Sucias vacaciones en Egipto
Este verano me fui de vacaciones a Egipto en un viaje
organizado. La verdad es que no hacía mucha ilusión el viaje pero acabó
convirtiéndose en el más placentero de mi vida. El grupo estaba integrado por 34
personas y yo no conocía a nadie. Enseguida pero entablé amistad con dos chicas
asturianas que por suerte compartieron mesa conmigo desde el primer día.
Me contaron que eran profesoras, una de inglés y la otra de
sociales en el mismo instituto y que se habían tomado unas merecidas vacaciones
después del estrés del curso. La de inglés era Marta, tenía 32 años, era
pelirroja y con la cara llena de pecas. No era muy alta y se la podría definir
como rolliza pues tenía unas grandes tetas i una cadera de infarto que coronaba
un inmenso culo. Sandra era la de sociales, más alta, morena, con unas buenas
curvas aunque sin tanta teta ni culo como Marta. Evidentemente de Marta sus
tetas y culo habían copado mi atención desde el primer día. De Sandra, lo que
más me llamaba la atención era la espesa mata de pelos que tenía en las axilas y
que la había podido ver cuando iba con camisetas sin tirantes en los lugares
permitidos.
La primera impresión que tuve de ellas, por su actitud y
confianza es que eran una pareja de lesbianas, y esta impresión, en parte, se
confirmó. Cada vez intimábamos más y, a lo largo de las varias visitas
organizadas nos hicimos inseparables y, especialmente durante las noches, cuando
cenábamos relajados en el hotel, bromeando sobre lo que habíamos visto durante
el día, vaciando el vino que conseguíamos y alguna copa antes de irnos a dormir.
Al cuarto día de estar en Egipto nos tocó visitar las
pirámides. Hacía un calor bochornoso y estábamos completamente sudados de las
anteriores visitas cunado entramos en el interior de la gran pirámide. Si
alguien las ha visitado, sabrá que para acceder a su interior tienes que
desplazarte a cuatro patas por unos estrechos y largos túneles que los egipcios
construían para salvaguardar el tesoro de los faraones de la acción de los
desvalijadores. Pues nada, empezamos la visita y el guía encabezaba la
expedición, nosotros nos situamos al final y empezamos a desplazarnos a cuatro
patas por el interior de los túneles.
Íbamos uno detrás de otro y a muy poca distancia pues el
lugar es tenebroso. Estratégicamente me situé detrás de Marta pues ese día iba
vestida con una minifalda, que gracias a su portentoso culo, aun era más mini de
lo previsto por el diseñador. Sandra se situó detrás mío y así estábamos en
medio de los túneles. Yo aprovechando para ver el culazo de Marta y aunque la
luz era escasa, pude ver toda la majestuosidad de su culo blanquecino y darme
cuenta de que llevaba un tanga que se incrustaba en el surco que separaba esos
dos globos. Incluso al principio pensé que no llevaba bragas. Me estaba
excitando por momentos y mi excitación aumentó notablemente cuando empecé a
notar un olor que me resultaba muy familiar. Poco a poco me fui acercando más a
ese maravilloso culo que se me ofrecía y pude indudablemente percibir el olor de
su culo. El calor del lugar facilitaba que la pobre Marta no parase de sudar y
poco a poco mi nariz se iba percatando de ese olorcillo a culo tan excitante e
inconfundible que emitía su ano.
La situación era extremadamente caliente cuando en esas, la
caravana se paró repentinamente, pues a una mujer del grupo le había entrado un
ataque de claustrofobia y el guía intentaba calmar a la pobre mujer. Teníamos
que estar parados en esa posición a la espera de acontecimientos. Empezamos a
charlar y a reír sobre lo comprometido de la situación. Sandra, que iba la
última empezó a hacer bromas diciendo que deseaba que a nadie le entraran ganas
de tirarse un pedo pues sería un desastre. Reímos a carcajadas de su ocurrencia
y más cuando Marta dijo que no hacía falta eso pues ella ya notaba olor a culo y
medio avergonzada dijo que creía que era su culo quien lo provocaba. Sandra
estalló en una carcajada y dijo que yo era el más indicado para opinar y
sacarnos de dudas. La verdad es que dude que hacer pero al final la
calentura pudo a la cordura y poniendo una mano en el culazo de Marta acerqué mi
nariz a su culo, exclamando "mmmmmm, sí, es tu maravilloso culo Marta y además
huele de maravilla, estaría así todo el día". Ambas rieron y yo les dije que mis
palabras eran la pura verdad y aproveché la ocasión para tocar generosamente su
culo, entreabrir sus nalgas e incrustar mi nariz en la tira del tanga que aun
tapaba ese oloroso ano.
Sandra me preguntó si me estaba excitando y le dije que sí
que estaba completamente empalmado y enseguida noté como deslizaba su mano entre
mis piernas y me cogía la polla por encima del pantalón y acercaba su cara a mi
culo. Sandra en voz baja le dijo a Marta que me estaba oliendo el culo y que lo
que olía le gustaba mientras seguía cogiendo la polla y que le encantaba lo que
tocaba. Marta le respondió que era una cerda que ella no podía y, visto el cariz
de los acontecimientos opté por abrirme la bragueta y sacar mi polla al aire
para que Sandra pudiera tocarla al natural. Sandra seguía relatándole a Marta
las manipulaciones que realizaba en mi polla y como empezó a pajearla
suavemente, mientras mantenía su cara aplastada en mi culo. Yo me dejaba hacer y
me seguí dedicando al culo de Marta, entreabriéndolo cada vez más hasta dar con
la tira del tanga que aparté completamente para introducir mi nariz en su sudado
ano. Tras unos minutos, sustituí la nariz por mi lengua y empecé a darle una
comida de culo. Si su olor era bueno, el sabor era insuperable y aunque no lo
podía ver con claridad, notaba como se iba abriendo por las caricias de mi
lengua hasta que empezó a suspirar entrecortadamente como lo hice yo cuando me
corrí entre las manos de Sandra que no había parado ni un instante de pajearme y
de olfatear mi culo como una perra. No había acabado de guardarme la polla en el
pantalón cuando la caravana se puso otra vez en marcha.
Finalmente acabamos la visita y salimos al exterior. Nos
miramos los tres y no sé quien estaba más acalorado por las emociones vividas.
Apenas charlamos y llegamos al hotel para descansar y cuando me disponía a irme
a mi habitación, las chicas me preguntaron si pasaba antes por la suya para
tomar una copita y comentar la jugada. Accedí y subimos a su habitación.
Una vez dentro la primera en hablar fue Sandra, me explicó
que eran bisexuales y que eran pareja, que yo les gustaba y que por lo que había
pasado, habían comprendido que mis gustos sexuales se ajustaban a su relación.
Yo respondí que ellas también me gustaban mucho y que no le hacía ascos a casi
nada en el sexo. Dicho esto, Marta empezó a acariciarme y a decirme que le había
gustado mucho como le había comido el culo y que si quería volverlo a oler. Sin
esperar respuesta se desprendió de la falda y a cuatro patas en la cama me
ofreció su culo.
Sandra se adelantó diciendo que ahora le tocaba a ella y se
situó detrás del culo de su amiga, bajándole el tanga completamente. Le abrió
las nalgas y seguidamente se dispuso a olerle el culo diciéndole lo zorra que
era y lo que le apestaba el ano.
El culo de Marta era generoso aunque sin un ápice de
celulitis. Sus dos nalgas marcaban un gran surco oscuro que al abrirse mostraban
su gran tesoro. Su ano era rosadito y dibujaba un círculo perfecto donde se
distinguían a la perfección todos sus pliegues. No era muy peludo pese a estar
rodeado de vello clarito. Lo que más destacaba era su diámetro. Era muy grande y
se intuía que se usaba muy a menudo pues no estaba muy cerrado. Justo en el
centro un círculo negro lo hacía parecerse más a la entrada de un túnel que a un
culo normal.
Yo ya estaba como una moto y mientras me desnudaba no paraba
de mirar la escena. Sandra sustituyó la nariz por la boca y le hizo una
espectacular comida de ano a Marta mientras la pobre no paraba de gemir cuando
de su ano brotó un largo y estruendoso pedo. La habitación se inundó de un olor
apestoso y le pedí a Sandra que me dejará oler el culo de Marta. Cuando Sandra
retiró su cara pude comprobar como el pedo le había manchado la cara de
salpicaduras de caca y como el ano de Marta había quedado con restos de
excremento. Acerqué mi nariz a ese culo y el olor era nauseabundo pero sumamente
excitante. Me recree observando su culo sucio y le pregunté a Sandra si les iba
el sexo sucio. Sandra asintió afirmando que Marta era una cagona y que era esto
lo que más le gustaba de ella mientras apartaba mi cara e introducía de golpe y
sin previo aviso un dedo en el culo de su amiga que se lo tragó sin
dificultad con gestos de complacencia. Tras follarla un rato el culo con su
dedo, Sandra lo extrajo y lo acercó a mi cara para que lo oliese. El dedo estaba
sucio de caca y mirándola fijamente a los ojos no sólo lo olí sino que lo limpie
con mi boca, degustando por primera vez de manera directa la caca de Marta.
La excitación iba en aumento y le pregunté a Marta si quería
que la follara por el culo. Antes que dijese nada, Sandra me dijo que se la
clavara y así lo hice, follándola sin descanso mientras ella le separaba las
nalgas deleitándose con el espectáculo. Mi polla cada vez entraba más a fondo y
en ocasiones el recto de Marta reaccionaba con insospechados escapes de gas que
aumentaban mi placer hasta que cuando estaba a punto de correrme Sandra me pidió
que sacara la polla del ano de Marta que quería comerse la caca de su amiga. Y
eso hizo, limpiándome la polla de los restos del intestino de Marta hasta que
acabé en su boca entre gemidos.
Aun no me había repuesto cuando las dos amigas se habían
enzarzado en un tremendo 69. Marta tumbada en la cama y Sandra encima. Las dos
se comían frenéticamente culo y coño, alternando lamidas con penetraciones de
sus dedos por todas sus cavidades. Marta no paraba de resoplar mientras que
Sandra le pedía a su compañera que le comiera el culo.
El culo de Sandra también era rollizo y bastante más peludo
que el de su amiga. De hecho ella era bastante más peluda. Su coño era tan
peludo que los pelos le llegaban al ombligo y era un espectáculo ver sus axilas
que apenas podían contener esa mata de pelo, reluciente por el sudor acumulado
en ellas provocando que el olor de su sudor se reconociera fácilmente en la
habitación.
Me situé detrás del culo de Sandra y me recree con la visión
de la lengua de Marta entrando y saliendo alternativamente de sus peludos coño y
culo. Por la comida que le estaba dando Marta, sus dos orificios estaban
relucientes de la saliva. Aproveché para acercar mi cara y comprobé que el olor
que desprendía era muy fuerte. Se mezclaba la excitación de su sexo con el sudor
del trajín de todo el día y el característico olor a caca que se adivinaba más
rancio que el de su amiga. No pude resistir y me apunté a la fiesta colaborando
con Marta en la comida de coño y culo. Sandra lo notó y, producto de la
excitación, empezó a soltar obscenidades: que si nos gustaba como olía su sucio
culo, que le reventásemos las entrañas, que nos bebiéramos sus jugos, que se iba
a cagar de gusto.
Sus esfínteres no soportaron la presión de dos lenguas
incrustadas en su intimidad y, tras una andanada de sonoros pedos, literalmente
se cagó en nuestras caras al tiempo que un chorro de orina bañaba el pecho de
Marta. Su ano se había dilatado al máximo pues había expulsado unos chorizos de
excremento de notable diámetro, ofreciéndonos una visión incomparable de los
primeros centímetros de su recto. Marta se había ensuciado mucho más que yo y se
restregaba la caca de su amiga por todo el rostro con exclamaciones de placer.
Mi polla había recuperado su vitalidad y, ahora ya sin
preguntar, me situé en posición para taladrar el peludo agujero del culo de
Sandra al tiempo que le pedía a Marta que me comiera el culo, que después de
todas las emociones del día seguro que no estaba aseado como debiera. La verdad
es que se lo pedí con toda la intención del mundo pues por la mañana había
cagado en un sucio WC de un bar de carretera y apenas había podido limpiarme. La
idea de que Marta me comiera el culo con restos de caca me calentó enormemente.
Ella no se quejó y sin inmutarse me limpió el culo de todos los restos
acumulados en mi ano. Sólo acertó a decir entrecortadamente que mi ano apestaba.
Penetré ese ano con fuerza mientras Sandra exclamaba que la
partiese en dos. Bombeé como un poseso, alentado por el sucio y húmedo beso
negro que Marta me dedicaba hasta que me corrí en su recto. Cuando aun no la
había sacado Sandra me ordenó que me meara dentro de sus intestinos y tras
superar la sorpresa por la petición así lo hice no sin grandes esfuerzos. Vacié
en su interior una copiosa meada que su dilatado esfínter no podía contener. Mi
orina penetró hasta el último recodo de su intestino inundando todas sus tripas.
Mojamos toda la cama del líquido que su culo no podía absorber y a su amiga que
no paraba de comerme el culo, alternando su trabajo bucal con unas profundas
penetraciones anales que me regalaba con sus dedos. Cuando acabé de mear mi
polla se había quedado flácida y prácticamente se escurrió de su recto con un
ruido como si se descorchara una botella de champaña. Mi meada en su recto había
tenido el mismo efecto que un enema y tras unos retortijones y algún
involuntario gruñido de sus tripas, todos los líquidos que había vertido en su
culo más los que ella tenía allí depositados, salieron al exterior como si de un
geiser se tratará. Lo que salió de ese peludo culo fue como una gran marea,
ahora ocre, ahora marrón, acompañada con rotundos pedos que facilitaban su
expulsión, mientras el aire se volvía denso e irrespirable de la mezcla de
olores.
Quedamos exhaustos los tres tumbados en la cama que era una
especie de piscina de líquidos corporales, abrazados y felices por la
experiencia vivida que se fue repitiendo durante el resto del viaje.
Comentarios y más:
Brusi7@telepolis.com