Habían pasado varias semanas desde que aquellos hombres me
chantajearon. Desde entonces no había vuelto a tener ninguna experiencia sexual,
ni tan siquiera con mi marido.
A diario, miraba mi móvil y pensaba que en cualquier momento
volvería a sonar, para citarme en la oficina de Carlos y someterme de nuevo.
Una mañana, el teléfono sonó. Era Carlos. Su voz sonó segura,
como siempre. Marta, buenos días. Como se encuentra la chica más guapa de la
ciudad? Me apetece, nos apetece, a unos amigos y a mi, verte.
Como te atreves a llamarme de nuevo?, le respondí. Ya
tuvisteis todo lo que me pedisteis hace unos días. No volveré a estar con
vosotros.
Marta, cielo, creo que no estás en condiciones de negarte a
lo que tan amablemente te estoy pidiendo. Quieres que tu marido vea las cintas
de tu amigo Pedro, o de como te tiraste a los más importantes empresarios de la
ciudadl
Es más, vendrás hoy especialmente guapa, en realidad quiero
que vengas de uniforme.
De uniforme? Que estás diciendo? Si, de uniforme. En realidad
no quiero correr el mínimo riesgo y pretendo que vengas totalmente equipada, muy
bonita, como eres, pero además sexy, y eso lo vas a conseguir vistiendo, como yo
te indicaré a continuación.
Me sentía tan humillada escuchando sus palabras, que no
acertaba a decir nada. Mira preciosa, quiero que vengas con ese traje de
chaqueta blanco, de falda corta, que a veces usas con tu marido los domingos por
la mañana para salir a pasear. Deberás traer un tanga blanco debajo de esa
preciosa falda, Ah, sé que está refrescando ya, termina el verano, pero no
quiero que vengas con medias. Por último te diré que será esta tarde en mi
oficina, a las 9 de la noche.
Estás loco, le respondí. Estoy casada y no puedo salir de
casa por la noche. Carlos soltó una gran carcajada y me respondió. Sabemos que
tu marido, esta noche no va a estar en casa. Está de vuahe y no vendrá a dormir,
ante lo cual, no será necesario que busques ninguna excusa.
Totalmente perpleja, colgué el teléfono y caminé sin rumbo.
Tenía un total control sobre mi. Al rato llegué a casa. Estaba sola, pero antes
de nada quise asegurarme, de forma autómata, que tenía toda la ropa que me había
solicitado. Un vestido corto y blanco, que le encantaba a mi marido, y un tanga
blanco.
Y cuantas veces más serán? Dijisteis que me daríais la cinta
la otra vez.
Y lo hicimos, te dimos una copia de ella, sólo que decidimos
quedarnos con el original y grabar otra con tu fantástica actuación, con mis
amigos.
En mi cabeza, no paraba de meditar las consecuencias de no
presentarme a la cita. Si ellos cumplían su amenaza, y Javier, mi marido, veía
los dvd, mi matrimonio se iría a pique, y dejaría de vivir tal y como vivía
ahora. Todo lo que yo era, lo era gracias a él. Vivía en su casa, conducía su
coche, y en realidad, mi profesión era ser su esposa, supongo que en parte, una
cara bonita a quien presentar en sociedad y una dama de compañía para sus cenas
de negocios.
Estuve tumbada hasta la hora de arreglarme. Aún en ese
momento, dudaba en asistir o no a la cita. Si quería conservar la situación
actual que llevaba, debería acudir. Sería sólo unas horas, y tal vez, esta sería
la última vez que me chantajeasen.
Cuanto lamentaba el haber tenido ese desliz con Pedro. En
realidad, no fue más que un polvo, uno más como los que echaba con mi marido de
vez en cuando, ahora, cada vez, más de tarde en tarde, y desde que sucedió mi
chantaje, no me había vuelto a tocar.
Me duché y comencé a vestirme. Me miraba al espejo, y mi cuerpo resaltaba la
ropa sexy que me iba poniendo. Mi tipo era casi perfecto, capaz de cautivar a
cualquier hombre. Me lamentaba, que la ropa tan bonita que me estaba poniendo,
me la tendría que quitar en breve, y que mi cuerpo sería usado por unos viejos
verdes, de mente caliente, que me harían suya y me someterían a todos sus
caprichos. Como lamentaba en ese momento aquel desliz con mi amigo.
A las nueve en punto, estaba en la puerta de la oficina de
Carlos. Llamé y él mismo salió a recibirme. Me hizo pasar, y allí había tres
hombres más, pero ninguno estaba en la primera vez que acudí al despacho.
Muy guapa, realmente preciosa. En ese momento, Carlos, hizo
ademán de levantar mi falda, pero le aparté la mano con cierta fuerza.
Ummmmmmmm, se nos pone rebelde la niña. No pasa nada. Te dije
que tenías que venir con la ropa adecuada. Veo que llevas el vestido que debes,
pero quiero que te subas un la falda, para comprobar que tambien es el tanga
blanco.
Aunque sabía lo que me esperaba, no pude evitar ponerme
colorada. Que pretendeis? Hasta cuando durará esto?
Te doy mi palabra que esto terminará hoy. Puedes estar
segura. Ahora, por favor, enséñanos tu tanga.
Volví a ponerme colorada, agaché mi cabeza y lentamente subí
mi falda, hasta que mi tanga quedó a la vista de los cuatro hombres.
Perfecto, entonces podemos comenzar la fiesta. Sin bajarte la
falda, comienza a desnudarte de cintura para arriba. Hazlo despacio, y que te
veamos bien.
Como una autómata, comencé a hacerlo. Dedsabroché primero mi
camisa, y me la quité. Posteriormente, sin dejar demasiado tiempo, hice lo mismo
con mi sujetador. Mis dos tetas quedaron firmes, apuntando a los ojos de los
mirones que estaban en el despacho.
Perfecto, ahora gira en círculo para que todos veamos tus
tetas.
Es perfecto, me encanta. Sabes? Creo que no quiero que te
quites la faldita. En realidad ahora no tapa nada, y me gusta como te queda.
Quiero que me entregues tu tanga, así que dámelo.
Iba a enseñar mi rajita a todos esos tíos. Sólo Carlos la
había visto, y los demás iban a obtener mi preciado tesoro, al menos ahora,
verlo
Lentamente, bajé mi braguita y mi coño, esta vez, totalmente
depilado, quedó a disposición de las miradas de los cuatro hombres que estaban
en la sala.
Es preciosa, realzó uno de los tíos. Es perfecta. Noté la
ausencia de Carlos, que había ido a otro despacho y apareció con un maletín. Al
abrirlo, sacó varios artilugios sexuales, de sex shop. Había penes vibradores,
esposas, capuchones.........
Me asusté un poco al ver todo aquello.
Tranquila Marta, sólo queremos que disfrutes un poco mientras
sacaba un enorme pene de latex. Dos hombres me agarraron por los muslos, y
termine con las piernas abiertas, encima de la mesa. Mientras tanto, Carlos,
comenzó a pasar su mano, por mi entrepierna. Otros dos hombres, comenzaron a
besarme los pechos. Yo estaba tumbada en la mesa, con las manos hacia atrás, y
siendo sobada por todos los lugares de mi cuerpo.
Intentaba cerrar los ojos, y a veces perdía la noción del
tiempo, lo que me llegaba a hacer disfrutar. Comenzaron a meterme por mi vagina
el pene artificial, y a veces reconozco que sentía cierto placer. Dos hombres
que sabían tocar las tetas a una mujer, y otro metiendo un aparato por mi
chochito.
Otro de ellos, metió su mano y se dio cuenta que estaba
mojada. Hizo un comentario jocoso sobre el tema, y me hizo aún sentirme más
humillada. Me daba una vergüenza horrible estar así. Comencé a llorar, y a
suplicar.
Carlos habló. No te preocupes, ahora disfrutarás más, y
mientras sacó su polla y comenzó a embestirme. Me la metía y sacaba a su antojo,
mientras lo único que podía hacer era mantener mis piernas abiertas. Mis labios
notaban como su polla iba creciendo, y su excitación y aumento de movimiento, me
hacían presagiar, que se correría en breve. Así fue, en un momento, llenó mi
coño de leche.
Otro de los hombres metió su polla en mi boca. Mientras, otro
iba metiendo de nuevo su aparato en mi coño. Estaba totalmente expuesta a las
tropelías de estos tíos. Deseaba que eso terminase cuanto antes, así que me
empleé a fondo, y conseguí que se corriese enseguida, y mi boca quedó llena de
leche tambien. Con mi vagina, apreté fuerte mis labios, e hice que de nuevo mi
raja se cubriera del semen de otro de los tíos que me sometían.
Pensé que todo había terminado. Pero de repente Carlos me
dijo que faltaba algo. Queremos tu culito, Marta.
Yo me estremecí y enfurecida les dije que eso no. Era virgen
por detrás, y quedó claro la otra vez que no tocarían mi ano.
No, no, no, no, no, no. No quiero que me hagais eso. Habeis
tenido toda mi colaboración.
Marta, no estás en disposición de exigir nada, dijo Carlos
con voz seria y rotunda.
Uno de nosotros va a metértela por el culo, pero no sabrás
quien es. Para eso te pondrás una máscara en la cabeza, y estas esposas por
detrás. Dos hombres te sujetarán para que permanezcas a cuatro patas.
No daba crédito a lo que estaba oyendo. Mientras lloraba y
suplicaba, procedieron a taparme mi cabeza y a ponerme las esposas, que sin
demasiada resistencia tuve que soportar.
Alguien sacó un bote de aceite lubricante, y comenzó a meter
su dedo impregnado por mi ano.
En ese momento, lloraba, no por el dolor, que aún no existía,
ni por la humillación, sino porque mi marido me pidió cientos de veces, tener
sexo anal, y no se lo consentí, y ahora estaba a disposición de cuatro tíos, que
me harían eso y no sé cuantas cosas más. Mi marido siempre se portó bien
conmigo, siempre me dio todo, y yo iba a dar mi culo a unos desaprensivos. Dos
hombres me sostenian, para que tuviera mi trasero en vilo, y a disposición de
ser penetrado.
De repente, sentí una fuerte embestida, que me hizo gritar.
Mi ano se desgarraba, y noté como una polla se abría paso entre mi culo. Entre
sollozos, oí un perfume que me resultaba familiar. El tacto de las manos tambien
lo era.
Por Dios, este es mi marido. Javier grité. Quería desatarme
pero no pude. Al final, noté su leche, que entraba dentro, hasta el fondo de mis
intestinos.
Me desataron, y rápidamente me quité la máscara. Vi a Javier.
Había sido él quien me había sodomizado. Le miré llorando. Por qué has hecho
esto?
Me miró con cara de odio. Hecho? A cuantos te has tirado,
zorra?
Cielo, por favor, me amenazaron con contarte todo, enseñarte
videos.
Nada inventado, nada que no hubieses hecho, no crees?
Te contaré algo, que resultará de tu interés.
Tu amigo Pedro, trabaja para mi. Yo le ofrecí dinero para que
se acostase contigo. Quería darte por culo, porque jamás quisiste hacerlo
conmigo, pero realmente lo que más me importaba, era divorciarme de ti, dejarte
tirada, y poder casarme con la chica con quien llevo saliendo durante mucho
tiempo, y por quien viajo tanto.
No podía creerlo. Javier salió de la sala, no sin antes
decirme que no quería que durmiese esa noche en su casa.
Abochornada, comencé a vestirme. Cuando llevaba puesta la
braguita, me derrumbé y comencé a llorar. Que haré ahora, estoy sola, sin
dinero, no tengo nada. Me habeis arruinado la vida.
Carlos echó unas carcajadas y me dijo. No te preocupes. Por
mi parte, podemos repetir esto, digamos........... un par de veces al mes. Te lo
pagaré bien. Me excitas mucho, y traeré a mis clientes, para que disfruten de
una mujer de bandera, como tú. Una vez dicho esto, salió de su oficina.
Los otros tres hombres, se quedaron. Creo que se apiadaban de
mi, les daba pena. Me ayudaron a vestirme y me acompañaron a la calle. Uno de
ellos, sacó 500 euros de su cartera y me dijo que buscase un hotel para dormir
esa noche. Mañana lo verás todo mucho más claro.
Mi vida actual había terminado, comenzaba una nueva etapa, y
tal vez como puta para Carlos.