Llegué a casa de Alexandra poco después del mediodía. La
encontré que acababa de almorzar y se me acercó dándome un beso, el cual
retribuí con intensidad, como era nuestra costumbre. Mi mano bajó a sus nalgas,
empujándola contra mi paquete, tal como me gustaba hacer con ella.
Luego de un rato, le pregunté:
- Preparada para el gran día?
- Ay, bueno, no se
- No sabes que?
- Es que Elsita es todavía muy inocente y no se si…
- No sabes que, guevona, no me digas que te estás emperrando
- No, bueno, no se…
No la dejé terminar. La agarré y la empujé contra la pared.
- Que te pasa, putica?. No es esto lo que esperábamos?
- Es que yo..
- Que yo ni que nada. La empujé fuerte contra la pared
haciendo que sus grandes pechos quedaran aplastados, mientras que mi mano bajaba
sus pantalones de mezclilla, mostrando sus nalgas. Le di dos nalgadas en esta
posición
- Ay, ay, me haces daño
- Mas daño vas a tener si no te comportas, putica. Y procedí
a bajarle de un tirón la tanga hasta que quedó a nivel de sus rodillas. Metí mi
mano entre sus piernas y comencé a tocarla, apretándole su afeitada cuquita.
Alexandra ya sabía lo que pasaría a continuación.
- Que te pasa, se te olvida quien manda aquí?
- Si.., no me hagas daño..
- Que no te haga daño? Si no te comportas, tú sabes lo que te
toca
Mientras la mantenía apretada contra la pared, le subí la
franela con dificultad sobre sus pechos, dejando sus tetas directamente contra
la pared. Sus pezones estaban duros por el susto y la excitación que empezaba a
sentir. Una de mis manos se apoderó de un pezón y comencé a apretarlo, haciendo
que chillara de dolor. Luego el otro. Mientras tanto, con mi cuerpo le impedía
que se separara de la pared. Luego mi mano volvió a ubicarse entre sus piernas.
- A ver, esto se está mojando aquí, le dije, mientras le
apretaba el clítoris. – Te gusta que te apriete los pezones
- No, me duele
- Mmm... Te duele, pero tu cuquita dice otra cosa
- Con un pie entre sus piernas le terminé de bajar el
pantalón y la tanga
- A ver, abre bien esas piernitas. Mientras ella se abría,
siempre pegada a la pared, yo abrí el botón de mi pantalón y baje el cierre. Me
bajé el pantalón y el interior un poco, para dejar salir mi guevo que ya estaba
pidiendo guerra.
Sin decirle más procedí a meterlo hasta donde me permitía
esta posición.
- No te gusta que te coja así, putita?
- No… ahh… si…
- Entonces quieres que te siga cogiendo?
- Si.. si…
- Entonces te vas a dejar de guevonadas sobre Elsita. Hoy me
la voy a coger
- Si, esta bien cógetela
- Y tu me vas a ayudar, o no? Le dije, mientras continuaba
bombeando su cuquita, manteniéndola pegada a la pared
- Ayy.. si, te voy a ayudar
- Así me gusta putica, así me gusta. A ver dame esta mano.
Le agarré la mano derecha y me llevé su dedo medio a la boca, mojándolo con
abundante saliva.
- Ya sabes a donde va este dedito?
- Mmm…
- A donde?
- A mi culito?
- Si, a tu culito. Me separé un poco y bajé su mano hasta que
la coloqué entre sus nalgas y la obligué a que se metiera el dedo ensalivado en
su culo.
- Así, rico, mételo a fondo. Y para que no hubiese dilación,
me apreté contra ella, obligando a que su mano entre nuestros cuerpos metiera el
dedo a fondo.
- Ayy… me duele…
- Bueno, eso te pasa por guevona. Y continué bombeando su
cuquita a pesar de la mano que incomodaba. Pero Alexandra estaba cada vez mas
excitada.
- Quieres terminar, putica?
- Ayy… si, quiero terminar
Entonces hice una maldad. Súbitamente me paré y le saqué el
guevo, dejándola contra la pared.
- Ni se te ocurra moverte, le dije
Y tomé la cámara y procedí a tomarle un par de fotos en esta
posición.
- Quieres terminar?
- Si, papi, si, necesito tu guevo
- Bueno, te lo voy a dar, pero primero tenemos un asunto que
atender.
Entonces la jalé y la separé de la pared y acercando su cara
a la mía, le dije
- Primero vamos a comernos esa carajita tiernita, luego te
voy a dar tu ración de guevo
- Pero.. me dejaste a punto
- Bueno, era un castigo por ponerte necia. Ahora compórtate y
vamos a gozar. Llámala y dile que venga, como habíamos quedado.
Efectivamente Alexandra se lavó, se acomodó la ropa, se peinó
y tomó el teléfono para llamar.
- Elsita, ya puedes venir
Y colgó.
A los pocos segundos, sonó la puerta.
- Acuérdate de taparle los ojos con esta venda,- le dije,
pasándole una venda usada para dormir en los aviones, y que no permitía el paso
de luz a los ojos. – se la pones bien apretada, que no vea nada
- Hasta que…
- Hasta que se la quitemos, cuando yo diga
- Está bien - dijo Alexandra, con un suspiro
- Y no quiero pendejadas tuyas nuevamente
- No, papi, no, vamos a rasparla, como tu quieres
- Como nosotros queremos -le corregí
- Como nosotros queremos, repitió Alexandra con un brillo
perverso en los ojos. Sus sentimientos de piedad habían desaparecido y ahora era
la Alexandra que yo conocía.
Alexandra fue a la puerta del apartamento a abrir a Elsita,
mientras que yo con la cámara en la mano me quité de la vista de la entrada.
- Hola Elsita, estás linda
- Hola, pensé que no me ibas a abrir la puerta
- Quieta, Elsita, no me busques, que me encuentras
- Perdón, yo no quería…
- Está bien, vamos a ver como estás vestida
Y Alexandra verificó que debajo de su minifalda no tenía
nada. Así mismo sus senos parados estaban libres bajo su franela.
- Muy bien, contra la pared
Y colocó a Elsita de frente contra la pared.
- Hoy vamos a jugar un poco mas duro, Elsita, quieres?
- Si, si quiero - dijo Elsita, sin saber lo que se le venía
encima
- Bueno, primero vamos a ponerte esta venda sobre los ojos
Alexandra colocó la venda elástica en la cabeza de Elsita.
- A ver, se ve algo?
- No, no puedo ver nada
- Así, rica. Y Alexandra comenzó a besar a Elsita.
Me acerqué sin hacer ruido y comencé a registrar en las fotos
como Alexandra se comía a Elsita. La cámara estaba en modo silencioso.
Alexandra, que ya estaba a punto por la cogida que le di, comenzó a darse
banquete con Elsita, desnudándola mientras le besaba los pechos, y poco a poco
fue bajando hasta su cuquita.
- Te gusta así mi perrita
- Si.. me gusta, decía Elsita entre suspiros
Luego de un rato ya estaban las dos desnudas con excepción de
la venda sobre los ojos de Elsita
- A ver Elsita, quiero que hagas algo para mí, dijo
Alexandra, quiero que me beses mi culito
- Si, mi vida, lo que tu quieras
Alexandra se recostó sobre uno de los muebles con las piernas
abiertas y guió a Elsita al punto deseado
- Usa la lengua como ya sabes hacerlo Elsita
- Mmm… si. Elsita sabía que debía recorrer con la lengua toda
la cuquita afeitadita de Alexandra desde el botoncito hasta su asterisco, que
hoy estaba un poco irritado por su propio dedo que entró sin la lubricación
adecuada.
- Vamos, Elsita, mete la lengüita lo mas que puedas
- Si, como tú quieras
La morbosidad de la situación, viéndome desnudarme con el
guevo parado y la inocencia de Elsita comiéndole el culito hizo que se viniera
en un prolongado orgasmo.
- Rico, ricooo… mi perrita, rico
Elsita se sorprendió de lo rápido que terminó Alexandra, sin
saber del trabajo previo y de mi presencia tomando fotos de la escena.
Mientras Alexandra recuperaba la respiración normal, Elsita
preguntó
- Puedo quitarme la venda ahora?
- No, mi vida, ahora te va a tocar a ti, vamos para mi cama
Y así, fuimos los tres desnudos al cuarto.
Alexandra acostó a Elsita en el centro de la cama, boca
arriba, y tomo sus manos, amarrándolas con dos corbatas a la cabecera de la
cama.
- Por que me amarras?
- Ya veras, Elsita, ya veras
Mientras tanto, yo tomaba fotos de la niña virgen que me iba
a comer en unos minutos
- A ver, abre las piernitas, te voy a hacer algo rico
Y Alexandra procedió a pasar su lengua por el botoncito,
mientras un dedo pasaba de su húmeda cuevita a la entrada cerradita de su culito
- Estás muy mojada perrita, así me gusta
- Si, tú me pones así
- Vamos a ver como está este culito rico
Entonces Alexandra que ya tenía listo el consolador anal,
comenzó a empujárselo, poco a poco, pero con firmeza
- Así perrita, te va entrando
- Si, ayy, me duele
- Pero te entra mas fácil que la otra vez, verdad?
- Si, tienes razón
- Bueno, pon flojito el culito para que te entre más fácil.
Y así Alexandra le metió completo el consolador, mientras le
mordía suavemente el botoncito.
Luego Alexandra se acostó al lado de Elsita y le dijo al oído
- Ahora te tengo tu sorpresa de la tarde
Y yo me subí a la cama, acercando mi guevo super parado por
la excitación a la cara de Elsita. Le pasé el guevo por la mejilla, por la
nariz, por la boca
- Que es esto?
- Estas sintiendo el guevo de mi papi, que te va a coger
rico, le dijo Alexandra, mientras le quitaba la venda
Elsita tardó unos segundos en entender lo que estaba
sintiendo en su cara y lo que veía y lo que Alexandra le decía
Aproveché para meter por unos instantes mi guevo en la boca
de Alexandra, delante de los ojos de Elsita
- Rico, mamar un guevo, el guevo de mi papi, ahora hazlo tú
Mi guevo estaba contra sus labios, pero en ese momento,
Elsita reaccionó, intentando huir. Por supuesto sus brazos amarrados no le
permitían mucho movimiento.
- No, no quiero, dijo finalmente Elsita
- No importa, igual lo vas a hacer
Elsita abrió la boca, como preparándose para gritar, mientras
se agitaba toda contra las corbatas que la inmovilizaban.
Alexandra le dio una sonora cachetada que paró en seco la
rebelión de Elsita
- Mira que rico es, y nuevamente metí mi guevo en la boca de
Alexandra
- Vamos, abre la boquita para que aprendas a mamar guevo, le
dijo Alexandra al oído
- No quiero… - dijo ya en vos mas baja, ya un poco resignada.
- No importa, ya te dije. Mi papi quiere gozar contigo, y tú
eres mi perrita
- No..
- Vamos, por última vez, abre grande y vas a hacer gozar a mi
papi
Finalmente, Elsita abrió la boca. La punta de mi pene entró.
Entonces me acomodé sobre su cuerpo mientras Alexandra le ponía un par de
almohadas debajo de su cabeza para facilitar la entrada.
Y así comencé a meter y sacar mi guevo de esta boquita rica.
Alexandra todavía le dijo al oído
- Ten cuidado con tus dientes. No quiero que dañes el guevo
de mi papi
Elsita miraba a Alexandra y luego a mí, tratando de
comprender donde estaba
Entonces procedí a meter a tope mi guevo, lo cual hizo que
Elsita tuviese una arcada. Una lágrima salió de su ojo.
Continué metiendo y sacando mi guevo de su boca hasta que
sentí que me venía. El primer chorro fue a dar a la garganta de Elsita, pero
rápidamente lo saqué y la mayor parte de mi leche cayó sobre las caras de Elsita
y Alexandra.
Alexandra besó a Elsita, pasándole la lengua por la cara,
recogiendo mi leche y le dijo
- Trágate todo que es rico
Elsita resignada se dejaba hacer. Ya era nuestra. Pero
faltaba trabajo por hacer.
Luego de recuperar la respiración normal, Alexandra buscó una
toalla y limpió su cara y la de Elsita.
Elsita le pidió a Alexandra que la soltara. Alexandra le dijo
que no todavía, que todavía faltaba lo mejor...
Alexandra comenzó a besar a Elsita en la boca, mientras su
mano se distraía en su pecho izquierdo, apretándole su duro pezón, y haciéndola
gemir. Al oído le dijo:
- Ahora vas a ver lo que es un guevo bueno en tu cuquita,
mientras su otra mano bajaba a su húmeda rajita
Elsita se puso muy nerviosa y comeos a agitarse. Nuevamente,
Alexandra le dio una cachetada, que la dejó fría.
Alexandra agarró un pié y se lo amarró a su muñeca. Luego,
agarró el otro e hizo lo mismo.
Elsita quedó como un pollito amarrado, con su culito lleno
con el consolador y su cuquita dispuesta para mí. Alexandra comenzó con su
lengua a ablandarla, pero Elsita se puso como histérica.
Alexandra le colocó una media en la boca, para callarla y se
la amarró con un pañuelo impidiendo que gritara. En ese momento yo aproveché
para colocara mi guevo en la entrada de su cuevita y de un solo pase, procedí a
desvirgarla. Mi guevo paró cuando nuestras caderas se encontraron y Elsita
lanzaba gritos insonoros por la media colocada en su boca.
Alexandra le decía al oído:
- Elsita, ya te lo metió, ahora goza
Elsita seguía en un movimiento histérico de todo su cuerpo,
pero inmovilizada por las corbatas. Su cuevita estrecha lo se sentía mas
apretada aún por el consolador colocado en su culito.
Luego de un bombeo intenso de su cuquita, me vine largamente
dejando toda mi leche en su cuquita.
Me acomodé a tomar aire a un lado de Elsita, mientras que
Alexandra, como otras veces habíamos hecho con otras carajitas, se daba banquete
comiendo la cuquita de Elsita, en este caso, recién desvirgada, comiéndose la
sangre y mí leche que salía. Elsita se calmó finalmente, luego de otorgarme su
virginidad. Sin embargo, volvió a inquietarse cuando le dije a Alexandra
- Muy rica. Pero todavía falta darle por el culito.
Elsita abrió los ojos como dos paraparas, pero no podía
quejarse con la media en su boca. Alexandra subió y le dio un beso en la oreja,
comenzó a quitarle el consolador anal mientras le decía
- Ya verás que rico te coge mi papi por atrás. Ya lo veras...
Alexandra tenía un brillo de excitación perversa en sus ojos.
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