Mmmm... que agradable... estaba teniendo un sueño erótico, en
el que un hombre guapo, fuerte y muy cariñoso me lamía entera... mi cuerpo se
desperezaba lentamente mientras el placer seguía haciendo su efecto... estaba
cada vez más despierta, pero no quería abrir los ojos, para que no desapareciera
mi sueño... al recuperar poco a poco la consciencia, me di cuenta de que no
estaba soñando... había una lengua acariciando suavemente mi intimidad,
metiéndose dentro de mí... una lengua juguetona, que exploraba mi coñito como si
ya lo conociera... una lengua que conocía mis puntos débiles, las zonas que me
hacían gritar de placer... una lengua que estaba dentro de mí ahora mismo, que
me provocaba sensaciones increíbles... que me alejaba de mis pensamientos, que
me hacía olvidar el resto del mundo... bajé lentamente mis manos, sin abrir aún
los ojos, y acaricié su pelo, suave, limpio, oliendo maravillosamente a
champagne... él sintió mis manos acariciarle la cabeza y siguió comiéndome cada
vez con más voracidad... aumentó el ritmo y empezó a mezclar las caricias de su
lengua y su boquita con sus dedos... cuando sentí dos de sus dedos penetrarme se
me escaparon un par de gemidos... mi orgasmo se acercaba rápidamente, yo podía
sentir ya los espasmos en mis músculos... me puse tensa, anticipándolo, él
también lo notaba y lo hacía más deprisa, movía sus dedos dentro de mí mientras
su lengua acariciaba mi clítoris... quería que me corriera en su boquita y lo
hice, me abandoné completamente a él... grité al correrme, era demasiado placer
para guardarlo dentro de mí...
Sentí su cuerpo colocarse sobre el mío y abrí por fin los
ojos... Miguel estaba frente a mí, sonriéndome, y empezó a besarme
apasionadamente...
Buenos días, princesa...
Así que cuando me invitabas a desayunar, me estabas
invitando realmente a ser tu desayuno... – le dije yo, sin parar de besarle
– eres muy juguetón, Miguel...
Su cuerpo estaba caliente, desprendía sensualidad por cada
poro de su piel... yo acababa de tener un orgasmo, pero no podía evitar
responder a su cuerpo, que se acoplaba al mío con una facilidad pasmosa... su
polla se acopló entre mis piernas y él hacía un suave movimiento de vaivén con
su cadera que hacía que acariciara levemente mi clítoris... sus manos no se
alejaban de mis pechos y su boca no abandonaba la mía... me mordió suavemente mi
labio inferior y eso me hacía volverme loca... él lo sintió y volvió a
hacerlo... empezó a mordisquearme los labios y decidió bajar lentamente por mi
cuerpo, dándome mordisquitos por el cuello, donde pasó largo rato, excitándome,
haciéndome sentir la mujer más caliente y deseada del mundo... siguió bajando
hasta que se encontró con uno de mis pechos... lo besó y lo lamió entero, siguió
dándole mordisquitos y llegó al pezón, al que se agarró con su boca y empezó a
comérmelo lentamente, jugando con su lengua en mi pezón...
Mis manos estaban dedicadas a su espalda, musculosa y fuerte
a la vez que suave... subí mis manos hasta su cabeza y le separé levemente de mi
pecho... él gruñó y volvió a coger mi pezón entre sus labios... yo reí y volví a
apartarle...
Sólo quiero que estés más cómodo, cariño...
Esta vez sí se dejó hacer... me incorporé y le empujé
ligeramente sobre el pecho para que se tumbara boca arriba en el centro de la
cama. Me subí a horcajadas sobre él, moviendo mis caderas hasta que mi coñito se
encontraba a escasos centímetros de su polla... recliné mi cuerpo hasta que mis
pechos estaban cerca de sus labios... él subió su cabeza hasta que atrapó uno de
mis pezones con sus labios y empezó a acariciarme el otro pecho con una de sus
manos... su otra mano se dirigió a mi culito, apoyó la mano sobre él e intentó
empujarme hacia abajo, pero yo me resistí...
Aún no, cariño, aún no...
Vamos, princesa, por favor... te necesito... no me
tortures así...
Está bien, vamos a jugar a una cosita... – le dije,
mientras él me miraba desesperado, pero sonriendo – tú tienes que intentar
metérmela hasta el fondo y no puedes utilizar las manos, yo te lo voy a
poner difícil... si lo consigues, podrás pedirme lo que quieras como
premio... ¿qué te parece?
Que me vas a dar mi premio justo después de que consiga
hacerte llegar al orgasmo más intenso de la mañana...
Me incliné para darle un beso en los labios y él subió su
cadera... pero yo ya me esperaba algo así y subí la mía, consiguiendo que ni
siquiera rozara mi piel... llevé sus manos con suavidad al cabecero de la cama y
volví a colocarme a horcajadas sobre él, con su polla a unos centímetros de mi
coñito...
Vi cómo se tensaban los músculos de sus brazos y pensé que
volvería a intentarlo, así que me preparé... él mientras me estaba contando algo
sin mucho sentido, sólo quería distraerme... lo intentó un par de veces y
falló... yo me reía, él me sonreía, pero tenía una mirada calculadora... de
pronto hizo algo que me descolocó completamente... subió de forma muy rápida sus
rodillas, sujetándome e impidiéndome que pudiera echarme hacia atrás y en ese
momento subió su cadera y me penetró limpiamente, hasta el fondo y sin utilizar
las manos, como habíamos acordado...
Ahora sí, princesa, ahora sí que eres mía... – dijo
mientras empezaba a moverse, colocando sus manos en mis caderas - ¿preparada
para disfrutar?
No, cariño – dije mientras apartaba sus manos y las
volvía a colocar sobre el cabecero de la cama – sigue ahí agarrado, relájate
y déjame hacer a mí...
Sin dejar que su polla saliera de mi interior, me coloqué en
una postura más cómoda sobre él, le sentía dentro, caliente y palpitante y eso
me hacía estar excitada hasta un punto difícil de explicar...
Empecé a mover mis caderas de lado a lado, colocando mis
manos en su pecho, pellizcando suavemente sus pezones y jugando con los pelitos
de su pecho mientras mis movimientos le hacían morderse el labio y cerrar los
ojos de placer...
Seguí moviéndome, lentamente, con movimientos muy
sensuales... quería que disfrutara visualmente además de con la penetración y,
al parecer, lo estaba consiguiendo, porque Miguel estaba muy excitado y no podía
evitar que se le escaparan gemidos con ciertos movimientos de mi cadera... tenía
los nudillos blancos de la fuerza con que se agarraba al cabecero...
Me vuelves loco, nena... no pares de hacer eso... así,
justo así... mmmm... eres una diosa, princesa, nadie me había hecho
disfrutar tanto...
Yo me sentí tan halagada que empecé a acelerar el ritmo... el
roce era cada vez más intenso entre nuestros cuerpos y sabía que él ya llevaba
un rato preparado para el orgasmo...
Cada vez iba más deprisa, estaba cabalgándole y eso parecía
hacerle enloquecer... de pronto, soltó sus manos, las colocó en mi cintura y
empezó a llevar él el ritmo... me movía deprisa, me paraba, me movía la cadera
en círculos y otra vez me hacía cabalgarle... veía gotitas de sudor en su frente
pero su cuerpo no daba muestras de cansancio... el mío tampoco, el placer que
nos dábamos mutuamente servía como aliciente para seguir moviéndonos, para no
parar, para seguir provocándonos todas estas sensaciones...
Él llegó a un punto del que no había retorno y empezó a
moverme rítmicamente, con fuerza, sin parar ni un segundo y eso hizo que mi
orgasmo estallara, incontrolable... mientras yo me estremecía, sentí salir
disparado su semen dentro de mí... me dejé caer sobre su cuerpo, que me acogió
cálidamente... nos acurrucamos cada uno en la silueta del otro, sin separar la
unión de nuestros sexos, y empezamos a besarnos perezosamente, recuperando el
aliento de labios del otro...
Miguel se incorporó, arropando nuestros cuerpos sudados con
la sábana... enmarcó mi cara entre sus manos y se quedó mirándome... yo me reía,
nerviosa ante el inesperado examen al que me estaba sometiendo... no sé que
calificación me puso, pero al parecer aprobé, porque me sonrió y volvió a
tumbarse junto a mí...
¿Dormimos un rato, princesa?
Yo no podía ni contestar, estaba agotada, así que asentí con
la cabeza y cerré los ojos...
Me desperté antes que él. Estaba increíblemente guapo cuando
dormía... me dieron ganas de despertarle como él me había despertado a mí esa
mañana, pero decidí darnos un poco de tregua... llevábamos toda la noche y toda
la mañana haciendo el amor sin parar, estaba cumpliendo su "amenaza" de la noche
anterior...
Me levanté en silencio, fui al comedor y encontré la camisa
que Miguel llevaba anoche, cuando llegamos a su casa, y me la puse para no estar
desnuda... Busqué la cocina y pensé en hacerle un desayuno... Intenté no hacer
ruido, pero algo sí que debí de hacer, porque una de las veces en que me di la
vuelta, le vi, apoyado en el quicio de la puerta, mirándome... llevaba una
toalla enrollada en la cintura... le sonreí y le ofrecí lo que había preparado
para desayunar... se sentó y me atrajo hacia su cuerpo, abrazándome con una
ternura que me estremeció de los pies a la cabeza... me miró fijamente a los
ojos y me acarició la mejilla...
¿Qué tienes pensado hacer este fin de semana?
No tenía ningún plan – le dije mientras ambos
desayunábamos con apetito, el "ejercicio constante" nos había dejado sin
fuerzas - pero no me importaría nada pasarlo aquí contigo...
¿Tiene que ser aquí?
Le miré extrañada, no pensé que le hubiera molestado que
siguiéramos en su casa, de hecho, había sido él quien había sugerido ir a su
casa anoche...
Me encanta que estés aquí, pero me gustaría llevarte a un
sitio... pero está un poco lejos... y tendríamos que pasar allí la noche...
Podemos pasarnos por mi casa, necesitaría coger algo de
ropa y dejar una nota a mis padres para que sepan que me voy el fin de
semana...
Aunque antes podíamos – dijo mientras metía su mano bajo
la camisa que cubría mi cuerpo y empezaba a subir por mi cintura con
dirección a mis pechos – jugar un ratito...
Mejor, no, cariño – le dije sujetando su mano e
inclinándome a besarle – que si no, no nos vamos a ir...
Se rió de forma muy sexy... Me dieron ganas de dejar a su
mano que siguiera esa dirección que tenía tan clara en su mente...
Tienes razón, allí podrás darme mi premio... porque
recuerdas que me debes un premio, ¿verdad?
Ahora fui yo la que me reí...
No te preocupes, Miguel, todo lo que pidas te será
concedido... – le di un besito - y ahora ¡vámonos!
Volví al comedor a recoger mi ropa. Mi tanguita estaba roto,
pero las medias habían sobrevivido a nuestra juerga de anoche... Me las puse y
luego me pasé el vestido por la cabeza... No tenía sentido ponerme el sujetador
si no llevaba braguitas... él estaba en la cocina, sentado en el taburete,
mirándome vestirme... me estaba comiendo con los ojos...
Me acerqué a él y le obligué a levantarse... me abrazó con
fuerza y empezó a besarme... pero no podíamos seguir así o nunca nos iríamos...
me reía e intentaba apartar mis labios de los suyos, pero era muy persuasivo...
pasé mis dedos por su estómago y deslicé la toalla hasta el suelo... no me
acerqué a su entrepierna, porque eso era lo que él quería, pasé las yemas de mis
dedos por su estómago, buscando sus cosquillas... y las encontré... se reía con
bastante frustración e intentaba parar mis manos, pero no le dejé...
Princesa, no seas mala conmigo... venga, uno rapidito...
¿Entonces no quieres llevarme a ese sitio? – le dije con
carita de inocente –
¡Claro que sí! Pero... es que... yo quiero... tenerte...
ahora... – no paraba de besarme –
No, Miguel, venga, para... y vámonos de una vez, que es
tarde y si dices que está lejos...
Me miró fijamente, mordiéndose el labio, conteniéndose para
no lanzarse sobre mí... me reí, estaba muy gracioso... se le contagió mi risa y
por fin empezó a moverse para preparar todo e irnos...
Preparó su ropa en una maletita pequeña y cogió un neceser
para sus cosas de aseo. No dejaba de mirarme con deseo... y a mí cada vez me
daban más ganas de lanzarme sobre él... Miguel interpretó mi mirada
correctamente y se echó a reír...
Vaya mañanita que llevamos... a este paso no nos iremos
nunca...
Empezó a vestirse como cohibido de mi mirada... se puso rojo
cuando le dije que estaba muy guapo sólo con el bóxer... pero decidió tomárselo
con humor y empezó a pasear, como haciéndome un pase de modelos con cada prenda
que se ponía...
Conseguimos salir de su casa sin ceder a los impulsos de caer
el uno en brazos del otro... Nos montamos en su coche y le indiqué hasta mi
casa, ya que la noche anterior no habíamos llegado ni a la mitad del camino...
Una vez allí, me bajé y esperé a que él bajara del coche. Como no lo hacía, me
incliné hasta poner mi cara a la altura de la ventanilla... la bajó y me
sonrió...
¿No querrás que entre? Princesa, que seguro que están tus
padres...
A estas horas no están, tenían la boda de la hija de unos
amigos...
¿Seguro? – parecía aún indeciso –
No pude evitar reírme, imaginándome a Miguel hablando con mis
padres mientras yo hacía la maleta en mi habitación... de pronto, dejé de reírme
y una sonrisa boba se apoderó de mi boca... el caso es que sí que podía
imaginarme a Miguel en mi casa, con mis padres, con mis amigos...
¿En qué piensas, tan divertido?
En que cuando te presente a mis padres, seguro que les
caes genial...
Se empezó a reír y bajó por fin del coche. Me dio la mano y
entramos así en mi casa, con las manos entrelazadas y las miradas también. Le
dije que se sentara a ver la tele, si quería, mientras yo preparaba todo, pero
prefirió subir conmigo hasta mi habitación...
Mientras yo revolvía en el armario, buscando la ropa que
había pensado llevarme, Miguel paseaba por mi habitación, mirando fotos,
curioseando entre mis cosas... se tiró sobre mi cama, entre los miles de cojines
que tenía sobre ella... puso sus manos cruzadas detrás de su cabeza y se dedicó
a observar cómo elegía la ropa y cómo me vestía (con bastante menos timidez que
él en su casa) hasta que cerré (por fín!) la maleta.
Ya podemos irnos, siento haber tardado tanto!
Miguel, poniendo cara de indignado, me dijo:
¿Ahora tampoco vamos a echar uno rapidito? – antes de
acabar la frase, ya se le estaba escapando la risa –
Me acerqué a la cama, cogí un cojín y le di en la cabeza con
él... se echó a reír y cogió otro cojín... empezamos una guerra en la que pronto
desaparecieron los cojines de la cama, Miguel me atrajo hacia él y me tumbó a su
lado mientras me daba un beso largo y muy sensual... se puso serio...
Dámelo como premio, dijiste que lo que fuera, y lo que
quiero es hacerte el amor en tu cama, para que cuando duermas aquí sola,
recuerdes mi cuerpo llenando el tuyo mientras me pierdo en tus ojos, mis
manos acariciándote cada centímetro de tu suave y dulce piel y mis labios
besándote con pasión esos labios de los que no quiero separarme nunca... –
empezó a reírse y añadió – y esos melocotoncitos que me tienen loco...
Después de un discurso tan erótico, no podía negarme...
además, yo también lo estaba deseando...
¿Seguro que es esto lo que quieres? Piénsalo bien... no
desperdicies tu premio si no estás seguro, porque quizá hay otras cosas
que...
Estoy completamente seguro – me interrumpió, mientras me
pasaba la camiseta por la cabeza y la tiraba sobre una silla – nunca en mi
vida he estado tan seguro de nada... – lo dijo mirándome a los ojos y me
estremecí de los pies a la cabeza –
Me desnudó lentamente y luego se desnudó él, sin vergüenza
esta vez, sin risas, mirándonos de una forma mucho más profunda... el ambiente
era tenso, porque los dos sabíamos que era algo más que un polvo con un
desconocido... empezábamos a sentir algo mucho más profundo que la pura
atracción que habíamos sentido al conocernos la noche anterior... Me besaba con
ternura, me acaricia los pechos como si los estuviera memorizando, mi estómago
esperaba impaciente sus caricias... mi manos recorrían su pecho, su estómago,
sus brazos...
Me tumbó en la cama y, con las piernas entrelazadas,
comenzamos a besarnos muy sensualmente... estábamos de lado y sin deshacer el
abrazo, sin deshacer el beso, Miguel me penetró muy suavemente, sin prisas,
ambos con los ojos abiertos... separó sus labios de los míos un instante...
No cierres los ojos, princesa, que quiero sumergirme en
ellos cuando llegue el clímax...
Toda mi piel se erizó y continué con ellos abiertos...
nuestros cuerpos se fusionaban de una forma que ni con toda la pasión de la
noche anterior habíamos conseguido... nuestros sexos estaban unidos, nuestros
pechos estaban unidos y nuestras bocas también...
Miguel seguía penetrándome, aumentando casi
imperceptiblemente el ritmo, sin prisas, cambiando la velocidad de vez en
cuando, me acariciaba con tanta ternura que me sentía el centro del universo...
me cogió una de mis manos y la entrelazó con una de las suyas, apoyándolas en mi
cadera... los roces de sus dedos me excitaban muchísimo, era todo como si
fuéramos a cámara lenta, pero la pasión iba creciendo y nuestros movimientos,
aunque seguían siendo completamente acompasados y sensuales, se iban acelerando,
haciendo que nuestras respiraciones fueran más deprisa...
Dejamos de besarnos para poder respirar, dejando nuestras
bocas a escasos milímetros, respirando el aire del otro como si fuera el aire
más puro del universo...
El orgasmo llegó a la vez. Yo iba a cerrar los ojos, pero vi
en los suyos una súplica muda para que los mantuviera abiertos y eso hice.
Cuando todo pasó, entendí por qué. Había visto en sus ojos todas las sensaciones
que llevaba pasadas desde que nos conocimos y me fascinó descubrir todo lo que
Miguel sentía por mí. En ese momento supuse que él habría visto lo mismo, y
ahora sé que así fue.
Nuestras respiraciones seguían acompasadas, bajando
lentamente el ritmo... no habíamos separado nuestros cuerpos, nuestras piernas
seguían entrelazadas... le sonreí, tímidamente esta vez, y él me besó...
Eres la persona más increíble que he conocido en mi vida,
princesa... nunca había hecho así el amor con ninguna chica...
Y tú eres el príncipe más guapo que me ha ligado nunca –
dije, intentando quitar hierro al asunto, porque estábamos muy serios los
dos... – y nadie me había hecho así el amor a mí tampoco...
Lo conseguí, porque se echó a reír y nos levantamos para
vestirnos y, casi tres horas después de haber decidido que nos iríamos a ese
lugar misterioso, nos montamos en el coche y empezamos nuestro camino.
Por fin conseguí que me dijera dónde iba a llevarme, su
familia tenía una pequeña casa rural en un pueblecito de Asturias. Llegamos allí
después de haber pasado todo el viaje y el rato que habíamos parado para comer
hablando y contándonos nuestra vida... Era extraño, porque teníamos muchísimo en
común y cada vez estábamos más fascinados el uno con el otro...
Cuando por fin llegamos, Miguel me indicó el camino hacia el
dormitorio y dejamos allí las maletas. Me sentía un poco cohibida, él lo notó y
empezó a bromear para relajar el ambiente. Es un chico tan dulce que me
resultaba imposible estar cortada o tensa. Me abrazó y mi cuerpo estaba
absolutamente al tanto de todo, noté que inclinaba la cabeza para besarme, que
sus brazos eran fuertes y me daban una increíblemente placentera sensación de
seguridad y que me trataba con una delicadeza que no había intuido el día
anterior.
¿Te has escapado de mis sueños, Miguel? – susurré.
Se sonrojó. Se sonrojó! Me parecía increíble que reuniera
tantas cualidades. Y que lo hubiera encontrado de una forma tan casual...
Sin retirar el brazo que rodeaba mi cintura, Miguel giró y me
guió hacia la puerta de entrada. Nos pasamos toda la tarde paseando. Aire puro,
ejercicio y una conversación que no decaía, prácticamente nos quitábamos las
palabras de la boca el uno al otro. Cuando llegamos a "casa", Miguel me invitó a
ducharme mientras él preparaba las cosas para la cena. Me duché con agua
caliente y me puse una camiseta y unas braguitas para avisarle que ya estaba el
baño libre. Estaba en el comedor, encendiendo un fuego en la chimenea. Había
extendido un par de mantas en el suelo y al lado había una mesita baja con la
cena ya preparada.
Se levantó al verme y yo me acerqué a él. Era, efectivamente,
el chico de mis sueños. Esa noche cumplimos una de sus fantasías, y a partir de
ese momento, se convirtió también en mía. Mi fantasía, mi novio, mi nueva vida
con él. Le adoro.