Tres, cuatro I
Hola a todos y todas, mi nombre es Diana y anteriormente he
publicado en esta página algunas de mis experiencias. También hemos contactado
alguna vez por este medio. Por si alguien no tiene idea de quien soy, les diré
que soy una mujer que le gusta disfrutar la vida en todos los sentidos, que vive
en el DF, que tengo cuarenta y dos años y que físicamente tengo mis atractivos.
Lo que más me gusta son los tríos, mi marido me inició hace ya tiempo. La
primera vez tenía yo un poco de temor, por como lo fuera a tomar él, porque yo
estaba verdaderamente excitada, sólo de pensarlo tenía el coño mojado. Ahora,
después de algunas experiencias, lo disfruto sin ningún problema, ya que a
Alberto le fascina ver como gozo cuando me cogen, tan es así que él siempre
organiza nuestras excitantes reuniones.
Tenemos un amigo con el cual nos gusta estar, porque además
de que es un buen amante, está bien proporcionado, tiene una verga de buen
tamaño y gruesa que es como a mi más me gustan. Como a mi marido lo que más le
excita es verme con otro y a mí lo que más me gusta son los tríos le pedimos a
Fernando que es como se llama nuestro amigo que invitara a algún conocido suyo a
nuestra próxima reunión.
A finales de agosto Alberto me dijo que ya todo estaba listo
y que me preparara para el siguiente viernes. El miércoles fui a la depilación,
solo me deje un poquito de bello encima de mi coño, el jueves me puse
autobronceante en todo el cuerpo y el viernes me salí temprano del trabajo para
darme un baño perfumado y ponerme bonita para Alberto y para nuestros
acompañantes de esa noche. Primero iríamos a cenar Alberto, Fernando y yo a un
restaurante italiano que se encuentra al sur de la ciudad, en la avenida
Revolución, en dónde es un verdadero placer comer y después iríamos al
departamento de Gonzalo cerca de ahí. Toda la semana estuve excitada,
normalmente Alberto elige mi ropa para esas ocasiones, pero esta vez solo me
dijo: "como tu sabes que me gusta". Me puse un vestido de seda color natural de
tirantitos, que me queda arriba de la rodilla, una pequeña tanga transparente,
que apenas cubría mi húmedo coñito y unos zapatos cafés muy altos, de tiras que
se enredan en los tobillos. Después de la cena en la que comimos y bebimos
delicioso, le hablaron a Gonzalo para avisarle que ya íbamos para allá.
El departamento al que llegamos era amplio y confortable,
Gonzalo por su parte, resulto muy simpático, y sin ser muy guapo era bastante
atractivo, inmediatamente simpatizamos con él. Después de las presentaciones,
nos ofreció de beber. Fernando puso una música lenta en el aparato de sonido y
me sacó a bailar, me pegó a su cuerpo, me acariciaba la espalda y me decía al
oído cosas que me hacía sonreír y sonrojar al mismo tiempo. Alberto y Gonzalo
conversaban y bebían, sentados en los cómodos sillones. Al terminar de bailar
Fernando me ofreció para bailar con Gonzalo, este primero me tomó con cierto
respeto, pero cuando se dio cuenta que Alberto metía la manos por debajo del
vestido y me quitaba la tanga, me estrecho contra él visiblemente excitado. Yo
también me excite y me moje todavía más, pero cuando sentí su verga dura contra
mi vientre, sentí como me escurrían hilos de excitación por las piernas. Me
pegué a su cuerpo, mientras sentía que sus manos se deslizaban por mis nalgas
con delicadeza. Al terminar la melodía nos quedamos abrazados, me besaba el
cuello y me acariciaba los senos sobre el vestido, mis pezones se marcaron aún
más y me dio un largo beso. Me separé de él, miré a mi marido, le sonreí y saqué
a bailar a Fernando. Con toda la confianza que le da el haberme cogido muchas
veces, Fernando me quito el vestido y desnuda seguí bailando, Fernando me
acariciaba todo el cuerpo, me metió la mano entre las piernas y extendió mis
jugos por todo mi cuerpo. Me frotó el coño, primero lentamente, cuando empezó a
hacerlo con más fuerza, sentí que las piernas me temblaban, me colgué de su
cuello y las abrí para que metiera sus dedos. Fernando me detuvo de la cintura y
me chupo los pezones y con sus dedos entrando y saliendo hizo que me viniera por
primera vez.
Mientras Fer me abrazaba, Gonzalo se acercó para invitarme un
trago, me lo bebí de un golpe. Fernando me seguía acariciando y Gonzalo lo
imitó, sentía yo las cuatro manos por toda mi piel. Fernando me dijo que quería
que se la mamara. Me hinqué en la alfombra y saqué su verga que tanto me gusta y
la empecé a besar, la pasaba la lengua por todo su tronco y me la metí en la
boca, se la estaba mamando cuando sentí que Gonzalo se acercaba y también me
ofrecía la suya, una verga grande como la de Fer pero más gruesa, se la acaricié
con la mano y la sentí dura y caliente. Cuando pase de besar la verga de Fer a
meterme en la boca la de Gonzalo y sentí su grosor con mis labios, me imaginé el
placer que me daría cuando me la metiera. Fernando me tomó de los brazos y me
llevó al sillón, me recosté en las piernas de mi marido mientras me chupaba mi
mojado coño. Alberto me acaricio la cara y el pelo y me decía que le encantaba
ver gozar a su putita. Llamó a Gonzalo con un ademán y este me puso la verga
para que se la siguiera mamando. Alberto me acariciaba los senos mientras me
decía que le encantaba su puta, yo estaba fascinada con esa verga rica en la
boca y disfrutando las caricias de Fer. Estaba tan excitada y caliente que me
vine nuevamente.
Alberto se dio cuenta que yo ya quería que me la metieran y
le dijo a Fernando que me dejará sola con Gonzalo, que como era el anfitrión el
debería ser el primero. Gonzalo presuroso se quito la ropa y me llamó, le di un
beso primero a mi marido y luego a Fernando y me entregué a Gonzalo, después de
acariciarme y besarme, me recostó en la alfombra se puso un condón, yo separé
las piernas y las levanté. Gonzalo no resistió la tentación de verme así de
entregada mostrándole mi coño desnudo, húmedo y hambriento, y en lugar de
metérmela me empezó a besar el sexo, yo me agarré las piernas y levanté más el
culo. Gonzalo me besaba el coño me acariciaba el clítoris con su lengua, me
apretaba mis labios con los suyos y después me empezó a besar el culo, lo cual
hizo que yo gimiera aún más, pues me encanta esa caricia, Gonzalo me pasaba su
lengua por mis pliegues y trataba de metérmela, me abandoné a ese placer tan
delicado y caliente al mismo tiempo, ese placer tan excitante me hacia gozar a
punto del orgasmo. Se puso otro condón y me levantó las piernas, mientras me
decía que me veía deliciosa, me colocó la punta de la verga en mi coñito, entre
gemidos le pedí que me la metiera y al sentir como me entraba su verga gruesa y
como me llenaba, cerré los ojos, escuché la voz de Alberto que me decía:
"disfruta esa verga putita, me encanta que disfrutes" y me vine inmediatamente.
Gonzalo me empezó a coger de manera exquisita, primero lentamente y después con
más fuerza, me la metía hasta adentro y casi la sacaba y me la volvía meter
chocando su pelvis contra mis nalgas que yo le ofrecía sin pudor para su
disfrute, hasta que al sentir que se venía le apreté la verga con mi coño, sentí
como le palpitaba y miré a mi marido, al sentir sus ojos excitados clavados en
mí y recordar que así le gusta que me ponga, sentí uno de los orgasmos más
intensos de esa noche.
Alberto dejo que Gonzalo me siguiera acariciando por un rato
más y después me acerco otra copa de cava. Gonzalo se dirigió a Alberto y le dio
las gracias por haberlo invitado. Tienes una mujer riquísima, le dijo y que
delicia cuando aprieta la verga, agregó sonriendo. Alberto también sonrió y solo
dijo: Diana también se ve contenta, así que no tienes nada que agradecer, además
la noche apenas empieza.
Este relato también empieza, pero continuara. Les mando
besos.
Diana. isimadiarrobahotmail