No llevo nada bien que trabajes en otra ciudad, y encima en
mi situación actual no puedo ir a verte. Tengo que esperar a que vengas a
visitarme los fines de semana.
Te veo llegar acalorada, entras y dices sonriente: -Hola
cariño, ¿qué tal? Te veo muy bien hoy. Es verdad que lo estoy. También ansioso.
Desde que desperté estoy contando las horas que faltan para verte. Te respondo
incorporándome, pero de mi boca no sale nada.
Hemos tenido mucha suerte este fin de semana. Estamos solos
en la habitación y podemos ir tranquilos al baño. Te cojo de la mano y te guío.
Te dejas llevar, no hablamos. Sabemos a lo que vamos. Durante la semana nos lo
hemos imaginado y escrito por mail mil veces el uno al otro. Yo voy empalmado,
muy duro, hiperexcitado, se me ha hecho eterna la espera. Entramos al baño.
Seguimos sin hablar. Te arrodillas, sabes a qué te he llevado
allí. Yo sujeto la puerta por si alguien intenta abrir.
Me sacas la polla, silbas al verla enorme, te mueres por comértela. Te notas
empapada, la quieres notar dentro, la necesitas desde hace meses. Me la meneas
dos veces con la mano y acto seguido la engulles, despacio hacia abajo, llegando
hasta los huevos. Notas una contracción en mi tranca, gimo, las ganas me estaban
matando.
Yo miro al espejo, y veo mi polla en tu boca, eso me encanta. Empiezas a
moverte, acompañándote de la mano. Te sujeto la cabeza pero te dejo hacer. Me
encanta como te mueves. La chupas muy bien. Estoy tan cerdo que no tardaré mucho
en correrme. Veo como tu cabeza se mueve mientras tragas mi verga. Te apartas el
pelo para que pueda seguir viéndote bien por el espejo. Cómo me conoces zorra.
Quieres que me corra y notas que lo estás consiguiendo. Me agarras del culo para
que vaya más profundo y sigues con la otra mano meneando mientras mamas como una
puta bien pagada. Ahora es lo que eres, te gusta, quieres ser mi puta. Querrías
follar, pero te da palo, sabes que es difícil aquí.
Seguimos sin hablar, la excitación me puede, jadeo sin poder contenerme, no
puedo más, te suelto la cabeza. Chupas despacio ahora que notas que la
eyaculación es inminente.
A medida que vas notando que mis huevos se contraen y mi
polla se hincha en tu boca te la sacas y me miras. Te sabes mi fantasía de
memoria. Sigues pajeando apuntando a tu cara, con la verga bien arriba. En un
segundo sale el primer chorro que golpea tu frente y se desliza hacia abajo, por
tu nariz. Te asustas, siempre te pasa, pero la experiencia es un grado y esta
vez sigues meneando con ansia, abriendo bien los ojos. Sé que te gusta verlo
salir. Es tu premio a un buen trabajo.
El segundo y el tercer chorro salen con igual fuerza. Uno golpea tu ojo, que
cierras de inmediato y corre por tus mejillas, y el otro se cuela directamente
en tu boca semiabierta. Te sobreviene una arcada, pues no lo esperas, pero es
sólo un segundo. Tú sigues meneando, mientras notas un sabor un poco amargo en
tu lengua.
Los chorros ya salen más despacio y ahora ya acercas tu polla más a tu cara para
no mancharte la ropa. Dejas caer el semen por tus mejillas, por tu boca, por tu
barbilla.
Cuando el grifo se corta, te la metes de nuevo en la boca, y te quedas quieta.
Sabes que ya no me gusta que te sigas moviendo cuando me he corrido. Y también
sabes que me gusta notar tu boca engulléndomela mientras aún palpita.
Tus bragas siguen mojadas. Una pena desperdiciar tu coño así, ya lo haremos, ya
lo haremos. Hemos de tener paciencia.
Por fin la sacas y me miras sonriendo. Te limpias la lefa del
ojo, y me dices: - ¿Te ha gustado correrte en mi cara, eh cabrón?
No me he perdido ni un detalle al mirarnos reflejados en el espejo. Ver cómo cae
mi leche en tu cara es la hostia.
Te miro y estás empapada de mí. Parte del semen aún corre
debido a la gravedad hasta colgar de tu mentón. Me encanta. Te siento más mía
así. Has sido una guarra.
Antes no te gustaba hacer esto. Pero sabes que a mí me vuelve
loco y te sacrificas. Poco a poco le estás cogiendo gustillo. Te digo: -Muy
bien, cariño, muy bien, eres la hostia. Me alegro de que hayas venido. Te
quiero.
Te incorporas mientras yo me la guardo y salgo furtivo. Cierro la puerta
nuevamente para que te limpies tranquila. Me acuesto de nuevo en la cama hasta
que sales de nuevo con tu carita de ángel, sonriendo: -¿Ya estás más tranquilo?
me dices.
Pero yo ya estoy casi dormido y no te contesto. Lloras de alegría, mientras me
tapas. Sabes que estoy nervioso por el futuro, y que me cuesta dormir.
Te sientas en el sillón, y te preparas para pasar una noche más en esa fría
habitación de Hospital, deseando que sea el último de nuestros fines de semana
allí.