Contra las bolas del tío Paco
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Paco visita a su amigo Alfredo, pero en casa sólo encuentra a
Caro, la hija de 18 años de éste, quien está ávida de aprender sobre puntos
débiles del hombre.
Tío Paco: Hola, Carito. ¿Cómo estás? Vine a ver a tu
papá, ¿sí está?
Caro: No, señor Paco. Mi papá salió. Fue a hablar con el
director de mi escuela.
Tío Paco: Ni modo, quería platicar con él y tomarme una
cerveza.
Caro: Si quiere, señor Paco, le puedo dar una cerveza en
lo que llega.
Tío Paco: Ah, pues gracias, Carito. Pero no me digas
señor, ya sabes que casi casi soy tu tío. Si gustas, dime tío Paco.
Caro: (Enrojeciéndose.) Gracias, tío Paco.
Tío Paco: ¿Y para qué fue tu papá a tu escuela?
Caro: Es que tuve un problema en la escuela, tío Paco.
¿Así está bien tu cerveza?
Tío Paco: Sí, muchas gracias, está bien fría. ¿Y qué
problema tuviste?
Caro: Resulta que un chavo de la escuela me molestó.
Tío Paco: ¿Por qué, cuál fue tu problema con ese chavo?
Caro: Pues empezó a molestarme por mis caderas, y yo le
aventé una piedra y le abrí un poco la cabezota. Se puso feo, porque luego se me
avalanzó y comenzó a pegarme, pero mis amigas me defendieron. Se pusieron feas
las cosas, tío Paco.
Tío Paco: ¡Ah, pues qué cabrón fue ese chavo!
Caro: La verdad, sí. Como soy mujer, pues se aprovechó. Y
no sé ni cómo pegarle, por eso le aventé la piedra.
Tío Paco: Mira, Carito, tienes que aprender a defenderte
y a vencer a esos abusivos. Si no, no te respetarán.
Caro: Ya lo sé, tío Paco, pero no sé cómo. No soy tan
fuerte como ellos.
Tío Paco: No hay problema. Si quieres, te enseño algunos
golpes que les puedes dar.
Caro: ¿De verdad? Gracias tío, eso estaría súper, porque
mi papa no quiere enseñarme.
Tío Paco: Tal vez lo hace porque no quiere que salgas
lastimada, pero si te pones buza, podrás vencerlos. Mira, ponte así, de lado, y
tiras los puñetazos de esta manera. (Paco le muestra algunos golpes
inofensivos.)
Tío Paco: Pero eso sí, Carito, te advierto una cosa.
Sí, tío Paco, dime.
Tío Paco: Hay lugares donde nunca debes golpear a un
hombre. (Caro sigue ensayando los golpes que Paco le enseñó.)
Caro: ¿Cuáles son, tío Paco?
Tío Paco: Son como lugares prohibidos en las peleas.
Caro: (Inocentemente.) ¿Porque?
Tío Paco: Porque no se considera honorable golpear en
esos puntos, sobre todo en uno, pero no te diré cuál es para que no lo pongas en
práctica.
Caro: Ay, tío Paco, no seas malito, dime cuáles son. ¿No
soy tu "sobrina" favorita? Además, tal vez si los sé, podré defenderme mejor.
(Paco piensa en el argumento de la chica de 18 años que tiene enfrente.)
Tío Paco: Está bien, Carito. Te lo diré. Se trata de los
testículos. ¿Sí sabes cuáles son, verdad? Te lo han enseñado en biología, ¿no es
así? (Paco le señala su entrepierna a Caro.)
Caro: Sí sé cuáles son, tío Paco. (Caro mira el
paquete de Paco.) ¡Wow, tío Paco! Sí que se te marcan. Son esos "bultitos",
¿no? (Paco se enrojece y siente una oleada de excitación que trata de no
dirigir a su dormido pene.)
Tío Paco: (Titubeando.) Eh, sí... Esos, esos son.
Je, je... Bueno, entonces ya sabes que ¡ahí no debes nunca golpear a un chico!
Caro: Pues los chavos de mi escuela no les dicen
testículos, sino bolas, huevos o pelotas. Sobre todo le dicen huevos. ¿Cómo les
debo llamar, tío?
Tío Paco: Pues como gustes, aunque entre ustedes los
chavos prefieren decirles así, huevos.
Caro: Pues así les diré. Oye, tío Paco, me gustaría
conocerlos bien, para que sepa dónde no debo pegarle a los chavos. Si tú me los
enseñaras, sabría cómo identifiPaco.
(Paco comienza a sudar. La propuesta de la hija de su
amigo es muy tentadora, pero sabe que corre un gran riesgo si su amigo se entera
de lo que está a punto de hacer. Contempla a la adolescente Caro, con su piel
tersa y limpia, su olor a perfume de niña, sus senos duros y redonditos que ya
se asoman, sus labios carnosos y resaltados por un suave brillo. Sobre todo,
observa los pequeños pies enfundados en unas sandalias que dejan ver lo
poderosas que podrían ser esas extremidades. Paco traga saliva, se arriesgará,
todo con el fin de enseñarle algo vital para esa chica.)
Tío Paco: De acuerdo, Carito, pero no me gustaría que tu
papá se enterara, porque puede pensar que hicimos algo malo.
Caro: Ay, tío Paco, no te preocupes, yo sé guardar muy
bien los secretos. Además, soy yo la que te lo estoy pidiendo. No soy tonta, y
sé a lo que voy. (La repentina sinceridad de Caro desconcierta a Paco, quien
la ve de repente más madura y despierta de lo que pensaba. Entonces se
desabrocha su pantalón de mezclilla y se lo baja un poco, lo suficiente para
dejar ver a Caro su pene y sus testículos enfundados en un boxer ajustado
blanco.)
Caro: ¡Órále, tío Paco! Con esos huevos ni te deben doler
los golpes, ¿no? Se ven grandotes y muy resistentes. (Paco vuelve a
sonrojarse y trata de pensar en otras cosas para no excitarse.)
Tío Paco: No, Carito, al contrario, con huevos como los
que tengo, me duele más, porque mientras más grandes, más duelen.
Caro: ¿En serio? Uy, no lo sabía. Oye, tío Paco, ¿me
enseñas más golpes?
Tío Paco: Mejor, te enseñaré algunas patadas. (Paco se
sube y abrocha su pantalón.) Mira (se pone al lado de Caro), estira
así la pierna y pega directamente en el estómago. Y si la estiras así (le
muestra cómo), podrás golpear directamente en la cara. Eso derribará al
atacante y te dará ventaja. A ver, vamos a fingir que yo soy tu contrincante, y
tú tratarás de patearme como te enseñé, ¿de acuerdo? Bueno, vamos.
(Paco se pone frente a Caro, quien suelta una patada que
golpea levemente el estómago de Paco. Lo vuelve a hacer y esta vez sí golpea
duro.)
Tío Paco: Oye, Carito, sí tienes piernas fuertes, eh.
¡Que se cuiden los chavos de tu prepa!
Caro: Ay, tío Paco, gracias, pero el que está fuerte eres
tú. Mi papá me dice que te la pasas haciendo pesas en el gimnasio, y que se han
hecho unos conejotes en los brazos.
Tío Paco: (Más excitado.) ¿De veras dice eso tu
papá? No le creas, está exagerando.
Caro: A ver, tío Carlitos, enséñame uno de us conejos,
¿sí? Ándale, por favoooor.
Tío Paco: (Animado por Caro, Paco se arremanga su
playera tipo polo y arquea su brazo derecho.) Mira, Carito, este es mi
conejo. ¿Ya ves que no es tan grande?
Caro: (Emocionada.) Uy, tío Paco, se te ve bien
marcado. ¿Lo puedo tocar?
Tío Paco: (Paco traga saliva; él quisiera que la joven
Caro tocara todo su cuerpo.) Eh, claro, tócalo. (Caro hace un poco de
presión con sus dedos en el bíceps de Paco, quien siente esos pequeños dedos
como puntas de electrodos que transmiten choques eléctricos por su cuerpo.)
Caro: Oye, tío Paco, ¿me puedes enseñar los dos al mismo
tiempo? Como los hombres musculosos que van a los concursos.
Tío Paco: Claro, mira. (Paco se arremanga el otro
brazo y modela sus dos bíceps atléticos. Dejándose llevar por la excitación, se
anima a ser un poco petulante con la chica.)
Tío Paco: Mira lo fuertote que está tu tío. ¿Verdad que
estos son los músculos que les gustan a las chavas?
Caro: ¡Claro que sí, tío Paco! A nosotras nos gustan los
chavos que son musculosos. Pero no nada más de los brazos, sino también los que
tienen lavadero en el estómago.
(Paco entiende la indirecta, y voltea, por si acaso, a ver la
puerta de entrada. Luego, se quita la playera y deja ver un abdomen trabajado y
sólido.)
Tío Paco: ¿Cómo ves a tu tío, Carito? (Dice posando
como si estuviera en un certamen de fisicolturismo.)
Caro: Pues mi tío está fuertote... ¡y buenote! (Caro
se sonroja de una manera que enciende a Paco.)
Caro: Oye, tío, y si un chico se pone presumido conmigo y
me muestra sus músculos para que me acueste con él, ¿qué puedo hacer?
Tío Paco: (Paco mantiene su pose mientras responde a
Caro.) Pues ya te enseñé cómo debes responderle.
(Acto seguido, Paco siente un fuerte dolor en su entrepierna,
que recorre su pelvis y llega a su estómago. Se dobla un poco y, en un
microsegundo, se da cuenta que Caro lo acaba de patear en sus bolas, mismas que
Paco protege con sus grandes manos.)
Tío Paco: ¡Agggg, Carito! Me acabas de golpear en mi
punto débil. Te dije que nunca golpearas a un chico ahí. (Dice quejándose y
sobando sus bolas.)
Caro: (Con inocencia.) Es que quise comprobar el
efecto de esos golpes, tiíto. No te enojes, por favor.
Tío Paco: (Paco, con una erección que trata de cubrir
con sus manos.) No, si no me enojo, sólo que no me lo esperaba.
Caro: ¿Te dolió mucho? Es que como te tapas con tus
manos, pensé que sí.
Tío Paco: No, Carito, cómo crees, si tu tío está fuertote
y musculoso.
Caro: Ah, entonces si te vuelvo a golpear no te dolerá
tanto. (Caro se quita sus tenis y deja ver unos pies delicados, como de
porcelana. Paco no quiere que esa visión aumente su erección.)
Tío Paco: Eh, no, creo que no.
(Paco se endereza y pone sus manos en su cintura, lo que le
hace ver varonil y gallardo. Caro toma vuelo y hunde con fuerza su pequeño pie
en las bolas de Paco, quien gime y se hinca de dolor. Sabe que eso le hace ver
débil ante Caro, pero no puede dejar de reaccionar ante la inesperada fuerza de
la patada.)
Tío Paco: ¡UUUGGGG! Ay, Carito... Acabas de deshuevar a
tu tío... Me... Me dejaste vencido.
(Caro ve que Paco no protege sus bolas con sus manos, así que
aprovecha y vuelve a patearlas con mucha intensidad. Paco gime y comienza a
toser, pues el golpe le sacó el aire.)
Caro: ¿Te duele, tiíto?
Tío Paco: (Gimiendo.) Pues, sí, un poquito. Es que
el hombre más fuerte no puede soportar golpes tan duros.
Caro: Ay, tío, no te vayas a enojar conmigo. ¡No me vayas
a acusar con mi papá, por favor!
Tío Paco: No, cómo crees. No me enojo contigo. Lo
importante es que aprendas a defenderte. Mira, para que veas que no estoy
enfadado, te dejaré patearme una vez más, ¿sale?
Caro: Bueno, pero ahora cierra los ojos, para que sea una
sorpresa... ¡Oye, tío! Creo que se te hincharon tus huevos, porque se ven más
abultados. (Dice Caro señalando la notoria erección de Paco.)
Tío Paco: Eh, no, no, Caro. Es que con los golpes la
sangre se acumula en esa parte, por eso como que se infla, pero no te alarmes.
Tú pégame.
Caro: Tío Carlitos, me gustaría pegarte, pero sin tu
pantalón de mezclilla, es que siento que no llego bien a mi objetivo. (Paco
duda un momento, y luego se quita su pantalón, pero no sus botas de
motociclista. Sus bolas y su pene se ven más grandes que cuando se los mostró
por primera vez a Caro. Abre todo lo que puede el compás de sus piernas y
se prepara para la patada de Caro. Con suerte, la chica golpeará su perineo, y
no le dolerá mucho.)
Caro: ¿Listo, tío?
Tío Paco: Listo, Carito, cuando quieras. (Paco cierra
los ojos y espera. Caro comienza a contar del 10 al cero.)
Caro: Diez, nueve, ocho, siete...
(La excitación de Paco aumenta con cada número que la chica
pronuncia.)
Caro: Seis, cinco, cuatro, tres...
(Antes del dos, Paco siente un golpazo que lo tira de
inmediato al piso, donde se retuerce en posición fetal con las manos en sus
bolas. Esta vez, Caro le ha dado un inesperado puñetazo, que ha entrado directo
a sus redondos huevos.)
Caro: ¡Uy, tío Paco, verte así me emociona mucho! ¡Ay,
ay, qué rico es verte así tirado! (Y cuando Paco voltea a verla, contempla en
medio de su dolor que ella se estimula su vagina con sus dedos, y que se
contonea con los espasmos que le produce tocar sus genitales femeninos. Con todo
y el dolor, Paco siente que su verga está a tope, y la aprieta para que se
reduzca la poderosa erección. No mira cuando Caro se le acerca y le toca la mano
que aprisiona al verdugo viril.)
Caro: Tío Paco, ¿si te sobo tus huevos, te dejarán de
doler?
Tío Paco: (Paco no piensa, sólo se deja llevar por su
impulso.) Creo que sí, a ver, prueba.
(Caro introduce su mano en el boxer de Paco y le toca
suavemente las bolas. Paco olvida el dolor y se concentra en la ardiente
sensación que le producen las manitas de la adolescente.)
Tío Paco: Nada más no me los vayas a apretar, eh, Carito.
Caro: ¿Cómo, tío? ¿Así? (Y Caro aprieta con fuerza las
golpeadas bolas de Paco, quien grita y trata de zafarse de las pinzas humanas
que lo aprisionan.)
Caro: Ay, perdón, tío, sólo quería saber cómo no debía
apretarte.
(La hipocresía pueril de Caro le enciende todavía más.)
Caro: Tío Paco, quiero decirte que eres todo un hombre,
fuerte y resistente. Muchos chavos en mis escuela no se levantan en un largo
rato después de un golpe en sus huevos.
Tío Paco: Ah, así que ya sabías cuál era el punto débil
de tu tío, ¿verdad, traviesa?
Caro: (Caro se ruboriza como le encanta a Paco.)
Sí, tío. Pero quería comprobar lo que luego dice mi papá a un amigo suyo: que te
envidia porque tienes un pene y unos huevos mucho más grandes que los de él.
Tío Paco: ¿Y has visto los de tu papá?
Caro: No, tío, ni que fuera incestuosa. Sí me gusta ver
los genitales de los chavos, pero no los de mi papá. No me dan nada de ganas.
Tío Paco: ¿Y por qué sí quisiste ver los míos?
(Pregunta Paco mientras Caro sigue sobándole las bolas, pero ya sin el boxer de
por medio.)
Caro: Porque desde que escuché esa conversación de mi
papá me entró la curiosidad por verte y tocarte. Y demás porque... Porque...
Porque me gustas más que todos los chavos babosos de mi escuela.
Tío Paco: ¡Gulp!
Caro: Pero te digo que no soy tonta, y sé que me faltan
dos años para poder salir contigo en plan de novia. Digo, si tú quieres.
Tío Paco: Pero, Carito, si tú eres la hija... ¡Aaaaaauch!
(Paco siente otro fuerte dolor en sus bolas. Es Caro, quien con expresión
malévola aprieta fuertemente sus bolas.)
Caro: ¿Cómo dices, tío? No te escucho.
Tío Paco: (Respirando con dificultad.) Nada, nada.
Que nada me complacerá más que esperarte dos años. Je, je.
Caro: Bueno, tío, pues antes de que te vayas, porque ya
casi va a llegar mi papá, te daré un besito de despedida.
(Caro se agacha y besa con ternura el hinchado glande de
Paco, quien siente que la explosión de placer es inminente.)
Caro: ¡Anda, tío Carlitos, vístete ya! (Caro se
levanta y le pasa su ropa a Paco, quien rápidamente se viste.) Le diré a mi
papá que hablaste y le pediré que te llame. ¿Sale?
Tío Paco: (Paco se termina de arreglar, un poco
nervioso, más bien excitado.) Sí, sí, me parece buena idea.
Caro: Pues muchas gracias, tío Paco. A ver si pronto
seguimos las lecciones de defensa personal, eh. (Caro le dice esto a Paco
mientras le aprieta su paquete. Paco quiere besarla, pero se contiene y
controla.)
Tío Paco: Cuando quieras, Carito.
(Paco sale de la casa de su mejor amigo y se dirige en su
auto a su casa. La noche ha caído. En una calle solitaria se detiene, pues no
puede más. Se abre su pantalón y saca su endurecida verga. No hace falta mucha
estimulación para que salgan explosivas cargas de viscosa leche, la misma con la
que deseaba impregnar el joven cuerpo de su agresora adolescente. Paco sabe que
no faltará mucho para que su deseo pueda hacerse realidad.)
Caro Vega