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 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 21-Sep-07 « Anterior | Siguiente » en Amor filial (5840 de 6524)

Contra las bolas de mi tío Paco

Caro
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Paco visita a su amigo Alfredo, pero en casa sólo encuentra a Caro, la hija de 18 años de éste, quien está ávida de aprender sobre puntos débiles del hombre. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Contra las bolas del tío Paco

carove33@yahoo.com.mx

Paco visita a su amigo Alfredo, pero en casa sólo encuentra a Caro, la hija de 18 años de éste, quien está ávida de aprender sobre puntos débiles del hombre.

 

Tío Paco: Hola, Carito. ¿Cómo estás? Vine a ver a tu papá, ¿sí está?

Caro: No, señor Paco. Mi papá salió. Fue a hablar con el director de mi escuela.

Tío Paco: Ni modo, quería platicar con él y tomarme una cerveza.

Caro: Si quiere, señor Paco, le puedo dar una cerveza en lo que llega.

Tío Paco: Ah, pues gracias, Carito. Pero no me digas señor, ya sabes que casi casi soy tu tío. Si gustas, dime tío Paco.

Caro: (Enrojeciéndose.) Gracias, tío Paco.

Tío Paco: ¿Y para qué fue tu papá a tu escuela?

Caro: Es que tuve un problema en la escuela, tío Paco. ¿Así está bien tu cerveza?

Tío Paco: Sí, muchas gracias, está bien fría. ¿Y qué problema tuviste?

Caro: Resulta que un chavo de la escuela me molestó.

Tío Paco: ¿Por qué, cuál fue tu problema con ese chavo?

Caro: Pues empezó a molestarme por mis caderas, y yo le aventé una piedra y le abrí un poco la cabezota. Se puso feo, porque luego se me avalanzó y comenzó a pegarme, pero mis amigas me defendieron. Se pusieron feas las cosas, tío Paco.

Tío Paco: ¡Ah, pues qué cabrón fue ese chavo!

Caro: La verdad, sí. Como soy mujer, pues se aprovechó. Y no sé ni cómo pegarle, por eso le aventé la piedra.

Tío Paco: Mira, Carito, tienes que aprender a defenderte y a vencer a esos abusivos. Si no, no te respetarán.

Caro: Ya lo sé, tío Paco, pero no sé cómo. No soy tan fuerte como ellos.

Tío Paco: No hay problema. Si quieres, te enseño algunos golpes que les puedes dar.

Caro: ¿De verdad? Gracias tío, eso estaría súper, porque mi papa no quiere enseñarme.

Tío Paco: Tal vez lo hace porque no quiere que salgas lastimada, pero si te pones buza, podrás vencerlos. Mira, ponte así, de lado, y tiras los puñetazos de esta manera. (Paco le muestra algunos golpes inofensivos.)

Tío Paco: Pero eso sí, Carito, te advierto una cosa.

Sí, tío Paco, dime.

Tío Paco: Hay lugares donde nunca debes golpear a un hombre. (Caro sigue ensayando los golpes que Paco le enseñó.)

Caro: ¿Cuáles son, tío Paco?

Tío Paco: Son como lugares prohibidos en las peleas.

Caro: (Inocentemente.) ¿Porque?

Tío Paco: Porque no se considera honorable golpear en esos puntos, sobre todo en uno, pero no te diré cuál es para que no lo pongas en práctica.

Caro: Ay, tío Paco, no seas malito, dime cuáles son. ¿No soy tu "sobrina" favorita? Además, tal vez si los sé, podré defenderme mejor. (Paco piensa en el argumento de la chica de 18 años que tiene enfrente.)

Tío Paco: Está bien, Carito. Te lo diré. Se trata de los testículos. ¿Sí sabes cuáles son, verdad? Te lo han enseñado en biología, ¿no es así? (Paco le señala su entrepierna a Caro.)

Caro: Sí sé cuáles son, tío Paco. (Caro mira el paquete de Paco.) ¡Wow, tío Paco! Sí que se te marcan. Son esos "bultitos", ¿no? (Paco se enrojece y siente una oleada de excitación que trata de no dirigir a su dormido pene.)

Tío Paco: (Titubeando.) Eh, sí... Esos, esos son. Je, je... Bueno, entonces ya sabes que ¡ahí no debes nunca golpear a un chico!

Caro: Pues los chavos de mi escuela no les dicen testículos, sino bolas, huevos o pelotas. Sobre todo le dicen huevos. ¿Cómo les debo llamar, tío?

Tío Paco: Pues como gustes, aunque entre ustedes los chavos prefieren decirles así, huevos.

Caro: Pues así les diré. Oye, tío Paco, me gustaría conocerlos bien, para que sepa dónde no debo pegarle a los chavos. Si tú me los enseñaras, sabría cómo identifiPaco.

(Paco comienza a sudar. La propuesta de la hija de su amigo es muy tentadora, pero sabe que corre un gran riesgo si su amigo se entera de lo que está a punto de hacer. Contempla a la adolescente Caro, con su piel tersa y limpia, su olor a perfume de niña, sus senos duros y redonditos que ya se asoman, sus labios carnosos y resaltados por un suave brillo. Sobre todo, observa los pequeños pies enfundados en unas sandalias que dejan ver lo poderosas que podrían ser esas extremidades. Paco traga saliva, se arriesgará, todo con el fin de enseñarle algo vital para esa chica.)

Tío Paco: De acuerdo, Carito, pero no me gustaría que tu papá se enterara, porque puede pensar que hicimos algo malo.

Caro: Ay, tío Paco, no te preocupes, yo sé guardar muy bien los secretos. Además, soy yo la que te lo estoy pidiendo. No soy tonta, y sé a lo que voy. (La repentina sinceridad de Caro desconcierta a Paco, quien la ve de repente más madura y despierta de lo que pensaba. Entonces se desabrocha su pantalón de mezclilla y se lo baja un poco, lo suficiente para dejar ver a Caro su pene y sus testículos enfundados en un boxer ajustado blanco.)

Caro: ¡Órále, tío Paco! Con esos huevos ni te deben doler los golpes, ¿no? Se ven grandotes y muy resistentes. (Paco vuelve a sonrojarse y trata de pensar en otras cosas para no excitarse.)

Tío Paco: No, Carito, al contrario, con huevos como los que tengo, me duele más, porque mientras más grandes, más duelen.

Caro: ¿En serio? Uy, no lo sabía. Oye, tío Paco, ¿me enseñas más golpes?

Tío Paco: Mejor, te enseñaré algunas patadas. (Paco se sube y abrocha su pantalón.) Mira (se pone al lado de Caro), estira así la pierna y pega directamente en el estómago. Y si la estiras así (le muestra cómo), podrás golpear directamente en la cara. Eso derribará al atacante y te dará ventaja. A ver, vamos a fingir que yo soy tu contrincante, y tú tratarás de patearme como te enseñé, ¿de acuerdo? Bueno, vamos.

(Paco se pone frente a Caro, quien suelta una patada que golpea levemente el estómago de Paco. Lo vuelve a hacer y esta vez sí golpea duro.)

Tío Paco: Oye, Carito, sí tienes piernas fuertes, eh. ¡Que se cuiden los chavos de tu prepa!

Caro: Ay, tío Paco, gracias, pero el que está fuerte eres tú. Mi papá me dice que te la pasas haciendo pesas en el gimnasio, y que se han hecho unos conejotes en los brazos.

Tío Paco: (Más excitado.) ¿De veras dice eso tu papá? No le creas, está exagerando.

Caro: A ver, tío Carlitos, enséñame uno de us conejos, ¿sí? Ándale, por favoooor.

Tío Paco: (Animado por Caro, Paco se arremanga su playera tipo polo y arquea su brazo derecho.) Mira, Carito, este es mi conejo. ¿Ya ves que no es tan grande?

Caro: (Emocionada.) Uy, tío Paco, se te ve bien marcado. ¿Lo puedo tocar?

Tío Paco: (Paco traga saliva; él quisiera que la joven Caro tocara todo su cuerpo.) Eh, claro, tócalo. (Caro hace un poco de presión con sus dedos en el bíceps de Paco, quien siente esos pequeños dedos como puntas de electrodos que transmiten choques eléctricos por su cuerpo.)

Caro: Oye, tío Paco, ¿me puedes enseñar los dos al mismo tiempo? Como los hombres musculosos que van a los concursos.

Tío Paco: Claro, mira. (Paco se arremanga el otro brazo y modela sus dos bíceps atléticos. Dejándose llevar por la excitación, se anima a ser un poco petulante con la chica.)

Tío Paco: Mira lo fuertote que está tu tío. ¿Verdad que estos son los músculos que les gustan a las chavas?

Caro: ¡Claro que sí, tío Paco! A nosotras nos gustan los chavos que son musculosos. Pero no nada más de los brazos, sino también los que tienen lavadero en el estómago.

(Paco entiende la indirecta, y voltea, por si acaso, a ver la puerta de entrada. Luego, se quita la playera y deja ver un abdomen trabajado y sólido.)

Tío Paco: ¿Cómo ves a tu tío, Carito? (Dice posando como si estuviera en un certamen de fisicolturismo.)

Caro: Pues mi tío está fuertote... ¡y buenote! (Caro se sonroja de una manera que enciende a Paco.)

Caro: Oye, tío, y si un chico se pone presumido conmigo y me muestra sus músculos para que me acueste con él, ¿qué puedo hacer?

Tío Paco: (Paco mantiene su pose mientras responde a Caro.) Pues ya te enseñé cómo debes responderle.

(Acto seguido, Paco siente un fuerte dolor en su entrepierna, que recorre su pelvis y llega a su estómago. Se dobla un poco y, en un microsegundo, se da cuenta que Caro lo acaba de patear en sus bolas, mismas que Paco protege con sus grandes manos.)

Tío Paco: ¡Agggg, Carito! Me acabas de golpear en mi punto débil. Te dije que nunca golpearas a un chico ahí. (Dice quejándose y sobando sus bolas.)

Caro: (Con inocencia.) Es que quise comprobar el efecto de esos golpes, tiíto. No te enojes, por favor.

Tío Paco: (Paco, con una erección que trata de cubrir con sus manos.) No, si no me enojo, sólo que no me lo esperaba.

Caro: ¿Te dolió mucho? Es que como te tapas con tus manos, pensé que sí.

Tío Paco: No, Carito, cómo crees, si tu tío está fuertote y musculoso.

Caro: Ah, entonces si te vuelvo a golpear no te dolerá tanto. (Caro se quita sus tenis y deja ver unos pies delicados, como de porcelana. Paco no quiere que esa visión aumente su erección.)

Tío Paco: Eh, no, creo que no.

(Paco se endereza y pone sus manos en su cintura, lo que le hace ver varonil y gallardo. Caro toma vuelo y hunde con fuerza su pequeño pie en las bolas de Paco, quien gime y se hinca de dolor. Sabe que eso le hace ver débil ante Caro, pero no puede dejar de reaccionar ante la inesperada fuerza de la patada.)

Tío Paco: ¡UUUGGGG! Ay, Carito... Acabas de deshuevar a tu tío... Me... Me dejaste vencido.

(Caro ve que Paco no protege sus bolas con sus manos, así que aprovecha y vuelve a patearlas con mucha intensidad. Paco gime y comienza a toser, pues el golpe le sacó el aire.)

Caro: ¿Te duele, tiíto?

Tío Paco: (Gimiendo.) Pues, sí, un poquito. Es que el hombre más fuerte no puede soportar golpes tan duros.

Caro: Ay, tío, no te vayas a enojar conmigo. ¡No me vayas a acusar con mi papá, por favor!

Tío Paco: No, cómo crees. No me enojo contigo. Lo importante es que aprendas a defenderte. Mira, para que veas que no estoy enfadado, te dejaré patearme una vez más, ¿sale?

Caro: Bueno, pero ahora cierra los ojos, para que sea una sorpresa... ¡Oye, tío! Creo que se te hincharon tus huevos, porque se ven más abultados. (Dice Caro señalando la notoria erección de Paco.)

Tío Paco: Eh, no, no, Caro. Es que con los golpes la sangre se acumula en esa parte, por eso como que se infla, pero no te alarmes. Tú pégame.

Caro: Tío Carlitos, me gustaría pegarte, pero sin tu pantalón de mezclilla, es que siento que no llego bien a mi objetivo. (Paco duda un momento, y luego se quita su pantalón, pero no sus botas de motociclista. Sus bolas y su pene se ven más grandes que cuando se los mostró por primera vez a Caro. Abre todo lo que puede el compás de sus piernas y se prepara para la patada de Caro. Con suerte, la chica golpeará su perineo, y no le dolerá mucho.)

Caro: ¿Listo, tío?

Tío Paco: Listo, Carito, cuando quieras. (Paco cierra los ojos y espera. Caro comienza a contar del 10 al cero.)

Caro: Diez, nueve, ocho, siete...

(La excitación de Paco aumenta con cada número que la chica pronuncia.)

Caro: Seis, cinco, cuatro, tres...

(Antes del dos, Paco siente un golpazo que lo tira de inmediato al piso, donde se retuerce en posición fetal con las manos en sus bolas. Esta vez, Caro le ha dado un inesperado puñetazo, que ha entrado directo a sus redondos huevos.)

Caro: ¡Uy, tío Paco, verte así me emociona mucho! ¡Ay, ay, qué rico es verte así tirado! (Y cuando Paco voltea a verla, contempla en medio de su dolor que ella se estimula su vagina con sus dedos, y que se contonea con los espasmos que le produce tocar sus genitales femeninos. Con todo y el dolor, Paco siente que su verga está a tope, y la aprieta para que se reduzca la poderosa erección. No mira cuando Caro se le acerca y le toca la mano que aprisiona al verdugo viril.)

Caro: Tío Paco, ¿si te sobo tus huevos, te dejarán de doler?

Tío Paco: (Paco no piensa, sólo se deja llevar por su impulso.) Creo que sí, a ver, prueba.

(Caro introduce su mano en el boxer de Paco y le toca suavemente las bolas. Paco olvida el dolor y se concentra en la ardiente sensación que le producen las manitas de la adolescente.)

Tío Paco: Nada más no me los vayas a apretar, eh, Carito.

Caro: ¿Cómo, tío? ¿Así? (Y Caro aprieta con fuerza las golpeadas bolas de Paco, quien grita y trata de zafarse de las pinzas humanas que lo aprisionan.)

Caro: Ay, perdón, tío, sólo quería saber cómo no debía apretarte.

(La hipocresía pueril de Caro le enciende todavía más.)

Caro: Tío Paco, quiero decirte que eres todo un hombre, fuerte y resistente. Muchos chavos en mis escuela no se levantan en un largo rato después de un golpe en sus huevos.

Tío Paco: Ah, así que ya sabías cuál era el punto débil de tu tío, ¿verdad, traviesa?

Caro: (Caro se ruboriza como le encanta a Paco.) Sí, tío. Pero quería comprobar lo que luego dice mi papá a un amigo suyo: que te envidia porque tienes un pene y unos huevos mucho más grandes que los de él.

Tío Paco: ¿Y has visto los de tu papá?

Caro: No, tío, ni que fuera incestuosa. Sí me gusta ver los genitales de los chavos, pero no los de mi papá. No me dan nada de ganas.

Tío Paco: ¿Y por qué sí quisiste ver los míos? (Pregunta Paco mientras Caro sigue sobándole las bolas, pero ya sin el boxer de por medio.)

Caro: Porque desde que escuché esa conversación de mi papá me entró la curiosidad por verte y tocarte. Y demás porque... Porque... Porque me gustas más que todos los chavos babosos de mi escuela.

Tío Paco: ¡Gulp!

Caro: Pero te digo que no soy tonta, y sé que me faltan dos años para poder salir contigo en plan de novia. Digo, si tú quieres.

Tío Paco: Pero, Carito, si tú eres la hija... ¡Aaaaaauch! (Paco siente otro fuerte dolor en sus bolas. Es Caro, quien con expresión malévola aprieta fuertemente sus bolas.)

Caro: ¿Cómo dices, tío? No te escucho.

Tío Paco: (Respirando con dificultad.) Nada, nada. Que nada me complacerá más que esperarte dos años. Je, je.

Caro: Bueno, tío, pues antes de que te vayas, porque ya casi va a llegar mi papá, te daré un besito de despedida.

(Caro se agacha y besa con ternura el hinchado glande de Paco, quien siente que la explosión de placer es inminente.)

Caro: ¡Anda, tío Carlitos, vístete ya! (Caro se levanta y le pasa su ropa a Paco, quien rápidamente se viste.) Le diré a mi papá que hablaste y le pediré que te llame. ¿Sale?

Tío Paco: (Paco se termina de arreglar, un poco nervioso, más bien excitado.) Sí, sí, me parece buena idea.

Caro: Pues muchas gracias, tío Paco. A ver si pronto seguimos las lecciones de defensa personal, eh. (Caro le dice esto a Paco mientras le aprieta su paquete. Paco quiere besarla, pero se contiene y controla.)

Tío Paco: Cuando quieras, Carito.

(Paco sale de la casa de su mejor amigo y se dirige en su auto a su casa. La noche ha caído. En una calle solitaria se detiene, pues no puede más. Se abre su pantalón y saca su endurecida verga. No hace falta mucha estimulación para que salgan explosivas cargas de viscosa leche, la misma con la que deseaba impregnar el joven cuerpo de su agresora adolescente. Paco sabe que no faltará mucho para que su deseo pueda hacerse realidad.)

Caro Vega

TodoRelatos.com © Caro

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