Al día siguiente de esa noche de pasión… yo estaba destruido…
verdaderamente no escuché cuando Gabriel se levantó y se fue a la oficina…
Sentía que me había pasado una aplanadora por encima, tanto por el cuerpo como
por la cabeza.
Como pude me fui al baño y me di un hidromasaje.
Serían como las doce del medio día.
Estuve gozando del agua caliente, burbujas y chorros
masajeando mi piel. Me afeité y luego me volví a la cama. Pedí que me trajeran
un tente en pie, par esperar que Gabriel vuelva o llame y encontrarnos para
almorzar.
Tenía algo de temor, ya que no me imaginaba que se le iba a
ocurrir ahora conmigo.
Como a eso de las trece llegó. Entró a la habitación como un
huracán… Con una sonrisa en la cara y varias bolsa en la mano.
- Vamos, mi amor, nos vamos a la playa.
- ¿Ya?
- Si ahora mismo, nos pasan a buscar Nelson... Me prestaron
un departamento frente al mar. Compre algunas cositas para pasarla bien, ropa y
alguna sorpresa.
Hicimos unos bolsos con lo imprescindible, para pasar cuatro
días de playa.
- No dejes de llevar lo que te regalé – me dijo
Sabía que lo de anoche no iba a quedar ahí.
Nelson, Gabriel y yo estábamos al rato, viajando por la
autopista Dutra, que conecta Sao Paulo, con el litoral del estado. Habíamos
comprado algunos enseres para estadía, galletitas, cerveza, cigarrillos, etc.
Comimos en Guarujá y llegamos a Bertioga a eso de las cuatro
de la tarde. un departamento muy lindo y sencillo, lo justo para disfrutar de la
playa. Un balcón grande y una terraza, el living, una habitación, la cocina y el
baño.
Nelson nos explicó el funcionamiento de la casa y se volvió a
Sao Paulo.
Cuando nos quedamos solos, Gabriel me propuso que me cambie y
que salgamos a caminar, ya que si bien estaba lindo el día, no estaba como para
ir al mar.
Me puse un short, una remera, sandalias, lo primero que
encontré, estaba con muchas ganas de salir y ver todo.
- ¿Así vas a ir?
- ¿Qué tiene de malo?
- Vení, ponete linda. - Sacó de sus cosas las bolsas que
había comprado esa mañana… Una bikini muy pequeña, roja fuerte, unas sandalias
altas y un vestidito de algodón. – Ponete esto y la peluca de ayer, que te
espero en el balcón.
Gabriel tenía muy buen gusto y sin pensarlo me vestí con todo
eso… estaba muy nerviosa, ya que sería la primera vez que me pasearía por la
calle vestida de mujer. A todo lo que me dio le agregué las prótesis, para hacer
que mis senos resalten y me di una pasadita de cosméticos para los ojos y mi
boca. No había un espejo grande para mirame, pero me sentía divina.
Primero fuimos hasta la orilla del mar y caminamos por la
playa un rato… abrazados y jugando como dos amates. Luego fuimos al centro del
pueblito, para elegir algún lugar donde comer esa noche y comprar alguna que
otra cosa, que necesitábamos.
Volvimos al departamento contentos, entre risas y besos. Yo
estaba muy contenta de poder disfrutar esos días como su amante, sin nada que me
impida vivir esa experiencia increíble e impensada. Me sentía libre de hacer y
desear todo lo que nunca hubiera hecho, ni en mis fantasías más ocultas y menos
con Gabriel.
Bebimos unas cervezas, entre mimos y arrumacos; él me trataba
como si yo fuera la mujer de su vida o por lo menos así me hacía sentir. Mi
feminidad se acrecentaba a cada minuto. No sé si era el aire del mar, el Brasil
o la inmensa felicidad que sentía pero a esa altura estaba muy caliente. En ese
momento era yo la que estaba avanzando sobre él. Empecé a tocar su verga por
encima de su short y sin darme tiempo, la sacó fuera. Me arrodillé entre sus
pernas y me la llevé a la boca… aunque estaba fláccida, me la tragué toda, mi
lengua buscaba toda su piel y sentía como le iba creciendo, como se iba poniendo
cada vez mas tiesa. Yo lo miraba a los ojos y él acariciaba mi cabeza, como
agradeciendo y alentándome.
No tardé en sentir su jugos pre seminales aromatizar mi boca.
Con la lengua busqué el ojo de su verga y la acaricien con intensas lamidas. Más
y más líquido brotaba de allí. Gabriel jadeaba y me decía cosas chanchas y yo
mas me esmeraba en hacelo gozar…
Mi mano subía y bajaba por su tronco mientras su cabeza se
bañaba en mi boca. Su verga latía y ya sentí que se venía en cualquier momento.
Como un suspiro, profundo, su semen saltó en mi cara, pero
pude sentir los siguientes espasmos dentro de mi boca… Causándome un placer
nunca vivido. Yo también sentía que acababa aunque sin flujo.
Gabriel quedó exhausto tirado en el sillón y yo vibrando de
emoción; con su olor, con su sabor, con su semen en mi cara y mi garganta. El
estaba tan cansado que no le dio ni para hacerme ese último mimo.
Me levanté y me fui a dar un baño, corto, mas por estar linda
esa noche que por que estuviera sucia. No habré tardado ni cinco minutos en
salir del baño, se escuchaba una música en la sala. Creí que debería de
encontrarme con un Gabriel dormido, pero no estaba contemplando el anochecer por
el ventanal del balcón… Ya estaba vestido como par salir y yo envuelto en una
toalla, así que me fui a nuestro cuarto y me vestí.
No tenía muchas opciones, así que decidí vestirme como lo
había hecho la noche anterior. En lo que más tardé fue en maquillarme… ya que vi
que estaba despierto y activo, cambiando de música y bebiendo cerveza.
Me sentía linda y a su lado toda una mujer.
Cenamos en ese lugar que habíamos elegido, solo estábamos
nosotros y algún parroquiano que entraba, saludaba a los encargados del lugar,
tomaba algo y se iba,
Al terminar comer, salimos y fuimos a un barcito a tomar una
caipirinha y luego regresamos al departamento…
Yo estaba muy deseosa y parecía que él también ya que antes
de abrir la puerta me acorraló contra la pared, me besó fuerte y me toqueteó oir
todos lados, subiéndome la falda y abriéndome la blusa.
Al llegar al cuarto:
- Ponete en cuatro, mi amor… - Me dijo. se notaba que el
alcohol lo había puesto así, brusco, primitivo, salvaje, sin embargo fue hasta
la mesita de luz y abrió un frasco de gel íntimo de sabor a chocolate. Corrió la
tita de mi tanga y me untó el ano y apenas introdujo su dedo unos centímetros,
luego sopló… primero sentí el aroma, luego un calor tibio dentro de mí. Yo
estaba a mil, pese a su falta de la delicadeza que hasta ahora había mostrado.
Pe paró detrás de mí y me penetró, sin más. Habrá hecho tres o cuatro
movimientos, cuando sentí que acababa y me daba su leche en mi interior. Se dejó
caer en mi espalda y luego en la cama. Yo estaba muy decepcionada y caliente…
Pero entendí que se había levantado muy temprano, después de una noche de sexo,
luego el viaje, bastante cerveza, la mamada de la tarde, la cena, la caipirinha
y la caminata de la vuelta a casa.
así que me levanté y me fui al baño a desagitar la leche que
tenía dentro. Me lavé los dientes y me desvestí… Me puse una remera larga de
algodón como pijama y me dejé el corpiño y la tanga.
Me acosté a su lado, ya que él también se había acostado.
Me abrazó.
- Disculpame
- ¿Por?
- Por lo que hice.
- Está todo bien… no tenés que disculparte. Tenemos muchos
días para hacerlo bien.
- ¿Puedo hacer algo por vos?
- Está bien; mañana hablamos.
- ¿No quieres que aunque sea te haga una paja?
Yo no contesté pero él empezó a acariciar mis piernas, de
forma lenta pero con cierta presión que me gustaba. Su mano se coló por debajo
de la tanga, tocando mi pija.
Ningún hombre y pocas mujeres lo habían hecho. Estaba
totalmente fláccido y muy pequeño, él lo tomó con su dedo gordo y pulgar como si
fuera el pene de un niño y lo comenzó a agitar… de arriba a bajo con la
intensidad que uno sabe. Aunque no tomaba consistencia me estaba excitando
mucho… Mi verga apenas se paró, no estaba dura ni poco, pero empezó a escupir
semen… En mi panza y en su mano, sobre todo. Me llevó su mano a la boca y lamí
mi propio semen,
- Gracias. – le dije, nos acomodamos tipo cucharita y nos
dormimos.