra, y que no tenia necesidad de aguantar que un mierda lo insultase, agarró
a la Mari del brazo y se fueron de allí. En cuanto salieron mi padre cerró la
boca, y se volvió a sentar. Jorge se levantó, lanzó una mirada reprobadora a mi
padre, y salió de la habitación mientras le decía: "No se a que viene todo esto
Juan Carlos, pero creo que acabas de joderme un gran negocio. Espero que tengas
una buena explicación. Me voy con él a ver si puedo arreglarlo."
Mi padre se quedo de piedra, mi madre no hacía más que
preguntarle a que coño venia todo esto, le preguntaba por qué había estallado de
esa manera, pidiéndole explicaciones, que él no contestaba. Marta, Don Higinio,
Don Alberto y yo nos quedamos en un segundo plano, sin decir nada, hasta que mi
padre se calmase. Aunque se notaba que Marta apenas podía contener la risa, mis
padres no se dieron cuenta. Poco a poco, mi padre se fue calmando, sin abandonar
su mutismo y mi madre se iba poniendo cada vez más nerviosa al darse cuenta de
que él no respondía a sus preguntas. Al cabo de unos minutos, Don Higinio tomo
él control de la situación.
Montse, disculpa si me entrometo, pero creo que Juan
Carlos se ha alterado y necesita calmarse antes de explicártelo, que seguro
que hay una explicación a todo esto. ¿Por qué no salimos tus hijas, tú y yo
de aquí a dar una vuelta y lo dejamos que se tranquilicé? Seguro que Alberto
podrá quedarse con él, y ayudarle si hace falta. – dijo Don Higinio.
Sí, no hay problema. – dijo Don Alberto.
Mama, es una buena idea. Vamonos y deja que papa se
calme. – dijo Marta, apoyando la idea de Don Higinio.
Ésta bien. – claudicó mi madre, tras pensárselo un poco.
– Yo también necesito tranquilizarme un poco.
Salimos los cuatro del reservado. Don Higinio propuso que
diésemos una vuelta por el paseo marítimo y hablásemos de otros temas para
relajarnos, que Alberto nos mantendría informados. Marta y yo apoyamos la idea,
y fuimos a pasear con mi madre aún vacilante. Don Higinio se mostró encantador
y, poco a poco, fue relajando el ambiente, hablaba de trivialidades todo el
rato, soltándole galantes piropos a mi madre, que lentamente fue animándose y
participando en la conversación. Estuvimos como una hora paseando, y luego
fuimos a tomar un helado. Para entonces mi madre ya estaba bastante animada, y
estaba disfrutando de la alegre charla de Don Higinio. Entonces sonó el móvil de
Don Higinio…era Don Alberto. Don Higinio le paso el móvil a mi madre.
Don Alberto le contó que mi padre se había calmado, pero que
no sabia cual era la explicación a lo que había pasado ya que mi padre no se la
quería contar y él no quería presionarlo. Don Alberto le había pedido a mi padre
que llamase a mi madre, que ella estaría muy preocupada, y mi padre le había
contestado que aún no estaba preparado para hablar con ella. En vista de eso,
Don Alberto se había portado como un buen amigo y le había ofrecido a mi padre
ir al día siguiente a pescar a alta mar en su yate. Estaba seguro de que un día
de pesca, le relajaría y le haría centrarse, pensaba invitar también a Jorge.
Quería saber la opinión de mi madre, ya que no quería hacer nada que la
molestase. Mi madre le dijo a Don Alberto que estaba de acuerdo con su plan, y
que le agradecía muchísimo que apenas conociéndolos se tomase tantas molestias y
se portase como un amigo de toda la vida. Dándole las gracias a Don Alberto, mi
madre se despidió de él, le devolvió el móvil a Don Higinio, y nos contó la
conversación que había tenido.
Esta claro que Juan Carlos necesita un tiempo para
reflexionar, y poder explicarme que ha pasado. Es una suerte que Don Alberto
se haya ofrecido a llevárselo de pesca mañana. Sin embargo, esto me plantea
un problema. No sé si Juan Carlos ira al piso a dormir, pero preferiría no
cruzarme con él esta noche. – dijo mi madre. – Tengo que buscarme un hotel.
De ninguna manera, no voy a dejar que Alberto sea él
único que se porta de un modo ejemplar. Montse, tú te vienes a pasar la
noche a mi casa. Vivo en una casa grande y hay habitaciones de sobra. Si
quieres, mañana mientras tu marido se va de pesca, puedes pasar el día allí,
en la piscina, en el jacuzzi,…te conviene relajarte y no admito un no por
respuesta. – dijo Don Higinio.
Sí mama, es una buena idea. – dije yo.
¿Pero y mi ropa? Además, estoy afectada y me gustaría
estar con vosotras… hace tiempo que no estamos juntas- dijo mi madre.
Eso tampoco es un problema – contestó Don Higinio -,
puedo ir con Marta ahora a recoger lo que necesites, y por supuesto que tus
hijas también están invitadas.
Sí es la solución perfecta. Además te encantará su casa,
yo ya he estado, es un chaletazo y tiene de todo. – dijo Marta. – Vamos Don
Higinio, acompáñeme al piso.
Pero, ¿Qué vas a coger? Aún no he pensado que necesito… -
dijo mi madre.
Acabas de deshacer la maleta, simplemente volveré a
hacerla. También cogeré ropa para mí y para Marta. Esperadnos aquí. – dijo
Marta mientras ella y Don Higinio se levantaban, se despedían y salían de la
heladería.
Ana, ya que lo vas a conocer, mejor le cuentas a Montse
lo de tu invitado que esta en mi casa. – alcanzó a decir Don Higinio
mientras salía.
Bueno, entre todos me habéis liado. Al final nos vamos
todas de ocupas al chalet de Don Higinio – dijo mi madre, una vez ella y yo
nos quedamos a solas. – La verdad es que si que son buena gente, estos
amigos vuestros. Nada más conocerlos, han presenciado una disputa familiar,
y han reaccionado con mucha entereza y clase. Aunque me gustaría tener unas
palabritas con ese Francisco, y saber que ha hecho para que tu padre haya
reaccionado así…A propósito, ¿qué es eso del invitado?
Bueno…veras mama. Estas vacaciones he conocido a un
hombre. Me gusta mucho, y creo que yo a él….hemos estado viviendo juntos una
semana en el piso…y creo que me estoy enamorando. – confesé.
Vaya una buena noticia, entre tanto caos. Eso es
fantástico. ¿Por qué no has dicho nada hasta ahora?
Es que no estoy muy segura de que os vaya a gustar, sobre
todo a papa. Por eso le pedí a Don Higinio si se podía quedar en su casa
mientras vosotros estabais aquí. Pero con toda esta movida, se ha
descubierto mi secreto.
Y ¿por qué no nos iba a gustar? De todas formas no
importa, lo importante es que te guste a ti. Nosotros ya aprenderemos a que
nos guste. ¿Quién es? uno de esos macarrillas con los que siempre salías.
No…es mayor, casi sesenta años. Pero me hace muy feliz, y
con él me siento más madura, en serio. Se que hay una diferencia de edad,
pero no me importa lo más mínimo. Nunca me he sentido tan mujer como con él.
Me llena de felicidad. – "y de otras cosas", pensé sin decirlo.
Bueno, casi podría ser tu abuelo…pero soy consecuente con
mis principios y mantengo lo dicho, si a ti te gusta yo lo acepto. – aunque
lo intentaba se notaba que a mi madre le costaba aceptar que su hija
estuviera enamorada de un hombre tan mayor.
Hay más…esta casado, tiene hijos,…
Creo que eso ya me lo esperaba cuando me has dicho su
edad. Supongo que estará separado de su mujer.
Oficialmente aún no, pero espero que la abandoné muy
pronto, las cosas no le van bien con ella. En cuanto vuelva a su país y
arregle un par de asuntos con ella… Es que no es español, es un inmigrante
ilegal del norte de África. – por fin lo había soltado todo. La cara que
puso mi madre, fue de sorpresa total.
Bueno, hija me dejas de piedra…¡ un inmigrante ilegal !
No voy a oponerme a lo que sientes, lo único que puedo decirte es que las
cosas cambian, que te des un tiempo con él antes de tomar ninguna decisión
permanente.
Es un buen consejo, y te prometo que lo seguiré, pero no
creo que cambien mis sentimientos. Me he dado cuenta de que todos mis novios
anteriores, no han sido más que tonteos comparado con lo que siento. Nunca
he sentido algo tan fuerte ni tan intenso, como lo que siento por él. – mi
madre vio un brillo de amor y devoción en mis ojos, porque no esperaba sus
siguientes palabras.
No te preocupes, cariño. Yo te apoyo, y te apoyare ante
tu padre, aunque tienes razón y no creo que le guste lo más mínimo. ¿Marta y
Jorge lo saben? Y ¿Cómo se llama el africano éste que te ha robado el
corazón?
Los dos lo conocen, Jorge sabe que me gusta, y Marta sabe
que siento algo fuerte, se lo he contado esta misma mañana. Se alegra por
mí. Él se llama Hicham, y yo sabia que sentía algo por él, pero hasta hoy no
me he dado cuenta de que es amor. Por papa, viendo como se ha portado hoy, y
lo mal que nos ha tratado a todos, casi espero que no le guste Hicham y que
se joda, yo no pienso dejarlo y si es tan imbécil como para no aceptarlo y
alegrarse por mí, pues lo siento por él.
No hables así de él. A mi tampoco me gusta como se ha
portado, pero desconozco porque lo ha hecho, y se merece el beneficio de la
duda. Además sabes que yo te apoyo, y que sí que me alegro por ti. Hablemos
de otras cosas.
Estuvimos hablando unos minutos más hasta que llegaron Don
Higinio y Marta. Montamos los cuatro en el coche de Don Higinio, yo delante a su
lado, y Marta y mi madre detrás. Durante el trayecto, mi madre estuvo todo el
rato agradeciendo a Don Higinio la ayuda que estaba siendo y lo bien que se
estaba portando con nosotras, y sobre todo con ella. Don Higinio, de vez en
cuando y muy disimuladamente, me rozaba la entrepierna con la mano. Me excito
mucho que lo hiciera, con mi madre detrás dándole las gracias por lo que estaba
haciendo.
Cuando llegamos al chalet de Don Higinio, mi madre se
impresiono por lo grande y lujoso que era. Don Higinio le dijo a mi madre que le
mostraría su habitación, le enseñaría la casa y luego dejaría que descansase
hasta un poco antes de la hora de cenar. La invito a que se sintiera como en su
casa, y que usase lo que le apeteciera, la piscina, el jacuzzi, el gimnasio
privado,.. sin tener que pedir permiso para nada. Hicham no había aparecido,
aunque habíamos hecho bastante ruido. Sabía que estaba allí, y yo estaba muy
ansiosa por reunirme con él.
Mama, no te molestes, pero mi hombre esta por aquí y
llevo todo el día sin verlo, me voy a buscarlo. Nos vemos luego. – dije,
antes de salir corriendo a buscarlo.
Espera Ana, voy contigo. – dijo Marta. Las dos dejamos a
mi madre con Don Higinio.
Recorrimos corriendo toda la casa, empezaba a ponerme
nerviosa al no verlo por ninguna parte. Finalmente lo encontramos en la piscina,
estaba dormido flotando en una colchoneta hinchable, flotando en el agua.
Llevaba unas gafas de sol y unos boxers, con la barrigota por encima, lo
encontré guapísimo, y se me lleno el corazón de felicidad al verlo. En el borde
de la piscina había un par de botellas de whisky vacias, y una medio llena, por
lo que no era difícil adivinar que había estado haciendo todo el día. Sin
pensarlo dos veces, me metí en la piscina vestida como iba, haciendo el menor
ruido posible, para no despertarlo, me acerque hacia la colchoneta. Por el
rabillo del ojo, vi como Marta que iba detrás de mi llegaba a la zona de la
piscina y comenzaba a desnudarse.
Cuando llegue a su lado, comencé a besarle y lamerle la cara.
Sabia que su descanso es sagrado, y que quizás se enfadaría si lo despertaba,
pero la emoción de estar a su lado merecía la pena correr el riesgo de que me
diera un par de hostias. Hicham se despertó, me vio besándole y sonrió, dijo
algo que no entendí, yo le salude: "Hola, mi amor" con una sonrisa de oreja a
oreja. Aproveché la situación y la postura, yo de pie dentro de la piscina, a su
lado, el flotando a la altura de mi pecho, para darle un morreo apasionado,
lamiendo sus dientes y sorbiendo sus encías. Su aliento era tan fétido como
siempre, apestaba a alcohol pero a mí me encantaba. Decidió que quería usar mi
boca de otra forma, y cogiéndome del pelo llevó mi cabeza bruscamente a su
entrepierna. Me sentí muy orgullosa de que él quisiera que le chupara y lamiera
ahí abajo. Estuve un rato frotando mi cara contra su polla, por encima del
boxer, mientras notaba como iba consiguiendo una erección.
Cuando le estaba sacando el rabo, ya completamente empalmado,
del boxer, me di cuenta que Marta también se había metido en el agua, había
llegado a su lado, iba completamente desnuda, solo llevaba las gomas en los
pezones. Le estaba abrazando y besando con mucha pasión, mientras le suplicaba
que la perdonase, que ella no lo sabía, había sido una estúpida, y lo lamentaba
muchísimo. Incluso había lágrimas de arrepentimiento en sus ojos. No se si
Hicham entendía lo que le decía, pero tenia claro que también iba a usar a la
otra hembra que se le había acercado. Con un brazo, la agarro de la cintura, y
la atrajo hacia él de forma que sus tetas quedaron al alcance de su boca. Cuando
Marta se dio cuenta, fue ella misma la que ofreció sus tetas, coronadas por los
enhiestos pezones apretados por las gomas. Las acerco a su boca para se las
chupase y mordiese cuanto quisiera, acariciándole la cabeza con ternura como a
un bebe. El separó el brazo de su cintura, y lo metió debajo del agua, tocándole
el coño. Marta abrió un poco las piernas, para que él tuviera un acceso más
fácil y pudiera meterle los dedos si le apetecía. Al ver que Hicham estaba
dispuesto a usarla, la expresión de Marta cambió de preocupación a felicidad.
Hicham le metió un par de dedos en el coño, mientras le lamía y mordía las tetas
con ansia, a veces les daba guantazos a las tetas y se quedaba mirando divertido
como se bamboleaban, o cogía un pezón con los dientes y tiraba de él con fuerza
levantando toda la teta, o lo retorcía con los dedos hasta que Marta soltaba un
gemido de dolor, sin embargo ella no protestó en ningún momento, ni cambió su
expresión de felicidad.
Yo tenía la polla empalmada de Hicham en la mano, a pocos
centímetros de mi cara, me había entretenido, mirando a Marta, pero Hicham,
siempre atento, me recordó mi deber. Estaba usando a Marta con la mano
izquierda, pero con la derecha, me dio un fuerte sopapo, que me saco de mi
estupor, e inmediatamente comencé a lamerle su adorado rabo. Era magnifico
volver a sentirla con mi boca, lo mejor del mundo.
Yo se la chupaba con todas mis ganas, intentando hacerle la
mejor mamada de su vida, se la lamía toda, me la metía hasta que mi nariz se
enterraba en sus pelos púbicos, alternaba ritmos suaves y rápidos, le daba
cariñosos besitos…adoraba esa polla. Mientras él le comía las tetas a mi
hermana. Era inmensamente feliz, mi hermana y yo juntas, dando placer al amor de
mi vida. Estuvimos así unos minutos hasta que empujo a Marta hacia su polla.
Ella acerco su cara, y me miró con una sonrisa, antes de ponerse a chupar como
yo. No me molesto en absoluto compartir su adorada verga con Marta, pensé que
así él disfrutaría más, y eso era lo único importante. Marta y yo nos
compenetramos perfectamente en la labor: intentábamos morrearnos con su polla
entre nuestros labios, se la llenábamos de nuestra saliva mezclada, cuando una
le lamía los cojones, la otra se ocupaba de la verga,.. era como si hubiésemos
practicado juntas como comernos una polla a dúo, sin embargo era completamente
natural, y muy bonito. Las dos hacíamos los mayores esfuerzos por darle placer,
compartiendo como buenas hermanas, sin ponernos celosas porque una tuviera más
trozo de polla en la boca que la otra… fue un momento mágico de comunión con mi
hermana, y se lo debía a Hicham. Definitivamente era el hombre de mi vida, no
solo lo amaba, lo adoraba por encima de todas las cosas. Cuando estaba a su
lado, sentía que todo iba bien…
Estuvimos así, adorando su polla las dos juntas unos veinte
minutos. No hacia falta que el nos guiara empujando nuestras cabeza, nosotras
mismas subimos el ritmo, haciendo mas dura la follada de nuestras bocas. Por
turnos, nos metíamos su verga hasta la garganta, y aguantábamos todo lo que
podíamos, hasta que casi nos desmayábamos por falta de aire. Su polla salía de
nuestras gargantas brillando con nuestra saliva, y mientras una boqueaba
recuperando la respiración, la otra engullía de nuevo hasta el fondo. Hicham
eligió a Marta para correrse, cuando Marta noto su descarga en la boca, detuvo
el movimiento de su cabeza, acariciando su polla con la lengua, mientras él
descargaba su preciosa lefa. Yo sonreía, viendo la cara de Hicham al correrse,
lo encontraba increíblemente atractivo, y tener el privilegio de ver su
expresión de gusto hacia que me sintiera la mujer más feliz del mundo. No
obstante sentí una punzada de celos, porque él eyaculara en su boca, en vez de
la mía.
Cuando Hicham termino, Marta levanto la cabeza, sonriendo,
tenía algunas gotitas de semen en sus labios, se quedo quieta unos segundos
mirándome fijamente sin dejar de sonreír y de repente me escupió todo el semen
que tenia guardado en la boca a la cara. Ahora la que sonreí fui yo, agradecida
por ese gesto de amor fraternal. Mientras me relamía, y recogía con los dedos la
leche que había en mi cara, llevándomela a la boca, Marta le limpio con la
lengua la polla, ya flácida, a Hicham, antes de guardársela en el boxer. Hicham
y Marta salieron de la piscina, y se acostaron en unas tumbonas. Yo acabe de
lamer todo el semen de mi cara, y pegué un trago del agua de la piscina
intentando tragarme un goterón de leche que flotaba en el agua. Una vez su semen
estaba en el sitio correcto, dentro de mí estomago, salí también de la piscina.
Don Higinio había salido a la zona de la piscina, y se había sentado en una
tumbona al lado de Hicham y Marta, que aún desnuda, ronroneaba de satisfacción,
Me acerque a ellos, aún llevaba mi ropa, toda mojada y pegada
a mi cuerpo, era algo incomodo. Iba a desnudarme como Marta, para estar más
cómoda, cuando ella me cortó.
No te quites la ropa, total se te transparenta todo. – me
dijo. – y queda más guarro así.
Vale de acuerdo. – le contesté. No me molestó que Marta
volviera a darme órdenes. Con la ropa mojada, tenía una pinta ridícula,
seguro que hubiera estado más atractiva completamente desnuda, como ella,
pero era natural en mí obedecerla.
Ana, tu novio debe de estar algo agotado, porque no le
preparas una copa y algo de comer para que reponga fuerzas. Que no se diga
que no lo cuidas bien. – me ordeno Don Higinio.
Es que la pobre, es muy cortita y no se entera, como se
descuide su novio se ira con otra que lo cuide mejor. – dijo Marta
burlándose de mí.
No, eso no. Enseguida preparó algo. – dije yo toda
asustada. Sabia que Marta solo estaba siendo borde conmigo para divertirse,
pero la sola idea de que Hicham me dejará me asustaba terriblemente.
Le serví un whisky, y fui corriendo a la cocina. La cocina
estaba hecha un desastre, llena de platos y sartenes por fregar y el suelo
sucio. Preparé rápidamente unos montaditos, un bocadillo de jamón ibérico y
queso, y algo de picar. No me molesté en quitarme la ropa mojada, para no perder
el tiempo. Cuando volví a la zona de la piscina, con todo en una bandeja Hicham
estaba dormitando, reponiéndose del esfuerzo que había hecho con nosotras,
aunque se desperezo en seguida al ver la comida, y se lanzó sobre ella.
Marta y Don Higinio estaban charlando animadamente,
comentando lo bien que había salido todo. Marta seguía desnuda, reclinada, con
los pies apoyados a ambos lados de la tumbona, mostrando descaradamente su coño
abierto a Don Higinio. Los dos me ignoraron, y cuando quise hablar, Marta se
enfadó, me gritó que no molestase, que me fuera y que allí yo ya estorbaba. Don
Higinio aprovecho para decirme que hiciera algo útil por una vez y fuera a la
cocina y la limpiase a fondo, riéndose me dijo que la guarra que había tenido de
criada toda la semana había estado muy ocupada puteando y había limpiado poco.
Marta se partió el culo con la broma, ya que la criada había sido ella.
Humillada fui a la cocina… a limpiar.
Llevaba limpiando la cocina casi una hora, eran ya las ocho
de la tarde, la ropa se me había secado completamente, estaba arrodillada en el
suelo frotando una mancha, cuando entró mi madre por la puerta. Se había
cambiado de ropa y llevaba un vestido de verano blanco, no muy corto, pero sí
bastante fino, con un gran escote, y bastante suelto al andar sus tetas, grandes
como las mías, se movían mucho dentro del vestido, como si no llevase sujetador.
Ana ¿qué haces? – me pregunto.
Estoy limpiándole la cocina a Don Higinio, es que esta
sin servicio. Y la última criada que tuvo no tenia mucho tiempo para
limpiar…¿Cómo te encuentras?
Mejor. He dormido una pequeña siesta, luego me he dado
una ducha y he salido a pasear por el jardín. ¿Cómo me queda el vestido? ¿Se
nota que voy sin ropa interior?
No te había visto nunca ese vestido, te queda muy bien. –
dije yo.
No es mío, Marta debe haberse confundido al hacerme la
maleta, ha metido su ropa en vez de la mía. Casi nada de lo que ha traído es
de mi talla, ni siquiera la ropa interior, voy sin nada debajo. Y me hace
sentir un poco exhibicionista, pero bueno tampoco es que haya mucha gente
por aquí… Pero no era eso lo que quería contarte, por favor deja eso y ven a
hablar conmigo. – me dijo sentándose en de las sillas de la cocina. Me
levante y me senté frente a ella, en el otro lado de la pequeña mesa de
cocina.
Mientras paseaba he llegado a la zona de la piscina, allí
estaban Marta, Don Higinio e Hicham. Marta estaba completamente desnuda,
llevaba unas gomas elásticas apretándole los pezones, y estaba abierta de
piernas, enseñándoles todo a los dos. Yo me he quedado de piedra, pero ella
ni se ha inmutado al verme, me ha saludado con toda la normalidad del mundo.
Luego me ha presentado a Hicham, diciéndome que era el hombre que amabas. No
quería montar una escenita y he intentado mantener las apariencias y me he
acercado a saludarle. Ana, como te he dicho te apoyo y no quiero hablar mal
de él, pero estaba borracho, ni siquiera se ha levantado. Me he inclinado yo
a darle dos besos, y sin decir ni una palabra ha llevado su mano a mis
pechos, me los ha apretado, metiendo la mano por mi escote.
¿Y tu qué has hecho? – no pude evitar sonreír al
imaginarme la escena.
Me he quedado paralizada, no sabia que hacer, y el tío me
las ha estado estrujando un rato, sin ningún miramiento y haciéndome un poco
de daño, al cabo de un rato ha dicho: "buenas tetas, puta". Yo no me atrevía
a moverme de lo sorprendida que estaba. Pero aún me he sorprendido más
cuando Marta le ha preguntado: "¿Te gusta la puta que te hemos traído?
¿Verdad que tiene buenas tetas? Es toda para ti, para que hagas lo que
quieras con ella. Espero que la disfrutes", tenia la voz un poco pastosa
como si hubiera estado bebiendo. He conseguido reaccionar y me he separado
de él, Marta y Don Higinio se han echado a reír. En cuanto he recuperado
algo de compostura, he salido de allí apresurada, oyendo sus carcajadas, y
te he buscado. Veo que no te sorprendes mucho, ¿qué coño esta pasando aquí?
– mi madre estaba enfadada y preocupada.
No esta pasando nada raro, mama. – le dije para
tranquilizarla. – Cuando hemos llegado, Marta se ha desnudado y se ha dado
un baño en la piscina, luego simplemente no se ha vestido, es más cómodo.
Seguramente luego ha estado bebiendo algo, quizás demasiado.
¿Pero se desnuda delante de tu novio y de Don Higinio?
Mama, todos ya somos mayorcitos, y date cuenta de que
estamos en la costa, en un pueblo de veraneo. Hemos ido juntos a la playa, a
veces a calas nudistas, y nos hemos desnudado todos. No están viendo nada
que no hayan visto antes a plena luz del día en la playa. Jorge también ha
ido a esas calas, y no le molesta para nada que Marta se desnude, incluso
les ha mandado copias de las mejores fotos mías y de Marta a Don Higinio y
sus amigos de recuerdo, y salimos desnudas en ellas. Tú también has ido a
playas nudistas, y te has hecho fotos, no deberías de sorprenderte tanto.
Pero yo nunca he ido con amigos o familiares, solo he ido
con vosotras o vuestro padre… y las fotos están en casa, no las voy
enseñando por ahí - intento justificarse mi madre.
O sea, que esta bien que tú te desnudes delante de cien
desconocidos, y nosotras no podemos desnudarnos delante de cinco amigos que
queremos y apreciamos. Por favor no me seas ridícula.
No, no es eso. Entiendo lo que dices, y bueno, es otro
punto de vista, pero comprensible y perfectamente respetable. Es que no me
lo esperaba, me ha sorprendido y me he escandalizado.
Tranquila mama, tomate las cosas con más calma y
naturalidad, que bastante hemos tenido hoy de movidas. – dije yo.
Sí tienes razón, pero lo de tu novio tocándome los pechos
y Marta diciendo que soy una puta…
Bueno, eso no es tan raro. Lleva aquí todo el día solo y
aburrido y se ha tomado unas cuantas copas de más matando el tiempo, no se
le puede culpar de eso. Y tú no has tenido en cuenta que él es extranjero,
no lleva mucho tiempo aquí y no conoce nuestras costumbres, tampoco habla
bien español, y probablemente no ha entendido que eras mi madre. En su país,
las mujeres decentes no van a ninguna parte sin sus maridos y menos aún se
acercan a los hombres, las únicas que lo hacen son las prostitutas. Con la
borrachera que lleva, lo descolocado que está en España, sin entender nada
de lo que pasa y ver que te acercabas a él, bamboleando las tetazas habrá
pensado que Don Higinio le invitaba a una prostituta. Te ha confundido con
una puta, y claro ha querido probar la mercancía. No es nada raro, ya que
con ese escote que llevas y esos melones que te gastas, pareces una puta. Si
lo piensas un poco veras que es gracioso, por eso Marta ha le ha seguido la
broma y se ha partido el culo con Don Higinio. Además el comentario de
Hicham significa que te ha encontrado muy atractiva.
¡Pero él esta contigo! ¿Como puede hacer caso a una
prostituta?
Mama, soy realista. El es un hombre mayor, ha conocido a
muchas mujeres antes que a mí, esta casado y probablemente se acueste con su
mujer, hasta hoy mismo yo no sabia que iba tan en serio con él. Y es cierto
que hoy estamos juntos, pero cuando acaben las vacaciones tendremos que
separarnos.. aunque sea temporalmente. Él tiene sus necesidades y yo no le
puedo exigir que renuncie a ellas. Desde el primer momento supe que no podía
ser posesiva con él, que así no funcionaría lo nuestro, así que ni siquiera
lo intenté. Prefiero que nos queramos por nosotros mismos, sin usar el sexo
como una atadura. Yo no olvido mi amor porque me ponga o no me ponga los
cuernos, lo quiero, y para mi eso es lo único importante. No me importa que
se acueste con otras o que se vaya de putas, es más le animó a que lo haga,
y si quiere se las pago yo. El disfruta, yo disfruto cuando él disfruta, y
así nuestra relación se refuerza aún más. Me parecería muy egoísta negarle
el placer al hombre que quiero, si puede ser conmigo bien, pero si no
también. – dije un poco enfadada, me había ofendido que mi madre insinuara
que Hicham no podía tener a otras mujeres, además de a mí. Yo nunca me
atrevería a limitarlo de esa manera. Aunque también es cierto que si él me
prohibiese a mí follar con otros no me molestaría, ya que sería una muestra
de mi devoción y amor por él.
Ana, tiene razón, Montse. – Era Don Higinio, estaba en la
puerta de la cocina, y había escuchado parte de nuestra conversación. – Con
lo de la broma, y con lo otro. Sobre la broma, disculpa si te ha molestado.
Hemos estado bebiendo todos y no hemos pensado que te podría ofender. Sobre
lo otro, estamos en el siglo 21, la tasa de divorcios y separaciones es más
alta que nunca. Una sexualidad limitada no ayuda en nada a una pareja.
Pero,… el amor significa no querer a nadie más. – se
defendió mi madre.
Créeme soy ya bastante mayor y he visto muchas parejas,
que se amaban con locura, rotas por una aventurilla sin importancia de uno u
otro, por algo que no iba a ninguna parte. Si esas parejas hubieran sabido
perdonarse… no debería de usar la palabra "perdón", ya que eso implica que
alguien ha hecho algo malo. Si esas parejas se hubieran sincerado antes, sin
autolimitarse aún seguirían juntas. Aunque la conozco poco tiempo, aprecio
mucho a Ana. He hablado con ella esta última semana, y me consta que quiere
muchísimo a Hicham, no entiendo el por que, pero lo quiere y yo respeto su
voluntad y la apoyaré plenamente. Y ya que así están las cosas, creo que Ana
esta enfocando su relación de una forma muy madura y responsable. – dijo Don
Higinio.
Pero yo pienso que… - comenzó mi madre.
Disculpa que te interrumpa – dijo Don Higinio. – Creo que
es mejor que esta conversación la tengamos luego, y sin la presencia de Ana,
no querría que le sentasen mal tus puntos de vista y se enfadase contigo.
No pude más que admirar a Don Higinio, había dicho unas
palabras muy halagadoras sobre mí, estaba dispuesto a defenderme, y había
manipulado la conversación de forma que parecía que el se preocupaba más por mi
felicidad que mi propia madre. ¡Era increíble! También estaba muy contenta
conmigo misma, normalmente obedezco sin rechistar todo lo que me dicen, y nunca
llevo la contraria, pero ese día había mantenido mi postura, con buenos
argumentos, dos veces, por la mañana ante Marta, y ahora ante mi madre. Las dos
veces el asunto había sido defender a Hicham ante sus prejuicios. Estaba muy
orgullosa de defender a mi hombre. Era gracioso, para él yo seguía siendo poco
más que una de las putas del burdel, pero para todos, sobre todo para mí, era mi
novio y el hombre de mi vida.
Pero … - volvió a decir mi madre.
Disculpa que te interrumpa de nuevo – repitió Don
Higinio. – Yo solo venia a traeros las últimas novedades. Os las digo, y
luego continuamos hablando tú y yo Montse. – hizo una pausa, y miro a mi
madre con autoridad, como desafiándole a que le interrumpiera de nuevo. Mi
madre no se atrevió y bajo la mirada, dejando que él continuase.
Muy bien. Me ha llamado Jorge, está con Francisco, ha
conseguido calmarle y cree que podrá sacar el trato adelante. Le he dicho
que estabais aquí, que Alberto se iba mañana con Juan Carlos y que sería una
buena idea que él fuera con ellos. Le ha parecido bien. Ha dicho que mejor
que paséis las tres la noche aquí. Hoy estará con Francisco hasta tarde, y
mañana madrugará para irse de pesca. Por otro lado, Hicham estaba tan
borracho que se ha ido a la habitación a descansar, Marta le ha acompañado.
Ha dicho que quería hacerle un masaje para relajarlo, y vigilar que duerma
bien. Dice que cenemos sin ellos, que ella ha picado algo antes, y que ahora
se comerá todo lo que pueda Hicham por su parte ya ha comido, así que no
cenara. También me ha dicho, Ana, que sería mejor que fueras a ayudarla, que
es tu novio y que no deberías dejar que ella hiciera todo el trabajo. Si
quieres vete, están en la primera habitación de arriba. Ya nos encargaremos
tu madre y yo de hacernos la cena.
Por supuesto. Me voy para allá. Hablamos mañana mama. –
dije yo.
Les di un beso de buenas noches a ambos, Don Higinio me
acarició suavemente las tetas, delante de me madre, no esperé a ver la reacción
de ella y me fui hacia la habitación de Hicham. Estaba contenta de irme por
varios motivos, por un lado estaba segura de que Marta estaba follándose a
Hicham, compensándole por su mal comportamiento de la noche anterior, y quería
que yo lo compartiera con ella, era muy generoso por su parte. Por otro, no
quería que mi madre reprochara mi comportamiento, y aunque estaba convencida de
que Don Higinio lo arreglaría todo, quizás yo podría decir algo inadecuado que
lo estropease. También pensé que yo no había cenado, y que al igual que Marta
tendría que comerme todo lo que encontrase para no pasar hambre. Sonriendo al
pensar en todo lo que me iba a comer, entre sin llamar en la habitación.
Hicham estaba dormido, Marta estaba de rodillas sobre la
cama, a su lado, inclinada y lamiéndole muy suavemente la morcillona polla y sus
magnificas pelotas.
Pasa, tenias razón. Es muy tierno, casi como un niño
grande, y con un vicio increíble. – me dijo en voz baja. – Me alegro mucho
de que me hayas abierto los ojos.
No tiene importancia – le dije, mientras me desnudaba y
subía suavemente en la cama para no despertarlo. – Déjame algo de sitio, yo
también quiero.
Ana…muchas gracias por compartirlo conmigo.
Estaba radiante de felicidad por las cariñosas palabras que
me había dicho mi hermana. Marta y yo nos dedicamos a lamer y chupar con la
mayor ternura y delicadeza su preciosa verga y sus magnificas pelotas,
pringándolas con nuestras babas, besándolas con amor. De vez en cuando se giraba
en su sueño, y nosotras cambiábamos de posición para adaptarnos a su nueva
postura. Gracias a la semana que había pasado conmigo, Hicham estaba
acostumbrado a dormir así, y no se despertaba con nuestras atenciones. Infinidad
de veces nuestras bocas se acercaron, y en muchas de ellas nos besamos Marta y
yo. Era muy bonito besar a mi hermana, lamiendo sus labios completamente húmedos
de nuestras salivas mezcladas y sentir su lengua jugando con la mía. También nos
retorcíamos los pezones mutuamente, las dos llevábamos las gomas ya varias
horas, y teníamos los pitones ya amoratados y muy sensibles, y nos causábamos la
una a la otra un placentero dolor. Era tan embriagador que, aunque me moleste
reconocerlo, durante unos instantes me olvidaba que Hicham estaba allí, y tenía
que hacer un gran esfuerzo para dejar de besar y acariciar a Marta, y volver a
dedicarme a él.
Estuvimos así unas dos horas, hasta que Hicham se despertó
por completo, se alegro al vernos, nos preguntó por la otra puta, y Marta le
contestó que era nuestra madre, y que era una puta que habíamos traído para que
él se la follará, pero que antes había que preparársela. Esta respuesta le
bastó, porque sin más preámbulos me sujeto del pelo, me metió la polla y sin más
dilación se meo en mi boca, mientras me decía que tragase. Yo tragué,
agradecida, su orina, con su fuerte sabor, sin desperdiciar nada. Cuando la saco
de mi boca, Marta se la limpio con la lengua, recogiendo las últimas gotas,
siguió chupándosela hasta que se empalmo completamente.
Yo me acosté boca arriba en la cama, y Marta justo encima de
mí, con su espalda en mi pecho, haciéndome un poco de daño con su peso. Las dos
abrimos las piernas completamente, él solo que tenia que situarse entre nuestras
piernas y follarse el coño que prefiriera, si quería cambiar tenia otro coño
chorreante y dispuesto a un palmo de distancia. Nos estuvo follando a las dos
duramente, como a las guarras que éramos. Alternando de una a otra, cuando
follaba a mi hermana, yo soportaba el peso de los dos, sentía completamente como
se movía el cuerpo de Marta, recibiendo las embestidas de Hicham. Esa sensación,
y saber que en unos momentos me la metería a mí, me excitaba muchísimo. Marta
gozaba como cerda, notaba como sus flujos chorreaban sobre mi coño.
A medida que nos follaba, se fue poniendo cada vez más burro,
pegaba fuertes palmadas en las tetas de Marta y le retorcía salvajemente los
sensibles pezones hasta que ella lanzaba un gritito de dolor, lamenté que las
mías estuvieran aplastadas bajo la espalda de Marta y no poder ofrecérselas para
que también abusará de ellas. Nos pegaba bofetones cada vez más fuertes en la
cara, nos apretaba del cuello con saña cortándonos la respiración, mientras nos
la metía con fuerza, y nos escupía en la cara. Insultándonos todo el rato,
aunque su español era muy limitado, sabía perfectamente llamarnos putas de
mierda, hijas de puta, y puercas asquerosas. Yo le animaba con mis palabras:
"sí, amor mío.", "fóllanos vida mía", "más duro, cariño", "jode bien a tus
putas",…
Cuando se canso, puso a Marta a cuatro patas y la enculó sin
ningún miramiento. Su polla entro a la primera, muy rápidamente, completamente
lubricada con nuestros jugos. Marta tuvo un orgasmo tremendo, mientras arqueaba
la espalda, sacando el culo y mordiendo la almohada, me alegre enormemente por
ella. Hicham continuó embistiendola, tirándole de los pelos y pegándole fuertes
palmadas en las nalgas. Estuvo muy atento con ella, ya que , adelanto uno de sus
pies, y le piso la cabeza hundiéndosela en la almohada, al cabo de un rato Marta
consiguió girar la cabeza los suficiente para lamerle los dedos de los pies,
todo esto sin dejar de encularla.
Mientras le daba por culo, yo quise colaborar, me coloque
debajo de ella, con mi cabeza entre sus piernas, sus olorosas pelotas sudadas se
movían a escasos centímetros de mi cara y me dediqué a lamérselas, y a rozar con
mi lengua el trozo de verga que entraba y salía. También daba lametones al
pringoso coño de Marta, era la primera vez que chupaba un coño, pero no tuve
ningún tipo de reparo en hacerlo, fue muy natural y apropiado. Además me gusto
su sabor, y notar los flujos de Marta chorreando por mi barbilla. Marta gemía y
me animaba, gritándome que chupara más fuerte. De vez en cuando, Hicham me
sujetaba por el pelo, separándome del coño de Marta, sacaba su verga de su culo,
la metía hasta el fondo en mi boca dando unas cuantas embestidas, me daba un par
de hostias con la mano, mientras su polla estaba dentro de mi boca, y luego la
sacaba para volver a meterla en su culo de forma salvaje. Yo era inmensamente
feliz con todo este tratamiento, agradecida de que pudiera usarnos a su antojo,
y encontrase placer en nuestra entrega.
Finalmente, Hicham se corrió dentro de su culo, se quedo
quieto unos instantes, descargándose a gusto. Luego se dejo caer en la cama,
sacando su pringosa polla. Como un resorte Marta se volteó y se lanzó golosa a
lamerle la polla toda pringosa, como una cerda viciosa. Me sentí orgullosa de
que fuera mi hermana. Yo también me volteé siguiendo el culo de Marta, lleno de
la leche de Hicham, era mi cena y quería tomarla. Le lamí el culo, metiendo la
lengua todo lo dentro que podía, disfrutando de los sabores de él y ella
mezclados, luego le metí dos de mis dedos, removiéndolos por dentro, haciendo
cucharilla, intentando sacar todo lo que podía para llevármelo a la boca. Marta
continuó lamiendo a Hicham, mientras su polla perdía la erección, completamente
centrada en él, dándole las gracias, diciéndole lo maravilloso que había sido,
lo feliz que la había hecho, y no prestando ninguna atención a que su hermana
estuviera hurgando en su ano. Las dos lucíamos una sonrisa de oreja a oreja,
estábamos completamente satisfechas. Estuvimos así unos minutos, hasta que
Hicham tuvo ganas de volver a dormir, nos dio un empujón a cada una, tirándonos
de la cama, y apago la luz. Caímos una encima de la otra, completamente a
oscuras.
Pero.. – comenzó a decir Marta, antes de que yo la
interrumpiese.
Shhh, hora de dormir, no lo despiertes. – dije en voz muy
bajita. Hicham se lo había currado, a pesar de que yo no me había corrido, y
se merecía dormir sin que lo molestasen.
Ahora te toca a ti. – me dijo Marta también muy
suavemente.
Sin hacer ningún ruido, guiándonos por el tacto, nos
acostamos una al lado de la otra, apretándonos en la estrecha alfombrilla al
lado de la cama. Marta comenzó a besarme, y acariciarme por todo el cuerpo. Lo
hacía muy suavemente, me rozaba el clítoris con los dedos, daba pequeños
mordisquitos a mis sensibles pezones, metía un par de dedos en mi coño, los
movía unos instantes y los sacaba suavemente, me pasaba la lengua por los
labios, mientras yo reprimía mis jadeos en la oscuridad. No se cuanto duro esta
maravillosa tortura, pero acabe corriéndome con un orgasmo intensísimo,
intentando no gritar. Cuando me recupere, nos recostamos para dormir en el
suelo, nos estuvimos besándonos y manoseándonos suavemente, hasta no se cuando
ya que me quede completamente dormida oyendo los ronquidos de Hicham. Esa noche
dormimos las dos con las gomas puestas.
Me desperté sobre las 9 de la mañana, en el suelo aún
abrazada a Marta, y oyendo los ronquidos de mi hombre. Me levanté sin hacer
ruido y salí de la habitación. Marta es muy dormilona, y a mi amor le gusta
levantarse tarde, además estaba segura de que cuando él se despertase se la
follaría para comenzar bien el día. Eso me daba un par de horas libres, así que
fui a la cocina a desayunar. Allí estaba mi madre, tomando un café con leche,
llevaba puesto un albornoz blanco, se sorprendió al verme.
Buenos días. – saludé.
Buenos días, por lo que veo a ti también te gusta ir
desnuda. – me dijo. No me había dado cuenta, pero aún iba completamente
desnuda. Comprobé que llevaba las gomas puestas, y los pezones completamente
amoratados. Me iba a doler muchísimo cuando me los quitara.
Mama, no empieces otra vez… - dije mientras me servia una
taza de café, aún estaba medio dormida, y no me veía con fuerzas de tener
otra conversación.
Tú también llevas eso en los pezones, ¿qué es?
Son unas gomas, nos las ponemos para que se endurezcan y
sean más visibles. Es muy sexy. Además los pezones se vuelven supersensibles
y da mucho gusto llevarlos. Esta muy de moda ahora, deberías de probarlo.
Bastante tengo con llevar el bikini este como para dar
más el cante. Mira – dijo abriéndose el albornoz. Llevaba puesto un bikini
blanco minúsculo, la parte de arriba eran dos telitas que apenas le cubrían
los pezones, unidas por unos hilos, la parte de abajo se clavaba por
completo en su cuerpo. Se notaba que aparte de ser bastante atrevido, era
dos o tres tallas inferior que la suya. – Es el único bikini que tu hermana
metió en la maleta. No se de donde lo habrá sacado, ya que ni siquiera es de
su talla. – Me impresionó el buen gusto de Marta, a la hora de escoger
bikinis. – Cuando me acabe él café, quiero nadar en la piscina y luego ir al
jacuzzi, supongo que no habrá nada que puedas prestarme.
No. Yo no tengo ropa aquí, y me baño desnuda…Oye sobre lo
que hablamos ayer… - comencé. Quería saber que había hablado con Don
Higinio.
No te preocupes, ayer estuve hablando con Don
Higinio…bastante rato. No puedo decir que me haya hecho cambiar de opinión,
pero comprendo vuestra postura, y no me enfado porque tú y tu novio no os
guardéis fidelidad. – me tranquilizó.
Gracias, mama. No sabes lo que significa para mí. ¿Cómo
te fue con Don Higinio?
Muy bien, es muy agradable e inteligente, cuando te
fuiste, estuvimos charlando un buen rato. Me dio todo tipo de argumentos a
favor del amor libre, y me contó muchas anécdotas de su vida. La
conversación estaba tan animada que se nos hizo la hora de la cena. Tuve que
cocinar yo, porque él no tiene ni idea, cenamos en la cocina, fregué los
platos, y nos fuimos al salón. Preparó unas copas y estuvimos hablando de tu
padre, más relajadamente, me prometió que averiguaría porque se había puesto
así en la comida. No se cuantas copas me tomé, pero al final me emborraché y
me quede dormida en el sofá. Supongo que él me llevo a la cama, y me acostó.
Hoy tengo algo de resaca, así que procura no gritar.
Vaya, menuda fiesta os montasteis. – exclamé.
Sí la verdad es que lo pase muy bien con él. Sin embargo
hay algo que me mosquea…
Dime
Esta mañana, yo estaba desnuda en la cama. No recuerdo si
me desnude yo o lo hizo él. Me preocupa que se haya aprovechado de mí.
Mama, por favor,… si es un anciano. – intente
tranquilizarla.
Ana, esto es un secreto, pero la temporada que estuve
separada de tu padre, conocí a otro hombre…me volví loca por él…fuimos
amantes…la cosa acabó mal…no voy a entrar en detalles, pero él se aprovecho
de mí y yo lo pasé fatal. Desde entonces, me da mucho miedo que se
aprovechen de mí…No querría perder la buena imagen que tengo de Don Higinio,
ni tampoco que Hicham se aprovechara de ti.
No te preocupes por Hicham, todo lo que me hace me gusta,
me encanta como me trata y se que lo hace de corazón. Me preocupa más lo que
me has contado…lo de tu amante…algo sospechaba…pero estoy convencida de que
si papa y tú hubierais tenido una relación más abierta, habrías disfrutado
con ese chico, sin tantos problemas.
No, no lo conoces. Era un verdadero cabronazo…nos…me
trato como a una mierda, haciéndome unas putadas increíbles. – dijo mi
madre, un poco avergonzada.
Mama, a una solo le duele si se deja. Creo que si te hizo
daño, fue porque te dejaste, y estabas predispuesta a que te doliera…que
parte de la culpa también es tuya, pero mejor no hablemos de eso, lo pasado,
pasado esta. Sobre Don Higinio, estate tranquila, lo conozco bien y no haría
nada si tú no quisieras. A propósito de Don Higinio, ¿donde está?
No lo sé, no lo he visto en toda la mañana. Hablas de él
como si lo hubieras hecho con él. – dijo sorprendida mi madre.
Pues claro que me lo he follado. A él y a todos sus
amigos, así fue como los conocí. Ya te he explicado que el sexo no es más
que una forma de disfrutar que acepto, y te aseguro que con ellos disfruté
muchísimo. Y estoy muy contenta de que fuera así, ya que conocí a gente
maravillosa y son muy buenos amigos.
¿Incluido ese Don Francisco? El que monto ayer el lío con
tu padre.
Él también, se porto muy bien conmigo, fue muy tierno y
sensible. Es una buena persona, lo aprecio mucho, y estoy segura que papa
tiene la culpa de todo lo de ayer.
Y supongo que Marta es tan liberal como tú, he visto que
no esta en su habitación. ¿Ha dormido con vosotros?
Sí. – dije desafiante, no podía permitir que mi madre
cuestionará el derecho de Hicham de follarse a Marta cuando quisiera.- Marta
y Jorge piensan como yo, y me parece un gran gesto de amor, la confianza y
el cariño que se demuestran. A Marta le gusta que Hicham se la folle, y le
haga lo que quiera, y yo me alegró mucho por los dos. No tienes ningún
derecho a censurar que Hicham se folle a quien quiera, ni siquiera a Marta.
Tranquila, ya te he dicho que aunque no apruebo esa forma
de llevar una relación, lo consiento, tanto para ti como para Marta. Si a
Jorge le parece bien que vaya follando por ahí, yo no tengo nada que decir.
De todas formas tengo que meditar todo lo que hemos hablado, y ahora mismo
me duele demasiado la cabeza para ello. Me voy a nadar y a relajarme un
rato. Avísame cuando se despierte tu novio, me gustaría conocerlo sin que
piense que soy una puta. Hasta luego. – Dijo saliendo de la cocina.
Conocía muy bien a mi madre, y sabía que mis palabras la
habían hecho dudar. Yo por mi parte, me terminé mi café, preparé el desayuno
para cuando Marta e Hicham se despertaran, y recogí la cocina. Me quite las
gomas, la sangre volviendo a mis pezones me dolió muchísimo, y tuve que morderme
los labios para no gritar, al cabo de unos minutos el dolor fue remitiendo. Mis
pezones estaban supersensibles, apenas podía acariciármelos sin que me doliera.
Levantándome las tetas, me los lamí yo misma, con mucho cuidado, como una
perrita, y eso me calmó un poco.
Luego salí al jardín y me tumbe a tomar el sol. La
conversación con mi madre me había alterado un poco, necesitaba relajarme y me
puse a pensar en mi relación con Hicham.
Era consciente que él tendría que volver pronto a su país,
una vez solucionados los problemas que lo habían hecho emigrar no existía ningún
motivo de peso para que se quedará, y él tenía muchas responsabilidades en su
casa. No obstante me entristecía, tenía mucho miedo a perderlo y no quería
aceptarlo.
Me ilusionaba pensando que alguna vez él podría regresar a
España para verme, así que me prometí a mi misma, que arreglaría las cosas para
que pudiera entrar y salir del país legalmente, sin ningún problema y viajando
en primera clase. Tendría que hablar con un abogado para los papeles,
seguramente habría que buscarle un trabajo. Era la solución perfecta, tendría
que convencer a mis padres para hacerle un contrato y pagarle un sueldo. Seguro
que a mi padre le jodería pagarle un sueldo a un tío todos los meses solo por
follarse a su hija de vez en cuando, pero tenía clarísimo que solo con los
polvos que me había echado ya se había ganado eso y mucho más. Además se merecía
el dinero mucho más que mi familia. Haría todo lo posible para que tuviera un
contrato indefinido con un buen sueldo, así aunque volviera a su país seguiría
cobrando, era lo mínimo que podía hacer, seguro que Marta me apoyaría. Él
tendría dinero y papeles para entrar y salir de España cómodamente, y quizás se
animase a visitarme. Me animé al pensar que no todo estaba perdido.
No había hablado con él de este tema, y no sabría cuando
tenía planeado volverse, pero esperaba que le diera tiempo a dejarme embarazada.
Había meditado mucho sobre esto, y quería tener un hijo suyo. Sería maravilloso,
y la muestra definitiva de mi amor. El ya me había dejado claro que aunque me
apreciaba, para él yo era simplemente una puta, y que aunque me preñase no
reconocería a ningún hijo mío como suyo, para él serian unos hijos de puta
cualquiera. No me importaba, es más me gustaba ser tan poca cosa a su lado, que
me despreciase de esa manera, y que tuviera en tan poca estima a mí y a todo lo
mío, incluida mi futura descendencia. Yo tendría llena de orgullo un hijo suyo.
Además si él aun seguía en España, seguro que disfrutaría de mi embarazo, por lo
que me había contado le había gustado mucho follarse a su hija preñada y jugar
con sus enormes tetas de embarazada.
Me preguntaba como serían mis tetas, ya de por si grandes, si
estuvieran llenas de leche. Seguramente se pondrían enormes como melones,
estarían muy sensibles, y quizás me doliera si Hicham jugaba con ellas.
Imaginaba como se reiría viendo mi cara contraída de dolor al estrujar mis
enormes cantaros con sus manazas, o golpeándolos y viendo como se bamboleaban…,
a pesar del dolor, yo le sonreiría, y ofreciéndole mis tetas, le animaría a que
golpease más fuerte. Era una imagen muy bonita, y me entro la vena sensible.
Me haría mucha ilusión tener una hija. Mientras yo diera de
de mamar a mi pequeña, le mamaria la polla a Hicham, transformando con mi
cuerpo, su preciosa leche de hombre en leche materna, no se porque pero pensar
eso me provocó mucha ternura. También imaginaba que daba de mamar a Hicham, con
un amor infinito, como si fuera mi bebe. Obviamente él tendría preferencia y
mamaría primero, mi hija solo tomaría mi leche si él le dejaba algo. Yo sería su
vaquita particular, y disfrutaría cada vez que él me ordeñara.
Me sentía tan llena de amor, y tan emocionada considerando
esta posibilidad que tomé la firme determinación de, si quedaba embarazada,
estar a su lado cuando mi hija naciera. Si él volvía a su país antes, sería yo
la que iría a visitarlo. Podría ir cuando mi embarazo estuviera ya avanzado y
pasar los últimos meses con él. Le pagaría un alquiler para que me dejara vivir
en su casa. Me asusté al pensar que igual se iba antes de que me preñara, en ese
caso iría también a su país, y me quedaría con él hasta que me preñara y
pariera.
Sería fantástico, podría escupir mi desprecio en la cara a
las hijas de puta de su esposa e hijas. Si aún no se había desecho de ellas, les
demostraría como se debe de tratar a un hombre tan maravilloso como él. Le
pediría que me buscase un trabajo, como él de ellas, y se sentirían avergonzadas
al ver como yo, embarazada, y con las tetas de una vaca, trabajaba sin quejarme,
esforzándome al máximo, entregándole todo mi sueldo y animándole a que se lo
gastase en bebida y putas. Dejaría que hiciera lo que quisiera conmigo. Me
bebería su orina todos los días, le pediría que me follase salvajemente como a
él le gusta, y me ofrecería para que me diera palizas cuando él quisiera, sin
importarme una mierda mi embarazo. Que él estuviera contento era mucho más
importante que mi salud o la de la hija de puta que yo llevara dentro. Cada vez
que me usase, dejaría muy claro lo agradecida que estaba, y el inmenso favor que
me hacia.
Demostraría infinitamente más respeto que el que ellas le
habían tenido, a pesar de ser su familia. Quería trabajar para él durante mi
embarazo, hasta el mismo día que rompiera aguas, esperaba que él me pegase y
castigase si no lo hacía bien o me quejaba. Los dos o tres euros que él
recibiría por mi trabajo, harían que valiera la pena cualquier penalidad que yo
sufriese por trabajar y compensarían de sobra mi cansancio. No se trataría de
avaricia por su parte, él es incapaz de eso, y yo ya me habría asegurado de que
tuviera dinero de sobra. Se trataría de una cuestión de principios, cada uno
debe saber estar en su sitio, a las duras y a las maduras.
Me gustaba imaginarme a mi misma humillada de esa forma, y
continué imaginando situaciones en las que me degradara ante él. Mi hija nacería
en su patio, con los animales, para no ensuciar su casa. Yo sería primeriza, y
probablemente tendría un parto largo, tardaría mucho en dilatar lo suficiente,
sufriendo el dolor de las contracciones. Le molestaban mucho los gritos, así que
probablemente me amordazaría para que no le molestase mientras bebía o se
follaba a una de sus hijas.
Para dejarle claro que ni yo ni mi hija merecíamos el más
mínimo respeto por su parte, le suplicaría que en el momento del parto, se
corriera sobre mí y me escupiera. Tendría que pajearse, o usar a alguna de sus
hijas, ya que, lamentablemente, no creía que en ese momento yo pudiera darle
placer. Me imaginaba mi cara con lágrimas de dolor, mientras daba a luz, y a él
riéndose, completamente borracho, con su hermosa polla a unos centímetros encima
de mi cara, eyaculando y apuntando a mi boca. Estoy segura que aún en esas
condiciones, intentaría lamérsela al tenerla cerca, sacando la lengua
patéticamente y tratando al menos de alcanzar sus sudorosas pelotas.
Tras correrse sobre mí, podría mearme y hacer que me lo
tragará, mientras yo intentaba recuperar el aliento tras parir. Todo antes de
ver a mi hija, quería que la primera imagen que ella tuviera de mí, su madre,
fuera con la polla de Hicham en mi boca, limpiándosela. Yo tendría las dos cosas
que más querría en el mundo, su polla y mi hija, por ese orden, a mi alcance.
Haría que todo el parto se grabase en video, y lo mandaría a
mis padres, para que conocieran a su nieta y vieran lo feliz que yo era. Les
pediría que enseñaran el video a todos sus conocidos, para poder presumir de lo
bien que me iban las cosas.
Una vez hubiera nacido mi hija, le pediría que me follara lo
más pronto posible, antes del día siguiente, y si mi coño distendido no le
gustaba que me diera por el culo. Quizás tendría un bonito detalle conmigo, y
celebraría el nacimiento de mi hija emborrachándose con sus amigos, podría
llevarme para que todos se follaran a la nueva mama. Quería serle útil y volver
a trabajar para él lo antes posible, con mi hija a cuestas. Quería que supiera
que yo siempre pensaría en él antes que en nada, que sus caprichos eran más
importantes que yo misma o mi hija, que sería siempre suya, en cualquier
circunstancia.
Haría que él se sintiera orgulloso de mí, y me pudiera usar
como ejemplo delante de las otras mujeres. Dado que él me consideraba una puta,
quizás me alquilase habitualmente a sus amigos antes o después del parto, para
sacar algo de dinero o simplemente por diversión, seguro que habría tiempo para
eso tras mi jornada laboral. No me importaría, sería otra prueba de mi amor y me
esforzaría en que sus amigos disfrutaran de mí para que él se sintiera
importante. Me preocupe un poco al pensar que quizás, si él dejaba que sus
amigos bebieran mi leche antes que mi hija, seguro que no quedaría nada para
ella. Tampoco era ningún problema, ya encontraría algo para alimentarla, además
estaba segura que de mayor ella se enorgullecería de que hubiera puesto los
deseos de Hicham por delante de todo.
Lo conocía muy bien, sabia que acabaría conociendo a otras
afortunadas mujeres, más jóvenes y guapas, que no dejarían escapar a un hombre
como él. Sabía que acabaría cansándose de mí, quizás me mandase al burdel para
que no le molestara y él pudiera sacar algo de dinero, pero con el tiempo yo
tendría que regresar a España. Me entristecía saber que tendría que dejarlo,
pero era perfectamente normal y lógico, lo aceptaba por completo, y sabía que no
le guardaría ningún rencor cuando me echase de su lado de una patada. Por quien
yo más lo lamentaría sería por mi hija, seguro que él, en su aldea, le podría
dar una educación infinitamente más buena que yo en España.
Quizás podría negociar con Hicham que educase a mi hija, no
como si fuera una hija suya, porque él eso nunca lo admitiría, sino como una
criada o un animal más de la casa. Yo le pagaría los gastos que ella generase y
un suplemento por educarla. Estaba segura de que mi hija sería buena y
obediente, no tendría que pegarle nunca por su mal comportamiento, solo cuando a
él le apeteciera desahogarse. Ella nunca protestaría y aceptaría su voluntad sin
reservas. Aprendería muy pronto que era una hija de puta, y que su vida debía
estar dedicada a servir y cuidar a Hicham.
Él podría ponerla a trabajar lo antes posible, al mismo
tiempo que la educaba, para rentabilizarla, y seguro que cuando ella creciera
disfrutaría desvirgándola, convirtiéndola en una verdadera mujer, orgullosa de
su condición. No sabia cual es el estatus de las hijas de puta en su cultura.
Estaba bastante segura que no podría casarla con ningún amigo suyo, pero quizás
cuando él se cansase de ella, podría alquilarla para trabajar en el burdel o
cobrar a sus amigos por follársela. Lo ideal sería que la vendiera a otro
hombre, de unos 60 o 70 años, con los mismos valores que Hicham, alguien que
pudiera aprovecharse de ella, y hacerla feliz siendo una mujer completa. Lo
importante era que no se echara a perder el esfuerzo invertido en educarla.
De cualquier forma, estaba convencida que mi hija llevaría
una vida mucho más feliz y completa viviendo con él en su aldea, que viviendo
conmigo en España. Allí podría ser una mujer plenamente realizada y feliz.
Además así yo tendría una escusa para ir a visitarlos y llevar regalos para él.
Quizás con el tiempo volvería a preñarme…yo aún era lo bastante joven para que
Hicham me preñase una vez mi hija hubiera crecido, podría preñarnos a las dos a
la vez…eso sería absoluta y completamente maravilloso….muy hermoso.
Disfruté imaginando mis años futuros, la vida de una hija que
aún no había sido concebida, tan llena de felicidad y dicha. Disfruté tanto que,
sin darme cuenta, estaba chorreando flujo, con el coño todo empapado. Pensé en
hacerme una paja, pero no lo hice, quería sentirme cachonda y que durase esa
sensación. Aunque él sol aún no pegaba fuerte, llevaba bastante rato tumbada y
ya estaba toda sudorosa. Pensé en darme una ducha rápida, pero antes les
llevaría el desayuno a Marta e Hicham.
Recogí la bandeja de la cocina, y fui al cuarto. Aún estaban
dormidos, Marta abrió un ojo al verme, y con voz somnolienta me dijo que dejará
la bandeja y me largará de allí, que quería dormir un poco más y luego
follárselo a solas, cuando él se despertase. Aunque a mi también me apetecía que
me follase, comprendía que Marta quisiera estar a solas con mi novio, le
sentaría bien y le ayudaría a ser la cerda que quería ser, así que no protesté.
Deje la bandeja en la mesa, y salí sin hacer ruido.
Tenía más de una hora por delante, estaba más c